Decisiones un libro para «darse cuenta»




descargar 458.82 Kb.
títuloDecisiones un libro para «darse cuenta»
página14/14
fecha de publicación29.02.2016
tamaño458.82 Kb.
tipoDocumentos
b.se-todo.com > Historia > Documentos
1   ...   6   7   8   9   10   11   12   13   14

Y así, se quedan encaprichados a lo largo de su

vida, perdiendo el rumbo que llevaban en busca del verdadero amor. Abandonan sus sentimientos encerrados para siempre.

No se dan posibilidades de transitar una historia sana, amorosamente disfrutable, y así cambian sus

verdaderos deseos por insatisfacción permanente.

Veamos esta historia.

Cierta vez, una mujer con su niño en brazos caminaba por un sendero de montaña en medio de una tormenta. De repente, vio que una gran roca que tapaba la entrada a una cueva se abrió como ofreciéndole reparo.
Ella no dudó y entró inmediatamente. Allí se encontró

con miles de joyas, piedras preciosas, artesanías en

oro y monedas valiosísimas de todo tipo. Quedó extasiada ante tanta riqueza, obnubilada por lo que sus ojos veían. De repente, una voz firme, apacible, pero contundente, que parecía provenir de los confines de la tierra, dijo: Toma lo que desees mujer, pero cuando te anuncie que solo quedan diez segundos para salir, deberás hacerlo de inmediato: la puerta se

cerrará y no se abrirá para ti nunca más; los que pasan por aquí, tienen oportunidad de entrar sólo una vez en su vida».

La mujer dejó a su niño sobre una roca, y comenzó a

tomar todo lo que podía. Llenó sus bolsillos, anudó su delantal para contener más objetos, y de repente se escuchó la voz nuevamente que dijo: «Solo te quedan diez segundos. Recuerda, no te olvides de lo importante, porque nunca más volverás a entrar.

Ella se apuró a tomar más cosas aún, y cuando quedaban solo dos segundos, alcanzó a salir al tiempo que la entrada comenzaba a cerrarse para siempre. Ya afuera, se dio cuenta de que había olvidado a su niño.
Cuidado, que no te pase lo mismo, no te dejes llevar por lo que parece y no te olvides lo que importa, lo que perdura, lo que no brilla intensamente, pero dará verdadera luz a tu vida. No te dejes en el camino, no te abandones jamás por nada ni por nadie.

LLEGAMOS AL FINAL...

«Cuando no puedas dejarte de lado, los demás ya no serán una necesidad».

Este libro no ha pretendido ser una guía de aprendizaje ni tampoco un tratado sobre las decisiones.

He recorrido muchas situaciones en mi vida, tanto en lo profesional, comercial, familiar, vincular. He tratado, de una u otra forma, de no postergar mis deseos. He cometido errores, en algunos casos pequeños, en otros, enormes. He tenido mucho dinero y también he sabido lo que se siente al perderlo. He querido mucho sin ser correspondido como deseaba, y me han amado sin haber podido corresponder
como el otro esperaba. También he vivido amores a

tiempo, a destiempo, pasiones, caprichos, principios y también finales.

Traté de transitar todos los aspectos que un hombre tiene para recorrer en la vida: lo comercial, lo profesional, lo político, lo social, lo artístico. Comencé a trabajar a los 18 años en un hospital público, a pesar de que mi padre me sugirió que me

dedicara a estudiar la carrera que había elegido, que era abogacía.

No acepté, quería mí propio dinero y pagarme mis estudios, que luego dejé, porque a los 20 años me dieron un cargo de importancia en aquel hospital, en el área administrativa-contable.

Sentí, con el idealismo de los 20, que debía intentar cambiar cosas que estaban mal y que la política era un instrumento para hacerlo. Al tiempo, llegó uno de los tantos golpes de estado que sufrió el país. Dejé la facultad, renuncié a aquel trabajo, pero no quería depender de mis viejos, y entonces hice un poco de todo: manejé un camión de transporte alimenticio, luego otro que transportaba arena, después un reparto de medicamentos para una droguería, hasta fui conserje de un hotel alojamiento los
fines de semana. Y de repente, me encontré en una empresa metalúrgica como encargado del área de cuentas corrientes.

Luego, me fui a una empresa norteamericana con

sucursal en Buenos Aires como jefe de compras. Ya al cumplir los 23 quería irme a vivir a España junto a tres amigos de la infancia (hermanos trillizos) con

quienes habíamos armado un grupo musical cuando teníamos 15 años: yo tocaba el teclado, porque entre los 5 y los 15 años estudié piano y me recibí de profesor a los 16.

Ellos ya estaban en España (la dictadura había hecho que muchos argentinos se fueran para vivir en

libertad, aún con el dolor de dejar la propia tierra), y yo quería viajar con algún dinero: así que entré a trabajar como vendedor en una inmobiliaria. Me seducía la idea de no tener un sueldo fijo y poder ganar dinero de acuerdo con lo que produjera en las ventas.

Me enamoré del rubro y estudié sobre el tema. Me recibí de Corredor Público Inmobiliario y luego de Martillero Público Nacional. Nunca fui a España. Puse mi propia inmobiliaria a los 25 años y luego crecí en ello, hasta llegar a tener la empresa más importante de la zona.
Construí un restaurante con algunos socios, a los

28; luego hicimos un local de ropa sport y jeans... Inauguramos dos boliches bailables. Fui modelo. Hice algunos pequeños papeles en películas nacionales junto a Graciela Borges, Cacho Castaña, Alberto de Mendoza, Jorge Martínez (ahí tenía entre

20 y 22).

A los 28, ya era un empresario importante. A los

35, junto con algunos amigos, inauguramos un Bingo con capacidad para 1800 personas. Duré en

él seis meses, luego vendí mi parte en un precio ínfimo, presionado por factores del poder político hasta con amenazas de muerte por no querer «arreglar» con los dueños del poder.

Siempre, paralelamente a todo esto, seguía teniendo mi inmobiliaria. Además, arrendé campos, crié ganado y, cuando me aproximaba a los 40, un

obispo amigo me instó a dedicarme a la política para intentar ser intendente del lugar donde vivía. Así fue que fundé, junto a muchos vecinos, un partido vecinaL Enfrente en un municipio como La Matanza (el más grande de la provincia de Buenos Aires) a las grandes estructuras políticas de los partidos tradicionales, conocí los sin sabores de la
traición de la política, los manejos perversos de los que tenían el poder.

Pero fui candidato a Intendente, para cumplir la promesa que había hecho a aquel cura amigo. No gané, y luego seguí adelante y me junté con los titulares de otros partidos vecinales de la provincia de Buenos Aires y fundamos un partido provincial. Allí fui candidato a vicegobernador de mi provincia. Gasté de mi bolsillo el dinero necesario para todo esto y, a la par, trabajaba en lo mío. Pero a los 38 empecé a hacer radio. Me enamoré de la radio.

Desde mayo de 1993, y sólo con algunas interrupciones, seguí hasta hoy con mi programa Buenas compañías. Hoy, después de más de 2500 emisiones, estoy en Radio del Plata (AM 1030, de lunes a viernes a la medianoche). Hace dos años dejé toda mi vida comercial y profesional. Me alejé por completo de la política y cada madrugada me encuentro con mis oyentes para hablar de la vida, de los miedos, de los mandatos, de las emociones, del amor, de los «no puedo», de las ganas y de las crisis de cada uno.

Hice muchas cosas bien, y otras no tanto. Nunca me arrepentí de lo hecho, pero sí muchas veces me
reproché el dinero que gasté, aunque rápidamente cambiaba la sensación de reproche por la satisfacción de lo que había vivido.

Conocí las fobias, los ataques de pánico, sé lo que es una sala de operaciones, pasé por la muerte de mi padre, enfermedades graves de mi madre, peleas con mi hermana, disfruté y padecí como cualquier mortal.

Me morí de muchas formas en soledad, y también reviví en ella. Y trato todo el tiempo de ser yo mismo, eso es lo que nunca voy a abandonar en mi

vida. No dejo de pensar, es la mayor lección que aprendí de aquel viejo maestro que siempre me decía: «Trate de pensar, porque es la única forma de llegara estar bien».

Sueño, proyecto, creo, hago y deshago todo el tiempo. Amo mis momentos de mucho ruido, pero también adoro mis silencios. Hago lo que quiero sin joder a los demás. Me doy permisos, honro mi libertad. Trato de cuidar mi cuerpo sin exagerar al punto de no darme algunos gustos. Admiro a las mujeres, respeto a los hombres, disfruto mi sexualidad, me

gusta el buen vino, el buen champán, la buena mesa, cocino bien. Pero no dejo de comer arroz integral y
verduras. Los días de sol en primavera me emocionan, pero también me pueden las lluvias fuertes del verano y las tardes frías y grises del invierno.

Ah, cuando aquellas fobias y pánicos llegaron a

mi vida, conocí a «un viejo maestro», con él me veía cuatro o cinco días por semana para hablar de la vida. Era un tipo sabio de verdad. A partir de esa

sabiduría que el trataba de transferirme, aprendí a

soltar cosas que ya no debía intentar comprender, emociones mal ordenadas, a bajar la omnipotencia, a hacer crecer de verdad a mi ego no permitiendo que él me maneje, sino sometiéndolo a mi voluntad.

Me encontré aún más conmigo, me entendí, me acepté, me perdoné y perdoné a los demás. Nunca sentí rencor, pero tampoco olvido a quien me hizo daño. No he buscado venganza porque aprendí que la vida suele dar toda clase de merecimientos.

Hoy es domingo 11 de marzo de 2007. Estoy terminando este libro sentado en la habitación de un hotel de Mar del Plata, frente al mar. Aproveché este viaje que hice para venir a buscar a mi madre, que termina sus

vacaciones, para escribir los últimos párrafos.
En verdad, transité en esta parte desordenadamente y de corrido cosas de mi vida porque tenía ganas de compartirlas con vos de la misma manera que fuiste compartiendo cosas tuyas conmigo, al recordar a través de algún capítulo algunas situaciones de tu vida.

Quizá solo nos encontremos en este libro, quizá no volvamos a leernos más, quizá no nos escuchemos a través de mi programa. Es por eso que quiero despedirme de este encuentro entre vos y yo con una historia que te dedico acompañada de todo lo bueno que este relato te contará:

Mientras estaba en un aeropuerto, un padre conversaba con su hija en sus últimos momentos juntos antes de que partiera el avión. Se anunciaba la salida del vuelo que ella abordaría y junto a la puerta la escuché que decía: -Papi, nuestra vida juntos ha sido más que suficiente. -Tu amor es todo lo que siempre necesité y te deseo lo suficiente a ti también --le dijo el padre. Se besaron para despedirse y ella se dirigió hacia el sector de embarque. Aquel hombre caminó hasta la ventana, junto a la silla donde yo estaba sentado. Me
di cuenta de que miraba hacia afuera, como queriendo lograr que nadie lo viera mientras las lágrimas brotaban de sus ojos. Intenté no ser un intruso en su privacidad, pero al notar mi presencia, me preguntó: -¿Alguna vez dijo adiós a alguien sabiendo que sería para siempre? Y respondí a su pregunta con otra pregunta: ---¿Por qué es este un adiós para siempre? -Soy viejo y ella vivirá muy lejos, estoy bastante delicado de salud y seguramente ya no vuelva a verla.

No pude con mi curiosidad, y por lo tanto necesité preguntarle algo más, aunque él se diera cuenta de

que yo había escuchado la conversación que mantuvo con su hija. -Cuando se despidió de ella, le dijo «te deseo lo suficiente». ¿Puedo preguntarle qué significa? Empezó a sonreír, y luego me explicó: -Ese es un deseo que ha pasado de generación en generación en mi familia. Mis abuelos se lo decían a

mis padres, y mis padres a mí.

Hizo una pausa. Mirando hacia la pista a través de la

ventana, parecía que trataba de recordar en detalle.

Sonrió una vez más.
-Cuando nosotros decimos te deseo lo suficiente», estamos deseándole a la otra persona que tenga una

vida llena de suficientes cosas buenas que la sostengan. Hizo una pausa, como recorriendo esas cosas en su

mente, y continuó compartiendo conmigo, casi como

recitándolo de memoria:

-Te deseo el suficiente sol para mantener tu actitud brillante. Y también te deseo la suficiente lluvia para apreciar más el sol. Te deseo la suficiente felicidad para mantener tu espíritu vivo. Y el suficiente dolor para que los pequeños placeres de la vida te parezcan más grandes. Te deseo la suficiente ganancia para satisfacer tus deseos. Y la suficiente pérdida para apreciar todo lo que poseés. Te deseo las suficientes «holas» para que te ayuden a atravesar amorosamente algún «adiós final». Entonces, empezó a sollozar y se alejó. Yo me quedé pensando: aquel hombre tenía razón. Se necesitaba lo suficiente de todas esas cosas para entender el sentido de la vida y lograr la comprensión y el equilibrio

necesarios.

Yo he trabajado en mí para ello, para lograr ese

equilibrio que hoy disfruto en plenitud interior; que
desde ya, nunca es ni será perfecto, porque sería aburrido y tedioso, como si siempre hubiera sol, o lluvia, o días nublados. Nada por bueno que sea

colmaría al ser humano si no tuviera matices, cambios y alternancias en ello.

Necesité vivir lo vivido, ganar lo ganado y perder lo perdido, para aceptar que es imposible la vida sin errores, pero también para comprender que se hace más plena, más edificante, más real y más vida cuando uno decide.

Por peor que sea un resultado, nada se le compara al sabor vacío que deja el no transitar un deseo. No salir del deseo, para «decidir» hacerlo realidad, es postergarse, frustrarse sin hacer, vivir vacío, durar la vida, sin vivirla.

En este instante, me emociona saber que he logrado hacer realidad otro deseo. Complace mi alma haber llevado a cabo otra decisión, al escribir este libro. Y la verdad, ningún libro del mundo puede preciarse de tal si no es leído por alguien que no sea

el autor.

Así que deseo, necesito y me hace bien agradecerte que lo hayas leído, que le hayas dado a mi libro el carácter de tal, perfeccionándolo con tu
lectura. Es por eso que hago míos los deseos de aquel hombre para transferírtelos a vos. Gracias, querido lector, y me despido deseándote «lo suficiente».

Dicen que «toma un minuto encontrar a una persona especial en la vida, sólo una hora para llegar a apreciarla y nada más que un día para amarla, pero una vida entera para olvidarla».

Ojalá que este libro te haya ayudado a descubrir que vos sos alguien muy especial para vos mismo. Si así fue, entonces me doy por satisfecho y espero que la vida nos dé «lo suficiente» a vos y a mí.
Al escribir la dedicatoria de este libro, dije que aquel acto de mi madre -decidiendo no

abortar por más que se lo hubieran indicado marcó mi vida desde un principio. Y te decía, querido lector, que una cosa era nacer de un deseo y otra muy diferente hacerlo a partir de una decisión.

Fue entonces que te sugerí que nos encontráramos al final del libro. Y aquí estamos.

Espero que a través de cada capítulo hayas podido concretar el anhelo que yo tuve cuando lo escribía: marcar esa diferencia entre «deseo» y «decisión».

Espero, también, que sientas que la vida es una sola, que los deseos solo deben ser el disparador de la acción, y que a partir de ello busques en tu corazón, es más, en el corazón de tu corazón; ahí donde nadie llega. Y así puedas encontrar tus verdaderos deseos, tus más
puros anhelos, y que cuando los encuentres, nada te detenga, nada te haga dudar, nada te limite para tomar la decisión de concretarlo.

Y entonces tendrás la felicidad de ser vos, de hacer tu vida y de ser el verdadero dueño de tus decisiones.

Quizá, cuando esto haya ocurrido, ya no te

quieran tantas personas como antes, pero no

te importará, porque tendrás el mejor y más auténtico de todos los cariños- el tuyo, por vos

mismo y para siempre.
Hasta cuando tenga que ser, y gracias por estar. Daniel J. Martínez www.buenascompanias.com
1   ...   6   7   8   9   10   11   12   13   14

similar:

Decisiones un libro para «darse cuenta» iconGregorio Johann Mendel-Angustuos
«caracteres». Usó el nombre «elemento» para referirse a las entidades hereditarias separadas. Su mérito radica en darse cuenta de...

Decisiones un libro para «darse cuenta» iconResponder las siguientes preguntas teniendo en cuenta el siguiente libro

Decisiones un libro para «darse cuenta» iconEl libro de Waris Dirie, “Flor del desierto”, en el que cuenta el viaje de una joven

Decisiones un libro para «darse cuenta» iconPadre Gabriele Amorth- exorcista de la diócesis de Roma De su libro,...

Decisiones un libro para «darse cuenta» iconEspero que usted no piense que este libro le cuenta acerca de otro...

Decisiones un libro para «darse cuenta» icon¿Tienen las prácticas científicas una limitación moral o es lícito...

Decisiones un libro para «darse cuenta» iconEn las siguientes paginas encontrara las formas necesarias para darse...

Decisiones un libro para «darse cuenta» iconCompetencia: Toma de decisiones informadas para el cuidado del ambiente...

Decisiones un libro para «darse cuenta» iconInvestigación futurista a nivel global será necesaria para mantenerse...

Decisiones un libro para «darse cuenta» iconLos expertos aconsejan no darse “atracones” y comer de forma moderada




Todos los derechos reservados. Copyright © 2019
contactos
b.se-todo.com