Decisiones un libro para «darse cuenta»




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-problemas en los Genitales: preocupación por no

sentirse valioso, algún resquicio de culpa sexual.

- Glaucoma: implacable rencor y presión de antiguas heridas que abruman.

- Hemorroides: miedo de los plazos establecidos, rabia por el pasado, temor a aflojarse, sensación de carga.

- Hepatitis: resistencia al cambio, miedo, ira, odio,

el hígado es la sede de la indignación y la rabia.

- Hernia: relaciones rotas, tensiones, cargas, expresión creativa incorrecta; hernia de disco: sensación de no recibir ningún tipo de apoyo en la vida, indecisión.

- Herpes genital: creencia popular en la culpa sexual

y la necesidad de castigo. Deseo de escarmiento; creencia en un dios que castiga.

- Hipertensión: viejo problema emocional no solucionado.

- Hipertiroidismo: rabia por sentirse dejado a un lado,

deseo de comerse la vida. -

- Hipotensión: falta de amor en la infancia, derrotismo, sensación de «¿para qué? Si igual no servirá de nada».

- Hipotiroidismo: renuncia a todo intento, desesperanza, sensación de bloqueo.

- Hongos: creencias estancadas, aferramiento al pasado, negación de las propias necesidades, falta de apoyo a uno mismo.

- Impotencia: presión, tensión y culpa sexuales, despecho contra la pareja anterior, miedo a la madre.

Como conclusión, podría decirse, sin lugar a dudas: «Dime qué padeces y te diré cómo pensás».

Y esto te lleva a ver claramente que, si lográs cambiar la forma de pensar, si tu emocionalidad se

conduce diferente, pues entonces tu cuerpo dejará de enviarte mensajes mediante síntomas para avisarte que debés cambiar la conducta.

Porque el cuerpo siempre ofrece señales que la cabeza muchísimas veces se niega a aceptar. Escuchá el lenguaje del cuerpo, pero tratá de escucharlo con

los primeros síntomas, es decir, con los susurros. No esperes que el cuerpo hable luego de no haberlo escuchado susurrar, ni mucho menos llegues al punto de obligarlo a gritarte porque entonces sí que quizá ya sea muy tarde.

Si querés interiorizarte más sobre este tema, te recomiendo un libro genial: (Cuando el cuerpo habla: dime qué te duele y te diré porqué, Mark Del ler).

CONFLICTOS

Muchas veces, uno se encuentra hablando de los conflictos, Tengo un conflicto con esto o con aquello» es una frase que se suele escuchar en otros o en vos mismo, con bastante frecuencia. Por eso resulta importante saber a qué se refiere cuando se habla de «tener un conflicto».

Y para ello, me abocaré a definir brevemente qué es, cuándo se nos presenta y si hay una o varias formas de reconocer a los conflictos.

Un conflicto es lo resultante de la coexistencia de deseos o motivaciones que se tornan contradictorios entre sí. Es parte integrante de la vida cotidiana. A diario, se nos presentan conflictos pequeños

que casi sin darnos cuenta resolvemos sin mayores dificultades. Aunque, muchas veces, estos conflictos y la incapacidad para solucionarlos pueden intensificarse, agravarse y llegara ocasionar conductas que rozan la enfermedad.

Por esta causa es tan importante conocer y reconocer los propios conflictos, aún aquellos que no

son conscientes, para que se los pueda enfrentar y disipar. Si los negamos, de alguna manera estaremos negándonos a vivir acorde con nuestros más íntimos deseos. Recordemos que no hay conflicto que no ponga en juego deseos propios, conscientes o inconscientes.

Con respecto a las distintas modalidades en que se nos presentan, el psicólogo Kurt Lewin ha establecido tres tipos de conflictos, que a mi particularmente me resultaron muy claros y por eso quiero compartirlos con vos.

- El conflicto atracción -atracción se origina cuando el sujeto está enfrentado a optar entre dos posibilidades o deseos igualmente atrayentes, pero que son incompatibles entre sí.

Es el caso de la persona que tiene que elegir entre dos carreras que le interesan, o el de la persona

que debe optar entre satisfacer a su madre dominante o a su esposa exigente.

- El conflicto rechazo-rechazo se da cuando el sujeto se encuentra obligado a escoger entre dos objetos o situaciones a los que él se opone con la misma intensidad. Cualquiera de los dos implica un peligro o un disgusto. Es el caso del adolescente que no desea fumar un cigarrillo porque le da miedo, pero que si no lo hace recaerán sobre él las burlas de sus compañeros.

Las enfermedades aparecen acá como «soluciones de compromiso» para evitar decidir y resolver, por ejemplo: fobias, pánicos, depresiones, entre otras.

- En el conflicto atracción -rechazo los dos valores opuestos recaen sobre el mismo objeto o situación. Es el caso de la persona que desea intensamente que se produzca un hecho, pero que al mismo tiempo tiene mucho miedo de que realmente acontezca: como recibirse, casarse, separarse de alguien.

Cuando estos conflictos no pueden resolverse, aparece la frustración, acompañada de angustia, que se expresa como una desorganización de la conducta cuya intensidad varía desde la depresión y la tristeza, hasta el miedo y el pánico. Si bien el grado

de tolerancia a la frustración es variable, la personalidad madura tiende a enfrentarlos sin una desorganización de su yo personal.

las conductas defensivas ante los conflictos son aquellas que permiten controlarlos disminuyendo la ansiedad o inseguridad, pero sin resolverlos. Se manifiestan en la vida cotidiana: a) Proyección: consiste en atribuir a otras personas u

objetos intenciones o motivaciones que son propias del sujeto, pero que él desconoce. De este modo, se libera del conflicto, se alivia y carga la cuestión en otro. b) Introyección: la persona asimila a su conducta

características de otro. Por ejemplo: actúa como

lo haría su padre para resolver la situación. c) Regresión: cuando no puede resolver el conflicto,

se defiende de él retornando a conductas anteriores que ya estaban superadas. Por ejemplo: volver a conductas infantiles que han dado resultado en aquel período de la vida (dependencia que ocasionan los trastornos de la alimentación en relación a la comida). d) Represión: consiste en negar todo el conflicto o

parte de él, eliminándolo de la conciencia. Pero

eso no implica suprimir al conflicto, sino llevarlo al inconsciente, donde sigue actuando. De este modo, la persona se protege al reprimir situaciones desagradables. e) Racionalización: es una forma de negación defensiva a través de justificaciones o argumentos lógicos que encubren las verdaderas razones. Así, cuando la persona no puede alcanzar algo que desea, busca convencerse de que en realidad aquello no

valía la pena, o al menos no era para ella. f) Somatización: la persona expresa la energía contenida ante el conflicto mediante un síntoma orgánico. Así evita el problema. g) Sublimación: al no poder resolver la situación y

ante el peligro de ser censurado socialmente por sus conductas, el sujeto encamina sus esfuerzos en búsqueda de un fin socialmente aceptado y productivo. Por ejemplo: trabajar eufóricamente, manía por la limpieza, dedicación exclusiva al arte o, de manera obsesiva, al deporte. h) Ensoñación: la persona escapa al conflicto dejándose llevar por las fantasías y los sueños. Imagina situaciones futuras exitosas que alivian sus problemas.

Todas estas conductas aparecen como formas muchas veces equívocas de defensa, pero en realidad vemos cómo transferimos el problema, lo evitamos, lo encapsulamos, lo pasamos al cuerpo en forma de enfermedad, lo convertimos en síntoma que carga de angustia, de ansiedad o nos producimos fobias o

cualquier otro trastorno de la mente.

Enfrentar, analizar y tramitar las situaciones son

las únicas salidas posibles para tomar el camino del encuentro, del propio encuentro con la verdad de uno. Esto no nos transforma en un ser admirado ni aprobado por los otros, ni más o menos considerado, ni mucho o poco querido, sino en un individuo autoaprobado, y esa es la única, la verdadera aprobación que instala a una persona en el camino cierto de su felicidad.

El otro puede ser la razón por la cual uno haga algo que corresponde a sus deseos, pero nunca debe ser el motivo por el cual no lo haga. Y aquí es cuando el decidir entra en juego, ese es el verdadero camino para la solución de los conflictos. Detenernos, por un instante, a analizar los elementos de esa situación que se nos presenta conflictivo y deliberar acerca de estos.

Toda decisión implica un acto racional de deliberación entre las distintas posibilidades.

La decisión inevitablemente procura la resolución del conflicto y el encuentro con uno mismo, pues tiende a establecer el equilibrio amenazado.

Mediante la decisión, elegimos el camino por seguir, y esa elección la respaldamos con toda nuestra voluntad. Elegido el camino, ponemos a todas las energías en nuestro logro y nos bancamos las consecuencias de dicha elección.

Elegir siempre es un acto de libertad, elegís ser

esto y no aquello; en tal sentido, somos artífices de nuestro destino. Con cada meta lograda acorde a nuestros más profundos deseos, nos transformamos íntimamente y nos elevamos hacia nuestra verdad.

Distinguir un conflicto, darnos cuenta de su base, de su raíz, y luego decidir despojándonos de los condicionamientos que nos llevaron a estar inmersos en esa situación, nos conduce al encuentro con nosotros, afianzando el camino del verdadero conocimiento de nuestro «yo interior».

LOS MIEDOS Y LAS FOBIAS,

UNA MODA QUE ASUSTA

«El miedo es buena señal, solo cuando decidís entender su mensaje».

Para escribir este capítulo he pedido la invalorable colaboración de la licenciada Gabriela S. Rodríguez, Psicóloga Clínica, especialista en terapia vincular, que forma parte del equipo de profesionales -integrado por psicólogos, médicos, psicopedagogos- que asisten periódicamente a mi programa radial para aclararnos temas que hacen a las cuestiones que, noche tras noche, aparecen en las charlas con los oyentes.

Todo ser humano, ante una situación de peligro, real o imaginada, responde con miedo, el cual no

es más que una respuesta bíológicamente congénita que nos protege como especie y permite nuestra supervivencia. Este, en su justa medida, evita que cometas actos imprudentes y te permite evaluar la situación de urgencia y prepararte para enfrentarla o huir.

En términos generales, sentir miedo es bueno y hasta beneficioso, pero cuando resulta desproporcionado y sale fuera de control, te incapacita para evaluar el peligro en forma real y elegir la mejor opción para, como ya dije, enfrentarlo o huir de él, según las circunstancias.

Cuando estos miedos son exagerados, desmedidos, desequilibrantes y se repiten de forma habitual, se transforman en trastornos de ansiedad, que son

afecciones que se basan en factores biológicos o en

experiencias personales. Se los puede clasificar en:

- Trastornos de ansiedad generalizada (TAG);

- Trastorno o ataque de pánico;

- Fobias;

- Trastorno obsesivo compulsivo (TOC);

- Trastorno postraumático por obsesivo compulsivo.

¿Es lo mismo el miedo que el pánico o las fobias? Para aclarar un poco estos términos que suelen confundirse, los definiré muy sencillamente para que ayude a la comprensión de esos cuadros llamados «trastornos de ansiedad».

Miedo es una sensación vinculada a un objeto o

situación determinados por los cuales la persona puede organizar un comportamiento defensivo, huyendo o atacando. Ejemplo: un robo.

Pánico es un temor intenso que no va unido a nada preciso. Aparece abruptamente y sin aviso. Se tiene miedo de algo, pero en el caso del pánico, esta sensación se refiere a uno mismo: es un sentimiento de congoja debido a un peligro impreciso y mal definido y considerado irracional. Por eso, el temor a estar volviéndose loco.

Hay una percepción de la situación como amenazadora para la integridad física y psíquica. El sentimiento de «despersonalización» hace que se pierda, en muchos casos, la orientación tiempo o espacio.

El ataque de pánico desborda a la persona bruscamente. Surge en cualquier lugar, estando sola o

acompañada. A menudo, la sobresalta por la

noche. Le da sensación de desorganización, de irrealidad, impotencia y congoja, miedo a morir o a perder la razón.

La persona queda paralizada y es incapaz de hacer algo para ayudarse. A veces, su mirada está perdida y no responde a las palabras.

Esta patología puede presentarse a cualquier edad. Su duración es entre 2 y 10 minutos, y en algunos casos de 1 hora o más.

No todos los que sufren un ataque de pánico terminan padeciendo de estos de forma frecuente y crónica. Puede originar fobias relacionadas con los lugares o situaciones donde ocurrieron. Se presenta cuando el sujeto siente que está atrapado, que no

puede salir ni escapar de la situación de implosión interior que no controla. Como consecuencia de una búsqueda inútil dentro del individuo de la respuesta que hay que dar ante una situación.

El ataque de pánico es tan buscado como evitado, pues es la forma en que se logra mantener bajo control lo siniestro. Encierra una profunda ambición omnipotente, implica desafío constante, ponerse a

prueba. Se trata de personalidades curiosas y celosas (aunque no extremadamente), inmaduras

emocionalmente y algunas muy sugestionables. Aparece la culpa en tomar decisiones, cambiar, asumir la propia sexualidad y el rol que se desea cumplir debido a que hay que romper con mandatos parentales arcaicos. Es decir, que estos ataques no

son más que una forma que tiene el individuo de distraerse de la verdad que debe afrontar, del cambio que tiene que realizar en la vida. Es, en muchos casos, el resultado de una inmadurez emocional y se transforma en un síntoma que permite evitar crecer y madurar esos aspectos infantiles que subyacen aún en su emocionalidad.

¿Y qué de la famosa y temida fobia? Fobia es un temor específico originado por: un objeto o situación que no revisten carácter de peligrosidad, el temor desaparece cuando no se está en presencia de ese objeto o situación, lo que favorece también conductas de evitación. No se controla voluntariamente, aún cuando hay conciencia de tal temor.

Aparece como un desplazamiento de conflictos, es decir, un desplazamiento tal que permite evitar un

conflicto personal difícil de afrontar. Se hace presente como una función defensiva, para ocultar

conflictos anteriores e irresueltos que implicarían tomar una decisión importante. El miedo al cambio y a vivir son los nudos centrales.

La fobia se presenta con un conjunto de síntomas mentales, fisiológicos y conductuales que varían en sus manifestaciones y en su intensidad, según la particularidad de cada uno de ellos. Algunas personas sienten: intensa opresión, inseguridad, descontrol físico y emocional, palpitaciones, falta de aire, contracturas musculares, dificultades respiratorias, vértigo, náuseas y visión nublada. Otras, pueden quedarse paralizadas, ruborizarse, temblar.

Hay que destacar que son crisis de duración variable, desde algunos minutos a algunas horas. A veces, retroceden espontáneamente, en general en

menos de 1 año. Otras permanecen instaladas produciendo una limitación de la vida social y profesional de la persona.

De todos modos, la persona fóbica se las arregla para afrontar el miedo a la situación a través de algunas estrategias:

- Conductas de evitación. renunciar a salir.

- Combinaciones. utilizan siempre el mismo trayecto, donde son previstos posibles refugios.

- Estrategias tranquilizadoras. se hace acompañar por familiares, apoyarse en un bastón e incluso, recurre al alcohol.
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