Decisiones un libro para «darse cuenta»




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persona se fuera, siempre van a encontrar a alguien, porque en realidad lo que buscan es refugio, compañía, no soportan que el otro lado de la cama esté vacío. únicamente el que está solo, y bien; o bien estando solo, puede elegir con acierto cuándo y de qué forma estar con alguien, Entonces, se podría decir que en una modalidad vincular de dependencia, no es correcto utilizar la palabra amor» porque, en realidad, el sentimiento que se tiene es necesidad.


Por otra parte, también están aquellas personas que porque aman demasiado, dejan todo. Se olvidan de ser ellas mismas, olvidan su vida, su familia, su carrera, sus amistades, sus gustos... Se olvidan de quiénes son, para poder estar bien y en muchos casos hasta se mimetizan con la vida del otro creyendo que eso sí es amor, sin darse cuenta, que están lejos, pero muy lejos de vivirlo realmente.

Esto, más que «amor», suena a «desorientación», pues en realidad no sienten amor por el otro, sino les falta amor por ellos mismos. Son inseguros, faltos de confianza, aquellos que no encuentran su vocación, su verdadero deseo, su plenitud. Se trata de personas que solo sienten que valen algo si alguien las elige, si alguien desea estar a su lado.

Hay otras que dicen amar tanto a alguien, que quieren lo mejor para él, aunque esto implique que tengan que ver cómo se casa con otra, cómo tiene hijos con otra, cómo es feliz con otra. Y llaman a este sentimiento «amor imposible», y la verdad que un amor imposible es cualquier cosa menos amor; ya que parece más una mezcla de obsesión y muchísima confusión que cualquier otra cosa. ¿Cómo se puede amar

a una persona con la cual ni siquiera se ha estado?


Esto, más que amor, parece una resistencia al amor, una mezcla de miedo y de pánico al verdadero amor.

Es terror al compromiso, es un amor adolescente, como aquella niña que ama a su cantante favorito. Resulta, en verdad, una resistencia al amor, y obviamente, esto hace que se alejen cada vez más de poder sentirlo realmente.

En este recorrido, hay otra variante que corresponde a los que dicen que no pueden vivir sin el otro, sin el amor del otro, aquellos que sienten que si no está eso persona a su lado, su vida se derrumba. Para ser más claro, te diría que me refiero a ciquellos que nada lo deciden por sí mismos, que necesitan siempre de la mirado de la aproboción, del consentimiento del otro.

Un amor extraño al que se podría llamar «amor

dependiente», aunque, en verdad, un amor dependiente, más que amor, es solo dependencia. Del otro lado, se encuentran los posesivos, aquellos personas que creen que están protegiendo al otro, de su

familia, de sus amigos, de sus compañeros de trabaío, del mozo, del peluquero y le construyen al otro una jaula de oro, lo proveen de todo lo que aquel necesita, lo llevan, lo traen, lo asisten, lo encierran,


y entonces dicen que esto es amor y le absorben la vida a la persona que tienen a su lado; que desde ya tiene sus serios problemas también, porque de hecho se ha enganchado en este tipo de relación de la cual se queja, pero no se va nunca, permitiendo que el otro le elija la vida, ¡imitándole la libertad en

todo sentido.

Un amor obsesivo, más que amor es obsesión. También están esas relaciones entre dos personas que, si bien viven bajo un mismo techo y aprenden a compartir, se quieren, se cuidan, se respetan. A la hora de relacionarse como pareja, a la hora del sexo, lo hacen solo como un trámite, un deber que le corresponde a cada uno de ellos para con el otro. No hay un deseo sexual fuerte, no existe magia ni seducción ni proyecto en común: viven juntos, pero crecen separados. Y esto tampoco es amor, sino una amistad con derecho a roce, una sociedad de procreación, pero no más que eso. Son únicamente compañeros de ruta.

En párrafo aparte se hallan los apasionados, y este es el vínculo que más hace confundir con el amor a quien lo siente. la pasión es a rremetedora, punzante, elocuente; brilla, deslumbra, enceguece,

trae mariposas al estómago, afloja las piernas, desespera, genera taquicardia, ansiedad, necesidad de un llamado, de una mirada, de verse a cada instante, de besarse, tocarse y de llegar a casa y volver a llamarse, y así horas enteras y días: ellos creen estar enamorados. Pero, en verdad, están apasionados.

Esta relación es la que más frecuentemente se confunde con el amor, pero, en realidad, no lo es: puede durar seis meses, o tal vez más, y de repente, en

forma inesperada, de un momento a otro, empieza a decaer.

Es una de las formas de sentir que más rápido se

profundiza, que más instantáneamente se instala, pero también una de las que más rápido se pasa. Y cuando estas personas, enceguecidas y anonadadas por el otro, abren los ojos y despiertan de ese

sueño que en sus propias mentes crearon, se dan cuenta de que el sujeto que tienen enfrente es como

es, y no como ellos desearon y pensaron; entonces llega la desilusión, el desencanto.

Esto ocurre porque no estaban realmente amando como creían: el amor es profundo y tiene raíces sólidas; la pasión, avasallante y efímera. No consolida

ningún tipo de base concreta, porque vive del encanto, del encantamiento y no de la realidad.

La pasión se alimenta de lo que cada uno inventa del otro, se siente como si se hubiera encontrado el alma gemela. Es como que ambos eligen un cuerpo y le ponen características esenciales, que el otro nunca

tuvo y lo que es peor aún, tal vez nunca tendrá. Las abuelas de antes solían tener una frase para este tipo de vínculo: «Amor que empieza con furia, termina con decepción».Ahora, sí es positivo que logres estar con la persona que querés sin dejar de ser quien sos y aceptando al otro sin exigirle cambios; si al estar juntos pueden vivir, disfrutar, acompañar y vibrar las mismas

sensaciones y sentirse orgullosos el uno del otro.

Si se sienten, esos celitos que hacen que uno se arregle, se dedique, teniendo en cuenta al otro, tratando de seducirlo; si se puede proyectar alguna cosa

en común; si se comparten los gustos, deseos y se

complementan objetivos; si se respetan las libertades individuales y se estimula al otro a crecer, a mejorar, a madurar; si se puede pensar en uno mismo sin olvidarse del otro; y a todo esto hay que sumarle una

dosis justa -pero necesaria-, de pasión; también

resulta positivo si la sexualidad se renueva, se hace creativa, se disfruta, se conversa, se comparte.

Ahí sí, cuando todas estas cosas confluyen entre dos, yo estoy seguro de que eso es el verdadero amor, porque se tiene la perfecta alquimia entre la base sólida del amor y la dosis justa y necesaria de pasión. Porque la pasión es intensa; el amor, profundo, y por eso perdura.

Cuando hay profundidad en el sentir, es casi una

obligación de los amantes mantener encendida la llama de la pasión para que perdure con la misma magia que se generó el día que empezaron a sentirlo. El verdadero amor no debe ser obsesivo, sino comprensivo; no tiene que juzgar, sino entender; no

debe encerrar, sino liberar; no tiene que obsesionar, sino permitir. Si logramos contar con este buen equilíbrio, podremos decir, ahora sí, que estamos viviendo el verdadero amor.

Ah, y una cosa más: no existe un solo amor en la vida, por lo tanto, si no lo estás viviendo, te deseo de todo corazón que te animes a encontrarlo.

CELOS

Como todAs las cosas en la vida, los diferentes tipos de sentimientos son buenos en su justa medida. El celar es un ingrediente necesario para que el amor exista. Los celos, movilizan, hacen que uno

cuide deL ser querido, que se arregle para seducirLo, que sienta un cosquilleo cuando el otro dirige

su vista a alguien más; en fin, se tratA de un CONDIMento, un ingrediente favorable en la combinación de sensaciones que el amor, la amistad, el cariño y todo sentimiento que vincule a alguien conlleva.

Pero nada es bueno en deMasía. El celoso en extremo, el que tiene celos patolÓgicos, sufre, se tortura,

siente terror por ser dejado, no duerme pensando en

qué estará haciendo el ser amado, lo controlA, lo persigue, le miente... se miente.

MuchAs veces, los celosos en extremo se muestran como seres amplios, agradables, permisivos y comprensivos en los principios de una relación. «Él/ ella no era así cuando nos conocimos», me dijo un

oyente una vez en mi programa de radio cuando empezamos a charlar sobre los celos. «Al principio, era agradable -agregó-, me preguntaba sobre mi pasado, mis noviazgos, mis experiencias...».

El celoso obsesivo, empedernido, teje su telaraña alrededor deL otro, y dadA su absolutA inseguridad, empieza ocultando y mintiendo su verdadera forma de ser, para poder lograr la entrega y lA confesión deL otro y saber la verdad sobre su historia y su vida.

En realidad, ya desde ese momento está buscando motivos para celarlo. Es que no puede estar sin hacerlo, siempre encuentra una razón. Entonces, una

vez que hizo toda la «historia clínica» de la vida del otro, empieza a levantar paredes en su entorno, a criticarle sus amistades, a cuestionarle para qué va

a la facultad, que el color de labios es muy fuerte, que no tiene sentido usar esa ropa tan escotada o la pollera tan corta, o para qué tanto perfume si sólo

va a la oficina, y qué hizo desde que salió de su

trabajo hasta que llegó a su casa, y por qué mira tanto fútbol, y que ese cantante preferido es homosexual o que no canta bien; todo según se trate de él

o de ella.

Y entonces, el celoso se convierte en carcelero del otro, de su historia, de sus movimientos, de sus

acciones, elecciones, amistades, vestimenta... Pretende intervenir en cada decisión, en cada elección del ser amado y, lo que es mucho peor, intervenir en sus pensamientos.

Sí, así como lo leés, el celoso tiene la fantasía de tomarle el pensamiento al otro, de saber literalmente lo que está pensando el otro, y como jamás lo consigue, se desespera y vive atento a cada movimiento, a cada paso, a cada mirada, a cada elección que el otro hace...

«Por qué miraste tanto al camarero», pregunta él;

O «Por qué miraste a la camarera», pregunta ella. Y así, como tratando de llegar a la profecía autocumplida, el celoso, con su comportamiento, empuja prácticamente a su pareja a mirar a otros, a interesarse por alguien más, porque termina metiéndoselo en la cabeza, inventándole historias que el otro, al escuchar,

incorpora en su propia historia, comenzando, en

muchos casos, a fantasear con eso.

Es que, en el fondo, el celoso necesita ser traicionado, corroborar sus dudas, requiere el abandono, sufrir por algo que realmente suceda y, en casos

extremos, creer que eso sucede para poder castigar al otro: golpeándolo, desestimándolo y torturándolo psíquicamente a partir deL menosprecio, la subestimación y el insulto constante, para llegar a hacerlo sentir poca cosa, casi despreciable, y que el otro se

convenza de que jamás nadie repararía en él, sino sólo aquel que lo cela obsesivamente.

Uffff, agota de solo leerlo, ¿no? ¿Te ha pasado alguna vez? ¿Cuál de las dos partes de esta historia fuiste? Pues no importa, porque los dos son cómplices. Sí, los dos. El que cela todo el tiempo tiene inseguridad de ser querido, revive en cada relación el miedo por ser dejado a un lado que la mayoría de las veces se instaló en su niñez por diferentes factores y situaciones vividas. Entonces, si bien no soporta el abandono -manifestado desde lo mínimo, hasta en el hecho de que su

pareja mire a alguien- con su actitud, termina provocándolo porque necesita que se repita la misma situación histórica que le produjo este proceder.


Y, por otra parte, el que es celado también es partícipe, porque lo que busca al vincularse con esta

clase de personas es una atención desmedida para compensar la desatención que tuvo en algún momento de los principios de su historia, cuando se

sintió abandonado y falto de dedicación de alguno de sus padres o porque, simplemente, sintió que su

hermano recibía más cosas de ellos que él mismo...

Los celos destruyen, aniquilan el placer, la felicidad/ la sexualidad. Y hay hombres que no soportan que su mujer goce, gima, se explaye libremente en

la cama. Es más, algunos no aguantan ni siquiera recibir sexo oral por parte de su pareja porque llegan al delirio de celos, a celar su propio órgano viril porque se desdoblan y sienten que el otro los aparta por estar disfrutando de su pene. Sí, así como te lo cuento. A tal extremo puede llegar un celoso empedernido. Y, al sucumbir a este extremo tan nefasto como forma de vincularse, jamás tiene paz ni placer, y de hecho, nunca seguridad en nadie.

La falta de autoestima, de seguridad afectiva, de base sólida en sus principios relacionales, ocasiona todo esto y degenera en actitudes como las


mencionadas, terminando sus relaciones en una destrucción total de la pareja, que muchas veces lleva a la anulación de ambos y, en casos extremos, a crímenes pasionales.

En verdad, el celoso y el celado me recuerdan el preso y el carcelero. El preso -vaya la repetición está preso, privado de su libertad y encerrado en su

celda; pero el carcelero también se encuentra preso, porque debe quedarse todo el tiempo cuidándolo.

DERECHOS Y OBLIGACIONES

Todos tienen derechos y obligaciones en la vida, pero hay quienes sobrepasan los límites de los primeros y no entienden muy bien los segundos. Sería bueno que hagas una lista que te recuerde algunos de esos

derechos y las obligaciones concordantes con ellos.

Yo voy a detallarte algunos que se me ocurren, pero no dudes en sumarle a esta lista los que provienen de tu propia experiencia o de tu observación de los demás. Incluso, sería un buen juego de grupo pedir que otros siguieran sumando opciones a esta

lista que yo hoy comienzo. Al final del libro, tendrás la página web de mi programa para que puedas mandarme algunos o, simplemente, para conectarte conmigo.

A ver:

- Tenés derecho a sentir celos del triunfo de los demás, pero la obligación de no desearles el mal.

- Tenés derecho a caer, pero la obligación de no

quedarte tirado ahí.

- Tenés derecho a que algo te salga mal, pero la obligación de no sentirte derrotado.

- Tenés derecho a equivocarte, pero la obligación de no sentir lástima de vos mismo.

- Tenés derecho a estar en desacuerdo con alguien, pero la obligación de no destruir sus sueños.

- Tenés derecho a tener un mal momento, un mal día, pero la obligación de que no se transforme en costumbre.

- Tenés derecho a pensar en el futuro, pero la obligación de no olvidar el presente.

- Tenés derecho a triunfar, pero la obligación de que no sea a costa de otros.

- Tenés derecho a vivir en paz, pero la obligación de no transformarte en un mediocre conformista.

- Tenés derecho a desanimarte, pero la obligación de no perder la esperanza.

- Tenés derecho a la justicia, pero la obligación de no confundirla con venganza.

- Tenés derecho a la opulencia, pero la obligación de no ser avaro.

- Tenés derecho a ser positivo, pero la obligación de no ser arrogante.

- Tenés derecho a querer a alguien, pero la obligación de no desear apoderarte de él.

- Tenés derecho a transitar tu verdad, pero la obligación de no querer imponerla.

Dale, animate, sigamos escribiendo juntos. Como ya dije, acepto sugerencias.

UN SENTIMIENTO QUE ENFERMA

«El rencor en el alma es veneno para el corazón».

Muchas veces, en la vida nos enfrentamos a situaciones que provienen de los vínculos con los demás. Cuando estos lazos se distorsionan o se salen del encuadre que deberían tener, nos llevan a vivir una relación de una forma impensada.
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