Régimen Jurídico de la conquista musulmana de la península Ibérica




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fecha de publicación19.02.2016
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Escuela de Derecho

Universidad Católica del Norte, Sede Coquimbo.

Cátedra de Historia del Derecho

Ayudante: Daniel Bravo Silva.

Al-Andalus, Islam Español o España Musulmana

  1. Mahoma, los musulmanes y el Islam.


La palabra árabe islam significa literalmente “entregarse”, pero en el Corán1 (libro sagrado de los musulmanes), se establece su sentido religioso: "resignarse a la voluntad (o a la ley) de Dios"2. La persona que practica el islam es un musulmán, que viene del árabe muslim, que significa “el que se somete a Dios”3.

Según el Corán, el islam es la religión universal y primordial, incluso la propia naturaleza es musulmana ya que obedece de modo automático las leyes que Dios ha establecido en ella. Para los seres humanos, que tienen libre albedrío, la práctica del islam no implica obediencia sino la aceptación libre de los mandamientos divinos.

Cuando los musulmanes ocuparon España, apenas habían transcurrido un siglo desde la predicación de Mahoma como profeta de Alah (Dios)4.

La actividad religiosa de Mahoma5 y sus seguidores, que se inicia con la emigración desde La Meca a Yathrib (posteriormente Medina, “ciudad del profeta”, Madinat al-Nabí), acontecimiento conocido como Hejira (Hégira), en el año 622. Tras la Hégira se estableció la primera comunidad musulmana (umma) en Yatrib, y más tarde el episodio marcó el inicio del calendario musulmán, conocido como "era de la Hégira" o “era islámica”.

Gracias a Mahoma, el pueblo árabe, antes desunido, adquiere una conciencia histórica unitaria, se transforma, como un nuevo Israel, en pueblo escogido, convirtiéndose en una homogénea comunidad político-religiosa, que emprende la tarea de predicar y practicar la jihad6 (“guerra santa”).

Desde la muerte del profeta (año 632), se inicia una belicosa expansión del islam, que se extiende por el Asia Menor y el norte de África, sometiendo e incorporando al nuevo credo a numerosos pueblos.

  1. Régimen Jurídico de la conquista musulmana de la península Ibérica.


La empresa de la jihad, auténtica obligación religiosa fue dirigida contra los infieles o no creyentes, aunque los musulmanes acostumbraron distinguir a los idolatras o politeístas de quienes, como los cristianos y los judíos, tienen con ellos un fondo de concordancia: sus convicciones monoteístas y el hecho de ser “gentes del Libro (o de la Biblia)” o ahl al-Kitab.

Semejante diferencia entre idólatras y gentes del Libro, produce una distinta consideración y comportamiento; los primeros deben ser forzados a la conversión o sojuzgados, los segundos pueden mantener su religión, conviviendo con los musulmanes en calidad de dhimmíes o protegidos.

Con tales gentes del Libro, fundamentalmente cristianos, se encontraron los musulmanes al conquistar la península Ibérica.


    1. Los pactos de sometimiento.


El régimen jurídico de la conquista fue distinto según la acogida dispensada a los conquistadores musulmanes por parte de los pobladores, lo que se tradujo en dos tipos de pactos de sometimiento, la suhl y la ahd.


  1. La capitulación (suhl).


Es consecuencia de la guerra y significaba el sometimiento absoluto a las autoridades del islam.

Las heredades de los así sojuzgados dejaron, normalmente, de pertenecer a sus propietarios y se convirtieron en bienes de la comunidad musulmana (fai), aunque siguieron siendo cultivados por sus antiguos poseedores, quienes, incluso, pudieron transmitir hereditariamente el derecho al cultivo.


  1. El tratado de paz (ahd).


Tratado suscrito por los musulmanes con pueblos aliados, que quedaban en condición de protegidos, respetando, en cambio, la autonomía política, la propiedad de las tierras y la libertad religiosa y llevó consigo una cierta salvaguardia de las personas (amán).

Convenios de esta naturaleza fueron acordados con algunos cristianos del norte peninsular, siendo clásico el que firmó Abd al-Aziz con el conde visigodo de Murcia, Teodomiro, cuyas cláusulas constituyen un modelo de tolerancia y consideración.

Los hispanogodos quedaron en ambos casos sujetos al pago de los impuestos personal (chizya) y territorial (jarach).


    1. La cesión de tierras.


El régimen islámico regulador de la naturaleza de las tierras de conquista fue esbozado por el propio Mahoma y concretado luego por Omar I. Este califa dispuso que los dominios territoriales quedaran terminantemente excluidos del botín guerrero7, permaneciendo indivisos como bienes de la comunidad.

Sin embargo, la rigidez de semejante prescripción no logró avenirse con el lógico afán de los guerreros por establecerse en las tierras que sometían, lo que hizo más fácil y más frecuente la confirmación de las ocupaciones de hecho, o el otorgamiento de campos y heredades de modo directo y discrecional.

Tales cesiones transmitieron a veces el pleno dominio, pero en muchos casos se limitaron a adjudicar al concesionario unos amplios derechos de disfrute mediante la investidura de la tierra (iqtá), conformando un figura jurídica semejante a la enfiteusis romana8. Los concesionarios debían satisfacer el censo correspondiente al predio adjudicado, pudiendo enajenar su derecho o transmitirlo hereditariamente.

La entrega de tierras en propiedad y en iqtá determinó su segregación del conjunto de bienes perteneciente a la comunidad. Tal sistema, ya vigente al tiempo de la conquista de España, hizo posible que los musulmanes se convirtieran en dueños de los territorios que ocupaban, abriendo la puerta, finalmente, a un asentamiento permanente y a la consolidación de su dominio.

  1. Periodos del Islam español.


Con la conquista musulmana de la península Ibérica desaparece la Hispania romano-goda, siendo reemplazada por el nuevo Al-Andalus, término con el que los escritores islámicos designaron siempre a la España musulmana, con independencia de su extensión geográfica.

El término Al-Andalus, que aparece por primera vez en el año 716, en una moneda bilingüe, ha sido relacionado con el nombre que el pueblo vándalo le adjudicó a Andalucía (Vandilicia).

La constitución, consolidación y crisis del Al-Andalus, puede resumirse en las siguientes cuatro etapas:


  1. Periodo de los gobernadores (716 - 756)9


Tras la presencia de Tariq ibn Ziyad10, su jefe Muza acude a España, realizando ambos diversas expediciones militares que concluyen al recibir órdenes del califa de regresar a Siria.

Por entonces (mediados del 714), se había conquistado la capital visigoda (Toledo), la Andalucía occidental, Zaragoza y buena parte del valle del Ebro.

Entre el año 714 y 716 el hijo de Muza, Abd al-Aziz ocupa las regiones subpirenaicas, Cataluña, Andalucía oriental, Levante e importantes plazas portuguesas, o sea, el noreste, sureste y centro oeste de la península Ibérica, consumándose de esta manera el control de España.

El periodo de los gobernadores (que va del 716 al 756) está caracterizado por la sucesión de ese tipo de autoridades (gobernadores o walíes), que ha menudo debieron enfrentarse a los clanes conflictivos de sus compatriotas, así como por las tentativas de extender a las Galias el dominio del islam.

El conflicto más grave estuvo protagonizado por los bereberes, que se sentían discriminados frente a los árabes. Para sofocar la sublevación acudió un importante contingente de sirios que acabaron asentándose en la península Ibérica.

Esta inestabilidad política permitió al reino de Asturias, surgido tras la batalla de Covadonga (722), afianzar su independencia.


  1. Emirato omeya de Córdoba (756 - 912)


A mediados del siglo VIII los Omeyas fueron desplazados del califato por los Abasíes y el centro de poder se trasladó a Bagdad. Un miembro de la dinastía Omeya, Abd al-Rahman, consiguió huir de la persecución y hacerse con el poder en Al-Andalus, desligándose de la obediencia política a Bagdad.

Surgía así el emirato independiente, con Abd al-Rahman I, quien desde el 756 y por el periodo de tres décadas consolida un emirato independiente en lo político, aunque subordinado en lo religioso al califa de Damasco.

Abd al-Rahman I convirtió a la ciudad de Córdoba en la capital de la España musulmana y durante los siguientes 250 años fue uno de los mayores centros comerciales e intelectuales del mundo.

En esta etapa destacan las numerosas sublevaciones de los muladíes, que los emires Omeyas tuvieron que hacer frente.


  1. Califato de Córdoba (929 - 1031)


En el 929, Abd-al-Rahman III, adopta el título de califa11 y príncipe de los creyentes, convirtiéndose, por tanto, en una suprema autoridad política y religiosa, a la que incluso ciertos reyes cristianos pagaron tributo o rindieron vasallaje.

Durante este periodo se restauró el orden en el interior de Al-Andalus, se mantuvo las fronteras con los núcleos cristianos y se extendió el poder por el norte de África.

Fue una época en la que se dieron cita la prosperidad económica y el esplendor cultural y artístico. Así, al proclamarse el califato, la ciudad de Córdoba, alcanza su máximo esplendor en rivalidad con Damasco y Bagdad, centros de gran prosperidad económica e intelectual, llegando a ser la ciudad más importante de Occidente.

En el último cuarto del siglo X se estableció en el califato una dictadura militar cuyo fundador fue conocido como Almanzor12. La centuria siguiente, en momentos de una intensa actividad militar contra los cristianos del norte, se inicia con graves discordias internas entre varias facciones que luchaban por el poder, precipitándose así la disgregación del califato, en 1031, cuyo último titular fue Hisam III13.


  1. Reinos Taifas (1031 - 1492)


En 1031 cae el califato y se descompone en una veintena de unidades políticas menores conocidas como reinos taifas (del árabe ta'ifa, “partido” o “bandería”), gobernada por reyezuelos de de ascendencia diversa.

Estas taifas suelen clasificarse por su cronología (primeras, segundas y terceras), y también en atención al origen bereber, árabe o eslavo de los reyes.

Andalucía fue controlada, preferentemente, por los bereberes, mientras que en la zona oriental de Al-Andalus, desde Almería a Tortosa, y en las islas Baleares, la supremacía correspondió a los eslavos. En las ciudades del interior, se impusieron familias nobles andalusíes, de origen árabe o muladí. En semejante mosaico, los reinos más fuertes se imponen a los taifas satélites, y terminan por absorberlos.

Las continuas guerras entre los reinos taifas favorecieron la intervención creciente de los reyes cristianos, a través de la política de parias14: los taifas pagaban a los cristianos tributos para no ser atacados o a cambio de ayuda militar. La constante sangría económica a la que se vieron sometidos les obligó a incrementar la presión fiscal sobre sus súbditos, lo que motivó el descontento de la población.

A fines del siglo XI, el mapa se reducía a las familias árabes de Sevilla y Zaragoza, los bereberes de Granada, Toledo, Badajoz y Albarracín, y a la de los descendientes de Almanzor en Valencia.

La situación de debilidad frente a los cristianos se hizo patente en el 1085 con la conquista de Toledo por Alfonso VI. Este suceso precipitó la invasión almorávide15 y con ella la desaparición de los primeros taifas. En la segunda mitad del siglo XI sólo subsistían los reinos de Zaragoza, Badajoz, Toledo, Granada y Sevilla.

La llegada de los almorávides, y la consecuente unificación de Al-Andalus, logró detener el avance de los castellanos. En la batalla de Uclés (1108) infligieron una nueva derrota al rey castellano, Alfonso VI. Dos años después, en 1110, incorporaron el reino taifa de Zaragoza, pero su dominio fue efímero. En el año 1118 el rey de Aragón, Alfonso I el Batallador, tomó la ciudad. Esta derrota constituyó un hito para el régimen almorávide en la península. En los años siguientes no consiguieron conquistar Toledo, y Alfonso VII reanudó la ofensiva castellana, derrotando a los almorávides en diversas batallas entre 1139 y 1146. Al quebrarse su capacidad militar, la unidad de Al-Andalus se resquebrajó.

Tras el hundimiento del poder almorávide16, a mediados del siglo XII, surgieron los segundos taifas. Su efímera existencia concluyó con la invasión almohade17 en 1157.

Consolidada nuevamente la unificación de Al-Andalus, los almohades18 intensificaron su ofensiva contra los reinos cristianos. El gran ataque se produjo en 1195, donde el califa Yusuf II aplastó al ejército castellano dirigido por Alfonso VIII en la batalla de Alarcos. En los años siguientes, los almohades dirigieron campañas devastadoras contra las fronteras de León y de Castilla, defendidas por las órdenes militares.

La gravedad de la situación obligó a los reyes cristianos a relegar sus diferencias internas para hacer un frente común contra los almohades. En el año 1212 las tropas cristianas destrozaron al ejército almohade en la batalla de las Navas de Tolosa, derrota que favoreció la aparición de los terceros taifas, pero de ellos sólo sobrevivió el reino nazarí de Granada19.

El reino de Granada, cuya existencia se prolongará más de dos siglos y medio, se constituyó a la postre en el último reducto musulmán en España. La entrada de los Reyes Católicos, en la capital, el 6 de enero de 1492, le puso término y, con ello, concluyó la reconquista.

  1. Población de la época del Al-Andalus.



  1. Hispanogodos.


Grupo que estaba compuesto por los descendientes de los visigodos, completamente fundidos ya con los antiguos hispanorromanos.

Era la población que ocupaba la península Ibérica al momento de la invasión musulmana. Tradicionalmente se sostiene que huyeron al norte peninsular, sin embargo, muchos se mantuvieron en los lugares que habitaban, conviviendo los musulmanes, e incluso convirtiéndose al islam (muladíes).


  1. Musulmanes.


Era el conglomerado político formado por distintas etnias (árabe, bereber, almorávide, almohade, etc.), bajo una misma creencia religiosa, el islam.

Musulmán es la persona que practica el islam, y viene del árabe muslim, que significa “el que se somete a Dios”. Es un seguidor de la revelación divina (recogida en el Corán) formulada por el profeta Mahoma, lo que le convierte en miembro de la comunidad islámica (umma).

Dentro de los musulmanes, se distingue a los creyentes (o propiamente musulmanes) y a los muladíes.


  1. Muladíes.


El término muladí proviene del árabe muwallad, “adoptado”.

Los muladíes eran los antiguos cristianos (hispanogodos) convertidos al islam después de la conquista musulmana, que fue la opción adoptada por la mayor parte de la población hispanogoda ante las ventajas económicas y sociales que comportaba ser musulmán.

Su arabización fue muy profunda, hasta el punto de que en los siglos IX y X apenas se distinguían de los musulmanes de origen árabe.

Los muladíes participaron en numerosas sublevaciones contra el poder y la aristocracia árabe. Generalmente, estas revueltas estuvieron motivadas por el aumento de impuestos cobrados a los musulmanes y por la situación de inferioridad en la que se encontraban frente a los árabes.


  1. Mozárabes.


Nombre, que viene del árabe musta'rab, “arabizado”, con que se conocía a los cristianos que vivían, en calidad de dhimmíes, bajo la dominación musulmana en Al-Andalus.

Estaban obligados a pagar impuestos de carácter personal (chizya) y territorial (jarach), pero conservaron su organización política, jurídica y eclesiástica. A medida que la cultura islámico-oriental arraigó en los territorios peninsulares dominados por los musulmanes, los mozárabes perdieron importancia y se fueron arabizando. Ante esa situación los más intransigentes promovieron revueltas y emigraron a los núcleos cristianos.

Hasta el siglo XI la comunidad mozárabe vivió un periodo de relativa tranquilidad, pero a partir de ese momento, con la llegada de los almorávides primero, y de los almohades después, su situación se deterioró y acabaron por ser expulsados por estos últimos.

La actividad mozárabe en los sus contactos con los reinos cristianos, y más aún con su definitiva deportación, contribuyó a la difusión de los conocimientos científicos y artísticos orientales por los territorios cristianos.


  1. Judíos.


Antes de la llegada de las legiones romanas existían colonias de judíos en la península Ibérica. Durante largo tiempo habían sido víctimas de persecuciones, sobre todo después de que en el siglo VI los visigodos se convirtieran al cristianismo.

La invasión musulmana llevó la paz para los judíos españoles, quienes pasaron a ocupar importantes cargos como hombres de estado, médicos, banqueros, teólogos, poetas, investigadores, etc. Los estudiosos judíos contribuyeron al posterior inicio del renacimiento en Europa, gracias a las traducciones que, en unión con los musulmanes, realizaron de los clásicos griegos, persas e hindúes, libros que gracias a ellos llegaron por primera vez al resto de la Europa occidental.

Pero con la llegada de los almorávides y, después, de los almohades y producto de su intolerancia, éstos emigran a los territorios dominados por los reinos cristianos.


  1. Francos.


Grupo humano que llegan a la península Ibérica, procedente de las antiguas Galias, como refuerzos interesados en participar en la lucha contra el invasor islámico, con la intención de adquirir tierras a cambio de tal colaboración, y que se une a los grupos cristianos de resistencia (y reconquista)

1 Los musulmanes consideran el Corán como la palabra "increada" de Dios revelada a Mahoma por medio del arcángel Gabriel; creen que el mismo Dios, no el Profeta, es el autor y por lo tanto que el Corán es infalible.

“El Corán” (Al-Kur’an) procede del árabe al-qur'an, “la lectura” o “la recitación”. Recoge los diferentes pasajes revelados a Mahoma durante los casi 22 años de su vida profética (610-632). Está dividido en 114 capítulos de desigual extensión (suras), el más breve contiene sólo 3 versículos y el más amplio 306 versículos largos.

2 Corán LXI, 7.

3 El nombre musulmán se da en el mismo Corán (XXII, 77) a los seguidores de Mahoma: “Combatid por la causa de Dios cual conviene hacerlo; él os ha elegido. No os ha mandado nada difícil en vuestra religión, en la religión de vuestro padre Abrahán; os ha llamado musulma­nes (que se abandonan a Dios)”.

A los musulmanes les ofende que se los llame mahometanos, lo que implica un culto personal a Mahoma, prohibido en el islam.

4 La shahada (profesión de fe) se expresa al afirmar "No hay más dios que Alá y Mahoma es su enviado". La fórmula es exclusivamente musulmana.

5 Nacido hacia 570 en La Meca.

6 La jihad designa la lucha por el objetivo islámico de "reformar la Tierra", que puede englobar el uso de la violencia y la utilización de ejércitos si fuera necesario.

En cualquier caso, se trata de un concepto mal asimilado fuera del mundo musulmán. La finalidad prescrita por la jihad no es sin embargo la expansión territorial ni la conversión a la fuerza de los pueblos al islam, sino la toma del poder político para aplicar los principios islámicos a través de las instituciones públicas de la comunidad.

7 En las guerras de la Arabia preislámica se siguió una antigua tradición, probablemente importada por los árabes que habían servido como soldados en ejércitos romanos, según la cual el botín de guerra (ganima) debía dividirse en cuatro partes, de las que el jefe se reservaba una parte y repartía entre los combatientes las otras tres.

Alegando una moción divina, Mahoma alteró tal sistema, rebajó la cuota del jefe a un quinto (jums) y dispuso, además, que habría de corresponderle a él por entero cuanto se adquiriese sin necesidad de hacer uso de la fuerza. A su vez, según establecía el Corán (VIII, 42), la quinta parte del botín debía distribuirse entre Alá, el profeta y sus parientes, los huérfanos, pobres y peregrinos.

Las propiedades rústicas no fueron consideradas en la etapa primitiva como objeto del botín, dato congruente con el carácter nómada de las tribus, y ello originó que Mahoma mismo, según algunos autores, o las autoridades árabes de los siglos siguientes, según otros, hubieran de arbitrar un régimen respecto de a las tierras de los pueblos vencidos, que ahora sí debían ser tenidas en cuenta en el despliegue del imperio islámico, y que se tradujo en los pactos de sometimientos ya señalados.

8 Cesión perpetua o por largo tiempo del dominio útil de una finca mediante el pago anual de un canon al que hace la cesión, el cual conserva el dominio directo. También se le conoce como censo enfitéutico.

9 Algunos autores llaman a este periodo emirato dependiente, señalando que la península Ibérica se convirtió en una provincia del Islam bajo la soberanía de los califas Omeyas de Damasco, gobernada por walíes designados en el norte de África.

10 El gobernador de Tánger, que comandó las tropas musulmanas en la Batalla de Guadalete (711).

11 Lo que significó la independencia religiosa de Al-Andalus.

12 Al inicio del califato de Hisham II (976-1009), Almanzor logró hacerse con el poder en al-Andalus. En el año 981 recibió como sobrenombre “el victorioso por Alá” o al-Mansur bi-Allah, castellanizado en Almanzor.

Almanzor se mantuvo en el poder con el apoyo militar de los bereberes. Durante su gobierno se exacerbaron las diferencias entre los grupos étnicos. Fue sucedido en el ejercicio de sus atribuciones por su hijo Abd al-Malik.

13 Concluyendo de igual manera la dinastía omeya.

14 Política que supone un Tributo que paga un príncipe a otro en reconocimiento de superioridad.

15 Del árabe al-murabit, “hombres del ‘ribat’” (hoy Rabat, en Marruecos), fueron una eran una confederación de tribus bereberes, o sea, eran de origen africano.

16 La decadencia del poder almorávide en la península Ibérica coincidió con el declive de su imperio en el norte de África como consecuencia de la expansión de los almohades. No obstante, no se produjo exclusivamente por factores externos, su implantación en Al-Andalus tuvo un carácter eminentemente militar, y el fanatismo religioso de que hicieron gala contribuyó a desintegrar la heterogénea sociedad de Al-Andalus.

17 Dinastía bereber, que surgió como un movimiento religioso reformista que aglutinó a diversas tribus del Atlas (sistema montañoso al noroeste de África).

Su dirigente, Ibn Tudmar, se opuso radicalmente a los almorávides y emprendió una reforma que suponía una reelaboración del dogma islámico. Sus seguidores recibieron el nombre de al-muwahhidun, “los partidarios de la unicidad”.

18 El régimen almohade fue ante todo una dictadura militar. Sus dirigentes, que ejercían un poder absoluto, ostentaron el título de califas, pero no contaron en ningún momento con el apoyo popular.

19 Su fundador fue Muhammad I que pertenecía a la familia árabe de los Banu Nasr (de ahí Nazarí).




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