I. E. S. Puerto del Rosario. Departamento de Filosofía. 2004/05




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I.E.S. Puerto del Rosario. Departamento de Filosofía. 2004/05

TEMA 1. EL SABER FILOSÓFICO.


  1. Introducción

  2. El nacimiento de la filosofía.

  3. La filosofía y los problemas de la vida cotidiana.

  4. Los saberes filosóficos.

  5. Textos para comentario.


1. INTRODUCCIÓN.

El concepto de ‘filosofía’ posee una complejidad de significados y referencias difícilmente compartida con algún otro nombre que designe a cualquiera de las otras disciplinas y artes del conocimiento humano. Etimológicamente se interpreta como ‘amor o afición a la sabiduría’. (Filo = amor; Sofos = sabio) En este sentido, debemos subrayar la diferencia entre el ‘sofista’, el sabio, y el ‘filósofo’. Éste último es el que ama la sabiduría, pero no es sabio, pues el primer requisito para aprender, para alcanzar el conocimiento es reconocer la ignorancia. Platón sitúa por este motivo la filosofía entre la sabiduría y la ignorancia, entre el que ya posee el saber, y por eso no lo busca, y el que hasta tal punto carece de saber que ni siquiera lo echa de menos
“Ninguno de los dioses ama la sabiduría ni desea ser sabio, porque ya lo es, como tampoco ama la sabiduría cualquier otro que sea sabio. Por otro lado, los ignorantes ni aman la sabiduría ni desean hacerse sabios, pues en esto es precisamente la ignorancia una cosa molesta: en que quien no es ni bello, ni bueno, ni inteligente se crea a sí mismo que lo es suficientemente.

¿Quiénes son, entonces, los que aman la sabiduría, si no son los sabios ni los ignorantes?.

Hasta para un niño es ya evidente que son los que están en medio de los dos”.

Platón. El Banquete.
El ser humano posee un deseo irreprimible de saber. Y ese deseo arranca de la extrañeza y la admiración ante las cosas. El mundo, las cosas, las personas se nos presentan a nuestros ojos y no nos pasan desapercibidos. Despiertan en nosotros la curiosidad, la admiración, la extrañeza. La filosofía aparece cuando los seres humanos se cuestionan sobre los elementos que tienen a su alrededor y quieren encontrar respuestas a determinadas preguntas. La admiración, el asombro, ante un mundo que se nos presenta enigmático, plantea al hombre interrogantes. ¿Cuál es el origen del universo?, ¿somos realmente libres, o todo lo que nos sucede está ya escrito?, ¿existe la verdad?, ¿se puede conocer la verdad?, ¿qué es el bien?, … son interrogantes que nos hemos planteado alguna vez. Desde el comienzo de la historia el ser humano ha intentado responder a estas preguntas. Las respuestas que han dado y las que podemos dar a estas cuestiones forma parte del saber filosófico.

“Pues los hombres comienzan y comenzaron siempre a filosofar movidos por la admiración; al principio, admirados por los fenómenos sorprendentes más comunes; luego, avanzando poco a poco y planteándose problemas mayores, como los cambios de la Luna y los relativos al Sol y las estrellas, y la generación del universo.

Pero el que se plantea un problema o se admira, reconoce su ignorancia. Por eso también el que ama los mitos es en cierto modo filósofo, pues el mito se compone de elementos maravillosos. De suerte que, si los hombres filosofaron para huir de la ignorancia, es claro que buscaban el saber en vista del conocimiento, y no por utilidad alguna. Y así lo atestigua lo ocurrido. Pues esta disciplina comenzó a buscarse cuando ya existían casi todas las cosas necesarias y las relativas al descanso y al ornato de la vida”

Aristóteles. Metafísica.

En este sentido, la filosofía es un ‘quehacer’, algo que se va haciendo, ‘una ciencia que se busca’, como advirtió Aristóteles. Cada uno de nosotros la hacemos cada día, con un esfuerzo gratificado por estar realizando lo que nos vuelve más humanos. La filosofía, pues, nos ayuda a humanizarnos. Quien no se admira, quien no reflexiona, quien no se hace preguntas, probablemente está perdiendo lo más importante de sí, probablemente se está deshumanizando.
“Interesarse por el por qué vivimos no es, por lo tanto, un interés tan fortuito o tan casual como, por ejemplo, coleccionar sellos. Quien se interesa por cuestiones de ese tipo está preocupado por algo que ha interesado a los seres humanos desde que viven en este planeta. El cómo ha nacido el universo, el planeta y la vida aquí, son preguntas más grandes y más importantes que quién ganó más medallas de oro en los últimos juegos olímpicos de invierno.

La mejor manera de aproximarse a la filosofía es plantear algunas preguntas filosóficas: ¿Cómo se creó el mundo?, ¿Existe alguna voluntad o intención detrás de lo que sucede?, ¿Hay otra vida después de la muerte?, ¿Cómo podemos solucionar problemas de este tipo?, y ante todo ¿cómo debemos vivir?.

En todas las épocas, los seres humanos se han hecho preguntas de este tipo. No se conoce ninguna cultura que no se haya preocupado por saber quiénes son los seres humanos y de dónde procede el mundo”.

J. Gaarder. El mundo de Sofía.
2. EL NACIMIENTO DE LA FILOSOFÍA.

Durante mucho tiempo se pensó que la filosofía había sido una invención exclusiva de los griegos. Como si de un auténtico milagro se tratase, sin padre ni madre, por así decirlo, la filosofía nace en Grecia, y sólo en Grecia, aproximadamente en el s.VII a.C. y de ahí se transmite a la cultura occidental. Esta opinión, que se ha mantenido durante mucho tiempo, no es actualmente admitida. En efecto, en otras culturas y civilizaciones, como son el caso de la civilización India, China, o Babilónica, existió un pensamiento filosófico desde muy antiguo, aunque con características muy distintas del pensamiento occidental. Las culturas egipcia y babilónica provienen del cuarto milenio a. de C. En ellas existen pensadores que reflexionan a partir de la observación de cuerpos celestes, como el Sol (objeto de adoración del hombre) o bien de la crecida del Nilo, las cosechas, … con lo que dieron lugar a ciencias como la agricultura, la astronomía, etc.

Una segunda creencia muy extendida sobre el nacimiento de la filosofía es entender su origen como un despertar a la razón en la Grecia clásica del s. VI a.C., frente a las tradiciones mitológicas, esto es, como el paso del mito al logos, de la Leyenda a la Razón, de una explicación mítica de la realidad a una explicación racional de la misma. El mito se define como un conjunto de narraciones y doctrinas tradicionales de los poetas —especialmente Homero y Hesíodo—, acerca del mundo, los hombres y los dioses. En el mito se procede a una personificación o divinización, lo que supone arbitrariedad de la voluntad divina (es decir, todo sucede según el antojo de los dioses) respecto a los fenómenos que pretende explicar. El mito apela a la fe, a la aceptación irracional de ciertas verdades. De aquí la necesidad de una crítica del mito y una elaboración de un saber por causas, de una explicación racional. La explicación racional, el logos, sólo podrá darse cuando la realidad se comprende bajo supuestos no míticos, sino como realidades con sus leyes, con su necesidad. Las cosas suceden como y cuando tiene que suceder, y no están sometidas a la voluntad de los dioses. La filosofía, pues, busca dar una explicación coherente, argumentada de las causas. Así, una explicación valdrá tanto cuanto valgan las razones en las que se apoya, cuanto valgan los argumentos y pruebas que puedan aducirse en su favor. (Mito = narración poética que pretende dar una explicación general a los problemas de la existencia y de la realidad. Se trata de narraciones fantásticas que intentan explicar el origen y la regularidad del cosmos recurriendo a fuerzas sobrehumanas, como dioses o fuerzas personificadas)

En nuestro siglo se ha puesto de relieve una continuidad entre el mito y la reflexión filosófica. No se pasa del mito al logos con una ruptura lineal, sino que el mito permanece en el logos, inspira a la reflexión filosófica y sirve de referencia constante para las especulaciones de la razón. En las relaciones entre el mito y el logos existe una enorme complejidad que no permite establecer una evolución lineal superadora sin más. Se trata, en este sentido, de ver que los mismos problemas epistemológicos, ontológicos y existenciales que subyacen a la tradición mitológica continúan de forma diferenciada en la tradición posterior. Es decir, no podemos pensar que se trató de un salto radical, que un día se acostaron explicando con narraciones y mitos extraordinarios y otro se levantaron con inquietudes filosófico-científicas. Los primeros filósofos utilizaron profusamente mitos en sus explicaciones.

¿Cuáles son las condiciones y los cambios que experimenta la civilización griega y que van a poner en crisis las explicaciones mitológicas?. En primer lugar, el intercambio comercial, que comporta intercambio de ideas y descubrimiento de otras formas de pensar y otros mitos de otras culturas, lo que relativiza los mitos propios o se pone en duda su validez. En segundo lugar, la libertad de pensamiento, ligada con las libertades democráticas y la necesidad de basar la convivencia y los valores en referentes no mitológicos que sean fruto del diálogo y del consenso. Además, es fundamental la no existencia de dogmas religiosos de creencia obligatoria ni la de un cuerpo organizado de sacerdotes. Esta situación facilita la crítica y un cierto escepticismo ante las creencias religiosas basadas en mitos. Todo ello implica que en el s. VI a.C. encontremos en Grecia unos pensadores que intentan por primera vez dar explicaciones del mundo y de la naturaleza sin hacer uso de los mitos. Estos pensadores se hicieron una serie de preguntas clave sobre el conocimiento del mundo: ¿Cuál es el origen de las cosas?, ¿cuál es la materia básica o prima de la que proceden todas las cosas?, ¿cómo se explican los cambios de la naturaleza y todos los fenómenos naturales?. Estas preguntas ya habían obtenido una respuesta desde los mitos, pero lo que ahora se busca es responder a partir de la observación de la naturaleza y la posterior reflexión racional sobre lo observado.

Las primeras explicaciones racionales de los filósofos se concentraron en problemas de física, esto es, en problemas acerca de la naturaleza. Son los llamados ‘filósofos presocráticos’ o ‘filósofos de la naturaleza’. En efecto, los presocráticos responden a una misma cuestión: el origen y la constitución del cosmos, de la Naturaleza. Se trataba de averiguar cuál es la ley que rige las cosas, porque el mundo no es un caos, sino un todo ordenado. Los modelos explicativos diferirán unos de otros, pero, en general, todos atienden al mismo problema: ¿cuál es el principio de donde provienen todas las cosas (arché)?. Se trata de preguntar por lo que la physis es, para a continuación explicar también por qué cambia, se transforma, etc. Ellos quieren explicar la realidad buscando el elemento constitutivo último de todos los seres. Y esa explicación ha de ser invariantemente racional, esto es, una explicación por causas o principios. Sin determinar las causas de un fenómeno, éste ni se explica ni puede comprenderse.

Tales de Mileto (640-548/45 a.C.) considero que el principio constitutivo de la realidad, (arche) a partir del cual se habría originado todo, era el agua, y ello por varios motivos: 1) La tierra flota sobre el agua, que es la fuente u origen de todas las cosas, 2) el agua es el alimento de todas las cosas 3) todo animal, todo ser vivo no puede vivir sin agua, 4) el agua posee distintos estados (sólido, gaseoso) y se convierte en otras cosas como la niebla, lluvia…

Anaximandro de Mileto (610-546 a.C.). Fue discípulo de Tales. Se afirma que escribió y que dejó escrito una obra como Sobre la naturaleza. Filosóficamente lo importante es su tesis sobre el arche de lo real, que Anaximandro denominaba "apeiron", lo indefinido, porque no está compuesto de esta o aquella materia, o lo infinito, porque carece de limitaciones espaciales y todo lo ocupa. Para Anaximandro la materia original constitutiva del mundo era indefinida y no se parecía a ninguna clase de materia del mundo ya formado. Sostuvo Anaximandro que el arché de lo real no es algo concreto, como el agua, sino un principio generador de naturaleza del cual nace todo. El origen de la multiplicidad de seres se debe a la separación de elementos, (agua, tierra, aire y fuego) que se origina dentro de ese todo eterno indefinido.

Anaxímenes de Mileto (585-528/24 a.C.). Fue discípulo de Anaximandro. En su intento por explicar el origen de la realidad establece que es el aire el principio de las cosas. Del aire se originó y originará todo, las cosas y seres y los dioses. Está siempre en movimiento, dando lugar según movimientos a los distintos seres. El hombre vive mientras respira y muere cuando deja de respirar. Mediante un proceso de dilatación o de condensación da lugar a todo cuanto existe.

Pitágoras de Samos (580-497/6 a.C.) De las doctrinas de Pitágoras sobresale su orientación religiosa. De Pitágoras mismo se sabe poco, pero sí se tiene constancia de que fundó en Crotona una comunidad religiosa. Además de esta vertiente religiosa del pitagorismo destaca fundamentalmente sus aportaciones científicas, que están basadas en un monismo, en este caso numérico, pues los números son la esencia (arché) de las cosas. A cada cosa, a cada ser, se les puede aplicar un número, y así toda la naturaleza se compone de números. Por tanto, la esencia de las cosas ya no es algo material, sino algo formal, abstracto.

Demócrito de Abdera (460-370 a.C.) Demócrito es contemporáneo y adversario de Platón. Junto a Leucipo son representantes del atomismo. Ambos asumen que el ser ha de ser indiviso (átomos), pero rechazan que haya de ser inmóvil, único. Es decir, conciben el ser como un conjunto infinito en número de átomos invisibles al ojo humano que se mueven en el vacío. La ontología atomista pues consta de dos elementos fundamentales: el ser (conjunto innumerable átomos) y el vacío. De átomos y vacío está compuesto todo. Los cuerpos, todos los entes en general, se originan por adición o separación de átomos. Indicaron que había diferencias entre los átomos, según su forma (proporción), el orden y la posición. Demócrito añadió que los átomos tenían además peso según su tamaño. Con la adición o combinación de estas tres diferencias dadas entre los átomos derivan una infinitud de entes.

Si Tales acudía a la determinación del agua como arché, Anaximandro encontraba la clave en el apeiron, Anaxímenes en el aire, Pitágoras en los números y Demócrito en los átomos,... en todos ellos encontramos una proyección del pensamiento previo ligado íntimamente con el nuevo. La novedad se encuentra en el intento paulatino de encontrar un hilo rector que diese cuenta del principio unificado de la pluralidad y disparidad de las cosas. Así surge la construcción del logos como vehículo de comprensión de la physis, de la realidad. Hallar los constituyentes de la realidad como universales e inteligibles para la razón humana es el punto de partida de la reflexión filosófica en su manifestación más cercana a nosotros.
3. LA FILOSOFÍA Y LOS PROBLEMAS DE LA VIDA COTIDIANA.

No sólo los grandes filósofos del pasado o los grandes pensadores actuales son los protagonistas de la filosofía, también lo es cualquier persona que se pregunte reflexivamente por aquello que le rodea. Nuestras preguntas sobre lo que nos pasa, sobre nuestra circunstancia, son las que mantienen viva la vocación central de la filosofía: contribuir a una mayor humanización.

Desde esta perspectiva la filosofía está ligada al conjunto de actividades que realizamos habitualmente realizamos tanto en nuestra vida privada como en nuestra vida pública, y que nos permiten instalarnos en la realidad. Nuestra vida social, afectiva, laboral, etc..., en definitiva, nuestra vida cotidiana, que continuamente está planteando problemas, interrogantes, de los que tenemos que hacernos cargo e intentar darles una respuesta. Hoy, las nuevas tecnologías, los avances científicos, la conservación de la naturaleza o la sociedad del bienestar plantean problemas sobre los que la filosofía tiene algo que decir. La tarea de la filosofía es aportar luz, y sobre todo, hacer que nos percatemos de su carácter problemático.
“Hoy el médico ya no interviene solamente entre el nacimiento y la muerte, sino desde antes del nacimiento y hasta después de la muerte, a veces impidiendo aquél o frenando la llegada de ésta. Se plantean inevitablemente problemas sobre el sentido de la vida humana. Son cuestiones a las que el médico ha de responder también, junto con todos nosotros; pero no solamente en cuanto médico, sino en cuanto persona humana. En una palabra, la práctica de la medicina en la era de la tecnología plantea cada vez más cuestiones que desbordan la sola ciencia médica, la práctica clínica o los recursos técnicos”.

J. Masía. Bioética y antropología.


“La idea de que ‘la tierra está en peligro de muerte’ ha impuesto una nueva dimensión de responsabilidad, una concepción inédita de las obligaciones humanas que superan la ética tradicional circunscrita a las relaciones interhumanas inmediatas. La responsabilidad humana debe extenderse ahora a cosas extrahumanas, englobar la dimensión de toda la biosfera, ya que el hombre tiene los medios para poner en peligro la vida fuera del planeta”.

G. Lipovetski. El crepúsculo del deber.
La cultura constituye, pues, el marco de referencia en el que los seres humanos encuentran las respuestas a sus inquietudes. Ese marco de referencia no puede ser aceptado sin más, sino que debe someterse a un examen crítico. Nuestra actitud ante la realidad, ante el mundo, tiene que ser una actitud crítica, que nos lleve a cuestionarnos lo que sucede, a poner en duda los prejuicios sobre los que se asientan todo cuanto nos sucede.
“En Filosofía, a diferencia de la economía y la política (y de otras ciencias), ‘crítica’ no significa la condena de una cosa cualquiera, ni el maldecir contra esta o aquella medida; tampoco la simple negación o el rechazo. Es cierto que, en determinadas condiciones, la crítica puede tener esos rasgos puramente negativos; de ello hay ejemplos en la época helenística.

Pero lo que nosotros entendemos por crítica es el esfuerzo intelectual, y en definitiva práctico, por no aceptar sin reflexión y por simple hábito las ideas, los modos de actuar y las relaciones sociales dominantes; el esfuerzo por armonizar, entre sí y con las ideas y metas de la época, los sectores aislados de la vida social; por deducirlos genéticamente; por separar el uno del otro, el fenómeno y la esencia; por investigar los fundamentos de las cosas, en una palabra: por conocerlas de manera efectivamente real”.

M. Horkheimer. Teoría crítica.
4. LOS SABERES FILOSÓFICOS.

Se viene considerando como clásica la distinción entre la dimensión teórica de la filosofía y la dimensión práctica. La filosofía teórica se ocupa del conocimiento de la realidad, dilucidando mediante la razón científica el alcance de ese conocimiento. A ella pertenecen disciplinas como la lógica, que estudia las reglas del pensar, o la metafísica, cuya pretensión es dar una explicación de la estructura de la realidad, y dentro de la que se engloban disciplinas como la ontología (tratado sobre el ser o la realidad), la epistemología o gnoseología (tratado sobre el conocimiento y sus fundamentos) y la teodicea (tratado sobre la justificación de la existencia de Dios). También dentro de la dimensión teórica de la filosofía encontramos reflexiones sobre ámbitos de la realidad específicos: filosofía de la naturaleza, de la ciencia, del lenguaje, de la técnica, antropología, etc.

La filosofía práctica se ocupa de la acción y, mediante la razón deliberativa, orienta la acción humana en los ámbitos de la ética, la política, el derecho, la economía o la estética. En este sentido nos encontramos con disciplinas como Filosofía política, Filosofía del derecho, Filosofía moral o ética, Filosofía económica, etc. En las últimas décadas se ha dado primacía a la dimensión práctica frente a la teórica, en el sentido en que se le ha pedido que dé orientaciones para afrontar los problemas éticos que se presentan en medicina, en ingeniería genética, en la distribución de la riqueza, en el campo ecológico, etc.
TEXTOS PARA COMENTARIO. TEMA 1. EL MUNDO DE LA FILOSOFÍA.
"Cuál es el valor de la filosofía y por qué debe ser estudiada. Es tanto más necesario considerar esta cuestión, ante el hecho de que muchos, bajo la influencia de la ciencia o de los negocios prácticos, se inclinan a dudar que la filosofía sea algo más que una ocupación inocente, pero frívola e inútil, con distinciones que se quiebran de puro sutiles y controversias sobre materias cuyo conocimiento es imposible.

El hombre "práctico", en el uso corriente de la palabra, es el que sólo reconoce necesidades materiales, que comprende que el hombre necesita el alimento del cuerpo, pero olvida la necesidad de procurar un alimento al espíritu. Si todos los hombres vivieran bien, si la pobreza y la enfermedad hubiesen sido reducidas al mínimo posible, quedaría todavía mucho que hacer para producir una sociedad estimable; y aún en el mundo actual, los bienes del espíritu son por lo menos tan importantes como los del cuerpo. El valor de la filosofía debe hallarse exclusivamente entre los bienes del espíritu, y sólo los que no son indiferentes a estos bienes pueden llegar la persuasión de que estudiar filosofía no es perder el tiempo".

B. Russell. Los problemas de la Filosofía.


"Querida Sofía, muchas personas tienen distintos hobbies. Unas coleccionan monedas antiguas o sellos, a otras les gustan las labores, y otras dedican la mayor parte de su tiempo libre al deporte.

[...] ¿Hay, no obstante, algo que debería interesar a todo el mundo?. ¿Existe algo que concierna a todos los seres humanos, independientemente de quiénes sean o de en qué parte del mundo vivan?. Sí, querida Sofía, hay algunas cuestiones que deberían interesar a todo el mundo.

¿Qué es lo más importante en la vida?. Si preguntamos a una persona que se encuentra en el límite del hambre, la respuesta será comida. [...] Y si preguntamos a una persona que se siente sola, la respuesta será estar con otras personas.

Pero con todas esas necesidades cubiertas, ¿hay todavía algo que todo el mundo necesite?. Los filósofos opinan que sí. Opinan que el ser humano no sólo vive de pan. [...] Hay algo más que todo el mundo necesita. Necesitamos encontrar una respuesta a quién somos y por qué vivimos. [...] Quién se interesa por cuestiones de este tipo está preocupado por algo que ha interesado a los seres humanos desde que viven en este planeta.

[...]La mejor manera de aproximarse a la filosofía es plantear algunas preguntas filosóficas: ¿cómo se creó el mundo?, ¿hay alguna voluntad o intención detrás de lo que sucede?. ¿Hay vida después de la muerte?. Y ante todo, ¿cómo debemos vivir?".

J. Gaarder. El mundo de Sofía.
"Pese a la fama que ostenta, la filosofía no tiene por qué resultar intimidante, aburrida o incomprensible. Gran parte de lo que se ha escrito sobre el tema a lo largo de los años sin duda encaja en una o más de estas categorías pero, en el fondo, la filosofía investiga las cuestiones que todos nos preguntamos: ¿Qué es una buena vida?, ¿qué es el bien?, ¿en qué consiste la vida?, ¿por qué estoy aquí?, ¿por qué debería obrar correctamente?, ¿qué significa obrar correctamente?. No son preguntas fáciles y sus respuestas tampoco lo son; de lo que contrario, no seguiríamos dándoles vueltas una y otra vez. Dos personas distintas nunca llegarán automáticamente a las mismas respuestas. [...] Lo mejor de disponer de miles de años de pensamiento en los que inspirarse es que muchas de las mentes más sabias de la historia han profundizado en estos asuntos y nos han cedido un legado de ideas y directrices que cabe aprovechar".

Lou Marinoff. Más Platón y menos prozac.
“Haber filosofía en el mundo significa, sin remedio, existir en el mundo, tácito o sonoro, este grito: ¡el ser viviente que no es filósofo es un bruto!. En el orbe intramundano todo lo que no es filosofía es sonambulismo y los animales se caracterizan por su existencia sonambúlica. Conste que yo no digo esto, lo ha dicho el hecho mismo ‘filosofía’. (...) Sócrates dirá en su apología: “una vida sin filosofía no es vividera para el hombre”. Y Aristóteles dirá: “todas las demás ciencias que no son filosofía son más necesarias que ésta, pero ninguna es más importante”.

J. Ortega y Gasset. Apuntes sobre el pensamiento.

“No es suficiente enseñar a un hombre una especialidad. Aunque eso pueda convertirlo en una especie de máquina útil, no tendrá una personalidad armoniosamente desarrollada. Es esencial que el estudiante adquiera una comprensión de los valores y una profunda afinidad hacia ellos. Es necesario que adquiera un vigoroso sentimiento de lo que es bello y de lo que es moralmente bueno. Si no es así, con la especialización de sus conocimientos parecerá más un perro amaestrado que una persona armoniosamente desarrollada. Es necesario que aprenda a comprender las motivaciones de los seres humanos, sus ilusiones y sus sufrimientos, para conseguir una relación adecuada con su prójimo y su comunidad”

A. Einstein.


  1. Explica CON TUS PALABRAS las ideas fundamentales de los textos.

  2. Explica el significado de las palabras que aparecen subrayadas en el texto.

  3. Relaciona los textos con lo explicado en clase.







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