Del latín cognoscere, llegar a conocer, saber, que a su vez remite al griego gignoskein, saber, reconocer Término final del proceso psicológico por el cual la




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CAMPOS DE LA CIENCIA
Originalmente el conocimiento de la naturaleza era en gran medida la observación e interrelación de todas las experiencias, sin establecer divisiones. Los eruditos pitagóricos sólo distinguían cuatro ciencias: aritmética, geometría, música y astronomía. En la época de Aristóteles, sin embargo, ya se reconocían otros campos: mecánica, óptica, física, meteorología, zoología y botánica. La química permaneció fuera de la corriente principal de la ciencia hasta la época de Robert Boyle, en el siglo XVII, y la geología sólo alcanzó la categoría de ciencia en el siglo XVIII. Para entonces el estudio del calor, el magnetismo y la electricidad se había convertido en una parte de la física. Durante el siglo XIX los científicos reconocieron que las matemáticas puras se distinguían de las otras ciencias por ser una lógica de relaciones cuya estructura no depende de las leyes de la naturaleza. Sin embargo, su aplicación a la elaboración de teorías científicas ha hecho que se las siga clasificando como ciencia. Las ciencias naturales puras suelen dividirse en ciencias físicas y químicas, y ciencias de la vida y de la Tierra. Las principales ramas del primer grupo son la física, la astronomía y la química, que a su vez se pueden subdividir en campos como la mecánica o la cosmología. Entre las ciencias de la vida se encuentran la botánica y la zoología; algunas subdivisiones de estas ciencias son la fisiología, la anatomía o la microbiología. La geología es una rama de las ciencias de la Tierra. Sin embargo, todas las clasificaciones de las ciencias puras son arbitrarias. En las formulaciones de leyes científicas generales se reconocen vínculos entre las distintas ciencias. Se considera que estas relaciones son responsables de gran parte del progreso actual en varios campos de investigación especializados, como la biología molecular y la genética. Han surgido varias ciencias interdisciplinares, como la bioquímica, la biofísica, las biomatemáticas o la bioingeniería, en las que se explican los procesos vitales a partir de principios físico-químicos. Los bioquímicos, por ejemplo, sintetizaron el ácido desoxirribonucleico (ADN); la cooperación de biólogos y físicos llevó a la invención del microscopio electrónico, que permite el estudio de estructuras poco mayores que un átomo. Se prevé que la aplicación de estos métodos interdisciplinares produzca también resultados significativos en el terreno de las ciencias sociales y las ciencias de la conducta. Las ciencias aplicadas incluyen campos como la aeronáutica, la electrónica, la ingeniería y la metalurgia —ciencias físicas aplicadas— o la agronomía y la medicina —ciencias biológicas aplicadas. También en este caso existe un solapamiento entre las ramas. Por ejemplo, la cooperación entre la Astrofísica (una rama de la investigación médica basada en principios de la física) y la bioingeniería llevó al desarrollo de la bomba corazón-pulmón empleada en la cirugía a corazón abierto y al diseño de órganos artificiales como cavidades y válvulas cardiacas, riñones, vasos sanguíneos o la cadena de huesecillos del oído interno. Este tipo de avances suele deberse a las investigaciones de especialistas procedentes de diversas ciencias, tanto puras como aplicadas. La relación entre teoría y práctica es tan importante para el avance de la ciencia en nuestros días como en la época de Galileo.

CONOCIMIENTO CIENTIFICO
El producido por la actividad humana que llamamos ciencia. Sus principales características se definen diciendo que se trata de un conocimiento racional, metódico, objetivo, verificable y sistemático, que se formula en leyes y teorías, y es comunicable y abierto a la crítica y a la eliminación de errores. Como conocimiento racional y objetivo que es, se realiza según enunciados descriptivos, que se refieren a hechos del mundo material, que pueden ser verdaderos o falsos, y cuya verdad es controlable y demostrable; en calidad de conocimiento obtenido con un método, es una actividad que planifica sus objetivos que intenta conseguir con los mejores medios y, por ello, somete a prueba experimental, contrastándolos con los hechos, sus enunciados principales. El saber científico no se reduce al mero conocimiento de hechos, sino que va más allá de los mismos, porque es también saber sistemático que se construye a partir de hipótesis, que se someten a contrastación, y que pueden convertirse en leyes y teorías, con las que se obtienen explicaciones y predicciones. Como saber comunicable que es, se trata de un conocimiento público que ha de poder precisar la manera como se ha obtenido, de modo que cualquiera pueda acceder al mismo por iguales o parecidos medios, y en ningún momento se recurra a supuestos o recursos secretos y ocultos. Se orienta, por lo mismo, a obtener un consenso universal sobre la verdad de sus enunciados, pero no excluye ni la crítica fundamentada o la revisión de los errores que contiene, ni la afirmación de que el conocimiento científico es provisional. En el momento actual, hay tres maneras fundamentales de ver el conocimiento científico como un todo: el enfoque subjetivo, el tradicional, que sostiene que la ciencia es un conjunto de enunciados, cuya verdad los científicos, como individuos aislados, defienden y justifican; el enfoque consensual, según el cual el saber científico está formado por el conjunto de teorías que la comunidad científica acepta como científicas; y el enfoque objetivista, que considera que los enunciados, leyes y teorías científicos son, ciertamente, un producto de la actividad humana, pero que, una vez formulados, poseen su propia vida autónoma como si constituyeran un mundo propio (un tercer mundo).
FUENTES DE CONOCIMIENTO
Manera tradicional de presentar lo que con mayor actualidad se denomina justificación de una creencia. En el supuesto de que el conocimiento consiste normalmente en una creencia racional, esto es, en una creencia apoyada en razones, «fuentes» del conocimiento se llaman los lugares, en el sentido metodológico de la palabra, en donde hallamos estas razones o justificaciones de la creencia. Podemos decir también que constituyen los criterios generales con los que sabemos que algo es verdad. Las fuentes tradicionales del conocimiento son:

  1. la experiencia externa, o la percepción: rechazamos como falsa cualquier teoría de la percepción que intente demostrar que no podemos fiarnos sustancialmente de la experiencia. b) La memoria como forma de experiencia es igualmente una fuente del conocer; se remite igual que la experiencia a la percepción y confiere igualmente evidencia y razonabilidad a lo que sabemos. c) La propia reflexión o autoconciencia, entendida como el conjunto de experiencias externas e internas que resultan inmediatamente evidentes e inmunes a toda duda razonable. d) La razón como agente de conocimiento indirecto, que otorga evidencia mediata a lo que conoce de un modo discursivo (razonamientos) o por análisis de los términos (cálculo y verdades analíticas). La autoridad, no es fuente de conocimiento, en sentido propio, y sólo puede serlo en sentido amplio en contextos muy delimitados y específicos, aceptada con espíritu crítico, esto es, con conocimiento de sus razones y con libertad para oponerse a ellas, y usada como un apoyo exterior complementario. La intuición (intelectual o sentimental), aunque aceptada en algunos momentos de la historia de la filosofía (Scheler, Bergson) es, desde el punto de vista epistemológico, poco fiable como fuente de conocimiento, por su naturaleza subjetiva; el intuicionismo ético es discutible. La fe, religiosa o no, tampoco es fuente epistemológica adecuada, pues no es directamente objeto de percepción o de razón, ni por lo mismo de conocimiento (ver cita); sin pruebas, la fe es pura creencia; con pruebas, es conocimiento racional, o creencia racional y deja de ser fe Son fuentes legítimas de conocimiento, por tanto, la percepción, la memoria, la autoconciencia, que producen evidencia inmediata, y la razón dicursiva o analítica, que produce evidencia mediata.



LA CIENCIA Y SUS METODOS
Ciencia es un vocablo latino que puede interpretarse en un doble sentido: 1) Subjetivamente, con el cual se significa el acto de saber, y se define: "conocimiento cierto de una cosa necesaria por sus causas"; 2) objetivamente, con lo que se significa la cosa conocida, y se define: "un conjunto ordenado por sus razones de conocimientos ciertos que pertenecen a un determinado objeto". Se llama también sistema porque significa, en virtud del vocablo, cierta realidad compuesta de partes; ahora bien, cuando se trata de la ciencia, indica una ordenación adecuada de las partes en un todo, y una constitución recta de todas las ciencias, o por lo menos, de una sola. Ciencia (en latín scientia, de scire, ‘conocer’), término que en su sentido más amplio se emplea para referirse al conocimiento sistematizado en cualquier campo, pero que suele aplicarse sobre todo a la organización de la experiencia sensorial objetivamente verificable. La búsqueda de conocimiento en ese contexto se conoce como ‘ciencia pura’, para distinguirla de la ‘ciencia aplicada’ —la búsqueda de usos prácticos del conocimiento científico— y de la tecnología, a través de la cual se llevan a cabo las aplicaciones. Javier Echeverría: métodos de la ciencia; La historia muestra un evidente pluralismo metodológico en cada una de las ciencias. Aparte de los métodos de inferencia lógica, cualquier tratado de metodología ofrece una amplia panoplia de métodos científicos. Sin pretender elaborar una tabla exhaustiva, y sin prejuicio de que muchos de ellos estén vinculados entre sí, pueden mencionarse los siguientes:

-los métodos deductivos e inductivos, que fueron teorizados por primera vez por Aristóteles.

-los métodos de análisis y síntesis, que fueron utilizados por los geómetras griegos; a partir de la reaparición en el Renacimiento italiano de la obra de Pappus, Collectiones Mathematicae, esta metodología se contrapuso a la silogística aristotélica y dio lugar a una profunda renovación de los métodos científicos (Galileo, Descartes, lógica de Port Royal, Leibniz, Newton, etc.), que afectó a muchas ciencias.

-los métodos experimentales, considerados básicos por Bacon y, a partir de él, por numerosos filósofos y científicos.

-el método axiomático, que ha sido utilizado profusamente en matemática y lógica, pero que también ha sido aplicado a otras ciencias.

-los diversos métodos matemáticos (computacionales, algebraicos, infinitesimales, estadísticos, etc.), cuya utilización ha sido considerada por muchos como el signo de cientificidad por antonomasia.

-los métodos de observación, particularmente problemáticos en las ciencias humanas, que han subrayado la importancia de los instrumentos en la actividad científica.

-los métodos de medición.

-los métodos de clasificación (o taxonomías).

-los métodos heurísticos, que parten de simulaciones, hipótesis o conjeturas no comprobadas para intentar extraer consecuencias de más fácil tratamiento, y en general para ampliar la problemática de una determinada ciencia.

-el método hipotético-deductivo, que para Popper y otros muchos constituye el paradigma metodológico de la investigación científica.

-los métodos computacionales, y en concreto su aplicación para interpretar la actividad científica desde una perspectiva cognitiva.

-el método basado en la comprensión de los fenómenos estudiados, indispensable en muchas de las ciencias humanas.

-los métodos hermenéuticos y contextuales, imprescindibles para el estudio de fenómenos históricos, pero también para la lectura de los textos científicos clásicos.

-los métodos metacientíficos, que parten de una previa formalización de las teorías científicas y estudian a partir de ellas las propiedades sintácticas, semánticas e incluso algunas características pragmáticas de las teorías.

-los métodos de implementación técnica del conocimiento científico y construcción de artefactos científicos.

Esta larga enumeración no agota el espectro de lo que suele estar incluido bajo la rúbrica de una metodología científica. Aunque algunos pensadores clásicos, como Bacon y Descartes, y más recientemente autores como Bunge, han propugnado concepciones unitarias de la ciencia en base a la noción de método científico, lo cierto es que dicho programa no parece nada prometedor en la actualidad. La filosofía de la ciencia no sólo ha de tomar como punto de partida el pluralismo de las ciencias, sino también el pluralismo metodológico de cada una de ellas.
Mario Bunge: El Método Científico

Un método es un procedimiento regular, explícito y repetible para lograr algo, sea material, sea conceptual. La idea de método es antiquísima, la del método general -aplicable a un vasto conjunto de operaciones- lo es menos. Parece surgir, como muchas otras ideas de extrema generalidad, en el período clásico griego. [...] Pero el concepto general de método no se consolida y populariza hasta comienzos del siglo XVII, al nacer la ciencia moderna. Los primeros pensadores modernos de gran estatura e influencia que propugnan la adopción de métodos generales para lograr avances en el conocimiento son Bacon y Descartes. Para Bacon el método científico es un conjunto de reglas para observar fenómenos e inferir conclusiones a partir de dichas observaciones. El método de Bacon es, pues, inductivo. Las reglas de Bacon eran sencillas a punto tal que cualquiera que no fuese un deficiente mental podía aprenderlas y aplicarlas. Eran también infalibles: bastaba aplicarlas para hacer avanzar la ciencia. Naturalmente, ni Bacon ni ningún otro logró jamás contribuir a la ciencia usando los cánones inductivos -ni los de Bacon ni los de Mill ni de ningún otro. Sin embargo, la idea de que existe tal método, y que su aplicación no requiere talento ni una larga preparación previa, es tan atractiva que todavía hay quienes creen en su eficacia. Esta creencia acrítica suele ser tan acendrada que quienes la sustentan no se preguntan si posee un soporte inductivo. La llamaremos metodolatría. Descartes, que a diferencia de Bacon era un matemático y científico de primera línea, no creía en la inducción sino en el análisis y la deducción. A la par que Bacon exageraba la importancia de la experiencia ordinaria e ignoraba la experimentación y la existencia de teorías, en particular de teorías matemáticas, Descartes menospreciaba la experiencia. En efecto, para Descartes se debía poder partir de principios supremos, de naturaleza metafísica y aun teológica, para obtener de ellos verdades matemáticas y verdades acerca de la naturaleza del hombre. Leibniz, en las postrimerías del siglo XVII, se quejaba de que el método de Descartes servía tan sólo una vez que se habían hallado las verdades primeras. Y pedía que, al método del análisis, se agregara el método de invención, o ars inveniendi, de esas verdades iniciales. Por supuesto que ni Leibniz ni ningún otro fue capaz de inventar un método de invención. Ello no obsta para que, de vez en cuando, aparezca algún filósofo ingenuo que habla acerca de las grandes virtudes del arte de la invención. También ésta es una forma de metodolatría. La ciencia natural moderna nace al margen de estas fantasías filosóficas. Su padre, Galileo, no se conforma con la observación pura (teóricamente neutra) ni con la conjetura arbitraria. Galileo propone hipótesis y las pone a prueba experimental. Funda así la dinámica moderna, primera fase de la ciencia moderna. Galileo se interesa vivamente por problemas metodológicos, gnoseológicos y ontológicos: es un científico y un filósofo y, por añadidura, un ingeniero y un artista del lenguaje. Pero no pierde su tiempo proponiendo cánones metodológicos. Galileo engendra el método científico moderno, pero no enuncia sus pasos ni hace propaganda de él. Acaso porque sabe que el método de una investigación es parte de ésta, no algo que pueda desprenderse de ella. Desde Galileo se han introducido varias modificaciones al método científico. Una de ellas es el control estadístico de los datos. Ya no se toman todos los datos por buenos: corregimos la experiencia, adoptando promedios o medianas y eliminando los datos que parecen irrazonables (en particular los que se desvían más de tres desviaciones cuadráticas medias). Y, a la par que nos hemos vuelto más intolerantes o exigentes para con los datos empíricos, nos hemos vuelto más tolerantes para con las teorías. Esto se debe a que las teorías se han tornado más refinadas y por lo tanto más difíciles de contrastar empíricamente.
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