Una reflexión psicoanalítica sobre el lazo social




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Una reflexión psicoanalítica sobre el lazo social.1
Con Freud: El sujeto del psicoanálisis es social.
Se parte de la premisa que el sujeto del inconciente definido por Freud, es eminentemente social, a partir de su determinación como un efecto de la palabra, dada su condición de ser hablante, alojado en una estructura que implica el lenguaje como condición del inconsciente. El hecho que la experiencia analítica se sostenga en el caso por caso no resulta un menoscabo ni una objeción a la condición social del sujeto de dicha experiencia. Por el contrario, ésta se mantiene sin desconocer la singularidad del sujeto, como un valor ético esencial de la clínica psicoanalítica.

Es posible extraer del texto freudiano varias tesis centrales que dan sustento al planteo efectuado.

Conformación de las sociedades: exogamia y ley simbólica.

  1. El lenguaje tiene una función de nominación, y en el extremo, una función de límite que inscribe un orden en lo real. La ley de lo simbólico es la ley de prohibición del goce incestuoso.

"El lenguaje es condición del inconsciente" es una fórmula que no admite lo recíproco. Con la palabra el sujeto incorpora la estructura.

La palabra tiene una función de mediación que constituye el sujeto y lo inscribe en un orden social exogámico.

Dicho de otro modo, la castración es una condición necesaria para el advenimiento del sujeto a la palabra, y por su mediación se inscribe en un orden de relaciones sociales.

  1. La tesis freudiana hace surgir las sociedades humanas a partir de la exogamia. La prohibición del incesto cuyo agente de transmisión es el padre, está en la base de la constitución de los lazos sociales y las estructuras de parentesco.

  2. Freud pone a cuenta de la función paterna la función de agente de la prohibición y la transmisión simbólica, en el contexto del mito del Complejo de Edipo y del padre de Tótem y Tabú.


Freud aborda el estudio de la Iglesia y el Ejército, definidos como masas artificiales, con fuertes lazos libidinales entre sus integrantes, establecidos a partir de la idea de la preponderancia de un jefe que ama a todos por igual. La familia es la única formación de masa natural, y reposa sobre la premisa que un idéntico amor del padre pueda realizarse. Sin embargo, reconocemos en la formación de masa la persistencia de la horda primordial. Freud rechaza la tesis de un instinto gregario, mas bien define al hombre como un animal de horda.

En este texto Freud define la noción de identificación, como la exteriorización más temprana de una lazo con el otro, enmarcado en la estructura normativizante del Complejo de Edipo. Define tres tipos de identificación:

  1. Identificación al padre primordial. Correlativa a la instauración de la estructura.

  2. Identificación a un rasgo tomado del objeto. Instituye el Ideal.

  3. Identificación en la formación de síntoma. Identificación al deseo del otro.

La primera forma social es el clan totémico, donde el tótem es el primer antecedente de la Ley encarnada en una referencia paterna.

La incorporación del padre primordial es un acontecimiento estructurante que Freud dilucida pero señala su carácter enigmático y ominoso: el sujeto nace culpable por estructura, respecto del goce interdicto y del asesinato del padre primordial. La ley se instaura a partir del padre muerto. En el banquete totémico se devora precisamente la esencia del núcleo ausente de goce que da cuerpo al sujeto. Es otro modo de situar la transmisión de la castración. Citamos a Freud:

"El carácter ominoso y compulsivo de la formación de masa que sale a luz en los fenómenos sugestivos puede reconducirse hasta la horda. El conductor sigue siendo el padre de la horda.

El padre primordial es el Ideal de la masa que gobierna al yo en reemplazo del Ideal."2

Lo social no es la agregación

  1. Freud define el estatuto del sujeto social no a partir del número, de la pluralidad de individuos de una multitud, sino a partir de los efectos en el sujeto producidos por su inclusión en una masa psicológica, caracterizada por el tipo de lazos que lo estructura: lazos libidinales e identificatorios. Citamos a Freud:

"La oposición entre psicología individual y psicología social o de las masas, que a primera vista quizás nos parezca muy sustancial, pierde buena parte de su nitidez si se la considera más a fondo. Es verdad que la psicología individual se ciñe al ser humano singular y estudia los caminos por los cuales busca alcanzar la satisfacción de sus mociones pulsionales.

Pero sólo rara vez, bajo determinadas condiciones de excepción puede prescindir de los vínculos de este individuo con otros. En la vida anímica del individuo, el otro cuenta, con total regularidad, como modelo, como objeto, como auxiliar y como enemigo, y por eso desde el comienzo mismo, la psicología individual es simultáneamente psicología social en este sentido más lato, pero enteramente legítimo."3

El inconsciente y la pulsión.

  1. Otra tesis freudiana de importancia, establece que el acceso a lo simbólico y la adquisición de los valores de la civilización se efectúa a costa de una renuncia pulsional.

En consecuencia, podemos señalar que existe una antinomia entre la palabra como el medio que socializa el sujeto freudiano, y la satisfacción pulsional que se constituye en el elemento a-social de la estructura. Este tema es posible abordarlo tanto en Psicología de las Masas y Análisis del Yo, como en el Malestar en la Civilización. Citamos nuevamente a Freud

"La relación del individuo con sus padres y hermanos, con su objeto de amor, con su maestro y con su médico, vale decir, todos los vínculos que han sido hasta ahora indagados preferentemente por el psicoanálisis, tienen derecho a reclamar que se les considere fenómenos sociales. Así entran en oposición con ciertos otros procesos, que hemos llamado narcicistas , en los cuales la satisfacción pulsional se sustrae del influjo de otras personas o renuncias a estas. Por lo tanto, la oposición entre actos anímicos sociales y narcicistas -autistas diría quizás Bleuler (1912)- cae íntegramente dentro del campo de la psicología individual y no habilita a divorciar esta última de una psicología social o de las masas."4
De la cita anterior subrayamos que si tomamos el conjunto de los textos freudianos, constatamos que la estructura del narcicismo implica una articulación de lo imaginario y lo simbólico, ceñida en la dialéctica del yo Ideal respecto del Ideal del Yo. En Introducción del Narcicismo, Freud señala la nueva acción psíquica necesaria para el advenimiento del sujeto, esto es, la identificación imaginaria y simbólica, que media entre la satisfacción autoerótica, cerrada de la pulsión, y la relación de objeto, que supone en la relación con el partenaire sexual, el pasaje por las convenciones simbólicas. En realidad debemos situar con justeza la oposición señalada, entre las pulsiones, el Ello a-social donde aún no advino el sujeto; y el inconciente, en tanto lugar de inscripción de las representaciones, ligado a la constitución del aparato anímico, la realidad y el acceso a las instancias sociales.

La Palabra y el lazo social: El discurso concreto.
Jacques Lacan bajo la propuesta de un retorno a Freud, corrige el extravío de los pos-freudianos, retoma esta orientación, definiendo a la palabra como el medium del psicoanálisis.

La palabra es ante todo llamado a una respuesta, que encuentra en el Otro el silencio, y su posibilidad en cuanto hay un oyente. El sujeto es responsable de esta palabra del Otro que lo constituye y por la cual debe responder.5 En la experiencia analítica, la palabra es llamado que resuena en el vacío de un decir, llamado propio del vacío, llamado a la verdad de un sujeto.

En un sentido amplio, la palabra dada su naturaleza simbólica, es una presencia hecha de ausencia de la cosa. El concepto engendra la cosa, salvando la duración de lo que pasa, es decir, es la palabra la que crea el mundo de las cosas. De este modo, Lacan retoma una tesis de Hegel, que afirma que "el símbolo mata la cosa", esto es, lo simbólico está anudado a la muerte.
"Así el símbolo se manifiesta en primer lugar como asesinato de la cosa, y esta muerte constituye en el sujeto la eternización de su deseo.

El primer símbolo en que reconocemos la humanidad en sus vestigios es la sepultura, y el expediente de la muerte se reconoce en toda relación donde el hombre viene a la vida en su historia."6
"Por eso cuando queremos alcanzar en el sujeto lo que había antes de los juegos seriales de la palabra y lo que es primordial para el nacimiento de los símbolos, lo encontramos en la muerte, de donde la existencia toma el sentido que tiene. (...)

Decir que este sentido mortal revela en la palabra un centro exterior al lenguaje es más que una metáfora y manifiesta una estructura. Esa estructura es diferente de la espacialización de la circunferencia o de la esfera en la que algunos se complacen en esquematizar los límites de lo vivo y de su medio: responde mas bien a ese grupo relacional que la lógica simbólica designa topológicamente como un anillo.

De querer dar una representación intuitiva suya, parece que más que a la superficialidad de una zona, es a la forma tridimensional de un toro a lo que habría que recurrir, en virtud que su exterioridad periférica y su exterioridad central no constituyen sino una única región."7
En esta cita Lacan ubica la muerte como un elemento de la estructura, situada en un centro exterior al lenguaje. Por otra parte, esta es la primer referencia que hace de la topología, de donde toma apoyo para la producción de su conceptualización. La muerte articulada a la construcción del símbolo continúa la lógica de lo que Freud elabora como castración.

Lo simbólico constituye un sistema, que envuelve la vida y el mundo del hombre instituyendo un orden que no sólo hace lugar, sino que además establece un sistema de relaciones.
"Los símbolos envuelven en efecto la vida del hombre con una red tan total, que reúnen antes que él venga al mundo a aquellos que van a engendrarlo "por el hueso y por la carne" que aportan a su nacimiento con los dones de los astros, si no con los dones de las hadas, el dibujo de su destino, que dan las palabras que lo harían fiel o renegado, la ley de los actos que lo seguirán e incluso hasta donde no es todavía y más allá de su misma muerte, y que por ello su fin encuentra su sentido en el juicio final en el que el verbo absuelve su ser o lo condena - salvo que se alcance la realización subjetiva de su ser-para-la-muerte."8
Esta cita refiere a la determinación por la palabra y a su inscripción en un orden social cuyo efecto es precisamente el sujeto, que tiene un margen respecto del viviente, nombrado como tal, antes de su nacimiento y luego de su muerte.

Respecto del método freudiano, su esencia está dada por la palabra dirigida al otro que implica la asunción del sujeto de su historia.

La noción de discurso que tiene Lacan en esta época es de un discurso concretamente proferido, en tanto palabra efectivamente dicha; y en lo cual se incluye lo no-dicho, como constitutivo del índice de lo reprimido. Situamos el fundamento de la articulación social del sujeto en esta palabra dirigida al otro, cuya raíz es la experiencia freudiana del grito. El discurso es el lazo social fundado en el lenguaje.
"Sus medios son los de la palabra en cuanto que confiere a las funciones del individuo un sentido; su dominio es el del discurso concreto en cuanto campo de la realidad transindividual del sujeto; sus operaciones son las de la historia en cuanto que constituye la emergencia de la verdad en lo real." 9
Una nueva definición de discurso: la estructura.

Con posterioridad Lacan va a redefinir su noción de discurso, producto del viraje que se produce en su enseñanza, a partir del Seminario "La Etica", en que profundiza el trabajo sobre lo real y su articulación con lo simbólico.

En el Seminario "El reverso del Psicoanálisis" define el discurso a partir de una necesidad lógica que excede con mucho a la palabra, siempre más o menos ocasional, distinguiendo de este modo, lo contingente del discurso actual de lo necesario del discurso como estructura. Para dar énfasis a este sesgo de su formalización, enuncia su fórmula de un "discurso sin palabras" aludiendo de este modo a la forma de ciertas relaciones fundamentales y estables que subsisten más allá de los enunciados efectivos. Nuestros actos se inscriben en el orden que determinan las instancias del lenguaje, en el marco de ciertos enunciados primordiales. El derecho del discurso supone cómo el discurso estructura el mundo, y el envés tiene relación con la estructura, en la medida que el goce como término inserto en el aparato discursivo remite al límite de lo que está más allá del campo simbólico
"Así, el significante se articula representando a un sujeto ante otro significante. De aquí es de donde partimos para dar sentido a esa representación inaugural en tanto repetición que apunta al goce.

El saber en cierto nivel, está dominado, articulado por necesidades puramente formales, necesidades de la escritura, lo que en nuestros días conduce a cierto tipo de lógica."10
Este párrafo sitúa la cuestión en un buen lugar, al correlacionar la necesidad lógica de discurso con respecto a la repetición que apunta al goce. Se trata de un desarrollo totalmente homogéneo y deducible de la referencia freudiana de la experiencia de satisfacción primordial en la matriz de la repetición. Se trata de un mito que elabora Freud para dar cuenta de la lógica que anima la constitución del aparato psíquico, a partir de una primordial satisfacción de la que resulta una huella, que en lo sucesivo orienta y regula toda posterior búsqueda de satisfacción, incoporando de este modo la huella simbólica como una condición de goce singular al sujeto, huella primordial que representa a ese sujeto ante otras representaciones que preexisten al sujeto, que constituyen un saber articulado. De allí en adelante, las representaciones simbólicas articuladas median toda búsqueda para restituir esta satisfacción primera, que como tal es una satisfacción mítica supuesta como primera de la serie, que apunta a un goce que se inscribe en la estructura como primordialmente perdido, siempre se trata de una satisfacción a re-hallar. En los siguientes gráficos es posible leer la secuencia y correlación de sus términos.
Representación

Simbólica Otro S1 S2

Satisfacción

Primordial Goce S // a
1 2 3
También es posible correlacionar la estructura del discurso amo con la lógica de Psicología de las Masas, leído como la estructura del discurso de gobernar. Quién está en función de gobierno se inscribe en I (ideal), que toma en la masa a los gobernados (yoes), S i(a), que incluye el objeto pulsional (a), a cuya satisfacción los integrantes de la masa renuncian.
I (Ideal) I= S1 S2

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