La pedagogia de jesus en los equipos docentes de america latina




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Parábola, Cuaderno Bíblico 75. Daniel Marguerat , pág. 7. Editorial Verbo Divino, Estella, 1992.

Listado de las preguntas de Jesús en los evangelios

  1. ¿No han leído lo que hizo David cuando tuvo hambre? (Mc. 2, 23)

  2. ¿Por qué piensan así? ¿Qué es más fácil decir a este paralítico: Se te perdonan tus pecados, o decir: Levántate, toma tu camilla y anda? (Mc. 2, 8-9)

  3. ¿Cuántos panes tienen ustedes? (Mc. 6, 38 y 8, 5)

  4. ¿Por qué esta generación pide un signo? (Mc. 8, 12)

  5. ¿Quién dice la gente que soy yo? (Mc. 8, 28)

  6. Y, ustedes, ¿quién dicen que soy yo? (Mc.8, 29)

  7. ¿De qué venían discutiendo por el camino? (Mc. 9, 33)

  8. ¿Si la sal pierde su sabor, con qué se la salará? (Mt. 5, 13)

  9. ¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos? (Mt. 12, 48)

  10. ¿Por qué has dudado? (Mt. 14, 31)

  11. ¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si él mismo se pierde? (Mt. 16, 26)

  12. ¿Por qué me preguntas por lo bueno? (Mt. 19, 17)

  13. ¿Pueden ustedes beber el cáliz que yo beberé? (Mt. 20, 22)

  14. ¿No han podido velar una hora conmigo? (Mt. 26, 40)

  15. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? (Mt.27, 46)

  16. ¿Ves esta mujer? (Lc. 7, 40)

  17. ¿Quién me tocó? (Lc. 8, 45)

  18. ¿Qué está escrito en la Escritura? ¿Qué lees en ella? (Lc. 10, 26)

  19. ¿Quién se hizo prójimo del herido? (Lc. 10, 36)

  20. ¿Creen que he venido a traer paz a la tierra? (Lc. 12, 51)

  21. ¿Dónde están los otros nueve? (Lc. 17, 11-19)

  22. ¿Qué quieres que haga por tí? (Lc. 18, 41)

  23. ¿Qué buscan? (Jn. 1, 38)

  24. ¿Y tú que eres maestro en Israel no sabes estas cosas? (Jn. 3, 10)

  25. ¿Quieres sanarte? (Jn. 5, 6)

  26. Mientras hacen caso de las alabanzas que se dan unos a otros y no buscan la gloria que viene del Unico Dios , ¿cómo podrán creer? (Jn. 5, 44)

  27. ¿Ustedes también quieren irse? (Jn. 6, 67)

  28. ¿Por qué me preguntas a mí? (Jn. 18, 21)

  29. ¿Por qué me pegas? (Jn. 18, 23)

  30. ¿Lo dices por ti mismo o te lo han dicho otros de mí? (Jn. 18, 34)

  31. Mujer, ¿por qué lloras? (Jn. 20, 15)

  32. ¿Me amas? (Jn. 21, 17)



Trabajo CUARTA PARTE

1) Elije dos de los aspectos / características de la pedagogía de Jesús que hemos presentado y fundamenta por qué sería importante tenerlos en cuenta en la pedagogía catequística de nuestros días.
Comparte la respuesta a la actividad 1 de la pág. 32 del Cuaderno de Trabajo.

2) Elije dos de estos aspectos / características y señala cómo podrías trabajarlos en tu práctica catequística concreta. 
Comparte la respuesta a la actividad 2 de la pág. 32 del Cuaderno de Trabajo.

3) Piensa en la formación catequística que has recibido para desempeñar tu misión. ¿Estos aspectos han estado presentes en tu formación? ¿De qué manera piensas que se pueden incorporar a los itinerarios de formación de catequistas, para que nuestra pedagogía siga la huella de la de Jesús?.

Jesús Maestro,
tu pedagogía es original y creativa,
llena de Espíritu.
Tú promueves la libertad y la independencia,
la toma de conciencia y el discernimiento.
Ayudas a que el otro crezca como persona,
abra su corazón a la experiencia del Dios Bueno,
y se comprometa con entusiasmo en tu proyecto de Vida.
Contágianos tu pedagogía, Señor,
para que formemos discípulas y discípulos misioneros del Reino.

- Que así sea -

QUINTQ PARTE
El mensaje de Jesús

Motivo fundamental: la llegada del reino de Dios

El evangelista Marcos resume el contenido del evangelio de Jesús de la siguiente manera: «El tiempo se ha cumplido, ha llegado el reino de Dios. Revolucionaos y creed al evangelio» (Mc 1, 15). Hoy se piensa normalmente que Marcos no transmite con ello un logion originario de Jesús, sino que más bien se trata de un sumario del evangelista. Pero está fuera de toda duda que Marcos ofrece con este sumario acertadamente el centro del mensaje de Jesús. Si Mateo habla del reino de los cielos en vez del reino de Dios (4, 17), «cielo» no representa más que un circunloquio normal en el judaísmo para ocultar el nombre de Dios. De modo que Marcos resume de la misma manera el mensaje de Jesús. Centro y marco de la predicación y actividad de Jesús fue el reino de Dios que se había acercado. El reino de Dios constituía el «asunto» de Jesús.

Jamás nos dice Jesús expresamente qué es este reino de Dios. Lo único que dice es que está cerca. Es claro que presupone en sus oyentes una idea y una espera que nosotros hoy ya no poseemos sin más ni más. Pero incluso entonces se aguardaban cosas muy distintas al hablar del reino de Dios.

  • Los fariseos pensaban en el perfecto cumplimiento de la torá,

  • los zelotes entendían con ello una teocracia política que intentaban imponer por la fuerza de las armas,

  • los apocalípticos esperaban la llegada del nuevo eón, del nuevo cielo y la nueva tierra.

  • Jesús no se deja encuadrar claramente en ninguno de estos grupos. Su hablar del reino de Dios es curiosamente abierto.

La abertura del mensaje de Jesús sobre el reino de Dios ha dado origen en la historia a las más diversas explicaciones.

  • En la literatura relativamente antigua del catolicismo se consideró con frecuencia a la iglesia como la realización histórica del reino de Dios.

  • En la época moderna tuvo mucha influencia ante todo la explicación que dio la teología liberal enlazando con Kant. Entendía por reino de Dios un bien supremo, el reino del espíritu y la libertad.

  • Sólo A. Schweitzer y J. Weiss volvieron a reconocer el significado consecuentemente escatológico del mensaje de Jesús. Según ellos, Jesús no quiso un mundo mejor, sino que esperaba más bien el nuevo mundo, el nuevo cielo y la nueva tierra. Con todo, su escatología consecuente no fue jamás totalmente consecuente. Porque consideraban esta interpretación escatológico-apocalíptica como irrealizable en el presente, refugiándose, por tanto, en una idea ética.

  • De otra forma sigue hoy viva en ciertas formas de teología política. Declara al mensaje de Jesús sobre el reino de Dios como la utopía política y social, que hay que realizar en cohumanidad y hermandad. En definitiva, se llega a diluir a Dios y su señorío en el reino de la libertad. Por supuesto que con esto se roba al pensamiento del reino de Dios su sentido originario.

Este sentido originario del concepto de reino de Dios sólo con dificultad nos es accesible hoy. Para nuestra sensibilidad el concepto de señorío guarda correspondencia con el de esclavitud, teniendo para nosotros un sabor expresamente autoritario. Nos hace pensar en una teocracia que oprime la libertad del hombre. Teocracia y teonomía dan la impresión de contradecir estrictamente a la autonomía humana.

Otra cosa era para la sensibilidad de aquel tiempo. Para

  • el judío de entonces el reino de Dios era la personificación de la esperanza en orden a la realización del ideal de un soberano justo jamás cumplido sobre la tierra. A este propósito hay que decir que para la concepción de

  • los pueblos del antiguo oriente no consiste la justicia primariamente en administrarla de modo imparcial, sino en ayudar y proteger a los desvalidos, débiles y pobres. La llegada del reino de Dios se aguardaba como liberación de injusto señorío, imponiéndose la justicia de Dios en el mundo.

  • El reino de Dios era la personificación de la esperanza de salvación. En definitiva, su llegada coincidía con la realización del shalom escatológico, de la paz entre los pueblos, entre los hombres, en el hombre y en todo el cosmos. Por eso, Pablo y Juan entendieron bien la intención de Jesús, hablando, en vez de reino de Dios, de la justicia de Dios o de la vida.

  • El mensaje de Jesús sobre la llegada del reino de Dios tiene, pues, que entenderse en el horizonte de la pregunta de la humanidad por la paz, la libertad, la justicia y la vida.

Para entender esta relación entre la esperanza originaria de la humanidad y la promesa de la llegada del reino de Dios, hay que partir de la concepción común a la Biblia de que el hombre no posee sin más por sí mismo paz, justicia, libertad y vida. La vida está continuamente amenazada, la libertad oprimida y perdida, la justicia pisoteada. Este encontrarse perdido llega tan profundo, que el hombre no puede liberarse por su propia fuerza. No puede sacarse a sí mismo del atolladero. Demonios llama la Escritura a este poder que antecede a la libertad de cada uno y de todos, el cual impide al hombre ser libre.

La Escritura ve causada por «principados y potestades» la alienación del hombre, un estar vendido y perdido. Las concepciones que en concreto dominan sobre esto en la Biblia son en gran parte mitológicas o populares, pero en estas expresiones mitológicas y populares se expresa una originaria experiencia humana, que existe igualmente fuera de la Biblia y que la fe bíblica lo único que hizo fue reinterpretar, es decir,

  • la experiencia de que realidades al principio acordes con la creación pueden convertirse en algo enemigo del hombre.

  • Determinan la situación humana de libertad antes de toda decisión, no pudiendo por ello ser totalmente descubiertas ni superadas por el hombre.

  • Condicionan el desgarramiento antagónico de la realidad y el carácter trágico de muchas situaciones.

Sólo con este trasfondo se hace totalmente comprensible que se necesita un comienzo nuevo, totalmente indeducible, que únicamente Dios como señor de la vida y la historia puede dar. Esto nuevo, que hasta ahora no se tuvo, esto inimaginable, inderivable y, sobre todo, no factible, que sólo Dios puede dar y que en definitiva es Dios mismo, eso es lo que se quiere decir con el concepto de reino de Dios.

  • Se trata de ser Dios de Dios y de su ser de señor,

  • que significa al mismo tiempo la hominidad del hombre y la salvación del mundo, porque representa liberación de los poderes del mal, enemigos de la creación y representa también reconciliación en la lucha de perdición de la realidad.

  • Este es el motivo fundamental del mensaje de Jesús y -como todavía veremos-, al mismo tiempo, el último misterio de su persona. Por tanto, el mensaje del reino de Dios que viene es el pensamiento básico de la cristología.

Kasper Kasper, Jesús el Cristo, pág. 86-89. Editorial Sígueme, Salamanca, 1978.

Profeta del Reino de Dios

Ya está Dios aquí

Jesús sorprendió a todos con esta declaración: «El reino de Dios ya ha llegado». Su seguridad tuvo que causar verdadero impacto. Su actitud era demasiado audaz: ¿no seguía Israel dominado por los romanos? ¿No seguían los campesinos oprimidos por las clases poderosas? ¿No estaba el mundo lleno de corrupción e injusticia? Jesús, sin embargo, habla y actúa movido por una convicción sorprendente:

  • Dios está ya aquí, actuando de manera nueva.

  • Su reinado ha comenzado a abrirse paso en estas aldeas de Galilea.

  • La fuerza salvadora de Dios se ha puesto ya en marcha.

  • Él lo está ya experimentando y quiere comunicarlo a todos.

  • Esa intervención decisiva de Dios que todo el pueblo está esperando no es en modo alguno un sueño lejano;

  • es algo real que se puede captar ya desde ahora.

  • Dios comienza a hacerse sentir. En lo más hondo de la vida se puede percibir ya su presencia salvadora.

El evangelista Marcos ha resumido de manera certera este mensaje original y sorprendente de Jesús. Según él, Jesús proclamaba por las aldeas de Galilea la «buena noticia de Dios», y venía a decir esto: «El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado. Convertíos y creed esta buena noticia». Este lenguaje es nuevo. Jesús no habla, como sus contemporáneos, de la futura manifestación de Dios; no dice que el reino de Dios está más o menos cercano. Ha llegado ya. Esta aquí. Él lo experimenta. Por eso, y a pesar de todas las apariencias en contra, Jesús invita a creer en esta buena noticia.

No es difícil entender el escepticismo de algunos y el desconcierto de casi todos:

  • ¿cómo se puede decir que el reino de Dios está ya presente?

  • ¿Dónde puede ser visto o experimentado?

  • ¿Cómo puede estar Jesús tan seguro de que Dios ha llegado ya?

  • ¿Dónde le pueden ver aquellos galileos destruyendo a los paganos y poniendo justicia en Israel?

  • ¿Dónde está el cataclismo final y las terribles señales que van a acompañar su intervención poderosa?

Sin duda se lo plantearon más de una vez a Jesús. Su respuesta fue desconcertante: «El reino de Dios no viene de forma espectacular ni se puede decir: "Miradlo aquí o allí". Sin embargo, el reino de Dios ya está entre vosotros». No hay que andar escrutando en los cielos señales especiales. Hay que olvidarse de los cálculos y conjeturas que hacen los escritores visionarios. No hay que pensar en una llegada visible, espectacular o cósmica del reino de Dios.

Hay que aprender a captar su presencia y su señorío de otra manera, porque «el reino de Dios ya está entre vosotros».

No siempre se han entendido bien estas palabras. A veces se han traducido de manera errónea: «El reino de Dios está dentro de vosotros». Esto ha llevado, por desgracia, a desfigurar el pensamiento de Jesús reduciendo el reino de Dios a algo privado y espiritual que se produce en lo íntimo de una persona cuando se abre a la acción de Dios. Jesús no piensa en esto cuando habla a los campesinos de Galilea. Trata más bien de convencer a todos de que la llegada de Dios para imponer su justicia no es una intervención terrible y espectacular, sino una fuerza liberadora, humilde pero eficaz, que está ahí, en medio de la vida, al alcance de todos los que la acojan con fe.

Para Jesús, este mundo no es algo perverso, sometido sin remedio al poder del mal hasta que llegue la intervención final de Dios, como decían los escritos apocalípticos. Junto a la fuerza destructora y terrible del mal podemos captar ahora mismo la fuerza salvadora de Dios, que está ya conduciendo la vida a su liberación definitiva. El Evangelio [apócrifo] de Tomás atribuye a Jesús estas palabras: «El reino de Dios está dentro y fuera de vosotros».

Es verdad. La acogida del reino de Dios comienza en el interior de las personas en forma de fe en Jesús, pero se realiza en la vida de los pueblos en la medida en que el mal va siendo vencido por la justicia salvadora de Dios.

La seguridad de Jesús es desconcertante. Están viviendo un momento privilegiado: aquellos pobres campesinos de Galilea están experimentando la salvación en la que habían soñado tanto sus antepasados. En los Salmos de Salomón, tan populares en los grupos fariseos del tiempo de Jesús, se podían leer frases como esta: «Felices los que vivan en aquellos días y puedan ver los bienes que el Señor prepara para la generación venidera», Jesús felicita a sus seguidores porque están experimentando junto a él lo que tantos personajes grandes de Israel esperaron, pero nunca llegaron a conocer: «¡Dichosos los ojos que ven los que vosotros veis! Porque yo os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis, pero no lo vieron, y oír lo que vosotros oís, pero no lo oyeron».
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