La pedagogia de jesus en los equipos docentes de america latina




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CENTRALIDAD DE LA PERSONA

Consideramos que hasta aquí aparece suficientemente claro que la pedagogía de Jesús no se mueve sobre la base de la transferencia de conocimientos. Su propuesta busca, en cambio, asegurar y fortalecer todas las condiciones posibles para lograr la autonomía del ser humano, con el propósito de que, a partir de esa nueva situación, se haga responsable de un auténtico proceso de liberación.

Si tuviéramos que resumir los aspectos pedagógicos desarrollados en uno solo, optaríamos por proponer el del acento que es colocado por Jesús en el lugar central que ocupa la persona humana liberada, como supuesto, parámetro y meta de cualquier proceso educativo. En ese aspecto, y a pesar de que ya hicimos varias menciones al tema, volveremos a insistir, por su medular importancia, en la opción que Jesús hace por los marginados/as, material o jurídicamente imposibilitados de actuar con libertad. El Reinado de Dios anunciado por él coloca en general a la persona por encima de cualquier legislación, pero opta con claridad por los que han sido arrojados fuera del sistema religioso, político o económico. Se trata sobre todo de las grandes mayorías, los ham-aaretz (pobres de la tierra), sin posesiones, poder, ni instrucción; pero a su vez, y no en segundo plano, de todos/as aquellos/as segregados por considerárseles impuros/as, con independencia de sus capacidades económicas o nivel de conocimientos.

Sería ingenuo presentar a Jesús ligado sólo al grupo de los materialmente empobrecidos. Eso reduciría de modo simplista una praxis suya muy singular, y extraordinariamente atrevida, que lo acerca de forma permanente a los que se encuentran fuera de los límites de la legalidad vigente, sean o no pudientes. De todos modos, es imprescindible conectar esa práctica de relacionamiento con diversas capas sociales, a las exigencias diferenciadas que Jesús impone a los que aceptan el anuncio del Reinado de Dios. Esas demandas giran siempre, de una u otra manera, en torno a severos requisitos de tipo económico, que buscan subvertir las estructuras injustas vigentes. Así, propicia en todo momento el compartir fraterno de bienes entre los sencillos, y propone actitudes que suponen cambios drásticos en las economías de los acaudalados. En el paradigmático caso de Zaqueo, por ejemplo, es evidente que su búsqueda sincera de Jesús lo conduce necesariamente a la reparación de las injusticias económicas perpetradas, con lo que consigue en realidad la salvación (Lc.19, 1-10). Es importante destacar la insistencia de Lucas en la cuestión de la casa de Zaqueo, más allá de su persona. Debemos tener en cuenta que, en aquella cultura, el concepto “casa” implicaba una serie de relaciones, fundamentalmente de tipo económico, mucho más amplias que las referidas de manera estricta a los lazos familiares.

Jesús no rechaza personas a priori, por la condición material en la que viven. En todo caso, sí se opone con gran energía y violencia a los soberbios, satisfechos de lo que saben o poseen. Un ejemplo típico del primer caso es el del partido de los fariseos, cuyos miembros eran, por lo general, artesanos relativamente modestos, casi siempre insertos en la vida del pueblo común, que sin embargo propugnaban un modelo societal de pureza que resultaba excluyente para todo aquel que no conociera y cumpliera la ley en sus mínimos detalles. Por eso, los caracterizaba una actitud de profundo desprecio hacia la inmensa mayoría de las personas, siempre bordeando o inmersas en la ilegalidad, o simplemente ignorantes. Lucas rescata una significativa parábola en tal sentido: la de las actitudes del cobrador de impuestos y el fariseo que oran en el templo (Lc.18, 9-14). La crítica de Jesús se dirige de forma precisa al gesto arrogante del segundo, que da gracias a Dios por considerarse superior y mejor a los demás.

En los evangelios nos encontramos con una vasta gama de transgresores/as. Algunos lo son sólo por la condición de pobreza o enfermedad en la que han nacido o caído (altamente sospechosa para algunas de las tendencias más fuertes de la teología vigente, que aún insistían en la prosperidad material como signo de la bendición de Dios). Otros vienen a serlo por cuestiones morales, y un tercer grupo por el tipo de oficio desempeñado. Las categorías utilizadas por los autores sagrados para identificarlos son conocidas: pobres, enfermos, y la tríada pecadores/publicanos/ prostitutas. Lo más escandaloso para las autoridades religiosas es que Jesús no sólo recibe, escucha y cubre las demandas de esa gente, sino que establece con ellos una comunidad de mesa, lo cual, como ya vimos, supone mucho más que el compartir alimentos, apuntando a la construcción de un tipo de sociedad inclusiva, diferente por completo a la de entonces (ver Mc.2, 13-17).

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Dausá, Alejandro. Encuentros con el maestro. La pedagogía de Jesús de Nazaret., pág. 35-39, Editorial Caminos.

LOS DISCÍPULOS DE EMAÚS
ELEMENTOS DEL TEXTO

a) Aquel mismo día...

Se refiere al mismo día de la Resurrección del Señor. Recordemos que las mujeres han creído en la Resurrección de Jesús. La objetividad de los hechos no les ha bastado, lo que las ha convertido ha sido la revelación de Dios dada por los dos mensajeros.

b) Jerusalén

Jerusalén, en el conjunto de la Sagrada Escritura, es importante por muchos motivos. En el contexto que estamos analizando, su importancia estriba en ser la ciudad donde ha ocurrido la revelación de la Resurrección de Jesús. Para el evangelio de Lucas es la ciudad en la que acontecen los sucesos más significativos de la vida de Cristo. El tercer evangelio se inicia en Jerusalén, cuando el ángel anuncia a Zacarías el nacimiento de un hijo (1,5-25). El mismo evangelio acaba en Jerusalén con la Resurrección y Ascensión de Jesús (22-24).

La importancia de Jerusalén radica por tanto en su centralidad. De alguna manera podríamos decir que Jerusalén, más que un lugar geográfico, tiene para Lucas una significación simbólica. Es el lugar donde todos (las mujeres que van al sepulcro y Pedro más tarde) reciben la revelación de Cristo resucitado. En Jerusalén las mujeres y los apóstoles descubren el verdadero sentido de la vida de Jesús. Jerusalén representa el sentido, la razón de ser de la vida humana, el ámbito de encuentro con el verdadero Señor. El Antiguo Testamento nos presenta a menudo a la Ciudad Santa como el lugar de gozo al que acudirán todos los pueblos para hallar el sentido y el fundamento de su propia existencia (Is 5455).

En cambio, los dos discípulos que habían acompañado a Jesús en sus últimos días, abandonan la ciudad. Dejan aquel lugar en el que se ha revelado la Resurrección del Señor y emprenden el triste camino de regreso hacia una aldea llamada Emaús.

c) Emaús

Según nos cuenta el texto, la aldea de Emaús no está muy alejada de Jerusalén. Dista sesenta estadios de la Ciudad Santa, lo que equivale a unos 11 kilómetros. Un estadio corresponde a 185 metros. Debemos notar que Emaús es una aldea de localización incierta. La arqueología no acaba de hallar el lugar donde situarla con toda seguridad sobre el mapa de Palestina. Los arqueólogos nos presentan diversas posibilidades.

Aparece en el libro de los Macabeos una ciudad llamada Emaús -que corresponde a la actual Amwas- y dista de Jerusalén 32,5 Km. aproximadamente. Según la opinión del historiador judío Flavio Josefo existe una ciudad llamada Emaús distante 30 Km. de Jerusalén. Finalmente conocemos con el nombre de Emaús otro lugar -situado actualmente en las ruinas de Kubebe- que dista 12 Km. de Jerusalén y, en tiempos posteriores, fue conocido con el nombre de Castellum Emaus.

La opinión de los arqueólogos no es unánime, pero una mayoría se inclina por la tercera posibilidad. Emaús sería, pues, una pequeña aldea no muy alejada de Jerusalén. Cuando los soldados romanos se licenciaban, se les daba habitualmente una porción de tierra para que pudieran cultivarla y vivir de ella. Emaús fue una aldea construida para este fin. Allí iban a vivir los soldados romanos licenciados del ejército. Por tanto, aquella pequeña aldea no era de religión judía. Sus habitantes creerían en otros dioses.

Más importante que su localización geográfica es la significación simbólica de la aldea de Emaús. Captaremos su sentido simbólico al contraluz de la signiñcación de Jerusalén. El nombre de la Ciudad Santa aparece continuamente en la Biblia, mientras que el nombre de Emaús se encuentra tan sólo en una ocasión en todo el AT. Jerusalén es una ciudad grande y la capital de un país; Emaús es una aldea de localización incierta. En Jerusalén tienen lugar los sucesos cruciales de la vida de Jesús y una gran mayoría de los hechos fundamentales del AT; la aldea de Emaús no es testigo de ningún acontecimiento clave en la percepción del AT. Jerusalén, con su Templo, es el centro neurálgico de la fe judía; Emaús está poblada de soldados licenciados que seguramente no pertenecen a la religión de Israel.

Jerusalén es símbolo del sentido, lugar de la revelación del Señor resucitado, de la gloria de la presencia de Dios. Emaús es símbolo del sin sentido, lugar de la experiencia de vacío ante la ausencia de Jesús, de la tristeza por el aparente fracaso de la vida.

d) Los dos discípulos van de camino

Los dos discípulos habían compartido con Jesús sus últimos días en Jerusalén, la ciudad del sentido y de la plenitud. Y como nos cuenta el texto, esperaban que Jesús fuera el liberador de Israel. Pero las cosas no se han desenvuelto como ellos esperaban. Jesús ha sido crucificado y ha muerto en una cruz. Todo ha terminado. Aquellos dos discípulos se desaniman y abandonan la ciudad del sentido y se van hacia Emaús la aldea del sin sentido. Del sentimiento de gloria por la presencia del Mesías esperado, los dos discípulos han caído en el desencanto de ver a su maestro muerto en el patíbulo. Y se marchan... como todos.

Nuestra vida está, como la de los dos discípulos, cargada de contrariedades y de conflictos. Pero lo importante en la vida es caminar, continuar en el camino aunque nos dé la impresión de estar caminando hacia atrás.

El profeta Isaías aduce un texto sorprendente: "Yo soy el Señor... artífice de la luz, creador de las tinieblas, autor de la paz, creador de la desgracia..." (Is 45,6c-7b). ¿Qué significan estas palabras puestas en boca de Dios? No significan en primer término que Dios elabora contra nosotros todo tipo de males; significan algo muy distinto. Tanto si vivimos momentos de luz como si pasamos por un tiempo de tinieblas, tanto si nuestra vida experimenta la paz como si le toca probar la desgracia, allí está la mano de Dios que nos sostiene. Cuando, en el curso de la vida, andamos hacia atrás, también allí está el Señor caminando a nuestro lado.

Los dos discípulos de Emaús caminan hacia atrás, se dirigen hacia Emaús. Su existencia atraviesa la tiniebla y la desgracia, pero Dios no los abandona. Jesús camina hacia atrás juntamente con ellos, para permitirles, en su momento, ver de nuevo la luz. Dios recorre siempre con nosotros el mismo caminar de nuestra vida. Los dos discípulos no saben quién es el viajero que los acompaña. Pero el lector del evangelio, es decir, nosotros mismos, sí sabemos que el acompañante es Jesús. Al ir leyendo, se hacen ciertas aquellas palabras del Señor: "Donde estén dos o tres reunidos en mi nombre allí estoy yo" (Mt 18,20). Dios nunca abandona a ninguno de aquellos que Él mismo ha llamado.

e) La presencia de Jesús junto a los dos discípulos

El núcleo de la narración lo constituye la presencia del Señor resucitado junto a los dos discípulos y la manera en que estos, lentamente, reciben la revelación del Señor. Dividiremos el episodio en cuatro apartados.

- Jesús sale a su encuentro

Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero estaban cegados y no podían reconocerlo (24,15b-16). Jesús no les reprende por su desilusión o por su desánimo, sino que les pregunta acerca de la situación que están viviendo. Comienzan a explicar a Jesús los últimos sucesos acaecidos en Jerusalén, pero lo hacen desde la perspectiva de quien no ha llegado a captar la profundidad de los hechos. La expresión "estar cegado" indica precisamente eso: no haber llegado a captar el hondón de la realidad. La inteligencia es la que busca pero el que encuentra es el corazón. Los discípulos han visto a Jesús realizando numerosos prodigios, pero no han llegado a comprender con el corazón el auténtico significado de los acontecimientos. La descripción que aportan de Jesús es puramente externa.

* Jesús el Nazareno, que resultó ser un profeta poderoso en obras y palabras ante Dios y ante todo el pueblo... Hay otros lugares del evangelio de Lucas en que la actividad de Jesús es asimilada a la de los profetas: el episodio del hijo de la viuda de Naín (7,16); el momento en que Jesús perdona a la pecadora en casa del fariseo (7,39); etc. Reconocer a Jesús con características proféticas es contemplarlo únicamente en su perspectiva externa. Los discípulos aprecian en Él las manifestaciones exteriores, como son palabras y obras. Pero se han quedado lejos de percibir la profundidad del mensaje salvador de Cristo.

* ...nosotros esperábamos que él Juera el liberador de Israel. En tiempo de Jesús existía la firme convicción de la pronta llegada del Mesías. Frecuentemente aparecían en Palestina personajes que se atribuían a sí mismos las características del Mesías y ofrecían al pueblo una salvación inmediata. Conocemos por la historia a un falso mesías apodado el egipcio. Subió al Monte de los Olivos y mandó derrumbarse a las murallas de Jerusalén, pero continuaron en pie. Otro afirmó su capacidad de detener el curso de las aguas del Jordán, imitando de ese modo la gesta de Josué (Jos 3), pero el cauce del río siguió su curso y las aguas no obedecieron sus órdenes.

A los ojos de aquellos hombres, Jesús habría sido un mesías como tantos otros. Rico en proyectos y utopías pero parco en realidades y nulo en cuanto a resultados.

* Pero... con hoy son ya tres días que ocurrió esto. La expresión "tres días" indica la totalidad del tiempo; es decir un plazo agotado y cumplido. Ellos habían confiado en Jesús, se habían entusiasmado con su mensaje y habían admirado sus prodigios. Pero, como otros supuestos mesías, también Jesús ha sido detenido y crucificado. Han pasado ya tres días; es decir, un plazo razonable para olvidarse de las utopías y volver al sin sentido -a Emaús- de la vida cotidiana.

* Es verdad que algunas mujeres... volvieron contando... que les habían dicho que estaba vivo. Tampoco les sirve el testimonio de las mujeres que han recibido la revelación del Señor. Recordemos la dureza de la situación femenina durante el siglo I. La mujer estaba completamente subordinada al varón, participaba marginalmente en la vida religiosa del judaismo, habitualmente carecía de instrucción y en las ciudades se dedicaba a las tareas del hogar, mientras que en el campo trabajaba duramente en las tareas agrícolas. En consonancia con la situación cultural de su tiempo, los dos discípulos rechazan por principio el testimonio de las mujeres.

Sinteticemos la situación de los discípulos. Han contemplado a Jesús con unos ojos superficiales, no han captado a la persona de Cristo con los ojos de la fe. Por eso sólo han percibido en Él aspectos puramente externos: un profeta poderoso en obras y palabras que fue entregado por los sumos sacerdotes a la crucifixión. La visión únicamente externa de Jesús les ha llevado a la frustración. Vuelven de regreso hacia Emaús. Su esperanza utópica ha fenecido. Hace ya tres días que Jesús está enterrado. Desconfían (cuando no se burlan) del testimonio de las mujeres. Pero en esa cruda situación de desengaño hay un hecho extremadamente importante: Jesús se pone a caminar con ellos, hacia atrás, compartiendo de ese modo su pena y su desencanto.

- Jesús les explica la Palabra

Jesús comenzando por Moisés y siguiendo por los Profetas, les explicó lo que se refería a Él en toda la Escritura. Al decirnos que les explicó a Moisés y a los Profetas, el texto indica que les comentó el Pentateuco y los libros proféticos e históricos. Los cinco primeros libros de la Biblia (Gn, Éx, Lv, Nm, Dt) constituyen el Pentateuco. En la época de Jesús se conocían como los libros de Moisés o los libros de la Ley. Contienen los pilares básicos de la religiosidad judía basada en dos puntos fundamentales:

* La liberación de la esclavitud de Egipto descrita a lo largo del libro del Éxodo y, sintetizada en el Credo histórico de Israel (Dt 6,20-24; 26,5-9): "El Señor nos sacó de Egipto con mano fuerte ... y nos trajo a este lugar y nos dio esta tierra...".

* La Alianza del Sinaí, es decir, el pacto sellado entre Dios y su pueblo (Éx 19-24), que podemos concretar en esta sentencia: "Yo seré vuestro Dios y vosotros seréis mi pueblo". Esta relación estrecha entre Dios y su pueblo se exteriorizaba, a lo largo del Antiguo Testamento, en dos instituciones: el Templo y la pervivencia de dinastía de David.

Los profetas constatan que la vida de Israel no ha sido otra cosa que un cúmulo de infidelidades contra el Señor. Recuerdan reiteradamente al pueblo dos cosas: la confianza en Yahvé como el único Dios que libera y la necesaria fidelidad a la alianza que Dios selló con su pueblo. Cada profeta establecerá una mediación concreta para permitir al pueblo mantenerse en esas dos vertientes: Amos hablará de la justicia social, Oseas insistirá en la misericordia, etc.

Al comentarles la Ley y los Profetas, Jesús se fija en un aspecto muy importante: "¿No tenía el Mesías que padecer para entrar en su gloria?" (24,26).

Los dos discípulos esperaban la llegada de un salvador. Pero, al igual que la gente de su tiempo, esperaban un mesías poderoso, deslumbrante y con una capacidad económica esplendorosa. Jesús es el Mesías, el liberador de Israel: pero no actúa con las categorías anheladas por sus contemporáneos. Jesús libera desde la humildad de una vida compartida y hecha servicio en favor de los débiles. El auténtico Señor libera desde el dolor de la cruz. ¿Dónde está prefigurada en el Antiguo Testamento la llegada de un liberador cuya acción salvadora pasaría por el sufrimiento?

La obra del profeta Isaías presenta cuatro largos poemas conocidos con el nombre de Cantos del Siervo de Yahvé (Is 42,1-7; 49,19a; 50,4-11; 52,13-53,12). El más importante de ellos es el último. Nos habla del Siervo enviado por Dios a la Humanidad. Este siervo no es comprendido por los hombres, sino que padece el desprecio y el escarnio. Es arrancado de la tierra de los vivos y, aunque no había cometido crímenes, es depositado en una sepultura. Pero, se ha mantenido fiel a la voluntad de Dios. Por eso prolongará sus años y su alma verá la luz.

Notemos el paralelismo que se establece entre la vida de este siervo y la de Jesús de Nazaret. Jesús viene en nombre de Dios a anunciar la liberación para todos. No encuentra acogida entre los hombres, sino que padece persecución y muerte de cruz. Pero ha sido fiel en llevar a término la voluntad de Dios. Por eso Dios lo ha resucitado. Mediante su larga explicación, Jesús anuncia a los discípulos que aquella figura del Siervo anunciada en el profeta Isaías se ha cumplido en su persona. Jesús es el auténtico liberador. Quizás no es el liberador poderoso esperado por la gente de su tiempo, pero sí el salvador anunciado en las profecías del Antiguo Testamento.

- Jesús parte el pan

La explicación de la Palabra ha calado en los discípulos. Jesús se queda con ellos. Observemos los detalles de su estancia con los discípulos:

* Recostado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo ofreció" (24,30). Estas palabras evocan en nuestra mente otros momentos importantes del evangelio.

- Jesús había predicado a una gran multitud. Aquella muchedumbre no tenía qué comer. Entonces Jesús "...tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, los bendijo, los partió y los dio a los discípulos para que se los sirvieran a la gente" (cf. 9,16).

- Durante la Última Cena Jesús pronuncia estas palabras: "Cogiendo un pan, dio gracias, lo partió y se lo dio, diciendo: Esto es mi cuerpo que se entrega por vosotros..." (cf. 22,19).

Apreciemos la similitud entre estos dos textos y las palabras de la narración de los discípulos de Emaús: tomando pan, lo partió, lo bendijo, y lo repartió. Son palabras muy semejantes a las pronunciadas por el sacerdote en la celebración de la Eucaristía: "Él, ofreciéndose libremente a la pasión, tomó el pan y, diciendo la acción de gracias, lo partió, y lo dio a sus discípulos diciendo..." (Plegaria Eucarística).

* Se les abrieron los ojos (a los discípulos) y lo reconocieron, pero Él desapareció. El proceso de los discípulos para reconocer ha sido largo: primero han reconocido su pesar y su tristeza, después han escuchado la explicación de la Palabra, finalmente han partido el pan con Jesús. Y entonces sucede algo extraño: "se les abrieron los ojos, lo reconocieron, pero Él desapareció".

A lo largo del viaje hacia Emaús los discípulos tenían los ojos abiertos, pero no fueron capaces de reconocer con ellos al Señor. Eran incapaces de contemplar al Señor con los ojos del corazón. Una vez más se hace patente lo que ya decíamos al principio: "La razón busca, pero quien verdaderamente encuentra es el corazón". Fijémonos en la frase pronunciada por los discípulos: "¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino explicándonos las Escrituras?" (24,32).

Jesús desaparece de su presencia, desaparece de la visión de los ojos puramente humanos y permanece para siempre en el corazón de los discípulos. Las cosas más importantes de la vida se atesoran sólo en el corazón. Jesús deja de ser un simple modelo externo que se debe imitar y se convierte en el eje, en el sentido de la vida de aquellos discípulos. Para el hombre antiguo el órgano corporal más importante era el corazón, en él residía la más genuina esencia humana. Los ojos posibilitaban la percepción externa de las cosas, pero la profundidad, el sentido, radicaba solo en el corazón del hombre. Jesús desaparece de su vista como "el profeta poderoso en obras y en palabras", y se convierte -en su corazón-en el verdadero Señor de la Vida.

- Los discípulos vuelven hacia Jerusalén

Jerusalén simboliza el sentido y la plenitud, mientras que Emaús connota el sin sentido y el desencanto. Los discípulos iban de camino desde Jerusalén (la ciudad del sentido) hacia Emaús (la aldea del sin sentido). Jesús les sale al encuentro en el camino de su desesperanza. Entonces los dos hombres le reconocen como al verdadero Señor de su existencia. Ese encuentro implica fuertes consecuencias para sus vidas:

* Y levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén (24,33). E1 encuentro con Jesús vivo es lo único capaz de otorgar pleno sentido a la existencia humana. "Nos hiciste Señor para Ti", decía S. Agustín. El corazón humano sólo encuentra reposo en el regazo de Dios. Habiendo experimentado a Jesús resucitado, aquellos discípulos abandonan el camino del desencanto y vuelven a recuperar la dirección auténtica de su vida. Por eso se dirigen de nuevo hacia Jerusalén, la ciudad del sentido.

* … donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros que decían: ...ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón. Los dos discípulos han vuelto a Jerusalén, la ciudad del sentido. Pero no se han dirigido a las murallas ni al Templo. Se han encaminado hacia la Nueva Jerusalén, que es la Iglesia, representada en el texto por los Once reunidos con sus compañeros. Allí comparten la novedad de su vida: la certeza de que el Señor ha resucitado. La Iglesia es la comunidad que se reúne en torno a Jesús resucitado; de esa manera se transforma en el Cuerpo de Cristo entre los hombres.

* Aquellos dos discípulos comienzan a anunciar la gran experiencia transformadora de sus vidas: Ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan (24,35). Aquel que en su vida se ha sentido transformado por Cristo no le queda otra alternativa que anunciarlo a los cuatro vientos. Aquellos dos discípulos se convierten en misioneros de la Resurrección de Jesús.

Ramis Darder, Francesc. Lucas, evangelista de la ternura de Dios. La Casa de la Biblia, pág. 111-118. Editorial Verbo Divino, Estella, 1998.
SEPTIMA PARTE

ALGUNAS OPCIONES EDUCATIVAS

La educación cristiana, situada en el interior de la evangelización, ha de adquirir un «acentuado carácter misionero» tareas misioneras con vistas a asegurar la conversión.

La ERE «deberá ser considerada siempre como partícipe de las urgencias y afanes propios del mandato misionero para nuestro tiempo».

La ERE de adultos: Es necesario diseñar un proyecto de ere para el personal adulto de las instituciones educativas.

 La patrística, de revelación del Concilio y la concepción de evangelización de Evangelii nuntiandi, deben centro de reflexión para los cristianos católicos.

Debemos fomentar nuevas escuelas de Fe sólo para reflexionar nuestra Fe en Cristo “aquí y ahora” sino también para «moldear la personalidad creyente» (DGC 33); es decir, hacer que el evangelio llegué a afectar nuestro discipulado, nuestro compromiso con Jesús de Nazareth.

La ERE ha de anunciar los misterios esenciales del cristianismo de modo que promueva la experiencia trinitaria de la vida en Cristo como centro de la vida de fe. 

Como cristianos, debemos hacernos conscientes de que, mediante el bautismo, hemos consagrado vitalmente nuestra vida a la Santísima Trinidad.

El discípulo de Jesucristo, al consagrar su vida a un Dios único, «renuncia a servir a cualquier absoluto humano: poder, placer, raza, antepasado, Estado, dinero..., liberándose de cualquier ídolo que lo esclavice.

Al confesar a un Dios trino, que es comunión de personas iguales, el discípulo de Jesucristo manifiesta, al mismo tiempo, que la humanidad, ha sido creada a imagen de ese Dios y que «está llamado a ser una sociedad fraterna, compuesta por hijos de un mismo Padre, iguales en dignidad personal»

Nuestra profesión de fe es, una proclamación de igualdad.

Nuestro compromiso Pastoral debe fomentar la espiritualidad y la oración, como centro de nuestro accionar

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