La pedagogia de jesus en los equipos docentes de america latina




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Capitulo 8 “1. Jesús, pues, bajó del monte, y empezaron a seguirlo muchedumbres. 2. Un leproso se acercó, se arrodilló delante de él y le dijo: «Señor, si tú quieres, puedes limpiarme.» 3. Jesús extendió la mano, lo tocó y le dijo: «Quiero; queda limpio.» Al momento quedó limpio de la lepra. 4. Jesús le dijo: «Mira, no se lo digas a nadie; pero ve a mostrarte al sacerdote y ofrece la ofrenda ordenada por la Ley de Moisés, pues tú tienes que hacerles una declaración.» 5. Al entrar Jesús en Cafarnaún, se le acercó un capitán de la guardia, suplicándole: 6. «Señor, mi muchacho está en cama, totalmente paralizado, y sufre terriblemente.» 7. Jesús le dijo: «Yo iré a sanarlo.» 8. El capitán contestó: «Señor, ¿quién soy yo para que entres en mi casa? Di no más una palabra y mi sirviente sanará. 9. Pues yo, que no soy más que un capitán, tengo soldados a mis órdenes, y cuando le digo a uno: Vete, él se va; y si le digo a otro: Ven, él viene; y si ordeno a mi sirviente: Haz tal cosa, él la hace.» 10. Jesús se quedó admirado al oír esto, y dijo a los que le seguían: «Les aseguro que no he encontrado a nadie en Israel con tanta fe. 11. Yo se lo digo: vendrán muchos del oriente y del occidente para sentarse a la mesa con Abrahán, Isaac y Jacob en el Reino de los Cielos, 12.mientras que los que debían entrar al reino serán echados a las tinieblas de afuera: allí será el llorar y rechinar de dientes.» 13. Luego Jesús dijo al capitán: «Vete a casa, hágase todo como has creído.» Y en ese mismo momento el muchacho quedó sanó. 14. Jesús fue a casa de Pedro; allí encontró a la suegra de éste en cama, con fiebre. 15. Jesús le tocó la mano y se le pasó la fiebre. Ella se levantó y comenzó a atenderle. 16. Al atardecer le llevaron muchos endemoniados. Él expulsó a los espíritus malos con una sola palabra, y sanó también a todos los enfermos. 17. Así se cumplió lo que había anunciado el profeta Isaías: Él tomó nuestras debilidades y cargó con nuestras enfermedades.18.Jesús, al verse rodeado por la multitud, dio orden de cruzar a la otra orilla.19.Entonces se le acercó un maestro de la Ley y le dijo: «Maestro, te seguiré adondequiera que vayas.»20. Jesús le contestó: «Los zorros tienen cuevas y las aves tienen nidos, pero el Hijo del Hombre ni siquiera tiene dónde recostar la cabeza.»21. Otro de sus discípulos le dijo: «Señor, deja que me vaya y pueda primero enterrar a mi padre.»22. Jesús le contestó: «Sígueme y deja que los muertos entierren a sus muertos.»23. Jesús subió a la barca y sus discípulos le siguieron.24.Se levantó una tormenta muy violenta en el lago, con olas que cubrían la barca, pero él dormía.25.Los discípulos se acercaron y lo despertaron diciendo: “¡Señor, sálvanos, que estamos perdidos!» 26. Pero él les dijo: «¡Qué miedosos son ustedes! ¡Qué poca fe tienen!» Entonces se levantó, dio una orden al viento y al mar, y todo volvió a la más completa calma.27.Grande fue el asombro; aquellos hombres decían: « ¿Quién es éste, que hasta los vientos y el mar le obedecen?»28. Al llegar a la otra orilla, a la tierra de Gadara, dos endemoniados salieron de entre los sepulcros y vinieron a su encuentro. Eran hombres tan salvajes que nadie se atrevía a pasar por aquel camino.29.Y se pusieron a gritar: « ¡No te metas con nosotros, Hijo de Dios! ¿Has venido aquí para atormentarnos antes de tiempo?»30. A cierta distancia de allí había una gran piara de cerdos comiendo.31.Los demonios suplicaron a Jesús: «Si nos expulsas, envíanos a esa piara de cerdos.» Jesús les dijo: «Vayan».32.Salieron y entraron en los cerdos. Al momento toda la piara se lanzó hacia el lago por la pendiente, y allí se ahogaron.33.Los cuidadores huyeron, fueron a la ciudad y contaron todo lo sucedido, y lo que había pasado con los endemoniados.34.Entonces todos los habitantes salieron al encuentro de Jesús y, no bien lo vieron, le rogaron que se alejase de sus tierras”.

Mateo, 9 .1.Jesús volvió a la barca, cruzó de nuevo el lago y vino a su ciudad.2.Allí le llevaron a un paralítico, tendido en una camilla. Al ver Jesús la fe de esos hombres, dijo al paralítico: «¡Animo, hijo; tus pecados quedan perdonados!»3. Algunos maestros de la Ley pensaron: «¡Qué manera de burlarse de Dios!»4. Pero Jesús, que conocía sus pensamientos, les dijo: «¿Por qué piensan mal?5.¿Qué es más fácil decir: "Quedan perdonados tus pecados", o: "Levántate y anda"?6.Sepan, pues, que el Hijo del Hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados.» Entonces dijo al paralítico: «Levántate, toma tu camilla y vete a casa.»7. Y el paralítico se levantó y se fue a su casa.8.La gente, al ver esto, quedó muy impresionada, y alabó a Dios por haber dado tal poder a los hombres.9.Jesús, al irse de allí, vio a un hombre llamado Mateo en su puesto de cobrador de impuestos, y le dijo: «Sígueme.» Mateo se levantó y lo siguió.10.Como Jesús estaba comiendo en casa de Mateo, un buen número de cobradores de impuestos y otra gente pecadora vinieron a sentarse a la mesa con Jesús y sus discípulos.11.Los fariseos, al ver esto, decían a los discípulos: «¿Cómo es que su Maestro come con cobradores de impuestos y pecadores?»12. Jesús los oyó y dijo: «No es la gente sana la que necesita médico, sino los enfermos.13.Vayan y aprendan lo que significa esta palabra de Dios: Me gusta la misericordia más que las ofrendas. Pues no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.»14. Entonces se le acercaron los discípulos de Juan y le preguntaron: «Nosotros y los fariseos ayunamos en muchas ocasiones, ¿por qué tus discípulos no ayunan?»15. Jesús les contestó: « ¿Quieren ustedes que los compañeros del novio estén de duelo, mientras el novio está con ellos? Llegará el tiempo en que el novio les será quitado; entonces ayunarán.16.Nadie remienda un vestido viejo con un pedazo de tela nueva, porque el pedazo nuevo tiraría del vestido y la rotura se haría mayor.17.Y nadie echa vino nuevo en recipientes de cuero viejos, porque si lo hacen, se reventarán los cueros, el vino se desparramará y los recipientes se estropearán. El vino nuevo se echa en cueros nuevos, y así se conservan bien el vino y los recipientes.»18. Mientras Jesús hablaba, llegó un jefe de los judíos, se postró delante de él y le dijo: «Mi hija acaba de morir, pero ven, pon tu mano sobre ella, y vivirá.»19. Jesús se levantó y lo siguió junto con sus discípulos.20.Mientras iba de camino, una mujer que desde hacía doce años padecía hemorragias, se acercó por detrás y tocó el fleco de su manto.21.Pues ella pensaba: «Con sólo tocar su manto, me salvaré.»22 .Jesús se dio vuelta y, al verla, le dijo: «Animo, hija; tu fe te ha salvado.» Y desde aquel momento, la mujer quedó sana.23.Al llegar Jesús a la casa del jefe, vio a los flautistas y el alboroto de la gente.24.Entonces les dijo: «Váyanse, la niña no ha muerto sino que está dormida.» Ellos se burlaban de él.25.Después que echaron a toda la gente, Jesús entró, tomó a la niña por la mano, y la niña se levantó.26.El hecho se divulgó por toda aquella región.27.Al retirarse Jesús de allí, lo siguieron dos ciegos que gritaban: «¡Hijo de David, ten compasión de nosotros!»28.Cuando Jesús estuvo en casa, los ciegos se le acercaron, y Jesús les preguntó: «¿Creen que puedo hacer esto?» Contestaron: «Sí, Señor.»29.Entonces Jesús les tocó los ojos, diciendo: «Hágase así, tal como han creído». Y sus ojos vieron.30.Después les ordenó severamente: «Cuiden de que nadie lo sepa.»31.Pero ellos, en cuanto se fueron, lo publicaron por toda la región.32.Apenas se fueron los ciegos, le trajeron a uno que tenía un demonio y no podía hablar.33.Jesús echó al demonio, y el mudo empezó a hablar. La gente quedó maravillada y todos decían: «Jamás se ha visto cosa igual en Israel.»34.En cambio, los fariseos comentaban: «Este echa a los demonios con la ayuda del príncipe de los demonios.»35. Jesús recorría todas las ciudades y pueblos; enseñaba en sus sinagogas, proclamaba la Buena Nueva del Reino y curaba todas las dolencias y enfermedades.36.Al contemplar aquel gran gentío, Jesús sintió compasión, porque estaban decaídos y desanimados, como ovejas sin pastor.37.Y dijo a sus discípulos: «La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos.38.Rueguen, pues, al dueño de la cosecha que envíe trabajadores a recoger su cosecha.»


Los versículos finales del capítulo 9 nos sirven como síntesis que explica y resume el contenido de ambos capítulos: “Jesús recorría todas las ciudades y los pueblos. Enseñaba en las sinagogas, proclamaba la Buena Nueva del Reino y sanaba todas las enfermedades y dolencias.”.Mt. 9, 35

Mateo pone el acento en señalar que Jesús enseñaba. Ya sabemos que el evangelista Mateo presenta a Jesús como Maestro, y tiene especial interés en señalar no sólo a Jesús que Jesús enseña (como lo había hecho Marcos en su evangelio, redactado en fecha anterior al de Mateo) sino se preocupa también por mostrar:

  • cómo,

  • de qué manera y

  • qué enseña Jesús.

Los capítulos 8 y 9, como dijimos anteriormente, nos presentan la práctica del Maestro. En ella descubrimos algunas actitudes pedagógicas interesantes para aproximarnos a la manera de enseñar de Jesús, a su pedagogía.

La curación del leproso (Mt. 8, 1-4), la curación del sirviente del capitán romano (Mt, 8, 5-13), la curación de la hija del jefe de la sinagoga (Mt. 9, 18-19. 23-26); y finalmente, la curación de los dos ciegos (Mt. 9, 27-31) presentan un esquema común que nos permite interiorizarnos en la pedagogía de Jesús.

En los cuatro relatos encontramos los siguientes elementos comunes:

  • Jesús está desarrollando su actividad.

  • Una persona (o dos en el caso de los ciegos) irrumpe en su cotidianidad y le presenta un pedido, una súplica.

  • Los cuatro pedidos son necesidades concretas de la gente, relacionadas con la vida y la posibilidad de una mejor vida.

  • En las cuatro ocasiones Jesús escucha a las personas.

  • En forma inmediata se moviliza para atender los pedidos.

  • Compromete su tiempo, su honra y prestigio (los leprosos, el romano, la niña muerta-su cádaver- y los enfermos eran considerados impuros)

ESCUCHAR… PARA CONOCER AL OTRO

Jesús escucha. Interrumpe su actividad. Detiene su marcha si es necesario. Deja de hablar. Cambia su camino.

Jesús escucha. Deja que el otro hable primero. Se exprese. Hable de sus necesidades. Muestre su interior, lo que anhela, lo que le preocupa, lo que aspira, lo que sueña.

Jesús escucha. Se interesa por lo que el otro le presenta. Lo respeta. Lo interpreta.

El escuchar de Jesús es acogedor. Genera encuentro. Libera la palabra del otro.

DISPONIBILIDAD… PARA DAR RESPUESTAS (CON LA VIDA)

  • Jesús se levanta.

  • Jesús toca.

  • Jesús dialoga.

  • Jesús se traslada.

  • Jesús se compromete con el otro.

  • No pone excusas: no tengo tiempo, me voy a contagiar, qué dirán los vecinos, no puedo…

  • Jesús se pone en movimiento.

  • Juega su vida.

  • Da su tiempo y su persona.

  • Las respuestas no son sólo palabras, son hechos.

  • La disponibilidad de Jesús es generosa, des-centrada de sí mismo, valiente, decidida.

Para la reflexión

  • Un maestro que te haya dejado huella

  • Aspectos significativos de la reflexión

  • Aplicaciones al quehacer docente



Nota: la presente reflexión la he realizado con base al Curso “la pedagogía de Jesús”, Buenas Nuevas. Diseñado por Marcelo A. Murúa. Chile 2014.

LECTURAS COMPLEMENTARIAS


I La mirada del Directorio General de Catequesis
El Directorio General para la Catequesis (1997) es un documento muy completo sobre los fundamentos teológico-pastorales que orientan a la catequesis, promovido por la Congregación del clero y elaborado con la colaboración de obispos y expertos en teología y catequesis.

La Tercera Parte trata sobre “La Pedagogía de la Fe”, y en su introducción y al inicio del Capítulo 1 presenta la pedagogía de Jesús. (nro. 137 y 140).

« Uno solo es vuestro Maestro, Cristo » (Mt 23,10)

137. Jesús cuidó atentamente la formación de los discípulos que envió en misión. Se presentó a ellos como el único Maestro y al mismo tiempo amigo paciente y fiel; su vida entera fue una continua enseñanza; estimulándoles con acertadas preguntas les explicó de una manera más profunda cuanto anunciaba a las gentes; les inició en la oración; les envió de dos en dos a prepararse para la misión; les prometió primero y envió después el Espíritu del Padre para que les guiara a la verdad plena y les sostuviera en los inevitables momentos de dificultad. Jesucristo es « el Maestro que revela a Dios a los hombres y al hombre a sí mismo; el Maestro que salva, santifica y guía, que está vivo, que habla, exige, que conmueve, que endereza, juzga, perdona, camina diariamente con nosotros en la historia; el Maestro que viene y que vendrá en la gloria». En Jesucristo, Señor y Maestro, la Iglesia encuentra la gracia transcendente, la inspiración permanente, el modelo convincente para toda comunicación de la fe.

La Pedagogía de Cristo

140. Llegada la plenitud de los tiempos, Dios envió a la humanidad a su Hijo, Jesucristo. El entregó al mundo el don supremo de la salvación, realizando su misión redentora a través de un proceso que continuaba la « pedagogía de Dios », con la perfección y la eficacia inherente a la novedad de su persona. Con las palabras, signos, obras de Jesús, a lo largo de toda su breve pero intensa vida, los discípulos tuvieron la experiencia directa de los rasgos fundamentales de la « pedagogía de Jesús », consignándolos después en los evangelios: la acogida del otro, en especial del pobre, del pequeño, del pecador como persona amada y buscada por Dios; el anuncio genuino del Reino de Dios como buena noticia de la verdad y de la misericordia del Padre; un estilo de amor tierno y fuerte que libera del mal y promueve la vida; la invitación apremiante a un modo de vivir sostenido por la fe en Dios, la esperanza en el Reino y la caridad hacia el prójimo; el empleo de todos los recursos propios de la comunicación interpersonal, como la palabra, el silencio, la metáfora, la imagen, el ejemplo, y otros tantos signos, como era habitual en los profetas bíblicos. Invitando a los discípulos a seguirle totalmente y sin condiciones, Cristo les enseña la pedagogía de la fe en la medida en que comparten plenamente su misión y su destino.

II Seguir a Jesús

Carlos Mesters

"Seguir" era un término que hacía parte del sistema educativo de la época. Era usado para indicar la relación entre discípulo y maestro, relación diferente a la que se da entre profesor-alumno. Los alumnos asisten a las clases del profesor sobre una determinada materia, pero no conviven con él. Los discípulos "siguen" al maestro y se forman en la convivencia con él.

A los treinta años de edad, Jesús ya era Maestro. Como los rabinos (maestros) de la época, reúne discípulos y discípulas para formar comunidad con ellos. Todos ellos "siguen a Jesús", formando grupos concéntricos alrededor de él:

  • Un núcleo menor de doce (Mc 3,14), como las doce tribus de Israel (Mt 19,28).

  • Una comunidad mas amplia de hombres y mujeres (Lc 8,1-3).

  • Un grupo mayor de setenta y dos (Lc 10,1).

  • Las multitudes que se reúnen a su alrededor para escuchar su mensaje.

Dentro del núcleo de los doce, y de acuerdo con las necesidades del momento, Jesús forma grupos menores. Por ejemplo, llama a Pedro, Santiago y Juan para momentos de oración (Mt 26,37s; Lc 9,28).

Es señal de mucha madurez y equilibrio el hecho de que Jesús fuese maestro a los treinta años de edad. ¡Tiene siempre doce personas cerca! ¡Siempre! De vez en cuando no aguanta más y se impacienta (Mc 9,19) o sale para estar a solas (Mc 6,46).

Como todos los grupos de discípulos de aquella época, también el grupo que "sigue a Jesús" tenía su ritmo de vida: diario, semanal, anual:

EI ritmo diario en la familia, en la comunidad.

En tiempo de Jesús, el pueblo rezaba tres veces al día: de mañana, al mediodía y a la noche. Eran los tres momentos en que se ofrecía el sacrificio en el Templo. Así, la nación entera se unía delante de Dios. Eran oraciones tomadas de la Biblia o inspiradas en ella, que marcaban el ritmo diario de la vida de Jesús y de su comunidad a lo largo de aquellos tres años de formación.

EI ritmo semanal de la sinagoga

Un escrito antiguo de la Tradición Judaica, llamado Pirquê Abot, decía: "El mundo reposa sobre tres columnas: la Ley, el Culto y el Amor". Era lo que hacían todos los sábados. Incluso durante los viajes misioneros, Jesús y los discípulos tenían la "costumbre" de reunirse con el pueblo en la sinagoga los sábados para escuchar las lecturas de la Biblia (Ley), rezar y alabar a Dios (Culto) y hablar de lo referente a la vida de la comunidad (Amor) (Lc 4,16; Mc 1,39).

El ritmo anual en el Templo

Estaba basado en el año litúrgico, con sus fiestas propias. Cada año el pueblo tenía, que hacer tres peregrinaciones a Jerusalén para visitar a Dios en su Templo (Ex 23,14-17). Jesús y los discípulos participaban de las peregrinaciones y visitaban el Templo de Jerusalén en las grandes fiestas (Jn 2,13; 5,1; 7,14; 10,22; 11,55).

Se creaba así un ambiente familiar y comunitario, impregnado por la lectura orante de la Palabra de Dios, donde Jesús formaba a los discípulos y discípulas. Este ambiente formativo tenía algunas características o criterios que ayudaban a los discípulos a identificarse con el grupo y a experimentar la pertenencia a "la familia de Jesús”.

Aprender de memoria

En las reuniones de nuestras comunidades, el pueblo aprende de memoria los cantos que caracterizan la vida de la comunidad. Igualmente en aquel tiempo, los discípulos aprendían de memoria los salmos y las oraciones. En las oraciones y bendiciones evocaban los acontecimientos mas importantes del pasado. Todo esto ayudaba a reforzar en los discípulos su identidad y a no perder la memoria.

Expresión corporal

Aparece mucho en los salmos y ayudaba a crear un ambiente de oración. Por ejemplo, hacer procesiones (Sl 95,2.), postrarse, arrodillarse y hacer reverencias (Sl 95,6), extender las manos (Sl 63,5), "orientarse" en dirección al Templo que quedaba en el Oriente (Sl 138,2). Tres veces al día, a la hora de oración, el grupo entero se unía al pueblo esparcido por el mundo y se "orientaba" en dirección al Templo. Esto fortalecía la conciencia de pertenencia al pueblo.

Dimensión mística y creativa

La oración de los Salmos era el momento apropiado no sólo para repetir oraciones ya existentes, sino también para que cada uno viviera y profundizara su unión con Dios. La oración de los Salmos debía llevar a las personas a formular su propia oración, su propio salmo. Así, Jesús hizo un salmo que transmitió a los discípulos. ¡Nosotros lo rezamos hasta hoy! Es el Padre Nuestro (Mt 6,9-13; Lc 11,2-4).

Fue en esta "convivencia" de tres años con Jesús, que los discípulos y las discípulas recibieron su formación. ¿En qué consistía esta formación?

  • La formación del "seguimiento de Jesús" no era, en primer lugar, la transmisión de verdades a ser aprendidas de memoria sino la comunicación de la nueva experiencia de Dios y de la vida que irradiaba de Jesús hacia los discípulos y las discípulas. La propia comunidad que se formaba alrededor de Jesús era la expresión de esta nueva experiencia de Dios y de la vida.

  • La formación llevaba a las personas a tener otros ojos, otras actitudes. Hacía nacer en ellas una nueva conciencia respecto de la misión y respecto de sí mismas. Hacía que fuesen colocando los pies al lado de los excluidos. Poco a poco provocaba la "conversión" como consecuencia de la aceptación de la Buena Nueva (Mc 1,15).

Por eso, para los primeros cristianos seguir a Jesús significaba:

Imitar el ejemplo del Maestro

Jesús era el modelo que debía ser recreado en la vida del discípulo o discípula (Jn 13,13-15). La convivencia diaria permitía una comparación continua con el modelo. En esa "escuela de Jesús" solo se enseñaba una única materia: el Reino. Y ese Reino se reconocía en la vida y en la práctica de Jesús.

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