La pedagogia de jesus en los equipos docentes de america latina




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POETA DE LA COMPASIÓN
Jesús no explicó directamente su experiencia del reino de Dios.

  • Al parecer no le resultaba fácil comunicar por medio de conceptos lo que vivía en su interior.

  • No utilizó el lenguaje de los escribas para dialogar con los campesinos de Galilea.

  • Tampoco sabía hablar con el estilo solemne de los sacerdotes de Jerusalén.

  • Acudió al lenguaje de los poetas. Con creatividad inagotable, inventaba imágenes, concebía bellas metáforas, sugería comparaciones y, sobre todo, narraba con maestría parábolas que cautivaban a las gentes.

Adentrarnos en el fascinante mundo de estos relatos es el mejor camino para «entrar» en su experiencia del reino de Dios.

LA SEDUCCIÓN DE LAS PARÁBOLAS

El lenguaje de Jesús es inconfundible.

  • No hay en sus palabras nada artificial o forzado;

  • todo es claro y sencillo.

  • No necesita recurrir a ideas abstractas o frases complicadas; comunica lo que vive.

  • Su palabra se transfigura al hablar de Dios a aquellas gentes del campo.

  • Necesita enseñarles a mirar la vida de otra manera: «Dios es bueno; su bondad lo llena todo; su misericordia está ya irrumpiendo en la vida».

  • Es toda Galilea la que se refleja en su lenguaje, con sus trabajos y sus fiestas, su cielo y sus estaciones, con sus rebaños y sus viñas, con sus siembras y sus siegas, con su hermoso lago y con la población de sus pescadores y campesinos.

  • A veces les hace mirar de manera nueva el mundo que tienen ante sus ojos; otras les enseña a ahondar en su propia experiencia. En el fondo de la vida pueden encontrar a Dios.

Mirad los cuervos; no siembran ni cosechan, no tienen despensa ni granero, iY Dios los alimenta! ¡Cuánto más valéis vosotros que los pájaros! Mirad los lirios, cómo crecen: no trabajan ni hilan. Pero yo os digo que ni Salomón en toda su gloria se vistió como uno de ellos. Si a la hierba del campo, que hoy existe y mañana es arrojada al fuego, Dios la viste así, ¡cuánto más a vosotros, hombres y mujeres de poca fe!

Si Dios cuida de unas aves tan poco atractivas como los cuervos, y adorna con tanto primor unas flores tan poco apreciadas como los lirios, ¿cómo no va a cuidar de sus hijos e hijas?

Se fija luego en los gorriones, los pájaros más pequeños de Galilea, y vuelve a pensar en Dios. Los están vendiendo en el mercado de alguna aldea, pero Dios no los olvida: «¿No se venden dos gorriones por un as? Pues ni uno cae en tierra sin el consentimiento de vuestro Padre. ¡Hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados! No tengáis miedo. Vosotros valéis más que una bandada de pajarillos». Jesús capta la ternura de Dios hasta en lo más frágil: los pajarillos más pequeños del campo o los cabellos de las personas.

¡Dios es bueno! A Jesús no le hacen falta muchos argumentos para intuirlo. ¿Cómo no va a ser mejor que nosotros? En alguna ocasión, hablando con un grupo de padres y madres, les pide que recuerden su propia experiencia: «¿Hay acaso alguno entre vosotros que, cuando su hijo le pide pan, le dé una piedra, o si le pide un pez le dé una culebra? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que se las pidan?».

Este lenguaje poético que Jesús emplea para hablar de Dios no les era del todo desconocido a aquellos campesinos. También Oseas, Isaías, Jeremías y otros profetas habían hablado así: en la poesía encontraban la fuerza más vigorosa para sacudir las conciencias y despertar los corazones hacia el misterio del Dios vivo. Lo que les resulta más original y sorprendente son las parábolas que Jesús cuenta mientras les muestra los campos sembrados de Galilea o les pide fijarse en las redes llenas de peces que los pescadores de Cafamaún van sacando del lago. No era tan fácil encontrar en las Escrituras sagradas relatos que hicieran pensar en algo parecido.

En las fuentes cristianas se han conservado cerca de cuarenta parábolas con un relato más o menos desarrollado, junto a una veintena de imágenes y metáforas que se han quedado en un esbozo o apunte de parábola. Son solo una muestra reducida de todas las que pronunció Jesús. Como es natural, se conservaron los relatos que más repitió o los que con más fuerza se grabaron en el corazón y el recuerdo.

Solo Jesús pronuncia parábolas sobre el «reino de Dios». Los maestros de la ley empleaban en su enseñanza diversas clases de mashal, e incluso relatos muy parecidos a las parábolas de Jesús en su forma y contenido, pero con una función muy distinta.

Por lo general, los rabinos parten de un texto bíblico que desean explicar a sus discípulos, y recurren a una parábola para exponer cuál es la verdadera interpretación de la ley. Esta es la diferencia fundamental: los rabinos se mueven en el horizonte de la ley; Jesús, en el horizonte del reino de Dios que está ya irrumpiendo en Israel.

Tampoco las comunidades cristianas fueron capaces de imitar su lenguaje parabólico. Probablemente ya no se crearon nuevas parábolas. Las primeras generaciones cristianas se limitaron, de ordinario, a aplicarlas a su propia situación: unas veces reinterpretando su contenido original; otras, convirtiéndolas en «historias ejemplares»; y al parecer hubo una tendencia a atribuir un carácter alegórico a algunos relatos que, en boca de Jesús, eran sencillas parábolas.

Jesús no compuso alegorías: era un lenguaje demasiado complicado para los campesinos de Galilea. Cuenta parábolas que sorprenden a todos por su frescura y su carácter sencillo, vivo y penetrante. No es muy difícil ver dónde está la diferencia entre una parábola y una alegoría.

  • En una parábola, cada detalle del relato se ha de entender en su sentido propio y habitual: un sembrador es un sembrador; la semilla es semilla; un campo es un campo.

  • En la alegoría, por el contrario, cada elemento del relato encierra un sentido figurado: el sembrador es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semil~ason los hijos del reino; la cizaña, los hijos del maligno... Por eso la alegoría tiene siempre algo de sutil y artificioso: si uno no conoce de antemano la clave para descifrar su significado, resulta un lenguaje enigmático. Al parecer, a Jesús no le iba esta manera de hablar.

¿PARA QUÉ CUENTA JESÚS SUS PARÁBOLAS?

Ciertamente, aunque es un maestro en componer bellos relatos, no lo hace para recrear los oídos y el corazón de aquellos campesinos. Tampoco pretende ilustrar su doctrina para que estas gentes sencillas puedan captar elevadas enseñanzas que, de lo contrario, nunca lograrían comprender. En realidad, sus parábolas no tienen una finalidad propiamente didáctica. Lo que Jesús busca no es transmitir nuevas ideas, sino poner a las gentes en sintonía con experiencias que estos campesinos o pescadores conocen en su propia vida y que les pueden ayudar a abrirse al reino de Dios.

Con sus parábolas, Jesús, a diferencia del Bautista, que nunca contó parábolas en el desierto, trata de acercar el reino de Dios a cada aldea, cada familia, cada persona. Por medio de estos relatos cautivadores va removiendo obstáculos y eliminando resistencias para que estas gentes se abran a la experiencia de un Dios que está llegando a sus vidas. Cada parábola es una invitación apremiante a pasar de un mundo viejo, convencional y sin apenas horizonte a un «país nuevo», lleno de vida, que Jesús está ya experimentando y que él llama «reino de Dios». Estos afortunados campesinos y pescadores escuchan sus relatos como una llamada a entender y experimentar la vida de una manera completamente diferente. La de Jesús.

Con las parábolas de Jesús «sucede» algo que no se produce en las minuciosas explicaciones de los maestros de la ley. JESÚS «HACE PRESENTE» A DIOS IRRUMPIENDO EN LA VIDA DE SUS OYENTES. Sus parábolas conmueven y hacen pensar; tocan su corazón y les invitan a abrirse a Dios; sacuden su vida convencional y crean un nuevo horizonte para acogerlo y vivirlo de manera diferente. La gente las escucha como una «buena noticia», la mejor que pueden oír de boca de un profeta.

Al parecer, Jesús no explica el significado de sus parábolas ni antes ni después de su relato; no recapitula su contenido ni lo aclara recurriendo a otro lenguaje. Es la misma parábola la que ha de penetrar con fuerza en quien la escucha. Jesús tiene la costumbre de repetir: «Quien tenga oídos para oír, que oiga». Su mensaje está ahí, abierto a todo el que lo quiera escuchar. No es algo misterioso, esotérico o enigmático. Es una «buena noticia» que pide ser escuchada. Quien la oye como espectador no capta nada; quien se resiste, se queda fuera. Por el contrario, el que entra en la parábola y se deja transformar por su fuerza está ya «entrando» en el reino de Dios.

Jesús. Aproximación histórica. José Antonio Pagola, pág. 115-120. Editorial PPC (Madrid), 2007.

Listado de las parábolas de los evangelios sinópticos



Parábolas de Marcos

Marcos

Mateo

Lucas

El remiendo de paño nuevo

2, 21

9, 16

5,36

El vino nuevo

2, 22

9, 17

5, 37-39

El sembrador

4, 3-9

13, 3-9

8, 5-8

El grano de mostaza

4, 30-32

13, 31-32

13, 18-19

Los viñadores rebeldes

12, 1-11

21, 33-44

20, 9-18

La higuera que anuncia el verano

13, 28-29

24, 32-33

21, 29-31

La semilla que germina sin que se sepa cómo

4, 26-29







El portero

1, 34-36









Parábolas de la fuente de los logia (Mateo-Lucas)

Mateo

Lucas

En camino hacia el juez

5, 25-26

12, 58-59

Las dos casas

7, 24-27

6, 47-49

Los niños en la plaza

11, 16-19

7, 31-35

La vuelta del espíritu inmundo

12, 43-45

11, 24-26

La levadura

13, 33

13, 20-21

La oveja perdida

18, 12-14

15, 4-7

La invitación al banquete

22, 2-14

14, 16-24

El ladrón

24, 43-44

12, 39-40

El hombre de confianza

24, 45-51

12, 42-46

Los talentos / las minas

25, 14-30

19, 12-27


La fuente de los logia (llamada también fuente Q, aberviatura del alemán Quelle = fuente) es un escrito hoy perdido; comprendía esencialmente algunas palabras de Jesús (logia), recogidas con vistas a la enseñanza. Los investigadores proponen su utilización por Mateo y por Lucas, lo cual explicaría la abundancia del material común a estos dos evangelios y que falta en Marcos. Se constata la riqueza en parábolas de esta fuente, constituida en Palestina hacia los años 50.



Parábolas de Mateo

Mateo

La cizaña en el campo

13, 24-30

El tesoro oculto

13, 44

La perla

13, 45-46

La red

13, 47-50

El deudor no compasivo

18, 23-35

El salario igual

20, 1-16

El hijo que dice sí y el hijo que dice no

21, 28-32

Las diez doncellas

25, 1-13



Parábolas de Lucas

Lucas

Los dos deudores

7, 41-43

El samaritano

10, 30-37

El amigo inoportuno

11, 5-8

El rico y sus graneros

12, 16-21

Los criados vigilantes

12, 36-38

La higuera estéril

13, 6-9

La puerta cerrada

13, 24-30

El primer sitio en la mesa

14, 8-11

La construcción de la torre

14, 28-30

El rey que marcha a la guerra

14, 31-32

La dracma perdida

15, 8-10

El hijo perdido

15, 11-32

El administrador avispado

16, 1-8

El rico y Lázaro

16, 19-31

El siervo inútil

17, 7-10

El juez y la viuda

18, 2-8

El fariseo y el publicano

18, 10-14


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