Proyecto del senado 437 para enmendar el artículo 138 del código civil de puerto rico con el fin de eliminar cualquier distinción de género como obstáculo para la adopción por padre o madre funcional




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títuloProyecto del senado 437 para enmendar el artículo 138 del código civil de puerto rico con el fin de eliminar cualquier distinción de género como obstáculo para la adopción por padre o madre funcional
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PROYECTO DEL SENADO 437 PARA ENMENDAR EL ARTÍCULO 138 DEL CÓDIGO CIVIL DE PUERTO RICO CON EL FIN DE ELIMINAR CUALQUIER DISTINCIÓN DE GÉNERO COMO OBSTÁCULO PARA LA ADOPCIÓN POR PADRE O MADRE FUNCIONAL
22 de mayo de 2013
Honorable Miguel Pereira Castillo

Presidente

Comisión de lo Jurídico, Seguridad y Veteranos

Senado de Puerto Rico
Estimado Senador Pereira Castillo y demás integrantes de la Comisión de lo Jurídico, Seguridad y Veteranos:
Sometemos este memorial explicativo en apoyo al Proyecto del Senado 437 presentado por la Honorable Senadora María Teresa González López para enmendar el Artículo 138 del Código Civil de Puerto Rico, con el fin de eliminar cualquier distinción de género como obstáculo para la adopción por padre o madre funcional. La enmienda es necesaria para garantizar la constitucionalidad de las disposiciones pertinentes, así como para salvaguardar el mejor bienestar del menor o la menor cuya adopción se solicite, y que conforme a la prueba, la misma propicie dicho bienestar.
Quienes a usted se dirigen son madres lesbianas y padres gays cuyas familias se afectan directamente con la aprobación de este proyecto. Compartimos nuestros testimonios pues es meritorio ante la dimensión de la labor que enfrentan, conocer de primera mano historias reales de familias que luchan por el reconocimiento de sus derechos y por la protección de sus hijos e hijas. Apoyamos el Proyecto del Senado 437 pues entendemos que ser madre o padre "no es un hecho biológico, como ser progenitor/a, sino un hecho social, un proyecto vital originado en el deseo y el compromiso”.i Todos estos testimonios muestran que la decisión consciente y planificada de la maternidad y paternidad proviene del más profundo compromiso personal y de pareja de criar seres íntegros, felices y respetuosos de la diversidad humana.
A través de estos relatos deseamos contrastar distintas experiencias de acercamiento a las maternidades y paternidades LGBTT con el propósito de analizar, con una perspectiva de derechos humanos tanto de las lesbianas y gays como de los niños y las niñas, los retos y las luchas de las maternidades y paternidades. Sostenemos que es importante mirar el concepto de maternidades y paternidades más allá de lo biológico para incluir la experiencia social e histórica y pensar en el parentesco como una institución que comprende miembros escogidos más allá de la consanguineidad. Entendemos que “no se debería definir la familia mediante una construcción nuclear, la de marido, mujer e hijos. La familia es el lugar donde las personas aprenden a cuidar y ser cuidadas, a confiar y a que se confíe en ellas, a nutrir a otras personas y a nutrirse de ellas. La ley debería proteger y privilegiar a ese tipo de familia y no otro.”ii Es basándonos en esta visión de familia escogida y no necesariamente biológica, que apoyamos la figura de segunda madre o padre funcional o de second parent adoption.

La maternidad y paternidad en las comunidades LGBTT no se da “naturalmente”, no podemos ser sujetos pasivos. Involucra planificación, implica necesariamente que se cuestionarán las ideas tradicionales de la maternidad, la paternidad, el género y la familia. No hay guión. Mujeres que decidimos ser madres habiendo asumido nuestro lesbianismo debemos enfrentar procesos y decisiones que para muchas mujeres heterosexuales se dan por sentado. Lo mismo ocurre con los hombres gays que deciden ser padres. A pesar de las adversidades y los retos que verán en nuestros testimonios, y como así lo afirman diversos estudios, hemos construido familias sanas, niños y niñas más abiertos a la diversidad, al cambio, a la diferencia, menos agresivas hacia las que no son como ellas y ellos y menos ancladas a los estereotipos de género. Hemos enseñado a valorar la diversidad y enseñarla facilitándole a nuestros hijos e hijas ver que cada quien es especial.

No obstante las historias positivas, muchos son nuestros retos y preocupaciones. Ante el estado de derecho actual, nos preocupa la percepción de la madre o padre no biológico como de segunda categoría. Sentimos que tenemos que defender y reivindicar constantemente nuestra condición de madres y padres. Abrirnos espacios "a codazos", como coloquialmente diríamos, donde sólo la madre o padre biológico es socialmente permitido. Esto no sólo nos coloca en desventaja a nosotras y nosotros pero ciertamente pone en desventaja a nuestros hijos e hijas, despojándoles de toda protección legal de parte de su madre o padre no biológico. Así pues, el derecho a la adopción no es como muchos piensan un asunto para otorgarle derechos solo a las mujeres lesbianas u hombres gays, sino para reconocer los derechos a la familia, a la protección, a la salud que tienen los niños y niñas por el mero hecho de existir. La adopción de nuestros hijos no biológicos permitiría a nuestras familias ser plenamente visibles ante el derecho e indudablemente ante la sociedad.

¿Qué queremos para el futuro? El reconocimiento pleno de los derechos de nuestros niños y niñas. El reconocimiento pleno de nuestros derechos como madres lesbianas y padres gays. El reconocimiento pleno de los derechos de nuestras familias. El respeto de todas las diversidades que garanticen a los niños y a las niñas crecer y vivir en un mundo sin desigualdades. El derecho de nuestros niños y niñas a sentirse seguros y protegidos. Una sociedad más justa para todas y todos, sin violencias y sin exclusiones.

Aprovechamos para agradecer a las madres en el caso Ex-Parte AAR por su valentía y coraje al llevar su caso hasta el Tribunal Supremo y al exponer su familia públicamente para que tanto su familia como muchas otras tengamos el reconocimiento que merecemos. Han sido inspiración nuestra en este escrito.

A continuación nuestras historias:

ELEGIR Y NO ELEGIR

por

No elegí nacer sólo nací, aprendí a amar la vida y elegí vivirla intensamente. No elegí ser lesbiana, pero me enamoré de una mujer maravillosa y la sociedad me otorgó ese título, así que elegí ostentarlo con dignidad. Pienso que ningún homosexual o heterosexual eligió su preferencia sexual, pues la atracción sexual es tan natural como la vida así que una vez que se siente se elige asumirla y disfrutarla. Ser lesbiana es nadar contra la corriente y ser mirada como la pecadora más abominable del mundo y créanme que nadie elige vivir así. No se elige solo se vive porqué el amor todo lo puede, el amor no discrimina y como dice Corintios 13:4-7 El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor. El amor no se deleita en la maldad sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.

Por ese gran amor elegí amarla, cuidarla, respetarla y compartir mi vida con ella sin importar el qué dirán y el trato injusto. El qué dirán pasó muy rápido, pues la gente se dio cuenta que nuestra relación no afectaba en nada sus vidas, que somos personas buenas que lo único malo que hacemos es amarnos y en algún momento aprendí que amar no era malo.

Elegí vivir con ella y junto a ella he vivido 20 años de relación monógama, cristiana y de mucho amor. Nuestra estabilidad emocional, mental, económica y como pareja nos llevó elegir compartir este gran amor que nos sentíamos con un niño o una niña. Con 13 años de relación, entonces, elegimos buscar esa criatura por inseminación artificial y no fue posible, luego con inseminación in vitro y en nuestro séptimo intento Dios nos concedió el regalo de la maternidad. Glorioso el día que nos enteramos que seríamos madres. Habíamos elegido casarnos en Boston. En el 2004 visitamos Boston y nos unimos ante la ley a pesar que nuestro país no nos reconoce como esposas, pero lo hicimos con la intención de parir allá para que nuestro niño o niña tuviera ambos apellidos y a sus dos madres en su certificado de nacimiento con la ilusión de proteger el niño o niña ante la ley. Fue tanto el dinero que invertimos en PR para tener el embarazo que ese gran sueño quedó frustrado y tuvimos que parir en la tierra sin derechos. Y ahí fue que cuando todo fue realidad y comenzaron los miedos:

1. Si la madre biológica muere o incapacita ¿cómo se hace para que la otra tenga la patria potestad?

2. Si el niño o niña enferma ¿cómo se hace para que lo lleve al médico, lo hospitalice o tome decisiones médicas la no biológica?

3. Cuando se inscriba, tendrá solo el apellido materno y es como si se le dijera al mundo que nadie más lo amó al grado de reclamarlo su hijo. Lo triste es que alguien lo ama tanto o más que su madre biológica y nuestras LEYES le impiden decirle al mundo, a través de su apellido, cuánto lo ama.

4. Si la madre biológica no tiene plan médico, ¿cómo hacer para que el plan de la no biológica lo proteja?

5. Si tiene que viajar con la no biológica, ¿cuántos trámites hay que hacer?

6. Si la madre no biológica muere, ¿qué beneficios tiene el niño? ¿cómo puede heredar su hijo si ni siquiera su esposa es reconocida en este país?

7. ¿Cómo la madre no biológica puede reclamarlo en su planilla?

8. ¿Cómo la madre no biológica le puede abrir una IRA educativa?

9. Y cada día surgen preguntas nuevas según nos enfrentamos a nuevos retos. Cada uno de estos miedos son un beneficio, un derecho que nuestro hijo no tiene por ser invisible en mi Borinquen Bella. Todas las dudas siguen en el tintero y ya nuestro niño tiene cinco años. Han sido cinco años de más amor y poca protección legal. Hemos contado con la buena voluntad de médicos, maestros, amigos, familias, Iglesia y trabajos que nos reconocen como familia, pero hasta ahí pues somos una familia de mentira para la Ley. Para la Ley no existimos, somos invisibles (lo que nos hace súper heroínas) y por lo tanto según los fundamentalistas no es necesario protegernos, así lo hemos sentido todos estos años. Aún no entiendo a mis hermanos fundamentalistas, pues no sé cómo utilizando el nombre de Dios pueden odiar y discriminar a su prójimo. Según ellos Dios nos juzgará, pero estoy segura que a ellos también. A nosotras nos juzgarán por haber amado intensamente y a ellos por haber marginado y odiado intensamente.

El niño que elegimos traer al mundo con la aprobación de Dios, crece en un hogar libre de discrimen, no ve nada malo en tener dos mamás. Sabe cómo vino al mundo y lo explica con orgullo y naturalidad. En todos lados nos presenta con orgullo agrandando nuestro ciclo de amistades y obligándonos a salir del clóset. Amamos a nuestro hijo con todo nuestro ser, no hay barrera que no podamos derribar por él. Les aseguro que a diferencia de muchos hijos e hijas de heterosexuales, nuestro hijo no fue producto de un fallo en el cálculo, ni de una noche loca, ni de una idea maquiavélica por retener a una pareja. Nuestro hijo es producto del amor y del compromiso. ¿Cuántos heterosexuales entregan a sus hijos en adopción o los maltratan? ¿Cuántos homosexuales desean cuidar y dar amor a un hijo o hija? Veo un desbalance que solamente la ley puede balancear.

Elegimos hacer de nuestro hijo un hombre de bien, libre de prejuicios, justo, piadoso, trabajador, amoroso y cumplidor de la ley y el orden. Ayúdenos a criar a nuestro hijo en un PR de justicia, permita que nuestro hijo tenga los mismos derechos de cualquier niño con madre y padre. Nuestro hijo no es más ni menos que nadie, por eso le solicitamos su protección ante la ley.

Honorables Legisladores quiero decirle que existimos, que somos minoría y como tal somos pisoteados por la ley. Somos puertorriqueñas, trabajamos y contribuimos al bienestar del país y necesitamos de LEYES que nos protejan. HEMOS ELEGIDO LUCHAR POR NUESTRA FAMILIA.

Soy mami de dos niños

por

Soy mami de dos niños. Así me llaman mis hijos. A mi primer hijo tuve el privilegio de verlo nacer antes que su madre bilógica. Al segundo lo llevé en mi vientre por nueve meses. Ambos niños comparten la mitad de su material genético, pues fueron fruto de inseminación alternativa con el mismo donante anónimo. Además de compartir parte de su material genético mis hijos comparten su vida juntos. A los dos los amo profundamente. Sin embargo, hay varios temores que me roban la paz relacionados a la desprotección legal que padecen mis hijos.

Mi hijo no biológico tiene 6 años. Si las leyes de este país no cambian jamás podré reconocerlo legalmente. Si su madre biológica está lejos y ocurre alguna enfermedad o emergencia no puedo tomar decisiones sobre su salud. No puedo proveerle plan médico de ser necesario y no puedo heredarle mis bienes al igual que a su hermano. El temor de perderlo es una constante en mi vida.

Otros son los miedos con mi hijo biológico. El más pequeño de mi hogar (4 años) nació con una condición llamada Trastorno Oxidativo Mitocondrial. Esta condición retrasa su desarrollo y requiere de cuidados muy particulares: dieta libre de gluten, caseína y colores artificiales, variadas terapias y seguimiento de numerosos tratamientos. La compleja tarea de atender sus necesidades especiales ha sido compartida con su madre no biológica desde los 10 meses de nacido. Me agobia pensar que si, por alguna razón yo falto, su madre no biológica no pueda suplir los cuidados tan particulares que mi niño requiere y que sólo ella puede proveer porque sólo ella ha estado ahí para entenderlos y atenderlos.

A todo esto se suma la angustia de suponer que estos dos hermanos sean separados. Mis hijos desayunan juntos, se van a la escuela juntos, cenan juntos, duerme en el mismo cuarto, celebran navidad, vacaciones y actividades familiares juntos, en fin viven juntos. El efecto que podría tener su separación, como consecuencia de la ausencia o muerte de una de sus madres sería devastador e insuperable. Mis hijos se apoyan, se necesitan y se aman. No puedo imaginarlos separados.

El fallo en contra, que adjudicó el Tribunal Supremo a las madres que recientemente solicitaron la adopción de su hija provocó una gran ansiedad para muchas familias como la nuestra. No tenemos protección judicial. Estamos solos/as y al desamparo de cualquier interpretación conservadora y represiva que nos separe. Muchos afirman con razón que el amor es la meta última y más elevada a la que puede aspirar un ser humano. Si eso es así, entonces es insostenible que el amor que nos une se vea amenazado por el estado de derecho actual que se ampara en ideologías fundamentalistas. Por favor ayúdenos a no ser excluidos/as y marginados/as. Nuestra petición es la más digna y noble de todas: pedimos el derecho a proteger, cuidar y apoyar a nuestros/as hijos/as.

Se trata del amor

por

Hola, mi pareja y yo llevábamos juntas 6 años cuando decidimos extender nuestra familia. Hoy en día tenemos 10 años de relación y 2 niñas maravillosas, una de 4 años y otra de solo 3 meses. Ambas concebidas a través de inseminación por el mismo donante (Obtenida por Banco de Esperma) y ambas fueron traídas a este mundo por mi pareja (su madre biológica) y desde el momento en que vimos esa habichuelita diminuta con un corazón latiendo a toda velocidad sabíamos que era nuestra hija. Un ser maravilloso que llegó a nosotras en el tiempo de Dios, que es cuando pasan las cosas. Todavía recuerdo el momento que lloró nuestra niña al nacer... es la emoción más grande que he sentido en mi vida...un regalo de amor.

Desde ese momento maravilloso somos bendecidas, nuestra familia, nuestros amigos, nuestra amigas y nuestros compañeros y compañeras de trabajo solo han sabido, año tras año, celebrar nuestras bendiciones. Cuando escogimos una escuela para nuestra hija, escogimos una que apoya la diversidad y que le ha enseñado a ella y a otros niños que hay familias diferentes y eso es bueno porque de eso nos nutrimos y construimos un mundo mejor donde todos somos iguales y poseemos los mismos derechos. Llegar a la escuela y que le digan a tu hija, con tono de emoción..."Hola, que bueno que hoy te trajeron tus 2 mamas", créeme hay que ver cómo le brillan sus ojitos. Es una niña amorosa, feliz, segura de sí misma, una líder en su cortita edad, querida por todos y todas.

Hoy mi pareja y yo llevamos 10 años de sólida relación en Puerto Rico y cerca de un año de casadas en NY, tenemos 2 testamentos, 3 poderes para poder proteger el bienestar de nuestras hijas, un contrato de comunidad de bienes, 3 seguros de vida, propiedades compradas de forma que a ellas nunca les falte un techo.... hemos gastado mucho, mucho dinero para proteger lo que es su derecho. Y aun así, si algún día faltamos, o mi pareja o yo, ellas quedan desprovistas de lo que les corresponde por derecho. ¿Qué derecho? el derecho que tiene un hijo que es concebido en un hogar que lo deseaba, que nace del amor de dos personas que responsablemente se cuidan, se respetan y que están determinadas a darle lo mejor a sus hijos e hijas. Ahora nos vamos a vivir fuera de PR y en 3 meses completaremos lo que llaman un second parent adoption... qué pena que nos tengamos que ir de nuestro país para proteger a nuestras hijas.

Mi pareja y yo, estamos decididas a darles a ellas todo, así que el derecho de tener sus 2 Mamás no lo puede cambiar nadie. Hay que entender eso, ellas tienen 2 Mamás que las aman y punto. Por lo demás haremos lo que tengamos que hacer y la falta de acción de nuestro amado país no detendrá la lucha para que ellas tengas lo que les corresponde.

La pregunta que me hago es ¿por qué tiene que ser así? ¿acaso no vemos lo que está pasando en el mundo?, ¿acaso no nos damos cuenta que estamos mezclando el derecho con los aspectos morales de un grupo determinado?

Es preocupante saber que estos niños que llegan a los hogares de personas que genuinamente desean ser madres o padres se les niegue el derecho de ser protegidos, alimentados y cuidados por las personas que se comprometieron a traerlos al mundo y en especial si la parte no biológica falta. Son hijos del amor y del respeto de personas de bien.

Pensemos en una pareja heterosexual que decide tener un hijo(a) por inseminación por donante porque su pareja no puede concebir, ¿tendríamos que negarle el derecho a su padre no biológico o peor aún forzar a su madre biológica a renunciar a todos los derechos de su hijo para que su padre no biológico pueda adoptar? suena absurdo, es absurdo, más esa es nuestra realidad. Esa fue la contestación que me dieron en aquí en Puerto Rico cuando pregunté cómo podía adoptar a mis hijas... absurdo.

Hay que tomar estas decisiones con conciencia de derecho, con la claridad de que todos fuimos creados iguales y tenemos los mismos derechos como personas que existimos en este mundo tan diverso. Las posturas religiosas hay que respetarlas, es por eso que cada persona escoge la religión a la cual se afilia, eso no tiene nada que ver con el derecho de los niños a ser protegidos por sus padres en este caso por sus madres...ellas tienen derecho a esto porque llegaron a este mundo gracias a nosotras.

Mi niña de 4 años, que habla muy bien y con corrección, nos dijo un día; "Mamá, Mami, estoy feliz", le preguntamos por qué y nos dijo; "porque Mami y Mamá me aman mucho"... Y de eso es que se trata.

Si Dios le dio la vida...

por

Soy una madre lesbiana en un país en el que muchos creen que eso no es posible: si se es lesbiana, no se puede ser madre; si se es madre no se puede ser lesbiana. Y hubo un tiempo en que también yo lo creí. En aquel entonces ya me había resignado a que la felicidad nunca es completa y que para poder compartir mi vida con alguien debía renunciar al sueño de tener un hijo.

Sin embargo, alguien llegó. En aquella época ella también compartía la creencia de que una familia la forman Papá, Mamá e hijos. Fue muy clara cuando decidimos darnos una oportunidad: “te amo, pero esto no será para siempre, pues yo me casaré y tendré hijos.”

Ella no sabía, ni yo tampoco, que al pasar el tiempo el amor aumentaría. Ella no sabía, ni yo tampoco, que éramos almas gemelas. Ella no sabía, ni yo tampoco, que no hay cosa que añoraríamos más que llegar a ser viejitas juntas. Y en ese pensamiento, 10 años después de comenzar a compartir nuestras vidas, llegamos a la conclusión de que no hay manifestación de amor más grande y pura que la de formar y amar un hijo juntas.

Comenzamos la búsqueda de un médico que nos atendiera y nos ayudara a completar nuestro sueño. Encontramos uno que quedó convencido al preguntarnos si le explicaríamos al niño su origen. Con toda seguridad, le miré a los ojos y le dije: “Por supuesto. Él sabrá que es producto de nuestro amor. No le daremos espacio a interpretaciones.” Y con la sonrisa de aquel médico comenzamos el proceso.

Mi pareja y yo somos creyentes de Dios y su palabra. Así que el día que íbamos de camino a la inseminación nos tomamos de la mano y oramos de esta forma: “Señor, sabemos que la hoja no se mueve en el árbol, si no es por tu voluntad. Sabes el amor tan profundo que hay en nuestros corazones y te pedimos que lo tengas en cuenta al cumplir nuestro deseo. Si quieres que este bebé sea, será para tu honra y gloria. Si no lo quieres lo entenderemos.” Quince días más tarde recibíamos la noticia de que nuestro hijo estaba formándose en el vientre de mi pareja. Hoy ya tiene 16 meses.

Como madre no-biológica, nunca me detuve a pensar mucho en las complicaciones que pudiéramos tener por nuestra composición familiar. Pensamos que teníamos la capacidad para poner todos los asuntos necesarios en orden. Hasta que me tocó llevarlo a un médico nuevo. La pediatra del niño nos conoce y nunca hemos tenido problemas en que cualquiera de nosotras lo lleve a la consulta. Pero un día que estaba sola con él, la doctora encontró un pequeño problema y lo refirió a un especialista. Me dijo que había uno en el mismo edificio, que aprovechara a que lo vieran ese mismo día. Diligentemente, me dirigí a la oficina del médico y es cuando recibí el primer choque de realidad: no podrían atenderlo porque no era su madre biológica, no era su tutora legal y no llevaba conmigo ningún documento que me autorizara para la consulta. Lo más que me permitieron hacer fue una cita para una fecha posterior.

Debo reconocer que todo el camino de vuelta a casa lloré. Es una sensación de impotencia que no le deseo a nadie. ¿Qué tal si fuera una emergencia? Y entonces comenzaron a llegar todas las demás preguntas. ¿Qué protección tengo para poder decidir en las cuestiones de salud de mi hijo, que no sea la buena voluntad de mi pareja? Y si, Dios no lo quiera, nos separamos, ¿podré seguir participando? Es más, ¿podré compartir la custodia de mi hijo? ¿Cómo haríamos para establecer una pensión alimentaria? Y si mi pareja muriera, ¿qué debemos hacer para asegurarnos que mi hijo se quede conmigo?

Entonces la frustración se convirtió en coraje: quiere decir que si yo me incapacitase, mi hijo no tiene derecho a mi seguro social, que es algo que yo trabajo. Igual que con mi plan médico: si mi pareja perdiese su trabajo no puedo incluirlo. Además, se ve limitado por ley en recibir mi herencia completa en caso de mi muerte, aún con un testamento de por medio.

Al día siguiente de este evento, durante la hora de almuerzo, le contaba a algunos compañeros y amigos mi mal rato. Una de las personas en la mesa que es miembro de una religión cristiana conservadora, me contesta: “a mí se me hace extremadamente difícil entender eso, porque en mi mente tú eres su mamá”.

Eso es cierto, soy su Mamá. Soy a quien llama desesperado buscando refugio cuando está en apuros. Soy quien baila todas las canciones de Atención Atención con él. Soy quien lo levanta en las mañanas para llevarlo a casa de su Abuela. Soy quien lo entiende con solo mirarlo. Soy quien lo desarropa en las noches, pues como a mí, no le gustan las sábanas. Soy a quien busca y toca mientras se queda dormido, para asegurarse de que estoy ahí… y mientras Dios lo permita, ahí estaré.

Mucho se ha hablado de que concedernos estas protecciones de ley a nuestra familia atenta contra la familia según definida por Dios… Pero nosotras estamos fielmente convencidas de que nuestro hijo es producto de la voluntad de ese mismo Dios. Y si Él le concedió la vida, ¿por qué negarle derechos en su nombre?

Desde Mi Perspectiva

por

Así es como lo veo,

Un día me decidí a cambiar mi manera de vivir la vida y eso implicaba no conformarme con menos que la felicidad. Tuve la dicha de conocer a mi compañera hace 10 años y fue un “click” inmediato. Supe que era ella mi complemento perfecto porque a pesar de no ser iguales, teníamos los mismos valores y veíamos la vida de una manera similar. Cuando tocamos el tema de ser madres todo fluyó con naturalidad y supimos que era algo que teníamos que por lo menos intentar. Hoy somos madres de dos hermosas niñas, si me preguntan a mí, de las dos niñas más perfectas que puedan existir. Ellas solo conocen y han sentido en nuestro hogar lo que es el amor, el respeto y lo que es una verdadera familia. Por lo menos la niña grande, sabe que su familia es de dos mamás y dos hermanitas y se lo dice a todo el que puede. Sabe que sus mamás nunca lo ocultan y que sienten mucho orgullo. Sabe que su familia extendida, amistades, vecinos y que en la escuela todos nos conocen y nos aceptan como una familia más. Ella no siente que carece de un papá, sino que tiene la dicha de tener, no una, sino dos mamás que la adoran y la protegen. Estoy segura de que a sus cuatro añitos, no entendería el concepto del maltrato si se lo explicara.

Si el bienestar de los niños es de lo que verdaderamente se trata, ¿por qué la ley les niega lo que en realidad tienen? ¿Cómo es que está bien que la ley no los cobije igual que a los demás? La ley no nos permite casarnos para garantizar sus derechos. La ley no permite a mi pareja adoptar legalmente a nuestras hijas sin que yo renuncie a mis derechos. ¿Cómo eso es justo para mis niñas? ¿Cómo eso es justo para nosotras? ¿Es que en realidad no somos iguales, ni merecemos ser tratadas con igualdad?

En estos tiempos el mundo es bien distinto al de 50, 20, 10 e inclusive 5 años atrás en cuanto a derechos humanos. Me entristece grandemente pensar que mi País se quede atrás y no evolucione con junto al mundo. Es tiempo de hacer lo correcto y dejar el discrimen atrás. Esto no es cuestión de religión, y para el que le preocupe, mi relación con Dios está muy bien. Me bendice todos los días de mi vida. Mi conciencia y mi corazón están limpios. Familias como la mía no van a dejar de existir porque no se nos concedan los mismos derechos, simplemente seguiremos marginados injustamente.

Para el que tiene el poder de cambiar nuestra realidad, está en sus manos estar o no del lado vergonzoso de la historia. Está de usted que en el futuro, cuando esto ya no sea un tema de discusión, sentir tranquilidad en su conciencia porque hizo lo correcto cuando en realidad importaba.

El verdadero bienestar

por

Mis hijos han sido y serán siempre el regalo más maravilloso que he de recibir jamás y así los atesoro cada día de mi vida. El mayor de 6 años es un ser sensible, elocuente, analítico, cariñoso, generoso, disfruta pintar, jugar, ir a la playa, practicar deportes, está lleno de energía y pasión por la vida. El menor de 4 años, es sumamente amoroso, alegre, le encanta la música, el canto, el baile, le apasiona la playa, los animales, la naturaleza, le fascina jugar y correr. Tienen unas sonrisas que iluminan el mundo. Estos dos niños son la razón que me mueve, quienes me inspiran a seguir creciendo, quienes me han enseñado a amar más allá de lo que pensé sería posible amar. Imagino que muchas madres y padres sentirán así de sus hijos.

El mayor nació de mi vientre, mientras que el menor nació de mi ilusión y de mi gran amor por él. Nació del vientre de su otra mamá. Desde un principio nos planteamos la posibilidad de tener hijos porque siempre habíamos querido ser madres y yo no proyectaba renunciar a ello por ser lesbiana. Deseábamos sobretodo que nuestros hijos crecieran sabiendo que habíamos tomado esta decisión de traerlos al mundo por amor, y que en amor crecerían no importaba lo que sucediera. Fue entonces que intentamos la inseminación alternativa. Luego de seis intentos quedé embarazada.

El nacimiento de nuestro hijo fue celebrado por nuestros familiares y amistades, nuestro núcleo de apoyo. Ambas compartíamos la experiencia de tener hermanos y deseábamos que nuestro hijo tuviese la oportunidad de crecer con un igual que pudiese identificarse con su experiencia de vida. Así pues emprendimos la búsqueda de nuestro segundo hijo. Luego de año y medio de tener a nuestro primer hijo, nació el segundo, producto del mismo donante anónimo, esta vez del vientre de su otra mamá. Es decir, nuestros hijos son hermanos, no solo de crianza y amor, sino de sangre.

En lo personal, esto me coloca en la interesante posición de tener tanto la experiencia de ser madre biológica, como ser madre no biológica. De conocer en carne propia lo que significa tener la seguridad jurídica que brinda el parir un hijo y la inseguridad y total desprotección de criar a un hijo al margen de la ley. Puedo decir con toda honestidad y certeza que no existe en mi corazón diferencia alguna en mis sentimientos hacia mis hijos. Ahora bien, el mundo hace distinciones y el estado de derecho se encarga de recordarme que no estoy ligada jurídicamente a uno de mis hijos.

Esta marcada diferencia la he vivido dolorosamente por la situación de salud de mi hijo menor. Desde que el tenía 6 meses mostró atrasos en el desarrollo y problemas de salud. Desde entonces emprendimos un largo viaje para identificar qué era lo que le pasaba a nuestro hijo. En los últimos años han sido muchas las noches sin dormir, muchas las horas buscando información, muchas horas en salas de espera de médicos especialistas, muchas las evaluaciones, muchas las reuniones con maestras y terapistas, muchas las horas en el Departamento de Educación. Desde los 10 meses ha estado en terapias, desde el año y medio ha estado en la escuela y en una dieta especial, desde los dos años con suplementos y medicamentos. Hemos movido cielo y tierra para proveerle todo lo que necesita para que se desarrolle sanamente y logre su máximo potencial. Al día de hoy sabemos que tiene una condición que se llama Trastorno Oxidativo Mitocondrial y atraso en el habla, pero dentro de su condición mi hijo está muy bien. Han sido varias las especialistas que se han quitado el sombrero ante nosotras por nuestra labor incansable y han reconocido que nuestro hijo ha dado grandes pasos gracias a nuestra intervención temprana y dedicada. La lucha continúa pero siento una inmensa alegría de ver los adelantos de mi hijo y el ser maravilloso en el que se ha convertido.

Fui la primera persona que lo cargó, que lo arrulló, que le dio un beso. Junto a su otra mamá, he estado para él cuando ha tenido miedo, quien se ha quedado despierta velándolo cuando arde en fiebre, quien se asegura de cumplir con el protocolo de suplementos, quien de mirarlo a los ojos sabe que su salud está resentida y no está teniendo un buen día, quien ha celebrado cada pequeño logro como si fuera lo más grade del universo (cuando uno tiene un niño especial adquiere otro significado), quien le agarra la mano fuerte para darle seguridad y le dice con mucha confianza "tú puedes papito, dale", quien junto a su otra mamá también lo ama sin límites, incondicional y profundamente.

Cada vez que visitamos un médico o acudimos a un terapista, me recuerda que no soy reconocida jurídicamente como su madre y que no puedo tomar decisiones. Aunque he sido muy afirmativa y asertiva en mis visitas a los médicos para que entiendan que soy parte de la vida de este niño y que ambas lo entendemos así, siempre hay una especie de forcejeo, una lucha para meterme en estos espacios. Me resulta completamente agotador y siento que no debería ser necesario.

Me aterra pensar que si algo le pasa a su madre biológica su familia reclame su custodia. Ellos viven fuera de San Juan y por cuestiones de distancia no han estado tan involucrados en los asuntos relativos a su salud. Conocen poco de su condición y aunque eventualmente seguro aprenderían, ese tiempo que se pierde es sumamente preciado. Por otro lado, tienen menos acceso a especialistas y terapias que son vitales para que continúe el progreso en su desarrollo.

Por otro lado, me angustia bajo este mismo escenario lo que sucedería entre mis dos hijos. Desde un principio hemos estado claras que no importa lo que ocurra nuestros hijos serán criados juntos, como hermanos que son. La relación que tienen es hermosa y me enorgullece cada día presenciar el amor profundo que se tienen, el apoyo que se brindan mutuamente, como se extrañan si no están uno al lado del otro, como se cuidan y se dan amor, como juegan juntos, como se dicen palabras de aliento, como se abrazan espontanea e impulsivamente para darse cariño, como se preocupa el uno del otro, como pelean, discuten y resuelven. Esa relación que nosotras hemos aportado a desarrollar, es sagrada e importantísima en la vida de cada uno. Si una de nosotras falta, ¿qué garantías tenemos de que estos dos niños no serán separados? Dependeríamos únicamente de la buena voluntad de nuestros familiares para dar continuidad a la relación, pero nada más. Se destruiría su espíritu porque no solo perdería a su madre biológica, sino perdería de un solo golpe a toda su familia.

El que cada una de nosotras pueda adoptar a nuestros hijos no biológicos, nos permitiría asegurar la estabilidad e integridad de su familia en caso de que una de nosotras falte. Esto garantizaría que puedan permanecer con su madre no biológica y con su hermano. Por otro lado, el poder adoptar nos permitiría tener credibilidad al momento de tomar decisiones médicas que afectan a nuestros hijos, que se beneficien de cualquiera de nuestros seguros médicos si alguna perdiera el trabajo, nos permitiría tomar decisiones en situaciones de emergencia, podríamos dividir nuestra herencia en partes iguales para nuestros hijos, entre otras cosas. Sobre todo, mis hijos tendrían la seguridad de acompañarse y que esa relación que existe entre ellos no se vea amenazada si una de nosotras faltara.

Abogo por el derecho a adoptar, por el derecho de brindarle seguridad a mis hijos. Abogo por el derecho a la equidad que tenemos como ciudadanas y ciudadanos. Abogo por la igual protección de las leyes. Estimados legisladores y legisladoras, tienen en sus manos una oportunidad única de hacer justicia y proclamar el bienestar de muchas niñas y niños en nuestro País. Porque al fin y al cabo el verdadero bienestar de nuestros hijos yace en el amor profundo, en el respeto y la seguridad que le brindan los seres que han estado en cada paso de sus vidas.

Nada es como antes

En el 2008, al cumplir 8 años de relación, mi pareja y yo comenzamos a conversar de la probabilidad de convertirnos en padres adoptivos. Con muchos miedos de fracasar en el intento, debido a que conocíamos las dificultades que enfrentaban parejas del mismo sexo que tenían nuestras mismas intenciones.

Conscientes de que la adopción solo podía hacerla uno de nosotros como soltero, siempre tuvimos muy claro que la decisión de convertirnos en padres no biológicos traía consigo unas responsabilidades con esa criatura para toda la vida.

Y fue en marzo del 2010 que finalmente uno de nosotros, con todo el apoyo del otro, completó lo requerido para comenzar el trámite de adopción. Fueron días de larga espera mientras todo el proceso se completaba y entre papeles, requisitos e investigaciones los días pasaban y el tiempo se convertía en la oportunidad de prepararnos para la llegada de esa nueva criaturita.

Luego de dos años y un poco más de espera, un viernes 9 de diciembre recibimos la noticia de un candidato o candidata sería presentado para evaluación. Y el miércoles 14 de diciembre del 2011 este angelito al que habíamos tratado de ponerle un rostro en nuestra imaginación de padres, se materializó y cara a cara lo pudimos ver sintiendo una gran emoción que solo puede explicarse cuando se tiene un “Parto del Corazón”.

Nuestra hija fue una niña esperada por todos. Nuestras familias, amigos, vecinos y compañeros de trabajo de la misma manera anhelaban su llegada y fueron parte de este hermoso proceso.

Y comenzó la travesía por la vida de padres enfrentando los retos que cualquier familia tradicional encuentra; la adaptación de la niña, su escuela y la disciplina, las fiebres y los catarros, lo que puede y no puede comer, en fin todo lo que un niño de 3 años necesita y demanda.

Hoy, luego de casi 2 años de uno de nosotros tener la custodia física de la niña, nos encontramos en lo que podemos llamar la culminación del proceso. Esperamos la vista donde la trabajadora social ante el procurador de menores y el juez presente toda la recopilación de datos que complementan el estudio social que por más de un año se estuvo realizando.

Soy la pareja que por más de 10 años ha compartido la vida del que ante la ley se convertirá en padre adoptivo. Luego de escribir esto, tengo que reconocer que me siento uno de los padres de esta chiquita o mejor dicho su papito como diría ella. Aunque el estado no me reconozca como tal, el amor que ha nacido, crecido y que hoy nos tenemos, me da ese derecho. Hoy me siento responsable de hablar por las decenas de hombres y mujeres que han decidido responsablemente formar una familia no tradicional, que teniendo la valentía no le temen a asumir la responsabilidad de la crianza de un niño.

Hoy quiero ser la voz de aquellos hombres y mujeres que se desvelan junto a la cama de sus hijos protegiéndolos. Quiero expresar la frustración que se experimenta al no tener un apoyo legal que te permita poder llevar a tu hijo/a al médico, sin necesidad de tener la autorización de su padre biológico o adoptivo, aunque sea la pareja de más de 10 años.

Siento la necesidad de comunicar cuan difícil es el no poder firmar documentos escolares aún siendo parte fundamental del proceso educativo de tu niño/a. Tengo la preocupación genuina de cuan desprovistos de derechos podemos quedar las parejas ante una separación y cuan desprovistos quedarían los menores al no existir ningún mecanismo que nos haga responsables de seguir proveyendo a estos el sustento aunque no seamos legalmente su papá o su mamá.

Es mi responsabilidad hacer entender que esto va más allá de una orientación sexual y de religiones. Se trata del amor que papá o mamá, papi o papito, mamá y mamita puedan darle a una criatura.

Ningún hombre puede saber qué significa la vida, el mundo o cualquier cosa, hasta que tiene un hijo y lo ama. Entonces todo el universo cambia y nada es exactamente igual que antes.

“Lo que unirá a tu familia no es la sangre, sino el respeto y el goce mutuo, cimentados en el amor”.

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 Cuadernillo No 1 Maternidades Lésbicas, LESMADRES, mayo 2009

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 Relatora Especial de Naciones Unidas sobre Violencia contra la Mujer


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