La epistemología: realismo e idealismo




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Tema 5

El conocimiento (Psicología I)

TEMA 5

EL PROCESO DEL CONOCIMIENTO

(PSICOLOGÍA I)


  1. La epistemología: realismo e idealismo.

1.2. Racionalismo y empirismo.

    1. Mi perro y yo: una introducción a la psicología.

  1. La percepción.

2.1. La sensación y la atención.

2.2. El asociacionismo y la psicología de la gestalt.

2.3. Aplicaciones.

  1. El aprendizaje y la conducta.

3.1. Aplicaciones.

  1. La memoria y sus tipos.

  2. El pensamiento.

5.3. Racionalidad y toma de decisiones.

5.4. Aplicaciones a la economía: el dilema del prisionero
1. LA EPISTEMOLOGÍA: REALISMO E IDEALISMO.

El conocimiento es tradicionalmente una de las preocupaciones más acuciantes del pensamiento filosófico en todas las épocas. Desde Grecia, casi todos los pensadores se han preguntado cómo puede conocer el hombre la realidad que le rodea, y si ese conocimiento puede ser cierto. Este problema se haría tan importante que daría lugar a una rama dentro de la filosofía conocida como epistemología. En nuestros días, tal enfoque no se puede hacer sin el recurso a disciplinas auxiliares a la reflexión filosófica, como es la psicología, o la teoría de la investigación científica. Nosotros nos vamos a centrar fundamentalmente en las aportaciones de esa primera disciplina.

En la filosofía moderna (siglo XVII-XVIII) los filósofos más importantes iniciaron un acercamiento genético al problema (ojo, genético aquí viene de génesis: inicio o nacimiento): cómo se origina el conocimiento en nosotros. Y aparecieron dos opciones fundamentales: realismo e idealismo.
REALISMO: Esta corriente defiende que los seres humanos conocemos la realidad tal y como es. Para Aristóteles, por ejemplo, el mundo se pone en contacto con nosotros a través de los sentidos y nosotros lo percibimos adecuadamente, sin que el sujeto intervenga para nada en el proceso de conocimiento. Todas las ideas abstractas que después pueda desarrollar el pensamiento humano, vendrán generadas por esa experiencia empírica previa.

Hoy en día la ciencia, la lógica y la matemática defienden la existencia de un mundo real, con sus leyes dadas, que existe independientemente del hombre y que podemos conocer de manera cada vez más objetiva. Para ese conocimiento no bastan obviamente nuestros sentidos (que nos pueden engañar) sino instrumentos de precisión y un aparato lógico-matemático riguroso. Esta es la tesis de la escuela de Viena, K.R.Popper o Mario Bunge.

Pongamos el siguiente ejemplo. Ante la pregunta: “¿qué es lo que ves?” Y decimos: “un pupitre alargado y marrón”, el realista afirmará que esa mesa es conocida tal y como es en la realidad. El objeto (mesa) impone la veracidad de la realidad al sujeto (yo).
IDEALISMO: En este caso, esta corriente afirma que conocemos la realidad a través de nuestras facultades cognitivas, que “deforman” o hacen ver la realidad de una forma particular y no completamente objetiva. Nosotros percibimos la realidad a través de ideas, o representaciones mentales. Seguidores de esta corriente fueron todos los filósofos modernos, especialmente Kant. Kant pensaba que en el proceso de conocimiento, nuestras facultades de conocimiento “ponen” algo de su parte en el objeto percibido. Así, si la experiencia empírica (de nuestros sentidos) es la principal fuente de conocimiento, esta es tratada o filtrada desde los parámetros humanos: espacio, tiempo, categorías… Otros pensadores, de forma más radical, llegarán a pensar que de hecho toda nuestra visión de la realidad no deja de ser una construcción del sujeto (como Marx o Hegel). Esta corriente fue seguida por la filosofía de la Edad Moderna, Hegel, Marx y otros autores, y encuentra su eco actual en la metodología de las ciencias humanas y sociales, como la psicología.

Siguiendo el ejemplo anterior de la mesa, la respuesta del idealista sería: “El pupitre es marrón porque nuestra facultad sensitiva óptica permite reconocer colores. Los perros lo verían en blanco y negro”. “Además, esto es un pupitre para mí. A lo mejor en otra cultura esto es una mesa de banquetes”. El sujeto (yo) percibe el objeto (mesa) de una forma particular a través de una idea (representación mental).




¿Qué es la realidad de las personas en los chats?

Un ejemplo perfecto para explicar las diferencias entre realismo e idealismo lo encontramos en chats internáuticos y redes sociales tipo Tuenti. En los chats conocemos a las personas de una manera “filtrada”: es decir con aquellas cosas que dichas personas dejan entrar en el ordenador, o con aquellas otras que otros cuelgan en la red. No conocemos por tanto a las personas “en realidad”, sino a sus ficciones. Pero aquí, entra en juego entonces la verdad: la adecuación entre la idea que tenemos del mundo y ese mundo exterior: qué es y que no es la realidad. Y mucha gente empieza a perder la capacidad para distinguir entre mundo real y mundo virtual.



2. EMPIRISMO Y RACIONALISMO.

Justo en el momento en el que la polémica entre idealistas y realistas estaba más en boga, también surgió un problema entre los primeros. Los idealistas (Descartes, Locke, Hume, Kant, siglos XVII-XVIII) pensaban que nuestra visión de la realidad venía determinada por las ideas que teníamos de la misma. Ahora bien, ¿cómo eran esas ideas?

Para los racionalistas, lo más fundamental era la aportación que daba al conocimiento de la realidad el propio sujeto a través de ideas innatas. Estas ideas eran previas a la experiencia que teníamos de la realidad, están presentes en el hombre desde que nacemos y solo tienen que ser desarrolladas a través de la razón.

Descartes (siglo XVII) planteó por ejemplo, que la idea de Dios o la conciencia de nuestra existencia es algo intuitivo, innato, que desarrollamos normalmente haciendo uso de la razón humana. Frente a esto, las ideas que provenían de la experiencia sensible eran falsas: nuestros sentidos nos están engañando constantemente y no son fiables (una pajita dentro de un vaso de agua se deforma, f.i.). Los racionalistas dieron gran importancia a aquel conocimiento que no depende de esa experiencia sensible, y la matemática y la lógica y defenderán la deducción como principio de razonamiento básico. La psicología contemporánea que se inspira lejanamente en estas ideas es el cognitivismo y la gestalt, cuando consideran que nosotros conocemos la realidad por medio de unas estructuras mentales muy particulares.
Los filósofos empiristas, sin embargo, sostenían que las facultades del entendimiento humano no aportaban nada en el conocimiento de la realidad. Todo lo que conoce el ser humano, viene de la mano de la experiencia empírica, de lo conocido a través de los sentidos. Sin los sentidos, no hay información posible que llegue al entendimiento humano. El hombre es entendido como una “tabula rasa”: es decir, nacemos sin ninguna información previa y todo lo que conocemos en nuestra vida viene dado por la experiencia sensible posterior. Fruto de esto, los empiristas optarán por la ciencia física, y defenderán el inductivismo (de experiencias particulares pasamos a una regla más general).
Hume (siglo XVIII) fue el más radical de todos los empiristas. Defendía no solo la experiencia empírica, sino que la validez de nuestro conocimiento solo podía darse en el momento de esa experiencia por parte de nuestros sentidos, puesto que nosotros solo teníamos recuerdos inseguros de otras experiencias pasadas, inconexos y poco fiables, y tampoco podíamos confiar en extrapolar nuestras experiencias presentes para predecir el futuro (ver el cuento del señor pavo, tema 2).

For instance: si nosotros tenemos delante a Cristina M. nos dirá Hume, “ah, Cristina existe porque lo tenemos delante de nuestra vista”. Pero si Cristina se esconde dentro de un armario y cierra la puerta, Hume diría “suponemos que Cristina está ahí pero a lo mejor ha desaparecido: no es un conocimiento seguro, porque no lo estamos corroborando en este momento”. Fruto de esta concepción de las cosas surgieron multitud de chistes en las facultades de filosofía de dudoso humor: Van dos seguidores de Hume por la calle, y dice uno de ellos: “¡oh, mira! ¡Un autobús de color rosa!”. Y el otro contesta: “Sí, efectivamente, por lo menos, por ese lado.”. Es decir, el principio de inducción llevado a la desconfianza absoluta (se supone que el chiste hace gracia).

Actualmente, la corriente más profundamente empirista desde el campo de la psicología es el conductivismo. El entendimiento humano, o la mente, no existe. Y si existe, no se puede medir ni comprobar empíricamente. Queda únicamente la experiencia externa, el comportamiento externo humano.



Descartes (1598-1660)


Hume (1711-1776)


1.2. Mi perro y yo: introducción a la psicología.

La importancia de la discusión entre estos dos principios dio como resultado el estudio de las facultades cognitivas que tiene el ser humano por naturaleza, y el inicio de la preocupación por la psicología, el estudio de la mente. Actualmente la epistemología es una parte de la filosofía que no puede estar ajena al avance de la ciencia en general (que plantea qué es la realidad material), la neurología (cómo funciona el cerebro y la percepción con la que trabajamos) y la psicología (cómo funciona nuestra mente).

Esto, que suena a chino, como cualquier término abstracto que se os ponga delante, debe ser explicado con algún ejemplo. Pongamos el siguiente: a algunos de nosotros nos gustan los animales y es bien posible que muchos tengamos un chucho casero al que tengamos un cariño especial. Ahora bien, ¿por qué sentimos un afecto especial por nuestro perro? ¿Cómo somos capaces de “comunicarnos” con él, cuando no tenemos el mismo idioma y no podemos ladrarles? ¿Qué razones existen en nuestro subconsciente para querer a un perro que es más feo que el hambre (como por ejemplo el mío)? Imaginemos el caso que tenemos a nuestro querido chucho cerca de nosotros y queremos que se acerque. Le llamamos y si nos hace un poco de caso, vendrá y le haremos una caricia.

Este hecho sencillísimo puede tener distintas interpretaciones para el saber que nos toca ahora estudiar. Imaginemos ahora que existen tres psicólogos de distintas escuelas que nos están observando detrás de una cámara de Gessel1. Y nos ven haciendo el hecho de llamar a un perro. Uno es un psicólogo llamado conductista, otro que se autodenomina psicoanalista y un psicólogo cognitivista.
La respuesta del conductista: Nosotros llamamos a un perro por el nombre de Toby, porque tenemos el hábito de hacerlo. Es decir, a fuerza de repetir el nombre “Toby”, el perro se ha acostumbrado, porque sabe que si viene, yo le voy a hacer una caricia, o ¡mejor todavía! Un buen hueso. Así, producto de la repetición, basta que yo diga “Toby” para que el chucho venga raudo y veloz, incluso cuando a lo mejor lo que queremos es llevarle al veterinario. ¿Por qué hacemos esto? El psicólogo conductista no nos dice nada: tan sólo para darnos placer, y también al perro. El perro acude porque sabe que algo bueno va a sucederle (léase, una caricia o un hueso), si no fuera así, ni se acercaría.

La respuesta del psicoanalista. El psicoanalista no prestaría demasiada atención al conductista. La verdad es que le importa bastante poco la conducta y el aprendizaje: lo que le interesa son las razones que nos impulsan a desear u odiar el perro. Cuando tenemos un odio o fobia inexplicable al perro, el psicoanalista tiende a hacer evidentes razones que van más allá de la plena conciencia. Los psicoanalistas, por ejemplo, comentan que el excesivo amor o cariño hacia un animal doméstico evidencia la falta de cariño o sexo por parte de individuos de la misma especie. El paciente “sublima” u “olvida” esa frustración con el amor hacia los animales.

El que existan escuelas tan diferentes incide en el hecho que la psicología es una ciencia humana, que está lejos de encontrar un patrón de objetividad absoluto (pensemos que en la física existen especialidades: física de campos, física nuclear, física química... pero no formas diferentes de entender la física: después de Newton y Einstein el patrón de la fisica es homogéneo). Esto no quiere decir que podamos decir lo que nos dé la gana y que la psicología no tenga un carácter sumamente empírico y objetivo: lo que quiere decir es que los puntos de partida son distintos y puede hacernos interpretar los datos de un experimento psicológico de forma distinta.

Por lo general cada escuela tiene un objeto de estudio y una visión diferente de la relación entre mente, cerebro y realidad. Aunque hoy casi todas ellas están fusionadas, destacamos las siguientes:


  • Conductismo: el ser humano se concibe como un ente condicionado. Funcionamos siguiendo estímulos y acomodándonos a respuestas. Si estudiamos la conducta externa de los individuos, conoceremos todos los problemas psicológicos. Este es el caso de Skinner, Watson y Pavlov. La mente es una caja negra que no sabemos lo que tiene, más tampoco nos interesa.




  • Psicología de la Gestalt. Según estos autores la psicología del todo influye sobre nuestras percepciones. A diferencia de los anteriores, sí existe algo dentro de nuestras cabezas que nos hace percibir la realidad de una manera o de otra. Los principales representantes son Kohler, Wertheimer y Koffa.




  • Psicoanálisis: Son los psicólogos que plantean la importancia del subconsciente para resolver los trastornos de la psique humana. Al ser el subconsciente lo fundamental, la racionalidad queda de lado en sus explicaciones. Los grandes inspiradores de esta teoría son Freud, Adler y Jung, con gran número de seguidores entre los sesenta y los ochenta.




  • Cognitivismo y funcionalismo: La mente actúa como un ordenador: nosotros recibimos información externa (inputs), procesamos la información y establecemos una salida de la información transformada. Forman parte de las últimas tendencias en psicología y muestran el impacto de la cibernética (los ordenadores) a la hora de explicar la propia realidad humana.



  1. LA SENSACIÓN Y LA PERCEPCIÓN.

En el proceso del conocimiento, el hombre entra en contacto con el mundo físico que le rodea. Recordemos que para los empiristas (siglo XVII-XVIII), la fuente del conocimiento humano es siempre la experiencia proveniente de los sentidos. En ese primer contacto con el mundo exterior la psicología actual ha centrado su atención en dos elementos fundamentales: la sensación y la percepción. Entre ambos existiría un elemento intermedio: la atención.
2.1. Sensaciones.

La sensación sería el proceso simple a través del cual el mundo se pone en contacto con nosotros, o como el efecto que produce en nosotros un estímulo. La sensación es nuestra forma más básica de nuestro conocimiento.

Los filósofos tradicionales ofrecieron dos visiones fundamentales de estas sensaciones.

a) La más antigua afirmaba que esas sensaciones formaban parte del mundo externo. De esta forma tendemos a pensar que la cualidad de “rojo” está en el ladrillo o la de “ácido” en la naranja o la de “dulce” en el chocolate (ñam-ñam). Esta sería la tesis sostenida por Aristóteles (s.IV a.C), conocida como objetivismo de las sensaciones (pensemos que muy en consonancia con la forma de pensar de la Antigüedad, en la que la realidad “está fuera de nosotros”).

b) Más adelante, sin embargo, se planteó el hecho que esas sensaciones están en nosotros, producto de determinados estímulos externos que no necesitan tener parecido con tales sensaciones ni estar en los objetos de las que las recibimos. Estas eran las tesis que sostenía un filósofo moderno, John Locke (s.XVII). Las cualidades son esencialmente subjetivas (es decir, dependientes del sujeto individual que percibe): el ladrillo lo percibimos “rojo”, pero no quiere decir que esa cualidad sea originaria del ladrillo.

Para limar estas dos visiones opuestas, hoy definimos las sensaciones como producto del encuentro o interacción entre los estímulos precedentes de los objetos externos con los receptores sensoriales del sistema nervioso del sujeto. Tal encuentro da lugar a una nueva realidad emergente, en el que se superan ambas teorías.
2.2. La atención.

Nosotros recibimos multitud de estímulos y sensaciones. Sin embargo no recibimos la misma atención a todas. En algunos momentos, esta falta de atención se debe a un elemento puramente fisiológico: estamos durmiendo y no somos receptivos a esos estímulos. También esta carencia se explica atendiendo a otros factores, los ciclos circadianos2.

En otras ocasiones, esta capacidad obra en un plano de pura conciencia. Estos casos son los de carácter más eminentemente psicológico.

El individuo tiene por naturaleza curiosidad frente al medio: está “deseoso” de recibir estímulos nuevos. Los experimentos evidencian, por ejemplo, que la aparición de elementos nuevos en nuestra percepción actúa de refuerzo de nuestra atención. E igual que existen refuerzos para nuestra atención, también se da lo contrario. A los elementos fisiológicos (fatiga o debilidad) se le pueden atribuir otros psicológicos.

La forma más sencilla de distracción es cuando el receptor está obligado a repartir su atención en un mismo tiempo a distintos problemas y respuestas. Esto fue lo que demostraron los conocidos experimentos de Stroop y de Simmons.
Los experimentos de Stroop

Un psicólogo americano, Stroop, hizo el experimento de mezclar colores con información verbal. De estas investigaciones resultaron que la combinación de información con variedades cromáticas fuertes (amarillo, especialmente) era más difícil de procesar que la información junto a colores menos fuertes. O que términos como “rojo” escrito en amarillo distorsionaba la información del experimentado. Esto se debía a que el individuo estaba menos centrado (atendía a dos estímulos al mismo tiempo que disipaban su atención).



2.3. La percepción.

Este es un proceso cognitivo de naturaleza más compleja. Supone el proceso mental de organización e interpretación de sensaciones. La percepción está basada en sensaciones, pero acompañada de representaciones mentales (ideas).

Pensemos por ejemplo en una tableta de chocolate. Nosotros no percibimos las sensaciones de forma aislada, primero el color negro, después su forma rectangular, y luego su sabor dulce y rico. Concebimos el chocolate de forma conjunta, como un todo integrado. Podemos pensar también en problemas culturales: pensemos en una fotografía. Si una persona no ha visto nunca una fotografía antes, tendrá dificultades para percibirla y reconocer la tridimensionalidad.
En psicología se plateó primero el hecho de que percibimos las sensaciones de forma individual y aislada. Este fue el planteamiento de filósofos empiristas como Locke y Hume, posteriormente recogidos con las teorías asociacionistas esgrimido por los primeros psicólogos (Wundt y James). El asociacionismo defiende que la mente humana funciona combinando elementos simples, irreductibles. Para Locke o Hume, la facultad humana de la memoria y de la imaginación permite retener estas sensaciones y después unirlas unas con otras, generando ideas de las cosas, ya sean reales o imaginarias. Por ejemplo, si imaginamos a Laura R. de color verde y con alitas de mariposa en su espalda es porque, según estos autores, hemos tenido las sensaciones del color verde, de las alas y de Laura de forma independiente y luego las hemos unido.
Este planteamiento se vino abajo con la llegada de la psicología de la Gestalt. Según esta escuela, las imágenes son percibidas como un todo, como una configuración y no como una mera suma de sus partes constitutivas. Los psicólogos de la Gestalt descubrieron así que la percepción estaba muy influida por el contexto y la configuración de los elementos recibidos; las partes derivan de su naturaleza y de su sentido del total y no pueden entenderse separadas de ellas. La mera suma de las partes no equivale al todo.

Los psicólogos de la Gestalt determinaron las leyes de la organización perceptual, señalando que la semejanza, proximidad, cierre y continuidad son factores que determinan la agrupación en figuras y su diferenciación de fondo. Sin embargo, la ley más general que rige la percepción es la de pregnancia, que afirma que la organización psíquica será tan buena como lo permitan las condiciones dominantes, es decir, la percepción que surge con mayor precisión y rapidez es la que corresponde a la forma más destacada en el sentido de más sencilla, completa, simétrica, mejor equilibrada y mejor centrada.

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Algunas leyes de percepción.

  1. Ley de primacía: se tiende a percibir totalidades con más facilidad que a percibir partes.




  1. Ley de la buena figura: ley de pregnancia, la forma percibida tiende a ser la mejor posible; es decir, la más simple, completa y simétrica.




  1. Ley de simplicidad: organizamos espontáneamente los datos sensoriales de tal modo que tendemos a percibir la figura resultante lo más simple posible.




  1. Ley de contraste: la percepción del tamaño de un elemento puede estar influida por la relación de este elemento con los demás elementos del conjunto en que se halla incluido.




  1. Ley de proximidad: En igualdad de condiciones los elementos más próximos son percibidos como formando figuras.




  1. Ley de identidad: cuando existen elementos de distintas clases, los de igual clase son percibidos como formando figura.




  1. Ley de continuidad. En igualdad de circunstancias, como siempre, tendemos a percibir como formando figura los elementos que conservan una cierta continuidad.




  1. Ley de totalidad: las líneas que circundan una superficie son más fácilmente percibidas como formando figura de aquellas que se cierran.

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También el lenguaje configura de alguna manera las fuentes de percepción. Por el lenguaje manejamos conceptos y símbolos que interfieren con los datos de la sensación, dándoles una orientación determinada, o haciendo resaltar unos u otros aspectos de la sensación. Así, los conceptos actúan como hipótesis posibles que han de ser comprobadas cada vez con más datos.

Por ejemplo, si percibimos de un modo un poco claro una forma azul y prismática de escasa altura, es fácil que tendamos a ver un libro, en cuanto tenemos un concepto formado de libro, al que parecen ajustarse los datos. Así el manejo de conceptos y símbolos orientan la percepción en un sentido, al igual que lo hacen las leyes de la forma.

Las percepciones tienden a sufrir un proceso de simplificación en la memoria, lo cual se puede traducir en una especie de olvido cualitativo. Las formas tienden a hacerse más genéricas, y se “idealizan”. Los recuerdos tienden a asimilarse con objetos que guardan alguna semejanza.
2.4. Utilidad de la psicología de la percepción.

Las aplicaciones de la psicología de la percepción a campos tan variados como la arquitectura, el diseño y la publicidad no han sido ni mucho menos desdeñables.

  • En el diseño, por ejemplo, sabemos que en una figura rectangular nuestros ojos tienden a centrarse en la parte superior izquierda. De esta forma, la maquetación de los periódicos suele contar esto, poniendo en ese lugar las noticias más relevantes o que requieren mayor atención por parte del lector. E igualmente, los logotipos en prensa o Internet tienden a estar en ese cuadrante. Del mismo modo, el cine utiliza constantemente leyes de percepción para realzar en un momento determinado planos secundarios que pasan en la siguiente escena al primer plano, con el juego de colores, luces, la colocación etc…

  • La publicidad propone miles de usos para estas reglas de percepción. Una muy importante es la publicidad que usa leyes de suscepción: lo que se ha conocido como “percepción subliminar”. Atendiendo a esto, existiría una percepción de pequeños estímulos no realizados desde un ámbito de la conciencia, pero que el organismo sí percibe y condiciona la información procesada en la conciencia. Las consecuencias para la propaganda o la publicidad son bien evidentes, como aparece en el siguiente ejemplo:

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Un ejemplo de información subliminal.

Durante las elecciones a la presidencia por los Estados Unidos en el año 2000, una cadena partidaria del partido republicano había ofrecido información del candidato demócrata con uno de sus eslóganes:

LESS BUROCRATS FOR THE FEDERAL GOVERMMENT

Este epígrafe (“Menos burócratas para el gobierno federal” se mantenía a lo largo de una entrevista que hacía un periodista al candidato demócrata. Las letras “rats” se ponían en negrita en espacio de microsegundos. Esto no permitía que el espectador supiera de forma consciente que se estaba haciendo semejante cosa. Sin embargo, su organismo percibía y procesaba la información de una forma subliminar. Esto hacía que en posteriores mensajes, tendiera a identificar de forma completamente inconsciente el término “ratas” con la candidatura de los demócratas.




La interpretación asociacionista propia de los empiristas: la percepción es una suma de sensaciones simples.



  1. La conducta y el aprendizaje.

Este es el campo en el que se ha centrado más la psicología de carácter conductista. El conductismo pretende estudiar aquellos fenómenos que sólo pueden ser conocidos de forma objetiva y destacar todo tipo de datos no observables, tales como los estados interiores. Si el método introspectivo es dominante en muchas escuelas psicológicas (adentrarse en los vericuetos de la mente) el conductismo lo rechaza por ser poco científico. Si nos atenemos a lo observable, veremos que es la conducta externa de los individuos aquella que puede ser cuantificable y estudiada de forma rigurosa y empírica. Es lógico que el campo del aprendizaje sea aquel al que más esfuerzos han dedicado los conductistas. Una de las definiciones clásicas del aprendizaje es la siguiente:

Por aprendizaje se entiende un cambio más o menos permanente de conducta que ocurre como resultado de la práctica

Es decir, el aprendizaje nos hace cambiar conductas previas. Delante de un ordenador un niño de cuatro años no sabe nada; tras unos meses de aprendizaje (por prueba-error, lecciones o la forma que sea), ese niño se comportará delante de la pantalla de ordenador de forma distinta a la primera vez que lo vio. Sin embargo, los rudimentos del aprendizaje opera con unas nociones psicológicas básicas que veremos a continuación.

Nuestro comportamiento se rige por dos formas: en primer lugar recibimos un estímulo (E) y esto provoca en el individuo una respuesta (R). Nosotros, al igual que los animales, conocemos en primer lugar cosas innatas, instintivas y que ya están fijadas. Un perro o nosotros, al ver comida, produce salivación. Un niño llora cuando tiene hambre (no llora delante de un ordenador al no ser que le condicionemos para ello). Esta reacción es fisiológica o instintiva.

El aprendizaje se inicia allí donde empezamos con hábitos que son adquiridos, que no están fijados previamente en nuestra naturaleza. Es decir, en relaciones de Estímulo-Respuesta que pueden ser modificadas. En estos procesos de aprendizaje, Paulov fue el primero en estudiar cómo una relación entre estímulo-respuesta puede ser sustituida por otra artificial, y fue continuada por autores como Watson o Skinner. Entre los condicionamientos más típicos estudiados en psicología, aparecen los siguientes:
1. Condicionamiento inhibitorio o aprendizaje por castigo.

El individuo deja de dar una respuesta a un estímulo a consecuencia de que asocia esa respuesta a un dolor o malestar. Por ejemplo, se puede conseguir que un animal deje de comer un determinado producto, haciendo que al comerlo reciba una descarga eléctrica. Este tipo de condicionamiento no lleva propiamente a un aprendizaje nuevo, sino a la supresión de una respuesta.

2. Condicionamiento clásico o respondiente. Pavlov observó que en presencia de un cuenco de comida (estímulo) un perro reacciona aumentando la secreción de saliva (respuesta). A partir de ahí diseñó el siguiente experimento: cada vez que le llevaba el cuenco con comida al perro, hacía sonar previamente una campanilla. Tras repetir el proceso muchas veces descubrió que el perro comenzaba a salivar con sólo oír la campanilla. Se había sustituido una relación natural estímulo-respuesta por otra artificial (condicionada, aprendida).

Pavlov llamó estímulos no condicionados a los estímulos que provocan una respuesta de modo natural (por ejemplo, en el caso anterior la comida), y llamó estímulos neutros (EN) a los que provocan ningún tipo de respuesta previa al condicionamiento (el sonido de la campanilla, antes del experimento). A estos estímulos neutros tras la fase de aprendizaje y condicionamiento, los llamó estímulos condicionados (EC). A la respuesta que da el individuo ante el estímulo condicionado la llamó respuesta condicionada (secreción de saliva después de oír la campanilla).

El aprendizaje por condicionamiento consiste en provocar la asociación entre un estímulo neutro (que no es estímulo ni nada) y uno no condicionado; de modo que el individuo reaccione ante el estímulo neutro como si estuviese ante uno no condicionado. Después, cada vez que la campanilla (EN) aparezca con la comida (ENC) actúa como refuerzo de la conducta aprendida.
Un uso cruel de los experimentos de Pavlov.

Los psicólogos soviéticos hicieron un uso muy particular de los experimentos de Paulov. En la II Guerra Mundial usaron el condicionamiento respondiente para enfrentarse a los alemanes. A los perros se les amaestró para que identificaran la comida con un tanque alemán. Tras un aprendizaje intensivo, los perros se echaban a correr cada vez que distinguían un tanque, pensando que allí encontrarían comida. Esos pobres perros, cargados de dinamita, eran bombas vivientes teledirigidas que los soviéticos hacían explotar cuando estaban lo suficientemente cerca del blanco alemán. Este es un ejemplo más de cómo los avances científicos revierten en muchas ocasiones en contra de principios éticos mínimos, la guerra en este caso y los mismos derechos de los animales como seres vivos que no pueden ser sometidos a tratamiento cruel injustificado.
3. Condicionamiento operante (o condicionamiento instrumental, aprendizaje por ensayo y error). Este condicionamiento ha sido estudiado por Skinner: su nombre es debido a que el sujeto tiene una parte activa, operativa en el condicionamiento. Para sus experimentos este psicólogo desarrolló lo que desde entonces se conoce como “caja de Skinner” que consiste en un recipiente con un mecanismo simple (una palanca o un interruptor) que al accionarlo suministra un premio o un castigo al sujeto del experimento.
Las ratas de Skinner:

Encerramos una rata en una caja provista de una palanca que al accionarse suministra comida, por ejemplo, una galleta. La rata se moverá libremente en la caja y en algún momento accionará accidentalmente la palanca obteniendo una galleta. Tras repetir varias veces el proceso la rata aprenderá la relación palanca-galleta de modo que a partir de entonces la accionará cada vez que tenga hambre.

En este proceso se denomina refuerzo o premio a todo lo que estimula a que una conducta sea repetida. Se denomina castigo a todo lo que estimula a abandonar una conducta. Estas tres formas de condicionamiento son de naturaleza muy simple y pueden ser explicadas como simples relaciones estímulo-respuesta.
4. Aprendizaje por insight y aprendizaje por imitación.

Estos procesos de aprendizaje conductista son claros, pero habría que preguntarse si todas las fases de aprendizaje humano se reducen a esta relación entre estímulo y respuesta. La escuela cognitivista y la funcionalista han planteado especialmente que al estímulo le sigue un proceso de reflexión, de carácter interno al sujeto. Para el conductismo la única reflexión en la mente es la obtención de placer y evitar el dolor: no existe ningún otro elemento mental de relevancia. En los psicólogos cognitivistas sin embargo, en el hombre existe un elemento creativo, de resolución de problemas que nada tiene que ver con el mero aprendizaje exterior. Esto es el “insight”, es decir, resolución interna de un problema: el hombre es capaz de “visualizar” internamente un problema y resolverlo aportando claves que a lo mejor no están presentes en la experiencia exterior. Este era el caso de los monos de Kohler: los monillos eran capaces de resolver problemas sencillos como alcanzar bananas uniendo varios palos, visualizando la solución en su cerebro y después llevándolo a la práctica.

A esto hay que añadir el aprendizaje por imitación, muy importante en los niños pequeños. El ser humano aprende con una extraordinaria capacidad de reproducir lo que observa en los adultos, sin necesidad de explicaciones adicionales ni otros recursos.

Este aprendizaje inteligente, propiamente desarrollado en los homínidos más evolucionados, no es algo que puede aparecer por sí solo: estaría vinculado con unas facultades mentales muy desarrolladas: la memoria, el lenguaje, la lógica y la imaginación, que estudiaremos más adelante.

Simplificando todo lo dicho, podemos afirmar que el proceso de aprendizaje se entiende de dos fomas bien distintas dependiendo de las escuelas que sigamos:
Conductismo: Estímulo ---- Mente = caja negra, vacía --- Respuesta
Cognitivismo: Estímulo ---- Mente = Procesos reflexivos --- Respuesta.

3.1. Consecuencias de la escuela conductista.
- Usos para la psicología clínica: el conductismo no ha sido fructífero sólo para el campo del aprendizaje, también ha sido de utilidad para los casos clínicos. Para el tratamiento de las fobias irracionales, el conductismo propone una serie de métodos que permiten, por un proceso de naturalización y aprendizaje que el individuo supere esos problemas. Por ejemplo, para alguien que sienta aversión a los gatos o algún objeto, se le tiende a acercar “progresivamente” el objeto.

  1. Hace cualquier actividad con el objeto relativamente alejado del sujeto.

  2. Ese objeto se le acerca progresivamente al sujeto de forma que este último no sea consciente.

  3. En una última fase, ese sujeto sería capaz de llevar una vida normal con ese objeto que inicialmente fue objeto de fobias.


Excesos del conductismo. Esta escuela ha sido sometida a toda clase de críticas no sólo por parte del psicoanálisis o la psicología cognitiva sino también por la filosofía: el conductismo radical (Skinner) produjo muchos excesos. Se llegó a creer que el ser humano no tenía ningún resquicio para la libertad y por lo tanto la autonomía de decisión necesaria para la ética (optar por lo bueno o por lo malo con libertad) era una gran mentira.

Para Skinner, todos los actos que nosotros tradicionalmente considerábamos libres están condicionados por procesos de aprendizaje, y por lo tanto, son manipulables por científicos sociales, haciendo posible la “programación” de los individuos para hacer determinadas tareas. El resultado de esta manipulación serían “sociedades perfectas” en las que los seres humanos están condenados a comportarse de forma correcta. Exponemos dos ejemplos clásicos de estas teorías que aunque son utópicas en su conjunto, no han dejado de utilizarse, nuevamente, con fines especialmente propagandísticos o publicitarios (en realidad somos unos pobres desgraciaos, pero al menos, somos conscientes de nuestras debilidades, pensó una vez un filósofo llamado Pascal3).

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La Naranja Mecánica

En este libro de Anthony Burguess (y llevado al cine por el director Stanley Kubrik) , Alex, un joven amante de la ultraviolencia y loco por la música clásica es capturado después de perpetrar un asesinato. Poseído por un sentimiento de violencia casi innato y ya en la cárcel, se presenta voluntario para una rehabilitación que le devuelva “completamente sano” a la sociedad. La cura parte de una estimulación radical de acciones violentas mezcladas con elementos agradables al sujeto. Así, es sometido a sesiones interminables de ultraviolencia. Al comienzo esto produce un profundo placer en Alex, pero cuando estas van mezclándose con música clásica (y especialmente la música de Beethoven, producen en el paciente una aversión radical que acaba provocándole trastornos psicológicos. Así, una vez terminado el tratamiento, Alex es incapaz de producir un acto violento, no porque su conciencia no quiera, sino porque está condicionado para no hacerlo, más allá de su libre albedrío. El problema vendrá cuando, una vez vuelto a la sociedad, esta no le ha perdonado sus faltas todavía…

Un Mundo Feliz

Este libro es una obra paralela a 1984 de George Orwell. Los problemas que encuentran los “carceleros” de 1984 no aparecen en Un Mundo Feliz. Por qué? Porque desde el nacimiento, los individuos de Un Mundo Feliz están sometidos a dos predeterminaciones: por un lado, son tratados genéticamente para que existan cinco clases sociales: alfa, beta, gamma, delta y epsilon. Los alfa son muy inteligentes, mientras que los epsilon son fuertes y casi estúpidos. Para evitar cualquier confrontación social, se les somete a una dura intervención psicológica. Así, desde su nacimiento son sometidos a condicionamientos intensivos que producen aversión a los gustos de las otras clases sociales. Así, cada grupo tiene un color en la ropa. Desde pequeños se les estímula para que los gamma, que son verdes, les guste su color y odien el resto de los colores, o se les hace repetir formulas como: “Los alfa y beta son muy inteligentes, pero los delta y los epsilon son muy estúpidos, odio los delta y epsilon…”. Estos dos tratamientos posibilitarían una sociedad perfecta, en la que todo funcionaría bien, pero a costa de la libertad humana. _______________________________________________________________________
FOBIAS Y CONDUCTAS



El pequeño Albert fue utilizado para los experimentos de Watson. Asociaron estímulos neutros (una rata blanca) con otros negativos (ruidos fuertes) y provocaron una fobia tan fuerte que el pobre niño sintió aversión hacia todo aquello que era de color blanco (incluso las barbas de Santa Claus) que duró hasta su madurez.





4. La memoria.

Las percepciones son el elemento más básico de nuestro conocimiento pero no es, ni mucho menos, el último paso: nuestro pensamiento somete dichas representaciones mentales a múltiples procesos. Pensemos por ejemplo en la percepción de nuestro querido chucho. Visualizamos ese perro y conceptualizamos esa imagen utilizando el lenguaje. Usando la memoria, la percepción de nuestro perro puede durar años si le hemos tenemos cariño; si empleamos la facultad de la imaginación, somos capaces de imaginar miles de chuchos con alas en nuestra cabeza... Todas estas facultades (memoria, imaginación, reflexión, conceptualización, razonamiento lógico) representan los procesos más elaborados en la génesis del conocimiento humano, y vamos a ir estudiándolos uno a uno. En este campo, al igual que en los anteriores, hay una escuela que descuelga sobre el resto: la psicología cognitiva (los que piensan que funcionamos como un ordenador).

La memoria puede ser entendida como la capacidad de almacenar y reproducir lo captado a través de la percepción. La memoria reproduce en la mente la representación de un objeto ya no presente, relacionándolo con un momento de nuestro propio pasado (por ejemplo, nosotros representamos a nuestro perro porque ayer le sacamos de paseo). No es una representación puramente inventada (no imaginamos nuestro perro con alas y de color rosa: eso sería un acto de imaginación).

El sujeto necesita una memoria global para desarrollar su vida psíquica. En primer lugar, evita la disgregación del sujeto en un montón de actos inconexos: nosotros somos como somos porque tenemos un pasado que nos explica y que recordamos. En segundo lugar, tiene importancia para el reconocimiento de la realidad objetiva: sin la memoria, el conocimiento no sería posible.

La memoria, por otro lado, no es únicamente una capacidad psicológica humana: existen memorias artificiales: las más importante fueron los libros (a través de la escritura) mientras que hoy son los ordenadores y las bases de datos cibernéticas quienes están tomado el relevo.



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