Tuvo que exiliarse a Holanda por sus ideas liberales hasta 1688 coincidiendo con la subida al trono inglés de Guillermo de Orange. Su teoría política tuvo gran






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fecha de publicación06.03.2016
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LOCKE

Datos biográficos

Nace en el año 1632 y muere en el 1704. Nació en Inglaterra. Estudio en Oxford y fue profesor de griego y ética en esta universidad. Más tarde se hizo médico. Tuvo que exiliarse a Holanda por sus ideas liberales hasta 1688 coincidiendo con la subida al trono inglés de Guillermo de Orange. Su teoría política tuvo gran influencia y es considerado uno de los fundadores del Liberalismo filosófico. Sus obras más destacadas son Ensayo sobre el entendimiento humano, Dos tratados sobre el gobierno civil y La Carta sobre la tolerancia.

Contexto histórico

El empirismo moderno se extiende a lo largo de los siglos XVII y XVIII por las Islas Británicas extendiéndose rápidamente por todo el continente europeo. De su mano penetraron en Europa las ideas ilustradas, herederas de un nuevo régimen político, la monarquía parlamentaria, que dotó al país de la estabilidad necesaria para progresar en todos los órdenes.

En claro contraste con el absolutismo político y la cerrazón ideológica que dominan el continente en esta época, en Inglaterra se respira un ambiente de mayor tolerancia y libertad que favorece el progreso científico, técnico y económico. Esta situación es propiciada por el enfrentamiento entre el Parlamento y el rey que, tras un periodo de inestabilidad marcado por la guerra civil, la abolición de la monarquía y la dictadura de Cromwell, termina con una revolución pacífica y la instauración de un nuevo régimen donde el poder del rey se ve equilibrado por el Parlamento. Estamos ante la monarquía parlamentaria, antesala de la democracia liberal.

Durante el siglo XVIII y bajo el predominio del partido whig, partido liberal opuesto a los tories, mucho más conservadores, se consolida en Inglaterra el sistema parlamentario y con él las libertades políticas, religiosas y económicas.

Fruto de este nuevo contexto, durante el siglo XVIII se produjo en Inglaterra un notable desarrollo económico, tanto en la agricultura como en la industria. Esto, junto con el progreso colonial en la India y América del Norte, favoreció a la burguesía que va adquiriendo conciencia de su poder económico hasta alcanzar un rol hegemónico también en la política.

En 1694 se había fundado el Banco de Inglaterra que proporcionó estabilidad económica e impulso la iniciativa privada. Se desarrollo la marina comercial, lo que mejoro los intercambios con las colonias. En el territorio metropolitano, mejoraron las carreteras y se construyeron canales.

Una población joven y dinámica alimentaba, a pesar de los graves problemas de proletarización que surgieron, una industria incipiente. La mayor parte de la clase trabajadora estaba por encima del nivel de pobreza, lo que hizo posible un aumento de la demanda interior de productos como tejidos y objetos para el hogar. Así, la producción textil, junto a la abundancia de hierro y carbón y la aplicación del vapor, sentaron las bases de la Revolución Industrial

En el plano cultural, tiene mucha importancia la investigación de la naturaleza, que permitirá el desarrollo de la física y de los métodos inductivos. A lo largo del siglo XVII surgen academias, que fueron centros de investigación y de debate científico en los que predominaba una mayor libertad intelectual que en las universidades, que seguían manteniendo una obsoleta tradición aristotélica-escolástica. Destacar la Royal Society de Londres, la Academia de las Ciencias de París y la de Berlín.

En el siglo XVIII las ciencias naturales conocen un nuevo impulso como continuación de la obra de Newton a finales del siglo anterior. La física avanza en sus distintas ramas con investigaciones sobre dinámica de gases, electricidad, magnetismo, etc. Estos importantes avances científicos s traducen en importantes aplicaciones prácticas en todos los ámbitos que se encaminan de manera unitaria, sobre todo con los estudios de Watt sobre la presión del vapor de agua, hacia la Revolución Industrial.

También progresan en esta época, las ciencias históricas y jurídica, como las aportaciones de Hume con su Historia de Inglaterra.

El pensamiento filosófico de Locke

Su obra: Ensayo sobre el entendimiento humano

En esta obra Locke refleja su preocupación por el conocimiento, aunque esta preocupación está al servicio de una meta externa al conocimiento. Como es dirigir la conducta del ser humano. Locke comienza por ocuparse, en el libro del Ensayo, de la refutación de las ideas innatas. Si éstas insistieran, se expresarían como principios de la lógica o como normas morales. Pero estas últimas varían según los tiempos y lugares, y parecen estar más relacionadas con las costumbres y la educación que con lo innato. Así pues, no hay ideas innatas y Locke se ocupa del origen de las ideas. Las ideas son os contenidos que llenan el papel en blanco de nuestra mente. Esta metáfora la utiliza Locke para explicar la función de la mente o conciencia antes de conocer, cuando se ofrece como mera receptora de unos contenidos que le transmite la experiencia y que van a dar lugar a las ideas.

Teoría del conocimiento

Locke representa la síntesis de la tradición empirista británica y el racionalismo cartesiano. Con él, se puede decir que se origina la filosofía empirista moderna. Según Locke, todos los contenidos de nuestro conocimiento se originan en la experiencia, y ésta es el medio para alcanzar toda verdad ya sea ética, política o, incluso, religiosa. Su filosofía tendrá un gran influjo sobre los ilustrados franceses del siglo XVIII, quienes continuarán su defensa del Liberalismo político y de la tolerancia religiosa.

Las tesis fundamentales del empirismo son:

  • El origen de todo conocimiento se halla en la experiencia: Esta experiencia incluye tanto la externa (sensación) como la interna (reflexión) y se opone a la razón pura cono fuente de conocimientos.

  • No existen ideas innatas: De la tesis anterior se desprende que si todo conocimiento procede de la experiencia, entonces no puede haber ninguna idea innata.

  • El conocimiento humano es limitado: No podemos ir más allá de la experiencia, y las pretensiones de la metafísica de trascender este ámbito son injustificadas y conducen a error.

  • La razón debe orientarse hacia finalidades prácticas: De lo anterior se desprende que debemos dirigir nuestra razón hacia el estudio de la naturaleza, incluida la humana, y la sociedad, con el objeto de lograr conocimientos útiles para el progreso y el bienestar humanos.

En su célebre Ensayo sobre el entendimiento humano, Locke pretende dar respuesta a la necesidad de establecer el origen, el alcance y los límites del conocimiento humano. No se trata de averiguar qué son las cosas, sino la manera de conocerlas. El problema del conocimiento será en Locke el núcleo central de su reflexión.

Afirma que todo nuestro conocimiento proviene del conocimiento sensible. La experiencia es, a la vez, el origen y el límite de nuestro conocimiento: no podemos ir más allá de ella ni podemos estar ciertos más de lo que hay en ella. De acuerdo con el mayor o menor grado de certeza con que se presentan, Locke admite tres grados o tipos de conocimiento:

  1. Conocimiento intuitivo: Aporta un grado de certeza absoluta. Consiste en captar de modo evidente e inmediato el acuerdo o desacuerdo entre ideas. Por él conocemos nuestra propia existencia. Es de clara influencia cartesiana.

  2. Conocimiento demostrativo: Requiere el uso de demostraciones para establecer el acuerdo o desacuerdo entre ideas. Es un conocimiento fiable y se utiliza en matemáticas y en ética. Nos permite conocer y demostrar la existencia de Dios.

  3. Conocimiento sensible: Se obtiene a través de la sensación y nos permite conocer las cosas reales. Es relativo y probable, aunque puede aumentar y perfeccionarse. Este tipo de conocimiento no posee la certeza del conocimiento intuitivo no del demostrativo; sin embargo, es el único que nos permite acceder al mundo de los objetos.

Locke coincide con Descartes al identificar idea con el contenido del entendimiento humano. Pero se distancia de él al explicar el origen de estos contenidos. Según Locke, el contenido del entendimiento tiene un origen puramente empírico. Al nacer nuestra mente puede ser comparada con una habitación vacía, un papel en blanco o un cuarto oscuro. La mente es una tábula rasa donde la experiencia va escribiendo sus caracteres. Entiende que idea es todo lo que la mente percibe en sí misma, es decir, todo lo que es objeto del entendimiento humano cuando un hombre piensa. Y sostiene que no es difícil comprender que estas ideas se dan en la mente de los hombres, pues todos tenemos conciencia de ellas y con frecuencia nos referimos a ellas.

Locke trata extensamente el tema de las ideas y, de acuerdo con la costumbre de la época, muy dada taxonomías o clasificaciones lleva a cabo una clasificación bastante minuciosa. En primer lugar divide las ideas en simples y complejas; a continuación analiza el origen de las ideas simples y cómo éstas pueden constituir ideas complejas; por último, divide las ideas complejas en tres tipos, entre las que destaca la idea de sustancia, a la cual Locke dedicará buena parte de su reflexión.

Locke entiende por ideas simples aquellas que la mente no puede descomponer en otras. Le llegan por separado a través de los distintos sentidos aunque en las cosas se hallan mezcladas en el mismo objeto; así, por ejemplo, la frialdad de un pedazo de hielo, el sabor dulce del azúcar o el perfume de una rosa. Estas ideas no pueden ser ni fabricadas ni destruidas por la mente.

Locke clasifica a su vez las ideas simples, atendiendo al modo como llegan a la mente, en:

  1. Ideas de sensación: procedentes de los sentidos externos, que nos informan de los objetos externos y proporcionan ideas de las cualidades sensibles, como las del amarillo, del blanco, del calor, del frío, de lo blando, de lo duro, de lo amargo, de lo dulce.

  2. Ideas de reflexión: procedentes de los sentidos internos, que nos informan de las operaciones de nuestra propia mente y proporcionan ideas de las diferentes actividades de la misma, tales como las de percibir, de pensar, de dudar, de creer, de razonar, de conocer, de querer.

  3. Ideas que se alcanzan a través de la sensación y la reflexión, como, por ejemplo, el placer y el dolor.

Las ideas simples son captadas por el entendimiento de un modo pasivo. La actividad de la mente consistirá entonces en construir ideas complejas a partir de las ideas simples que recibe espontáneamente.

Las ideas complejas son las elaboradas por la mente a partir de las ideas simples, ya sean ideas de sensación o ideas de reflexión, mediante una serie de operaciones como las siguientes: distinguir entre ideas, comparar ideas, abstraer ideas a partir de seres particulares. Las ideas complejas son de tres tipos:

  1. Modos: que se refieren a cosas que no subsisten por sí mismas sino en otras. Por ejemplo, triángulo, gratitud…

  2. Sustancias: que son combinaciones de ideas simples que se toman para representar cosas particulares que subsisten en sí mismas como, por ejemplo, melocotón, mesa…

  3. Relaciones: que resultan de comparar una idea con otra. Por ejemplo, anterioridad, posterioridad, identidad o causalidad.

Locke lleva a cabo una crítica de las ideas innatas al considerar que un hombre empieza a tener ideas cuando tiene la primera sensación. Antes de ese momento, su mente, es como un papel en blanco. Critica, así la teoría cartesiana de las ideas innatas. Los principios de identidad y de contradicción que, según Descartes, son universalmente admitidos, lo cual probaría que son innatos, para Locke no lo son, ya que hay quienes lo desconocen, como los niños y los idiotas, lo que demostraría que se adquieren por la costumbre o la cultura. En cuanto a la idea de Dios, tampoco puede considerarse innata, ya que hay pueblos enteros que no la admiten. Sin embargo, Locke afirma que tenemos la certeza o intuición de nuestra existencia como seres racionales capaces de entendimiento y de la existencia de Dios, que nos ha creado y del que dependemos. Estas ideas están tan claras en nosotros que pueden proporcionar el fundamento de nuestras acciones.

La realidad y su conocimiento: la existencia de lo real

Está claro que existen nuestras ideas, pero ¿podemos tener certeza sobre la existencia de realidades más allá de ellas? , es decir, ¿qué sabemos sobre la existencia real y actual de las cosas fuera de nuestra mente?

A este respecto, Locke parece, a veces, que nos quiere indicar que todo nuestro conocimiento se mantiene encerrado en nuestras ideas y que, por consiguiente, no podemos saltar de las ideas a la realidad, que ignoraos todo lo relativo a la existencia del mundo. Sin embargo, terminará afirmando la existencia de una realidad exterior. En consecuencia, nos dirá que tenemos un conocimiento intuitivo de la existencia del yo, un conocimiento demostrativo de la existencia de Dios y un conocimiento sensitivo de las cosas materiales y, de este modo, Locke, prácticamente termina admitiendo la existencia de las mismas realidades que los filósofos anteriores.

A este respecto, a Locke le resulta evidente la conclusión de Descartes pienso, luego existo; la actividad pensante del sujeto supone la autoevidencia inmediata de su propia existencia y esta verdad la percibimos con tanta certeza que no necesita ningún otro tipo de prueba.

De la existencia de Dios poseemos un conocimiento demostrativo. Para demostrar la existencia de Dios, Locke toma como punto de partida la evidencia de nuestra propia existencia y aplicando a este hecho el principio de causalidad pone en evidencia la necesidad de a existencia del ser divino. La demostración podría sintetizarse en los siguientes pasos:

  1. De la nada nada puede proceder.

  2. Es evidente que existe alguna realidad, por ejemplo, mi propio yo.

  3. Ahora bien, yo no he existido siempre, sino que he tenido un comienzo.

  4. Por tanto, ha tenido que existir siempre algo, puesto que para que exista en cualquier momento cualquier realidad, ha debido de existir siempre alguna realidad.

  5. Luego debe existir una realidad divina y eterna de quien depende mi existencia y la existencia de todo cuanto existe, y a dicha realidad llamamos Dios. Dios, por tanto, existe.

Del conocimiento de las cosas externas, nos dice Loche, tenemos un conocimiento sensitivo. Ahora bien, ¿cómo es posible dicho conocimiento, si nuestra mente sólo conoce de manera inmediata las ideas? ¿Cómo justificar nuestra creencia en el mundo externo? Las ideas de cualidades primarias que tenemos en nuestra mente se corresponden con una realidad objetiva de los cuerpos externos; pero, ¿cómo podemos estar seguros de ello? Locke no acierta a darnos una respuesta satisfactoria y en este sentido nos indica, por una parte, que el conocimiento que tenemos de las cosas externas no es tan claro como el conocimiento intuitivo que tenemos de nosotros mismos o el demostrativo de Dios. En este sentido, disponemos de cuatro criterios que contribuyen a confirmar el valor de nuestro conocimiento sensitivo:

  1. Nos faltan las ideas de las respectivas cualidades sensibles cuando carecemos de un órgano sensitivo determinado (los ciegos de nacimiento carecen de las ideas de los colores).

  2. En la recepción de nuestras ideas simples somos pasivos, es decir, sus cualidades se nos imponen con independencia de nuestra voluntad.

  3. Ciertas ideas se nos imponen produciéndonos dolor o placer sin que esté en nuestras manos que sea de otro modo.

  4. Con frecuencia los sentidos se dan mutuo testimonio entre sí (una persona ve el movimiento por la vista y, al mismo tiempo, lo percibe por el tacto o por el oído).

De este modo, el conocimiento de las cosas externas queda enormemente debilitado y las ciencias físicas y naturales, es decir, las ciencias de los cuerpos, jamás pueden proporcionar una certeza plena. El auténtico conocimiento cierto e indudable queda encerrado en el ámbito de nuestras ideas, mientras que los puentes entre las ideas y la realidad siempre resultan dudosos y mucho más en el caso del conocimiento sensible.

Como se puede apreciar por estas suposiciones, Locke, a pesar de su concepción claramente empirista, se esforzó por evitar la caída en el relativismo y en el escepticismo epistemológico, rechazando toda postura extrema a que parecían llevarle sus principios y procuró aceptar casi todas las realidades afirmadas por la tradición.

Además de las ideas como signos de las cosas, existen las palabras como signos de las ideas. Locke analiza las palabras desde una perspectiva nominalista, continuadora de la tradición de Ockham: no hay esencias universales y, por tanto, las palabras generales solo son nombres que representan los rasgos comunes a individuos semejantes. El nominalismo no acepta la realidad de las ideas universales, que son concebidas como meros nombres. Sólo tienen existencia real los individuos o las entidades particulares.

Metafísica: crítica al concepto de sustancia

La metafísica de Descartes se apoyaba en el concepto de sustancia para justificar la racionalidad de lo real y la posibilidad de las ideas innatas. Locke, en cambio, considera la sustancia como una referencia misteriosa.

En términos generales, los empiristas, a diferencia de los racionalistas, al aceptar la sensación, como única vía de conocimiento, niegan la posibilidad de conocer algo distinto de las cualidades sensibles de las cosas. Consideran, en consecuencia, que el concepto de sustancia es un concepto vacío, son correlato real, que sólo expresa el enlace o unión, que realiza el pensamiento, de un conjunto de fenómenos sensibles.

Lo único que podemos conocer a través de los sentidos son las cualidades sensibles de las cosas, y el concepto de sustancia representa el sustrato en el que reposan dichas cualidades. Es decir, que la idea de sustancia no es otra cosa que una idea compleja elaborada por la mente a partir de las ideas de las cualidades sensibles de los fenómenos, que la experiencia nos muestra constantemente asociadas.

La idea de sustancia es, pues, una noción oscura de un no sé qué incognoscible que sirve de sustrato, de fundamento, a conjuntos de cualidades sensibles que sí podemos conocer. Esta imposibilidad de conocer la sustancia significa que, contrariamente a lo que sostienen los racionalistas, hay un límite en el conocimiento: no se puede ir más allá de las ideas, y estas, al proceder de la experiencia, deben tener cierta conformidad con la realidad. Por ejemplo, si observamos una mesa podemos percibir ciertos colores, cierta extensión, su movimiento o su reposo, mediante el tacto notamos cierta solidez, consistencia, rugosidad o lisura, etc., pero, ¿percibimos la sustancia mesa? La respuesta de Locke es contundente: no, ninguna percepción tengo de la realidad sustancial mesa, dicha realidad no consta a mis sentidos y, por tanto, no puede ser conocida, sino supuesta o inferida, ya que no podemos imaginar que las cualidades antes enumeradas podrían subsistir por sí mismas. En consecuencia, por sustancia debemos entender el soporte desconocido que suponemos existe debajo de las cualidades que percibimos y dicho soporte jamás se nos muestra a nuestras facultades cognoscitivas; permaneciendo constantemente más allá de donde éstas pueden llegar. Hablando con propiedad, no conocemos la naturaleza de la sustancia, sino que deducimos su existencia.

Origen social de los principios morales

Al rechazar las ideas innatas, Locke niega también la posibilidad de que existan principios innatos de carácter moral. Nuestras ideas morales, como todas las demás, se derivan de la experiencia. Se opone, de este modo, al intelectualismo moral característico del Racionalismo. Sin embargo, ello no significa que Locke niegue la posibilidad de conocer los principios morales, pues comparando las ideas se descubren relaciones de acuerdo o de desacuerdo entre ellas, lo que permite formular reglas morales.

Sostiene que la moralidad es susceptible de demostración como las matemáticas, y considera a la Ética ciencia demostrativa. Las ideas morales serian arquetipos, patrones, que permitirían determinar la bondad o maldad de las acciones, siguiendo, en este caso, una línea del más típico Racionalismo. Por otra parte, Locke considera bueno lo que aumenta el placer y malo lo que causa dolor, en lo cual coincide con Spinoza, aunque luego entiende como bien moral la conformidad de las acciones voluntarias con la ley.

Distingue tres tipos de leyes: de la opinión, civil y divina. Entiende por la ley de la opinión la aprobación o desaprobación que se da en las distintas sociedades a determinadas acciones, de acuerdo con las costumbres de cada lugar y que, por ello, pasan a tener buena o mala fama, es decir, se consideran virtudes o vicios. En relación con la ley civil, las acciones se consideran inocentes o criminales. En relación con la ley divina, se habla de acatamiento o transgresión de la ley. De entre ellas, la ley divina es el criterio último de moralidad. Esta ley puede conocerse por medio de la razón, aunque la revelación la explicita mejor.

Política: el Estado liberal

Locke defiende que el origen del poder y del Estado reside en un acuerdo o convenio entre individuos. Acepta la existencia de una ley natural que dimana de la razón y que nos confiere unos derechos y deberes previos a toda forma de organización política. Esta última no tiene otro fin que asegurar el libre ejercicio de estos derechos.

Para Locke el estado de naturaleza no es un estado presocial ni premoral. En dicho estado los hombres viven en familia y reconocen la autoridad de la misma. Además, reconocen la ley natural propia y connatural a nuestra razón, que nos lleva a defender nuestra vida y libertad y a respetar la de los demás.

Locke considera que la autoridad de los gobernantes no deriva de Dios, sino del acuerdo entre los hombres. Estos vivían libres en el estado de naturaleza, bajo la ley natural, que impone el derecho y la obligación a la propia conservación, lo que Locke define como propiedad, que incluye la propiedad de la persona, su libertad y sus bienes.

El trabajo convierte en privada la propiedad común del estado de naturaleza. Lo que un individuo sea capaz de cazar o de recolectar pasa a ser de su propiedad, siempre que lo utilice. Y eso mismo vale para la tierra: se puede apropiar de tanta como se pueda cuidar y cultivar sin que la producción se desperdicie. Esta limitación desaparece con el dinero, que permite una acumulación sin límite.

Surgen así las desigualdades, y lo que fue un estado donde la vida era agradable se convierte en un estado de inseguridad y amenaza. La ley natural, al no existir jueces ni autoridades que garanticen su cumplimiento, no es suficiente, y la necesidad de leyes positivas, jueces imparciales y poder ejecutor se hace evidente.

La constitución de la sociedad civil requiere no solo el contrato social entre algunos hombres para formar la comunidad, sino también el mandato de la mayoría. Si un gobernante no sigue la voluntad de la mayoría se convertirá en tiránico y estará justificada la rebelión. Para prevenir los abusos lo mejor es introducir la división de poderes en el gobierno: legislativo, ejecutivo y federativo. El poder legislativo promulga las leyes que obligan a todos los ciudadanos, pero no es necesario que esté siempre en activo. En cambio, el poder ejecutivo debe ser permanente para hacer cumplir las leyes en todo momento. El federativo es el poder de declarar la guerra y firmar la paz.

Locke defiende la idea de tolerancia. Rechaza que la religión se imponga y la separa del Estado. A su vez, la preservación de la tolerancia exige que ningún grupo obtenga privilegio alguno sobre el resto de la sociedad. Pero Locke también limita los derechos de los ateos, porque quien no cree en Dios puede que no se sienta obligado a respetar sus compromisos, y los de los católicos, que, al obedecer al Papa, se alían con un poder extranjero.

La lucha a favor de la tolerancia y el creciente antidogmatismo caminan de la mano del cambio social que se opera en el siglo XVII, en el que el crecimiento de la burguesía mercantil va a favorecer el establecimiento de una paz religiosa que es necesaria para los intercambios comerciales, ya que los continuos conflictos religiosos de la época creaban serios problemas en este terreno. Por otra parte, en una época de viajes y exploraciones, el descubrimiento de pueblos que no se apoyan en una religión revelada, pero que tienen una moral estricta, cuestiona la validez universal de la religión cristiana y su moral. La nueva mentalidad supone que la libertad de honrar a Dios, cada uno según su propia comprensión, puede admitirse sin peligro para la paz del Estado

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