La Biblia Satánica




descargar 0.56 Mb.
títuloLa Biblia Satánica
página7/23
fecha de publicación17.01.2016
tamaño0.56 Mb.
tipoDocumentos
b.se-todo.com > Ley > Documentos
1   2   3   4   5   6   7   8   9   10   ...   23

AMOR Y ODIO




EL Satanismo representa amabilidad con aquellos que se la merecen en lugar de amor desperdiciado en ingratos.

No puedes amar a todo el mundo; es ridículo pensar que puedes. Si amas a todo y a todos perderás tus poderes naturales de selección y acabarás siendo un pésimo juez de carácter y de calidad. Si algo es usado con demasiada libertad pierde su verdadera importancia. Por lo tanto, el Satanista cree que debes amar fuertemente y por completo a quienes merecen tu cariño, pero ¡nunca des la otra mejilla a tu enemigo!

El amor es una de las emociones más intensas sentidas por el hombre; otra es el odio. Obligándote a sentir amor indiscriminado es algo poco natural. Si tratas de amar a todo el mundo, lo único que consigues es disminuir tus sentimientos hacia quienes merecen tu amor. El odio reprimido puede causar muchas enfermedades físicos y emocionales. Al aprender cómo descargar tu odio y dirigirlo a quienes se lo merecen, te limpias a ti mismo de todas ésas emociones malignas y no necesitarás descargar tu odio reprimido sobre tus seres queridos.

Nunca ha existido un gran movimiento de "amor" en la historia de la humanidad que no haya terminado asesinando un incontable número de personas —¡debemos suponer que era para demostrar cuánto las amaban! ¡Todo hipócrita que ha caminado sobre la faz de la Tierra ha tenido sus bolsillos rebosantes de amor!

Todo religioso farisaico asegura amar a sus enemigos; aún cuando es atacado se consuela a sí mismo pensando “Dios los castigará”. En lugar de admitir que son capaces de odiar a sus enemigos y tratarlos de la forma que se merecen, dicen: “Bueno, pero por la gracia de Dios, voy a rezar por ellos”. ¿Por que habríamos de humillarnos y rebajarnos a nosotros mismos al sacar una comparación tan incorrecta?

Se ha pensado que el Satanismo es sinónimo de crueldad y brutalidad. Esto se debe únicamente a que la gente tiene miedo de enfrentar la verdad —y la verdad es que el ser humano no es tan benigno ni amoroso. Sólo porque el Satanista admite que el ser humano es capaz tanto de amar como lo es de odiar, es considerado odioso. Al contrario, como es capaz de dar rienda suelta a su odio a través de una expresión ritualizada, es mucho más capaz de amar —con el más profundo amor. Al reconocer y admitir honestamente tanto el amor como el odio que siente, no confundirá una emoción con la otra. Si no eres capaz de experimentar una de éstas dos emociones, no podrás experimentar la otra completamente.

SEXUALIDAD SATÁNICA




HA habido mucha controversia sobre los puntos de vista Satánicos sobre "el amor libre". A menudo se supone que la actividad sexual es el factor más importante de la religión Satánica, y que la disponibilidad de participar en orgías sexuales es un prerrequisito para convertirse en Satanista. ¡Nada podría estar más lejos de la verdad! De hecho, a aquellos oportunistas que no tienen mayor interés en el Satanismo que el de sus aspectos sexuales, se les recomienda enfáticamente que no acudan a él.

El Satanismo preconiza la libertad sexual, pero únicamente en el verdadero sentido de la palabra. En el concepto Satánico, el amor libre significa exactamente eso —libertad de ser fiel a una persona o de satisfacer tus deseos sexuales con tantas personas como creas necesario para satisfacer tus necesidades particulares.

El Satanismo no alienta la actividad orgiástica o el adulterio cuando se trata de gente que no podría hacer eso de manera natural. Para muchas personas, sería poco natural y perjudicial ser infiel a quien han escogido como pareja. Para otras, sería frustrante estar sometida sexualmente a una sola. Cada uno debe decidir por sí mismo qué forma de actividad sexual se adapta mejor a su personalidad. El forzarte a ti mismo a ser adúltero, o a tener pareja sexual cuando no estás casado sólo por querer probar a otros (o peor aún, probarte a ti mismo) que ya estás liberado de toda culpabilidad sexual, es tan erróneo —según los parámetros del Satanismo— como abstenerte de satisfacer tus deseos sexuales debido a sentimientos arraigados de culpa.

Muchos de quienes se preocupan constantemente por demostrar su emancipación de la culpa sexual, en realidad están atados por una esclavitud sexual aún mayor que quienes aceptan la actividad sexual como una parte natural de la vida y no hacen tanta alharaca de su libertad sexual. Por ejemplo es un hecho establecido que la ninfómana (la mujer de los sueños de todo hombre, y protagonista de toda novela erótica) no es libre sexualmente, sino que en realidad es frígida y va de hombre en hombre porque está tan inhibida que no es capaz de tener una descarga sexual satisfactoria.

Otra idea errónea es que la capacidad de tener actividad sexual grupal es un indicio de libertad sexual. Todos los grupos de sexo-libre tienen una cosa en común: No admiten actividad sexual fetichista o desviada.

De hecho, los ejemplos más reforzados de actividad sexual no-fetichista catalogados sutilmente como "sexo libre" tienen un formato en común. Cada uno de los participantes en la orgía se desviste, siguiendo el ejemplo de alguien, y fornican mecánicamente —siguiendo el ejemplo del líder. Ninguno de los participantes considera que su forma de sexo "emancipado" pueda ser vista como algo regimentado e infantil por quienes no son miembros, incapaces de igualar la uniformidad con la libertad.

El Satanista se da cuenta que si ha de ser un ‘experto en sexo’ (y estar libre por completo de la culpa sexual), no puede sentirse atacado por los supuestos ‘revolucionarios sexuales’ más de lo que puede sentirse atacado por la mojigatería de su sociedad culpabilizada. Los grupos de ‘libertad sexual’ no entienden el verdadero significado de la libertad sexual. A menos que la actividad sexual pueda expresarse a nivel individual, (lo cual incluye fetiches personales) no hay objeto en unirse a una organización de libertad sexual.

El Satanismo aprueba cualquier tipo de actividad sexual que tienda a satisfacer adecuadamente todos tus deseos individuales —ya sean heterosexuales, homosexuales, bisexuales e incluso asexuales, si lo prefieres. El Satanismo aprueba también cualquier fetichismo o desviación que enriquezca tu vida sexual, siempre que en ello no se vea inaplicado alguien que no desee tomar parte en ello.

El predominio de conductas desviadas y/o fetichistas en nuestra sociedad haría estremecer la imaginación de quienes aún son sexualmente ingenuos. Hay más variantes sexuales de las que puede percibir quien no está versado en materia sexual: el travestismo, el sadismo, el masoquismo, el exhibicionismo —por citar sólo algunas de las desviaciones más predominantes. Todo el mundo tiene alguna forma de fetiche, pero debido a que no perciben la preponderancia de la actividad fetichista en nuestra sociedad, creen que si se someten a sus anhelos “antinaturales”, serán tomados por depravados.13

Incluso el asexual tiene una desviación: su asexualidad. Es muchísimo más anorrnal tener una carencia de deseo sexual (a menos que se trate de un caso de enfermedad, de edad avanzada o de cualquier otra razón válida haya causado la disminución sexual) que ser sexualmente promiscuo. Sin embargo, si un satanista opta por elegir la sublimación sexual prefiriéndola a cualquier otra expresión sexual abierta, eso es asunto suyo. En muchos casos de sublimación sexual (o de asexualidad), cualquier intento por emanciparse sexualmente podría tener resultados devastadores para el asexual.

Los asexuales son invariablemente individuos que están sublimados sexualmente por sus empleos o por sus aficiones favoritas. Toda la energía e impulsos que normalmente estarían a la actividad sexual son canalizados hacia otros pasatiempos o hacia las ocupaciones que prefieran. Si una persona favorece otros intereses a la actividad sexual, es su derecho, y nadie tiene por qué a condenarla por ello. Sin embargo, esa persona debería por lo menos reconocer el hecho de que ello es una sublimación sexual.

Debido a la falta de oportunidades para expresarse, muchos deseos sexuales secretos no llegan jamás a trasponer el estado de la fantasía. El no descargarlos suele llevar a la compulsión y, por lo tanto, una gran cantidad de personas idean indetectables para dar rienda suelta a sus deseos. No por el hecho de que gran parte de la actividad fetichista no sea aparente exteriormente, quienes no son duchos en materia sexual han de engañarse pensando que tal actividad no existe. Para citar ejemplos de las ingeniosas técnicas utilizadas: El travestido masculino se dará gusto en su fetichismo llevando prendas interiores femeninas mientras se dedica a sus actividades cotidianas; o la mujer masoquista puede llevar una faja de goma varias tallas más pequeña que la suya, y de este modo estará todo el día en condiciones de obtener un placer de su incomodidad fetichista sin que nadie se aperciba de ello. Estas ilustraciones constituyen ejemplos mucho más suaves y prevalecientes que otros que podrían haberse dado.

El Satanismo alienta cualquier forma de expresión sexual que desees, siempre y cuando no perjudiques a nadie más. Para evitar confusiones, debemos aclarar la afirmación anterior. Al decir que no se debe perjudicar a nadie, no incluimos el daño no intencionado que pueda recaer sobre aquellas personas que, a causa de sus ansiedades concernientes a la moral sexual, puedan no estar de acuerdo con tus puntos de vista sobre el sexo. Naturalmente, deberías evitar el ofender a quienes signifiquen mucho para ti, y por ello me refiero a tus amigos y parientes más mojigatos. Sin embargo, si te esfuerzas sinceramente a evitar ofenderlos, y a pesar de tus esfuerzos ellos se dan cuenta accidentalmente, no es responsabilidad tuya, y por lo tanto no deberías sentir culpa alguna ya sea respecto a tus convicciones sexuales, como al hecho de que ellos se hayan ofendido debido a ésas convicciones. Si con tus actitudes sexuales temes constantemente ofender a los mojigatos, entonces no tiene sentido el intentar liberarte de la culpa sexual. Sin embargo, de nada sirve que hagas ostentación de tu permisividad.

La otra excepción a la regla hace referencia a la relación con los masoquistas. Un masoquista extrae placer de ser maltratado; en consecuencia, si se le niega al masoquista su placer a través del dolor, eso le hace sufrir tanto como el verdadero dolor físico hace sufrir al que no es masoquista. La historia del sádico auténticamente cruel ilustra bien la cuestión. El masoquista le dice al sádico: «golpéame». A lo cual el sádico despiadado responde: "¡NO!" Si una persona quiere ser maltratada y disfruta sufriendo, no hay razón alguna para no darle gusto en lo que acostumbra.

En el lenguaje popular, el término "sádico" describe a alguien que obtiene placer de la brutalidad indiscriminada. Sin embargo, un verdadero sádico es selectivo. De la amplia reserva de víctimas apropiadas, escoge cuidadosamente, y se deleita dándoles a quienes gustan vivir en el dolor la satisfacción de sus deseos. ¡El sádico "bien adaptado" es epicúreo al seleccionar aquellos en quienes su energía será bien invertida! ¡Si una persona es lo bastante saludable para admitir que es un masoquista y disfruta siendo esclavizado y azotado, un sádico verdadero estará dichoso de participar!

Aparte de las excepciones que citaremos a continuación, el Satanista no heriría intencionalmente a otros violando sus derechos sexuales. Si intentas imponer tus deseos sexuales a quienes no acepten tus avances, estarás infringiendo su libertad sexual. Por lo tanto, el Satanista no defiende la violación, acoso sexual a menores de edad, relaciones sexuales con animales, o cualquier otra forma de actividad sexual que implique la participación de personas que no se presten voluntariamente, o que debido a su inocencia o ingenuidad puedan ser intimidados o engañados para actuar en contra de sus deseos.

Si todas las partes envueltas son adultos maduros que conscientemente asumen toda responsabilidad de sus acciones y se comprometen voluntariamente en una forma dada de expresión sexual —aún si ésta es considerada generalmente como tabú— no existe razón para que repriman sus inclinaciones sexuales.

Si eres consciente de todas las implicaciones, ventajas, y desventajas, y estás seguro que tus acciones no harán daño a quien no desee o se merezca dicho trato, no tienes razón alguna para suprimir tus preferencias sexuales.

Así como no hay dos personas cuyas preferencias culinarias o capacidad para ingerir alimentos sean iguales, los gustos y apetitos sexuales variarán de una persona a otra. Ninguna persona o sociedad tiene derecho para imponer límites a los parámetros sexuales o en la frecuencia sexual de otros. La conducta sexual apropiada sólo puede ser juzgada dentro del contexto de cada situación individual. Por lo tanto, lo que una persona considere moral y sexualmente correcto puede ser frustrante para otra. Lo contrario también es cierto; una persona puede tener gran destreza sexual, pero despreciar a otra persona cuya capacidad no iguale a la suya propia sería algo injusto, e imponer sus gustos a otra persona sería algo muy desconsiderado, por ejemplo, el hombre que tiene un voraz apetito sexual, pero que las necesidades sexuales de su esposa no se ajustan a las de él. Es injusto de su parte esperar que ella responda de manera entusiasta a sus propuestas, pero ella a su vez debe mostrar el mismo grado de comprensión. En momentos en los que ella no sienta mucha pasión, debería aceptarlo sexualmente, así sea de manera pasiva, pero complaciente, o bien no quejarse si su esposo decide satisfacer sus necesidades en otra parte —incluyendo prácticas autoeróticas.

La relación ideal es aquella en la que cada persona está profundamente enamorada de la otra y son sexualmente compatibles. Sin embargo, las relaciones perfectas son relativamente poco comunes. Es importante señalar aquí que el amor espiritual y el amor sexual pueden ir de la mano, aunque este no sea siempre el caso. Si existe cierto grado de compatibilidad sexual, casi siempre es limitado, y algunos deseos sexuales, si bien no todos, serán satisfechos.

No existe mayor placer sexual que el derivado de asociarte con alguien de quien estás profundamente enamorado, si son sexualmente compatibles. Sin embargo, si no existe una compatibilidad mutua, ha de señalarse que la ausencia de compatibilidad no indica ausencia de amor espiritual. Uno puede existir sin el otro, y esto suele suceder. De hecho, la mayoría de las veces uno de los miembros de una pareja recurrirá a actividades sexuales extramaritales porque está profundamente enamorado de su compañero, y no quiere herir al otro, o imponer sus exigencias sobre su amado. Un amor espiritual profundo es enriquecido por el amor sexual, y ciertamente es un ingrediente necesario para una relación satisfactoria; pero debido a los diversos gustos sexuales, la actividad sexual externa, o la masturbación, proveen el suplemento necesario.

La masturbación, considerada por muchas personas como un tabú sexual, crea un problema de culpabilidad que no resulta fácil de afrontar. En este asunto es preciso hacer mucho hincapié, puesto que constituye el elemento extremadamente importante de muchos actos mágicos destinados a tener éxito. Desde que la Biblia judeo-cristiana describió el pecado de Onán (Gen 38:7-10), el hombre no ha cesado de considerar la gravedad y las consecuencias del «vicio solitario». Aunque los modernos sexólogos han explicado que el pecado de Onán es simplemente un coitus interruptus, siglos enteros de falsa interpretación teológica han causado un daño casi irreparable.

Prescindiendo de los verdaderos crímenes sexuales, la masturbación es uno de los actos sexuales que peor está visto. Durante el último siglo fueron escritos innumerables textos para describir las horrorosas consecuencias de la masturbación. La palidez de la piel, la dificultad en la respiración, los granos en la cara y una pérdida del apetito no eran más que unas cuantas de las muchas características que se suponía provenían de la práctica de la masturbación. Se aseguraba que se produciría un total colapso físico y mental si no se atendían las advertencias de aquellos manuales destinados a la juventud.

Las espeluznantes descripciones de tales textos resultarían casi risibles si no fuera por el hecho lamentable de que, a pesar de que los sexólogos, doctores o escritores contemporáneos han hecho mucho para elimina el estigma de la masturbación, todos los muy arraigados sentimientos de culpabilidad creados por las absurdidades de aquellos primeros textos sexuales no han podido ser borrados sino de una manera parcial. Un gran porcentaje de personas, en especial aquellas que han rebasado la edad de cuarenta años, no pueden aceptar emocionalmente la circunstancia de que la masturbación es natural y saludable. Hay ciertas personas que ahora logran aceptarla intelectualmente, pero, como siguen considerándola con repugnancia, sucede que de un modo inconsciente comunican su repugnancia a sus hijos.

En otros tiempos se pensaba que uno se volvería loco si, a pesar de todas las advertencias, persistía en sus prácticas autoeróticas. Este ridículo mito tomó cuerpo a causa de ciertos informes que pretendían que la masturbación estaba muy extendida entre los residentes de los centros psiquiátricos. Se suponía que, puesto que casi todos los dementes se masturbaban, era su masturbación la que les había vuelto locos. Nadie se detenía a pensar que la verdadera razón de que los dementes se entregaran a la práctica de la masturbación había que ir a buscarla en la carencia de compañeros del sexo opuesto y en esa necesidad de liberar la inhibición que es la característica de una locura extrema.

Muchas personas preferirían que su pareja busque en otra parte la actividad sexual antes que dedicarse con ella a actos autoeróticos. En esto influyen los propios sentimientos de culpabilidad, más una repugnancia a realizar una masturbación mutua. Hay casos en los que existe también el temor a la repugnancia de la pareja —si bien en un sorprendente número de casos se obtiene una excitación vicaria al saber que nuestra pareja está teniendo experiencias sexuales con otros— aunque esto no sea comúnmente admitido.

Si se tiene cierta estimulación sexual al imaginar a la pareja de no teniendo relaciones sexuales con otros, ésto debería expresarse abiertamente, de modo que ambas partes salgan ganando. Sin embargo, si la prohibición de la masturbación se debe únicamente a sentimientos de culpa de una o ambas partes, deberían hacer todo intento posible por borrar ésas culpas —o por utilizarlas. Muchas relaciones podrían salvarse de la destrucción si las personas involucradas no sintieran culpa de reaizar actos naturales de masturbación.

La masturbación es considerada como mala porque produce placer derivado de acarciar intencionalmente con la mano un área “prohibida” del cuerpo. Los sentimientos de culpa que suelen acompañar la mayoría de actos sexuales pueden ser mmitigados por la idea religiosamente aceptable de que los placeres sensuales son necesarios para la procreación —aunque uno marque cudadosamente los días “seguros” en el calendario. Sin embargo, no puedes apaciguarte a tí mismo con ésta idea mientras sigas en tus prácticas masturbatorias.

Por mucho que te hayan hablado de la «Inmaculada Concepción» —aún si la fe ciega te permite tragar esa absurdidad—, todos sabemos muy bien que si queremos traer al mundo a un niño tenemos que mantener un contacto sexual con una persona del sexo opuesto. Si uno se siente culpable al cometer el “pecado original”, entonces no hay duda de que se sentirá mucho más culpable al realizar un acto sexual pensando tan sólo en uno mismo, y no en la necesidad de crear hijos.

El Satanista se da plena cuenta de las razones por las cuales los sacerdotes declaran pecaminosa la masturbación. Tal como ocurre con todos los otros actos naturales, las personas la realizarán por mucho que las reprendan severamente. Ahora bien, provocar un sentimiento de culpabilidad ¿es una importante faceta de su perverso plan para inducir a las personas a expiar sus «pecados». ¿Y qué mejor manera de expiarlos que pagando las hipotecas sobre los templos de la abstinencia?

Aun cuando el hombre moderno no sienta ya (o crea no sentirse ya) bajo el peso de un sentimiento de culpabilidad provocado por la religión, la verdad es que todavía se siente avergonzado si cede al deseo de masturbarse. Un hombre puede sentirse privado de su masculinidad si se satisface autoeróticamente en lugar de entregarse al juego competitivo de dar caza a una mujer. Es posible que una mujer se sienta tentada a satisfacerse a sí misma sexualmente, pero aún así echará de menos esa satisfacción egoística que proviene del deporte de la seducción. Ni el cuasi-Casanova ni la ficticia vampiresa se sienten a gusto cuando están “obligados” a recurrir a la masturbación para obtener una satisfacción sexual: ambos preferirían incluso un compañero inadecuado. Sin embargo, satánicamente hablando, es mucho mejor entregarse a una fantasía perfecta que participar con otra persona en una vacua experiencia. Con la masturbación, uno domina completamente la situación. Para ilustrar el hecho indiscutible de que la masturbación es una práctica enteramente normal y saludable, diremos que es realizada por todos los miembros del reino animal. Los niños también se rinden a sus instintivos deseos masturbatorios, salvo que hayan sido regañados por unos padres indignados. Desde luego, en esto suele haber una tradición que se remonta de hijos a padres a todo lo largo de una infinita línea ascendente.

Es lamentable, pero cierto, que los sentimientos de culpabilidad sexual de los padres se transmiten inmutablemente a sus hijos. Con el objeto de salvar a nuestros hijos del triste destino sexual de nuestros abuelos, nuestros padres, y posiblemente del nuestro propio, nuestra obligación es conseguir que el perverso código moral del pasado quede expuesto tal como es: una serie de reglas pragmáticas organizadas que, si obedecemos de un modo rígido, nos destruirán. Podemos estar seguros de que, si no nos liberamos de los ridículos niveles sexuales de nuestra sociedad actual, y en ellos incluimos a la pretendida revolución sexual, persistirá la neurosis provocada por esas sofocantes regulaciones. La adhesión a la nueva moralidad del satanismo, que es razonable y humanitaria, servirá al desarrollo de una sociedad en la que nuestros hijos podrán crecer saludablemente y sin los devastadores inconvenientes morales de una sociedad actual que está enferma.
1   2   3   4   5   6   7   8   9   10   ...   23

similar:

La Biblia Satánica iconTesoros de la biblia

La Biblia Satánica iconEl Lugar que ocupa en la Biblia el Libro de Romanos

La Biblia Satánica iconDigitalizador:  Nascav (España) l-01 – 09/01/04
«guerra mundial», «holocausto atómico» y «fin de ios días» están codificados en la Biblia junto a una fecha: 2006

La Biblia Satánica iconCreacionismo: defiende que la Biblia es la palabra escrita por Dios,...

La Biblia Satánica iconLa Biblia de estudio que le ayudará a comprender y aplicar la Plenitud...
«en el principio». Como Creador, el gobierno de lo creado debe estar en sus manos. Su benevolente intención de crear cosas «buenas»...




Todos los derechos reservados. Copyright © 2019
contactos
b.se-todo.com