Las ciudades y la importancia del orden




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títuloLas ciudades y la importancia del orden
fecha de publicación17.01.2016
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Historia del Arte 6to MD -URBANISMO- Prof. Marcela Pérez

LAS CIUDADES y LA IMPORTANCIA DEL ORDEN:

EL URBANISMO
El hombre camina derecho porque tiene un objetivo; sabe a donde va, ha decidido ir a determinado sitio y camina derecho. El asno zigzaguea, pierde un poco el tiempo, sesea esmirriada y distraída; zigzaguea para evitar los cascotes, para esquivar la pendiente, para buscar la sombra, se preocupa lo menos posible”.

El hombre rige sus sentimientos con la razón, reprime sus sentimientos y sus instintos en pos del objetivo que tiene. Gobierna a la bestia con su inteligencia. Su inteligencia exige normas que son efecto de la experiencia. La experiencia nace del trabajo: el hombre trabaja para no perecer. Para producir hay que tener una línea de conducta; hay que obedecer las reglas de la experiencia. Hay que pensar por anticipado el resultado. El burro no piensa en nada, en nada más que en dar vueltas. El asno ha trazado todas las ciudades del continente, incluso Paris, desgraciadamente. (…)

Los romanos eran grandes legisladores, grandes colonizadores, grandes administradores. Cuando llegaban a algún sitio, a la encrucijada de los caminos, al borde del río, tomaban la escuadra y trazaban la ciudad rectilínea, para que fuera clara y ordenada, fácil de vigilar y de asear, para que fuera fácil de orientarse en ella, para que se la recorriera cómodamente: la ciudad de trabajo (la del imperio) como la ciudad del placer (Pompeya). La recta convenía a su dignidad de romanos.

En su casa propia, en Roma, los ojos vueltos hacia el Imperio, se dejaron sofocar por el camino de los asnos, ¡ironía!, los ríos entonces, se iban, lejos del caos de la ciudad, a construir las grandes villas ordenadas. (villa Adriana) Fueron, como Luis XIV, los únicos grandes urbanistas de Occidente. La Edad Media, asustada por el año 1000, aceptó la imposición del asno y largas generaciones sufrieron después. Luis XIV, después de haber intentado limpiar el Louvre (La Columnata), disgustado, tomó drásticas medidas: Versalles, ciudad y castillos fabricados de pies a cabeza rectilíneos y ordenados y el Observatorio, Los Inválidos y La Explanada, las Tullerías y los Campos Elíseos, lejos del caos, fuera de la ciudad, en orden y rectilíneos. (…)

La calle curva es el camino de los asnos, la calle recta es el camino de los hombres. La calle curva es consecuencia de la arbitrariedad, del desgano, de la blandura, de la falta de contracción, de la animalidad.‎

La recta es una reacción, una acción, una actuación, el efecto del dominio sobre sí mismo. Es sana y noble.

Una ciudad es un centro de vida y de trabajo intensos.

Un pueblo, una sociedad, una ciudad despreocupados, que se dejan llevar por la blandura y pierden la contracción, pronto quedan disipados, vencidos, absorbidos por un pueblo, una sociedad, que actúan y se controlan. Así es como mueren las ciudades y cambian las hegemonías”
Le Corbusier: La ciudad del futuro, Ediciones Infinito, Buenos Aires, (1ª Ed., 1924; 5ª ed. En español, 2003) –Vista previa del libro en Google Books.-
EL CONCEPTO DE URBANISMO:
El término “urbanismo”, en sentido estricto, es un neologismo creado en 1868 por el ingeniero español Ildefonso Cerdá en su obra Teoría General de la Urbanización, y en esencia significa ciencia y arte de la ordenación urbana.

Esta es la primera acepción del término urbanismo, acuñado para designar a una disciplina nueva surgida a fines del siglo XIX, como práctica de la transformación y construcción de la ciudad en la era industrial; el “urbanismo” es, en este sentido, una ciencia y teoría de la ciudad, una disciplina de carácter reflexivo y crítico, o sea, con pretensión científica.-

En contraposición a esta primera acepción, original y restringida, del término, “urbanismo”, se utiliza un segundo concepto, mucho más amplio e impreciso, se define como todo lo relativo a la ciudad (morfología urbana, mentalidad, legislación, etc.).

Después de 1945 el urbanismo ha conocido una expansión sin límites tanto en la teoría, la bibliografía es inabarcable, así como en la práctica, construcción de nuevas ciudades, como Brasilia y Chandigarh. La ciudad se ha convertido en el tema de estudio y experimentación de numerosos profesionales, entre los que destacan geógrafos, sociólogos, arquitectos, ingenieros, historiadores, filósofos y escritores.
URBANISMO GRIEGO
La ciudad de Mileto tras ser destruida por los persas hacia el año 494 a.C., fue reedificada hacia el 475 a.C., con una nueva manera de organizar la sociedad, la democracia, regida por el principio de isonomía (igualdad de todos ante la ley).

Hipódamo de Mileto, geómetra, topógrafo y filósofo, fue el encargado de planificar la nueva ciudad.

Proyectó un trazado ortogonal, con calles rectilíneas cruzándose en ángulo recto, lo que convirtió a Hipódamo en el primer urbanista con criterio científico riguroso.

Su gran aportación fue conferir a un trazado sencillo un contenido político-social: apostó por integrar política, urbanismo y geometría en el marco de una sociedad democrática. Estas firmes bases le otorgaron un valor simbólico de defensa de los derechos del pueblo; de alguna manera, el urbanismo asumía carácter político. El trazado ortogonal de Mileto se adapta bien al contorno sinuoso del promontorio que penetra en el mar donde se asienta la ciudad, dividida en tres parte: una cuadrícula menor, en la parte más estrecha, otra de cuadrícula mayor, en la base de la península, y la tercera, intersección de las otras dos, donde se encuentran el ágora y otros edificios representativos. Una muralla cierra el conjunto, protegiéndolo tanto por tierra firme como por mar.

La ciudad como sistema abierto
Al hacer referencia a la ciudad, debemos comenzar por el análisis de sus componentes espaciales: su emplazamiento y su situación. El emplazamiento es el lugar determinado y fijo, una colina, una llanura junto al río, entre otros, sobre el cual se asienta la ciudad, ya que toda ciudad es una porción de territorio, en el que se han modificado las condiciones naturales originarias. Es decir, se trata de un lugar geográfico, con unas determinadas características de relieve, geología, clima, situación y orientación, que no determinan pero sí condicionan la evolución futura de la ciudad. La ciudad es precisamente un ejemplo de la modificación de la naturaleza por la mano del hombre.

Además del carácter geográfico del emplazamiento, hay que tener en cuenta el carácter sagrado de algunos lugares, con las consecuencias que se derivan para la función de la ciudad allí emplazada, algunas de ellas convertidas en “centros” espirituales debe atender tanto a los componentes espaciales como a los temporales: del mundo, ciudades “santas” o ciudades “eternas” que son focos de peregrinación.

La situación de la ciudad se refiere a su relación con el territorio y por tanto con los caminos o vías de comunicación, tanto terrestre como marítima. La situación de una ciudad suele coincidir con su función, que puede ser múltiple y compleja en el sistema de organización del territorio: ciudades defensivas, capitales políticas, centros comerciales o industriales, y además esta función puede ser cambiante con el paso del tiempo.

Junto a los componentes espaciales de la ciudad, el emplazamiento y la situación, la metodología del análisis urbano debe añadir los temporales, puesto que la ciudad es un proceso continuo de crecimiento y transformación. La composición de la ciudad es obra del tiempo; la ciudad es una realidad evolutiva, que no ha sido pensada como fruto de un planeamiento sino de varios planeamientos sucesivos. De modo que hay que deslindar y caracterizar cada una de las etapas históricas de la ciudad, definiendo los cambios conceptuales y formales de cada periodo de su existencia.

La forma de la ciudad, es decir, la relación dialéctica entre las tipologías arquitectónicas y los espacios urbanos, se refleja en el plano de la ciudad, que representa su trazado o trama urbana, y cuya lectura nos muestra la forma del tejido urbano y de su transformación y evolución a lo largo del tiempo.
La estructura fundamental de la ciudad es su trazado. La ciudad, a partir de un primer núcleo, va creciendo por agregaciones, que se yuxtaponen o superponen, resultando así trazados regulares o irregulares, coherentes o absurdos. La ciudad constituye, pues, un sistema abierto e interrelacionado, en el que cada uno de los factores que intervienen en el proceso de su formación, inciden y modifican todo el sistema. Podemos hablar de dos tipologías fundamentales de ciudad, la ciudad radiocéntrica y la ciudad en cuadrícula.

La ciudad radiocéntrica, dispuesta en anillos sucesivos a partir de un núcleo central, parece responder a un tipo de crecimiento natural, en el que se ha ido envolviendo el lugar primitivo del asentamiento. A esta tipología responden las antiguas ciudades circulares asiáticas y también las ciudades ideales del Renacimiento, de planta poligonal o estrellada.

El otro tipo más frecuente es la ciudad en cuadrícula, es decir, de trama ortogonal o con las calles en damero, surgida en las antiguas civilizaciones agrarias y planificadas por Hipodamo de Mileto en Grecia, conocida por ello como trazado hipodámico, un trazado caracterizado por la regularidad y claridad, modelo difundido desde el urbanismo helenístico y romano hasta nuestros días. 

Originalidad de Cerdá “El Ensanche de Barcelona”

Cerdá proponía un ensanche que se extendiera desde la montaña de Montjuic hasta el río Besós, al lado del cual preveía un gran bosque. Seguía un trazado ortogonal, constituido por una red abierta, compuesta por una trama de calles paralelas al mar y otras perpendiculares a las anteriores, que formaría manzanas cuadradas.

Este sistema cuadricular eliminaba la noción de centro urbano y creaba así múltiples centros, con sus correspondientes equipamientos, distribuidos a lo largo de la ciudad. El propio casco antiguo se convertía en un barrio más del conjunto urbano.

La mayoría de las calles tenían un ancho de 20 m, aunque algunas medían 50 m y otras 30m. Las dos diagonales que cruzaban la ciudad (Diagonal y Meridiana) también alcanzaban los 50 m. Las manzanas eran cuadradas, de 113 m de lado y con sus ángulos seccionados por chaflanes de 20 m.

Según el proyecto de Cerdá (que en ese punto, como en otros, no fue respetado), las manzanas sólo debían estar edificadas por dos de sus lados y en algunas ocasiones formar una “L”. La profundidad de edificación variaba entre los 20 y 24 metros y dejaba el resto para espacios ajardinados. Muchas manzanas, convenientemente distribuidas, estaban destinadas a la construcción de mercados, iglesias, escuelas y otros edificios públicos. Por este motivo se ensanchaban las calles circundantes, y la manzana que supuestamente debía estar situada frente a la fachada principal del edificio proyectado desaparecía para dejar paso a una plaza o era dividida para dar lugar a pasajes. La distribución de equipamientos a lo largo de la trama urbana evitaba desplazamientos innecesarios y la congestión en un único centro, como ocurría con las ciudades antiguas. Originariamente, cada barrio debía disponer de un centro cívico, con parvulario, escuela, iglesia y asilo; cada distrito, de un mercado, y cada sector, de un parque. Fuera del Ensanche debía haber un cementerio, hospitales y un matadero.

El trazado de Ensanche de Barcelona, con sus calles anchas y regulares, obedecía a la consideración de la circulación como principio configurador de las ciudades de entonces, pero, sobre todo, de las ciudades del futuro. Así pues, las vías públicas debían asumir las previsiones de un tránsito rodado y peatonal en progresivo aumento.

Extraído de: Llacay Pintat, Et alter, Nuevo ARTERAMA, Segundo Curso, 2007, ed. VIVENS VIVES,
Actividades:


  1. Como habitante de una ciudad abierta, define lo que entiendes por “Urbanismo”

  2. Averigua acerca de Le Corbusier y explica qué concepto de ciudad desarrolla. Busca información sobre su trabajo como urbanista en Chandigarh.

  3. Luego de leer sobre Hipódamo De Mileto, explica porqué tiene tanta trascendencia en la Historia.

  4. Para observar la difícil tarea a la que se enfrentó Cerdá, busca planos de Barcelona antes y después de se “ensanche”.

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