Índice




descargar 0.58 Mb.
títuloÍndice
página14/50
fecha de publicación06.08.2016
tamaño0.58 Mb.
tipoDocumentos
b.se-todo.com > Ley > Documentos
1   ...   10   11   12   13   14   15   16   17   ...   50

La ciencia y la teología


Yo, personalmente, no veo gran futuro para la teología del tipo que hemos conocido hasta ahora. Los teólogos pueden creer en las revelaciones, pero nunca conseguirán hacer racional lo que es irracional por naturaleza. Esto no significa que yo discuta el planteamiento científico de la teología sistemática, que compara los textos con los hechos históricos conocidos, que examina los textos manuscritos y que intenta evaluar diversas relaciones diferentes por medio del análisis comparativo. Por ejemplo, ¿qué profetas hablaron del Mesías, y cuándo? ¿Cuáles de sus afirmaciones son incomprensibles, y a cuáles debemos dar menos importancia? ¿Qué tienen en común todas estas afirmaciones, y con qué otra relación concuerda la descripción determinada de un profeta? Si los teólogos se limitasen a llamar a esto «ciencia», yo no tendría nada que discutir con ellos... aparte del propio término «teología». Esta palabra procede de theos (Dios) y logos (palabra), y significa, por tanto, «la palabra de Dios». Pero esto es precisamente lo que no es la teología. Naturalmente, es cierto que todos los teólogos están convencidos de que se ocupan de la «palabra de Dios»; de lo contrario, jamás habrían elegido esa profesión. Pero esta seguridad ya es fe. Tienen fe en que los textos sagrados y no tan sagrados salieron una vez de la boca de Dios, en que él los dictó o se los reveló a los pocos escogidos. Pero ¿qué queda de estos textos cuando se elimina el elemento de la fe?

Lo que queda son los propios textos. Sencillamente, han perdido su carácter sagrado. Pueden seguir siendo venerables por su gran antigüedad. Podemos tratarlos con respeto porque describen hechos de una época inaccesible para la historia. Podemos analizarlos científicamente porque contienen muchas cosas llenas de interés. Cuando nos quitamos de encima la creencia en el carácter sagrado de estos textos es cuando podemos empezar verdaderamente a estudiarlos. Es, en efecto, nuestra idea de su carácter sagrado lo que nos impide realizar un análisis moderno de su significado.

Por otra parte, la filosofía paleobiet tampoco es más que un punto de vista, una teoría; proporciona una base muy útil, pero no es posible demostrarla todavía. ¿Se diferencia en algo la teología? ¿Existen pruebas concretas, científicas, de sus supuestos? Es bien sabido que no hay cosa más subjetiva que los gustos o las opiniones; por lo tanto, es inútil discutir acerca de ellos. Pero las personas discuten, porque el desfase generacional, unido al espíritu de los tiempos, provoca alteraciones en sus vidas interiores. Algunos quieren seguir asidos firmemente al baluarte firme de la fe; otros desean explicaciones que tengan una base científica. La palabra ciencia viene de scientia, que significa «conocimiento».

El «conocimiento» de la teología es inútil para la ciencia exacta. Está lleno de contradicciones y, en último extremo, es una cuesten de fe y de sentimientos. Lo mismo puede decirse de la filosofía paleobiet. Pero esta última desarrolla un hilo conductor claro, una cadena de pensamiento que aplica la razón y que hace más accesible lo incomprensible. La filosofía paleobiet encuentra un sentido a lo que antes no lo tenía. Los ocultistas pueden dejar a un lado sus bolas de cristal; los miembros de las sociedades secretas pueden cerrar sus tenderetes, pues las mercancías de la fe que se vendieron tan bien a lo largo de los milenios tienen menor demanda cada vez. Sólo el conocimiento científico moderno puede proporcionarnos una interpretación comprensible del pasado. Y esto tampoco se debe al mero azar: es propio de la naturaleza de las cosas. Las manzanas caen cuando están maduras. Y mi abuelo no podría haber concebido jamás las ideas que yo propongo ahora. Los viajes espaciales eran desconocidos en su época; él no sabía nada de los genes ni de la ingeniería genética, y los ángeles eran, para él, los mensajeros inviolables de Dios. Él habría tomado un holograma por una visión y un televisor por un vidrio parlante. ¡Alabada sea la piedra sagrada de Berlitz!

Si los velos se han alzado, ello no se debe a que nos estemos aproximando al final del milenio, sino a que la ciencia y la tecnología han abierto de par en par las puertas. Si la gente no hubiera empezado a discutir la posibilidad de los viajes espaciales, o no hubiera inventado el ordenador, o no hubiera descifrado los secretos del código genético hasta el año 2100, no nos habríamos encontrado hasta entonces en situación de examinar las preguntas que han suscitado tales cosas. Imaginémonos que mi tatarabuelo hubiera hecho un hallazgo maravilloso hace doscientos años. Supongamos que hubiera descubierto unas tablillas grabadas que, una vez descifradas por los sabios, contasen un viaje desde un mundo lejano hasta la Tierra y describieran la acogida poco amistosa que dieron a los viajeros los habitantes de la Tierra. ¿Qué habría sacado en limpio la gente de hace doscientos años de un texto así? Se habría atribuido a su autor desconocido una imaginación enorme; el texto se habría entendido como alegoría y como símbolo. La gente habría extraído de él una moraleja, tal como la de que debemos ser amistosos con los extranjeros aunque no sepamos de dónde vienen. Pero la posibilidad real de los viajes espaciales estaría fuera de su alcance.

De manera que yo creo que debemos aplicar una visión moderna a las preguntas antiguas de la humanidad. Estas cuestiones bien pueden haberse vuelto mucho más fáciles de resolver que en los tiempos de mi tatarabuelo. Ya no vivimos bajo la amenaza de la excomunión ni de las cazas de brujas, y los medios de comunicación modernos permiten el desarrollo y la difusión rápida de las teorías nuevas. Comprendo por qué algunas personas, atrincheradas en sus viejas creencias, quieren luchar desde la retaguardia para contener la inundación de los nuevos descubrimientos. Podrán contenerla durante cierto tiempo, pero ningún poder terrenal va a impedir la llegada del futuro. Las cosas que están prohibidas por la religión y por la ideología en un país tienden a aparecer bajo formas más radicales todavía en otro.

Los críticos me preguntan constantemente por qué estoy tan seguro de ir por el buen camino. Me dicen que mis opiniones no son más que una idea fija, indemostrable. Me acusan, asimismo, de emplear únicamente, de manera muy selectiva, los pasajes de las leyendas y de la mitología que apoyan mis teorías.
1   ...   10   11   12   13   14   15   16   17   ...   50

similar:

Índice iconIndice ( irá al índice general) II. Factores de riesgo 4

Índice iconÍndice

Índice iconÍndice

Índice iconÍndice

Índice iconIndice

Índice iconÍndice

Índice icon1.Índice

Índice iconIndice

Índice iconÍndice

Índice iconÍndice




Todos los derechos reservados. Copyright © 2019
contactos
b.se-todo.com