Índice




descargar 0.58 Mb.
títuloÍndice
página50/50
fecha de publicación06.08.2016
tamaño0.58 Mb.
tipoDocumentos
b.se-todo.com > Ley > Documentos
1   ...   42   43   44   45   46   47   48   49   50

Derrochando la confianza


El 5 de agosto de 1993 el director del Museo Egipcio de Berlín, el doctor Dietrich Wildung, escribió en el Frankfurter All-gemeine Zeitung:
Los egiptólogos tienen motivos, sin duda, para estar agradecidos al experto técnico [Rudolf Gantenbrink]. Pero este último no es capaz de resistir la tentación de cubrirse de fama sensacionalista y ha empezado a chapotear sin rumbo por la charca del misticismo de la pirámide y de los tesoros soñados. Y he aquí que entra en escena Erich von Däniken, que interpreta que el polvo negro que está en el ángulo inferior derecho de la losa de piedra es un indicio de la momia escondida del rey Kéops. Y cuando se encuentra una momia intacta no puede estar muy lejos el tesoro de valor incalculable que ha inspirado la imaginación del mundo desde tiempos de Heródoto. Los mecanismos automáticos de la arqueología trivializada empiezan a funcionar de su manera habitual; y los especialistas más cautos y más prudentes se desprecian por ser hombres del pasado que no están dispuestos a tirar por la borda el lastre del tradicionalismo y de la intelectualidad20.
Éstas son las falsedades con las que los egiptólogos construyen su cómodo refugio y desprecian a todos los que piensan de manera diferente a la suya. Yo nunca soñé con decir que el polvo negro indicase que la momia del rey Kéops estuviera detrás de la puerta. Esta idea salió de David Keys, corresponsal arqueológico de The Independent21. A mí no se me habría ocurrido nunca semejante idea, pues yo no creo que la pirámide de Kéops fuera obra de Kéops, ni menos que contuviese una tumba.

¿Qué creo yo, pues, que se contiene detrás de la puerta que cierra la galería de Gantenbrink? Probablemente, lo mismo que está oculto en otras cámaras no descubiertas todavía: textos y documentos de todo tipo, tal como indicaron los historiadores árabes del siglo xiv que hemos citado antes.

David Keys hizo notar otro detalle curioso: la distancia vertical entre la cámara del rey y la cámara de la reina es de 21,5 metros, que equivale exactamente a la distancia entre la cámara de la reina y la puerta que está al final de la galería de Gantenbrink. ¿Es casualidad, o indica claramente la presencia de otra cámara?

A los expertos del DAI les gustaría investigar ahora la galería norte que sale de la cámara de la reina. A Rudolf Gantenbrink ya se le había ocurrido. Yo creo, personalmente, que primero hay que terminar lo que se ha empezado. Se han presentado varias propuestas sobre el modo de abrir la puerta, de romperla, o incluso de disolverla. ¿Por qué dejan de interesar de pronto las opiniones, el trabajo y los conocimientos de una persona como Rudolf Gantenbrink? ¿Cómo es posible que los eruditos, que por lo demás suelen ser muy razonables y abiertos de miras, e incluso tienen sentido del humor, reaccionen de pronto de una manera tan excéntrica y desagradable?

Lo único que se me ocurre es que tienen envidia. Los arqueólogos destacados se sienten dolidos en lo hondo de su alma porque alguien que no era arqueólogo ha conseguido realizar un descubrimiento inesperado. Están molestos porque Gantenbrink ha hablado con la prensa. ¿O es que quieren ocultar lo que se pueda encontrar tras la puerta? ¿Quieren quedarse el descubrimiento para ellos solos, fuera del alcance del populacho, y dedicarse a evaluarlo tranquilamente?

Lo indiscutible es que los científicos de Egipto no desean que el público se interese ni se entere de lo que hacen. Toda información que se comunica tiene que pasar por su censura. Sin duda, no quieren que esté presente ningún periodista ni ningún observador neutral cuando se abra a la fuerza la puerta misteriosa. No quieren que ninguna cámara de televisión transmita al mundo exterior imágenes de lo que se descubra. No quieren que nadie más, de ninguna otra disciplina científica, analice las asas de metal de la puerta. Y, según los egiptólogos, lo que pretenden con este sigilo infantil no es más que poder llevar adelante en paz sus investigaciones. Comprendo este deseo; pero ésta no es una tumba insignificante. Es la Gran Pirámide, que ha fascinado a la humanidad durante miles de años. Es el edificio más gigantesco de este planeta, una de las maravillas del mundo, un monumento alrededor del cual han surgido las leyendas y los relatos a lo largo de los siglos. La egiptología se está perdiendo su única oportunidad de demostrar a todo el mundo que sus procedimientos son correctos y que tienen rigor científico. Está derrochando la posibilidad de demostrar a los locos y a los místicos (que creen que hay secretos y conspiraciones a la vuelta de cada esquina) los hechos desnudos; de mostrarles lo que hay allí verdaderamente, de una vez por todas.

¿O es que están aterrorizados de lo que puedan encontrar al final de la galería de Gantenbrink? Los arqueólogos no eran tan nerviosos en los viejos tiempos. Cuando se abrieron las tumbas de Tutankamón y de Sekhemket, se permitió la presencia de periodistas. Desde entonces han surgido las redes mundiales de comunicación que permitirían retransmitir en directo las imágenes del robot de Gantenbrink a millones de hogares de todo el mundo. No sería necesario que una multitud de periodistas se apiñara en la cámara de la reina ni que se alterase la paz y la tranquilidad de nadie. Pero lo que hacen falta son imágenes en directo, retransmitidas mientras se realizan los descubrimientos, y no unas imágenes manipuladas que se publican días, semanas o meses más tarde, acompañadas de algún tipo de leyenda azucarada para que no amarguen al statu quo.

Imaginémonos que los norteamericanos hubieran realizado la expedición a la Luna en secreto y que sólo semanas más tarde la NASA hubiera ofrecido al mundo unas imágenes censuradas. Las quejas estarían completamente justificadas: «¿Qué nos están ocultando? ¿Qué secreto se guardan? ¿Por qué tenemos que financiar los contribuyentes una organización que nos trata como a niños?»

Los egiptólogos del DAI y del Ministerio de Monumentos Antiguos egipcio se comportan como si la apertura fuera una amenaza. Los que evitan el escrutinio público y se refugian tras el secreto tienen algo que ocultar. Cuando se empieza por esconder algo, se acaba por tener que perpetuar el engaño. Mientras la «política de información» de los egiptólogos se pierda en tácticas de sigilo y de ocultación, el público no tendrá ningún motivo para creer nada de lo que cuenten. Por muchas personas sinceras y de aspecto honrado anuncien que, como se esperaba, no se encontró nada tras la puerta de la galería de Gantenbrink, la opinión pública no se dejará engañar, pues los egiptólogos han perdido su oportunidad de ganarse su confianza.

El antiguo historiador romano Cornelio Tácito (55-120 d. C) lo dijo todo: «Los que se molestan por recibir críticas demuestran que las merecen.»

20 Wildung, D.: «Pharaohmarkt, Technik der Pyramidenmystik», en Frankfurter Allgemeine Zeitung, 5 de agosto de 1993.

2! Keys, D.. «Discovery at pyramid was accidental», en The Independent, 16 de abril de 1993.




1   ...   42   43   44   45   46   47   48   49   50

similar:

Índice iconIndice ( irá al índice general) II. Factores de riesgo 4

Índice iconÍndice

Índice iconÍndice

Índice iconÍndice

Índice iconIndice

Índice iconÍndice

Índice icon1.Índice

Índice iconIndice

Índice iconÍndice

Índice iconÍndice




Todos los derechos reservados. Copyright © 2019
contactos
b.se-todo.com