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Bioética

Autor: José Juan García

«En el principio era la Vida…», podríamos decir parafraseando a san Juan en el prólogo a su Evangelio. La palabra la tiene la bioética, nueva ciencia en el ámbito de la vida humana. Es la disciplina científica que se ocupa de los argumentos y principios éticos que iluminan y orientan la práctica biomédica. Claro es que no podemos quedarnos con esta muy simple aproximación. En esta voz analizaremos con detenimiento los momentos y pasos de esta nueva disciplina.

Índice

1. Un poco de historia

1.1. La definición de Potter

1.2. Primeros centros de bioética

1.2.1. El Hastings Center

1.2.2. El Kennedy Institute

1.2.3. Otros centros reconocidos

2. Objeto y ámbitos de la bioética

3. Corrientes del pensamiento bioético

4. El modelo personalista aplicado a la bioética

5. El debate acerca de los principios en bioética

6. Reflexiones finales

7. Bibliografía

7.1. Bibliografía citada

7.2. Bibliografía general sobre bioética

1. Un poco de historia


No es del todo extraño el parecer de algunos que piensan que la problemática bioética actual nació en los campos de concentración nazis con los experimentos biológicos realizados con los prisioneros y que se fueron extendiendo después a quienes afectaba la discriminación racial. La eutanasia, la esterilización, el aborto y las experimentaciones científicas con personas humanas, fueron prácticas ideadas por médicos durante el Tercer Reich, supuestamente para mejorar la calidad de vida, la que se encontraría situada en la raza aria. Acabada la segunda guerra mundial, urgía salir al paso de las atrocidades, recordando la vigencia de principios de ética universal capaces de garantizar el respeto a la vida y a la dignidad de cada persona. Así nació la declaración Universal de los Derechos del Hombre de 1948. Posteriormente le seguiría la Convención de salvaguarda de los derechos del hombre y de las libertades fundamentales de 1950.

1.1. La definición de Potter


Un médico oncólogo, en 1970, Van Rensselaer Potter, acuñó el término “bioética”[1]. Y la describió como la ciencia de la supervivencia, con la finalidad principal de promover la calidad de la vida [Potter 1970]. Una definición sencilla que miraba esta naciente disciplina como el conjunto de análisis desde la ética hacia la ciencia. Una ciencia que busca cómo usar el conocimiento. Para la supervivencia del hombre en el cosmos. Potter, preocupado por el futuro del hombre piensa en la bioética como un puente hacia el futuro. Ya no era suficiente mirar hacia el presente sino preocuparse por la supervivencia del hombre en el complejo del ecosistema. El progreso del hombre para Potter no estaba asegurado por el progreso de la ciencia, pues existen peligros intrínsecos en las aplicaciones científicas. El oncólogo siente la necesidad de una disciplina nueva, como una biological wisdom, una sabiduría que nace de la misma ciencia, con responsabilidad y humildad a la vez, una bio-ética consciente del doble peso, de la responsabilidad de los conocimientos y de la humildad de lo que todavía no se sabe.

Potter es deudor del énfasis en el tema de la supervivencia, de A. Leopold y de C. D. Waddington; el primero en la huella del equilibrio del ecosistema; el segundo en la huella de la evolución genética como adaptación de las poblaciones al ecosistema [Potter 1988]. Más allá de las bondades y los límites de los discursos de los autores mencionados, dejaron en claro que el futuro del hombre no es algo que se deba dar por descontado y que el progreso no se puede considerar una natural consecuencia de la perspectiva darwiniana.

Potter publicará en 1971 Bioethics: Bridge to the Future, en el cual evidencia su preocupación por la bioética considerada globalmente. En cuanto al futuro de la tierra toda y no sólo aplicaciones al campo biomédico. Allí Potter afirmaba: «He llegado a la resolución que la biología puede fructuosamente relacionarse con las ciencias humanas y que ambas son necesarias en una cualitativa presencia en la historia» [Potter 1971: 25]. El pionero de esta disciplina lleva la atención a desarrollar una ética de la tierra (land ethic); una ética de la naturaleza (wildlife ethic); una ética de la población (population ethic) y una ética del consumo de las fuentes naturales (consumption ethic). Para Potter la defensa de la vida human está muy ligada a la defensa del ambiente en su conjunto amplio.

Sin embargo, la primera piedra en la construcción de la bioética como nueva disciplina académica y campo de investigación fue el “Hastings Center” de New York, fundado en 1969, donde se organizaban a comienzos de la década de los setenta, sesiones constantes de estudio con publicaciones pioneras, entre las que destaca la revista bimestral The Hastings Center Report. A este pionero centro nos referimos después.

El obstetra André E. Hellegers, fundador del Kennedy Institute, introdujo el término bioética en el campo académico y biomédico, en la administración pública y en los medios masivos de comunicación. Ya en 1971 programó académicamente la nueva disciplina llamada bioética para la Georgetown University de Washington con un enfoque más restringido que el sugerido por Potter. El neologismobioética se había ya ganado su lugar. Se impuso. En la comunidad científica y académica, se la comenzó a ver como una disciplina humanística a favor de la vida, como disciplina racional aplicada a los procesos vivos. Dicho de otro modo, el mismo orden natural del ecosistema está condicionado por los modelos de calidad de vida del ser humano.

En 1973 se empezó a hablar de la bioética como de una disciplina académicamente nueva y en 1978 apareció la primera enciclopedia de bioética en cuatro volúmenes, completada con uno más en 1995, sobre cuestiones éticas y sociales en el campo de las ciencias de la vida, de la medicina y de la salud. En esa enciclopedia, Warren Reich define la bioética de la siguiente manera: «Estudio sistemático de la conducta humana en el área de las ciencias de la vida y de la salud, examinado a la luz de los valores y de los principios morales» [Reich 1978: v.1 p. XIX]. Con todo, esta definición no nos dice cuáles son esos principios y valores. El debate sobre el Principialismo ya había comenzado.

En 1982, la necesidad de crear un marco ético-jurídico para las nacientes tecnologías de fertilización humana in vitro y de manipulación de embriones humanos llevó al parlamento británico a establecer un comité de estudio al respecto. La finalidad de este comité era desarrollar principios legales para regular este nuevo ámbito de investigación médica. El comité estaba presidido por la filósofa Mary Warnock, que más tarde recibiría como reconocimiento el título de baronesa. Después de dos años de trabajos, en su reporte final —conocido como el Warnock Report— el comité concluía que el embrión humano tenía que ser protegido, pero al mismo tiempo establecía límites dentro de los cuales la experimentación con embriones humanos y la fertilización in vitro podían ser consideradas lícitas.

Sin embargo, los estímulos para la investigación y reflexión en este campo no sólo han venido de las asambleas legislativas, sino también de la preocupación por la defensa de la inviolabilidad de la vida humana en ámbito cristiano. Concretamente, la Iglesia Católica —sobre todo a través de las ideas expresadas en varios documentos magisteriales de los últimos papas, p. ej. la Encíclica Humanae Vitae(1968) y la Declaración sobre Aborto Provocado (1974) de Pablo VI; la Declaración sobre la Eutanasia (1980), la instrucción Donum Vitae (1987), y la Encíclica Evangelium Vitae (1995) de Juan Pablo II; y finalmente la instrucción Dignitas Personae (2008) de Benedicto XVI— ha ayudado a la maduración de la corriente bioética personalista, y al mismo tiempo reflejan el influjo de esta corriente en el modo de expresar la doctrina cristiana en materia de bioética.

Y así, la consolidación de la bioética ha sido ascendente a pesar de los iniciales temores y las líneas divergentes. En cuanto al “objeto”, respecto a la tradicional Ética médica, el novum de la bioética postula una notable ampliación del campo de investigación. La ampliación se dirige al ámbito de la investigación científica, al ámbito socio-político y al ámbito ecológico. No es aquí el lugar para determinar las tareas de la bioética en el siglo XXI, pero indagar el futuro genético de la humanidad mediante la incursión del proyecto Genoma, como así también reflexionar en torno a la clonación humana, las nuevas técnicas de reproducción y la separación del binomio procreación-sexualidad, el morir humano y su postergación en manos de la técnica, la delicada cuestión del enhancement, son algunas de las grandes e ineludibles tareas.

La nueva disciplina ha tenido el mérito, como afirma Pessina, parafraseando una célebre expresión de Bergson, de «despertar el filósofo que duerme en cada hombre, reabriendo algunas de las cuestiones decisivas que algunos pensaban de poder resolver confiando en la impersonal figura del progreso» [Pessina 1999: XV].
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