El programa No es Fundamental 113




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PORQUE ESTAS LEYENDO ESTO

Si eres como el prototipo medio de persona del moderno mundo Occidental, seguramente no hagas demasiada actividad física. Probablemente tu trabajo te tenga sentado la mayor parte del día. Es posible, también, que no te alimentes adecuadamente. Es bastante probable que físicamente no te veas cómo te gustaría verte.

¿La pregunta es, que haces para evitar esto? Si eres honesto contigo mismo, ¿Sabes por dónde deberías empezar para poder cambiar esta situación? Puede que tengas una idea sobre la necesidad de hacer ejercicio físico y comer mejor, pero realmente ¿Por dónde empiezas? ¿No lo sabes, cierto?

Estoy convencido de que tienes tus propias creencias, moldeadas por cosas que has ido escuchando a lo largo de los años. Cosas que has oído en las noticias, cosas que has oído de otros tipos que levantaban pesas, cosas que recuerdas de tus tiempos mozos en la escuela cuando practicabas deporte.

¿Pero te has preguntado alguna vez si esas cosas eran ciertas? Vivimos en un tiempo donde cualquiera puede exponer sus puntos de vista o dar opiniones acerca de algo – y todo ello puede ser acogido como una realidad, a pesar de carecer de una evidencia sólida que lo demuestre.

Uno de los inconvenientes de la cultura de los medios de comunicación es que no existe el pensamiento crítico. No existen unos “estándares” de evidencia. Simple y llanamente, el hecho de declarar cualquier cosa es suficiente para que la mayoría de la gente asuma que es cierta.

Sin embargo, quizá no te correspondas a la media. Quizá tengas cierta experiencia en el gimnasio. Quizá hayas pasado un buen tiempo en las ”trincheras”. Quizá hayas obtenido algunos resultados. Entrenado algunos clientes. Incluso hayas competido una o dos veces. Ciertamente, sabes lo que haces ¿No?

No tan rápido. Aunque pueda parecer una locura, tus resultados no son garantía de que realmente sepas lo que haces. ¿No me crees? Sigue leyendo – Te convertiré en creyente.

Incluso un montón de expertos están demasiado enfocados a los resultados. Quiero decir, que solo están pendientes de sus propios resultados, sin considerar la gran evidencia científica existente sobre el cuerpo. Eso no está mal – no hay nada de malo en crear un sistema de entreno que funcione. Pero ese no es mi objetivo, ni lo que busco aquí, y debes de darte cuenta de ello, en primer lugar. Este libro no va a proporcionarte ningún programa de 8 semanas para que lo sigas a pies juntillas. No voy a proporcionarte un método de entreno, ni decirte que es mejor que el resto de métodos que los demás están haciendo.

Siempre he sido un firme creyente de enseñar a un hombre a pescar. Si estabas buscando un “Superprograma de 8 semanas para crecer como una bestia”, lo siento. Aquí no lo vas a encontrar.

Este libro va a echar un vistazo sobre lo que hace la gente en el gimnasio, sobre que nos dice la ciencia al respecto, y entonces tratará de crear algo con sentido con la suma de las 2 partes. No estoy aquí para dar a conocer ningún plan de entrenamiento. Estoy aquí para mostrar los principios de entrenamiento fundamentales – las normas que van a definir cualquier tipo de programa enfocado a crear músculo.

El objetivo es un modelo de hipertrofia muscular – el proceso de crecimiento muscular. Quiero tener en cuenta todo “aquello que funciona”. Si tienes una imagen clara del todo, te das cuenta que todas las rutinas salen de ahí. Ya se que suena a un objetivo elevado, seguro. Y no ha sido fácil. Pero voy a dar lo mejor de mí.

No puedo prometerte que esté al 100% completo, y no puedo asegurar que mi razonamiento este a toda prueba. Pero con un poco de suerte, tu, el lector, saldrás de aquí mirando las cosas desde un punto de vista diferente, con

La Lógica del Ejercicio

una luz diferente. En definitiva, eso es lo que busco. Una vez empieces a ver el levantamiento de pesos de una forma correcta, muchas de las dudas se disiparán.

Quiero que te hagas una pregunta, y se honesto con la respuesta. ¿Por qué haces ejercicio físico? ¿Qué quieres obtener con ello? Para mejor o peor, la mayoría de la gente va al gimnasio busca algún tipo de mejora relacionada con la apariencia física.

No voy a perder el tiempo argumentando acerca de lo subjetivo que resulta la estética. Lo que a mi me gusta no es lo que a ti te gusta, y es así de simple. Pero necesito clarificar que es lo que el libro tratará. Cuando tratamos de apariencia física, siempre me he encontrado con un puñado de mentalidades diferentes al respecto:

No quiero ponerme grande”

También conocido en las mujeres por “Solo quiero tonificar un poco”. Este tipo de personas tienen la creencia que si tocan un solo peso, empiezan a crecer en 1 o 2 semanas pareciéndose al típico culturista totalmente lleno de venas y recortado hasta los huesos que pueden ver en las revistas, etc.

Ello acaba llevando a entrenar con un objetivo incierto de “esculpir” o “tonificar”. Debido a una amplia variedad de razones esto acaba llevando a la persona a obtener resultados muy pobres si es que logra de algún tipo.

Necesito añadir algo de músculo pero no quiero perder mis abdominales”

Este otro suele ser el típico chico joven, delgado, que creen que necesitan mantener visible sus abdominales todo el año. Suelen pesar aproximadamente 60-65kg, y aunque se dan cuenta de que necesitan crecer, se convencen a si mismos de que no son capaces de ganar peso – porque tan pronto como lo hacen sus abdominales desaparecen.

También es aplicable a las chicas, ya que tienden a sufrir un miedo crónico a cualquier tipo de ganancia de peso, pérdida de definición, o el mínimo signo de “ponerse en volumen”. No hay nada de malo en mantenerse magro (bajo de grasa), pero si tratas de mantenerte pequeño, vas a limitar tus posibles progresos tanto en tamaño como en fuerza.

GFH

El tipo GFH es completamente lo opuesto al chico de las abdominales. Está inmerso en la búsqueda de ser lo más grande posible, y para ello, comerá, comerá y comerá. Supera los problemas a través de la comida. GFH tiende a obtener buenos resultados en términos de ganancia muscular, pero el problema es que nunca lo podrá apreciar porqué lleva encima demasiada grasa.

Las mujeres no suelen ser así, ya que no suele estar bien visto en una mujer tener la fuerza de un ogro y el culo como un tanque.

El Competidor

El Competidor puede ser el que se encuentre más perdido de todos ellos. El (o ella) puede que haya competido en diversas ocasiones, probablemente se vea bien, y a primera vista todo parece indicar que no precise de ningún tipo de ayuda.

Como verás, sin embargo, el hecho de estar en esa situación no es una garantía de ser capaz de aplicar el conocimiento. E incluso el competidor esta siempre buscando el límite. Nunca sabes cuando un nuevo enfoque puede darte una ventaja.

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Todos estos grupos pueden (probablemente) beneficiarse de la lectura del libro, porque todos estos enfoques tienen problemas que superar, y todos contienen sus propios mitos al respecto.

La chica que desea “tonificar” y el chico de los “abdominales siempre visibles” probablemente supongan el mayor reto. Actúan mediante una serie de supuestos que no se sostienen bajo un examen profundo.

El tipo GFH quizá posea una mejor visión al respecto; además, puede que sea un atleta fuerte al cual no le preocupa verse gordo (tapado). Esto no debe confundirse con una persona obesa, tenlo en cuenta. El tipo GFH tiene músculo, solo tiene que solventar el problema de cargar con gran cantidad de grasa. Si resulta ser un aspirante a culturista, hay algunas cuestiones sobre las que debiera pensar. De nuevo, y a pesar de que este no es un libro sobre nutrición y dietas, si eres un tipo GFH, puedes beneficiarte también de la lectura de este libro.

El competidor quizá solo desee comprender y conocer más sobre el tema, así como leer nuevas ideas sobre las que pensar.

Sea cual sea la categoría donde te encuentres, probablemente halles en esta lectura algo que te haga pensar sobre lo que vienes haciendo y sobre el porqué lo vienes haciendo así, y no de otro modo.

Como habrás colegido, este libro no es solo para hombres. Las mujeres se beneficiaran tanto (o más) como los hombres de su lectura, sencillamente porque las mujeres están siendo bombardeadas constantemente con mucha basura.

La parte negativa del asunto es que las mujeres en general son más propensas a creerse todas esas patrañas porque tienden a tener una imagen mental corporal muy concreta, y existe además, un montón de presión social al respecto para mantenerse “delgadas”. Por razones más allá del alcance de este texto, las mujeres como grupo han sido convencidas de que el músculo no es atractivo. Del mismo modo, se les ha vendido la idea de que pueden “esculpir” su cuerpo de un montón de disparatadas maneras. Desgraciadamente esto no es así.

Si esto es lo que sentís que necesitáis, chicas, no os voy a detener, ni trataré de haceros cambiar de parecer. Solo tened presente que los consejos y la información que aquí se presenta no está orientada hacia vosotras. No encontrareis nada sobre “mejorar la silueta”, “esculpir” o “tonificar” – este libro está orientado hacia la construcción de musculo y la mejora de la composición corporal, punto. Si sigues creyendo que necesitas este tipo de cosas, y logras la forma de convencerte a ti misma de que no tengo ni idea, bien, encontrarás un montón de gente deseando venderte ese sueño. Si tu objetivo es ser como las famosas flacuchas, necesitarás echar mano de las herramientas que te llevarán a ello: cambiar de padres, pasar hambre y salir de fiesta (salidas nocturnas).

Ahora, voy a echar un vistazo sobre el porqué este tipo de mitos han llegado hacia nosotros, y sobre cual es el verdadero culpable detrás de esos mitos, así que si estás interesado en contrastar tus ideas junto a un nuevo punto de vista del asunto, te encuentras en el lugar correcto.

Si compraste el libro esperando otro libro de levantamiento de pesos de algún tipo de Gurú, siento decepcionarte. Esto no será otro refrito, más de lo mismo, el mismo tipo de “ciencia”, con las mismas “conclusiones”, ni será un escaparate de todos las rutinas, programas y métodos de entrenamiento que reivindicaré como míos con objeto de alimentar mi ego.

Personalmente, no puedo escribir ese tipo de libros y sentirme satisfecho conmigo mismo. Si lo que buscas es un programa, encontraras multitud de ellos ahí fuera, y muchos de ellos, gratis. Esto esta escrito para aquellos de vosotros que estáis cansados de ir saltando de programa en programa, cansados de no obtener resultados reales, y cansados de ser estafados por el bombo del marketing.

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No os preocupéis por el tema del análisis crítico. No voy a convertir esto en un tratado estricto y riguroso de la materia. Sólo deseo llegar a contemplar una serie de cuestiones básicas que con un poco de suerte os ayudaran a entender de donde vengo.

Desde ahí, podremos ver que es lo que funciona y que no. Me gusta ver todo esto como una especie de “paraguas”. En el mejor de los casos podremos extraer una serie de recomendaciones básicas, principios generales que nos dicen lo que tiende a ser efectivo para una gran mayoría de individuos. El problema que nos encontramos es al tratar de ser más específicos; una vez debajo del “paraguas”, se hace realmente difícil saber si un enfoque es más efectivo que otro.

Este es un pequeño secreto que la mayoría de los aspirantes a expertos del Fitness no quieren que sepas. En el marketing, todo gira entorno a crear una marca que la gente tenga como referencia. Si declaras que tu programa favorito es sencillamente una combinación de principios que parecen funcionar – en lugar de una especie de programa mágico – entonces estás perdiendo competitividad en términos de mercado. Este de crear una marca es un sello de identidad de los Gurús del Marketing; una forma de colocarse aparte del resto y “generar valor añadido”, dicho experto reclamará que su programa es mejor que el resto. O quizá use algún truco para resultar más impactante. La realidad de todo esto es que no existe forma legítima de poder decir que un programa efectivo es mejor que cualquier otro programa efectivo. Cuando acabes con esta lectura, entenderás el porqué.

El Papel de la Ciencia

Como comenté anteriormente, la búsqueda científica será la piedra angular de este pequeño proyecto.

Verdaderamente debe ser así. La ciencia nos cuenta cómo funciona el cuerpo. El campo de la anatomía y de la fisiología nos dice como está hecho el cuerpo y como actúa, respectivamente. Subdivisiones de estos campos, llamados biomecánica, kinesiología, y fisiología del ejercicio, nos proporcionan datos específicos de cómo el cuerpo se mueve y como responde a la actividad física. Sin esa información, solo podríamos hacer conjeturas y suposiciones, y eso no es bueno para nadie.

Ayuda a entender todo esto saber lo que de hecho es la ciencia. Y no me refiero al tratamiento que actualmente recibe la ciencia; a menos que hayas recibido algún tipo de educación universitaria, quizá creas que la ciencia es aquello que ves en las películas de la televisión. Te aclaro que la ciencia no tiene nada que ver con alguna panda de científicos locos trabajando en alguna especie de guarida oculta; Tampoco se trata de una especie de genios incomprendidos que logran avances que el resto de la ciencia ortodoxa rechaza. No es ningún tipo de “sistema de creencias” opuesto a la emoción y a la fe.

En realidad la ciencia es un proceso de observación y descripción. Ves que alguna cosa sucede, entonces te imaginas el porque sucede. Eso es básicamente a lo que se reduce la ciencia cuando te fijas en sus fundamentos. Ves alguna cosa que sucede, tratas de describirlo de la forma más detallada posible, y luego te imaginas porque sucede de ese modo.

Como te podrás imaginar, lector, este proceso puede llegar a ser bastante exhaustivo, y la mayoría de experimentos generan más dudas de las que resuelven. A pesar de afirmaciones en el sentido contrario, este es uno de los puntos fuertes de la ciencia. Puede actualizarse a si misma y constantemente abrir nuevas vías de investigación. Estamos constantemente refinando nuestros conocimientos y nuestra comprensión al respecto. No es una cuestión de poseer una verdad absoluta e irrefutable. Es una cuestión de aprendizaje constante.

Hemos formalizado todo este proceso en una serie de pasos llamados el método científico. En términos generales, el investigador saca a relucir una hipótesis, diseña una forma de comprobar dicha hipótesis mediante un experimento, y entonces reúne los datos de dicho experimento para averiguar qué es lo que ha sucedido.

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Una Hipótesis es sencillamente una idea o concepto que puede ser testeado: el cielo es azul, el pasto es amarillo. En realidad, una hipótesis suele ser muy específica, algún tipo de sentencia que puede ser puesta a prueba en detalle. Cuando el ciudadano de a pie dice “tengo una teoría…” y entonces empieza a hablar sobre lo que sea que el cree acerca de algo, de hecho está hablando de una hipótesis, no una teoría. En el campo de la ciencia, una “teoría” tiene un significado diferente. La hipótesis es una cuestión que necesita ser testeada, y por tanto demostrada o refutada.

El test para una hipótesis científica es el experimento. El experimento ha de estar bien controlado para asegurar que nada interfiere y confunde los resultados. Por ejemplo, si estas estudiando para averiguar si la oscuridad ayuda o no a dormir, no va a ser muy adecuado realizar dicho experimento en una habitación ruidosa. No habría forma de saber cuál es el factor que afecta al sueño – ¿se trata de la oscuridad, o es el hecho que la habitación es ruidosa y mantiene despiertos a los sujetos de tu experimento?

En este ejemplo, el ruido fuerte de la habitación se denomina una variable de confusión, la cual hace imposible saber si aquella variable que estas estudiando es de hecho la responsable del efecto creado. Si no puedes establecer una relación causa-efecto, entonces no es posible decir que X causa Y. De ahí que sea tan importante la búsqueda científica controlada, para poder acotar la causa exacta del efecto que estamos observando. Un gran parte del diseño experimental trata precisamente de eliminar o reducir al mínimo las variables de confusión. Si no lo hacemos, nunca podremos estar seguros de que existe una relación causa-efecto – no podemos saber si lo que creemos es la causa de determinado efecto, realmente lo es.

Cuando tenemos una hipótesis que coincide con repetidos experimentos, entonces se formaliza dicha hipótesis en una teoría. Como ya mencioné, las personas de a pie tienden a usar ambos términos de forma indistinta (hipótesis y teoría), confiriéndoles el significado implícito de “una idea que tengo sobre alguna cosa”. En el campo de la ciencia, una teoría es una hipótesis que ha sido testeada en varis ocasiones, y a través de todos estos test, se ha confirmado como verdadera. Una teoría científica tiene un historial comprobado, y por tanto podemos asumir que se mantiene como verdadera en todas las circunstancias a las que podamos someterla a prueba; y por tanto no hay razón para ponerla en cuestión. Algunos ejemplos serian la teoría de la gravedad o la teoría de los gérmenes. Han sido testeadas tan a fondo que damos por hecho que son ciertas, a pesar de que hubo un tiempo en el pasado en el tan solo fueron hipótesis de trabajo de algún individuo.

Esto nos lleva a otra cosa sobre la que necesito hablaros. Las teorías científicas están explícitamente diseñadas para ser refutadas; necesitan ser testeadas y puestas a prueba. Esto no significa que estemos deseando que no estén en lo cierto; significa que deseamos que sean lo más precisas posible, y que por tanto deben estar abiertas a poder incorporar nuevos datos si no están en lo correcto. Una teoría que resiste el escrutinio, es una teoría confiable. En la otra cara de la moneda, una teoría que es puesta en cuestión por una nueva observación es una teoría que precisa actualizarse- porque podría ser incorrecta. Es un proceso de refinamiento constante y aprendizaje. La posibilidad de ser puesta a prueba y de refinar el conocimiento sobre algo es la diferencia clave entre una teoría científica y un dogma.

No puedo enfatizar más este punto. La ciencia no trata de estar siempre absolutamente en lo correcto- trata sobre estar lo más correcto posible en base a lo que conocemos.

Ejemplo de ello. Todo el mundo ha oído hablar de la teoría de la gravedad. Isaac Newton fue el primero en formularla en el siglo XVIII cuando realizo el famoso experimento de la manzana. Hasta el día de hoy, las ideas de Newton sobre la fuerza de gravedad son consideradas las bases de la física. La fuerza de la gravedad es posiblemente la teoría más fácil de poner a prueba, y no creo que nadie a excepción de Superman la haya puesto en entredicho.

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Bien, entonces ¿Qué pensarías si te dijera que la teoría de Newton sobre la fuerza de la gravedad es incorrecta? ¿Majaderías? ¿Disparates?

No tan rápido. En la década de los años 30 del siglo pasado, Albert Einstein sacó a la luz sus teorías de la relatividad general y la relatividad especial, las cuales echaban por tierra el trabajo de Newton. La teoría de la Relatividad esta formada por una serie de conceptos complejos que están fuera del objeto de este libro, pero el quid de la cuestión es que Newton se equivocó – pero solo en circunstancias que no tienden a producirse en la Tierra (los astronautas pueden notar la diferencia debido a la diferencia de la gravedad en la órbita terrestre). En el día a día como habitantes terrestres, Newton estaba en lo cierto. Y con todo, se equivocó.

Entonces ¿Qué ha pasado?

Bien, la Física moderna todavía utiliza la teoría gravitatoria de Newton porque es bastante precisa. Tan solo invoca a Einstein bajo condiciones donde la teoría de la relatividad encaja mejor – cuando los objetos se mueven muy rápido, o cuando los objetos son muy pesados. La teoría clásica de la gravedad, tal y como la formuló Newton, no ha sido desechada; ha sido mejorada, perfeccionada. En realidad Newton no estaba equivocado del todo, sencillamente su teoría estaba incompleta. Sencillamente no disponía de ningún medio para probar cosas como las que pudo probar Einstein, y como este tipo de cosas son del todo irrelevantes en nuestro día a día como humanos, en realidad poco importa. Solo cuando tratamos de ahondar en nuestro conocimiento somos capaces de descubrir los mayores detalles.

Este es el papel de una teoría científica: permanecer hasta que ninguna información nueva la contradiga. Cuando hablamos de una teoría bien contrastada, comprendida y puesta a prueba, las posibilidades de que sea desechada por completo son casi nulas. La teoría gravitatoria no se va a ir a ninguna parte, por poner un ejemplo. Si algo viene a ampliar la teoría de la relatividad, seguro que seguiremos basándonos en el trabajo de Einstein. La nueva teoría solo definirá algún tipo de fenómeno – no va a contradecir por completo algo que ya sabemos que sucede o algo que hemos podido observar anteriormente.

Las teorías son perfeccionadas y mejoradas, pero rara vez son contradecidas por completo.

Lamentablemente, nos encontramos en una época dominada por medios sensacionalistas que siempre busca crear polémica, ya que siempre trataran de que una pequeña imperfección o problema se convierta en una “gran controversia”. No me importa lo que te digan en las noticias o lo que hayas podido leer en alguna web, la ciencia no funciona de ese modo. La realidad es que, actualmente, ya comprendemos una gran parte del tema en cuestión y tenemos una visión bastante concreta del asunto; el hecho de que nos falten algunas piezas del puzle no cambia nada al respecto.

Los medios sensacionalistas trataran de hacerte creer que un puzle que obviamente representa una montaña, en realidad es un gato – solo porque te falta la pieza que contiene el pico de la montaña.

Por tanto, no se trata sobre términos absolutos, en realidad. El quid de la cuestión es no pensar en términos verdadero/falso, sino más bien “correcto” o “poco probable” basado en el actual conocimiento científico sobre la materia. Cuando un científico dice que algo “nunca” va a suceder, el significado implícito es que “es tan poco probable sobre la base de lo que sabemos que a todos los efectos, nunca va a pasar”. Esto es algo totalmente ajeno para una sociedad acostumbrada a funcionar en términos totalmente polarizados del estilo bueno vs malo, pero así es como son las cosas.

Lo cual me lleva al campo de la ciencia del ejercicio físico. Al contrario que la física, la química, o incluso la biología, la ciencia del ejercicio físico no es una “ciencia dura”. En realidad, se trata de una rama de la fisiología que trata de averiguar cómo responde el organismo a la actividad física. En la práctica, significa que no se trata de una materia

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lo bastante precisa o bien conocida en comparación con otros campos. La ciencia del ejercicio físico es en comparación bastante imprecisa, dejando lugar a diferentes tipos de interpretaciones sobre los hechos.

Existe por tanto un fuerte componente de creatividad en todo ello, incluso me atrevería a decir arte, envuelto en el campo del acondicionamiento físico.

¡Aja! ¡La ciencia no puede contarnos nada!

No exactamente – toda la disertación anterior acerca del método científico deja esta frase fuera de lugar. Solo por el hecho de que no hayamos completado el puzle, no significa que no podamos vislumbrar lo que el puzle va a representar. La ciencia del ejercicio todavía nos puede decir bastantes cosas. La clave de todo esto es analizar los datos y traducirlos a términos útiles, y no desecharlo todo por el mero hecho de que el puzle no esté al 100% completado.

Mucha gente parece creer que la ciencia nos ha de proporcionar un programa o rutina de entrenamiento específico, y que jamás pueda equivocarse, para poder ser tenida como algo útil. Por otro lado, mucha otra gente desestima la utilidad de la ciencia, concediendo mayor crédito a la propia experiencia adquirida. En ambos casos (y en muchos otros) esto conlleva que la gente no comprende el papel que juega la ciencia – y desconocen cómo aplicar la información que esta nos proporciona.

Como en cualquier otro campo, debemos empezar por poseer una serie de conocimientos generales. Con el tiempo y con la búsqueda científica, gradualmente el conocimiento va perfeccionándose y siendo más detallado; este es el punto más importante. Con el perfeccionamiento y el mayor detalle del conocimiento, la ciencia acaba por establecer una serie de límites a tener en cuenta. Necesariamente no tiene porque proporcionarnos protocolos de actuación o un programa/rutina en concreto, y no deberías esperar que esto sucediera así. Pero si que nos da una serie de puntos de partida generales. Y lo que es más importante, nos revela aquello que no va a funcionar.

Quizá te preguntes porque esto es tan importante. ¿Por qué deberías preocuparte sobre lo que no debes hacer? Quieres entrenar con hierro, y necesitas un programa para ello, ¿no?

Es importante porque te permite discernir entre la información y la desinformación. Adicionalmente, saber lo que no debes hacer nos da de por si un buen punto de partida. Hasta cierto punto, siempre habrá parte del proceso que se base en ensayo-error, pero podemos hacer que este proceso sea mucho más rápido y fácil si desechamos aquellas cosas que sabemos no van a ser productivas.

Dicho todo esto, hemos de ser cautelosos. La búsqueda científica tiene verdaderas limitaciones en si misma. Mucha gente trata a la búsqueda científica como si fuera el todopoderoso Evangelio, como si mostrar un abstract o 2 fuera suficiente motivo como para poder justificar cualquier cosa. No funciona de ese modo, tampoco.

Cuando echas un vistazo a un estudio científico publicado, te das cuenta de que hay una serie de temas comunes. Lo primero y más notable es el abstract, que es una especie de resumen del estudio y de los resultados que ha proporcionado. Es bastante útil en la medida que te da las claves del estudio con echarle un solo vistazo. Un Abstract bien redactado te va a proporcionar una idea clara sobre lo que el estudio relata.

Sin embargo, hay una serie de matices y detalles que un Abstract por si mismo no puede transmitir, y cuando estamos valorando un estudio publicado para saber si nos va a ser útil o no, hay que leerlo por completo para asegurarnos de que es el pertinente. Los artículos científicos comparten un contenido semejante. Partiendo de una hipótesis inicial van desglosando toda una serie de detalles sobre aquello que quieren comprobar; informan de todos los detalles concernientes al experimento que desean realizar, incluyendo que o quien/es es el sujeto/os, como fuer realizado el experimento, como fueron recogidos los datos, etc. A continuación dan parte de los resultados del experimento y de los datos que se hayan obtenido; y finalmente los autores del artículo discuten los

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resultados y los ponen en relación con el resto de resultados científicos existentes sobre la materia, (and what can be taken away from the paper)

Todo esto se hace por una buena causa. La búsqueda científica se basa en la transparencia. Si describes con todo lujo de detalle aquello que hiciste, otros investigadores pueden repetir el experimento y obtener una serie de resultados que confirmen los que obtuviste. Si adoptaste algún tipo de elección poco usual en la elaboración de tu experimento, el resto de personas pueden tomar nota de ello. Si tus resultados no encajan con el resto de resultados existentes sobre la materia, puedes explicar el porque: quizá era debido a algo relacionado en la forma en la que elaboraste el experimento, o quizá en la forma en la que obtuviste los datos relacionados con el experimento.

En resumen, debes tener en cuenta un montón de variables cuando tratas de interpretar un estudio. En la investigación científica relacionada con el ejercicio, existe una serie recurrente de problemas que debemos tener en consideración.

Gran parte de la investigación científica existente, tiene que ver con el ejercicio aeróbico o con la rehabilitación. Como podrás imaginar, este tipo de información no resulta demasiado útil para nuestros objetivos referidos al entrenamiento de la fuerza, mucho menos cuando nos referimos a algo tan concreto y específico como el culturismo. Aunque actualmente la investigación científica de los países del Oeste (Europa, USA) está poniéndose al día, gran parte de lo que lees referido al entrenamiento de la fuerza, tiene su origen en la era de la antigua Unión Soviética, y la información que nos proporciona, sin ser necesariamente mala, resulta difícil de contrastar.

Si prestamos atención a la investigación científica llevada a cabo en los países del Oeste (USA, Europa) referida al entrenamiento de la fuerza, nos damos cuenta de la existencia de un punto en común: “sujetos no entrenados”. Esto, en algunos aspectos es algo bueno porque al menos sabemos que la investigación esta hecha sobre humanos. Sin embargo esto nos aboca a un problema potencialmente mayor, porque se ha visto y demostrado en varias ocasiones que una persona no entrenada, sencillamente no responde igual a una persona con años de experiencia con el entrenamiento. Muchos de los estudios referidos al entrenamiento de la fuerza nos aportan magníficos resultados sobre sujetos no entrenados, pero comparativamente solo un puñado de estudios tiene en cuenta la existencia del “efecto novato”. Los novatos pueden mejorar con un montón de cosas; a menudo mejoran a pesar de lo que hagan, y no debido a lo que hagan. Y Cuando estamos tratando de establecer una relación causa-efecto, omitir este detalle puede suponer una traba enorme.

Pero puede ser peor. La mayoría de la investigación científica relacionada con los aspectos bioquímicos y fisiológicos sobre la materia está hecha con ratas. Si bien es cierto que existe un montón de similitudes entre los humanos y las ratas, no es menos cierto que existen muchas diferencias también. Hay un montón de ejemplos de cosas que funcionan en ratas que no resultan en humanos; está es una gran debilidad.

De hecho, esta es una de las tácticas favoritas de la industria de la suplementación. Toman datos sobre estudios realizados sobre ratas, de pobre aplicación sobre humanos, para tratar de dar credibilidad a las supuestas virtudes de un nuevo producto “mágico” a la venta. No solo pasan por alto el hecho de que los datos obtenidos en estudios sobre ratas no se pueden trasladar directamente a humanos, sino que directamente no disponen de ningún dato obtenido sobre humanos que apoye sus tesis. En lo referente a las opiniones de los usuarios de dichos nuevos productos “mágicos” – remito al lector a revisar el punto anterior en el que hablé sobre controlar las diferentes variables; cuando no has realizado ningún tipo de investigación en condiciones controladas (controlando las diferentes variables que pueden alterar el resultado del experimento), no puedes estar seguro de que aquello que crees es la causa de algo, efectivamente esté generando determinado efecto. Regalar muestras de un nuevo producto a culturistas para que den su opinión es lo mas parecido a generar un “efecto placebo” o un “bias” (parcialidad) sobre los resultados. Por tanto, las opiniones que los culturistas viertan sobre dicho nuevo producto deben ser puestas en cuarentena, sin lugar a dudas.

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Por supuesto, todas estas objeciones que acabo de comentar, pueden aplicarse fácilmente también a cualquier tipo de programa de entrenamiento, o cualquier estudio centrado en el entrenamiento de la fuerza.

Las buenas noticias son, sin embargo, que en los últimos años un buen puñado de estudios bien controlados han empezado a realizarse sobre humanos. Todavía no tenemos una imagen del puzle al completo, pero estamos empezando a ver las cosas más claras que nunca.

Por último, hay un límite dentro de la propia búsqueda científica referida a la aplicación de sus resultados a un individuo en concreto. Sencillamente no se pueden aplicar en un sentido literal a todos y cada uno de los individuos, debido a la variación individual. Siempre habrá, por tanto, algún grado de desviación respecto a la norma. Ahí es donde toman relevancia la creatividad y el método ensayo-error. Podemos establecer una serie de puntos de partida y pautas de actuación generales, pero no hay que olvidar que estas derivan directamente de un análisis estadístico. De hecho es altamente probable que la forma en que debas aplicar los conocimientos que nos proporciona la ciencia se desvíen en algún grado de la pauta general a seguir.

Digo todo esto porque una de las grandes objeciones que suelo ver es el que “la ciencia no se aplica”. He visto en un montón de ocasiones este tipo de cosas; por definición, la ciencia solo contempla una cuestión y la describe. Decir que “la ciencia no se aplica” seria como sugerir que de algún modo tu cuerpo no es igual al de cualquier otra persona. Por lo que se, todos los seres humanos comparten unos fundamentos básicos de fisiología. Tu cuerpo presentará una serie de respuestas específicas dentro de los límites que la ciencia describe, pero de ningún modo reaccionará de forma completamente fuera de esos límites.

Existen maneras para tener en cuenta tus necesidades individuales, a pesar de que afortunadamente nadie se desviará mucho de la pauta general. Necesitas ajustas las cosas para que se adapten a tus características individuales, si, pero eso no significa que puedas hacer lo que te venga en gana solo porque “todos somos diferentes”. Vas a tener que seguir la pauta general, a pesar de que dispongas de cierta flexibilidad en su aplicación
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