A la memoria de George McCready Price, el escritor anti-evolucionista más poderoso de la primera mitad del siglo XX, y a Henry M. Morris, el creacionista de mayor influencia en la última mitad del siglo XX




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De 1898 a 1949.

Las Golondrinas de Bumpus (1898). Herman Bumpus fue un zoólogo de la Universidad de Brown, que durante el invierno de 1898, accidentalmente llevó a cabo uno de los pocos experimentos de campo, relacionados con la selección natural. Una fría mañana, habiendo encontrando 136 atolondradas golondrinas en el suelo, decidió cuidarlas y restaurarles a buena salud. 72 de ellas sobrevivieron y 64 murieron. Cuidadosamente, pesó y midió a cada una y encontró que aquellas con peso y medidas más cercanas al promedio, fueron las que mejor sobrevivieron. Este frecuentemente citado estudio, hace evidente que el más apto, es el animal o la planta con características más cercanas a la original. Se concluye pues, que las variantes y subespecies de la original, nunca serán tan fuertes o aptas, como la primera, y que la evolución de una especie hacia otra (si es que el código de ADN lo permitiera) sería demasiado débil como para sobrevivir. (*R. Milner, Encyclopedia of Evolution, 1990, pag. 61).

Descubrimiento de las investigaciones de Mendel. En 1900, tres científicos, en forma independiente, descubrieron los asombrosos resultados que sobre la herencia, nos dejaron los trabajos de investigación de Gregor Mendel. A partir de entonces, la investigación genética ha confirmado repetidamente, que sólo se pueden desarrollar cambios dentro de la misma especie, y que nunca una especie se cambia en otra (lo que sería una verdadera evolución). Además, que esto es cierto no sólo para las plantas sino también para los animales y aún los microbios.

*Hugo DeVries (1848-1935) Fue un botánico Danés y uno de los tres hombres que, en 1900, redescubrieron la importancia de Mendel, en el estudio de las leyes de la herencia. Un día mientras trabajaba con prímulas (una variedad de flores) deVries pensó que había descubierto una nueva especie. Esto causó noticias de primera plana, aunque en realidad, lo que había encontrado era una nueva variedad (o subespecie) de prímula. DeVries conjeturó que tal vez su “nueva especie” de repente había saltado a la existencia, como producto de una “mutación.” El teorizó que así es como las nuevas especies continuamente “saltaban,” y aparecían. Su idea fue llamada la teoría de la saltación. Esta era una idea nueva; y, durante la primera mitad del siglo 20, muchos biólogos evolucionistas, al no encontrar absolutamente ninguna evidencia para apoyar la teoría de la “selección natural,” (“Darwinismo”), se cambiaron a la teoría de las mutaciones (“neo-Darwinismo”) como el mecanismo por el cual se formaban nuevas especies a partir de otras. Mas adelante, en este libro, demostraremos que las mutaciones no pueden producir evolución, puesto que prácticamente siempre, son dañinas, además de que décadas de experimentación con radiaciones, han demostrado que las mutaciones nunca producen nuevas especies.

Para probar la teoría de la mutación, DeVries y otros investigadores, inmediatamente empezaron a experimentar con las moscas de la fruta; experimentación que ha continuado sin éxito hasta nuestros días, pues nunca ha logrado producir una nueva especie. Irónicamente, la teoría de saltación de DeVries estuvo basada en un error de observación, pues en 1914, *Edward Jeffries demostró que la prímula de DeVries, era solamente una nueva variedad de flor, y no una nueva especie. Décadas más tarde, se descubrió que la mayoría de las variedades que se ven en las plantas, son producidas por modificaciones en la expresión de sus genes, y no por verdaderas mutaciones, y que los individuos resultantes de aquellos cambios causados por variaciones en los genes, aunque fuertes, nunca son tan “aptos” como el promedio original, y que aquellas variedades producidas por verdaderas mutaciones dentro de la especie, siempre son las más débiles y con el peor porcentaje de sobrevida de su especie. Vea el capítulo 10, Mutaciones, para más, mucho más sobre este tema.

*Walter S. Sutton y *T. Boveri (1902) en forma independiente, descubrieron la relación que hay entre los cromosomas y los caracteres genéticos. Esto sucedió sólo dos años después del redescubrimiento de los experimentos de Mendel. Así, los científicos seguían continuamente agregando nuevos conocimientos sobre lo fijas o permanentes que son las especies.

*Thomas Hunt Morgan (1886-1945) fue un biólogo Norteamericano que desarrolló la teoría de los genes. El encontró que los factores genéticos estaban presentes en un orden lineal específico en los cromosomas y que podían ser “identificados” (o “mapeados”). El fue el primero en trabajar intensamente con la mosca de la fruta, la Drosophila melanogaster (*Michael Pitman, Adam and Evolution, 1984, pag. 70). Tales estudios, tanto con la mosca de la fruta, como con otras criaturas, demostraron ser un rotundo fracaso como método para provocar que las mutaciones tuvieran como resultado la transformación de unas especies en otras. (*Richard B. Goldschmidt, “Evolution, as Viewed by One Geneticist,” American Scientist, January 1952, pag.94).

*H. J. Muller (1890 -1967). Cuando Muller en 1927, supo que los rayos X, los rayos gamma, y varias sustancias químicas podían inducir en los cromosomas de las plantas y animales de laboratorio, un extremadamente rápido incremento en las mutaciones, él fue pionero en el uso de los rayos X para incrementar las mutaciones en las moscas de la fruta. Pero todo lo que él y los demás investigadores encontraron, fue que las mutaciones provocadas, siempre eran dañinas. (*H. J. Muller, Time, November 11, 1946, pag. 192: *Theodosius Dobzhansky, Genetics and the Origin of the Species, 1951, pag. 73).

*Sigmund Freud (1856-1939) estaba grandemente agradecido por el entrenamiento de tipo evolucionista que recibió en Alemania cuando era joven. El aceptó plenamente esa teoría, al igual que la teoría de la Recapitulación de *Haeckel. Freud empezó sus lecciones introductorias al Psicoanálisis (1916) con la premisa de Haeckel: “Cada individuo, de alguna manera, recapitula en una forma abreviada, el desarrollo completo de la raza humana (*R. Milner, Encyclopedia of Evolution, 1990, pag. 177). “El complejo de Edipo” de Freud estaba basado en una teoría de “hordas primitivas” que el desarrolló con relación a un “complejo mental” presente en las familias de los hombres de las cavernas de hace mucho tiempo. Su teoría de los complejos de ansiedad, y las etapas “oral” y “anal” etc., estaban basadas en su creencia de que nuestros antepasados habían sido salvajes.

*H. G. Wells (1866-1946), el pionero de la ciencia ficción, basó sus escritos imaginativos en enseñanzas evolucionistas. El recibió enseñanzas sobre ciencia, bajo la tutela del Profesor *Thomas H. Huxley, el principal defensor de *Darwin.

*Sir Arthur Conan Doyle (1859-1930), al igual que varios otros líderes evolucionistas de antes y después de él, fue un ávido espiritista. Muchas de sus historias de misterio se basaron en temas evolucionistas.

*George Bernard Shaw (1856-1950) estaba tan profundamente involucrado en la teoría de la evolución, que abiertamente declaró que el escribía sus obras de teatro con el fin de enseñar diversos aspectos de la teoría (*R. Milner, Encyclopedia of Evolution, 1990, pag. 461).

El hombre de Piltdown. En 1912, fueron encontrados en Inglaterra, partes de una mandíbula y de un cráneo, que fueron apodados “El hombre de Piltdown.” Las noticias al respecto, causaron sensación, mientras que fue ignorado el reporte de un dentista que en 1916, aseguró que alguien le había limado los dientes. Como aprenderemos mas adelante, en 1953 se hizo público que el descubrimiento había sido un completo fraude. Así, éste, junto con todos los demás hallazgos presentados posteriormente, tratando de probar que nuestros ancestros fueron hombres mono (en parte changos), fueron desacreditados y descartadas por científicos de reconocida reputación. Vea el capítulo 13: El Hombre Antiguo.

La Primera Guerra Mundial (1917-1918). El Darwinismo básicamente enseñaba que no hay un código moral, que nuestros ancestros fueron salvajes, y que la civilización sólo ha progresado gracias a la violencia contra los demás. Esta forma de pensar llevó hacia el nacionalismo extremo, el racismo, y la guerra por medio del Nazismo y el Fascismo. Se aseguró que la evolución involucraba la “selección natural” y que en la lucha por la sobrevivencia, el más apto ganaba a expensas de eliminar a sus rivales. *Frederick von Bernhard, un oficial militar Alemán, escribió un libro en 1909 alabando la evolución y apelando a Alemania a empezar otra guerra. *Heinrich von Treitsche, un militarista Pruso, llamó abiertamente a la guerra para que Alemania pudiera cumplir su “destino evolucionista” (*Heinrich G. Von Treitsche, Politics, Vol. 1, pags. 66-67). Fue así que dichas enseñanzas fueron adoptadas plenamente por el gobierno Alemán, quien sólo esperó tener un pretexto para empezar la guerra (*R. Milner, Encyclopedia of Evolution, 1990, pag. 59).

El Darwinismo Comunista. La aceptación de la teoría de la evolución por parte de *Marx y *Engels hizo que la teoría de *Darwin fuera el fundamento científico de todas las ideologías comunistas posteriores. (*Robert M. Young, “The Darwin Debate,” in Marxism Today, Vol 26, April 1982, pag. 21). La enseñanza comunista declaraba que el cambio evolutivo, que incluía la lucha de clases, se daba por revoluciones e insurrecciones violentas. El dogma comunista declara que el Lamarckismo (la herencia de características adquiridas) es el mecanismo por el cual esto sucede. La genética Mendeliana fue oficialmente prohibida en Rusia en 1948, ya que se reconoció que descartaba la evolución. Los teoristas comunistas propusieron la “especiación sintética” en vez de la selección natural y las mutaciones, como el mecanismo por medio del cual una especie cambia a otra. (*L, B. Halstead, “Museum of Errors,” in Nature, November 20, 1980, pag. 208). Este concepto es idéntico al de la teoría del cambio repentino de *Goldsmchmidt y *Gould, que mas tarde mencionaremos.

*John Dewey (1859-1952) fue otro influyente líder del pensamiento. Siendo un Darwinista vigoroso, Dewey fundó y dirigió el “movimiento de educación progresiva” que afectó grandemente la historia de la educación en Norteamérica, y que no era otra cosa que un cuidadoso entrenamiento animal (*Samuel L. Blumfeld, NEA: Trojan Horse in American Education, 1984, pag. 43). Su propósito era indoctrinar a la juventud en los conceptos de la evolución, el humanismo y el colectivismo. En 1933, Dewey se hizo uno de los primeros miembros de la Asociación Humanista Americana y fue su primer presidente. La declaración fundamental de sus creencias, publicada ese año como el Manifiesto Humanista, llegó a ser el patrón para la enseñanza en la mayoría de los libros de texto de las escuelas, ya que los evolucionistas reconocieron que necesitaban ganar el control sobre toda la educación pública (*Sir Julian Huxley, citado en *Sol Tax y *Charles Callender, eds., Evolution after Darwin, 3 vols., 1960). Hasta entonces, históricamente, la educación Norteamericana había estado fundamentada en la moral y las normas de conducta; pero Dewey declaró que para ser “progresivos,” la educación debía dejar “el pasado” y “evolucionar hacia arriba” hacia nuevos y modernos conceptos.

EL JUICIO DE SCOPES (de Julio 10 a Julio 21, de 1925) fue una poderosa ayuda para la causa de la evolución. En él, no se tomaron en cuenta los descubrimientos científicos disponibles, cosa que fue muy conveniente para los evolucionistas, pues a excepción de un diente (que más tarde se descartó como argumento inválido), y unos pocos fraudes más, los evolucionistas no tenían nada que presentar que valiera la pena. (*The World’s Most Famous Court Trail: A Complete Stenographic Report, 1925).

La ACLU (*Unión de Libertades Civiles de América) había estado buscando a alguien que pudieran usar para poner a prueba la Declaración Butler, que prohibía la enseñanza de la evolución en las escuelas públicas de Tennessee, y *John Scopes (de 24 años en ese entonces) se ofreció para hacerlo, aunque él admitió más tarde y en privado, que nunca había enseñado la evolución en sus clases. Por eso, es claro que este caso estuvo sustentado en un fraude, ya que lo que hacía Scopes, era pasársela enseñando maniobras de fútbol (*John Scopes, Center of the Storm, 1967, pag. 60). Pero nada de eso importaba, pues la intención de la ACLU era humillar de tal manera al estado de Tennessee, que ningún otro Estado de la república, osara de ahí en adelante, oponerse a los evolucionistas. Todo el juicio, conocido ampliamente como el “Juicio del Mono de Tennessee,” fue presentado ante el público como algo semejante a una ópera cómica, ya que hasta mandaron a un mono entrenado y encadenado, para que caminara por las calles de Dayton, mientras duró el juicio.

Así, lograron muy bien, su malévolo objetivo y aunque el veredicto hubiera sido contrario a Scopes, los demás políticos Norteamericanos aprendieron la lección: No se opongan a los evolucionistas. El juicio de Scopes, fue el primer evento difundido nacionalmente por la radio, y representó una importante victoria para los evolucionistas de todo el mundo, a pesar de que para ganar la batalla, las únicas armas que se usaron fueron: ridiculizar al oponente, hablar de asuntos ajenos al tema, y presentar información incorrecta y afirmaciones falsas.

El Hombre de Nebraska Desacreditado (1922 y 1928). En 1922 fue encontrada una muela, que fue llamada el Hesperopiteco, o “El Hombre de Nebraska.” A un artista se le pidió que dibujara un “hombre mono” basado en aquella muela, y el resultado fue un cuadro que viajó extensamente, alrededor del mundo. El Hombre de Nebraska fue la evidencia clave en el Juicio de Scopes de julio de 1925, ya que los evolucionistas no tenían más que ofrecer. *Grafton Smith, uno de los involucrados en publicitar el Hombre de Nebraska, fue honrado con un título de nobleza (fue ordenado caballero) por sus esfuerzos en hacer notorio este “fabuloso descubrimiento.” Pero cuando en 1928, los paleontólogos regresaron al sitio del hallazgo original y encontraron el resto del esqueleto, se hizo público que la muela pertenecía a un “cerdo extinto.” (*R. Milner, Encyclopedia of Evolution, 1990, pag. 322). Además, que en 1972, en Paraguay se encontraron especimenes vivos de ese mismo cerdo.

George McCready Price (1870-1963) hizo una maestría, aunque no en ciencias. Pero aún así, fue el más fuerte oponente de la evolución en la primera mitad del siglo veinte. Escribió 38 libros y numerosos artículos para varias publicaciones. Price fue el primero en analizar cuidadosamente el cúmulo de hallazgos de los geólogos, descubriendo que no tenían evidencia alguna que sustentara sus afirmaciones sobre los estratos y los fósiles. Desde entonces, tal situación no ha cambiado (*R. Milner, Encyclopedia of Evolution, 1990, pag. 194).

Junto con las mutaciones, al estudio de los fósiles y los estratos, se le consideraba la principal fuente potencial de evidencias a favor de la evolución. Sin embargo, aún no se ha encontrado ninguna especie en estado transicional, pues todas las especies encontradas en la antigüedad (con excepción de las ya extintas), son esencialmente iguales a las de hoy (excepto que algunas eran más grandes). Por otro lado, en muchas áreas, algunos estratos están ausentes o trocados: Hay estratos más “viejos” por encima de otros más “jóvenes.” Así, dado que no hay evidencias que apoyen a la evolución, ni en los estratos ni en los fósiles, los museos pretenden exhibir a los dinosaurios y otros animales extintos, como prueba de la evolución; pero ellos, ni son prueba, ni evidencia de la evolución. Hay mucho más acerca de esto, en el capítulo 12. Fósiles y Estratos.

*Oliver Wendel Holmes, Jr. (1841-1935). Holmes influyó poderosamente en la perspectiva, y en las premisas legales de la Suprema Corte de Estados Unidos de Norteamérica. Fue un líder que impuso sus puntos de vista durante 30 años, de tal manera que desde entonces, el punto de vista predominante en la justicia de ese país, es que la ley es un producto de la evolución y que debe continuar evolucionando de acuerdo con la opinión pública. Esto, ha alejado a Norteamérica, cada más, del espíritu original de su Constitución.
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