Bogotá septiembre 25 de 2007




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FUENTES TEOLOGALES.
La religión cristiana a través de sus actores manifiesta las más abiertas contradicciones frente al tema de la esclavización y la trata de africana. Antes de 1518, cuando se dispara la trata, la iglesia romana había condenado y declarado contra natura la esclavización (Marquinez Argote, en Gutiérrez Azopardo: 1996: 14), mas siguiendo la ruta que la convertía ya no solo en una religión revelada sino histórica, se fue adaptando a las exigencias del momento (Brion Davis 1966, 1968, 1996), como era la necesidad de mano de obra capaz de roturar los campos, para las industrias ante la tragedia demográfica de los pueblos aborígenes, sustituida por la fuerza de trabajo y saberes de los pueblos africanos. Los grandes teólogos del cristianismo de a poco fueron edificando un corpus justificatorio de la esclavización, desde interpretaciones de sus textos sacralizados.
Los filósofos cristianos: Filón y Dión Crisóstomo, adujeron que los judíos fueron esclavizados por los pecados cometidos. San Pablo encabezó una corriente de pensamiento que no solo justificaba la esclavización, sino que reclamaba de a los sujetados obediencias totales a sus opresores. Repudiaba a quienes huían, así los amos los instaran a transgredir las leyes de Cristo, en ningún caso era justificable.
Según la leyenda cristiana del origen de las “razas”, en la Biblia el génesis IX: 25 brindó a las malas conciencias cristinas la justificación perfecta de la justicia de la esclavización, pues Noé condenó a la descendencia de su hijo Cám. Por burlarse del estado de ebriedad y desnudez de su padre: “… y entonces dijo, maldito Cám; sirvientes de sirvientes serán para siempre sus hijos”. Por tanto, nosotros los de ancestría africana somos la “raza maldita”. Otra fuente bíblica la constituye el libro Pentateuco, donde también somos sindicados como “raza maldita”
Dicha religión instalada en un discurso mesiánico que afirmaba que -los “negros” son seres cuyas amas podían ser salvadas- dio lugar a la interpretación mediante la cual la esclavización “negra” era un asunto natural y por tanto era justa la institución. El obispo Anuncibay, en el Ecuador, le dio plena justificación a la esclavización al afirmar: “Los negros no reciben agravios porque les será muy útil a los míseros, sacarlos de Guinea, de aquel fuego y tiranía y barbarie y brutalidad, en donde sin Dios ni ley viven como brutos salvajes llevados a tierra mejor y sana, para ellos, abundante, alegre, para que mejor se conserven y vivan en policía y religión, de que conseguirán muchos bienes temporales y, lo que más estimo, espirituales: porque la nación de los negros es muy capaz de ellos, será sumo beneficio, si se concediese, e injuria denegándoles”. Es este otro cimiento para la política mediante la cual la esclavización sumada a la cristianización permitiría un ulterior proceso de hominización. El asunto era “rescatar almas”.
El apóstol Pablo afirmó un argumento que se volvió de cajón en la Europa precapitalista: “Que cada hombre permanezca en el sitio para el que fue llamado” (Corintios VIII, 20), el mismo lo oímos tardíamente en el cronista de Jamaica, Dallas en su obra: “Historia de los cimarrones”, publicada en 1803, en Londres según la cual “Hay que atribuir a la esclavitud “como las demás cosas de la vida Providencia, y considerar a los negros en un estado que plugo a Dios ponerlos…”. Ir contra la esclavitud, pues, era ir contra la voluntad de Dios” (Rojas Mix 199: 25).
El obispo Berckeley fue más contundente todavía y no presentó concesiones frente a la esclavización al afirmar: “Los negros son criaturas de otra especie, y no tienen derecho a ser incluidos o admitidos en los sacramentos”.
La iglesia romana después de haber condenado como contra natura la esclavización retrocedió y solo la justificó, sino que sacó amplios réditos de ella, participando como socios de la trata, esclavizando para sus servicios de servidumbre y lo que es peor con los zoocriaderos como los de Mesitas del Colegio (Cundinamarca) y Hato Grande (Bogotá), lugares en los que un padrote africano o afroamericano sin tachas (más de 180 cms de estatura, sin defectos físicos, ni morales), una de sus tareas era embarazar a sus compañeras de infortunio, cuyos vástagos se educaban en el cristianismo y en un oficio, generalmente albañilería, sastrería, agricultura, etc., para luego ser vendidos en el Perú o Bolivia (Mellafe 1964). De los argumentos expuestos se deduce que los herederos de Jesús, no solo fueron cómplices del genocidio, también lo practicaron, se beneficiaron y por sobre todo, jugaron dos papeles claves para que su práctica se mantuviera: la aculturación y la psicología de la sumisión. Un acápite especial en la domesticación de los africanos lo desarrolló el jesuita Pedro Claver, cuya vida se centró en cristianizarlos, mas nunca condenó la práctica de la sujeción humana y vaya ironía, las élites lo llaman “El esclavo de los esclavos” y es más, está hoy en los altares católicos debidamente deificado.
En la Nueva Granada el significado del africano en la esclavización fue de tal tenor para la economía colonial y republicana que el congrencionista José Jerónimo Torres dejó para la historia la siguiente reflexión en la de Cúcuta: “Que no existía en la Nueva Granada riqueza general, ni establecimiento común o particular piadoso o literario cuyas rentas no viniesen directa o indirectamente del trabajo de los esclavos”.
Estaba por tanto blindada la esclavización doblemente: por un lado desde la teología cristiana como un mandato divino y desde los laicos, era un asunto de la naturaleza y por lo demás los inteligentes deben sujetar a los no capacitados.
Concluyamos con la sentencia del intelectual afrocostarricense Carlos Meléndez: “El cristianismo si bien trae principios fundamentales de libertad, adopta una actitud de tolerancia al sistema de la esclavitud”, agregamos nosotros, también se lucró y validó el sistema.

TEÓRICOS DEL RACISMO EN COLOMBIA.
El libertador Simón Bolívar Palacio, mantuvo a lo largo de su ciclo vital una contradictoria actitud frente al tema de la esclavización. Siendo hijo de esclavócratas sorprende al liberar sus esclavizados en su mina de la Buría, en su natal Venezuela, vuelve a sorprender cuando en una carta le dice al vicepresidente Francisco de Paula Santander que -es necesario poner a los africanos en la vanguardia de la guerra, para que este método justo los reduzca a sus justas proporciones y no suceda como en Venezuela, donde quedaron siendo la mayoría-.
Santander “el hombre de las leyes”, aprovechó la guerra para el mayor enriquecimiento personal y de su clase social, pues cada vez que expropiaban haciendas y esclavizados de la curia y los realistas, pasaban a poder de los criollos que reemplazaron a los “chapetones”.
Bolívar estuvo revestido de poderes dictatoriales, no cumplió con los compromisos adquiridos con los líderes jamaiquinos ni con los haitianos, consistente en que una vez alcanzada la victoria final, decretaría la ley que aboliría la esclavización. Esta llegaría años después de su muerte. Santander y Bolívar, dos grandes “padres de la patria”, están envueltos en la conspiración antiafricana, la cual llevó a la desaparición física de nuestros grandes guerreros plan que no respetó a ninguno de ellos, aun en condición de generales de la república y de todos los merecimientos que se les reconocieron. Es un capítulo de la historia colombiana por escribirse, pero en términos concretos los grandes líderes de ancestría africana, uno a uno fueron ultimados. “el “Bolívar negro”, Anzoátegui, Piar, el general Leonardo Infante y el más prestigioso, fundador de la marina de guerra, almirante y general de tropas, José Prudencio Padilla, murieron sin disfrutar la gloria que escribieron a sangre y fuego en los campos de batalla, al punto que Juan Sámano el jefe militar español, le escribió un informe a su rey donde afirma que esta no es una guerra de América contra España. Es una guerra de negros contra blancos, de cada diez guerreros de Bolívar, siete son de origen africano.
Las causas de la pobreza de los afroamericanos de Colombia, tiene su razón última, no solo en la esclavización, sino en la forma como nuestros ancestros accedieron a la ciudadanía. Se les lee la ley de la abolición jurídica, mas no se les entrega tierras, ni minas ni nada que fuese fuente riqueza. Nuestros padres empezaron la nueva vida con una mano adelante y otra atrás. Por el contrario, a los esclavizadores fue quienes se les indemnizaron, a ello súmeseles el analfabetismo y los instrumentos de saberes que requería dicha modernidad.
Los herederos de los esclavizadores construyeron la nacionalidad que deseaban, negando las raíces no hispánicas. El proyecto se erigió en tres pilares: “una raza, una sola lengua y una sola religión”. La raza, la supuestamente caucasoide, pues es bien sabido como los pueblos mediterráneos son el producto de un amplísimo mestizaje y en particular los ibéricos, a los que aún se les estigmatiza como- la prolongación del África-. La lengua, obviamente, “la más bella, el español”, la religión, “la única verdadera, el cristianismo”. Todo lo amerindio y todo lo africano, se buscó como desaparecerlo. Sobre estas bases eurocéntricas se pretendió elaborar una nación mono étnica, mono parlante y mono religiosa. Esta política desconocía realidades de a puño: cerca de setenta grupos indígenas con sus respectivas lenguas y religiones. Ignoraba de igual manera los, hasta ahora indeterminados grupos étnicos afrocolombianos, sus dos lenguas criollas y sus variedades dialectales. Con estas exclusiones, con una historiografía oficial falseada, racista y eurófila, cargada de vergüenzas por sus componentes africanos e indígenas, lo que hoy se traduce en textos educativos que alienan a la niñez de todos los grupos jóvenes colombianos, tanto mestizos, como indígenas como afroamericanos de Colombia (Mena García 2006). Creando de esta manera falsas conciencias, las cuales hacen crisis al ir a Europa y el mundo anglosajón, donde son discriminados racialmente como “indios” /o “sudacas”, sobre todo ahora cuando desde finales del siglo pasado viene in crecendo el racismo y la xenofobia en Europa.
Para establecer la ideología racista las élites se apoyaron en tres connotados intelectuales reconocidos como esclarecidos representantes de “la generación del centenario”: Laureano Gómez Castro, bogotano, abogado de profesión, político conservador, mezcla de falangista y facista. El “sabio”, Luís López de Mesa (liberal antioqueño) y Miguel Jiménez López, (conservador boyacense), médicos psiquiatras los dos últimos.
Valiéndose de múltiples argucias pseudocientíficas, inspiradas en determinismos tanto geográficos como biológicos, explicaban el atraso de las fuerzas productivas colombianas, la violencia y la “degeneración racial y moral” por ser un pueblo formado por indígenas subnormales, “negros” desinteligentes, infantiles e indolentes y por descender de una decadente España.
El médico boyacense en su texto y conferencias tituladas “Algunos signos de degeneración colectiva en Colombia y en los países similares”, en ella sostiene que la raza colombiana se está degenerando y acude a un expediente de datos pseudocientíficos, como la baja talla de los colombianos (1,56 mts), un índice encefálico de 82,5 bordeando a la suprabraquiocefalia, la adiposidad femenina, el labio leporino, la baja nupcialidad 49 matrimonios por cada mil habitantes, la escasa longevidad y la alta mortalidad (Helg 1989). Otro elemento, a su juicio lo constituye el poco aporte colombiano al desarrollo de las ideas a escala universal, se imita pero no se crea. Considera psicopatológico la propensión a las guerras, el aumento de la criminalita, la locura y el suicidio, las permanentes reformas constitucionales. Ve como patologías sociales la criminalidad, la prostitución infantil, las toxicomanías, las perversiones sexuales, como productos de las migraciones a las ciudades y a la empleomanía. (Helg 1989). Sus análisis son epifenoménicos, llenos de datos no confiables como el cuestionado censo de 1915, en su época. Sus propuestas de soluciones son de igual manera superficiales y pesimistas, puesto que afirma que luego de aplicar políticas sanitarias, educativas y socioeconómicas, se aliviará la situación transitoriamente., estimando que el problema de fondo está en la composición racial (Jiménez López 1920: 3-39).
Fundamenta su planteamiento en el determinismo geográfico, según el cual las grandes culturas se han dado en los países subtropicales,… el trópico degenera a todas las razas y esto lo anuda a un determinismo racial “… existen razas superiores, los europeos, cuyo organismo y cuya inteligencia se realizaron integralmente, y razas inferiores, como los africanos y los indios, cuyo desarrollo incompleto se traduce en sus toscos rasgos físicos y su voluntad embrionaria. Se duele también que negros e indígenas decadentes hayan absorbido muy pronto la sangre de los españoles (Helg 1989). Su teoría se inspira en las tesis del francés Gustavo Le Bon, pero su gran solución la presenta con una migración europea masiva, tal como lo hicieron Argentina, Uruguay y Chile, así: “un producto que reúna, en lo posible, estas condiciones: raza blanca, talla y peso un poco superiores al término medio entre nosotros: dolicocéfalos; de proporciones corporales armónicas; que en él domine un ángulo facial de 82 grados aproximadamente;(…) de reconocidas dotes prácticas; (…) de un gran desarrollo en su poder voluntario; poco emotivo; poco refinado; de viejos hábitos de trabajo; templado en sus arranques, por una larga disciplina de gobierno y de moral; raza que en el hogar y la institución de la familia conserve una organización sólida y respetada; apta y fuerte para la agricultura; sobria, económica y sufrida y constante en sus empresas” (Jiménez López 1920: 74). El prototipo ideal de este migrante sería una mezcla armoniosa de mediterráneos y nórdicos. Los japoneses quedarían excluidos porque no aportarían al modelo, estético, sino que reforzarían el ya existente entre los indígenas.
Como ya dijimos estas tesis peregrinas del médico boyacense son insostenibles por sus gruesos errores científicos, cifras amañadas a su “buen juicio”, con las cuales llena sus ideas cuando no existen. Su concepción de infecundidad de la población mestizada, carece de asidero y nos recuerda a la Europa que nos invadió, cuando surgió la idea de “mulato” y la infertilidad. Se trata de un discurso racista, investido de la autoridad científica, en un pueblo con altísimos niveles de analfabetismo y sin tradición en investigación científica. Su discurso calaba más por su autoridad académica que por sus certezas eugenésicas, de corte neosocialdarwinistas.
Es bueno saber que Jiménez López tuvo contradictores, con información más elaborada y más reciente que la del médico conservador, como la de su colega antioqueño Alfonso Castro, el cual se dedicó a rebatir detalladamente los infundios del Jiménez López, fundamentado en las investigaciones del antropólogo Franz Boas. Otros contradictores fueron: el higienista Jorge Bejarano, que coadyuvó a la argumentación y el boyacense Armando Solano. No obstante, es preciso destacar como los profesionales incurrieron en contradicciones protuberantes, como aceptar la superioridad de la “raza blanca” y estiman que “el negro” es más débil moral e intelectualmente, pese a reconocerle virtudes. De los indígenas los estiman como una raza abatida, miserable y desesperada. Luego dubitan sobre que hacer con los indígenas si mantenerlos con sus instituciones y su estado semisalvaje o asimilarlos a la sociedad dominante.
Volviendo a Jiménez López, su propuesta de mestizaje se vio cumplida en lo espiritual cuando los gobiernos contratan a misiones alemanas para la educación y estadounidense para mejorar la economía. “… se trata de realizar el blanqueamiento, gracias al mestizaje espiritual con la raza alemana, a falta del mestizaje racial” (Helg 1989: 48).
Sin embargo, el estado colombiano le caminó infructuosamente a las migraciones eugenésicas mediante la ley 114 de 1922 relativa a inmigración y colonias agrícolas, cuyo artículo 1º reza:
“Con el fin de propender al desarrollo económico e intelectual del país y a al mejoramiento de sus condiciones étnicas, tanto físicas como morales, el poder Ejecutivo fomentará la inmigración de individuos y de familias que por sus condiciones personales y raciales no puedan o no deban ser motivo de precauciones respecto del orden social o del fin que acaba de indicarse, y que vengan con el objetivo de laborar la tierra, establecer nuevas industrias o mejorar las existentes, introducir o enseñar las ciencias y las artes, y, en general, que sean elemento de civilización y progreso.”.
El artículo 11 precisa: “queda prohibida la entrada al país de elementos que por sus condiciones étnicas, orgánicas o sociales sean inconvenientes para la nacionalidad y para el mejor desarrollo de la raza”.
“Por su parte, la ley 12 de 1926 busca favorecer la inmigración europea aumentando salubridad de los puertos marítimos y de las principales ciudades del país” (Helg 1989: 47).
En términos de la acción política el personaje que llegó más lejos en la difusión y consecuencia con esta ideología neosocialdarwinista, neoconservadora, cristiana y autoritaria fue Laureano Gómez Castro, sin desconocer que López de Mesa y Jiménez López, eran partidarios de los mismos preconceptos, mas Gómez Castro con su vehemencia verbal, su publica afiliación al pensamiento falangista del español Primo de Rivera, su admiración por Benito Musolini y por Gustavo Adolfo Hitler , lo hacen aparecer como la gran figura de este derechismo extremo. Claro está que los tres veían ciertas instituciones de la democracia liberal como el voto universal, el parlamento bicameral, etc., como figuras indeseables y estorbosas. Todos eran partidarios del centralismo, autoritarismo, la eugenesia y señalaban como una desgracia la herencia afroindígena.
Gómez Castro con sus famosas conferencias llamadas “Interrogantes sobre el progreso de Colombia”, denostaba mediante el determinismo geográfico, el racismo de los africanos y los aborígenes como lastres párale desarrollo de Colombia. El que Colombia se ubique el trópico es una desventaja, pues allí no se dieron culturas importantes, el clima conduce a la lubricidad, la inercia cultural, el terror, la mentira, y es nulo su aporte al progreso de la humanidad.
Con la decodificación del genoma humano, quedó comprobado lo que afirmaba la antropología social: la inexistencia de razas humanas. Existe una sola raza humana, el Homo Sapiens sapiens, todos los genómas humanos son compatibles. El desarrollo de las ciencias naturales arrasó al determinismo geográfico, en todas sus variantes, en particular el climático y las ciencias humanas demostraron la falsedad de la pseudociencia de pueblos predestinados, más evolucionados, etc.
En la actualidad la antropología social, la filosófica, la sociología, y la psicología social indagan un nuevo engendro de la concepción de “raza”. Eco tardío de su concepción biologista, pues cuando hablan de la “raza paisa”, la “raza de los goleadores”, las supuestas supercualidades de sus portadores, de fondo, existe una predisposición naturalista, que los hace superiores, inevitablemente caen en concepciones pseudocientíficas. El racismo, se niega a morir.
Luís López de Mesa “el sabio”, en pleno siglo XXI la oficialidad colombiana lo sigue ponderando con títulos como “dominó los campos del conocimiento. Médico, filósofo, sicólogo, sociólogo, humanista, político, educador, Luís López de Mesa dominó casi todos los campos del conocimiento. Se le llamó comúnmente El profesor. Sus apólogos alegan con regocijo que no hizo primaria pues no la necesitó, se graduó de bachiller con una tesis sobre “materia y forma”, doctorado de médico se especializó en psiquiatría en los Estados Unidos, fue creador de periódicos, empezando con uno caligráfico llamado “Aura”, es autor de una veintena de libros de ensayos, literatura, biográficos; como político desempeñó las carteras de Educación y Relaciones Exteriores, impulsó la creación de escuelas normales, ediciones bibliográficas. Fue creador de: academias, asociaciones científicas, etc. Murió en Medellín en octubre de 1967, había nacido en Don Matías (Antioquia) en 1884. López de Mesa fue tan importante para la élite colombiana y ella no ahorró ningún adjetivo calificativo elogioso para su obra entre ellos recordemos: Carlos Lleras Restrepo, Eduardo Nieto caballero, Germán Zea Hernández, germán Arciniegas, Eduardo santa, Fabio Lozano Simonelli, etc., le prodigaron elogios como: “…, contribuyó con sus conocimientos y publicó estudios sobre sociología, estadística, antropología, economía, nutrición, y filosofía que se adelantaron varios lustros a las ideas de la época, y fueron ejemplo de erudición, de juicio crítico, de madurez intelectual, de análisis severo, de lógica, de creatividad” (Gómez Martínez 1984: 286). Sus exaltadores nos dejaron estas perlitas, como para ilustrarnos la genialidad del montañés: “López de Mesa el pensador”, “López de Mesa expresión de la cultura americana”, “López de Mesa y la serenidad ante a la muerte”, “El amor apasionado de un filósofo”, “López de Mesa fruto de sabor universal de los prodigiosos genes de Antioquia” y “Luís López de Mesa la más excelsa figura colombiana del siglo” (Bagley y Silva Luján 1989: 10)
Sus textos más conocidos son: “El libro de los apólogos” y “De cómo se formó la nación colombiana”, donde hace toda suerte de malabares carentes de fundamentos científicos para demostrar el determinismo climático, haciendo una estratigrafía social basada en los pisos térmicos y la predominancia de determinados biotipos humanos, que en cuanto más blancos son, mayor es su desarrollo. La obra ha sido sometida, después de más de cincuenta años de elogios a profusión a las más devastadoras críticas, por sus sofismas. “… aquí se lo somete a un riguroso análisis para mostrar sus prejuicios ideológicos y sus limitaciones científicas (Bagley y Silva Luján 1989: 8). Estos autores no relievan suficientemente el componente afro, lo cual es tarea de nosotros y no de nuestros aliados.
El escritor antioqueño, llamado “el filósofo”, Fernando Gonzáles, bolivarista, liberal e iconoclasta, se une a la lucha contra los derechistas que nos ocupan, sin embargo, cae en una serie de inconsecuencias analíticas y homenajeando personajes de dudosa ortografía; en su texto “Los negroides” (1936), equipara al dictador venezolano Juan Vicente Gómez con Bolívar. Es un otro desliz en su discurrir contradictorio, en su denuncia al colonialismo espiritual triunfante en América, cuando sus elites dedican a copiar a Europa y prolongar su conducta en sus pueblos desde la educación formal e informal. Las califica como carentes de toda originalidad y de ser burdas copias del viejo continente: “Creemos, vivimos la creencia de que lo europeo es lo bueno; nos avergonzamos del indio y del negro; el suramericano tiene vergüenza de sus padres, de sus instintos” y luego añade: “Porque somos hijos de padres humillados por Europa, simulamos europeismo, exageramos lo europeo” (Gonzáles 1936: 30).
A la usanza de la época se desenvuelve en la categoría de “razas humanas”, de ellas excluye a los afros e indígenas y sus aportes en la construcción de su Antioquia y en particular Medellín, pueblos que señala como las del nuevo y autentico americano: “Pero lo único prometedor que tiene es él, el antioqueño. Todas las fundaciones, sembrados, edificios etc., que hay en Colombia, son de él o de extranjeros”, cuyas fortalezas están en sus ancestrías vascas y judías, las cuales unidas a su laboriosidad van fecundando e integrando al resto de Colombia (Gonzáles 1936), una versión colombiana del “pueblo elegido”.
Su pensamiento a favor del mestizaje histórico del que venimos hablando, aunado a su propuesta de conformar seres creativos, le son suficientes argumentos para oponerse a la inmigración eugenésica (Gonzáles 1936:34). Cae el autor en el error de creer que cuando el presidente Monroe hablaba de “América para los americanos”, estaba hablando del continente y no específicamente de su país Estados Unidos de América y por allí se derrama en elogios al coloso del norte como guardián de la libertad y protector del resto del continente.
En su crítica al monoracismo europeo, en sintonía con Vasconcelos, estima que en las Américas se está forjando un hombre superior, producto de la fusión de todas las “razas”. Refiriéndose a Bolívar como “primer hombre cósmico” dice: “Fue una muestra de lo que puede ser la raza suramericana, una vez nos hayamos fusionado. Porque es evidente solo el hombre futuro de Suramérica, mezcla de todas las razas, puede tener la conciencia de todos los instintos humanos, la conciencia universal. El suramericano será el hombre completo. Suramérica será la cuna del gran mulato” (Gonzáles 1936: 24).
En conclusión: personalidades de diversa naturaleza reconocidas por las élites sociales colombianas y difundidas como “grandes pensadores”, han alimentado la ideología racista, apoyándose en argucias pseudocientíficos. De alguna manera estas ideas de los albores del siglo XX, se mantienen en la modernidad a través del texto escolar, los medios de comunicación, etc., y en la introyección de preconceptos que se han prolongado en el tiempo.
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