Cómo educar a los hijos por el Espíritu




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Ríos de Gracia

Cómo educar a los hijos por el Espíritu

en lugar de por la Ley

Mark y Patti Virkler


Acabo de terminar su libro Ríos de Gracia. ¡Qué libro tan fantástico! El capítulo siete –Enfócate en sus puntos fuertes–, me conmovió de forma especial. Esa parte me ha servido de mucho para el momento de mi vida en que me encuentro. Eso es exactamente lo que debería estar haciendo: enfocarme en los puntos fuertes que Dios me ha dado. Gracias por escribirlo para que todos nosotros volvamos a revisarlo. Dios verdaderamente va a bendecir este libro. –Barry Mickelson.


¡¡¡Me encanta su libro!!! Es totalmente una confirmación en muchas áreas. Dios está volviendo a definir para nosotros lo que significa ser padres a cada momento. ¡Bendito libro! –Betsy Braun


Tengo cuatro hijos entre 1 y 9 años, así que es muy difícil, a veces, tener ese tiempo para mí misma. Anteanoche me desperté después de tener un sueño muy raro. Estaba en una floristería comprando globos y, después de comprarlos, salí de la tienda. Podía sujetar los globos bien en la tienda, pero al salir de la tienda me empecé a elevar con ellos, cada vez más alto, hasta que no supe como me podría sostener. En mi tiempo devocional, el Señor me mostró que iba a levantarme y que sería como cuando Él nos levanta del lodo profundo. De alguna manera, me despertó hoy a las 3:30 de la madrugada para leer su libro, y al haber leído solamente los primeros dos capítulos, supe que mi vida estaba cambiando. Su libro ha sido el primer paso que Dios está usando. Quería que supiera enseguida que su libro me está inspirando. Muchas gracias. –Jennifer Kamla


Hace algún tiempo Mark me dio una copia de su libro para que lo leyera (sobre la educación de los hijos). He de decir que, siendo una mujer recién casada y sin hijos (una de las razones por que me pidió que leyera este libro), al principio me sentí intimidada, pensando: “¡Yo nunca podría educar a un hijo así de bien!”. Parecía imposible para mí poder hacer todas las cosas bien siempre, todo el tiempo. Luego me di cuenta que no me estaban pidiendo eso... así que me relajé un poco:-).

Compartí gran parte del libro con mi esposo, Boyd. Yo le trasmitía lo que leía porque me interesaba lo que él pensaba. Especialmente aprecié los capítulos sobre la regla de oro y la de los diez años, y mucho de lo que leía lo iba discutiendo con mi esposo. Me encanta evaluar lo que creemos y por qué lo creemos. Me gustó especialmente la ilustración de soplar leche con una cañita. Una amiga me dijo hace poco que, accidentalmente, escuchó a una señora en la tienda gritarle a su hijo pequeño porque estaba jugando muy bruscamente mientras compraban. La madre le amenazó con dejarle en la tienda si no dejaba de jugar. De hecho, cuando Mark estuvo aquí la semana pasada, estuve compartiendo con él lo mucho que estaba disfrutando del libro y que el libro no se aplica solo a los hijos ¡sino también a mí misma! La otra semana estaba jugando con mi comida en la mesa del comedor (eso dice Boyd), así que me dijo que dejara de jugar con la comida... a lo que yo respondí: –¿Por qué? ¿Por qué motivo... no estaba haciendo daño a nadie... ni ensuciando nada... –. Así que, de broma, le recordé la historia de soplar burbujas, y nos reímos. (Y yo me reí un poco más que él. :-) [Para que quede constancia de ello, dejaré clara mi postura: realmente yo no estaba jugando con la comida. ¡Solamente la estaba reorganizando en mi plato!]. Ahora en serio, realmente aprecié esa regla de los 10 años, creo que me evitará años de tener que deshacer estrés y preocupación.
Definitivamente, es un libro que yo recomendaría que la gente leyera, ya sean solteros, casados, con hijos o estén esperando un bebé. Me vuelve a recordar el precioso regalo que realmente son los hijos y, porque son preciosos, quiero valorarlos y tratarlos de esa manera. Si alguien no ha oído de los tópicos discutidos en su libro, ¡deberían hacerlo! Ha escrito con eficacia, desde un punto de vista centrado en la gracia. El libro me ayudó a disipar algunas creencias que había mantenido anteriormente y me hizo acudir a Dios y preguntarle sobre lo que Él pensaba de estas cosas, las cuales creo que el libro trata realmente bien (no un montón de reglas, sino relación). Gracias otra vez por la oportunidad de leer su manuscrito. ¡Lo he disfrutado muchísimo! –Denise Dunleavey


Patti, encuentro mucha libertad en su libro. No me canso de repetir que yo veía el ser padres desde una posición de gracia y libertad en vez de la de cuidar y administrar la ley. Me encantaría haber tenido más de este tipo de entrenamiento cuando mis hijos eran más pequeños. Debo decir que gran parte de la educación de los hijos que existe hoy día, incluso por parte de aquellos que dicen ser guiados por el Espíritu Santo, son simplemente formas sofisticadas de manipular el comportamiento. ¡Necesitamos más cosas como las que usted ha escrito aquí! Que Dios la bendiga. –Pam Miller.


¡Leí su manuscrito en su totalidad y pensé que era excelente! Según leía el libro, veía que estaba de acuerdo con lo que estaba diciendo. Incluso vi que yo misma, que he criado hijos, estaba muy interesada en ver cómo usted había educado a sus hijos y cómo consiguió tan buenos resultados.
Me encantó la manera en que comienza su libro tratando en el primer capítulo sobre el tema de los pecados generacionales. Ha animado a los lectores a ver que es el lugar por donde empezar antes de traer hijos a este mundo. Ha explicado a la audiencia los porqués y los cómo con mucha claridad, para que puedan ser libres de los pecados de sus antecesores. Fue bueno para mí, también, porque fue un repaso del tema del que no creo que la mayoría de nosotros lleguemos a estar nunca saturados. Es un tema que podemos compartir con otros que están teniendo problemas que no parezcan tener respuestas.
Hizo un comentario que pienso que es de suma importancia y algo que nunca había oído expresar, y es: “¿Cómo quiero que sea el producto terminado? ¿Qué esperamos llevar a cabo y cómo vamos a conseguir ese objetivo?”. ¡Guau, buenas preguntas! Me gustaría que me hubieran desafiado con estas preguntas cuando estaba educando a mis hijos.
Disfruté oyendo cosas de su familia y cómo no era usted la mamá perfecta o alguien que lo supiera todo. Su humildad y la vulnerabilidad de su debilidad me hizo sentir que, con la fuerza y la sabiduría de Dios, yo podría intentar algo como eso. Creo que la mayoría de las mujeres se sienten inadecuadas al igual que usted se describía, y les ha dado el valor para enfrentar lo que creen que está bien para su familia.
Todos los principios bíblicos que ha usado para apoyar sus creencias son maravillosos. Creo que ha construido muy bien su argumento, y el libro ha sido escrito de una manera clara y sencilla para que cualquiera de nosotras pueda entender los principios y ponerlos en práctica.
Aunque ya soy abuela y he pasado la edad de educar hijos, creo que este libro es un ejemplo excelente de una mujer que fue contra la corriente “normal” de la sociedad, y que hizo lo que creyó que el Señor quería que hiciera con sus hijos. Enseña y anima, con la Palabra de Dios y sus principios, a ser la mamá (o el papá) al que estamos llamados a ser. Considero que este es un libro excelente para todos los padres y educadores. -Margaret Fraser


Reseña sobre el libro, por Alice Mickelson

Qué palabra de Dios tan inspiradora y animadora: No solo la necesidad de educar a los hijos para amar, servir y seguir la guía de Dios, sino cómo llevar a cabo esta tarea aparentemente imposible. ¿Le ha llamado Dios a dar clases a sus hijos en casa? Aquí hay palabras de sabiduría, guía y entendimiento para ayudar a los padres, abuelos, tías, tíos y amigos cercanos a entender y apoyar los principios de la escuela en casa basados en la Palabra de Dios. Lea la parte que trata de qué hacer para orar y animarse a usted misma, a su familia y a sus hijos a vivir por el Espíritu en lugar de por la ley.
Este es un libro para ser leído por todos los cristianos llamados a ministrar y servir en el reino de Dios, porque, ¿no somos todos hijos ante los ojos de Dios? ¿No somos llamados a ser padres, hermanos y hermanas espirituales? Todos debemos acudir a Dios con la fe de un niño y crecer en su amor y gracia como un niño. Qué principios tan maravillosos y fáciles de seguir, que podemos aplicar a nuestras propias vidas y a todos los hijos de Dios, independientemente de la edad o el parentesco familiar.
Ríos de gracia tiene palabras de sabiduría llenas del Espíritu, que se ocupan de las causas fundamentales del comportamiento y de las soluciones para ayudar a los hijos (y a la gente) a ser todo aquello para lo que Dios les ha creado. Qué alivio de mi espíritu al leer y aplicar estos principios, que trascienden los síntomas del comportamiento del niño, para enseñar y guiar al hijo (o a la persona) a descubrir la voz de Dios que le habla.
Yo he sido maestra de una escuela pública durante muchos años, y también he trabajado con muchos programas para jóvenes en diferentes iglesias. He reconocido muchos principios que ayudan a ver y oír la voz de Dios por uno mismo y a trabajar con jóvenes de todas las edades para que oigan la voz de Dios. Qué gozo ver a un individuo pasar de “tener que servir” a “querer desarrollar” una relación con Jesucristo. Tristemente, yo he estado en el primer grupo durante muchos años, antes de descubrir que uno puede, verdaderamente, oír la voz de Dios y enseñar a otros a oírla.
Patti ha compartido verdaderamente la Palabra de Dios. Sabe mostrar cómo cada uno de nosotros es capaz de pasar de las reglas y la ley, como se describen en la Escritura, a la gracia de Dios. Es la gracia lo que realmente sobrepasa las reglas y las leyes contra las que a menudo nos rebelamos. El énfasis de Patti está en educar hijos para el Señor y en la escuela en casa, ¿pero acaso no somos todos hijos que deben aprender las mismas lecciones?
Creo que Dios está ocupado enseñando a sus hijos en casa cada día, enseñándonos y guiándonos a oír su voz y aprender a permanecer en Él. Todos estamos en el mismo proceso de aprender y enseñar. Que todos continuemos teniendo fe como la de un niño, que cree que todo es posible y que sabe que, sin duda alguna, Dios es la respuesta. –Alice Mickelson
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