Teatro de nancy, Francia (1972). Publicada en el volumen Ocho obras de Rodolfo Santana. Universidad de Carabobo. (1971)Teatro del Absurdo Latinoamericano




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La Farra

Rodolfo Santana

escrita en 1969.Estrenada en el teatro “Leoncio Martínez”(1972)Premio “Juana Sujo” a la mejor obra de teatro (1972)Participante en el Festival Internacional de Teatro de nancy, Francia (1972). Publicada en el volumen Ocho obras de Rodolfo Santana. Universidad de Carabobo. (1971)Teatro del Absurdo Latinoamericano. Antología Anotada de Howard Quackembush. Editorial Patria. (1987) Grupo El Enko. Rosario. Argentina.( 1987)”La Farra”

Personajes:
Bongo: Sacerdote de Satabel. Viste túnica gris oscura. Cuando hace de esposa del General Pongo viste un traje negro largo, peluca oscura con ribetes morados.
Pongo: General filisteo. Viste gorra y chaqueta militar. Medallas de todos los tamaños. Calza botas. Al trabajar como esposa del senador Mongo viste un traje con muchos encajes. Sombrero con plumas. Cuando participa en la ceremonia del asesinato de la hermana del sacerdote Bongo utiliza una sotana de monaguillo. Siendo detective vestirá impermeable y sombrero de ala ancha.
Mongo; Senador. Viste levita y sombrero de copa. Cuando se desempeña como hermana de Bongo se provee de un traje largo, floreado. Simple. Como Monzobispo utiliza un manto rojo y un báculo rematado en cuerno. Como presidente de la República utiliza una banda presidencial.
NOTAS: Utilizar pelucas pajizas de colores llamativos.

Dispositivo enmarcado en un ciclorama oscuro.

Una tarima y sobre ella una silla. Una armazón con un traje. Una peluca.

Un espejo grande de metal, manchado.

Otras dos armazones para colgar los trajes y pelucas.

Un banco largo.

Dos butacas grandes.

Botellas de licor y vasos en recipientes adheridos a los diferentes muebles.

ESCENA I:
Se escucha un danzón de los buenos. O un bolero pachangoso.

Es el inicio de La Farra y se debe entrar en ambiente.

Luz. Pausa. Entran Pongo, Bongo y Mongo . Conversan por lo bajo. Se retiran a las armazones y allí comienzan a revisar los trajes que visten, definitorios de militar, sacerdote y político. Examinan, igualmente, las pelucas y trajes femeninos que les corresponden. Pausa. Toman las botellas y se sirven en los vasos. Brindan con el gesto. Beben.

Se adelanta Bongo, animado por sus compañeros. Muestra cierta resistencia.
BONGO: Es de noche. Una nueva noche. Como solemos hacer con frecuencia, mis compañeros y yo entramos en La Farra. Mi nombre es Bongo, sacerdote. Pastor de almas. Y por lo tanto sujeto a una responsabilidad mayor que la de mis compañeros, pues se pretende que sea guardia severo de códigos y comportamientos morales. No me satisfacen las causas que originan mi presencia en este lugar. Pero es evidente que he de asesinar a una mujer. Mi hermana.(Pausa corta) Dicho así, fríamente, resulta terrible. Y les confieso que siento la tentación de salir corriendo y olvidar. ¡Olvidar!. ¡Qué palabra tan hermosa y llena de recuerdos! (Pausa corta) Así es. ¡El mundo se mueve en círculos y siempre llego al principio del recuerdo y mi pasión!. Y me sumerjo en el instante futuro en el que mis manos estarán manchadas de sangre. Por todo ello permaneceré aquí. No tiene sentido huir si siempre retornaré.(Pausa corta) Cumpliré mis acciones lo mejor posible, ya que detrás de su carácter trágico, se encuentra mi ansiada paz interior.
Mongo cepilla su levita.
MONGO: Mi nombre es Mongo. Diputado. Político en una sociedad injusta y asesina .Por lo que he deducido que los problemas cotidianos del hogar pueden ser resueltos mediante el crimen. Soy pragmático. No creo en la paz hogareña ni en sagrados vínculos familiares. Reunidos aquí, mis amigos y yo plantearemos crímenes. Asesinatos concretos que pronto serán del dominio público. Esta noche, para ustedes, hemos dejado abiertas las ventanas de nuestro refugio y no se escaparán nuestras palabras a los oídos atentos. Nuestros actos serán visibles y sin artificio. Todo, como en el teatro, ha sido medido y ensayado escrupulosamente. Consumación y coartada. ¡Pasión, crimen e impunidad!.
Pausa. Pongo arregla su corbata.
PONGO: Pongo, General filisteo. Héroe de la Batalla de las Montañas Desiertas y diestro sabueso en la búsqueda de bandas subversivas. Alejandro Magno es un vulgar tirapiedras frente a mí y cuatrocientas medallas adornan mi uniforme. (Muestra la chaqueta del uniforme. Se acerca un poco a proscenio) Durante largo tiempo he soportado los insultos de mi mujer, experta en la preparación de pasteles y guisos. No respeta la severidad cuartelaría. No escucha órdenes. Pretende llevar una vida civil a mí lado, un militar de pura cepa. (Pausa corta) Mi presencia y la de mis compañeros en este lugar, va dirigida a encontrar una solución a este problema común: ellos también son vejados por la existencia y el comportamiento de sus mujeres. En mi caso, lo que debo desarrollar, es algo muy parecido a una práctica militar. Calificaré los músculos. Mis sentidos. Los reflejos de mi mente. Estrategia y golpe de mano en la perfección de un ejercicio criminal con características de comando que, con el auxilio de la suerte, me hará en días venideros viudo, rico y dichoso.
Se retira a su armazón y toma la gorra.
MONGO: Estamos tan bien instruidos en nuestros menesteres que, enfocando la situación desde cualquier ángulo, obtendremos siempre los mismos resultados. (Se adelanta un poco) ¿Una prueba? (Pausa corta) ¡Quijada!
Bongo se sobresalta. Deja de beber. Se adelanta.
BONGO: ¡Con una quijada de burro fue asesinado Abel en medio de una fiesta campestre!. ¡Como quisiera, en las oscuridades de un sótano, sin tambores ni flautas, hacer lo mismo con mi hermana!.
Pongo aplaude y va a estrechar a Bongo.
MONGO: (Sonriente) Es tan perfecto que parece preparado. (Un poco confidencial) Busquemos otra palabra de difícil aplicación. (Pausa corta) ¡Tomate!
Pongo se separa de Bongo. Lanza un grito y un golpe cortante con la mano.
PONGO: ¡Clavo un hacha en la frente de mi mujer!. Y después de picarla en trocitos y mezclarla con tomates pasados por la licuadora, preparo con ella un riquísimo guiso a la napolitana. Compro varias botellas de vino e invito a los vecinos para que compartan el almuerzo…¡Baile!¡Alegría! Al filo de mediodía la chupan y la tragan enterita con el mayor gusto.
Mongo aplaude. Pongo ríe.
BONGO: (Un poco molesto) ¡Comencemos de una buena vez!
Pausa corta. Pongo y Mongo se ven.
PONGO: ¿De nuevo en crisis?
BONGO: ¡Es tarde, sólo eso.!
PONGO: Frío, muchacho, frío. Es lo mejor.
Mongo se acerca a Bongo. Simula arrojar una moneda al aire. Pongo bebe.
BONGO: Cara.
Mongo descubre la mano. Gesto de contrariedad de Bongo. Mongo entrega la supuesta moneda a Bongo que se acerca a Pongo.
PONGO: Sello.
Bongo simula lanzar una moneda. La captura. Gesto de contrariedad. Pongo se adelanta al centro. Mongo en un lateral se desprende de la levita, chaleco y camisa. Cuelga las prendas en una de las armazones.

Se escucha otro bolero sangrante.

Mongo toma el traje floreado y lo viste. Bongo permanece inmóvil, como no participando en las acciones. Baja música.
PONGO: (A Bongo) ¿Qué te ocurre?
BONGO: Hoy no me siento en buena forma. ¿Alguno quiere tomar mi turno?
PONGO: (Señala una de las butacas) ¡Siéntate!
Bongo se traslada incómodo hasta la butaca. Se sienta. Mongo se dirige a foro, en dirección a otra de las armazones. Toma una peluca.
MONGO: Esta mañana introduje en el Congreso un Proyecto de Ley que prohíbe elevar la voz más allá del punto preciso en el que las palabras se transforman en gritos. Mediante ella, los habitantes de nuestro país hablarán en susurros para demostrar que poseen una elevada condición ciudadana. (Se coloca la peluca, torna más gráciles sus movimientos) En la tarde prepararé la cena familiar. (A Bongo) ¡Bongo, hermanito!
Bongo se muestra excitado.
PONGO: (A Bongo) ¿Estás nervioso?
BONGO: Me siento mal.
PONGO: Descansa. ¿Quieres que te cuente alguna de mis proezas?
MONGO: ¡Her-ma-niiii-tooo!
BONGO: Sí, por favor.
PONGO: En estos días tuve un enfrentamiento con un subversivo. Lo llevaron a mi oficina después de una sesión de ablandamiento. Tenía los labios partidos y respiraba como si sus pulmones fueran culos. (Pausa corta) ¡Pruuu! ¡Pruuu! Sentaron al hombre frente a mí y comencé a interrogarlo. (Pausa corta. Gira alrededor de una persona supuesta) ¿Dónde has colocado bombas? Una patada. ¿Dónde están tus cómplices? Otra patada. ¿Qué avión has secuestrado? Hijo de puta, responde. (Pausa) El hijo de puta callaba y me miraba. Me miraba. Me miraba como si el hijo de puta fuera yo. Le cerré los ojos a culatazos.
Bongo ve constantemente atrás, a Mongo.
MONGO: (En tono melodioso) ¡La sopa! ¡Se enfría la sopa y eso no debe ocurrir! (En tono seductor) ¡Es tan deliciosa la sopa caliente!¡Llega a lo profundo, remueve las glándulas y las tentaciones se aglomeran en la conciencia!
BONGO: Me da miedo comenzar yo. ¡No quiero sentir todas estas tentaciones!

¿Podemos aplazar esta situación?
PONGO: ¡Nunca!. A no ser que prefieras que te arrojemos desnudo en medio de una zona de tolerancia para que catequices a los que viven de la carne y la bebida.
MONGO: (Ensaya varios tipos de voz) ¡Hermanitico! ¡Hermanote!
BONGO: ¡Es excesivo!. Su voz me atrapa. Me seduce. (Se toma la cabeza)Presiento que será un día pesado y difícil.
Mongo se adelanta.
MONGO: Soy la hermana de Bongo, sacerdote, pastor de almas.

Mi piel desprende olor a santidad y todos los días otorgo sacrificios por mi salvación y la del mundo.

Mi cuerpo es virginal y casto como el de la famosa Santa Genoveva antes de ser violada por una legión de romanos.

Me carteo con el Papa, cardenales y obispos

y a la iglesia voy todos los días después de leer atentamente en los diarios los genocidios del día anterior y, así, rezar por todas las víctimas ensangrentadas..
Bongo se sitúa cerca de proscenio.
BONGO: Mi alma naufraga. Debo practicar el celibato y la abstinencia de licores. Me lo repito día y noche. Y en las tardes.
MONGO: (Se acerca, sugerente, a Bongo) Hermano. Soñé anoche que iluminado por dios, ocupabas la silla de San Pedro. Desperté feliz y en la mañana te he preparado una sopa.
BONGO: ¿Sopa?
MONGO: Quería prepararte una ensalada con salsa de ostras, pero al decir de la gente pecadora, las ostras….animan las pasiones carnales. Me contuve y preparé una sopa sencilla, de vegetales castos. Un brócoli místico y papas virginales, todo adobado de forma prudente,
BONGO: ¿Qué has estado haciendo toda la tarde?
MONGO: Cocinar, ya te dije.
Bongo camina hacia Mongo. Frialdad y recelo.
BONGO: ¿Además de cocinar?
MONGO: Coser, bordar y poner las cosas en su santo lugar.
BONGO: ¿Algo más?
MONGO;: Nada más.
BONGO: No te creo. (Toma la mano de Mongo) ¿Saliste, no?
MONGO: Permanecí en casa. Hice penitencia por las víctimas de las ametralladoras en Oriente Medio y en Afganistán y en Irán y en Irak.
BONGO: ¡Dile esas mentiras a tu confesor!
Bongo hace caer a Mongo.
MONGO: ¡Me duele, hermanito!
BONGO: ¿Con quién te citaste?
MONGO: Permanezco encerrada a cal y canto!
BONGO: ¿Con un albañil?
MONGO: ¡Sola!
Bongo patea a Mongo.
BONGO: ¿Hiciste entrar al lechero? ¡Dejaste que el cartero te leyera las rayas del vientre?
MONGO: Nonononono.
Mongo se queja. Bongo estudia la mirada.
BONGO: ¡Tienes los ojos brillantes!.
MONGO: ¡La pureza de mi alma!.
BONGO: ¡Lascivia! ¡Ganas de pecar y pecar y pecar en los altares de la carne!… (Pausa corta) ¿Te excito, hermanita?
MONGO: ¡Soy virgen, hermanita!.
BONGO: (Aprieta su cabeza con las manos) ¡Lo que uno tiene que oír!. (Pausa corta. Empuja a Mongo repetidas veces) ¿Hasta dónde llegaste con el mecánico de la esquina?¿Y si te llevo a una clínica para un examen vaginal?¿Y otro examen rectal? ¿Y otro bucal?
MONGO: ¡Lo que quieras, no tengo nada que ocultar! (Ve a Bongo. Abandona su actitud femenina. Toma una copa de vino y bebe) ¡Este vino de Alsacia lo pone a uno de buen humor.!
Pausa corta. Pongo ofrece de beber a Bongo.
PONGO: ¿Estás celoso, Bongo?
BONGO: ¿Yo?
PONGO: Es un excesivo interés por las ocupaciones de tu hermana.
BONGO: ¡Me indigna la putería de esa zorra!
PONGO: ¡Celos!
BONGO: ¡Eso se llama cólera divina aquí y en La India!
MONGO: (Coloca la copa en su soporte. Adopta pose) ¡Yo no hice nada malo!…Solo pienso en las florecillas y mariposillas del campo.
BONGO: ¡Cállate, perversa!
PONGO: Déjala hablar.
Bongo se desentiende de los argumentos de Mongo. Camina de un lado a otro. Se sienta en la butaca. Se incorpora. Camina de nuevo.
MONGO: Claro, la verdad estaba un poco aburrida.
BONGO: El aburrimiento es la puerta de las depravaciones.
MONGO: ¡Ay, es que en las noticias de la tarde no figuraba ningún asesinato!. ¡Ninguna masacre por la cual elevar mis plegarias! (Pausa corta) Me sentía así como vacía ante tal ausencia de violencia.
BONGO: ¿Estás sugiriendo que deliro?
MONGO: ¡Hermanito, en estos tiempos la locura es un fenómeno general, no tienes por qué avergonzarte! Poseer un rasgo psicópata hasta resulta simpático.
Bongo atrapa a Mongo por la espalda. Lo zarandea.
BONGO: ¿De qué otro sitio, fuera de la realidad, parte todo este universo de susurros, elucubraciones y cópulas furtivas que me arañan la piel? (Suelta a Mongo) ¿Eh? ¡Responde, lujuria con patas!
MONGO: ¿Por qué no comes un poco de sopita?
BONGO: ¡No tengo hambre!
MONGO: La resistencia frente a las pasiones es más fuerte cuando nos encontramos bien comidos y mejor bebidos.
BONGO: Además eres golosa, ¿no?
MONGO: Es posible que estés enfermo.
BONGO: ¿Enfermo? (Zarandea a Mongo) ¿Cuándo se ha visto a un sacerdote de Satabel enfermo?
Bongo calma su agresión. Se torna casi afectivo.
BONGO: ¿Mordió tus senos, chupándote los pezones?
MONGO: ¡Nono!
BONGO: ¿Te acarició las caderas y luego te apretó las nalgas? Cuéntame todas las porquerías, querida hermanita. Ego te absolvo.
PONGO: Tienes problemas, Bongo.
Bongo abandona a Mongo. Se acerca a Pongo.
BONGO: ¡La angustia de los profetas!. ¡El delirio del Mesías!. A eso te refieres.
PONGO: Problemas. Y bien callados que te los guardas. (Pausa corta) Tu pequeña parroquia se conmueve.
Bongo se adelanta a proscenio.
BONGO: ¡Cómo no va a conmoverse si se la pasa pecando! ¡Coitos en los jardines! ¡En las vías públicas! ¡En los ascensores!
Mongo se traslada a foro seguido por Pongo con quien se abraza escandalosamente. Bolero salsoso.
BONGO: ¡Jamoneos en los parques!¡Cópulas en los autos y camiones!
PONGO: (Abrazando a Mongo en su papel de hermana de Bongo )¡Moral, querido capellán!. Eso es lo que se necesita: Moral.
BONGO: ¡Qué moral ni qué ocho cuartos, esto es pecado del bueno! (Pausa corta) Pecado en los campanarios. En las mesas de café. Salgo a las apacibles calles de mi parroquia y bandadas de jóvenes sátiros preparan sus orgías.
PONGO: (A Mongo, que le coquetea) ¡Coqueta. Coqueta!.
BONGO: ¡Sobre las motos! ¡En los autos!
MONGO: (Intensa) ¡Hay que rezar a Dios por todos los que mueren haciendo el amor después de comer cocido gallego!.
Pongo corre detrás de Mongo, que en su papel de hermana de Bongo ríe escandalosa.
BONGO: Dignos ciudadanos, con sus maletines ejecutivos y sus miembros erectos, caminan y tantean a las jovencitas. Roces peligrosísimos entre las mujeres.¡ Toda la parroquia es una bacanal descontinuada por el trabajo de oficina!. Y aún allí no se interrumpe.
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