Bibliografía páginas webs




descargar 0.52 Mb.
títuloBibliografía páginas webs
página3/16
fecha de publicación08.02.2016
tamaño0.52 Mb.
tipoBibliografía
b.se-todo.com > Ley > Bibliografía
1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   16

LA IGLESIA CATÓLICA
Es la Iglesia fundada por Cristo. Ella es “columna y fundamento de la verdad” (1 Tim 3,15). Nunca desaparecerá, porque tiene la promesa de Cristo: “Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28, 20). Y “las fuerzas del infierno no podrán contra ella” (Mt 16,18). A Ella se le ha encargado conservar el depósito de la fe como un tesoro que debe guardarse sin mancha (1 Tim 6,20; 2 Tim 3,12-14).
Para pertenecer plenamente a la Iglesia hay que bautizarse como católico, no necesariamente en el río, puede ser derramando agua sobre la cabeza del niño. A este respecto, un obispo ortodoxo halló el año 1875, en la biblioteca del hospital del santo sepulcro de Estambul, un libro llamado Didache (doctrina de los doce apóstoles), escrito hacia el año 70, que en el capítulo 7, nº 3, dice sobre la manera de bautizar: “Si no hay agua viva (corriente), derrama agua en la cabeza tres veces en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”.
El bautismo es la puerta de entrada a la Iglesia. La Iglesia ha sido fundada por Cristo para darnos seguridad en nuestra fe y no dejarnos engañar por tantos falsos profetas. Por eso, ya en el año 107 decía san Ignacio de Antioquía en su carta a los esmirniotas: “Donde está el obispo, allí está la Iglesia, así como donde está Jesucristo allí está la Iglesia universal”. ¿Y las Iglesias que no tienen obispo? San Ambrosio de Milán decía en el siglo V: “Donde está Pedro (el Papa), allí está la Iglesia”.
San Jerónimo decía: “La Iglesia está fundada sobre la roca de Pedro” (Epist 43,3,7). Y el mismo Cristo dijo: “Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia” (Mt 16,18).
Algunos hermanos separados aceptan que Cristo nombró a Pedro como su representante y le dio su autoridad, pero no al Papa. Pero, si Cristo quería que la Iglesia permaneciera hasta el final de los siglos, ¿cómo iba a dejar que la Iglesia estuviera como un cuerpo sin cabeza? Hablar de Pedro es hablar de que Cristo quiere que su autoridad, al igual que la de los apóstoles, se transmita a sus sucesores. De otro modo, la Iglesia no existiría, al no tener autoridad visible, fundamento de unidad. “Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella” (Ef 5,25). Por eso, nosotros debemos amarla, a pesar de los errores de sus miembros.

EL PURGATORIO
La Iglesia católica ha recibido la tradición judía sobre el purgatorio, que Jesús en ningún momento rechazó. Los judíos, desde el siglo segundo antes de Cristo, ya creían en un tiempo de purificación después de la muerte. Por eso, en 2 Mac 12,43 se dice que Judas Macabeo mandó a Jerusalén dos mil dracmas de plata para ofrecer un sacrificio por los caídos en la batalla. Y dice el texto: “De no esperar que los caídos resucitarían, habría sido inútil y necio rezar por los difuntos, pero si consideraba que una magnífica recompensa les está reservada a los que duermen piadosamente, era un pensamiento santo y piadoso. Por eso, mandó hacer este sacrificio expiatorio a favor de los muertos para que fueran liberados del pecado”.
Los hermanos separados no aceptan este libro, pero deben aceptar, al menos, que los judíos creían en ese estado de purificación, al que nosotros llamamos purgatorio. Lo de menos es el nombre. Lo importante es que está en la Biblia el hecho de la purificación después de la muerte. Y eso lo creían también los judíos del tiempo de Jesús y él no lo criticó. Y lo siguen creyendo después de dos mil años los judíos actuales.
Pero hay otros textos. Dice el Apocalipsis que en el cielo “no puede entrar nada manchado” (Ap 21,27), luego todos deben entrar limpios de pecado y hay que purificarse antes de entrar. En 1 Co 3,15 dice Pablo: “Aquel cuya obra queda abrasada, sufrirá daño. Él no obstante se salvará, pero como quien pasa a través del fuego”. Incluso, Jesús dice claramente que hay pecados que se pueden perdonar después de la muerte: “Al que diga una palabra contra el Hijo del hombre se le perdonará, pero al que la diga contra el Espíritu Santo, no se le perdonará, ni en este mundo ni en el otro” (Mt 12,32). Dios nos pedirá cuenta hasta de una palabra ociosa (Mt 12,36).
¿Diremos que esos textos no son claros? La Tradición de la Iglesia nos los interpreta auténticamente para no equivocarnos. Así nos damos cuenta que, desde el principio, se creyó siempre en ese estado de purificación después de la muerte. En las tumbas de los primeros cristianos aparecen oraciones, pidiendo al Señor misericordia por los difuntos. El mismo Pablo desea esta misericordia para Onesíforo: “El Señor le dé hallar misericordia en aquel día cerca del Señor” (2 Tim 1, 18). Así lo entendieron los santos Padres. San Agustín dice, por ejemplo: “No hay duda de que las oraciones de la santa Iglesia, el sacrificio saludable y las limosnas que se distribuyen por sus almas, ayudan a los muertos, para que el Señor obre en ellos más misericordiosamente de lo que merecieron sus pecados. La Iglesia universal mantiene la tradición de los Padres: que se ore por aquéllos que murieron en la comunión del cuerpo y la sangre de Cristo, cuando se les recuerda en el momento oportuno de la celebración de la Eucaristía” (Sermón 172,1-3; PL 38,936-7).
Opongan los herejes lo que quieran, es un uso antiguo de la Iglesia orar y ofrecer sacrificios por los difuntos” (Libro de herejías cap. 53). Y él mismo ora por su madre santa Mónica y dice: “Señor, te ruego por los pecados de mi madre” (Confesiones IX, cap. 13). Y esto mismo podemos decir de todos los santos Padres de los primeros siglos.

EL PAPA
Algunos cristianos rechazan la infalibilidad del Papa, pero aceptan sin problema la infalibilidad del concilio de Nicea, por ejemplo. Todos creen que Dios usa hombres falibles y pecadores para comunicar su verdad infalible en la Palabra de Dios. Ahora bien, infalibilidad no quiere decir que el Papa es infalible en todo lo que dice, sino solamente, cuando habla de cosas de fe y moral, con toda su autoridad, como representante de Cristo, y quiere imponer una verdad para ser creída por toda la Iglesia. De otro modo, no es infalible y, mucho menos, cuando habla de cosas de astronomía o ciencias.
Un rey, por ejemplo, puede escribir muchas cartas, pero solamente las que promulga oficialmente con carácter de ley son las que obligan para ser respetadas por todos. Así el Papa puede hablar o escribir en privado o en público, pero mientras no quiera imponer una verdad con toda su autoridad a toda la Iglesia, no es infalible. Además, infalibilidad no quiere decir impecabilidad. Ha habido y podrá haber Papas pecadores, como lo fue Pedro, pero esto no le quita su autoridad.
Por otra parte, el hecho de que la Palabra de Dios no se interpreta por sí misma, hace necesaria una autoridad para poder determinar de modo infalible la interpretación de algunos puntos en particular. Y así como la Constitución de un país necesita ser interpretada por su Gobierno o por las autoridades competentes, así la Palabra de Dios debe ser interpretada con garantía de verdad y, sin dudas, por una autoridad exterior a ella. Esta autoridad es la que Cristo le dio a Pedro, al darle las llaves del reino de los cielos: “Lo que ates en la tierra será atado en el cielo, y lo que desates en la tierra será desatado en el cielo.” (Mt 16,19). “Apacienta mis ovejas” (Jn 21,15-16). “Yo he rezado por ti para que tu fe no se equivoque y tú confirma a tus hermanos” (Lc 22,32).
San Agustín decía: “Roma locuta, causa finita est” (Si Roma -el Papa- ha hablado, la cuestión se ha terminado). Para indicar que el Papa es quien tiene la última palabra.
Y esto puede comprobarse por la historia; pues, cuando el año 95 surgieron dificultades entre el clero y el pueblo de Corinto, para solucionarlas no acudieron a ningún apóstol. Aún vivía el apóstol san Juan en Éfeso. Acudieron al Papa de Roma y el Papa Clemente les escribió dos cartas para solucionar el problema definitivamente.
Hay un asunto que suele presentarse, cuando alguien quiere hablar en contra de la infalibilidad del Papa. Es la llamada “cuestión del Papa Honorio”. Un caso único en la historia de los Papas.
En el siglo VII, se planteó la cuestión de si Jesucristo tenía una o dos voluntades. Si cuando obraba, actuaba con voluntad humana o con las dos voluntades, correspondientes a las dos naturalezas. El Papa Honorio (625-638) recibió un día una carta del patriarca Sergio I de Constantinopla, donde le urgía a tomar posición en la polémica entre el patriarca Ciro de Alejandría, partidario de una sola voluntad, y el monje Sofronio de Jerusalén, partidario de que Jesús, persona divina actuaba con las dos voluntades en una unidad moral.
Honorio le escribió, diciendo que “un solo Jesucristo actuaba en las dos naturalezas las obras de la divinidad y de la humanidad”. Lo peor fue que mandó callar al monje Sofronio, que sostenía la verdadera doctrina de las dos voluntades. Entonces, Sergio de Constantinopla consideró que apoyaba la doctrina, que él sostenía, de una sola voluntad (de ahí viene el nombre de monoteletas, que se dio a estos herejes). Y la herejía se extendió y muchos obispos se contagiaron de ella.
El asunto llegó al concilio III de Constantinopla (680-680), donde Honorio fue condenado como hereje. Y lo mismo hicieron los dos siguientes concilios ecuménicos. Pero, en primer lugar, ningún concilio tiene autoridad para condenar a nadie sin la autorización del Papa reinante.
En segundo lugar, el Papa nunca afirmó la doctrina herética de la única voluntad de Cristo. En sus dos cartas a Sergio de Constantinopla, expone la doctrina correcta; pero de modo ambiguo y equívoco, lo que dio motivo a creer que fue un hereje. Además, estas dos cartas, fueron cartas privadas y no doctrina solemne, no tenían toda la autoridad, para poder ser consideradas infalibles.
Por eso, el Papa León II (681-683), del tiempo del III concilio de Constantinopla, dijo: “Honorio no extinguió la llama de la herejía como convenía a su autoridad, sino que por su negligencia la fomentó”. Así pues, reconoce que no fue hereje, sino imprudente. Pudo ser pecador, irresponsable o incapaz, pero no hereje. Durante algunos años después de Honorio, los Papas debían jurar “rechazar la herejía, cuyo fermento había introducido Honorio”.
En 1870, en el concilio Vaticano I, cuando se quiso definir la infalibilidad del Papa, surgió de nuevo este problema. Pero claramente se determinó que el Papa es infalible solamente, cuando habla “ex cathedra”, es decir, desde la cátedra, con toda su autoridad, con la intención de imponer una verdad para ser creída como tal por todos los fieles. Esto no se daba en las dos cartas escritas por Honorio a Sergio de Constantinopla. Actualmente, todos están de acuerdo en que Honorio no fue hereje, pues lo que dice en sus dos cartas es perfectamente ortodoxo. Él habla de una unidad de voluntades en Jesucristo, refiriéndose a una unidad moral de las dos voluntades existentes en Jesús. Por eso, se pudo definir la infalibilidad pontificia con toda tranquilidad como dogma de fe. Y podemos afirmar, sin ninguna duda, que ningún Papa de la historia se equivocó al hablar solemnemente, con toda su autoridad, en cosas de fe y costumbres. Y que todos los Papas, aun pecadores, iluminaron a la Iglesia con la luz de la verdad, revelada por Dios. Quizás Dios permitió este caso de Honorio para hacer más palpable su providencia sobre la Iglesia y reafirmar así la autoridad del Papa.

LUTERO (1483-1546)
Lutero7 fue el “reformador” del siglo XVI, que se apartó de la Iglesia y comenzó la gran división entre los cristianos. Él quería reformar a la Iglesia de sus vicios. Pero su afán de reforma lo llevó demasiado lejos y acabó separándose y organizando su propia iglesia. Él se creía inspirado directamente por Dios y nadie podía criticar sus ideas. Dice, por ejemplo: “En mil años a ningún obispo ha otorgado Dios tan grandes dones como a mí”8. “Estoy cierto de que mis dogmas los he recibido del cielo. Mis dogmas permanecerán y el Papa sucumbirá”9. “Mi evangelio no tiene origen humano, sino divino”10. “Yo soy el profeta de los alemanes”11. “Estoy cierto de que la palabra de Dios está en mí”12.
Y, como profeta, es más que el Papa. Por eso, él mismo excomulga al Papa: “Del mismo modo que ellos me excomulgan en nombre de su sacrílega herejía, así yo, por mi parte, los excomulgo en nombre de la santa verdad de Dios”13. Y, como jefe absoluto de su iglesia, organiza la misa evangélica, o santa cena, a su propio gusto.
Publicó un manual de rúbricas o Fórmula de la misa y comunión, y envió una bula, como si fuera el Papa de su iglesia14. Y dice: “Mi doctrina no puede ser juzgada por nadie ni por los ángeles. Pues teniendo yo certeza de su verdad, quiero ser, por medio de ella, juez de vosotros y también de los ángeles como dice san Pablo (1 Co 6, 3). Quien no acepte mi doctrina, no alcanzará la bienaventuranza. Mi doctrina no es mía, sino de Dios”15.
Al traducir la Biblia al alemán, sin saber muy bien el griego y menos el hebreo, trató de germanizar las expresiones para hacerlas más entendibles; pero, a veces, modifica el texto sustancialmente. Así por ejemplo, cuando Pablo dice que la ley produce cólera (Rom 4, 15), Lutero traduce: “La ley produce solamente cólera”. Donde se dice que el hombre es justificado por la fe (Rom 3, 28), él traduce: “El hombre es justificado por la sola fe”. Se inventa la palabra sola. Cuando alguien le criticó por esto, respondió: “El doctor Martín Lutero lo quiere así. Así lo quiero y así lo mando (sic volo, sic jubeo, sit pro ratione voluntas). Con esto he respondido a vuestra pregunta y os ruego no queráis responder más a tales asnos y a su vana palabrería sobre el vocablo sola, sino esto: Lutero así lo quiere y dice que él es un doctor sobre los doctores del Papado entero”16. “A nadie se le prohíbe hacer otra traducción mejor… Pero yo no tolero que los papistas sean mis jueces, porque tienen aún orejas demasiado largas para eso y su rebuzno es demasiado débil para juzgar mi manera de traducir”17.
Jerónimo Emser (†1527) descubrió 1400 errores en la traducción de Lutero. Incluso, excluye de la Biblia algunos libros por su propia voluntad. Dice: “La epístola de Santiago no es más que paja, pues no presenta ningún carácter evangélico”18. “La carta a los Hebreos no es de san Pablo ni de ningún otro apóstol…, y también podemos hallar en ella leña, paja y heno”19. “La carta de san Judas es un extracto de las de san Pedro y de otras… Es una epístola innecesaria que hoy día no se debe contar entre los libros fundamentales de nuestra fe”20. “Sobre el Apocalipsis, yo no encuentro en este libro nada de apostólico ni profético”21.
Así que, por lo menos, la carta de Santiago, de Judas, a los Hebreos y el Apocalipsis, para él no son inspirados por Dios.
Al Papa le tenía un odio cerval. En todos sus escritos vomita su odio contra el Papa con las expresiones más groseras y vulgares. Veamos algunos de sus apelativos: cerdo, burro, rey de los asnos, perro, rey de las ratas, lobo, oso-lobo, león, dragón, cocodrilo, dragón infernal, anticristo maldito, excremento del diablo. En su tratado Contra el Papado romano, fundado por el diablo, dice entre otras cosas: Infernalísimo padre san Paulo III… ¿De dónde le vienen a vuestra infernalidad esos poderes? El desvergonzado mequetrefe Paulo III convoca ahora a un concilio. Que por tal concilio le dé gracias el malvado demonio y no asistan a él sino el malvado demonio y su madre, su hermana, el Papa, los cardenales y demás residuos que hay en Roma de la infernal bozofia”22. También le llama obispo de los hermafroditas, Papa de los sodomitas, apóstol del diablo, autor y maestro de todos los pecados y otras muchas cosas.
Pero su odio lo manifestó especialmente en los dibujos contra el Papa, que publicó en la Biblia y en otros escritos, especialmente en el Retrato del Papado, publicado en 154123. Estos dibujos, inspirados por él, los pintaba el famoso, Lucas Cranach el viejo y hay algunos que son muy groseros, con excrementos y cosas peores. Realmente, algo indigno de un cristiano y menos de un “profeta de Dios”. Antes de morir, dijo sobre estos dibujos en 1545: “Yo se que no puedo vivir largo tiempo y, sin embargo, tengo muchas cosas que sería preciso revelar acerca del Papa y de su reino. Por eso, he publicado estas figuras o imágenes, cada una de las cuales vale por todo un libro que se debe escribir contra el Papa y su reino diabólico. Que estas figuras sean mi testamento”24.
Yo muero en odio del malvado (el Papa), que se alzó por encima de Dios”25. “Deseo que, después de mi muerte, conservéis una sola cosa: el odio al romano Pontífice”26. Y quiso que el epitafio de su tumba fuera “En vida fui tu peste, muerto seré tu muerte, Oh Papa”27. Con frecuencia, bendecía a sus seguidores y decía: “Que el Señor os llene de su bendición y de odio al Papa”28.
Su odio al Papa no lo dejaba tranquilo ni a la hora de la muerte. Y lo mismo podemos decir sobre sus expresiones contra la Iglesia católica o contra las famosas Universidades de París, Lovaina y Colonia. Dice de la Universidad de París: “Es la madre de todos los errores de la Cristiandad y la mayor prostituta del espíritu, el mayor prostíbulo del anticristo, que es el Papa”29.
Por eso y por mucho más, podemos suscribir lo que decía de él otro reformador, Enrique Bullinger (1504-1575), sucesor de Zwinglio en la sede de Zurich, en su libro Verdadera confesión de los servidores de la iglesia de Zurich, en el año 1545: “Lutero no guarda mesura alguna; sus escritos, en su mayor parte, no son más que estrépito y maledicencia. Va a lo suyo, despliega gran magnificencia y manda rápidamente al diablo a todos los que no se le rinden… Es claro como el día, y desgraciadamente innegable, que nadie ha escrito de cosas de fe y de cuestiones importantes y serias de una manera más salvaje y grosera e indecente que Lutero”30.
Podemos hablar de otros muchos puntos, donde podemos ver también que Lutero no era ningún santo y menos un profeta de Dios. Por ejemplo, en cuestión del matrimonio decía: “El matrimonio es absolutamente obligatorio y necesario para quien tiene órganos de generación”31. “La mujer no ha sido creada para ser virgen, sino para engendrar hijos”32. “Las mujeres sólo sirven para el matrimonio o para la prostitución”33. Opina que el adulterio debe ser castigado con la pena de muerte y dice: “Si la autoridad civil se muestra negligente y morosa, y no impone la pena de muerte, puede el adúltero marcharse a un país lejano y allí casarse en caso de que no pueda vivir en continencia, pero sería mucho mejor que muriese para evitar el mal ejemplo”34. Cuando uno de los cónyuges no quiere convivir con el otro, “como cuando una mujer testaruda se empeña en no interesarse por nada, aunque el marido caiga diez veces en la impureza. Entonces, el marido puede decirle: Si tú no quieres, otra querrá; si la señora no quiere, venga la sirvienta”35. “Yo detesto tanto del divorcio que prefiero la bigamia”36.
De hecho, en 1539, Lutero, con Melanthon y Martín Bucer, le permitió al príncipe Felipe de Hessen, su protector, que tuviera dos mujeres y lo justificó, basándose en la Biblia y en que este asunto era necesario para el bien de la iglesia cristiana. Pero le aconsejó que no lo hiciera público. Y, cuando se enteraron muchos, le aconsejó mentir y decir que no estaba casado, sino que era su concubina. Dice así: “No se hundirá el mundo, porque uno, por un bien mejor y por causa de la iglesia cristiana, diga una buena y gruesa mentira. Una mentira necesaria, una mentira útil, una mentira que saca de apuros; una tal mentira, no siendo contra Dios, la tomo sobre mi conciencia”37.
Escribió un libro Sobre los votos monásticos y otro sobre Por qué y cómo pueden las vírgenes abandonar el claustro según Dios, donde dice que los votos son algo antinatural; pues, para él, la unión sexual del hombre y de la mujer es de absoluta necesidad, y el matrimonio es obligatorio para una persona normal.
Él mismo nombraba a sus párrocos y obispos. Y escribe: “Los obispos, los sacerdotes, los monjes y las monjas (católicos), las misas y todo ese reino con sus dogmas y ministerios no son otra cosa que monstruosidades, ídolos, larvas, mentiras, la mismísima abominación puesta en el lugar santo, prostituyéndose con títulos de obispo y de Iglesia”38.
En cuanto a tolerancia, era implacable con sus enemigos. A Karlstadt le prohibió predicar y publicar sus libros. A Zwinglio le tenía odio y dice de él en una carta a Melanthon del 27 de octubre de 1527: “Creo que es muy digno de santo odio por manejar tan desvergonzada y traicioneramente la palabra de Dios”. En 1543 escribió el libro Sobre los judíos y sus mentiras, donde dice que quienes toleren o protejan a los judíos serán responsables de sus abominaciones ante Dios y aconseja que sus escuelas y sinagogas sean quemadas y sus cosas destruidas y se les confisquen sus bienes. En su libro Contra las hordas ladronas y asesinas de los campesinos39 incita a los príncipes a matarlos a todos por sus desmanes en la llamada “guerra de los campesinos”, donde masacraron a 150.000 campesinos. Dice: “Yo he dado muerte a todos los campesinos, cuando la revolución. Toda su sangre cae sobre mi cabeza, pero yo se la echo a nuestro Señor Dios que me mandó hablar de aquel modo”40. Les decía a los príncipes: “La autoridad debe acosar, golpear, estrangular, ahorcar, quemar, decapitar y tullir a la plebe para hacerse temer del pueblo y mantenerlo manso”41.
¿Podemos aceptar estas cosas de un enviado de Dios?
Entre las cosas buenas de Lutero, podemos mencionar su amor a María. Habla de ella como la “dulce Virgen y tierna Madre de Dios”. En su libro Comentario al Magnificat dice que “todos los loores a María se compendian en una palabra: Madre de Dios. Nadie puede decir de ella cosa más grande”. En su comedor tenía un crucifijo y una imagen de María con el niño. Aceptaba el bautismo de los niños y, sobre todo, Lutero conservó la creencia en la presencia real de Jesús en la Eucaristía y la defendió contra Ecolampadio, Zwinglio, Karltadt y Schwenckfeld. Sobre la Eucaristía, escribió dos libros: Confesión de la cena de Cristo y Que las palabras de Cristo: Este es mi cuerpo, siguen firmes contra los fanáticos. Dice: “Nos llaman devoradores de carne, bebedores de sangre, antropófagos, cafarnaítas, tiesteos, etc., como si fuésemos dementes, insensatos o furiosos que tenemos a Cristo incluido localmente y lo comemos a pedazos como el lobo devora una oveja y bebemos su sangre como una vaca bebe el agua”42. “Aunque tuvieran razón, lo cual es imposible, al decir que en la Eucaristía no hay realmente sino pan y vino, ¿se habían de enfurecer y tronar contra nosotros con esas horribles blasfemias de Dios cocido, Dios empanado? ¿No debían tener respeto a la santa palabra de Cristo, no inventada por nosotros: Esto es mi Cuerpo”43. También aceptaba la autoridad de los cuatro primeros concilios de Nicea, Constantinopla, Efeso y Calcedonia.
Lo más grave fue poner la autoridad de la iglesia en manos de los príncipes, que consideraron las cosas eclesiásticas como un asunto más de la administración pública. Así los príncipes fueron absolutos controladores de la religión en sus regiones y, con intolerancia, expulsaban a todos los que no seguían las doctrinas luteranas. Pero el cristianismo no mejoró con las reformas luteranas. De hecho, el mismo Lutero reconocía que, al implantar el luteranismo, no eran ellos mejores que los católicos. Decía en el otoño de 1533: “Nuestra vida es tan mala como la de los papistas”. “El aspecto de nuestras iglesias es miserabilísimo, pues los campesinos no aprenden nada, no saben nada, no rezan nada, ni se confiesan ni comulgan. Abandonaron lo papístico y desprecian lo nuestro”44.
En resumen, podemos preguntar a quienes aceptan a Lutero como un santo y profeta de Dios: ¿Por qué aceptan unas cosas suyas y otras no? ¿Acaso todos los santos y Padres de la Iglesia y todos los doctores anteriores no tuvieron la sabiduría de Dios? ¿Todos ellos se equivocaron durante quince siglos? ¿Sólo Lutero tenía razón?
1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   16

similar:

Bibliografía páginas webs icon7. Bibliografía y Webs

Bibliografía páginas webs iconEste libro comienza, como vimos, con el título, luego los datos sobre...

Bibliografía páginas webs iconBibliografía Páginas Web (con temática general)

Bibliografía páginas webs iconRecursos y/o páginas del libro

Bibliografía páginas webs iconSusana Otero bq 28 6 páginas Dr. Feliu bioquímica de la obesidad

Bibliografía páginas webs iconSusana Otero 6 páginas Dr. Feliu bq. 27 Bioquímica de la diabetes

Bibliografía páginas webs iconContinuacion de la primera parte paginas: 177 al 229

Bibliografía páginas webs iconPaginas informativas de sociedades cientificas para familias/NIÑOS

Bibliografía páginas webs iconResumen ejecutivo (máximo de dos páginas y escrito en lenguaje no técnico)

Bibliografía páginas webs iconResumen ejecutivo (máximo de dos páginas y escrito en lenguaje no técnico)




Todos los derechos reservados. Copyright © 2019
contactos
b.se-todo.com