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THOMAS MERTON (1915-1968)
Educado episcopaliano, dejó prácticamente la fe durante los primeros veinte años de su vida y se dedicó a vivir su vida con todos los gustos y placeres de la juventud moderna y alocada. Dice en su Autobiografía: “Cuando murió mi padre, me encontré completamente libre de todo lo que impedía el movimiento de mi voluntad para obrar a mi antojo. Imaginé que era libre. Fueron necesarios cinco o seis años para descubrir en qué cautiverio había entrado. La dura corteza de mi alma seca expulsó los últimos vestigios de religiosidad que, alguna vez, había albergado. No había lugar para ningún Dios en aquel templo vacío, lleno de polvo y basura, que entonces era tan celoso en guardar contra todos los intrusos, a fin de dedicarlo a la veneración de mi propia y estúpida voluntad”86.
Mi alma estaba simplemente muerta. Estaba vacía, era como un vacío espiritual, por lo que al orden sobrenatural se refiere. Eran sus facultades como cáscaras secas de lo que debían haber sido”87.
Visitando Italia como turista, empezó a conocer un poco a Cristo, aunque tenía rechazo al catolicismo. Dice: “Fue en Roma donde mi comprensión de Cristo se formó. Allí fue donde vi por primera vez a quien ahora sirvo como a mi Dios y a mi Rey, y que posee y gobierna mi vida”88.
Dios seguía sus pasos y “de repente, una noche me pareció que mi padre (muerto) estaba allí conmigo. El sentido de su presencia era tan vívido, tan real, tan sobrecogedor como si él me hubiera tocado el brazo o hablado conmigo. Todo pasó en un relámpago; pero, en aquel relámpago, instantáneamente, me sentí abrumado con una visión súbita y profunda de la miseria y corrupción de mi propia alma. Fui atravesado hondamente con una luz que me hizo comprender algo de la condición en que me encontraba. Me llené de horror ante lo que vi, todo mi ser se rebeló contra lo que dentro de mí había, mi alma deseaba huir... Ahora pienso que, por primera vez en toda mi vida, empecé verdaderamente a rezar, rezando al Dios que nunca había conocido para que viniera a sacarme de las tinieblas y me ayudara a liberarme de las cosas terribles que retenían mi voluntad esclavizándola”89.
Después de un tiempo, empezó a buscar a Dios entre los cuáqueros, la iglesia sionista y otras iglesias cristianas. Un día entró en una librería y compró un libró “El espíritu de la Filosofía medieval”. Se sintió decepcionado, cuando se dio cuenta que era un libro católico, pero lo leyó. “Cuando hube dejado de leer este libro, empecé a tener deseo de ir a la iglesia”90.
Un fuerte impulso empezaba a afirmarse en mí y me sentía arrastrado mucho más imperativamente a la Iglesia católica. Por último, la tendencia se hizo tan fuerte que no pude resistirla. Le dije a mi muchacha que había resuelto ir a misa, por primera vez en mi vida. ¡La primera vez en mi vida! Eso era verdad. Había vivido varios años en el continente (europeo), había estado en Roma, había estado entrando y saliendo de mil catedrales e iglesias católicas y, sin embargo, no había oído misa. Si alguna misa se estaba celebrando en las iglesias que visitaba, me había escapado siempre, con alocado pánico protestante.
No olvidaré fácilmente lo que sentí aquel día (agosto de 1938). Primero, sentí en mí una tendencia dulce, fuerte, suave y pura que me decía: ¡Vete a misa! Era algo completamente nuevo y extraño esa voz que parecía moverme, esta convicción firme y creciente de lo que necesitaba hacer. Tenía una suavidad, una simplicidad que no podía explicarme fácilmente. Cuando cedí a ella, no se regocijó sobre mí, no me atropelló, sino que me llevó serenamente en la dirección determinada... Todavía estaba en verdad, un poco asustado de ir a una iglesia católica con propósito deliberado, con toda la demás gente, y acomodarme en un banco y abandonarme a los misteriosos peligros de esa cosa fuerte y rara que llaman su "misa".
Dios hizo un domingo muy bello. Y puesto que era la primera vez que había pasado realmente un domingo sobrio en Nueva York, me sorprendí de la atmósfera pura y tranquila de las calles vacías de la parte alta de la ciudad. El sol era resplandeciente... La gente entraba por la puerta de la iglesia completamente abierta... y, de repente, todas las iglesias de Italia y Francia se me aparecieron. La riqueza y plenitud del ambiente de catolicismo, que no había podido evitar de percibir y amar de niño, resurgieron en mí como un torrente; pero ahora iba a entrar en él, plenamente, por primera vez... La cosa que más me impresionó fue que la iglesia estaba llena, absolutamente llena, no sólo de ancianas y caballeros agotados, sino de hombres y mujeres, niños, jóvenes y viejos, especialmente jóvenes"91.
Un día lluvioso de setiembre siente de nuevo la voz que le apremia y se dirige a la iglesia del Corpus Christi de Broadway en Nueva York, para pedir el bautismo. El 16 de noviembre de 1938 recibe el bautismo condicionalmente. Entonces, pudo decir: "Todo fue muy sencillo, ¡Qué montañas cayeron de mis espaldas: Creo, Creo!”.
Uno de los grandes defectos de mi vida espiritual en el primer año era la falta de devoción a la Madre de Dios. Creía en las verdades que enseña la Iglesia acerca Ntra. Señora, decía el Avemaría, cuando rezaba, pero eso no era suficiente. La gente no se da cuenta del tremendo poder de la Santísima Virgen. No sabe quién es, que por sus manos vienen todas las gracias, porque Dios ha querido que ella participe así en su obra de salvación de los hombres”92. Pero su amor a Cristo y a María se hizo tan grande que algo dentro de sí mismo le hacía sentir deseos de entregarse totalmente. Por fin la gracia divina venció en él y, con veintiséis años, entró en la Abadía de los frailes trapenses de Kentucky (USA), donde ha vivido el resto de su vida como sacerdote católico.
Tomás Merton, un gran poeta y escritor norteamericano, de origen francés, que nos enseña que, por muy alejados que estemos de Dios, siempre Él nos sigue esperando y nos pide una entrega total para servirlo a Él y a los hermanos.

JULIEN GREEN (1900-1998)
Fue un famoso escritor y novelista norteamericano, de origen francés, que murió a los 98 años lleno de méritos. Dice de sí mismo: “Cuando era niño, mi madre me educó en la fe evangélica. Desde los seis o siete años yo le hacía muchas preguntas sobre la fe y ella me respondía lo mejor que sabía. A los 15 años leí un libro de un padre jesuita francés y un libro del cardenal de Baltimore que respondía a mis inquietudes. Y abracé la fe católica con gran entusiasmo hasta el día de hoy. Cuando le dije a mi padre que me había hecho católico, él me dijo: “Yo también me convertí al catolicismo hace un año cuando estaba en Inglaterra”. Este gran escritor decía: “Para mí escribir significa ser fiel a la verdad”.

EPHRAÏM CROISSANT
Era un antiguo pastor protestante francés, que se convirtió al catolicismo, y con su esposa fundó en 1974, una comunidad compuesta por laicos, consagrados y sacerdotes, célibes y casados. Se llama la Comunidad de las Bienaventuranzas y actualmente son ya 1.500 hermanos alrededor del mundo. Su página web es www.beatitudes.org.

MAX THURIAN
Ha sido uno de los teólogos evangélicos más importantes del siglo XX. Vivió varios años en la Comunidad ecuménica de Taizé, en Francia. Se convirtió y fue ordenado sacerdote en Turín en 1988. Fue miembro de la Comisión teológica internacional. Murió el 15 de agosto de 1996 a los 75 años.

MALCOLM MUGGERIDGE (1903-1990)
Murió el 14 de noviembre de 1990 en una residencia de ancianos de Sussex, al Sur de Londres. Fue brillante periodista del Manchester Guardian y del Daily Telegraph. Ha escrito varios libros. Fue Rector de la Universidad de Edimburgo en el curso de 1967-68. Era anglicano e ingresó en la Iglesia católica el 27 de noviembre de 1982. En su libro Conversión escribe:
"Fue una sensación de regreso al hogar, de recoger los hilos de una vida perdida, de responder al sonido de una campana que me llamaba desde hacía mucho tiempo, de ocupar por fin en la mesa el asiento tanto tiempo vacío”93.
No hubo milagros espectaculares, ni éxtasis... Fue un proceso lento. “Una de las razones de que haya dudado tanto antes de hacerme católico fue mi desacuerdo con algunos elementos humanos que veía en la Iglesia católica. Y, sin embargo, como señaló Hillaire Belloc, la Iglesia no tiene más remedio que ser obra de Dios; porque, viendo muchas de las personas que han formado parte de ella, hay que concluir que no es posible que existiera, si no tuviera la ayuda de lo Alto...
La firme postura de la Iglesia católica en relación a la contracepción y el aborto, eso fue lo que finalmente me decidió a ser católico. La contracepción y el aborto han causado enormes estragos tanto entre los jóvenes como entre los mayores. Todo lo que de ello se sigue: practicas sexuales precoces, el libertinaje en las Universidades, haciendo del erotismo un fin y no un medio, son la consecuencia de haber violado el orden natural de las cosas. Del mismo modo que las gentes de la Roma clásica consideraban el comer como un fin, lo que les llevaba al vomitorio para seguir comiendo y volver a atiborrarse de golosinas, así la gente de hoy acaba en una especie de vomitorio sexual. La posición de la Iglesia católica en este punto es absolutamente correcta. E1 camino del Amor es el camino de la luz y únicamente a través de la cruz es como llegaremos a la resurrección”94.
El Padre Bidone, un sacerdote italiano ya fallecido, y la Madre Teresa de Calcuta, han sido las personas que más influencia han tenido en mi decisión final de ingresar en la Iglesia católica, aun cuando ha trascurrido un largo espacio de tiempo hasta que lo hice”95.
La Madre Teresa es una conversión viviente: resulta imposible estar a su lado, oírla, ver lo que hace y cómo lo hace, sin sentirse convertido en alguna medida… Su sencilla presentación del Evangelio y su alegría al recibir los sacramentos, atraen irresistiblemente a quien tiene ocasión de estar cerca de ella. Ningún libro de los que he 1eído, ningún discurso, ninguna ceremonia, ninguna relación humana o experiencia trascendental me han acercado tanto a Cristo ni me ha hecho tan consciente de lo que la Encarnación significa para nosotros... Cuando junto a la Madre Teresa rodábamos la película "Algo bello para Dios", lo hacíamos en el Hogar para moribundos, que anteriormente había sido un templo hindú y estaba muy pobremente iluminado. Nuestro cameraman Ken McMillan aseguraba que sería inútil tratar de rodar allí. No obstante, lo persuadí de que lo intentara e hiciera algunas tomas, justificándose con la utilización de un material de repuesto que, de ordinario, no se iba a utilizar. Cuando la película fue revelada, aquellas tomas aparecieron bañadas con una maravillosa luz suave, que, según el propio McMillan, no podía ser descrita en términos terrenales. Y, sin embargo, allí está en la película y en las fotos fijas tomadas. Para mí la explicación de todo esto es clara. Sin duda ninguna, la felicidad, expresión de amor, es luminosa y eso es lo que se pretende manifestar con los halos que figuran en torno a las cabezas de los santos en las representaciones de la Edad Media.
La cámara había captado esta luminosidad sin la cual, la película, no se habría impresionado, como el propio Ken McMillan comprobó, cuando usó el mismo material en circunstancias semejantes sin conseguir impresionarlo”96.
Ahora tengo 84 años; soy un octogenario que ha hecho muchas cosas que no debería haber hecho... Ahora vivo cada día, sabiendo que mi vida acabará pronto y, como Miguel Ángel al final de sus días, he amado a mis amigos y a mi familia. He amado a Dios y a su creación. He amado la vida y ahora amo la muerte como su término natural, sabiendo que, aunque la Cristiandad pueda terminar, Cristo vive”97.

ALEC GUINNESS (1914-2000)
Ha sido un gran actor cinematográfico, que recibió en 1957 el Oscar al mejor actor por su destacada labor como cineasta, especialmente, en la película “El puente sobre el río Kwai”.
Nacido en Inglaterra, era anglicano por tradición, teniendo cierto rechazo a los católicos. En sus Memorias nos cuenta cómo estando rodando, en un pequeño pueblo de Francia, la película Father Brown (El detective), tuvo una experiencia que se le grabó para toda su vida y que tuvo mucha importancia en su conversión. Él hacía en la película de sacerdote católico. En un descanso de cuatro horas, se fue a dar un paseo por el pueblo sin quitarse su sotana. Y dice: “Era de noche. No estaba muy lejos, cuando oí unos pasos ligeros y una voz chillona, diciendo: Padre. Un chico de unos siete u ocho años me cogió de la mano, apretándola con fuerza, la balanceó y se puso a hablar sin parar. Estaba lleno de animación, saltaba, brincaba y no me soltaba. No me atrevía a hablarle por si 1e asustaba mi espantoso francés. Aunque yo era un completo extraño, pensaba que era un sacerdote y, por tanto, alguien de fiar. De repente, con un “Buenas tardes, Padre”, y una especie de reverencia lateral, desapareció por un agujero en un seto. Había dado un alegre y seguro paseo hasta su casa y a mí me dejó una extraña y tranquila sensación de júbilo. Mientras seguía mi paseo, reflexioné acerca de que una Iglesia que era capaz de inspirar una confianza tal en un niño, haciendo que sus curas, aunque sean desconocidos, sean abordables, no podía ser tan intrigante y tenebrosa como se suele pensar. Empecé a desprenderme de mis prejuicios, adquiridos hacía mucho tiempo”98.
El verano de 1955, fue muy feliz para mí. Un sábado por la tarde monté en mi bicicleta y, casi sin rumbo, pedaleé los cuatro kilómetros que me separaban de Petersfield y me detuve frente a la iglesia de Saint Lawrence... Le expliqué al párroco que era un anglicano, que deseaba ser instruido. Se mostró afable, en absoluto atosigante, y simpático, explicándome que él era un ex anglicano... Luego descubrí que había acogido en la Iglesia al capitán del grupo Cheshire, que tenía la Cruz de la Victoria. Quedamos en tener reuniones en las semanas siguientes... Al no encontrar ningún obstáculo en la iglesia de Saint Lawrence, decidí buscar lo peor en otra parte. Quería ver el catolicismo en su aspecto más tétrico y menos simpático. Por tanto, decidí ir unos días a un monasterio trapense, donde casi siempre hay silencio y se dice que la vida es desolada... Pusieron a mi disposición un monje para charlar con él cuando quisiera. El padre Robert Hodge había sido sacerdote anglicano en Dartmouth, tenía 50 años y no muy buena salud. Poseía un gran encanto y resultó ser casi un charlatán, siendo yo el que me refrenaba, salvo para hacer preguntas... Cuando los monjes celebraban la misa en privado, había como un sentimiento reverencial de Dios expandiéndose, como si llenara cada rincón de la iglesia y de todo el mundo”99.
Poco tiempo después “fui a California para el rodaje de la película The Swan (E1 cisne), pero, antes de marcharme de Inglaterra, le había prometido al Padre Henri Clarke hacer todo lo posible para ir a misa todos los domingos. El 24 de marzo de 1956, el Padre Clarke aceptó mi reconciliación con la Iglesia, con tacto y bondad, en Saint Lawrence, Petersfield. Como incontables conversos antes y después que yo, sentí que volvía a casa y como si hubiera visto aquel lugar por primera vez”100.
Unos meses más tarde, cuando estaba en Ceylan, rodando The Bridge on the river Kwai (El puente sobre el río Kwai) mi esposa Merula también se convirtió. Cuando vino a verme durante unas semanas, pudimos celebrar nuestras primeras Navidades juntos como católicos, en una pequeña iglesia, cuyos costados se abrían a unas palmeras y la espuma de las olas rompía sobre una playa calurosa, de arena blanca, con pájaros tropicales, que revoloteaban sobre las cabezas de los fieles, en cuclillas en el suelo de tierra, vestidos con saris de vivos colores y con profunda devoción. Pese a que todo el mundo era pobre, aquel parecía un lugar abierto v soleado donde se reconciliaban todos los contrarios... De vuelta a Londres, pasaba por Kingsway a media tarde, cuando un impulso me obligó a correr. Con el corazón lleno de alegría y en un estado de excitación, corrí hasta que llegué a la pequeña iglesia católica, que había allí, donde nunca había entrado. Me arrodillé, recobré el aliento y durante diez minutos me olvidé del mundo... Me tranquilicé un poco, cuando me enteré que el excelente, brillante y extraordinariamente cuerdo Ronald Knox, había echado a correr alguna vez para visitar al Santísimo Sacramento... Una de las frases más penetrantes de Chesterton fue: “La Iglesia es la única cosa que salva al hombre de la degradante servidumbre de ser hijo de su tiempo... La Iglesia ha demostrado que no está moribunda”101.
Alec Guinness, un anglicano convertido por la bondad de los sacerdotes y el testimonio de otros convertidos, ha descubierto que la Iglesia católica es parte del plan de Dios para nuestra vida.
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