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RICHARD JOHN NEUHAUS
Escribe en la revista First Things (2001) en internet: ¿Por qué me hice católico? Dice: “Cuando el 8 de setiembre de 1990, el cardenal O’Connor de Nueva York me recibió en la Iglesia católica, yo hice un pequeña explicación de por qué me hice católico. Teniendo a todos mis amigos luteranos en la mente, dije: “A todos aquellos con quienes he caminado en el pasado, sepan que todavía seguimos caminando juntos. En el misterio de Cristo y de la Iglesia nada se ha perdido. Si ahora mi comunión con la Iglesia de Cristo es más plena, entonces mi unión con todos los que están en Cristo es más fuerte. Nosotros caminamos todavía unidos”.
Yo me hice católico para ser más plenamente lo que ya era siendo luterano. Yo no puedo expresar adecuadamente mi gratitud por toda la bondad que he recibido en la comunión luterana. Allí fui bautizado, aprendí mis oraciones, fui nutrido por la Escritura y conocí lo que se refiere al gratuito y maravilloso amor de Dios... Por mis treinta años como pastor luterano no tengo nada que rechazar, sino mis pecados y debilidades. El llegar a ser sacerdote de la Iglesia católica es el complemento y la plenitud de lo que comenzó hace años. Nada que es bueno es rechazado, todo es completado...
Para un cristiano eclesial, Cristo y la Iglesia, cabeza y cuerpo, son inseparables... Como decía san Cipriano, obispo mártir de Cartago: “El que tiene a Dios por Padre, debe tener a la Iglesia por Madre”. En cierto sentido, todo cristiano debe ser eclesial, pues no conoce el Evangelio sino a través de la Iglesia... Entre la Iglesia católica y la luterana había diferencias. Cuando ellos tenían una cuestión discutida, acudían a la autoridad del Papa. Nosotros, en cambio, acudíamos al sínodo de Missouri y la respuesta era comúnmente referida a la publicación oficial del sínodo, normalmente escrita por el Dr. Theodore Graebner en el The Lutheran Witness. Los católicos creían pertenecer a la verdadera Iglesia, nosotros pertenecíamos al sínodo de Missouri... Nosotros estábamos en desacuerdo con muchos protestantes, por ejemplo, en bautizar niños y en creer que Jesús estaba realmente y verdaderamente en la santa comunión. Yo, como pastor luterano durante treinta años, como pensador, escritor y editor de Una Sancta, un periódico ecuménico de teología, y más tarde Forum Letter, una publicación luterana independiente, trabajé por la unidad...
Mi decisión (de hacerme católico) fue una decisión de conciencia... Me entristeció que una denominación luterana de este país (USA) estaba revisando la enseñanza tradicional sobre moral sexual, especialmente con relación a la homosexualidad. Aseguraban que el estudio se estaba llevando sin ideas preconcebidas. Imaginemos esto. La obediencia a Cristo es obediencia a la verdad revelada, recibida como revelación en Jesucristo. Y ahora estaban llegando a otra enseñanza. Y después de un proceso democrático, con voto de la mayoría, se llegaría, citando por supuesto la Escritura, a otra enseñanza.
Los católicos creen que la autoridad fue dada por Dios a los obispos y sus sucesores, prometiendo estar con ellos para siempre. La enseñanza de los apóstoles y de las Iglesias apostólicas, basadas en la enseñanza de la Escritura, continúa hasta hoy (sin cambiarlas) y continuará hasta el fin de los tiempos. Los católicos creen que el Papa y los obispos pueden enseñar con infalibilidad. Ésta es una palabra que a muchos les da miedo. Pero no hay que temerla, significa simplemente que la Iglesia nunca será destruida, porque tiene la promesa de Jesús, que no permitirá que caiga en la apostasía. El Espíritu Santo no permitirá que la Iglesia enseñe algo, como dogma de fe, que sea falso...
Según dice el concilio Vaticano II, mis hermanos protestantes están, por virtud del bautismo y de su fe en Cristo, verdaderamente, pero imperfectamente en comunión con la Iglesia católica; lo que significa que yo estoy en comunión, aunque imperfecta con ellos... Estoy convencido que mi comunión con la Iglesia de Cristo es ahora más plena. Por tanto, la conclusión es que mi unión con todos los que están en Cristo, es ahora más fuerte. Nosotros seguimos todavía caminando juntos”102.
Richard John Neuhaus, norteamericano, se convirtió en 1990 y en 1991 fue ordenado sacerdote católico.

LUIS MIGUEL BOULLON
Fue durante más de doce años pastor evangélico. Escribe sobre su conversión: “Una cosa que hacía era lanzar a mis chicos a discutir con los de la parroquia católica. Yo me aprovechaba de que los chicos católicos estaban muy mal formados. Como comentábamos a sus espaldas: sólo van a la parroquia a divertirse, para repartir cosas a los pobres y para hacer dinámicas de vida, pero de doctrina y de Escrituras no saben nada. Generalmente, los católicos tienen como una cierta vergüenza por mostrar todas las cartas sobre la mesa y, como no muestran todo con claridad, es muy fácil prender fuego a sus tiendas de campaña, porque dejan demasiados lados flojos...
Un día resolví ir a la parroquia católica a conversar... El sacerdote era lo que ahora se llama un “cura nuevo” con una guitarra en las manos y muchas ganas de acercarse a mí. Yo aprovechaba para sacarle afirmaciones que escandalizaban a mis feligreses. El pobre cura, nunca entendió que el ecumenismo, muchas veces, sirve más para rebajar a los católicos que para acercar a los separados...
Un día fui a la parroquia, pero no estaba el sacerdote de siempre. Salió a atenderme un sacerdote viejo y de mirada penetrante. Lo habían "castigado”, relegándolo, dándole el cuidado de la parroquia de nuestro pequeño pueblo. En los últimos treinta años, la población había pasado de ser mayoritariamente católica a una mayoría evangélica o no practicante... El sacerdote me recibió con amabilidad, pero con distancia. Le planteé algunas cosas de interés común. Noté que habían sido arrancados varios afiches que nosotros regalábamos cada cierto tiempo y que constituían verdaderos trofeos nuestros, plantados en tierra enemiga. Hablamos de casi todo. En doctrina empezó a morderme. Yo comencé a responder como de costumbre, citando con exactitud una cita bíblica tras otra para probarle su error.
Me dijo: Pastor Boullon, ya sabe que el demonio fue el primer evangélico. Eso me cayó mal. Me insultaba en la cara, tratándome de demonio. Y me dijo: Recuerde que el demonio intentó tentar a Cristo con la Biblia en la mano. Llegué a casa rabioso. No era posible que la misma Biblia pruebe dos cosas distintas. Eso es una blasfemia. Forzosamente, uno debe tener la razón y el otro malinterpreta. Consulté varios autores evangélicos. Me armé de fuerzas y volví al despacho parroquial. Me recibió amable. Le largué un discurso de media hora sobre la salvación por la fe y no por las obras, Concluí con el texto Hechos 16,31: “¿Qué debo hacer para salvarme? Ellos le dijeron: Cree en el Señor Jesús y te salvarás tú y tu casa”.
Cuando terminé, el sacerdote me dijo: ¿Continuará la lectura de San Pablo? Continúe con 1 Co 13, 2: “Aunque tuviera tanta fe como para mover montañas, si no tengo amor, no soy nada”. Por tanto, la fe no es la que salva. ¿Acaso no es el apóstol Santiago quien dice que también los demonios creen y tiemblan? (Sant 2,19). Porque “la fe sin obras es una fe muerta” (Sant 2,17). Cuando el joven rico pregunta a Jesús: ¿Qué tengo que hacer para salvarme? Él responde: Si quieres salvarte, guarda los mandamientos (Mt 19,17). No dice ten fe y te salvarás.
Para terminar me dijo: Busque en su Biblia y encuentre un solo texto que diga que sólo debe enseñarse lo que está en la Biblia. Ya imaginarán ustedes el resultado. Efectivamente, no encontré nada. En cambio, encontré pasajes bíblicos que le conceden la misma autoridad a las doctrinas transmitidas por vía oral o por tradición (2 Tes 2,15; 3,6; l Tes 4,2; 2,13; 1 Co 11,2; 11,23-24).
Pasada una semana, abrí mi corazón a mi esposa. Ella había sido mi compañera y confidente de penas y alegrías. Me escuchó con atención. Sus palabras fueron tan sencillas como su conclusión: debía alejarme inmediatamente del sacerdote católico y tratar de recuperar la confianza de mis feligreses. Teníamos una obligación de fe y teníamos que mantener una familia. No se hablaría más. El caso estaba resuelto para ella.
Yo seguí visitando furtivamente al sacerdote. Yo intentaba responder a las sabias preguntas con las que me desafiaba. ¡Cómo detestaba tener que darle la razón!... Recuerdo perfectamente una fría mañana, cuando recibí un aviso telefónico para que lo visitara en el hospital. Allí me enteré que tenía cáncer. Tomé la decisión de hacer pública nuestra amistad y lo visitaría a diario. La tensión llegó a crecer hasta llegar a agresiones verbales y amenazas de quitarme el cargo y el sueldo... Hasta que reuní a mis feligreses y les hice declaración de mi conversión... Mi esposa me expulsó de casa. Desde entonces y después de pasados años de mi conversión, nunca más he sido admitido en casa como padre y esposo.
Hoy los visito con tanta frecuencia como me lo permiten, pero sus corazones siguen muy endurecidos... El sacerdote, antes de morir, tuvo muchas palabras para mí, pero la que más me llegó fue el ofrecimiento de su vida por la salvación de mi alma. Dios escuche las plegarias de mi buen amigo en el cielo por mi esposa y mis seis hijos para que a su tiempo vivan la vida de gracia de la santa fe.
En abril del 2001 fui recibido en el seno de la Iglesia. En junio de ese mismo año, mi querido amigo entregó su alma al Señor, siendo muy llorado por todos cuantos lo conocimos. Le lloraron los enfermos y los presos que visitaba, los niños y jóvenes de catequesis, los pobres y necesitados que consolaba, los fieles que acudían en busca de consejo y perdón. En tributo a él, he escrito estas líneas.
Ahora, junto con ustedes, puedo acudir a los pies de María Santísima y pedir que, por amor a la divina sangre de su Hijo amado, obtenga la conversión de todos”103.
“Donde está la Iglesia, allí está también el Espíritu de Dios; y allí donde está el Espíritu de Dios, está la Iglesia y toda gracia”

(San Ireneo, Contra los Herejes, 3,24,1).

JOSEPH RANALLI
Ha escrito su testimonio y dice así: “Yo nací en una familia católica que iba a misa todos los domingos. Mi esposa también había crecido en una familia católica, pero dejó de ir a la iglesia a raíz del divorcio de sus padres. Nos casamos y, aunque no íbamos a misa todos los domingos, bautizamos a nuestra primera hija Britney. Cuando nos mudamos a vivir al condado de Orange, buscamos una iglesia cercana y un vecino nos invitó a su iglesia Calvary Chapel (capilla del Calvario).
Después de algunos meses de estar asistiendo a esta iglesia regularmente y hacer amigos, empecé a sentir resentimiento contra la Iglesia católica. Veía que la gente de mi nueva iglesia hablaba del Evangelio con entusiasmo. Hablaban de nacer de nuevo, de que Jesús nos había perdonado los pecados y que debíamos recibirlo como Salvador y someterle nuestras vidas. Creíamos que en esta iglesia estaba la fe tal como la tuvieron los primeros cristianos. En los siguientes años, estudiando la Biblia y conociendo cristianos comprometidos, nos sentíamos contentos. Nuestro principal problema era que la mayoría de nuestros amigos y familiares eran todavía católicos.
Pero algo sucedió. Una familia vino a vivir junto a nosotros. Ellos eran John y Cheryl, convencidos católicos. Yo me quedé atónito de saber que antes de hacerse católicos ellos habían también pertenecido a nuestra iglesia Calvary Chapel en Costa Mesa, California. Yo no podía imaginar ese cambio. Otro día, un viejo amigo, Pat Bump, me dijo que él estaba formando un grupo católico de defensa de su fe. Pat y yo tuvimos muchas conversaciones durante meses. Mi padre me dio el libro Contestando a un fundamentalista, escrito por Fr. Albert Nevins y lo leí con avidez. Yo no sabía que la doctrina católica tenía bases bíblicas. Por eso, para solucionar mis dudas, fui a ver a nuestro pastor, pero no me las solucionó.
Yo amaba nuestra iglesia, estaba contento en ella y, además, recordaba mi vida vacía como católico. Por eso, creía que la Iglesia católica seguía vacía y que sus fieles estaban espiritualmente muertos. Yo no podía suponer que Dios quisiera que yo dejara mi Iglesia por la iglesia católica. Pero, estando un día en casa de Cheryl y John, nos invitaron a ir al día siguiente a misa y, aunque no tenía ningún interés, fuimos por curiosidad. Nuestros amigos comulgaron con mucha devoción. Yo me sorprendí de que hubiera muchos católicos comprometidos con su fe y me dieron algunos libros para leer. Después de pasar un fin de semana con parejas católicas, creo que algo cambió en mí sobre mis ideas sobre la Iglesia católica. Le dije a mi pastor que iba a estudiar en profundidad la fe católica y le pedí a Pat Bump que me proporcionara los escritos de los Padres de la primitiva Iglesia, que se suponía eran muy parecidos a las enseñanzas de la iglesia Calvary Chapel. Pero yo descubrí que eran semejantes a las ideas de 1a Iglesia católica. Después, decidí concentrar mis estudios sobre la sola fe y la sola Escritura, que son los pilares de las iglesias surgidas de la reforma. Ninguno de los Padres de la Iglesia primitiva habla de la sola Escritura o de la justificación por la sola fe. Y observé que había más de 28.000 denominaciones cristianas distintas, que estudiaban la misma Biblia, dando interpretaciones diferentes. Según iba profundizando, me iba dando cuenta de que la Iglesia fundada por Jesús era la Iglesia católica. Cuanto mas leía, más me convencía. Y así, poco a poco, surgió la idea de volver a la Iglesia católica para ser fiel a Cristo.
Ahora, mirando hacia atrás, veo que Dios nos ha bendecido a mí y a mi esposa más de lo que pudimos imaginar. Una de las bendiciones es estar unidos a mi familia en la Iglesia católica. Después de “regresar a casa” convertidos, tuvimos el privilegio de enseñar en la parroquia un curso sobre apologética y cómo defender la fe católica. Dios ha querido que compartamos nuestra fe renovada con muchos ex-católicos y con muchos católicos para afianzar su fe. Ahora evangelizamos cuanto podemos y procuramos hacer entender a todos que somos verdaderamente “evangélicos” en la Iglesia fundada por Cristo, que es la Iglesia una, santa, católica y apostólica”104.

RAYMOND RYLAND
Nos dice: “Yo y mi esposa Ruth habíamos estudiado juntos y nos casamos antes de terminar la segunda guerra mundial. Yo estudié en la Universidad de Cambridge y, poco a poco, me di cuenta de que muchos de los estudiantes eran unitarios, es decir, que creían que Jesús era solamente un gran maestro moral y no Dios. Y así empecé yo a pensar. Después nos trasladamos al Seminario teológico de Nueva York y allí estuvimos durante tres años. Allí estudiábamos todas las tradiciones del protestantismo, cada una contradiciendo a la otra y todas basadas en la Biblia. Allí había estudiantes de muchas denominaciones. Decidimos pasarnos a la Iglesia episcopal, que decía tener una continuidad histórica con la primitiva Iglesia. El obispo episcopal de Washington me ordenó sacerdote en la catedral nacional. Allí serví en dos parroquias. Tres de nuestros hijos nacieron en esos años. Nosotros estábamos felices como episcopalianos; pero cada vez más, nos fuimos sintiendo en desacuerdo con lo que decían sobre la teología de la Iglesia primitiva. Cuanto más estudiaba yo la Iglesia episcopal, su teología y moral, más veía las diferentes opiniones que había dentro de ella.
Durante unas vacaciones de verano, fuimos a recibir un curso sobre la Iglesia ortodoxa en Sewanee, Tennessee. Fue muy interesante y yo y mi esposa nos sentimos atraídos por la Ortodoxia. Pero nos dimos cuenta de que, durante cientos de años, las iglesias ortodoxas105 no habían crecido. No habían evangelizado a nadie. Su propagación en nuestro país o en otros, se debía a la inmigración de gente ortodoxa. Pero ninguna de estas iglesias ortodoxas había demostrado un sentido universal. Los teólogos ortodoxos dicen que el concilio ecuménico es su máxima autoridad, pero en 1.200 años no ha habido ninguno. Ahora que no hay ningún emperador cristiano, ¿quién puede convocar un concilio? Si el patriarca de una de las iglesias quisiera hacerlo, sería inmediatamente desautorizado, porque no tiene autoridad sobre las otras iglesias, que no han solucionado el problema de la autoridad. Para ellos, el concilio ecuménico es la última autoridad y los decretos conciliares pueden ser infalibles, solamente después de que han sido recibidos en toda la Iglesia, pero no hay modo de determinar cuándo esto ha sucedido en el pasado...
A la hora de pensar en hacerme católico, mi mayor problema era someterme a la autoridad del Papa, pero cuando leí la Apología del cardenal Newman, todo se me iluminó. Y así, 16 años después de comenzar nuestra búsqueda de la verdad de Cristo, fuimos admitidos en la Iglesia católica. Previamente, durante varios meses, cada semana íbamos a recibir instrucción de un monje benedictino, cuya amistad nos ha enriquecido mucho.
Como católico he sido un laico en la Iglesia durante siete años. En estos años nos fuimos a vivir a Milwaukee (USA) para hacer mi doctorado en teología (católica). Después nos mudamos a San Diego para unirnos a la facultad de Teología de la Universidad Católica. Y, mientras enseñaba, fui ordenado como diácono permanente. Trece meses más tarde, mi obispo recibió una carta del cardenal Ratzinger, diciéndole que el Santo Padre Juan Pablo II había aprobado mi solicitud de ser ordenado sacerdote católico, siendo dispensado del celibato. Y, después de varios meses de exámenes y preparación, fui ordenado sacerdote hace doce años. Y ahora cada vez que estoy en el altar, le digo al Señor: Gracias106.
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