Informe del Club de Roma




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TEMA 76
REVOLUCIÓN CIENTÍFICO-TÉCNICA EN EL SIGLO XX:

LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS Y SUS IMPLICACIONES SOCIO-ECONÓMICAS

76.1. La era de la ciencia.

76.2. La revolución científica teórica.

76.3. La revolución tecnológica.

76.4. La influencia de la tecnología en la sociedad y el empleo.

Las condiciones sociales de vida se han modificado a lo largo del siglo XX de forma radical con los progresos de la industria, los servicios, los transportes y las comunicaciones. La calidad de vida se ha completado con los avances de la medicina, que han conseguido casi duplicar la esperanza de vida de la población en los países más avanzados del mundo, mientras en los más desfasados desde reducir considerablemente la mortalidad hasta que entren en el ciclo demográfico moderno (lucha con la enfermedad y mortalidad, enfermedades contagiosas, técnicas quirúrgicas y quimioterapia).

La ciencia y la técnica han contado también con la interrelación entre culturas. Ha surgido la clase de los técnicos y se han unificado bastante las pautas de consumo dentro de una sociedad más homogénea que, sin embargo, no ha podido eliminar las enormes distancias de estándares de vida entre capas altas y bajas.

El siglo XX ha experimentado una revolución científica que explica que el hombre occidental haya adquirido seguridad en el progreso indefinido de la ciencia y, mediante la innovación tecnológica, de la Humanidad, a través del dominio de la naturaleza. Sin embargo, esta posición ha sido cuestionada con la publicación en 1972 del primer Informe del Club de Roma sobre Los límites del crecimiento, resquebrajándose la confianza ilimitada en la ideología del progreso con la aparición de nuevas teorías que, desde el campo de la física, destruyeron los postulados básicos sobre los que se construyó la racionalidad moderna de la civilización occidental.

Relatividad, mecánica cuántica, genética y biología molecular han dado lugar a una nueva representación del universo y de la naturaleza, alejada de los cánones de la visión derivada de la física newtoniana y sistematizada en la teoría del conocimiento del alemán Inmanuel Kant.

El edificio de la Ilustración ha entrado en crisis a lo largo del siglo XX. Dos momentos son particularmente simbólicos en esta crisis:

1) los años posteriores a la Primera Guerra Mundial, cuando la hecatombe confrontó a los hombres ilustrados con el sentimiento de decadencia de la civilización occidental:

2) la caída del muro de Berlín (9 a 10 de noviembre de 1989), con sensación de ausencia de un horizonte diáfano respecto de los destinos del planeta y de la sociedad internacional. La crisis ecológica, la inexistencia de un orden político y económico, el desmoronamiento de los grandes discursos ideológicos configurados a lo largo del siglo XIX, a partir de mayo del 68, sitúan a la sociedad internacional ante una crisis civilizatoria de la que todavía no se ha sido capaz de diseñar las sendas para emprender su superación.

Comprender las consecuencias profundas del significado de la revolución científica del siglo XX exige una somera recapitulación de los fundamentos de la racionalidad que ha entrado en crisis. Durante la segunda mitad del siglo XVIII, la física newtoniana consiguió imponerse en el Viejo Continente, una vez solventadas las polémicas entre Isaac Newton (1643-1727) con René Descartes (1596-1650) y Gottfried Leibniz (1646-1716). Las influencias del sistema newtoniano rebasaron los límites estrictos de la Física, para convertirse en el fundamento de la filosofía de la Ilustración.

1. LA ERA DE LA CIENCIA.

1.1. La ciencia.

La ciencia no hace referencia al conocimiento particular obtenido por los sentidos, sino al preciso y riguroso, sistemático y metódico, al racional. Dispone de dos dimensiones:

-una teórica, porque sirve para conocer

-otra práctica, porque capacita para actuar

No siempre han ido unidas, y uno de los principales logros en el siglo XX ha sido precisamente su fusión. Y ello, porque surge del deseo innato del hombre por saber, que luego se afianza con la necesidad de aplicar para conseguir el desarrollo y bienestar social.

La ciencia actual resalta por varios hechos:

  1. La objetividad, una idea muy contestada por quienes consideran que la ciencia funciona por intereses ya ni siquiera subyacentes, sino declarados.



  1. El procedimiento lógico-experimental, el propio del conocimiento científico, aquel que está al margen de concepciones apriorísticas.




  1. El empirismo, que no excluye los fenómenos no observables directamente, que son tratados científicamente mediante operaciones conceptuales.




  1. El racionalismo, porque pretende ser autónoma de la filosofía y de la fe. Dispone de campos propios y de métodos específicos, así como de fuentes de información cada vez más amplias; pero, y sobre todo, no padece sujeción a dogmatismo alguno.




  1. Una actividad desarrollada en el marco de teorías científicas o hipótesis, que pueden ser desde verificables hasta refutables, y determinada por consideraciones lógico-formales.




  1. El pragmatismo, porque ha pasado de la función de conocer a transformar y controlar las cosas, e incluso a la necesidad de prever el futuro. Hoy ya no se centra en acumular conocimientos, sino en establecer correlaciones causales entre fenómenos que suelen ser recurrentes.


En el siglo XX se ha dado dos grandes hechos que han mutado el devenir de la ciencia:

  1. Un cambio en la idea de naturaleza.



  1. Un esfuerzo por aplicar las innovaciones en beneficio del desarrollo humano.


Uno de los hitos fue el principio de la indeterminación de Heisenberg. Supuso que el científico pudiera funcionar en el ámbito de la probabilidad, abandonando el determinismo de la causalidad (razón causa-efecto). Hoy se acepta la causalidad-probabilística: supone que dadas unas determinadas condiciones, con probabilidad una causa producirá un efecto. Como resultado, se está asistiendo a un espectacular desarrollo de la función práctica del conocimiento científico. La ciencia se convierte en técnica, y la conjunción de ciencia y técnica ha permitido desde el desarrollo del bienestar hasta la aparición de la civilización del riesgo.

2.2. La técnica.

Es el cómputo de instrumentos apoyados en el saber científico que permiten la acción a escala, sobre la naturaleza y las cosas. Hoy casi todo es susceptible de transformación y uso por la técnica, lo que ha catalogado al siglo XX como la Era de la Técnica.

El cambio se produce con la investigación realizada por medio de redes, que han establecido normas y leyes objetivas y neutrales y metas que han tendido al cumplimiento de intereses humanos. En ciencia, cuando se sabe lo que se está haciendo, se está aplicando la tecnología, de tal modo que las teorías científicas pueden traducirse en aplicaciones de base técnica.

La tecnología es el motor del progreso social porque la idea de progreso es la del desarrollo tecnológico, la de un mundo que genera mayor riqueza fruto de un desarrollo industrial adecuado. Así, el desarrollo científico es la condición indispensable del desarrollo tecnológico, y éste del industrial, y éste de la sociedad del bienestar (ciencia-tecnología-industria-bienestar).

Una derivación de la tecnología es la tecnocracia, el gobierno por la ciencia o por los científicos. Parte de la base de que a los problemas técnicos hay que ponerles soluciones técnicas. Ello ha alumbrado a la clase tecnocrática, la encargada de la funcionalidad de la política o de hacer frente a su disfuncionalidad. Reserva un lugar muy destacado a los fenómenos económicos, enfocados desde una perspectiva de la racionalidad derivada de la planificación científica. La tecnología está muy implicada en el funcionamiento económico. Así, la tecnoestructura se refiere al grupo decisorio dentro de una empresa, que abarca a todos los que aportan conocimientos especializados o experiencia.

La tecnología a menudo suele identificarse con la técnica, cuando es un cuerpo de conocimientos disponibles para la elaboración de instrumentos, de descubrimientos científicos y de procesos industriales, recursos materiales, métodos de comunicación, relevantes para la producción y mejora de bienes y servicios. Está incluida en el procedimiento científico, de modo que se vuelve al concepto de la ciencia aplicada. Además, hay una muy estrecha relación entre la tecnología y la estructura socio-cultural, que pasa por etapas bien marcadas: invención, planificación, innovación, imitación, difusión, adaptación cultural.

Fruto de la evolución científica y tecnológica y de la hilazón entre ambas es la revolución científico-técnica, un término acuñado por J. D. Bernal (1901-1971) en 1955. Como resultado se ha pasado de un tipo de crecimiento extensivo a otro intensivo, en el que prima la ciencia sobre la técnica y la técnica sobre la producción. Todo depende de la actividad creadora del hombre, con la clara división entre trabajo físico e intelectual. Así, la revolución científico-técnica es también una revolución cultural y social.

2. LA REVOLUCIÓN CIENTÍFICA TEÓRICA.

Revolución científica es un concepto de la epistemología y la historia de la ciencia acuñado por Thomas Kuhn en la obra La estructura de las revoluciones científicas; aunque muy a menudo se restringe su uso a una época histórica en concreto, la de la ciencia de los siglos XVI y XVII, que es el sentido en que lo usó Alexandre Koyré.

El concepto kuhniano de revolución científica implica una especial relación entre las condiciones socioeconómicas y el entorno intelectual, y se entiende como el momento en que la producción científica deja de reproducir los esquemas de la denominada ciencia normal y se produce un cambio de paradigma científico.

Son cada uno de los periodos históricos en que se ha producido uno de esos cambios. Cada una de ellas surgió y se concentró especialmente en determinadas disciplinas científicas, aunque también trajeron consecuencias para las demás:

1. Revolución copernicana, en astronomía y física, desde Nicolás Copérnico (De revolutionibus, siglo XVI) hasta Isaac Newton (finales del siglo XVII; la importancia de Newton en la aceptación del nuevo paradigma y su fijación hace que se suela hablar de él como paradigma newtoniano). El filósofo e historiador de la ciencia Alexandre Koyré propuso el término revolución astronómica para este proceso.

En el mismo año (1543) en que Copérnico moría y se publicaba póstumamente su libro, también lo hacía el De humani corporis fabrica de Andrés Vesalio, que revolucionó la anatomía. Suele hablarse de revolución científica del siglo XVII para referirse al periodo fundamental que supuso el cambio del concepto de ciencia cualitativa, basada en la lógica silogística por la ciencia cuantitativa basada en la lógica experimental. En ese proceso fue fundamental la renovación del método científico a cargo de personajes como René Descartes, Johannes Kepler, Francis Bacon o Galileo Galilei. La nómina podría ser extensa: Christian Huygens, William Gilbert, Otto von Guericke, Francis Hauksbee, Evangelista Torricelli, Blaise Pascal, Robert Hooke, Robert Boyle, William Harvey, Marcelo Malpighi, Regnier de Graaf, Jan Swammerdam o Antoni Leeuwenhoek.2 La polémica entre empirismo y racionalismo, deducción y razonamiento inductivo y otros debates intelectuales, como el debate de los antiguos y los modernos (superación del principio de autoridad propio de la escolástica), se completan con lo que a finales del siglo XVII se conoce con el nombre de crisis de la conciencia europea (concepto acuñado por el historiador Paul Hazard) que precede a la Ilustración del siglo XVIII.

2. Revolución darwiniana, en biología y ciencias de la Tierra, desde Charles Darwin (El origen de las especies, 1859). También suele denominarse revolución evolucionista.

3. Revolución einsteniana, en física, desde Albert Einstein (artículos de 1905). También suele denominarse revolución relativista.

4. Revolución indeterminista, que no se refiere al indeterminismo filosófico opuesto al determinismo, sino a la indeterminación: la superación de la concepción mecanicista o determinista de la ciencia, sobre todo a partir de las tres famosas construcciones teóricas de los años veinte y treinta del siglo XX debidas a Heisenberg, Schrödinger y Gödel, sobre la indecidibilidad, el principio de incertidumbre, la indiferencia y la imposibilidad de eludir la interferencia del experimentador u observador sobre el hecho experimentado u observado.

Incluida en ésta, la revolución cuántica se inició en un periodo anterior, a partir de Max Planck (1900, constante de Planck) y Einstein (Un punto de vista heurístico acerca de la creación y transformación de la luz, uno de los famosos artículos de 1905). Esta revolución cuántica no puede denominarse por un sólo científico, ni siquiera por un único grupo de ellos, equipo o escuela local, dada la gran cantidad que intervino en el complejo proceso que llevó a lo largo del primer tercio del siglo XX hasta la definición de la mecánica cuántica.

2.1. El racionalismo ilustrado.
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