1 Einstein no sacaba buenas notas




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El estímulo


Pedro, de 10 años, estaba sin hacer nada sobre su mesa. «¿No te pones a trabajar?», le dijo el profesor. «Es que usted ha dicho que esto era muy fácil y cualquiera lo va hacer bien», le contestó Pedro. El estímulo es realmente poco conocido. Su importancia y los medios para lograrlo aún menos. Una de las claves en la vida de Albert Einstein fue el estímulo de su padre adoptivo y la motivación que encontró al final.

Cuanto menos autocrática y más democrática sea una sociedad, menos eficaces son en ella los premios y castigos, y más eficaz el estímulo.

Hoy es más difícil conseguir que un niño se comporte, estudie, se esfuerce, si decide no hacerlo. La presión del exterior tiene menos influencia cada día y es preciso sustituirla por estímulos internos, que son los duraderos.

Lo que un niño decide hacer depende del concepto que tenga de sí mismo, de los demás y de los medios que considera viables para encontrar su propio sitio.

Todos los niños y adolescentes experimentan la necesidad de estar convencidos de que valen, y que aquellas personas más importantes para ellos, así lo piensan también.

Cada niño necesita el estímulo, como el agua las plantas. Sin estímulo su crecimiento carecería del vigor necesario y su capacidad disminuiría. Los niños están expuestos a una serie de experiencias desanimantes. El estímulo es esencial para contrarrestarlas.

El niño se porta mal solo si está desanimado y no tiene fe en sus habilidades para obtener éxito por los medios adecuados. El estímulo implica fe en el niño. Que le obliga a creer en su fuerza y habilidad actual, no en sus posibilidades.

Se estimula cuando se cree de verdad que un niño es capaz de hacer lo que se espera de él. Tal y como es ahora, no como podría llegar a ser. Si no se confía en él, tal y como es en la actualidad, no se le puede estimular.

E. Neisser relaciona seis actitudes por las que los padres pueden convencer a un hijo o alumno, de que realmente tienen fe en él. Actitudes que podrían estar simbolizadas por las siguientes expresiones:

  1. Tú eres de los que pueden hacerlo.

  2. Es bueno que lo intentes. No conseguirlo no es ningún fracaso.

  3. Pongamos algunas metas cortas, accesibles. Superables.

  4. Has de estar satisfecho por el buen intento, seguro de tu capacidad de lograrlo.

  5. Te acepto tal y como eres. Tú has de tener un buen concepto de ti mismo.

  6. Te garantizo ciertos derechos y privilegios.

Necesitamos estimular, si queremos ser eficaces, en la dirección en la que no solo se obtenga éxito personal, sino también social.

Métodos para estimular


El niño no se limita simplemente a reaccionar ante los problemas que se le plantean, sino que es un participante activo en la solución de los mismos.

Aprende rápidamente a transformar en su propio beneficio las actitudes de aquellos que le rodean. Igual que un niño en su mal comportamiento siempre busca: atención, poder, venganza o demostrar imperfección, cuando encuentra el estímulo suficiente dirige todos sus actos al buen comportamiento. Que le llena más.

Por eso, en el buen comportamiento de todo niño o adolescente, siempre hay detrás una persona que supo estimularle. Que, como toda persona que estimula, supo:

  • Animarle a preguntarse.

  • Escucharle activamente.

  • Hacerse acompañar por el niño para realizar tareas de adultos inteligentes.

  • Valorar al niño tal y como es.

  • Mostrar fe en el niño. Lo que hace que adquiera fe en sí mismo.

  • Tener fe en su habilidad y ganar su confianza mientras se fomenta el respeto del niño a sí mismo.

  • Reconocer una tarea bien hecha. Felicitarle por el esfuerzo llevado a cabo.

  • Mover al resto de educadores a fomentar el desarrollo intelectual del niño.

  • Asegurar que con nuestro comportamiento con él y con los demás de la familia o la clase, el niño se siente parte de esta.

  • Ayudar a fructificar las habilidades y conocimientos ya adquiridos.

  • Reconocer los valores positivos que el niño ya posee y se apoya en ellos.

  • Valerse de los temas de interés del niño para estimular su deseo de aprender.

Lo más importante es, con todo, la valoración sincera por parte del padre o el educador.

Que no significa facilitarle la vida sustituyéndolo en sus deberes y obligaciones o mermando estas. Sino estar convencido de que el niño posee algo bueno, que existe en él la posibilidad real de hacer el esfuerzo. Y que él y el esfuerzo de estimularle merecen la pena.

Para eso, padres al menos —y si es posible, también el resto de educadores—, han de estar convencidos de su capacidad: Yo sé que puedes hacerlo.

Aplicando otros principios de la estimulación. Agradeciendo el esfuerzo. Darle la ocasión de demostrar su valía.

Demostrarle que no solo sus padres tienen un concepto positivo de él.

Integrándolo en un grupo, para el que ha de trabajar y en el que se ha de apoyar. El principal, la familia.

Ayudarle presentándole los pasos que ha de dar. Enseñándole una meta a corto plazo. A la que seguirá otra.

Centrarse en los aciertos y avances, más que en los errores. En lo positivo más que en lo negativo. La mayoría de padres al cabo del día han corregido muchas más veces a sus hijos que alabado. Y todo ser humano hace más cosas bien que mal. Es cuestión de fijarse mejor, con la luz que otorga el amor que se le tiene. Basándose en la verdad. Sin engañarle.

En materias específicas


Sería de enorme influencia en el estímulo, la práctica de los anteriores principios, especialmente en:

  • La lectura.

  • Ortografía.

  • Caligrafía, dentro de su personalidad.

  • Matemáticas.

  • Ciencias Naturales.

  • Cultura general.

  • Aplicación informática.

  • Uso de dos idiomas.

  • Arte.

  • Lenguaje oral y escrito.

  • Actitud.

  • Creatividad.

  • Adaptación social.

  • El concepto de sí mismo.

  • Ambiente familiar.

  • Educación de valores permanentes.

  • Ante los profesores y compañeros.

Progreso en horizontal


La mayoría de las personas entienden el progreso como un ascenso en vertical, por tanto, la tendencia es tratar de subir hacia la cima y ser más que los que quedan por debajo; muchas veces a costa de hacer descender a los que estaban arriba para prosperar uno. Si concibieran el progreso en horizontal también, se abrirían a mayores éxitos. A menudo las metas y progresos no tienen porque implicar el descenso de otros, ni estar por encima de ellos.

El progreso de un individuo se debe evaluar desde su punto de partida. Cualitativamente. El progreso debe relacionarse con la posición anterior de él mismo y no necesariamente con la posición dentro del grupo. Este progreso en horizontal conlleva una satisfacción añadida.

Lo que estimula a los niños


Havighurst ha señalado la importancia para la estimulación de los niños que tienen las siguientes tareas, clasificadas en dos periodos de la vida:
En LA INFANCIA:

  • Aprender a andar.

  • Aprender a tomar alimentos.

  • Aprender a hablar.

  • Aprender a ir al cuarto de baño.

  • Aprender las diferencias de sexo y modestia sexual.

  • Lograr estabilidad psicológica.

  • Aprender a formar conceptos de la realidad.

  • Aprender la relación emocional entre uno mismo, los padres, hermanos y otras personas.

  • Aprender a distinguir lo bueno de lo malo.
Desde la infancia en adelante:

  • Adquirir la destreza necesaria para practicar juegos físicos.

  • Construir actitudes positivas con respecto a uno mismo.

  • Aprender a relacionarse con niños de su edad.

  • Aprender un papel social apropiado.

  • Tener habilidad lectora, de escritura y cálculo.

  • Desarrollar los conceptos básicos necesarios para la vida.

  • Desarrollar una escala de valores.

  • Conseguir independencia en saber lo que está bien y mal.

  • Desarrollar actitudes hacia los grupos.

Necesidad del estímulo positivo


Es absolutamente necesario para conseguir una conducta eficaz en el niño.

Cuando el niño se encuentra estimulado positivamente, emplea todas las medidas a su alcance —más de las que le atribuye el adulto— para:

  • Ser cada día más considerado.

  • Ser tenido cada día más en cuenta.

  • Sentirse útiles.

  • Elevar el concepto de sí mismos.

En caso contrario, cuando el niño no está estimulado:

  • Se vuelve más terco.

  • Agresivo consigo mismo y los demás.

  • Se siente cada vez más impotente.

  • Abandona la tarea.

Cuando se emplean sistemáticamente estímulos externos, como los premios y castigos, su eficacia tiende a decrecer.

En cambio, cuando la estimulación es interna y el móvil procede de sí mismo, no se tiene que estar continuamente estimulando. El mismo sujeto consigue de sí la fuerza que le reactive el movimiento necesario que le haga ser eficaz. Para una conducta a largo plazo, los premios y castigos no son la solución. Por ejemplo en los estudios.

Es precisa una estimulación interna. Única posible para mantener una fuerza viva, una manera de recargar las baterías, por sí mismo.

No existe una forma de educar, de mejores resultados y más agradable para educador y educando. Aunque para esta práctica se exige:

  • Conocer la intimidad del niño lo más posible para apoyarse en lo que realmente le estimule.

  • Dar un margen de confianza al niño. Sabiendo que está capacitado para resolver los problemas.

  • Confiar en el método empleado: es decir, en los frutos que seguro llegarán si realmente estimulamos positivamente.

¿Qué evitar?


A la hora de intentar estimular a un niño, hay que empezar por evitar las siguientes acciones y actitudes:

  • Cualquier gesto o comentario que induzca al niño a desconfiar de sus posibilidades de conseguir algo.

  • Hacerle creer que está más dotado de lo que lo está en realidad.

  • Hacerle pensar que necesita una capacidad superior a la real para realizar una hazaña.

  • Someterle a competiciones o comparaciones con compañeros más dotados, adelantados o rápidos que él.

Sus contrarios son beneficiosos.

Verdadera educación


La buena educación, para serlo, requiere:

  • Tener en cuenta que el niño de hoy se hará hombre mañana a través de su propia autodeterminación, la educación debe de ser lo menos «dirigida» posible.

  • Respetar al propio niño como ser humano, trascendente, cualquiera que sea su edad.

  • Apoyarle en su desarrollo físico, intelectual y moral.

  • Prepararle convenientemente para su futuro.

Según Glasser: «Es una obligación crear escuelas en las que los niños tengan éxito. Es responsabilidad personal de cada niño trabajar para triunfar. Es responsabilidad de la sociedad proporcionar un sistema escolar en el que el éxito no solo sea posible, sino probable».

Para lograr éxito hay que comenzar a experimentar. Luego uno se vuelve adicto a portarse bien y ser reconocido como una persona buena y exitosa.

Confusión sobre el elogio


Dos ideas importantes:

  1. El elogio no es obstáculo para la humildad del niño. Sino todo lo contrario. Le ayuda a combatir la vanidad. Si alguien le manifiesta su valía, reflejada en sus actos, no ha de verse forzado a justificar ni defender continuamente sus valores.

Cuando a una persona se le reconoce un valor, tiende a quitarle importancia. Cuando no se le reconoce, se ve obligado a manifestar su importancia.

  1. El elogio puede ser muy estimulante, siempre y cuando sirva para que el niño o adolescente suba su autoestima con él respecto a su capacidad, porque considere realmente el elogio justificado.

Hijos de la democracia


Como dijimos, los niños educados en la democracia, están bombardeados por la igualdad de los derechos y la libertad.

El obrar en libertad y con autonomía son los fundamentos de la vida democrática.

Así, el niño percibe cada día más estos dos principios y al hacerlos suyos, rechaza todo cuanto represente imposición, hacer las cosas porque sí. De manera que necesita interiorizar, hacer suyo, cualquier mandato para poderlo llevar a cabo libre y autónomamente.

¿Cuándo estimular positivamente?


Siempre. A no ser que la urgencia exija el mandato imperativo en casos muy excepcionales.

¿Por dónde empezar?


El niño se va a encontrar al principio al ser estimulado con algunas dificultades, que no obstante el mismo compensará enseguida satisfactoriamente.

A cada uno le mueven sus propios estímulos. Por eso es preciso para estimular a un niño, conocerlo. A fin de poder iniciar positivamente su estímulo.

La única gran misión de los padres


Todos los padres y educadores tienen una única y gran misión: estimular a sus hijos y alumnos para encontrar su verdadero camino hacia la plenitud personal.

A todos los niños. Pero especialmente a los que comienzan su vida, y a los que hasta ahora han fracasado en el intento de encontrar su plenitud y excelencia.


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