Entrevista Con el Miembro del Consejo Alfa y Omega




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LAS JERARQUIAS



Una civilización que cumple su etapa evolutiva en el mundo material, sin haber conseguido entretanto comple­tar su ciclo espiritual, aún no venció lo que se llama "pruebas mayores". Sin haber pasado por esas etapas adultas de desarrollo, su vida está viciada, y hasta puede estar en el ca­mino de la destrucción y la decadencia. Una civilización, en ese punto, no es aún capaz de participar conscientemen­te en el orden del universo. Sus proyecciones espirituales no van más allá del raciocinio limitado; y si no cambia de rumbo no podrá construir la perfección -por mejores que le parezcan ser los productos de la mente, y por más inge­niosa que sea su tecnología.

Los que viven en la superficie de la Tierra y recorren el camino de la Creación, encuentran la luz de un mundo que aún no dominan ni comprenden; pero no deben tener dudas de que recibirán respuestas más ricas y plenas, al alcanzar el conocimiento de los procesos evolutivos de la quinta raza. Esta es, en verdad, la quinta vez que se im­plantan genes cósmicos en la humanidad de la superficie de este planeta. Cada uno de esos implantes trae nuevas características, las cuales, desde el punto de vista cósmico, corresponden a una raza. Debe advertirse, sin embargo, que, en enseñanzas teosóficas y otras, se habla de razas en otro sentido.

Cuando llegamos al nuevo estado respondiendo al llamado de la consciencia, somos separados del pensamien­to ignorante y del ego colectivo, y adherimos a la unión de las energías que integran el mundo nuevo. Al obrar así, res­pondemos a una señal universal controlada por los espejos de las Jerarquías cósmicas.

En este momento, hay distintas Jerarquías trabajando en el planeta Tierra, y cada una de ellas cumple, dentro del conocimiento de las leyes que las conforman e integran, una tarea ordenada por el Gobierno Celeste Central. El. "motivo" último de nuestra evolución sólo El lo conoce, y va pasando gradualmente a las Jerarquías su mensaje ne­cesario para cada momento cíclico de desarrollo. Las Je­rarquías tienen visión cada vez mayor del Plan Evolutivo, y deben dar cumplimiento respondiendo a las necesidades de los mundos.

El planeta Tierra está en camino de una mutación radi­cal. En él están siendo incorporadas nuevas leyes que lo in­tegrarán al Consejo Intergaláctico. Hasta hoy, él no puede comparecer ante este Consejo, pero en este momento co­mienza a prepararse para eso. Esa es la razón fundamental que lo llevará próximamente a pasar por una gran purifi­cación, ya que con los residuos de viejos mundos y de vie­jas mentalidades, sería imposible incorporar aquí leyes vá­lidas para otra calidad de vida.

En el lenguaje actual llámase "JERARQUIA" a un Ser por tanto, cuando se dice "JERARQUIAS" se está hacien­do referencia a un grupo, que puede ser de siete o de doce Seres que trabajen en la misma sintonía. Cada ser trae con­sigo un gran número de seres con él vinculados. Por tanto, un Ser que es Jerarquía representa una gran fuerza. Ellos cumplen misiones ordenadas por el Gobierno Celeste Cen­tral, de acuerdo con las necesidades del "Templo" (esencia interna) y responden, en el caso de la Tierra, a la ley espi­ritual prescripta para la raza de superficie. Funcionan a tra­vés de la DEVOCION, que es un estado movido por la as­piración de cumplir la Ley Espiritual y no la material. Una reflexión sobre eso podrá traer mucha luz al lector, si él no permitiera que el intelecto o la mente humana interfieran.

Hoy pueden crearse en los hombres armonías indivi­duales y grupales de calificada integridad, rumbo a un acontecimiento mayor, a través de la ayuda de las Jerar­quías. Tal integridad se cumple, sin embargo, a través del establecimiento de relaciones suprafísicas entre ellos, a pe­sar de sus imperfecciones, de las malas interpretaciones en que incurren, de las luchas, de las discordias y de la infeli­cidad terrenas en que viven.

Las Jerarquías no podrían llegar al plano físico, mate­rializándose como ya está ocurriendo, si no hubiese llega­do el momento cíclico universal para que eso sucediese, y si la sintonía mental no hubiese establecido, en una parte de la humanidad, una verdadera unión de consciencia que no se rebela al identificarse con el ser que está más allá del mundo tridimensional. Hay concordia de nuestras fuerzas interiores con las fuerzas cósmicas que nos integran. En el Hombre Nuevo existe el afán de establecer en armonía la unidad del ser, ya que sin eso él no conseguiría alcanzar la realidad interior y divina.

Entre las varias Jerarquías que nos visitan, conseguimos tomar contacto con pocas. Eso se debe también a las contiendas presentes en el plano del ego colectivo de la huma­nidad general. Mientras haya lucha por los intereses mera­mente materiales, la estructura de vida será imperfecta, y ese es uno de los problemas de la superficie del planeta que han de ser resueltos. En la superficie se cuida lo que es temporal, físico, social, ignorándose las dimensiones más sutiles de los seres. Pero tal perspectiva sólo se ampliará cuando la naturaleza del hombre se desarrolle más allá de sí misma, dejando de limitarse a sus aspectos naturales, como normalmente ocurre. Sólo puede haber una vida in­tegrada al Todo cuando la búsqueda de cosas materiales sea sustituida por la búsqueda de autoconocimiento.

El autonocimiento une al hombre con su ser verdadero, trae a su consciencia la unidad cósmica y lo hace aceptar las leyes que lo integran con sus semejantes en armonía re­cíproca; puede haber entonces una vida de felicidad verda­dera, en el inquebrantable orden universal.

Las Jerarquías que corresponden a los tres espejos acti­vos en el cono sur están haciendo incidir la luz sobre el in­consciente de cada ser humano, y ese es el punto de parti­da para el trabajo. Las Jerarquías contienen la potencia de la supraconsciencia cósmica, y el hombre nuevo busca la supranaturaleza que evoluciona detrás de los velos de la apariencia.

Hay una sola gran ley para que lleguemos a esa integra­ción que todos reclaman, y las Jerarquías la conocen. Se trata de que ordenemos nuestro destino espiritual a partir del interior, y la fuerza de los espejos existe entre nosotros para ello. Habiendo logrado entonces trascender los viejos conocimientos, viviremos una existencia disciplinada y en armonía con el Todo.

En estos tiempos de los que nos ocupamos, llamamos Jerarquías a los seres que alcanzaron la meta y que, por tanto, tienen a los demás mundos a su alcance, y no sólo aquel donde se encuentran. Además, las consciencias de esas Jerarquías viven en beatitud ininterrumpida. Sean cuales fueren los trabajos a los que se dedican, esa beatitud jamás las abandona. Prestan ayuda a los diferentes planos de la existencia, y lo hacen en todos los niveles.

Hoy, las Jerarquías son la auténtica identidad de la perfección del ser. Son devotas, y junto a los Jardineros del Espacio preparan la próxima raza. Ellas trabajan desde las más elevadas esferas. La Jerarquía Mayor, Miz Tli Tlan, junto con la Jerarquía de Aurora y la de Erks, irá a derra­mar luz y vida sobre todo el planeta Tierra durante el pe­ríodo de sueño de Shambala, que comienza ahora. Bajo esa energía, el Hombre Nuevo despertará como la luz del sol. Las Jerarquías de esos tres grandes espejos vierten so­bre nosotros energía cósmica para que logremos alcanzar la vida espiritual interior.

Actualmente, las Jerarquías (por intermedio de la luz de los espejos) producen el despertar del cono sur, como fuente creadora de lo que vendrá. Irradian poderosas ondas de pensamiento de consciencia cósmica de gran armo­nía intelectual a los que se educaron en la sintonía de los colores. Emiten sus deseos e impulsos para los contactados de la Tierra. La Jerarquía MORYA, por ejemplo, revela que prefiere trabajar más con hechos que con palabras. Trabajando, cambia de plano, y en cada plano se la cono­ce por un "sonido" diferente. Portanto, Morya es AMHAJ, y así lo denominaremos, según instrucciones recibidas. Amhaj se pronuncia "amajj" -ese es su sonido cósmico, en el plano en el que estamos ubicando a ese Ser.

Dice la Jerarquía Amhaj que las bases de la vida inte­rior son el servicio, la cooperación, el respeto y la tolerancia mutua. Con el objeto de implantar aquí en la Tierra esas piedras fundamentales de la futura civilización, esa Jerarquía trabaja actualmente en Aurora.

Ante las energías del Logos unidas a las de los tres es­pejos que mencionamos, el ser espiritual del hombre irá a despertarse en sintonía con todas las Jerarquías dedica das al cambio, demoliéndose las actuales estructuras del pensamiento terreno. Cuando la vida interior de cada ser se integre a las Jerarquías de los tres espejos como resulta­do del nuevo estado de consciencia que es producido por el despertar del hemisferio derecho, habrá en la Tierra una existencia perfeccionada y realizada. No antes.

El consciente derecho contiene la instrumentación de la supranaturaleza que conferirá al hombre una visión y una acción procesadas por la consciencia universal que integra a las Jerarquías presentes. Une a la Tierra con el Macrocosmos, reconciliándolos en los nuevos genes. Cuan­do el consciente derecho, poniéndose activo, descubre lo que para él es la verdad, la ignorancia del izquierdo pierde la influencia ante las evidencias que surgen a través de las pruebas. Una vida interior despierta entonces bajo la plena luz de Miz TIi Tlan, como una nueva consciencia del poder de la luz, y la existencia se perfecciona como fruto de la obra de las Jerarquías. El conocimiento vendrá al nuevo estado del ser a través del poder y de la acción del consciente derecho; otras voluntades aún más elevadas se manifestarán, y todo se integrará como energía cós­mica, y no como fuerza humana o mental.

Aunque las Jerarquías trabajen en diferentes planos, todas están unidas por la vocación del Servicio. Así es con aquellas de las que tenemos noticia, y con aquellas acerca de las cuales aún nada oímos, y que son mayoría. Pode­mos tomar contacto con las Jerarquías en diferentes grados de consciencia, ellas se muestran según nuestra capacidad de verlas. Pero donde quiera que se manifiesten como cons­ciencia superior, despiertan el potencial espiritual tanto del hombre de la superficie de la Tierra como del intraterreno y del extraterrestre.

En este momento, los buscadores que están viviendo en la raza de superficie deben pasar por esa prueba, vencién­dola o trascendiéndola. No es una prueba fácil. Después de ello, el nuevo estado elevará todo a un plano que hoy no se conoce en el mundo de superficie. El consciente de­recho ya responde a la acción de las Jerarquías, pero el izquierdo todavía no.

La organización de las Jerarquías puede cambiar según ciclos de necesidades, y los mismos seres pueden ocupar posiciones diferentes en más de un centro. En Miz TIi Tlan, están las Jerarquías de los Doce Rayos, que hasta cierto punto ya pueden ser reveladas a los que estudian profunda­mente en el silencio del propio ser. Con el tiempo, otros desdoblamientos de esas energías y de esas Jerarquías po­drán presentarse.

La primera Jerarquía en Miz TIi Tlan es Amuna Kur, conocido en su fase anterior como Sanat Kumara.

La segunda Jerarquía es Solhuat Khutulli, conocido en el pasado como Kuthumi.

La tercera es Amhaj, conocido anteriormente como Morya. Amhaj es la cabeza de la Jerarquía del Centro de Aurora.

La cuarta Jerarquía en Miz Tli Tlan es Mhaihuma, el Regente Solar, que está temporariamente, en esa posición, mientras sea el representante interino del planeta Tierra en el Consejo del Gobierno Celeste Central. Eso será así solo hasta la mutación o sea, hasta la purificación y hasta el ad­venimiento de las nuevas leyes, pues entonces, de la propia raza de superficie deberá surgir el Ser que representará a la Tierra. Por ahora, no hay en ella quien tenga las condicio­nes requeridas para ser tal representante, pues éste necesi­tará conocer y vivir las leyes suprafísicas, lo cual quiere de­cir tener consciencia crística. Un ser de nivel crístico es el que está dotado de conocimientos superiores, aplicados a su existencia.

La quinta Jerarquía en Miz Tli Tlan es Thaykhuma, la Gobernanta Mayor de los Espejos. Tiene a su cargo el sis­tema planetario que recibe informaciones de todos los es­pejos establecidos dentro del Consejo Intergaláctico.

La sexta Jerarquía es Ashtar Asghran, encargado del nacimiento de los principios que conciernen a la unión del individuo con la nueva raza, o sea, de los nuevos principios de la vida religiosa. Habrá una sola raza en la superficie del planeta, y una sola forma de pensar. Esa nueva raza SA­BRA ADONDE VA.

La séptima Jerarquía es Ostmhiuk, entidad que llegó a Miz Tli Tlan y cuya actividad no fue revelada todavía. Por ahora, las demás Jerarquías en Miz Tli Tlan per­manecen ocultas, pero se sabe que son doce en total. Como todavía estamos en el comienzo del despertar de ese Cen­tro Mayor, están produciéndose evoluciones, y en un futu­ro próximo serán todas reveladas.

Al suministrar estos datos debemos aclarar que un nombre cósmico no tiene el mismo sentido que un nombre humano. Mientras este último se refiere a un individuo, el nombre cósmico se refiere a la misión que el Ser tiene que desempeñar. De allí las situaciones grotescas que surgen en­tre algunos devotos de la raza de superficie, que confunden al "nombre" con el "individuo" y viceversa, creando con ello velos aún mayores de ilusión mundial.

Un ser de la Jerarquía cósmica puede tomar un nombre diferente cuando tiene comienzo un nuevo ciclo evolutivo superior. También puede suceder que el mismo Ser tome nombres diversos en la misma época. Esto se da porque su tarea se efectúa en diferentes planos, teniendo cada cual le­yes específicas que rijan la comprensión y la inspiración. Así, cada uno de los nombres asumidos por él se refiere a un nivel determinado de consciencia. En el mundo contem­poráneo se conoce, por ejemplo, determinado Ser de cons­ciencia cósmica por tres denominaciones distintas: para al­gunos él se llama El Morya, y trabaja lo más horizontal­mente que le es posible, realizando una preparación muy inicial de la raza de superficie; para otros, más adelantados en la comprensión de las leyes espirituales, él es Morya, el responsable de las instrucciones rigurosas, que preparan para el futuro; y, finalmente, él es Amhaj, en su Alta Misión en Miz TIi Tlan y en Aurora.

Al establecerse las actividades en Miz Tli Tlan, no to­dos los miembros de Shambala pasaron hacia allá. En esos cambios cíclicos, el Consejo Interplanetario puede decidir si una Jerarquía continúa trabajando en el mismo centro, o si es transferida hacia otra posición. Están también los seres llamados "celestiales", y son los que trabajan directa­mente bajo las órdenes del Gobierno Celeste Central, sin pasar por Consejos.

Como podemos ver, al ser dinámica y estar en constan­te renovación la creativa obra divina dejaría de compren­derse si el estudiante permaneciese cristalizado en conoci­mientos anteriormente adquiridos.
LA TORRE DE BABEL DE HOY
Los días actuales se caracterizan por el vaivén de con­trastes y violencias. Estamos en la época de los extremos, de los descubrimientos al servicio del poderío y del exterminio. Armas atómicas, bacteriológicas y químicas son mantenidas por los hombres, al mismo tiempo que surgen en el firmamento luces tripuladas trayéndoles mensajes cósmicos.

Cuando un individuo deja de limitarse a las manifesta­ciones externas de esos mensajes, descartando también el interés espurio por la fenomenología que acaso las acompañe, el lado oculto de las realidades adquiere planos inme­diatamente perceptibles, desarrollándose entonces en él la capacidad de ponerse en contacto con ellas. El queda así ante una ciencia que, a pesar de exacta, tiene innume­rables variantes y está siempre en evolución. Manteniendo una sintonía mental interna y exteriormente estable en una meta, permite que despierte en sí mismo la posibilidad de una fluidez ininterrumpida del conocimiento.

Ese poder, puro y auténtico, puede intensificarse con ejercicios, mientras es rechazada la parte externa de la per­cepción que estuviera dominada por el consciente izquier­do. Entonces se consigue la unión de dos corrientes inteli­gentes, la izquierda y la derecha, llegándose al conocimien­to de las leyes más sutiles de la supranaturaleza. Las Jerarquías de los tres espejos nos ayudan a prescindir del holocausto terrestre como forma necesaria de pro­greso, durante la actual preparación de la quinta raza.

A partir de la más elevada esfera de Miz Tli Tlan, las Jerarquías derraman luz y vida sobre esta humanidad de superficie, para que pueda ser educada en la plena libertad del nuevo conocimiento -es cómo un sol para los que tengan las facultades perceptivas abiertas-. Según ese pen­samiento, hoy aceptado por los "elegidos", tal renacimien­to da continuidad a las ideas conocidas por las antiguas y más sabias civilizaciones. Planos paralelos se mueven en di­ferentes mundos, como Aurora, Erks y Miz Tli Tlan, dando la buena nueva de un nuevo raciocinio y de cambios en la personalidad.

En el conocimiento que hoy llega hasta la humanidad, se determina la naturaleza de una realidad que ya no puede ser negada, pues las evidencias de ella surgen en nuestros cielos, dando más luz al renacer y trayendo un nuevo len­guaje y nuevos dones de las Jerarquías cósmicas. Los hu­manos procuran proyectarse en dirección a otros planetas a fin de conquistarlos, mientras vidas y civilizaciones supe­riores ya están aquí, visibles y próximas. Ellas se mueven en mundos diferentes del de ellos, esto es, en planos orga­nizados de otro modo y guiados por el Amor.

Tal realidad no puede ser percibida por aquellos cuyas concepciones de vida se basen en mutaciones fenoménicas, tales como los nacimientos y las muertes, sino por aquellos que se transmuten, pasando con ello a tener libre tránsito por los planos no tridimensionales. La experiencia indivi­dual y cósmica convertirá al hombre en hijo del universo, y él será entonces capaz de comprender la existencia más allá de la muerte. También comprenderá que el ser es único, que no puede volverse muchos ni multiplicarse, como nor­malmente se piensa en las razas de superficie. En verdad, no hay realmente individuos, sino un solo ser omnipresente, que anima .cada mente y cada cuerpo con la idea de SER, haciendo con ellos microcosmos. Esos microcosmos están siendo trabajados por los nuevos genes, de forma que res­pondan favorablemente a los cambios del planeta Tierra, en una vida unida y armonizada con la ley de los universos y la ley del hombre.

En la etapa evolutiva en que estamos, podemos inte­grarnos al estado de consciencia que trae la revelación res­pecto del significado de las civilizaciones intraterrenas y extraterrestres, y del propósito de sus obras en relación con otros principios del ser, y obtendremos así el eslabón perdido que siempre buscamos. La presencia de los visitan­tes cósmicos es testimonio de la nueva creación humana.

En la superficie de la Tierra se vive en un mundo mate­rial, organizado por leyes que no abarcan las del incons­ciente ni las del gran orden cósmico. El cosmos es inconmensurable, pero el impulso evolutivo reclama nuestra in­tegración con él. Llegó la hora de que no sólo naveguemos sobre un planeta sino de que, ayudados por los tres grandes espejos, conozcamos a las Jerarquías en ellos presentes, provenientes de mundos distantes. Se trata de que integre­mos nuestra actividad interior con el consciente derecho, para que después unamos a los dos hemisferios pensantes dentro de la ley de la mente. Eso se hará a través de las fuerzas mutantes del nuevo ser, guiado y asistido por el SER. Es el despertar del hombre hacia la integración inteli­gente con el macrocosmos, operándose con los tres espejos activos en el cono sur.

Próximamente, descubriremos quiénes somos y porqué nos encontramos en este universo, al igual que tomaremos consciencia de la presencia de las energías espirituales en nuestra existencia. Tales conocimientos están más allá de la ciencia física, porque se refieren a las leyes inmateriales. Trascendiendo los límites del mundo concreto, será posible que controlemos la materia y comprendamos la evolución de la supranaturaleza cósmica. Al llegar a cierto punto de perfección en esa unión, tendrá comienzo una nueva dina­mización del ser, con libre dominio y control sobre las fuerzas materiales. Con el despertar del consciente dere­cho, finalmente, el autoconocimiento se volverá más com­pleto. Los conflictos del ser material serán superados cuan­do surjan las energías interiores de la Mónada del hombre nuevo.

Todo cambio es inspirado siempre por las Jerarquías, y esa Ley es fundamental para todo lo que deba manifestar­se. Esta es una regla inviolable e inalterable. El mayor logro del habitante de la superficie del planeta Tierra consiste en permitir que la mente y la fuerza del Espí­ritu lo libren de la tendencia a seguir su propia orienta­ción personal y mental, y lo induzcan a evolucionar en la supranaturaleza cósmica de la consciencia universal. Eso hará que la materia sea regida por nuevas leyes.

El conocimiento del ser cósmico no es un conocimien­to exterior que se adquiera ni que se aprenda, sino que es el resultado de la evolución de la consciencia del individuo y de la fuerza de la propia consciencia cósmica. A través de tal conocimiento, el hombre llega a una sintonía con las Jerarquías, y deja de actuar por cuenta propia, deja de es­tar entregado a sí mismo. En el pasado, la Torre de Babel fue construida en rebelión contra Dios, y al final los hom­bres quedaron confundidos; ahora, se prepara una guerra contra los hermanos del espacio y, como otrora, en rebe­lión contra lo que es más alto.

Lo que hoy es sobrenatural, mañana será natural. Las leyes de la materia, las leyes del consciente, y las leyes de la vida forman, junto con las leyes del espíritu y las leyes de los nuevos genes, un grupo de cinco que se aplicarán en la quinta y próxima raza. El ser cósmico va a presentarse al unísono con la luz de las civilizaciones intraterrenas y extraterrestres, para que la raza de superficie pueda inte­grarse en la ley intergaláctica -pero, tras la gran purifica­ción- Sri Aurobindo, que trabajó en la Tierra con la ener­gía de Miz Tli Tlan, y bajo las mismas leyes, decía que el hombre es un ser mental que vive en la oscuridad de estar degradado a la condición de encontrarse en un cerebro fí­sico. A pesar de la "perfección" de ese órgano, hasta el hombre más elevado de la especie tiene sus posibilidades frustradas por esa dependencia. El cerebro, según Auro­bindo, separa al ser humano de sus poderes divinos, y no lo deja ir más allá de ciertos límites, estrechos y precarios. Según ese filósofo, es el cerebro el que hace que el indi­viduo se interese por diversiones, abasteciéndose con de­seos continuos; pero la "supramente" se encargará de pe­netrar en las partes inferiores del ser, y transformará a la mente común, a la vida y al cuerpo. Ahora empezamos a asistir y a vivir eso.

La voluntad de servir es la sintonía con la idea supra­mental, en esa inconmensurable fuerza-voluntad que se halla manifestada por las Jerarquías. El autoconvocado que consiga penetrar en las energías del nuevo conocimien­to sabrá cómo aplicar la ley evolutiva que surge como luz de los tres espejos activos en el cono sur.

El cambio genético también es consecuencia de la evo­lución de la fuerza cósmica. El consciente derecho se tras­lada cada vez más hacia un conocimiento superior. Ese nuevo estado le dará poder sobre la mente humana, sobre la vida y sobre la materia, y hará que existan nuevos micro­órganos que asegurarán la evolución de la raza con reno­vadas fuerzas vitales.

Cada autoconvocado o contactado llevará consigo el sello de la unidad y de la armonía, sello que es reconocido por el iniciado, esto es, por quien llegó a una mayor identidad con el propio Ser y con las leyes del Cosmos. La armo­nía es la regla natural del Espíritu, es la consecuencia es­pontánea de la unidad en la multiplicidad, en la diversidad y en la manifestación de las formas. En una etapa evolutiva infrarracional, ella está sujeta a la ley de cambio, y se la consigue cuando hay unión instintiva con las leyes de la naturaleza, en sublime intervinculación. Ya en la etapa hu­mana, racional, ese estado es sustituido por la cooperación, por el entendimiento de las leyes, por la percepción mental y la comunicación de ideas a través de palabras. El medio sublime que entonces ha de utilizarse para alcanzar la ar­monía es la unión perfecta con el gran orden universal. Cuando en unión pura se traspongan las fronteras del co­nocimiento cósmico, no habrá más lugar para la búsqueda de la armonía. En ese conocimiento, total y primordial, nada existe que haya que armonizar, pues se está ante lo absoluto.

En la vida cósmica, los estados no son tridimensiona­les, y sus patrones están dentro de la supranaturaleza. Hay un intercambio autoconsciente-espiritual con la raíz cósmica del entendimiento. En ella, la sintonía de los sentidos es otra, y la visión, por ejemplo, existe para operar en univer­sos paralelos en provecho de la evolución humana. El or­den biológico de tal vida es aún desconocido para el hom­bre de hoy, pero se le ha de revelar después que se le haya implantado el nuevo código genético. El vivirá otro mun­do, tendrá otra consciencia. Dice Sri Aurobindo que la consciencia fue identificada, por el hombre ignorante, con la mente. Empero, la mente común no puede abarcar todas las demás graduaciones de la consciencia en sí. El filósofo observa que, de la misma forma, la vista no agota todas las graduaciones del color, que el oído no admite todas las manifestaciones del sonido, y que al hombre le queda mu­cho más por descubrir arriba y debajo de lo que hoy él puede percibir. Los niveles supramentales y los submenta­les de su ser le son todavía prácticamente desconocidos.

Los autoconvocados darán testimonio también del cambio que se operará en la propia materia, cambio que hará trascender tanto la formulación actual de la naturaleza como las percepciones de hechos que ignorantemente se consideran "sutiles", y a los cuales aún se da tanto valor en la superficie de la Tierra. Tales percepciones son, en rea­lidad, una limitada experiencia que se restringe a conjetu­ras respecto de lo sobrenatural, lo milagroso y lo oculto.

La energía ono-zone es la única causa, la única posibi­lidad y la única fuerza de este mundo y de todos los demás. Las jerarquías intraterrenas y extraterrestres realizan a través de ella un gran trabajo a fin de ayudar a la humanidad de la superficie a que cumpla su ciclo evolutivo actual y a que entre en la esfera de la consciencia del ser y de su su­pranaturaleza. Cuando las leyes de la energía ono-zone son aplicadas nada hay de milagroso. Los patrones se mueven respondiendo a la voluntad espiritual y cósmica, hasta que alcancen la infinita verdad absoluta.

Erks provee al individuo la experiencia mística, si en él existe apertura hacia los centros interiores de la cosmogo­nía universal; Miz TIi Tlan le suministra el conocimiento mediante la voluntad creadora, según su despertar espiri­tual. El individuo interpreta los nuevos poderes de la vida divina a través del ciclo que ya logró alcanzar en consciencia -conocerlos es una experiencia suprafísica-, con connotaciones que sólo las Jerarquías y los espejos pueden demostrar, y que lo hacen sólo si el iniciado estuviera pre­parado para la tarea del cambio.

Cuando el camino emprendido por el hombre místico lo lleva hacia el contacto con experiencias que tengan ob­jetivos puros, él, que ama a Dios y lo busca a través de la apertura mental y suprafísica, recoge el resultado natural de esas experiencias -tal es su tarea-. El entrará en con­tacto tanto con las fuentes controladas por las jerarquías de Miz Tli Tlan, como con el conocimiento de que sólo la práctica de Erks o de Aurora lo llevará a una vinculación superior.

Así, lo que hoy es irracional e increíble, nada tiene de anormal ni de milagroso; comprender eso es el curso nece­sario para los que, en la devoción, buscan a Dios más allá de las leyes tridimensionales. Finalmente, es la evolución de la nueva consciencia. La acción de las fuerzas del mun­do supranatural es la obra creadora de la civilización inte­ligente que desea progresar dentro de las leyes de las Je­rarquías que rigen el cambio.

Si no fuera por la entrega que los seres. intraterrenos y extraterrestres hacen de sí mismos en beneficio de la Tierra, la_ existencia humana, con su armonía parcial, ya no podría mantenerse viva. Pero aún así, las fuerzas de superficie se están negando a aceptar las leyes que rigen la vida de los mundos habitados que existen en otras di­mensiones. Las civilizaciones inteligentes que aquí se encuentran procuran disolver barreras que en muchos hombres están aún presentes, como, por ejemplo, la de querer antagonizar con una energía cósmica que llega en paz y armonía, energía que integra a la raza de superfi­cie en una vida mejor y superior.

Si fuera aceptada la ley del amor, el nuevo compor­tamiento de los hombres cambiará las formas de convi­vencia. El acuerdo de la raza de superficie con las civilizaciones intraterrenas y extraterrestres le traerá la con­cordia con todas las razas del gran orbe universal, sin fron­teras. Todo ese orbe es la creación, y a nadie le correspon­de imponerle límites. La vida cósmica y la fraternidad universal pueden ser negadas por los que están en un or­den menos evolucionado, pero también éstos se adecuarán a la ley de la unidad y la armonía, cuando llegue el mo­mento cíclico para que ello ocurra.

En el inmenso universo viaja, en una galaxia entre billones de otras, el planeta Tierra, poblado por seres di­versos, de diferentes filosofías, idiomas y religiones. Si la raza de su superficie consiguió, aunque sólo en parte, man­tener relaciones amistosas entre los hombres que la com­ponen, y si desea conocer otros mundos, debe primeramen­te establecer relaciones cordiales con las civilizaciones que la visitan para que, solamente después, y cuando el momento cíclico lo exija, establezca contacto con otros planetas habitados. Así podrá participar de la magnifi­ciencia divina, dedicada a todos los pueblos del universo, y comer la sal y el pan en la mesa del creador del cosmos. Ya no es tiempo de erigir una nueva Torre de Babel, inútil rebelión, sino de pasar de las leyes terrestres a las leyes cósmicas: una gran transición, que implica necesarias renuncias.

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