Entrevista Con el Miembro del Consejo Alfa y Omega




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ENTREVISTA CON EL MIEMBRO DEL CONSEJO ALFA Y OMEGA



Pregunta: En este libro se habla del día 8/8/88 como un momento importante de transición. ¿Qué significa y cuál es su repercusión en el hombre de superficie, en el intrate­rreno y en el extraterrestre?

Respuesta: Todos los mundos están sujetos a la ley evolu­tiva. Esa fecha, en la que se agrupan cuatro ochos, señala el comienzo de la transición del mundo material que se co­noce, rumbo a las pléyades sublimes de la transformación espiritual. Por pléyades no se entiende aquí la constela­ción, sino un está do de vida incorpóreo, sin reproducción sexuada. Por tanto, la evolución terrestre se halla en con­tacto con lo que hay de más sublime en los universos.

La transición consiste en que el hombre deje de em­plear la fuerza y se ponga a usar la inteligencia; así, volve­rá su consciencia hacia estados evolutivos de espiritualidad permanente y duradera. Dentro de la armonía del Cosmos, el planeta Tierra pasará a cumplir las leyes planetarias, in­tegrándose definitivamente en la gran cosmogonía univer­sal. Así, se dará comienzo a la nueva raza, que florecerá

con nuevos conocimientos y nuevos patrones de comporta­miento. Los hombres más desprevenidos de hoy creen que los patrones deben ser abolidos, pero no se trata de hacer eso; los patrones han de ser gradualmente sustituidos por patrones más elevados, pero no fijos -que los hombres, por tanto, no se cristalicen en ellos. Eso traerá una paz du­radera, y no efímera como la de hoy. La nueva humanidad, tras el 8/8/88, está irreversiblemente colocada en la direc­ción de servir a los planes cósmicos, y no más a los propios proyectos humanos que siempre están desvinculados de lo que es realmente necesario. Las Jerarquías Planetarias pre­sentes en la Tierra ayudarán al hombre de superficie a cum­plir esa voluntad divina.

Para el hombre intraterreno y para el extraterrestre, esa fecha es el marco para la preparación de los planes de inte­gración de la nueva raza de superficie. A partir de esa fe cha, de forma irreversible, esa raza se está vinculando cada vez más conscientemente con la intraterrena y con la extra­terrestre, las cuales pueden existir en diferentes dimensio­nes. Esa unión se preparó hasta ahora de manera oculta en lo íntimo de cada ser, pero la colaboración será ahora ex­plícita. Habrá un trabajo en conjunto para la perfecta inte­gración del planeta Tierra con la nueva humanidad que sur­girá tras la gran purificación. El nuevo código genético, puede implantarse abiertamente en todos los que estén abiertos para ello, y se transmitirá una filosofía que integra al hombre en las leyes del cosmos. Habrá una convivencia con las demás civilizaciones inteligentes que participan de la voluntad divina y responden a las leyes de la creación. El ser de superficie necesita ese contacto.

El 8/8/88 es, por tanto, una fecha que señala gran cam­bio para el planeta Tierra. Señala inclusive el principio de la aplicación de la Ley de la Purificación de los hombres de superficie y una mayor aproximación entre los visitantes

cósmicos y las razas intraterrenas. En esa Ley de Purifica­ción está previsto que el hombre de superficie penetrará en dirección a su despertar espiritual. A través de la aplica­ción de esa Ley, él comprenderá los errores cometidos, y tendrá grandes oportunidades posteriores.

Esa fecha señala también el comienzo de la enorme ta­rea de recuperar al planeta de las fuerzas del mal; como sabéis, en la Tierra se practica todo tipo de iniquidad entre hermanos, y la mayor parte de éstos está degradada por una minoría que detenta poderes materiales. Por "recupe­rar" el planeta Tierra no queremos decir "invadirlo", como se podría pensar. Se trata de integrar a los hombres de su­perficie en el gran plan establecido por el Creador. Para ello, hay hombres que están siendo preparados en secreto, sólo interiormente y en el silencio del ser; y otros lo están con pleno conocimiento de sus propias personalidades. Esa recuperación debe efectuarse en el planeta en general, que aún no puede ser representado por ninguno de sus habitan­tes ante cualquier Consejo Interplanetario o Intergaláctico. Esta es una larga historia, que no todos quisieron compren­der, porque volverse consciente de la fraternidad cósmica significa no ejercer más el poder sobre el semejante. En esa fecha histórica, las civilizaciones que pueblan a los univer­sos se pusieron a disposición para acudir en ayuda de sus hermanos rescatables de la superficie de la Tierra: Los diri­gentes mundiales fueron advertidos suficientemente, sin resultados, de que había llegado a su fin el plazo permitido para entablar guerras con armamentos que pueden provocar colisiones planetarias por el desvío del eje magnético de la Tierra. Esos dirigentes ocultaron nuestras admoniciones, nuestros comunicados, y callaron. Es más: vuelven a come­ter los mismos errores de otras civilizaciones, que en el pa­sado remoto se autodestruyeron. Pero, esta vez no habrá nueva Torre de Babel, porque antes que ello ocurra llega­rán fuerzas purificadoras bajo un comando mayor, solar.

Una nave extraterrestre dibuja en los cielos un hombre en actitud de saludo

Pregunta: ¿Cuál es la función de la humanidad en general, esto es, de la humanidad de superficie, de la intraterrena y de la extraterrestre?

Respuesta: La función de la humanidad en general es con­seguir su estado evolutivo superior dentro de los distintos planos de consciencia en los cuales vive, hasta adquirir el conocimiento de las leyes que rigen la VIDA INALTERA­B LE.

El hombre de superficie comete un grave error al que­rer someter las leyes de la naturaleza a su capricho, en vez de someterse a ellas. Sin cumplir las leyes de la naturaleza no puede convertirse en una raza de inteligencia superior. Por falta de esa armonía él sigue ligado, por ejemplo, a la ley evolutiva del nacimiento y de la muerte, una ley que se viene aplicando a las civilizaciones que no consiguieron trasponer ciertos umbrales en dirección a un conocimiento más amplio. Pero el hombre responderá directamente a las leyes cósmicas y no necesitará más de formas caducas. Por eso, el tiempo de las religiones está por terminar.

Siguiendo las leyes cósmicas, él descubrirá que hay le­yes que aún desconoce, tales como la de Transmutación, que lo llevará a vencer, aquí en la Tierra, etapas que ya po drían estar superadas. El hombre que trascendió el ciclo del nacimiento y de la muerte se llama "transmutado". Hoy, los trasmutados vienen de planos superiores, cumplen su tarea en la superficie de la Tierra, y vuelven sin ocuparse de la formación de cuerpos externos, tomándolos y deján­dolos siempre que es necesario. El hombre normal no es capaz de eso y, por tanto, necesita pasar, cada vez que vie­ne, por el útero materno, y después por aquellos períodos que se llaman infancia y adolescencia.

Cuando los cuerpos externos viven dentro de las leyes cósmicas, pueden servir para varios individuos, que cons­cientemente se suceden en ellos. Al ser esto así, la procrea­ción propiamente dicha, dentro de las leyes de la Tierra, será mucho menos necesaria en la nueva raza. Será tarea para pocos, para los más armonizados en sus seres y con las leyes cósmicas. Un ser que venga consciente de la misión que tiene que cumplir usará el cuerpo de alguien que ya terminó la suya, con tal que ese cuerpo sea adecuado para él. Ese acontecimiento, que se basa en la Ley de Transmu­tación, no es conocido por todos los terrestres, por ahora.

La raza intraterrena cumple la ley de armonía dentro de la ley evolutiva intraterrena, que es diferente de la de la raza de superficie. En este momento, una de sus funciones principales es ayudar a sus hermanos para que eviten los peligros que amenazan a la humanidad y al planeta, -peligros que, en gran parte, son intensificados por el mis­mo hombre. Otra función de esa raza es trabajar respon­diendo al llamado cósmico intergaláctico, y al llamado de las civilizaciones extraterrestres que visitan la Tierra, para cumplir, juntas, el plan de la ley de purificación para la raza de superficie. En cuanto a esta última, deberá ser eva­cuada, por un tiempo, del planeta para que la superficie de éste sea reordenada después de la purificación; a la raza intraterrena le corresponderá armonizar al planeta y adap­tarlo a las leyes de integración con la nueva raza que ven­drá a habitarlo.

En cuanto a las razas extraterrestres, las que llegaron al mayor conocimiento de los mundos habitables y que, en consecuencia, responden al orden superior del gran Con sejo Intergaláctico Central, tienen la función de traer los nuevos genes cósmicos que se están incorporando secre­tamente en aquellos hombres considerados aptos para la mutación del planeta Tierra. Los extraterrestres visitan la Tierra tratando ahora de llegar a una comunicación física con los hombres de superficie, como está ocurrien­do en la presente entrevista entre un Miembro del Consejo, que no es un terrestre, y el autor de este libro.

Este contacto está ocurriendo estando ambos en plena consciencia, sin haber necesidad de ningún estado de tran­ce, ni de cualquier tipo de imposición o de inducción.

Volviendo a la raza de superficie, que en este momento necesita mucha ayuda, una de sus funciones en este perío­do sería demostrar receptividad a los visitantes cósmicos que llegan al planeta Tierra, cosa que no está ocurriendo. El plan ya preparado por algunos gobernantes terrestres de "guerra en el espacio", pretende perseguir a los herma­nos extraterrestres con el objeto de conseguir capturar naves operables para proseguir con la supremacía mundial sobre ciudades, pueblos y naciones, que mantienen some­tidos a sus dictámenes y caprichos.

Si el hombre de superficie encontrase, antes de la pró­xima purificación las bocas de entrada hacia las civilizacio­nes intraterrenas que existen en el plano físico de este planeta, prepararía una invasión para subyugar a sus pacíficos hermanos, como ya lo viene haciendo con sus semejantes de la superficie de la Tierra, en todos los tiempos.

Las naciones terrestres que prepararon naves para ir a otros planetas y a la Luna fueron ayudadas por nosotros. Nunca les fue reclamado el espacio aéreo, siempre que es tuvieran realmente en busca de conocimientos que diesen soluciones a sus vidas. Sus hombres llegaron a la Luna acompañados por nosotros, invisiblemente, y por nuestras naves. Nosotros los ayudamos a corregir errores técnicos y, así, fueron completados muchos de sus vuelos; pero cuando nuestras naves aparecen en los espacios aéreos so­bre los cuales las naciones de superficie pretenden tener derechos, somos perseguidos y hasta se usan armamentos contra nosotros, como se hace en las cacerías y persecucio­nes de vuestros bandidos. Empero, persiguen a quien viene a ayudar, del mismo modo que obraron con mensajeros di­vinos, como muy bien lo recordáis.

El hombre de superficie desarrolló armamentos que po­nen en peligro la vida planetaria; nos sentimos, pues, en la contingencia de evitar un mal mayor, pues está en juego el espacio extraterrestre, el equilibrio del Sistema Solar y aún de más allá. El hombre de la superficie de la Tierra no per­cibe qué especie de holocausto está por provocar con sus propias armas.
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Pregunta: ¿Cuál es la diferencia entre las razas de superfi­cie, las intraterrenas y las cósmicas?

Respuesta: Las razas cósmicas extraterrestres lograron el conocimiento de todas las leyes del universo y las siguen normalmente. Por eso existen razas cósmicas de seres muy perfeccionados que, desde el punto de vista de otras razas, se llaman "perfectos". La más evolucionadas entre las razas cósmicas consiguen, también, controlar la ejecución de la ley, dentro del plan evolutivo. Existen razas cósmicas me­nos evolucionadas, y de ellas hablaremos después.

Un habitante del planeta Tierra debe estar también al servicio de la ley evolutiva, y eso lo lleva a planos superio­res y a una evolución mayor, dentro de la ley de creación. Pero, desconociendo aún sus orígenes planetarios o cósmi­cos, el hombre de superficie pasa su vida intentando desci­frar enigmas mentales sin mayor importancia.

Dentro de la ley evolutiva no se trata de lograr una lon­gevidad perfecta, fuera de enfermedades,-sino de desarro­llar la consciencia a través de la práctica del conocimiento espiritual. El conocimiento espiritual es el que debe ser de­sarrollado dentro de la ley evolutiva, y no la lucha para la conservación, a toda costa, de las condiciones de la materia densa. El trabajo de las probetas forma parte de ese engaño mental, que jamás producirá un hombre perfecto; produci­rá, ciertamente, aquellos que responden a las leyes de la materia, a las leyes de los instrumentos materiales, y no a los inmateriales.

Las razas de superficie están sujetas a los ciclos evolu­tivos de vida y muerte hasta que alcancen la consciencia de los planos más sutiles de la existencia, mientras que las razas intraterrenas tienen períodos de vida que superan los 650 años de vuestro calendario. Alcanzaron un conoci­miento mayor de convivencia con las leyes armónicas de la naturaleza, utilizan energías que no son agresivas para con ellos mismos, a diferencia de lo que ocurre con vuestra energía nuclear, que se vuelve contra sus propios usuarios.

Los científicos terrestres cometieron el error de utili­zar una energía sin haber descubierto, antes, medios para controlarla. Así, contaminaron el planeta y éste se hallaría en peor estado todavía si millares de naves intergalácticas no trabajasen permanentemente en cierto tipo de transmu­tación.

Otra diferencia entre la raza de superficie y la intrate­rrena es que esta última puede viajar a los distintos planos habitados, poblados, en este universo lleno de vidas inteligentes y en evolución. La raza intraterrena se integró a la Naturaleza, la respeta, y así convive con ella en una armo­nía que desconocéis.

Pero si quisiérais un paralelo con razas extraterrestres, cósmicas, tendríais una distancia todavía mayor; muchas de ellas se liberaron definitivamente de la ley de nacimien­to y muerte. Tienen una existencia incorpórea que, sin embargo, puede corporizarse a voluntad, como lo hacen nuestros representantes de los Consejos Interplanetarios e Intergalácticos, cuya presencia no es más ignorada por los habitantes de la superficie de la Tierra. A pesar de los in­tentos que hicieron para ocultarla, seguimos trabajando aquí, dentro de un plan que procuramos pasaros, para que también lo cumpláis. Nosotros, de la raza cósmica, somos guiados, conducidos por una inteligencia superior, mientras que el hombre de superficie no acepta ser guiado, como lo sabéis. El no sabe que está bajo leyes evolutivas controla­das por razas superiores, del cosmos, que hora están aquí para rescatarlo y para armonizar nuevamente la Tierra, dentro de la Ley del Servicio.

He aqu í grandes agresiones cometidas por el hombre de superficie:

1. Liberó energía incontrolable, la cual está sometien­do su vida y la del planeta a grandes calamidades.

2. Contaminó las aguas del planeta, y quedó muy poca agua potable para su propio consumo.

3. Con pesticidas, fungicidas y herbicidas cometió el mismo error que con la energía nuclear, pues no puede controlar el grado de contaminación que genera al com batir las plagas. El hombre no calcula lo que vendrá a su encuentro, en materia de enfermedades desconocidas, pro­ducidas por la contaminación ambiental. Si no fuera por la intervención de nuestras grandes naves espaciales-labora­torios, que están trabajando para controlar la alteración que sufre el planeta Tierra por la liberación de fuerzas mortíferas, esta civilización de superficie estaría sufrien­do aún más de lo que hoy sufre.

Pero, por más generalizadas que estén las malas accio­nes, siempre existen inocentes a los cuales protegen y sal­van las Leyes de Creación y Evolución de las razas. Es tam­bién por ellos que estamos aquí.

Movimiento realizado por una sola nave, cuyas etapas son siete. Muestra un hombre con su pesada carga de ignorancia, su marcha lenta y triste, la cabeza baja ante una meta que él mismo desconoce y que identifica con la muerte.

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