La situación y la posición geográficas de la península Ibérica






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Tema 1: La singularidad geográfica de España.
La singularidad geográfica de España es conocida desde la antigüedad y deriva:


  1. Su carácter peninsular.


Este es el primer rasgo que sobresale del territorio español. El enorme cuadrilátero que forma el solar hispano, semejante a una piel de toro extendida, según el geógrafo griego Estrabón, está unido al continente europeo por un istmo de 440 Km de largo, de gran estrechez, que se corresponde con la cordillera pirenaica, lo cual acentúa aún más el carácter peninsular de España.
Todo esto contribuye a que el aislamiento de la península Ibérica sea mayor que el de cualquier otra península europea, tales como la balcánica o la italiana.


  1. La situación y la posición geográficas de la península Ibérica.


A diferencia de otras penínsulas europeas, la Ibérica es la más meridional y la más occidental, la única que se encuentra entre dos mares (excluyendo el mar Cantábrico) y la más próxima al continente africano.
Con respecto a su situación, se encuentra dentro de la zona templada del hemisferio Norte, entre los paralelos correspondientes a la isleta de Tarifa (en el sur peninsular) y la punta de Estaca de Bares (en el norte), y entre los meridianos correspondientes al cabo de Creus (este peninsular) y al cabo Touriñán (al oeste peninsular). Esta situación le confiere los siguientes rasgos originales, relacionados con su posición geográfica:


  • España está ubicada en la parte más occidental del Mediterráneo, en el lugar donde sus aguas se mezclan con las del océano Atlántico. En consecuencia, se encuentra situada entre dos mares.




  • España, por su posición avanzada hacia el poniente u oeste, es, al mismo tiempo, el país más próximo al continente africano. Tan solo 14 kilómetros la separan de las costas africanas a través del estrecho de Gibraltar.


Como consecuencia de esta situación geográfica, la Península está incluida dentro del área del clima mediterráneo y ocupa una posición excéntrica respecto del continente europeo.



  1. La configuración del relieve.


Esta configuración del relieve se concreta en la forma maciza de la Península, la elevada altitud media y la disposición periférica de los grandes sistemas montañosos.


  • La forma maciza es consecuencia de la gran extensión en latitud y longitud de la Península, del carácter poco articulado de sus costas, en las que existen poco entrantes, y de la existencia de un litoral muy abrupto. Las consecuencias más destacadas de este hecho son el carácter continental del clima del interior de la Península y la gran distancia existente desde el interior hacia las costas.

  • La elevada altitud media sobre el nivel del mar. España presenta una altitud media de 660 metros, lo que la convierte en el segundo país más montañoso de Europa, después de Suiza (1300 metros), superando en más del doble la media europea (297 metros). Esta elevada altitud es consecuencia de la existencia de la Meseta castellana y no de la presencia de altas cumbres, ya que su nivel medio se halla entre los 600 y los 800 metros.


Aproximadamente el 18% del territorio peninsular español supera los 1000 metros de altitud y en algunas provincias, León, Granada, Teruel, Guadalajara, Ávila y Soria, más del 50% de su superficie está por encima de dicha cota.
Todo esto impone a la Península condiciones poco favorables para la agricultura, la distribución de la población (habiendo una gran diferencia en número de habitantes entre las regiones del interior y del litoral), las vías de comunicación o el aprovechamiento de los ríos como vías navegables.


  • La disposición periférica de los sistemas montañosos. El interior de la Península está dominado por la Meseta, que conforma una enorme penillanura interrumpida en su parte central por dos sistemas montañosos: el Sistema Central y los Montes de Toledo. El resto de los sistemas montañosos se disponen en torno o independientes de la Meseta castellana, de manera que el interior de la Península queda protegido como si de una fortaleza se tratara. Así, las unidades periféricas a la Meseta son los Montes de León, la cordillera Cantábrica, la cordillera Ibérica, la cordillera Subbética y Sierra Morena; mientras que las unidades exteriores a la Meseta son los Pirineos y las cordilleras Béticas.


Las consecuencias de esta singular disposición del relieve son el carácter continental de gran parte del territorio y una red hidrográfica caracterizada por un régimen torrencial y una gran capacidad erosiva.
La singularidad geográfica de la Península, anteriormente explicada, la convierte en una zona de encrucijada y en un lugar de encuentro, otorgándole un gran valor geoestratégico.
España como encrucijada.
La situación de encrucijada es reconocible en las condiciones naturales y humanas. Las influencias naturales se señalan en el clima y en la vegetación. Los rasgos climáticos de la Península están determinados por la influencia de las borrascas y de los anticiclones provenientes del Atlántico y por las condiciones meteorológicas que se generan en la cuenca del Mediterráneo.
En España se dan también especies de flora y fauna características de Europa y África. En el norte de España se encuentran formaciones arbóreas europeas, con especies como el abeto blanco, el haya o el roble; en el sur y el levante peninsular crece de forma espontánea el palmito, una planta típicamente africana.
En el plano humano, en España se han asentado desde la antigüedad pueblos de diversa procedencia, algo semejante a lo que ocurre en la actualidad, lo cual acentúa este carácter de España como lugar de encuentro. Así lo demuestran los flujos migratorios procedentes, en la actualidad, de África o América Latina.
La posición geoestratégica de España.
De la situación y de la posición geográfica de España se deriva también un posicionamiento geoestratégico muy importante para entablar relaciones de toda clase con países de dos continentes tan dispares como son África y América.
España es el país europeo más próximo al continente africano, por lo que se ha dicho en muchas ocasiones que el estrecho de Gibraltar, más que frontera, es un puente que une África con Europa a través de España.
Por ello, en el terreno comercial y económico, la presencia de España es muy intensa en los países norteafricanos. Se trata, pues, de relaciones humanas, económicas y políticas que se producen en ambas direcciones.
Sin embrago, no son menos importantes las relaciones que mantiene España con el continente americano. Conviene destacar que España controla uno de los pasos por los que discurre la navegación marítima en el sentido de los paralelos; gracias al estrecho de Gibraltar y a los canales de Suez y Panamá, hoy es posible circular de Asia a América por el Mediterráneo y por el Atlántico sin tener que rodear ambos continentes.
Por otro lado, la posición de las islas Canarias y la situación de los puertos españoles de litoral atlántico, próximos al circuito de las corrientes marítimas que facilitan la navegación por este mar, son elementos que refuerzan este carácter de avanzada o lanzadera que tiene España en las relaciones con el continente americano.

Tema 2: Caracteres generales del relieve español.
El relieve de la Península Ibérica ofrece los siguientes rasgos generales:
1. La elevada altitud media. España se encuentra a 660 metros de altura sobre el nivel del mar, altitud sólo superada en Europa por Suiza. Esta altitud no es el resultado de la presencia de altas cimas y de la existencia de grandes y elevadas cordilleras, sino de la profusión de la montaña media y de la extensión que ocupan las llanuras elevadas, siendo ambas responsables de que casi el 90% de nuestra superficie se halle a más de 200 metros por encima del nivel del mar.
2. La existencia de un gran bloque central elevado, sólido y suavemente inclinado hacia el océano Atlántico: la Meseta. Ésta es responsable de la elevada altitud media de la Península y de la organización de buena parte de las unidades del relieve, que reflejan en su evolución geológica las condiciones de adaptación al zócalo meseteño.
3. La disposición periférica de los relieves peninsulares, que ha de entenderse en relación con la Meseta y en relación con el contorno de la Península, en cuyos límites se encuentran las principales cordilleras españolas. Ambas circunstancias son responsables del aislamiento de la Meseta y de la escasa influencia marina en el interior peninsular.

4. La orientación dominante oeste-este de las unidades del relieve peninsular. Esta orientación coincide con los paralelos geográficos y tiene claras consecuencias geográficas, relacionadas, por ejemplo, con la desigual distribución de las precipitaciones en el interior de la Península.
5. La forma compacta y maciza de la península Ibérica. Esto se debe a que la ubicación periférica de los relieves y la orientación de sus unidades contribuyen a definir un contorno nítido de ángulos muy pronunciados que, salvo en Galicia, presenta pocas entalladuras.
El resultado de todo esto es una paradoja según la que la península Ibérica es «la más peninsular de todas las penínsulas mediterráneas», ya que, debido a la amplitud de su contorno y a la brevedad del istmo, se convierte en un pequeño continente cuyo interior se halla protegido por las montañas exteriores.
Todas estas características están presentes a través de aspectos de la geografía peninsular. Así, la influencia marítima queda reducida a una estrecha franja comprendida entre el mar y los sistemas montañosos adyacentes, lo cual afecta a la distribución de las precipitaciones y a la continentalidad de los climas interiores; al igual que el relieve dificulta las comunicaciones entra las tierras del interior y los litorales, mientras que la elevada altitud sobre el nivel del mar y la existencia de pendientes pronunciadas repercuten negativamente en la agricultura.

Tema 3: Los grandes conjuntos morfoestructurales de la Península Ibérica, Islas Baleares e Islas Canarias.
Dentro del relieve peninsular podemos distinguir tres grandes conjuntos morfoestructurales:


  1. Macizos antiguos, integrados por las montañas de altitud media, cumbres aplanadas y ocasionalmente reducidas a penillanuras, como corresponde a la gran acción erosiva que han experimentado en el transcurso de los tiempos geológicos. Los materiales constituyentes son paleozoicos, plegados por la orogénesis herciniana y deformados por el plegamiento alpino. Integran el zócalo del relieve peninsular y fueron objeto de un rejuvenecimiento como consecuencia del plegamiento alpino.




  1. Cordilleras alpinas, surgidas tras el último gran plegamiento y formadas por materiales jóvenes, fundamentalmente calizos. Se integran en el ámbito de las grandes cordilleras que circundan el Mediterráneo en todas sus riberas (Alpes, Apeninos, Cárpatos, Cáucaso, Atlas,…) y hallan sus mejores representaciones en los Pirineos y en las cordilleras béticas, las cuales se formaron por la compresión de las placas sobre los materiales depositados en el mar de Thetis.




  1. Depresiones. Hay dos tipos:



    1. Las existentes en el interior de los macizos antiguos, situadas sobre fragmentos hundidos del viejo zócalo paleozoico, que han sido rellenadas por los aportes sedimentarios, cuyos mejores ejemplos son la cuenca del Duero y la Mancha.

    2. Las situadas entre los bordes de los macizos antiguos y las cordilleras alpinas, que ocupan antiguos golfos marinos o brazos de mar, igualmente colmatados por los aportes sedimentarios, en este caso procedentes de las cordilleras alpinas recién surgidas, de gran altitud, materiales blandos y, en consecuencia, fáciles de erosionar. Son las depresiones del Ebro y del Guadalquivir.


La Meseta y sus unidades interiores
La Meseta. Geología y morfología.
Desde el punto de vista geológico, la Meseta constituye el núcleo primitivo y la pieza fundamental del solar ibérico. Su altura media excede los 600 metros y se halla dividida en dos mitades por el Sistema Central. Al norte queda la submeseta septentrional, cuya altitud media supera los 700 metros, y coincide geográficamente con la cuenca del Duero e históricamente con los primitivos reinos de León y Castilla. Al sur se extiende la submeseta meridional, de altitud más moderada y dividida, a su vez, en dos mitades por los Montes de Toledo, que se interponen entre los ríos Tajo y Guadiana. Estas tierras fueron incorporadas algo mas tarde a los reinos cristianos y recibieron las denominaciones de Extremadura y Castilla la Nueva.

Los rasgos morfológicos de la Meseta derivan de su condición de viejo macizo surgido a finales de la Era Primaria y reducido a penillanura durante la Era Secundaria. El plegamiento alpino le afecto intensamente, pues el zócalo meseteño actuó como tope de prensa ante los empujes orogénicos. Sus consecuencias fueron múltiples y pueden sintetizarse en las siguientes:


  1. Fracturación general e individualización en bloques, algunos de los cuales se elevaron y otros se hundieron.

  2. Plegamiento de los bordes exteriores.

  3. Basculamiento de todo el complejo hacia el océano Atlántico.



Las unidades interiores.
El resultado final de la evolución orogénica analizada fue la individualización de unidades de relieve hasta entonces inexistentes en el interior de la Meseta, las cuales se concretaron en forma de cordilleras (Sistema Central y Montes de Toledo) o en forma de depresiones (cuenca del Duero y La Mancha).


  1. El Sistema Central está formado por un rosario de sierras que se extiende a lo largo de 400 Km. Es una alineación oeste-este que, en su parte oriental, se torna suroeste-noreste. Destacan las sierras de Somosierra, Guadarrama, Gredos, Peña de Francia y, ya en Portugal, sierra de la Estrella. Entre unas y otras se interponen puertos o collados que facilitan la comunicación entre ambas submesetas.


Las sierras se corresponden con bloques fragmentados del zócalo meseteño elevados por el plegamiento alpino hasta la posición que ocupan. Las rocas constituyentes son de la Era Primaria y entre ellas abundan los granitos, las pizarras, los gneis y otras de composición silícea.
La diversidad de formas se corresponde con la variedad de paisajes y relieves, a la cual han contribuido los glaciares cuaternarios, dando lugar a relieves tan espectaculares como la Pedriza de Manzanares, Peña de Gredos,…


  1. Los Montes de Toledo tienen mayor entidad como cordillera. Su formación es similar a la del Sistema Central, aunque su complejidad geológica es mayor. Sus cumbres no sobrepasan los 1600 metros, destacando Guadalupe.


Entre las rocas constitutivas abundan las pizarras y cuarcitas, duras y muy resistentes a la erosión. En los piedemontes se han acumulado depósitos de materiales de tamaño irregular, denominados rañas.


  1. Las depresiones y llanuras del interior de la Meseta, la cuenca del Duero y la llanura manchega surgieron por el hundimiento del zócalo paleozoico y la colmatación posterior de las depresiones. La sedimentación tuvo lugar a finales de la Era Terciaria, una vez finalizado el plegamiento alpino, de ahí que los estratos conserven la disposición horizontal con la que se depositaron. Hoy son extensas planicies en cuyos horizontes resaltan cerros testigo u oteros, resultados de la evolución.



Los rebordes montañosos de la Meseta.
La Meseta está rodeada, por todas partes menos por el oeste, por cadenas montañosas que la envuelven y la aíslan de la influencia oceánica, confiriendo a las tierras un acusado carácter continental. Los rebordes que lo integran son:
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