La situación y la posición geográficas de la península Ibérica




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El nuevo Derecho del Mar y el ingreso en la UE
Desde comienzos de la Edad Moderna estaba aceptado que las aguas adyacentes pertenecían a los estados costeros, pero no se especificaba hasta qué distancia. Existían dos doctrinas: una que consideraba el mar libre y otra que lo consideraba privativo del estado ribereño.
Terminada la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos dio un paso muy importante para el nacimiento de un nuevo Derecho del Mar y en 1945 declaró la propiedad de los recursos marinos según la extensión de la plataforma continental.
Éste es el fundamento para que, en 1952, Perú, Ecuador y Chile declararan aguas jurisdiccionales las comprendidas entra la línea de costa y doscientas millas mar adentro. La decisión no fue bien recibida, particularmente por Estados Unidos, pues la medida, de generalizarse, podía ser un obstáculo para el libre desplazamiento de su armada en los años de la guerra fría; sin embrago, en 1976, Estados Unidos declaró la ampliación a doscientas millas. Este cambio de actitud obedeció al deseo de liderar el proceso negociador en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Derecho del Mar, y se produjo cuando la diplomacia estadounidense se aseguró de que loas zonas de ampliación eran sólo zonas de exclusividad económica.
Las declaraciones de ampliación de dominio se generalizaron, lo que significó, que en adelante, el 90% de los recursos pesqueros mundiales quedaban comprendidos en los límites de las zonas privativas de aprovechamiento. Para España las consecuencias fueron inmediatas y muy perjudiciales, al quedar cortado el acceso a los caladeros tradicionales, situados en aguas que, hasta entonces, habían gozado de la condición de internacionales y de libre aprovechamiento pesquero. Como solución, se recurrió a la constitución de empresas mixtas con los países titulares de los recursos y a establecimientos de convenios pesqueros bajos diversas contrapartidas.
Una década más tarde, España ingresó en la Europa comunitaria. Ocurrió en un momento especialmente difícil para nuestros intereses pesqueros por la complicada situación pesquera internacional, por la consolidación de las ZEE de las 2000 millas, por los problemas pesqueros en el seno de la Comunidad Europea y por la crisis del sector pesquero español.
España conservaba un importante potencial pesquero, pero excesivo para nuestras posibilidades de captura, y su acceso a las pesquerías europeas no era bien visto por los países miembros, pues la capacidad de España equivalía a las dos terceras partes de la flota europea. Por ello, cuando España firmó el tratado de adhesión, se le impusieron unas durísimas condiciones y un periodo de transición de 17 años hasta la plena incorporación, que se produciría en el año 2002.
Hasta ese momento, Europa carecía de una política pesquera común, sin duda por la escasa importancia del sector en la economía comunitaria, pero la situación creada en los años 70 y la previsible incorporación de potencias pesqueras como Portugal y España, así como la conveniencia de salvaguardar sus intereses futuros, decidieron su puesta en práctica, que se concretó con la promulgación de los Reglamentos de la Europa Azul en 1983, tres años antes de nuestra incorporación.
La Política Pesquera Común guarda gran afinidad con la PAC y contienen cuatro puntos básicos:


  1. Política de conservación de recursos: con este fin se establecen las Tarifas Anuales de Capturas, base para la asignación de cuotas a los países miembros.




  1. Política estructural: orientada a la mejora de las estructuras pesqueras, de la industria transformadora y de los equipamientos portuarios, trata de ajustar la flota a las disponibilidades de pesca.




  1. Organización Común de Mercados (OCM): tiene una gran similitud con la agraria y está encaminada a establecer y garantizar rentas equitativas a los pescadores, y precios razonables a los consumidores.




  1. Política de acceso a los caladeros exteriores: se realiza mediante acuerdos de diversa naturaleza con terceros países para que los buques de los países comunitarios puedan pescar en sus respectivos caladeros.


España promovió numerosas iniciativas y alcanzó importantes logros, particularmente subvenciones que permitieron la construcción de un millar de buques nuevos y la reconversión de más de dos mil, con una inversión cercana a los 1200 millones de euros. Con todo, el logro más importante fue el acortamiento del periodo transitorio, que concluyó en el año 1996, lo cual facilitaba la plena integración en la Europa Azul, el acceso a caladeros europeos antes prohibidos y la negociación con otros países.
La pesca hoy. Su desigual significado territorial.
El sector pesquero español ha podido sobrevivir a décadas de incertidumbres, conflictos y problemas por lo arraigado de la pesca en las regiones litorales, la importancia social y económica del recurso, etc.


  1. La flota ha experimentado una enorme transformación y hoy se halla en la vanguardia de las tecnologías en lo que se refiere a sistemas de navegación, adelantos náuticos, etc. Algunos buques son auténticas factorías; coexiste, no obstante, con una flota tradicional de bajura, cuya actividad resulta cada vez más difícil por su falta de competitividad y por lo esquilmado de nuestros mares.




  1. Los lugares de pesca han variado, tanto en naturaleza como en ubicación, pues hoy se pesca en aguas de aprovechamiento económico pertenecientes a otros países y a distancias considerables de los puertos de partida, hasta en los océanos Índico y Pacífico.




  1. El volumen de pesca desembarcada ha decrecido, con relación al de hace 25 años, a consecuencia de las limitaciones impuestas a la flota, la reducción de la misma y las cláusulas contenidas en los convenios internacionales.




  1. El desarrollo de la investigación en el sector ha permitido la explotación de nuevas especies y pesquerías, la localización de bancos de pesca, nuevos conocimientos de biología marina y la protección de especies, etc. Uno de los aspectos a destacar es el desarrollo de la acuicultura, verdadera alternativa de futuro que ya produce una cantidad importante de peces y moluscos.


Necesidades del sector pesquero actual:
Es necesario proteger nuestros escasos recursos, evitar el consumo de maduros, así como la pesca en zonas biológicamente sensibles, al tiempo que se fomenta el progreso tecnológico para capturar nuevas especies de valor comercial y se trata de mantener el empleo industrial y la cooperación con terceros países.
Con estas perspectivas, las regiones pesqueras españolas han variado su significado tradicional, incluso los puerros, entre los que hoy destacan: Bermeo (Vizcaya), Vigo, Huelva, Algeciras (Cádiz), etc.

Del mismo modo, ha variado el significado económico y las repercusiones sociales de la actividad pesquera, que gravita hoy sobre el Atlántico en detrimento del Mediterráneo.


  1. Galicia conserva su primacía pesquera en España, pues aporta un tercio de las capturas y casi la mitad del empleo pesquero. Ha seguido una evolución paralela a la del resto de España, con una reducción notable de la pesca desembarcada y numerosos conflictos. Participa, junto con la flota cantábrica, de la pesca en aguas adyacentes (sardina, merluza), en los caladeros comunitarios del Atlántico (atún, pez espada) y en aguas muy alejadas (fletán, bacalao, atún), pues dispone de una excelente flota.




  1. En Andalucía, la pesca de bajura tiene más importancia social que económica. La flota se aproxima a los 3000 barcos con un fuerte componente artesanal y un marcado carácter de actividad a tiempo parcial. Se pesca en el litoral, en aguas de Marruecos, de Portugal y en caladeros del Atlántico suroriental. En conjunto, ha experimentado una trayectoria descendente por la disminución de las capturas en un mar sobreexplotado y por la dificultad de acceso a aguas ajenas. La provincia con mayor importancia pesquera es Huelva, seguida de Algeciras.




  1. El litoral mediterráneo, en el que la pesca de especies como la bacaladilla o el salmonete ha sido muy considerable, se ha llegado a unos niveles mínimos por el agotamiento de las pesquerías. La flota está obsoleta, la pesca es muy tradicional y el Mediterráneo, un mar preocupante por el estado de conservación de sus recursos.




  1. La pesca canaria tuvo su edad de oro entre los años 1961 y 1980. su significación pesquera radicó en la explotación del banco sahariano, muy favorecido por la corriente de Canarias. El cambio de coyuntura en el mar le privó de los caladeros tradicionales y convirtió sus puertos en base de operaciones de las flotas del Atlántico suroriental.



Tema 15: La industria en España: Características generales y distribución territorial.
ANTECENTENTES DE LA INDUSTRIALIZACIÓN ESPAÑOLA EN LA EDAD CONTEMPORÁNEA

La industrialización se enmarca en el contexto general de la denominada Revolución Industrial. Con relación a los países europeos más avanzados, la industrialización española fue un proceso discontinuo, marchó con retraso y estuvo muy polarizada en torno a los núcleos iniciales.

Los antecedentes de la industrialización.

Desde finales del siglo XVIII, ilustrados y reformistas alzaron su voz a favor del desarrollo y de la industrialización del país. España reunía unas condiciones favorables para la implantación de la actividad industrial moderna, pues contaba con una producción artesanal diversa y rica, con las Reales Fábricas, con recursos minerales suficientes para el abastecimiento en cantidad y calidad de la industria nacional, con materias primas minerales y de origen orgánico, etc. Como factores negativos para la instauración de los nuevos sistemas industriales acusaba los problemas de la insuficiencia energética (carbón), la escasez de recursos tecnológicos y humanos, una excesiva mentalidad rural, la ausencia de mercado interior, etc.

Con todo, y pese a que la nación vivió avatares tan perjudiciales para la naciente industria como la guerra de la Independencia, la emancipación de las colonias americanas o las guerras carlistas, en la primera mitad del siglo XIX tuvieron lugar algunos hechos importantes para la industrialización, como la construcción de los altos hornos en 1832 en Marbella, Málaga, Barcelona fábricas textiles de Cataluña.

Los inicios del despegue industrial.

En la segunda mitad del siglo XIX se consolidó en Europa la Revolución Industrial. En España, la industrialización avanzó hasta alcanzar cotas de importancia, pero evidenció un notable retraso con relación a los países europeos y una gran dependencia tecnológica y financiera de los mismos.

Junto a la industria siderúrgica y textil, quizá el logro más importante fuese el tendido de una amplia red ferroviaria que en 1865 alcanzaba ya los 4663 Km, aunque en su mayor parte eran ferrocarriles construidos por empresas y capital extranjero e, incluso, con material importado, pues nuestra industria tenía una capacidad de producción muy limitada.

La red de ferrocarriles estuvo al servicio de la explotación minera de nuestro subsuelo, también protagonizada por empresas de nacionalidad británica, francesa, belga, etc., que gozaron de las facilidades de acceso a la explotación minera que les confirió la Ley de Bases de la Minería, promulgada en 1868. Como quiera que esta ley permitía las concesiones mineras a perpetuidad-y, además, coincidió en el tiempo con la legislación desamortizadora-, por analogía esta ley se ha calificado como de desamortización del subsuelo.

Ni que decir tiene que las facilidades comentadas permitieron una explotación intensísima de nuestras minas en beneficio de la industria europea. España, que era el paraíso de los minerales metálicos, se convirtió en país exportador de materias primas minerales, quedando a merced de intereses ajenos y sin capacidad para aprovechar su riqueza mineral en beneficio propio.

España era el primer país productor de hierro, que se exportaba en su mayor parte a Gran Bretaña desde el puerto de Bilbao. Los barcos que lo transportaban volvían vacíos, pero lo que pronto aprovecharon el flete de retorno para trasladar hasta el puerto de origen el carbón que precisaba la industria siderúrgica vizcaína. Esta facilidad para el abastecimiento de energía y la proximidad de los yacimientos de hierro hicieron florecer la industria siderúrgica vasca en detrimento de los núcleos siderúrgicos de otros lugares como el Bierzo (León), Málaga o Asturias, que en adelante no pudieron hacer frente a la competencia bilbaína.

La industrialización española avanzó bajo el signo del proteccionismo y a un ritmo lento y plagado de discontinuidades. A ello contribuyó el acusado fondo rural del país, el impacto de la desamortización civil, la ausencia de una burguesía emprendedora, la debilidad del mercado interior, etc., así como la incapacidad tecnológica y la situación de España como país periférico respecto a la Europa industrial a la que se exportaban materias primas y de la que se importaba capital de bienes de equipo.

La producción industrial española estuvo muy orientada hacia los bienes de consumo y sustentada, en gran mediad, en las industrias siderúrgica, metalúrgica y textil.

El mapa industrial comenzó a adquirir unos trazaos nítidos en los que ya se advertía la polarización en torno a Vizcaya, Barcelona y Madrid, y en otros puntos del interior peninsular que desarrollaban una industria de base agraria.

El crecimiento industrial hasta la Guerra Civil.

Durante el primer tercio del siglo XX, la industria española se afianzó notablemente gracias a la protección arancelaria y se consolidaron sectores industriales como el metalúrgico, el textil o el químico, impulsados por el crecimiento de la demanda y la consolidación del mercado interior.

El proceso de industrializadón conoció los efectos positivos de la repatriación de capitales tras la pérdida de las colonias, de una mentalidad más emprendedora y de los beneficios comerciales derivados de la Primera Guerra Mundial.

A pesar de que continuó la explotación minera por parte de las empresas europeas, la Primera Guerra Mundial permitió el incremento de las exportaciones agrarias industriales a los países contendientes, lo que repercutió en una capitalización muy provechosa para nuestra industria; la productividad industrial mejoró y se dio un considerable impulso a la construcción de obras públicas durante la dictadura de Primo de Rivera, particularmente de carreteras, que resultó fundamental para la conexión de los mercados interiores.

En este periodo, las empresas extranjeras abandonaron la explotación de las agotadas minas españolas, y pese a los indudables progresos, la industria española seguía acusando el retraso y la dependencia de Europa. El mapa industrial se consolidó sobre el germen de los focos anteriores, de modo que empezaron a manifestarse los desequilibrios territoriales que alcanzarían su plenitud en las décadas posteriores.

La reconstrucción industrial de la posguerra.

La Guerra Civil truncó la fase expansiva de la industria española. A su término hubo que afrontar la reconstrucción, la recuperación económica y la puesta en práctica de una política industrial que viniera a resolver las graves carencias del momento, lo cual se abordó en un contexto de autarquía, es decir, de autosuficiencia económica y de aprovechamiento de los

En 1941 se creó el Instituto Nacional de Industria (INI), con una fuerte participación de capital estatal en los sectores básicos de la industria (siderurgia, naval, petroquímica).

A partir de 1950 la situación fue cambiando y se logró una cierta recuperación en los niveles de renta, mejoró la situación en la posguerra y la economía española encontró cierto alivio a partir de las negociaciones con Estados Unidos y del ingreso en la ONU. Se puso fin al aislamiento y España se integró gradualmente en la economía internacional, al tiempo que la falta de capital fue suplida por las inversiones extranjeras que comenzaron a llegar.

La nueva estructura industrial se caracterizó por la dualidad, es decir, por la existencia de un sector dominado por la gran empresa de capital público (Hunosa, Ensidesa, y demás empresas pertenecientes al INI) y orientado a bienes de equipo, y otro sector integrado por la pequeña y mediana empresa de capital privado, dedicado a las industrias de transformación y de bienes de consumo.

Desde un punto de vista espacial, la política industrial favoreció la consolidación de algunas regiones industriales en detrimento de otras; así, se polarizó claramente hacia Cataluña, País Vasco y Madrid (41,5% del empleo) en perjuicio de otras que se configuraban como áreas subdesarrolladas, las cuales comenzaban a padecer los efectos negativos de los desequilibrios y del éxodo rural.

Pero el modelo industrial acusaba graves deficiencias y se mostraba incapaz de resolver las carencias, de ahí que a partir de 1959 se abordase el desarrollo industrial y económico siguiendo las directrices del denominado Plan de Estabilización.
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