La situación y la posición geográficas de la península Ibérica




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Factores geográficos
Una serie de factores geográficos matizará, a veces con cierta intensidad, los presupuestos teóricos nacidos de la circulación atmosférica y de la localización de la Península en la fachada occidental de las latitudes medias. Los de mayor importancia son el relieve, la distancia, la apertura o el aislamiento respecto al mar.


  1. El relieve, en su doble vertiente de altitud media elevada y disposición periférica, complica las características climáticas, al introducir nuevos matices regionales e, incluso, locales.


La orientación de las montañas, en general, y de las laderas, en particular, se traduce en regímenes térmicos o pluviométricos muy diferenciados. Así, las cadenas dispuestas de forma paralela, represan el aire frío continental procedente de Europa o dificultan el paso de los flujos atlánticos procedentes del norte. Las que se disponen de manera perpendicular a los vientos dominantes provocan diferencias entre las vertientes de solana y de umbría. Y siempre el relieve provoca un aumento de las precipitaciones y una disminución de las temperaturas.
La disposición periférica del relieve hace que la Península funcione como un «pequeño continente»cuyo centro, la Meseta, será muy caluroso en la época estival y muy frío en los meses de invernales. Esta disposición explica también que la influencia dulcificadota del mar se reduzca a una estrecha franja litoral.


  1. La situación de la Península entre dos mares de características contrapuestas, el Atlántico y el Mediterráneo, aporta al clima nuevos matices, como la suavización de las temperaturas, característica de los climas marítimos.


Las precipitaciones. Distribución espacial
La pluviometría española muestra valores muy desiguales y es, en general, baja. A partir del mapa pluviométrico medio, se pueden distinguir tres grandes franjas, que corresponden a la España húmeda, la seca y la árida.


  1. La España húmeda. Es la única que recibe precipitaciones anuales abundantes, siempre superiores a los 800 litros, aunque existen puntos que superan los 2000 litros. Comprende las vertientes noroeste y norte peninsular, desarrollándose sobre una franja continua que va desde Galicia hasta Cataluña, incluyendo también las zonas montañosas de esa vertiente norte: los macizos Galaico y Cantábrico y los Pirineos. Las causas de la elevada pluviometría de estas áreas hay que buscarlas en su disposición septentrional, con la consiguiente influencia de las borrascas y de los frentes atlánticos, y en el relieve.


Fuera de estas áreas, sólo algunos núcleos aislados de la Península reciben precipitaciones totales anuales similares, conformando auténticos islotes de humedad en medio de zonas más secas. En este caso, la altitud es la causa fundamental de las abundantes precipitaciones, de ahí que su distribución esté estrechamente relacionada con las áreas montañosas de la Península: sectores de la Penibética, zonas más elevadas de la cordillera Ibérica, las sierras de Cazorla y Segura, y puntos muy localizados de los Montes de Toledo y Sierra Morena. Dentro de esta área merecen destacarse la sierra de Grazalema, la más lluviosa de España, que recibe más de 2000 litros anuales, y la sierra de Gredos , que supera ampliamente los 1500 litros.


  1. La España seca. Es un área muy amplia delimitada, por las isoyetas de 300 y 800 mm anuales, y abarca el 72% del territorio peninsular. Incluyendo las dos submesetas, los valles del Ebro y del Guadalquivir, zonas de Levante y Cataluña, y la mayor parte de los archipiélagos. Las causas de la disminución de las precipitaciones son, por un lado, el debilitamiento de los flujos atlánticos a medida que penetramos hacia el interior de la Península; y por otro, cuanto más al sur, mayor es la influencia del mundo tropical.


El paso de la España húmeda a la España seca se realiza a través de una zona de transición, delimitada por las isoyetas de 600 a 800 litros anuales, se extiende formando una aureola por la vertiente meridional de los Pirineos, la Cordillera Cantábrica y el sector occidental de ambas mesetas.


  1. La España árida. Se corresponde con aquellos lugares que reciben menos de 300 litros de precipitaciones totales anuales. Se localiza en su mayor parte en el sureste peninsular y en el flanco levantino, e incluye también algunas comarcas dispersas del interior peninsular, como las altiplanicies granadinas y el bajo Ebro.


La atonía de las precipitaciones se explica, en unos casos, por el efecto de pantalla que ejercen los relieves cercanos frente a la dirección predominante de los flujos lluviosos; en otros, por su posición interior.
Carácter y reparto estacional de las precipitaciones
El carácter de las precipitaciones cambia también de un lugar a otro. Así, en la España húmeda, las precipitaciones caen durante muchos días a lo largo de todo el año- unos 150 días- y por eso son, por lo general, finas y persistentes. En cambio, en las zonas secas y áridas, el número de días de lluvia desciende de manera considerable-75 y 25 días al año, respectivamente-, por lo que las precipitaciones caen en forma de violentos aguaceros.

Tan importante como el número de días de precipitación es su régimen estacional, es decir, su reparto a lo largo de las estaciones del año. Los principales regímenes pluviométricos son tres: el máximo de invierno se corresponde con la franja más próxima al océano abierto, esto es, todo el sector occidental de la Península; el interior y la mitad oriental se caracterizan por la existencia de dos máximos, uno en otoño y otro en primavera; por último, en zonas muy localizadas del interior, algunas áreas presentan precipitaciones estivales superiores a las de invierno.
La distribución espacial de las temperaturas medias anuales
Una primera aproximación a la diversidad de las temperaturas puede venir del análisis del mapa que recoge las temperaturas medias anuales. En el mismo se aprecia una serie de contrastes que hay que destacar.


  • La latitud es la principal responsable de que las temperaturas medias aumenten de norte a sur. La costa cantábrica es la más fresca, con medias termicas inferiores a los 15º C. En el resto de la Península, las temperaturas medias superan los 15º C y en el valle bajo de Guadalquivir se aproxima a los 20º C. En una situación intermedia se situarían las dos sbmesetas y las tierras extremeñas.

  • La influencia marítima se aprecia en la mitad occidental de la Península, donde las temperaturas son más frescas que en las áreas cercanas al Mediterráneo. Ésta es también la causante de las elevadas temperaturas alcanzadas en la costa mediterránea.

  • La altitud y la disposición del relieve hacen que en el interior peninsular las isotermas se ajusten a las curvas de nivel con bastante fidelidad, de tal modo que los puntos más fríos coinciden con las áreas más elevadas de Península.


La amplitud térmica y los contrates estacionales
Si analizamos el mapa con las amplitudes térmicas, podrían añadirse nuevos matices y quedarían así patentes las modificaciones que sufren las temperaturas a causa de la continentalidad.
Aunque las temperaturas medias anuales de la costa y las del interior no difieren en exceso, sí lo hacen las amplitudes térmicas, que nos alejamos del litoral. Los valores más altos se corresponden con las submesetas norte y sur- de 20 a 21º C y de 17 a 21º C, respectivamente-, seguidas del valle del Ebro y de las campiñas béticas. Las causas habría que buscarlas en la escasa influencia marítima de estas zonas. El resultado será un fuerte enfriamiento del aire en invierno y un notable recalentamiento en la estación estival.
En la periferia marítima, se observa una relativa uniformidad pese a la oposición existente entre las costas cántabro-atlánticas y las mediterráneas. En las primeras, con valores en torno a los 10º C, la influencia atlántica origina inviernos suaves y veranos frescos .En las segundas, los valores son más elevados, como lo demuestran Cataluña y Valencia, con 15º C, y la Costa del Sol, con 13º C; en estos últimos casos, la influencia marítima se refleja en los cálidos inviernos, mientras que los veranos calurosos son una consecuencia de la mayor temperatura del agua del Mediterráneo y de las invasiones de aire cálido del norte de África.
Los índices de aridez
La aridez, o falta de agua para las plantas, el consumo humano y el consuma animal, es un hecho geográfico de primera importancia en España, país donde las irregulares precipitaciones, la fuerte insolación y las elevadas temperaturas máximas originan que tres cuartas partes de su territorio se caractericen por la atonía o escasez de precipitaciones estivales. La aridez depende de las temperaturas y de las precipitaciones, y es un hecho de fundamental importancia en el desenvolvimiento de las actividades humanas, ya que influye sobre la actividad agraria y da lugar a la aparición de paisajes vegetales específicos.
Su análisis se realizara a través de índices, siendo los más conocidos el de Bagnouls-Gaussen y el de Thornthwaite. El de Bagnouls-Gaussen tiene como único objetivo la confección de curvas ombrotérmicas: son meses áridos aquellos en los que el total de precipitaciones sea igual o inferior a dos veces su temperatura media. La confección del diagrama ombrotérmico con escasas apropiadas da lugar a una apreciación directa de los meses áridos.
El de Thornthwaite es algo más complejo y se basa en las relaciones entre la evapotranspiración, las precipitaciones y la absorción del suelo.


Tema 5: Los dominios climáticos de España: matices regionales.
Dos son los dominios climáticos esenciales de la Península: el templado-cálido o mediterráneo y el templado-frío.
Los climas templados
Se dan en el extremo septentrional y en el centro de España y su temperatura media anual es inferior a 15º C. Podemos establecer dos subtipos: el clima oceánico y el clima continental.
El clima oceánico se extiende por la zona norte, desde Galicia hasta el Pirineo occidental, sometida a la influencia directa del jet stream y del frente polar, y ampliamente abierta al Atlántico. Se caracteriza por sus elevadas precipitaciones anuales, siempre superiores a los 800 mm. La temperatura media anual oscila entre 13º y 14º C y al estar todo el año sobre la influencia de los flujos marítimos, las oscilaciones térmicas son muy débiles, con inviernos templados y veranos frescos.
A medida que se penetra en el interior, las precipitaciones descienden, la estación seca se acusa y el invierno se vuelve más frío. Se desarrolla entonces el clima continental, es decir, el clima de la España interior, que afecta a casi dos tercios del territorio peninsular. En esta amplia zona, las precipitaciones son débiles-siempre inferiores a 600 mm- y descienden de norte a sur y de oeste a este; el invierno puede ser seco, debido a la formación de anticiclones fríos de origen térmico, y, en verano, las temperaturas pueden favorecer la formación de lluvias de convección.
Las temperaturas medias anuales oscilan entre 10º y 14º C y la amplitud térmica es muy elevada como consecuencia del frío invernal y del recalentamiento estival. De uno a seis meses las temperaturas medias no superan los 6º C y las heladas son abundantes. Las causas de estos caracteres térmicos hay que buscarlas en la atenuación de la influencia marítima, bien por la lejanía del mar, bien por la existencia de sistemas montañosos que obstaculizan la llegada de los flujos marítimos.

Los climas mediterráneos
Sus rasgos esenciales son la existencia de un verano seco y caluroso, y de una estación húmeda que puede ser el invierno, la primavera o el otoño. Las precipitaciones son escasa e irregulares, siempre inferiores a los 800 mm, y la temperatura media anual es siempre superior a los 15º C. La cercanía o la lejanía del mar y la posición respecto a las borrascas del frente polar explican la gran diversidad de subtipos.


  1. El clima mediterráneo oceánico se extiende por el golfo de Cádiz y las comarcas próximas, desde Tarifa hasta la frontera portuguesa. La gran humedad ambiental es su característica más acusada, aunque las precipitaciones no son muy elevadas, ya que oscilan entre los 700 y los 500 mm anuales, y son de origen frontal; sin embargo, en ocasiones, la presencia de obstáculos montañosos cercanos a la costa, como ocurre en la provincia de Cádiz, favorece el aumento de lluvias. Las temperaturas son suaves-entre 17 y 19º C de media anual-, con inviernos cálidos y veranos no muy calurosos. Es la zona española de mayor insolación anual, supera las 3000 horas; en el observatorio de San Fernando (Cádiz) se alcanza las 3200 horas.




  1. El clima mediterráneo continental se extiende desde los cursos bajo y medio del Guadalquivir hasta el límite con la provincia de Jaén, es decir, por Huelva, Cádiz, Sevilla, Málaga y Córdoba. Las precipitaciones anuales oscilan entre los 700 y los300 litros anuales, con máximos en primavera y en otoño, aunque ciertos puntos bien orientados hacia las masas de aire procedentes del Atlántico superan los 700 litros.


Las temperaturas, más elevadas en el valle del Guadalquivir, descienden a medida que se acentúa la continentalidad, dando lugar a una temperatura media anual elevada, entre 17 y18 º C, y a un invierno fresco, de 9º C de media, sin heladas. El verano es el más cálido de España, en julio y agosto se supera la media de 30º C
Este subtipo climático se prolonga por las altiplanicies de Andalucía oriental y el surco intrabético, pero, en este caso, la ya considerable distancia del océano Atlántico, de donde proceden las masas de aire húmedo, hace que las precipitaciones sean escasas, entre 300 y 600 litros anuales. La continuidad y, sobre todo, la considerable altura media de la zona, originan un medio ecológico hostil, caracterizado por una baja temperatura media anual (entre 13 y 15º C), un invierno muy largo y frío con fuertes heladas, un verano cálido y prolongado, y la tendencia a acortarse las estaciones intermedias de primavera y otoño


  1. El clima mediterráneo subtropical es propio de la costa mediterránea andaluza, desde Adra (Almería) hasta Gibraltar. Las precipitaciones son relativamente abundantes en el oeste, cercanas a los 900 mm y diminuyen poco a poco hacia el este, donde se sitúan en torno a los 400 mm. La influencia del Mediterráneo hace que el invierno sea cálido (12º C); además, las cordilleras béticas hacen de escudo protector frente a las llamadas “nortadas”el aire frío procedente del norte, justificando la denominación de Costa del Sol con la que se conoce a esta región. En cambio, el verano es caluroso, debido al fuerte recalentamiento del Mediterráneo, como consecuencia de sus reducidas dimensiones, y a la temperatura media anual, relativamente alta (19º C).



  1. El clima subdesértico impera en el litoral sureste, entre Balerma (Almería) y Torrevieja (Alicante), incluye, pues parte de las provincias de Murcia, Almería y Alicante. La característica esencial es la escasez de precipitaciones anuales, siempre inferiores a los 300mm debido al efecto de pantalla que ejerce la cordillera Penibética sobre las borrascas. Los máximos pluviométricos se producen en otoño y en primavera, pues las precipitaciones suelen estar ligadas a situaciones de gota fría. La temperatura media anual es la más elevada de Andalucía y de la Península (21º C); el invierno es templado, presentando valores entre 11 y 13º C, y el verano muy cálido (26º C), ya que es una zona expuesta a la llegada de masas de aire del continente africano. La insolación anual es grande y las heladas, escasas.




  1. El clima mediterráneo levantino-balear abarca la región valenciana, Tarragona y Baleares. En las dos primeras regiones, las precipitaciones oscilan entre los 400 y los 700litros, con un máximo de otoño, pues en invierno la cercana cordillera Ibérica ejerce de pantalla frente a los flujos húmedos procedentes del oeste. La temperatura media anual es suave (16º C) y la amplitud térmica, moderada, pues oscila entre los 13 y los 15º C.




  1. El clima mediterráneo catalán es propio de la franja costera comprendida entre la desembocadura del Ebro y los Pirineos. Las precipitaciones son bastante abundantes, oscilan entre los 500 y los 900 litros anuales; es más, apenas existe sequedad estival. Las temperaturas son suaves y la amplitud térmica, moderada o baja, situándose entre los 13 y los 18º C, hechos explicables por la influencia dulcificadota del mar.
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