La situación y la posición geográficas de la península Ibérica




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La distribución espacial
La natalidad y la fecundidad se han reducido en todas las comunidades autónomas, aunque sigue habiendo diferencias regionales. Tanto si usamos la tasa de natalidad como el índice sintético de fecundidad, las regiones meridionales e insulares son las que poseen las mayores tasas e índices, seguidas por las regiones económicamente más desarrolladas. Las comunidades del centro y del norte peninsular presentan las tasas más bajas.

En 2001, las comunidades con tasas de natalidad superiores al 10% eran Andalucía, Baleares, Canarias, Cataluña, Comunidad Valenciana, Madrid, Murcia y Navarra; en cambio, los valores más bajos, por debajo del 8%, los tenían Asturias, Castilla-León y Galicia. En cuanto al índice sintético de fecundidad, sólo la Región de Murcia rebasaba ligeramente la cifra de 1,5 hijos por mujer en 2001.

La mortalidad
Evolución de la mortalidad
La mortalidad es el fenómeno relacionado con el fallecimiento de los miembros de una población.
Hasta finales del siglo XIX la población española se caracterizaba por las altas tasas de mortalidad y la baja esperanza de vida. En la actualidad, la tasa bruta de mortalidad se encuentra en torno al 8,5 por mil, un nivel a partir del cual resulta ya muy difícil seguir bajando.
La mortalidad infantil ha seguido una trayectoria muy similar. A principios del siglo XX, el valor de la tasa estaba en el 181 por mil y el descenso se precipitó en la década de los 1940 y 1950; en los años 1970 se alcanzaban ya unas tasas del 24 por mil. En las últimas décadas continuó bajando y hoy se encuentra en torno a un 6,0 por mil, un nivel similar al de los países con tasas de mortalidad más bajas.
La esperanza de vida al nacer evolucionó también a valores muy positivos a lo largo del siglo XX a causa del descenso de la mortalidad. A principios de ese siglo se encontraba en torno a los 35 años y en la actualidad es de unos 78 años.
Especialmente significativo ha sido el aumento de la esperanza media de vida de la mujer, que ha pasado de los 35 años en 1900 a los 82,4 que presenta hoy. La diferencia con la esperanza media de vida de los hombres es de unos 7 años.
Causas del comportamiento de la mortalidad
Causas exógenas:
En el pasado, cuando dominaba la mortalidad catastrófica, las causas se debían a crisis de subsistencia, hambrunas, epidemias, guerras, etc., que con su aparición cíclica mantenían estancada a la población, pese a las elevadas tasas de natalidad.
Causas endógenas:
En la actualidad, las causas de muerte se relacionan con las enfermedades degenerativas en edades avanzadas y con las enfermedades sociales o propias del modo de vida de la sociedad actual; destacan las enfermedades del aparato circulatorio y digestivo y las muertes violentas (accidentes de circulación, asesinatos, suicidios, etc.). Por tanto, las causas predominantes de mortalidad en nuestro país se pueden resumir bastante bien con las famosas «tres ces» (corazón, cáncer y carretera). La mortalidad se concentra en aquellos estratos de población de edades más avanzadas y más entre los hombres que entre las mujeres.
Factores explicativos del descenso de la mortalidad
Los factores explicativos del descenso de la mortalidad son:



  1. Avances médicos.




  1. Mejora de los recursos sociales, sobre todo de la alimentación.




  1. Mejora de la salud de la población.


Distribución espacial de la mortalidad en España
Por comunidades autónomas:
En la actualidad, las comunidades con una tasa de mortalidad más alta son: Asturias, Aragón, Baleares y Galicia; en cambio, las tasas más bajas corresponden a Canarias, Madrid, Región de Murcia, Andalucía y Cataluña; sin embargo, utilizando el indicador de la esperanza media de vida, las regiones del norte presentan índices más positivos que las del sur.
Diferencias entra las áreas rurales y las áreas urbanas:
La oposición espacial se presenta también entre áreas rurales y urbanas como consecuencia de los diferentes modos de vida, la desigualdad en el acceso a la sanidad, la educación y el nivel de bienestar.

El crecimiento natural
El crecimiento natural de la población es el mecanismo que regula los cambios en el volumen de una población a partir del comportamiento que experimentan la natalidad y la mortalidad.
Fases del crecimiento natural
El crecimiento natural ha tenido una tendencia positiva desde finales del siglo XIX, debido al continuo descenso de la mortalidad y a la más lenta reducción de la natalidad. No obstante, se pueden establecer diferentes etapas:


  1. 1850-1900: Se produce una evolución irregular del crecimiento natural, motivada, sobre todo, por la mortalidad epidémica.




  1. 1900-1950: Las tasas de crecimiento se mantienen más altas que en el periodo anterior, como consecuencia del descenso de la mortalidad ordinaria y del mantenimiento de unas tasas de natalidad altas. Los dos puntos de inflexión vendrán marcados por la epidemia de gripe de 1918 y la mortalidad provocada por la Guerra Civil.




  1. 1950-1970: Es el periodo de mayor crecimiento natural, fruta de una mortalidad que ha llegado a sus valores más bajos y de una natalidad que se mantiene bastante elevada, superior al 20 por mil.




  1. A partir de la década de 1970: El crecimiento natural inició su descenso en esta época, a raíz de la caída de la fecundidad y de un incremento de las tasas de mortalidad; esta caída ha tenido lugar de manera muy brusca. En consecuencia, se ha producido una fuerte reducción de la tasa de crecimiento natural en un corto periodo de tiempo, pasando del 1,1% en 1977 al 0,2% en 1999. en los últimos años se ha iniciado una tímida recuperación.


Razones del cambio en el crecimiento natural
Para poder explicar la evolución de la natalidad y la mortalidad se ha formulado la llamada teoría de la transición demográfica. Esta teoría describe el paso del antiguo sistema demográfico, caracterizado por las elevadas tasas de natalidad y mortalidad, que originaban un lento crecimiento, a un sistema demográfico moderno de nuevo equilibrio, con un lento crecimiento, pero ahora debido a unas tasas de natalidad y mortalidad reducidas. Entre ambos periodos tendría lugar una fase de transición de elevada crecimiento, consecuencia de un descenso de la mortalidad anterior al de la natalidad.
Las causas de la transición demográfica se han relacionado con los procesos de modernización social, cultural y, sobre todo, económica.
La transición demográfica española presenta una cierta singularidad con respecto al resto de los países europeos, que se concreta en la parición mucho más tardía de la reducción de las tasas de mortalidad y natalidad; por ello, la época de máximo crecimiento de la población española se retrasó casi un siglo con respecto a algunos países europeos.
El comportamiento del movimiento natural presenta también diferencias regionales: su rasgo más destacado es la oposición entre unas comunidades que mantienen incrementos positivos (Canarias, Madrid, Murcia y Andalucía) frente a otras con incrementos muy débiles o negativos.

Tema 9: Los movimientos migratorios en España y sus repercusiones territoriales.
Un aspecto destacado de la población española es su movilidad hacia oros países de África, América o Europa; en épocas más recientes, por el trasvase de población de unas regiones a otras, o de áreas rurales a urbanas.
Las razones que mueven a las personas a desplazarse pueden ser muy diversas. Por ello, se alude a un contexto económico-social. En general, se está de acuerdo en que existe una motivación económica: la búsqueda de un empleo en otro lugar, que permita mejorar la situación económica y, en consecuencia, las condiciones de calidad de vida y bienestar social. Además, cada etapa presenta sus propias características en cuanto a condiciones sociales, económicas o políticas que influyen en el proceso.
En la historia de España, los movimientos migratorios se pueden analizar en tres grandes apartados:

  1. Las migraciones exteriores




  1. La emigración al norte de África fue importante durante el siglo XIX. El principal país destinatario fue Argelia y los emigrantes procedían de las provincias de Alicante, Murcia y Almería; eran agricultores y mineros que abandonaron sus lugares de origen por las duras condiciones de vida. El empleo de los españoles en Argelia se centró en las obras públicas y en la agricultura.




  1. La emigración a ultramar fue importante durante la primera mitad del siglo XX. Los países de destino fueron Argentina, Cuba, Brasil, México y Uruguay y, más tarde, Estados Unidos y Canadá. Estuvo protagonizada por campesinos gallegos, asturianos y canarios de escasos recursos. La emigración a Latinoamérica se prolongó hasta los años 1930, época en la que la crisis económica obligó a esos países a poner restricciones a la entrada de extranjeros.




  1. La emigración a Europa fue muy importante entre los años 1960 y 1970.


Durante la primera mitad del siglo XX, la emigración española a Europa tuvo como país casi exclusivo a Francia. Fue una corriente de agricultores levantinos que acudían a satisfacer las necesidades de mano de obra del campo francés y que se incrementó con los españoles que se vieron obligados a emigrar a causa de la Guerra Civil; así, la presencia de españoles en Francia a comienzos de la Segunda Guerra Mundial se estima en unas 800000 personas.
La finalización de la Segunda Guerra Mundial y el periodo de reconstrucción que se inicia en los países contendientes, marcará una nueva fase en la emigración de españoles a Europa. La necesidad de mano de obra en países como Francia, Alemania o Suiza, junto con el excedente demográfico y las deficientes condiciones económicas y sociales reinantes en España, fueron los factores que impulsaron las nuevas oleadas de emigrantes hacia Europa.
La década de los años 1960-1969 conoce el mayor número de salidas, llegándose a superar en algunos años la cifra de 100000 emigrantes. Desde 1974, la salida de emigrantes se hace mucho más débil lo que motivará que el balance migratorio a partir de entonces sea negativo o escasamente positivo.
En esta emigración a Europa, las comunidades que más efectivos aportaron fueron Andalucía y Galicia.
Consecuencias de las migraciones exteriores
Entre los efectos positivos de las migraciones se cuentan:


  • La reducción de la presión en el mercado laboral: gracias a la emigración se alivió el volumen de la población en paro.




  • El alivio de la presión demográfica: se estima que salieron unos dos millones de personas, lo que contribuiría a aminorar las tasas de fecundidad.




  • La entrada de divisas.


Entre las repercusiones negativas destacan:


  • Los costes demográficos que supuso la pérdida de población joven en las regiones migratorias, que provocaría el envejecimiento de la población y la caída de la fecundidad.




  • Los costes sociales no fueron menores: ruptura familiar en la mayoría de los casos por ser sólo el cabeza de familia el que emigraba, difícil adaptación en el país de destino debido al bajo nivel cultural del emigrante, empleo en trabajos duros y mal remunerados, con elevado nivel de peligrosidad, etc.




  • Los ahorros de los emigrantes no servirán para regenerar riqueza, al se invertidos de forma mayoritaria en bienes inmuebles o gastados en bienes de consumo.




  • Los costes económicos se harán patentes en el despoblamiento de las áreas de origen, con el consecuente abandono de las tierras y de las infraestructuras, la disminución de las poblaciones, etc.



  1. Las migraciones interiores.


El desplazamiento de personas entre las distintas provincias y regiones de España, desde las áreas rurales a las urbanas, es uno de los fenómenos geodemográficos de mayor importancia de los últimos tiempos.
El proceso de industrialización y urbanización será el causante de las migraciones interiores, que se desarrolla en España con toda su intensidad entre los años 1960 y 1970.
Evolución histórica
Las migraciones interiores presentan dos etapas: la primera transcurre desde el siglo XIX hasta 1950; la segunda, desde esa fecha hasta el presente.


  1. Desde el siglo XIX hasta la primera mitad del siglo XX, la cuantía de estos desplazamientos no fue grande; no obstante, la industrialización de Barcelona y el País Vasco y las obras públicas iniciadas en otras grandes ciudades durante la dictadura de Primo de Rivera intensificaron las migraciones interiores, pero la Guerra civil y los años de posguerra hicieron disminuir los desplazamientos.


Las zonas migratorias pertenecían a Galicia, las dos Castillas, Aragón y Andalucía oriental, mientras que las receptoras de emigrantes fueron Cataluña, Levante, el País Vasco, Andalucía occidental (Sevilla) y Madrid.


  1. En los años 1960 y 1970 se producen importantes migraciones interiores. Se calcula que entre 1960 y 1985 unos 12 millones de personas emigraron d su lugar de origen. Durante esos 25 años, la media fue de más de 360000 emigrantes anuales.


Las provincias más beneficiadas por la afluencia de emigrantes fueron Madrid, Barcelona y Valencia, a las que siguieron Vizcaya, Girona, Tarragona, Alicante y Sevilla, las regiones generadoras de emigrantes fueron Extremadura, Castilla-La Mancha y Andalucía oriental.
Nuevas tendencias
En los últimos años, las migraciones interiores han variado en intensidad y comportamiento geográfico. Estas son las novedades más sobresalientes:


  • La progresiva ampliación de las provincias con saldos migratorios positivos y la pérdida de la polarización en los lugares de destino que presentaba anteriormente el fenómeno migratorio.




  • La reconversión de áreas tradicionalmente de inmigración en áreas de emigración, debido a la salida de antiguos emigrantes; son los llamados «emigrantes retornados».




  • El éxodo rural es sustituido por desplazamientos de población entre los diferentes centros urbanos.




  • Vería también el tipo de emigrante: el actual pertenece de forma mayoritaria al sector servicios.


Consecuencias de las migraciones interiores
Las repercusiones de las migraciones interiores se dejan sentir especialmente en los planos demográfico, social y económico.


  1. Para las zonas que actúan como focos de atracción, los emigrantes suponen un cambio positivo sobre el crecimiento real, la estructura demográfica y la dinámica natural. Los emigrantes se convierten en la base del crecimiento demográfico de muchas áreas urbanas, tanto por el aporte directo que suponen como por su repercusión sobre la fecundidad, al ser una población mayoritariamente joven. Así, la estructura por edad se ve rejuvenecida; la población activa, incrementada, y la natalidad y la fecundidad, revitalizadas. En el plano social, el aporte de nuevos contingentes es considerado como un factor que acentúa la riqueza y la diversidad cultural; en el plano económico, se produce una mejora en la oferta de mano de obra y una mayor concentración de recursos humanos.


Pero también las zonas de inmigración se ven obligadas a asumir nuevos costes para satisfacer las demandas de una población en crecimiento: nuevos equipamientos e infraestructuras, mayor número de viviendas, etcétera.


  1. Las zonas de emisión de emigrantes sufren repercusiones de carácter más negativo que positivo. Demográficamente, se produce un descenso de la población, el envejecimiento de su estructura y la caída de la fecundidad; en el plano económico, un empobrecimiento de los recursos humanos y una reducción de las actividades económicas. La emigración supone una mejora de la renta para los que permanecen.


Globalmente, las migraciones interiores han sido las causantes de fuertes desequilibrios en la distribución de la población; en consecuencia, han propiciado la aparición de zonas de fuerte concentración poblacional frente a la desertización demográfica de otras.

3. Inmigración de extranjeros en España
España ha pasado a ser un país de inmigración. Se tienen datos de la inmigración de carácter legal, pero se desconoce la inmigración irregular o ilegal en su auténtica dimensión.
Durante los últimos treinta años, los extranjeros residentes legalmente en España han pasado de 65000 a 400000. Entre 1989 y 1998, el crecimiento ha sido muy rápido, aunque apenas presenta el 1% de la población total española, porcentaje inferior al de otros países de la UE.
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