8 origen y formaci ón de los grupos




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Figura 8.2. Evaluación del rendimiento en tareas que son (o no) importantes para uno.

El desarrollo y la socialización hay que contemplarlos como procesos complementarios. El primero considera al grupo como un todo que atraviesa diferentes fases o estadios, mientras que el segundo se centra en la evolución de las relaciones entre los miembros y el grupo. Considerar sólo el desarrollo grupal es no reconocer que los sujetos pasan por distintas fases en su pertenencia grupal, ignorar que los integrantes del grupo pueden encontrarse en diferentes fases de su pertenencia en un momento dado y no tener en cuenta que los procesos de desarrollo de grupo pueden variar en función de estas fases (Levine y Moreland, 1994). A la inversa, considerar sólo la socialización es abandonar la perspectiva integradora que considera al grupo como un todo y que ha de presidir todo análisis grupal. Veamos estos dos procesos.

El desarrollo y la socialización hay que contemplarlos como procesos complementarios. El primero considera al grupo como un todo que atraviesa diferentes fases o estadios, mientras que el segundo se centra en la evolución de las relaciones entre los miembros y el grupo. Considerar sólo el desarrollo grupal es no reconocer que los sujetos pasan por distintas fases en su pertenencia grupal, ignorar que los integrantes del grupo pueden encontrarse en diferentes fases de su pertenencia en un momento dado y no tener en cuenta que los procesos de desarrollo de grupo pueden variar en función de estas fases (Levine y Moreland, 1994). A la inversa, considerar sólo la socialización es abandonar la perspectiva integradora que considera al grupo como un todo y que ha de presidir todo análisis grupal. Veamos estos dos procesos.

8.2. DESARROLLO GRUPAL.

Muchos han sido los autores que han tomado como tarea formular modelos para explicar el desarrollo de los grupos a lo largo del tiempo, configurándose así en una de las áreas clásicas de la investigación psicosocial sobre los grupos (Wheelan, 1994, 1999), aunque no es precisamente de las que haya adquirido un notable auge. En efecto, si nos ceñimos a los resultados del estudio bibliométrico que efectuamos durante el periodo 1970-1999 encontramos que con el término group development (desarrollo grupal) utilizado en el campo «descriptores» tan sólo nos aparece un total de 65 trabajos publicados, de los que dos aparecen en el periodo 1990-1994 y el resto, 63, en el periodo 1995-1999.

Dado que en la literatura se recoge abundantes intentos de establecer las fases o etapas que describen el desarrollo o evolución de los grupos, nosotros nos limitaremos a resumir los modelos más significativos y los recientes intentos de integración que han sido propuestos por diferentes autores.

A lo largo de las diferentes décadas nos encontramos con trabajos de revisión sobre modelos teóricos y estudios empíricos (para una explicitación de los mismos, véanse Moreland y Levine, 1982; Worchel y colaboradores, 1992; Worchel, 1996; y los números especiales de las revistas Group Decisión and Negotiation [1997, vol. 6, 3] y Small Group Research [1999, vol. 30, 1]) que tratan de agrupar los diferentes modelos según sus características. Anteriormente, otros autores también llevaron a cabo esta tarea de síntesis. Por ejemplo, Dunphy (1968), en su análisis histórico sobre desarrollo grupal, diferenció dos etapas: anterior a 1950 y posterior a 1950. La primera se caracterizaba por la presencia de dos tradiciones distintas: la psicoanalítica (que se ocuparía de los procesos afectivos e irracionales en los grupos, de la relación entre el líder y los miembros y de la interiorización de los roles) y la cognitiva (que trataría de determinar las fases en la solución eficaz de problemas en grupo y que se vería influida por el pensamiento de Dewey). El tipo de grupos estudiado por estas dos tradiciones es distinto. En la primera serían los grupos más duraderos, primarios y secundarios; en la segunda, los grupos de tarea y solución de problemas. El enfoque en ambas tradiciones es de carácter prescriptivo más que descriptivo. La segunda etapa, a partir de los años cincuenta, se caracteriza, según Dunphy, por un estudio más objetivo de los procesos de desarrollo, donde el método de observación de Bales fue decisivo.

Huici (1987e) diferenció entre modelos lineales, modelos del ciclo vital, modelos dialécticos y modelos espirales o recurrentes. Chidambaram y colaboradores (1991, 1997a, b) adoptaron el marco desarrollado por Gibbard, Hartman y Mann (1974) para clasificar algunos de estos modelos. No obstante, Chidambaram y colaboradores no ii cluyeron algunos modelos: el modelo contingente de Poole (por ejemplo, Poole y Doei-ger, 1986); el modelo de rendimiento de equipo de Drexler, Sibbet y Forrester (19911. la teoría de tiempo, interacción y rendimiento (TIP) de grupos y de desarrollo grupal de McGrath (1991), o el modelo de equilibrio interrumpido de Gersick (1988; Gersick y Hackman, 1990). Por su parte, Mennecke, Hoffer y Wynne (1992) categorizan las propuestas sobre desarrollo grupal en torno a tres modelos: modelos progresivos o o unitarios, modelos cíclicos y modelos no secuenciales.

Morgan, Salas y Glickman (1994), siguiendo un criterio de mayor parsimonia, los agrupan en modelos lineales y modelos no lineales. Esta última clasificación, a pesar de su simplificación, tiene como ventaja que presenta las dos líneas más nítidas que se han desarrollado en torno a este tópico de investigación. Esta propuesta es muy similar a la adoptada últimamente por Chidambaram y Bostrom (1997a), que divide los estudios sobre desarrollo grupal en modelos unitarios (estadios predeterminados propios de los años cincuenta a ochenta) y modelos no secuenciales. A continuación nos detendremos en estos dos modelos y terminaremos con los principales intentos de integración formulados más recientemente.

Modelos lineales

Los modelos lineales (o progresivos, según la propuesta de Mennecke y colaboradores) parten del supuesto de que los grupos se desarrollan siguiendo un orden definido de progresión a través de una serie de fases. El número de fases que se han propuesto oscila entre 2-3 (Schutz, 1967) hasta 15 (Rogers, 1976). Éste es un enfoque determinista, ya que sugiere que un grupo no puede alcanzar la madurez hasta que no haya superado todas y cada una de las fases previas. En el caso de que un grupo sea incapaz de superar una fase determinada, se predice su disolución o su ruptura definitiva.

Los modelos más claramente articulados y representativos de este enfoque son los de Bales (Bales, 1970; Bales y Strodbeck, 1971), Bennis y Shepard (1956) y Tuckman (1965; Tuckman y Jensen, 1977). El modelo de equilibrio de Bales representa la primera descripción efectiva de desarrollo de grupo que siguió a la observación de grupo directa y sistemática (McGrath, 1984). Este modelo asume que un grupo está continuamente intentando dividir sus esfuerzos entre necesidades instrumentales (relacionadas con la tarea) y expresivas (socioemocionales). Por otro lado, el grupo es un sistema que busca mantener un equilibrio entre estas dos necesidades. Cualquier perturbación desequilibra el balance hasta que fuerzas opuestas vuelvan a dar el equilibrio al sistema.

El modelo de Bales predice que siempre se seguirán tres fases: orientación, evaluación y control. La orientación representa una fase exploratoria en la que los miembros comparten la información disponible. La evaluación representa una fase en la que los miembros preguntan y reciben opiniones de otros miembros. El control representa la fase final del desarrollo de grupo y en ella los miembros ejercen control para guiar las acciones del grupo. La investigación que ha utilizado el análisis de procesos de interacción (IPA) encontró que los actos instrumentales eran más frecuentes durante la fase de orientación y menos frecuentes durante la fase de control, mientras que los actos expresivos lo hacían a la inversa.

El modelo de Bennis y Shepard se basa en la observación de los grupos de formación (grupos T o grupos de sensibilización) y asume que el principal obstáculo al desarrollo de la comunicación se deriva de las orientaciones de los miembros hacia la autoridad e intimidad. El modelo predice que los grupos se desarrollan a lo largo de dos fases: dependencia (relaciones con la autoridad) e interdependencia (relaciones con sus compañeros). Estas fases las subdividen en seis subfases: dependencia-sumisión, contradependencia-lucha, resolución-catarsis, encantamiento-lucha, desencantamiento-lucha y validación consensual. El modelo predice que el desarrollo del grupo tiene lugar debido a la mayor madurez y comunicación en el grupo.

El modelo de Tuckman, desarrollado de forma inductiva tras la revisión de trabajos realizados con distintos tipos de grupos, parte de las diferencias entre las relaciones ín-terpersonales —que él llama estructura de grupo— y la actividad de la tarea. Las relaciones personales se refieren a la configuración y conductas interpersonales del grupo en un momento del tiempo y la actividad de la tarea se refiere al contenido de la interacción. Tuckman propone una secuencia paralela de desarrollo para ambos niveles en cuatro etapas y que es aplicable a diversos tipos de grupo. Estas etapas son, para la estructura de grupo: comprobación y dependencia, conflicto intragrupal, desarrollo de la cohesión de grupo y relación funcional de roles; para la actividad de la tarea: orientación de la tarea, reacción emocional a la tarea, intercambio abierto de interpretaciones relevantes y emergencia de soluciones. Como resumen de estas etapas, propone un modelo de desarrollo que abarca ambos niveles y que estructura en las siguientes fases:

  • De formación o de orientación, puesta a prueba de los límites de las conductas interpersonales y de tarea y manifestaciones de dependencia.

  • De tormenta: conflicto y división intragrupal respecto a los problemas interpersonales y que tiene su reflejo en el ámbito de la tarea como resistencia a sus demandas y, en general, a la influencia del grupo.

  • Normativa: superación de la fase anterior y aparición de normas y roles, aumenta la cohesión y se pueden expresar opiniones personales en el ámbito de la tarea.

  • De ejecución: relación funcional de roles y emergencia de soluciones.

Tras una revisión de su modelo, Tuckman añadió un quinto estadio, clausura, donde los grupos alcanzan sus objetivos tanto de rendimiento como de relaciones interpersonales. A partir de aquí, el grupo puede mantenerse funcionando eficazmente o disolverse con éxito una vez alcanzadas sus nietas.

Algunas de las críticas dirigidas hacia modelos como los que acabamos de resumir se centran en las dudas planteadas acerca de la existencia o no de estas fases (Cissna, 1984) o de que, en el caso de existir, puedan ser aplicadas a todos los tipos de grupos.

Modelos no lineales

Los modelos no lineales (o no secuenciales en la terminología de Mennecke y colaboradores) postulan la ausencia de cualquier tipo de secuencia de eventos o fases en la evolución del grupo. Sus partidarios consideran que los eventos identificables en un grupo son fundamentalmente el resultado de la influencia de factores contingentes que modifican las actividades o los objetivos grupales. Los grupos son sistemas abiertos donde las influencias de las variables del entorno y de las relaciones con el exterior son de gran importancia.

Uno de los modelos más representativos de este enfoque es el de Gersick (1988, 1989). Gersick denominó a su modelo modelo de equilibrio interrumpido de desarrollo de grupo después de observar algunos grupos en un contexto natural. Este modelo señala que los grupos se desarrollan y cambian en una forma discontinua, caracterizada por periodos estables y por periodos menos estables.

Gersick sostiene que los grupos mantienen sus rutinas en la realización de sus actividades (posición de equilibrio) hasta que son forzados a alterar o modificar esas prácticas por limitaciones temporales o crisis (estado de desequilibrio). Esta tendencia, según Gersick, se deriva de la racionalidad del grupo (esto es, capacidad limitada de un grupo para retomar un problema e intentar un nuevo enfoque), de la dificultad percibida de los enfoques alternativos, desgana a cambiar prematuramente sin considerar todas las posibilidades y a comprometerse con los otros miembros del grupo. En suma, este modelo es un modelo no secuencial porque se fundamenta en la premisa que el patrón de conducta observada a través del curso de desarrollo variará de acuerdo a las cuestiones encontradas por el grupo en cómo ellos procesan una tarea.

McGrath (1990, 1991) propuso un modelo de desarrollo y proceso de grupo que tiene como principal premisa que los grupos son multifuncionales. De acuerdo a este modelo (TIP, tiempo, interacción y rendimiento), los grupos interactúan con los sistemas a tres niveles: a) sistemas en los que el grupo está incluido (por ejemplo, su entorno); b) miembros del grupo, y c) el grupo en sí como entidad única. Las funciones relacionadas a estas interacciones sirven para apoyar estas entidades constituyentes y son etiquetadas como función de producción del grupo, función de bienestar y función de apoyo a los miembros. Estas funciones representan necesidades que son satisfechas a través de diferentes modos de actividad: elección de objetivos, solución de problemas, resolución de conflictos y ejecución.

El modelo TIP predice que los grupos siempre actuarán desde alguno de estos cuatro modos para cada función, pero que ellos no están necesariamente comprometidos e mismo modo para cada función de forma simultánea. Por ejemplo, los miembros grupo pueden centrar su atención en el modo 2, solución de problemas, en términos de la función de producción y al mismo tiempo en el modo 3, resolución de conflictos términos de bienestar. El modelo TIP representa una visión multidimensional del proceso de grupo que incorpora el elemento interacción de las funciones de grupo y modos de actividad con los proyectos que el grupo emprende. Este modelo sugiere que el camino que un grupo toma en su desarrollo es contingente con la presencia o ausencia de fa res que interfieren o apoyan la habilidad del grupo para mantener cada una de las tres funciones.

En todos estos modelos no secuenciales encontramos dos aspectos: a) que los grupos están compuestos de individuos que contribuyen a los recursos del grupo y que tor los recursos del grupo, y b) que los grupos forman parte de un sistema más amplio, por lo que deben responder a los inputs del entorno y generar outputs para los compone de ese entorno.

Modelos integradores

Algunos modelos merecen ser destacados aquí por su amplitud de miras y por ser reía: mente recientes: el modelo general de desarrollo de grupo, de Morgan, Salas y Glickm;-(1994); el modelo integrado de desarrollo de grupo, de Wheelan (1994); el modelo j'c identidad social de los grupos, de Worchel y colaboradores (Worchel, Coutant-Sas-Grossman, 1992; Worchel, 1996), y la matriz integradora de Bouwen y Fry (1996).

Morgan y colaboradores distinguen nueve estadios y dos conjuntos de actividades (relacionadas con la ejecución de la tarea y relacionadas con el trabajo en equipo) en los que se encuentran implicados los grupos. Estos estadios son relativamente informales, indistintos y solapados, puesto que son el reflejo de las características de las situaciones dinámicas y cambiantes en las que se desenvuelven los grupos. Los grupos no siempre progresan de una manera lineal a través de todas las etapas y pueden comenzar en etapas diferentes, avanzar siguiendo diversas pautas y emplear diferente cantidad de tiempo en cada etapa. Todo ello dependerá, según estos autores, de las características del grupo y de sus miembros, de su pasado y experiencia, de la naturaleza de las tareas y de las exigencias y constricciones del entorno.

Wheelan (1994, 1999), por su parte, mantiene que en la literatura sobre desarrollo grupal encontramos más semejanzas que diferencias entre los múltiples modelos formulados. Esta autora trata de establecer una serie de etapas que, según ella, atraviesan todos los tipos de grupos, si bien reconoce, por ejemplo, que la fase de «ejecución o de realización de la tarea» resulta mucho más fácil de identificar en los grupos de trabajo que en los grupos de terapia o en los experienciales. Salvo estas excepciones, esta autora propone un modelo integrado compuesto por cinco etapas que representan el proceso de desarrollo de grupo, con independencia del tipo al que pertenezca éste. Estas etapas son: dependencia e inclusión, contradependencia y lucha, confianza y estructura, trabajo y terminación. Como podemos apreciar, este modelo trata de «aislar» aquellos componentes pretendidamente universales implícitos en el desarrollo de cualquier tipo de grupo.

Worchel (Worchel y colaboradores, 1992; Worchel, 1996) ha señalado una serie de fases que atravesarían los grupos, aunque pueden existir diferencias entre los grupos estudiados. Señala dos fases previas al establecimiento del grupo propiamente dicho y cuatro fases de desarrollo. Las fases previas serían: 1) Fase de descontento: los miembros provienen de diversos grupos en donde su grado de insatisfacción era alto, ya que se sentían desatendidos y el grupo no satisfacía sus necesidades. 2) Fase del suceso desencadenante: se trata de la señal que promueve el cambio hacia la creación del nuevo grupo abriendo expectativas de mejora. Fase de la ruptura con el grupo antiguo.
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