Bogotá D. C., septiembre 11 de 2001




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títuloBogotá D. C., septiembre 11 de 2001
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. Causa curiosidad hallar entre sus patentes la Número 456,301, fechada en julio 21 de 1891. Se trata de una “Muñeca-fonógrafo,” una versión especial de su fonógrafo diseñado para ser inserto en el cuerpo de una muñeca; el sueño del autómata parlante hallaba realización gracias al brillante ‘electrólogo.’

33 F. Clerget refiere en su semblanza de Villiers la anécdota que dio origen a la escritura de La Eva futura:

Cette année aussi [1879], a conté Robert du Pontavice, Villiers rencontra le personnage dont surgit la première idée de l'Ève future. Un soir, chez Brébant, il vit entrer, avec una attaché de l'ambassade britannique, un jeune seigneur anglais qui l'intéressa. Lord E. W… se tua quelques jours plus tard, et l'on trouva près de lui un mannequin admirablement fait, représentant une jeune fille londonienne.

—Elle avait été sa fiancée, affirma l'attaché dans un petit cercle où se trouvait Villiers. Mais il adorait le corps et avait horreur de l'âme…

—Je suis au regret, interrompit un ingénieur américain, que votre ami ne se soit pas addressé à moi, je l'aurais peut-être guéri.

—Vous! Comment?

—By god! en mettant dans sa poupée la vie, l'âme, le mouvement et l'amour.

On se mit à rire.

—Vous pouvez rire, mais mon maître Édison vous apprendra bientôt que l'électricité est aussi puissante que Dieu!

A quelque temps de là, Villiers, retrouvant Pontavice à Paris, lui parla de cette histoire qui le préoccupait.

—Lord W… était tristement beau, dit-il, et je m'aperçus tout de suite qu'il portait dans l' expression de ses yeux cette mélencolie grave et hautaine dont l'ombre atteste toujours un désespoir.

Il lui dit la trouvaille du mannequin, le dialogue de l'attaché et de l'ingénieur, et lui lut tout à coup les premières pages du livre sorti de cet incident: l'Ève future était commencée.

[Ese mismo año [1879], a contado Robert du Pontavice, Villiers encuentra al personaje de quien surge la primera idea de La Eva futura. Una noche, donde Brébant, vio entrar, acompañado de un agregado de la embajada británica, a un joven señor inglés que le interesa. Lord E. W… dispara contra sí unos días más tarde y se le encuentra al lado de un maniquí admirablemente hecho que representa a una joven muchacha londinense.

—Ella había sido su prometida, afirma el agregado en un pequeño círculo en el que se encontraba Villiers. Pero él adoraba el cuerpo y tenía horror del alma…

—Siento mucho, interrumpió un ingeniero americano, que su amigo no se halla dirigido a mí, yo lo habría podido sanar.

—¡Usted! ¿Cómo?

—By god! Metiendo en su muñeca la vida, el alma, el movimiento y el amor.

Nos echamos a reír.

—Pueden ustedes reírse, ¡pero mi maestro Edison les demostrará por completo que la electricidad es tan poderosa como Dios!

Algún tiempo tras de eso Villiers, encontrando nuevamente a Pontavice en Paris, le habla de esta historia que le inquieta.

—Lord W… era tristemente bello, dijo, y me di cuenta de repente que llevaba en la expresión de sus ojos tal melancolía grave y lejana en la cual la sombra demuestra diariamente una deseperación.

Contó el hallazgo del maniquí, el diálogo del agregado y del ingeniero, y leyó de repente las primeras páginas del libro salido de este incidente: La Eva futura había comenzado.] (98-99)

34 Aunque la intuición de Galvani era correcta en el sentido en que establecía la correlación entre el fenómeno de la electricidad y el movimiento muscular en las patas de las ranas, Alessandro Volta resolvería posteriormente el enigma de la naturaleza del fluido eléctrico. A diferencia de Galvani, Volta no concebía la electricidad como una emanación del cerebro; en cambio se percató de que el fenómeno sucedía únicamente cuando dos metales de distinta índole eran puestos en contacto con el tejido de la rana, lo cual le permitió concluir que no existe una diferencia cualitativa entre la “electricidad natural” (atmosférica), la “electricidad animal” verificada en el tejido muscular de los animales, y la “electricidad artificial,” generada y conducida mediante artefactos mecánicos.

35 Baldick, en su obra In Frankenstein’s Shadow: Myth, Monstrosity, and Nineteenth-century Writing nos recuerda que “[g]iven the then incipient division of art from technology, Romantic authors could better subsume the full range of human activity under their sense of the ‘creative’ by using a conventional figure of creativity drawn from economically retarded societies in which a cherished integration of imagination and manual skill was still embodied in a single person. [Dada la entonces incipiente división entre arte y tecnología, los autores románticos podían clasificar mejor el horizonte de la actividad humana bajo el sentido de lo ‘creativo’ al hacer uso de una figura convencional de la creatividad tomada de las sociedades económicamente retrasadas en las cuales una apreciada integración entre la imaginación y la habilidad manual se hallaba incorporada aún en una sola persona.]” (64). En la novela que nos ocupa somos testigos del paso del ámbito creativo como potencia transformadora de objetos materiales a la eventual desincorporación del artificio, paso intermedio que dará lugar, en nuestros tiempos, a la desincorporación misma del artífice en las “narrativas de la información.”

36 Los énfasis y otras marcas tipográficas particulares respetan el original.

37 El texto en subrayado es énfasis nuestro.

38 Para una interpretación de La Eva futura como un intento auto-contradictorio de luchar contra el deseo creando una copia perfecta del objeto que lo motiva (Alicia Clary) y la relación metafórica entre Edison en tanto que creador y su obra, el artista y su obra, el creador y su texto y el cuerpo femenino como instancia explícita de la tradición dualista, ver Mikkonen “Electric Lines of Desire: Narrative and the Woman’s Body in Villiers de l’Isle-Adam’s ‘Future Eve’,” en donde leemos:

“The separation between Alicia’s (divine) body and her (inane, evil) mind demanded by Ewald is also confirmed at a theoretical level in Ewald’s adamant support of (Platonic) idealism. Edison’s leaning towards Hegelian notions of transhistorical concepts—he refers to Hegel’s notions of pure being, pure nothingness and the Unintelligible —and Cartesian body-soul binarism also supports this dualistic positioning of the (female) body.

[La separación entre el cuerpo (divino) de Alicia y su (huera, malvada) mente exigido por Ewald es confirmado también a un nivel teórico en el apoyo incondicional de Ewald al idealismo (platónico). La inclinación de Edison hacia nociones hegelianas de conceptos transhistóricos—se refiere a las nociones hegelianas del ser puro, la nada pura, y lo Ininteligible—y al dualismo cartesiano entre cuerpo y alma apoya también este posicionamiento dualista del cuerpo (femenino).]” (28)

39 Clerget, nuevamente, sobre este punto (con una cita del segundo Prólogo a La Eva futura que no se halla en la edición traducida al castellano que hemos consultado, pues fue hallado tras la muerte de Villiers):

Il va, d’ailleurs, se servir magnifiquement de la science, quoique bien souvent dans son œuvre il l’ait raillée. Elle l’a ttirait, et il dut l’étudier très serieusement: il a sur ce point des précisions qu’on n’invente pas. La seconde préface de l’Ève future, trouvée après sa mort, laisse deviner ses recherches dans ce sens:

«Au cours de cette œuvre, divers problèmes, purement mathématiques, se présentaient… Je me trouvais donc placé dans cette alternative de faire, scientifiquement, divager quelque peu le côté ingénieux de notre sorcier, ou de quitter, brusquement, la plume, et, prenant la craie, de passer au tableau noir; d’employer la langue rigoureuse de l’algèbre; de surcharger, des signes de l’intégral, des pages entières.

»Devais-je hérisser d’opérations techniques, par example les chapitres intitulés: «La Démarche», «L’Équilibre», etc., d’opérations techniques qui m’eussent, forcemént, entrainé à ne plus parler que de potentielles, de puissances, de dérivés, de factorielles, de coefficients, etc…, agrémentés d’une myriade des chiffres, de lettres, d’expressions logarithmiques?…»

[Él va, por otra parte, a servirse magníficamente de la ciencia, aunque con frecuencia en su obra se ha mofado de ella. Ella lo ha sujetado, y él debe estudiarla muy seriamente: debe asegurar al punto las precisiones que no puede inventar. El segundo prefacio a La Eva futura, hallado tras su muerte, permite adivinar sus investigaciones en este sentido:

«En el curso de esta obra, diversos problemas, puramente matemáticos, se presentaron… Me encontré situado ante esta alternativa de hacer científicamente, divagar un poco el costado ingenioso de nuestro hechicero, o de retirar bruscamente la pluma y, tomando la tiza, pasar al pizarrón; emplear la lengua rigurosa del álgebra; sobrecargar, con signos de integrales, páginas enteras.

¿Debía erizar de operaciones técnicas, por ejemplo, los capítulos titulados «La facultad de andar», «El equilibrio», etc., operaciones técnicas que me han entrenado a la fuerza, para no hablar más que de potenciales, de potencias, de derivadas, de factoriales, de coeficientes, etc…, adornados de una miríada de cifras, de letras, de expresiones logarítmicas?…».] (140-1)

40 Como era de esperarse, la mutación contemporánea de las metafísicas pre-Modernas se reactualizan en lo que Richard Barbrook denomina el “culto a la Inteligencia Artificial”:

Like the Christian Apocalypse, the arrival of this Artificial Intelligence is perpetually postponed. Yet, it remains a powerful contemporary myth. In science fiction, conscious computers and sassy robots are essential elements of the genre. From Rachel in Bladerunner [sic] to Data in Star Trek TNG, sci-fi stories use the fantasy of artificial life to express the modernist dilemma: what makes us truly human? Yet, when embraced by mystical positivism, this sci-fi anthropomorphism ironically becomes the repository of some very pre-modern desires. As in traditional religion, the cult of Artificial Intelligence feeds off atavistic fantasies: making babies without sex; being the master of slaves; achieving immortality; and even turning into pure Spirit. With secular utopias discredited, old myths are reborn as sci-fi monsters.

[Como el Apocalipsis cristiano, la llegada de tal Inteligencia Artificial se pospone de manera perpetua. Sin embargo, continúa siendo un poderoso mito contemporáneo. En la ciencia ficción, las computadoras conscientes y los robots sagaces son elementos esenciales del género. Desde Rachel en Blade Runner a Data en Star Trek TNG, las historias de ciencia ficción hacen uso de la fantasía de la vida artificial para expresar el dilema modernista: ¿qué nos hace verdaderamente humanos? Mas, cuando se asocia al positivismo místico, dicho antropomorfismo de ciencia ficción se convierte, irónicamente, en el repositorio de deseos bastante premodernos. Como en la religión tradicional, el culto de la Inteligencia Artificial se alimenta de fantasías atávicas: hacer bebés sin sexo; ser el amo de esclavos; alcanzar la inmortalidad; e incluso convertirse en Espíritu puro. Con las utopías seculares desacreditadas, viejos mitos renacen como monstruos de ciencia ficción.] (§6)

41 El reloj es un objeto transicional en la cultura; interesa anotar que el reloj de Edison es eléctrico. Como ya hemos sugerido, el paso intermedio entre los artificios transformadores de la materia (y sus literaturas) a las máquinas que almacenan y efectúan cambios en la información se da gracias a la electricidad. En la medida en que consideramos la novela que nos ocupa como instancia intermedia entre ambos tipos de narrativas, la aparición en el texto de este tipo de objetos—sin duda novedosos para la época—es relevante para nuestro argumento.

42 Los nombres de los personajes femeninos en la novela encuentran su significado en las tradiciones orientales. Como es bien sabido, Hadaly es una palabra persa que significa “Ideal”: “Las dos hojas del féretro se juntaron sobre ella, dulce, hermética y silenciosamente. En una lámina de plata, grabada con armas, se leía la palabra HADALY, escrita en letras orientales.” (328. Ver también Mikkonen 25). Del mismo modo, Miss Evelyn Habal, propiciadora de la caída moral y física de Eduardo Anderson, nos recuerda el epígrafe del Epílogo a los Cuentos crueles, en donde leemos: “Habal habalim, vêk’hol habal! / Shelomo, Qohélet.” E. Pérez Llamosa nos recuerda, en nota al pie, que dicho epígrafe es una cita del Eclesiastés (Qohélet) I, 2 y XII, 8, cuyo significado es «Vanidad de vanidades, todo es vanidad» (Pérez Llamosa 332). Miss Evelyn Habal se contrapone entonces al Ideal, representado por la Andreida, gracias a su carácter esencialmente vano y la necesidad inapelable de recurrir al artificio para esconder su naturaleza moralmente defectuosa.

43 Un contemporáneo nuestro, Raymond Kurzweil, sugiere en su obra The Age of Spiritual Machines (1999) la posibilidad de que los computadores futuros sean capaces de recibir los contenidos mentales de un cerebro humano, elaborando sobre una idea de Hans Moravec. El argumento esta fundado sobre la premisa de que el desarrollo tecnológico alcanzará eventualmente un punto crítico que Kurzweil denomina “singularidad,” término tomado en préstamo de la astrofísica: un punto de crecimiento exponencial que superará en varios ordenes de magnitud el desarrollo pretérito. En una época en la cual el papel del genio (Edison, en la novela) ha sido desplazado por la investigación y el desarrollo colaborativos de numerosas comunidades de investigadores, es necesario apelar a teleologías desprovistas de los atavismos de la historia en la cual el progreso supera a sus mismos artífices.

44 T. Castle ha sugerido el vínculo entre el sentido de lo uncanny o Unheimlich en las narrativas de Hoffmann, y su relación con la voluntad de control y dominio tecnológico emergentes en el siglo XVIII: “In the most literal sense, however, Hofmann’s uncanny effect is also the result of a distinctively “eighteenth-century” urge toward technological mastery and control. [En el sentido más literal, sin embargo, el efecto sobrecogedor de Hoffman es también el resultado de una voluntad muy “siglo dieciochesca” en torno al dominio y el control tecnológicos]” (11).

45 Un panorama de lo monstruoso y sus transformaciones—desde el siglo XVI hasta el XIX, es decir, del horror sagrado a la espectacularidad del monstruo de circo—se halla en Davidson, “The Horror of monsters.” Para una exhaustiva elaboración sobre el tema del monstruo ente los siglos XIII y comienzos del XVI, véase Kappler Monstruos, demonios y maravillas a fines de la Edad Media. Interesa anotar que durante este período, lo monstruoso es entendido como desviación de la norma natural y, en casos determinados, como prodigio que encierra un designio divino, así “el problema esencial es el que plantean los monstruos ante la idea de armonía y perfección del universo. Para hacer menos inquietante dicho problema, la Edad Media se esfuerza en pensar en términos de relatividad, si así puede decirse, en virtud del principio que ya insinúa el Libro de Job y que también enuncia San Agustín [en La ciudad de Dios]: el hombre no ve sino una pequeña parte del plan de conjunto de la creación, y no puede juzgar la armonía que existe entre las diferentes partes porque ignora
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