Bogotá D. C., septiembre 11 de 2001




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Enrique Alejandro Velasco-Castillo



PONTIFICIA UNIVERSIDAD JAVERIANA

FACULTAD DE CIENCIAS SOCIALES

DEPARTAMENTO DE LITERATURA

CARRERA DE LITERATURA
BOGOTÁ D.C., SEPTIEMBRE DE 2001

Pro(æ)sthetica: Naturaleza y Artificio ante el Lenguaje como Tecnología
Una exploración desde La Eva futura de Villiers de L’Isle-Adam


Enrique Alejandro Velasco-Castillo




Trabajo de Grado presentado como requisito parcial para optar por el título de Profesional en Estudios Literarios.



PONTIFICIA UNIVERSIDAD JAVERIANA

FACULTAD DE CIENCIAS SOCIALES

DEPARTAMENTO DE LITERATURA

CARRERA DE LITERATURA
BOGOTÁ D.C., SEPTIEMBRE DE 2001
PONTIFICIA UNIVERSIDAD JAVERIANA

FACULTAD DE CIENCIAS SOCIALES
RECTOR DE LA UNIVERSIDAD:

Gerardo Remolina Vargas, S.J.

DECANO ACADEMICO:

Jaime Alejandro Rodríguez Ruíz.

DECANO DEL MEDIO UNIVERSITARIO:

Enrique Gaitán Dávila, S.J.

DIRECTORA DEPARTAMENTO DE LITERATURA:

Blanca Inés Gómez de González.

DIRECTOR CARRERA DE LITERATURA:

Luis Carlos Henao de Brigard.

DIRECTOR TRABAJO DE GRADO:

Óscar E. Guardiola-Rivera

DEL REGLAMENTO DE LA UNIVERSIDAD


Artículo 23, Resolución No. 13 de julio de 1946:
“La Universidad no se hace responsable por los conceptos emitidos por sus alumnos en sus trabajos de tesis, sólo velará porque no se publique nada contrario al Dogma y a la Moral Católica, y porque la tesis no contenga ataques o polémicas puramente personales, antes bien se vea en ellas el anhelo de buscar la verdad y la justicia.”

«Depuis quand Dieu permet-il aux machines de prendre la parole?

—Depuis qu’il a vu le triste usage que vous en faites.»

Auguste de Villiers de L’Isle-Adam, L’Ève future.

Tabla de Contenidos


Reconocimientos

Caveat Lector

Abstract

Capítulo I Exposición del caso: Contra el dualismo

Capítulo II Acusación: La Eva futura o el dualismo irremisible

Capítulo III Evidencia: Recetas para hacer hombres


Permanencia y devenir

¿Qué nos compone?

Platón o el espíritu incorporado

Aristóteles o el cuerpo espiritualizado

De la generación natural a la producción de seres animados por el hombre

Entre la mecanización y el lenguaje de Adán

Capítulo IV Veredicto: El lenguaje reincorporado o entre la trascendencia y la inmanencia


La literatura: aproximaciones a lo inefable

Apéndice: Figuras

Obras Citadas

Reconocimientos


El siguiente Trabajo de Grado, como cualquier producto del lenguaje, debe sus bondades más a las personas y circunstancias que lo rodean, que al “autor” mismo. En cambio, todos los errores u omisiones presentes se pueden adjudicar, sin reparo alguno, a quien esto firma.

Debo mencionar mi deuda de gratitud con la Fundación Fumio Ito, presidida por los doctores Jaime Alejandro Rodríguez y Cristo Rafael Figueroa Sánchez; una beca completa otorgada por la Fundación me permitió culminar mis estudios en la Carrera de Literatura. Me beneficié de manera extraordinaria gracias a la imbatible lucidez y la paciencia proverbial de mi tutor, el doctor Óscar E. Guardiola-Rivera, quien hubo de soportar más promesas y retrasos que páginas escritas o ideas coherentes; de no haber sido por el constante estímulo por él proporcionado, este Trabajo habría fracasado en más de una oportunidad. La generosidad de Eduardo Velasco, mi tío, me brindó tranquilidad y decisión en los momentos más difíciles. Mis amigos, a quienes importuné en más de una ocasión con la alambicada exposición de mis ideas, ofrecieron críticas y comentarios de sumo valor. El personal del Departamento de Literatura y de la Biblioteca Central de la Universidad hizo grato y expedito aquello que, de otro modo, hubiese sido enormemente arduo. Y por supuesto—last but not least, como dirían en otras latitudes—mis padres, Guadalupe y Alfonso, y mi hermana Maya, sin cuyo apoyo y bondad permanentes este Trabajo nunca hubiese sido escrito.

Confío en que los días verán redimir tan gratas deudas.

E. A. V. C.

Caveat Lector

El texto que usted tiene en sus manos intenta jugar con la incierta frontera entre la realidad y la ficción, la naturaleza y el artificio. Para tal efecto, se valdrá del lenguaje como instrumento en múltiples registros. Cuestionará la Creación y la acercará al mundo. Sugerirá, finalmente, que nuestros lenguajes están situados entre la trascendencia y la inmanencia, el espíritu (o la mente) y la materia, lo uno y lo otro. Pero para hacerlo, deberá valerse de múltiples voces e ideas, instancias históricas distantes en el tiempo y el espacio. Este texto es un juicio contra el dualismo, por tal motivo imita la estructura de un proceso judicativo. Usted, amable lector(a), servirá de jurado.

ABSTRACT



Pro(æ)sthetica, juego verbal que da título al presente Trabajo de Grado, sugiere la simbiosis de dos conceptos: el lenguaje entendido como prótesis, esto es, un artificio situado junto a lo natural, completándolo y expandiendo sus posibilidades; y estética, disciplina teórica que nos permitirá localizar el funcionamiento de los productos del lenguaje dentro de la cultura. Se busca sugerir así aproximaciones a la pregunta ¿puede el lenguaje ser considerado una tecnología? Para cumplir con este fin, el trabajo explora inicialmente la distinción entre las nociones aparentemente antagónicas de naturaleza y artificio, y en particular, del concepto de “naturaleza humana.” Una revisión de algunas formulaciones de este problema nos condujeron a revaluar el papel del cuerpo como instrumento para la adquisición del conocimiento sensible en la tradición filosófica clásica. Si el cuerpo es la “herramienta primera” (proton organon) del conocimiento y además su conformación es dual—es decir que en éste confluye tanto el plano ontológico de la materia, sujeta al devenir y la corrupción y el plano de lo inmaterial, i.e. el espíritu—nos enfrentamos entonces a una cuestión que intenta dar cuenta tanto del ser como del conocer: el problema ontológico demostraba tener importantes ingredientes epistemológicos.

Pronto se hizo evidente la necesidad de entender el lenguaje como una competencia adquirida. El entrelazamiento incesante entre la descripción etológica del comportamiento humano y la descripción de la cultura sugería así que el papel del lenguaje en la configuración del sujeto y las comunidades en las cuales se desenvuelve es de suma importancia. En todas las descripciones de la “naturaleza” humana es puesto de relieve el uso de esta competencia; en algunas, es entendida como la competencia primordial que particulariza al ser humano en relación con las demás especies animales. Sin embargo, si el lenguaje es adquirido, construido y diseminado de manera no genética, nos hallamos ante una notable paradoja: la nuestra es una “naturaleza artificial.”

Nos enfrentamos entonces a las concepciones dualistas de la naturaleza humana, híbrido de cuerpo y espíritu (o mente, a partir de la modernidad). Nos enfrentamos, además, a una formulación del lenguaje que lo considera innato. Pero ninguna de estas formas de esencialismo permite resolver la escisión fundamental de aquello que nos compone. Del mismo modo, el lugar del hombre en el orden de lo creado demostró ser siempre inestable, sujeto a mutaciones y desplazamientos.

Para intentar resolver esta cuestión fue necesario examinar la evidencia en la forma de un texto literario: La Eva futura de Villiers de L’Isle-Adam (1886). La elección de dicha novela se fundamenta en las siguientes consideraciones: a) su pertenencia al Canon Occidental, de la mano de su autor; b) su inigualable ubicación cronológica, suficientemente moderna para hallar en ella problemas y recursos situados en una sociedad capitalista tecnológicamente avanzada, suficientemente distante en el tiempo y el espacio para permitir la puesta en perspectiva de las ideas contemporáneas que ya en ella se esbozan; c) su situación de texto transicional, entre lo que hemos denominado “narrativas del movimiento” y lo que N. K. Hayles llama “narrativas de la información.” Si las instancias literarias acerca de la creación de seres artificiales que replican el aspecto y los comportamientos humanos se preguntaban principalmente por los medios según los cuales es posible animar a un ser artificial con el fin de dotarlo de vida (narrativas del movimiento), gracias a los avances mecánicos en particular a partir de Renacimiento, la preocupación por la imitación del movimiento ha cedido el lugar al interés por emular los procesos mentales e, incluso, el espíritu de estas creaciones. Las narrativas de la información se concentran en el plano inmaterial de la existencia, enfatizando la transformación y mutación informacional de dichos seres, para los cuales el papel del substrato material es meramente contingente e, incluso, deleznable. El dualismo platónico o cartesiano es así reactualizado gracias al imaginario cibernético sin llegar a ser, en forma alguna, superado.

La epistemología viquiana del verum-factum, según la cual para conocer algo es indispensable haberlo producido y por ese motivo los únicos saberes verdaderamente accesibles al hombre son aquellos que él mismo se ha encargado de formular implicaba la sugestiva idea de que la comprensión de la naturaleza humana estaría vedada a menos que el hombre lograse crear un émulo a su imagen y semejanza. Por supuesto, la impudicia de usurpar el conocimiento reservado a los dioses deviene habitualmente en tragedia, desde Prometeo hasta la clonación de seres humanos, pasando por la tradición judía del Golem, y los doctores Fausto y Frankenstein. Sin embargo, resulta claro que todo intento por narrar la creación de seres artificiales depende de las posibilidades de formalización del conocimiento disponibles en la época, esto es, los códigos que dotan de legitimidad cultural al conocimiento.

De nuevo, el interés por los medios de adquisición del conocimiento y sus estrategias de formalización se presentan como centrales a nuestro argumento. Diversas circunstancias que podemos localizar durante el período denominado por los historiadores de la ciencia europea como “Revolución Científica,” comprendida aproximadamente entre 1550 y 1650, contribuyeron a transformar de manera radical las posibilidades de creación humana. El paso gradual de la manera aristotélica de concebir el cuerpo humano como “un mundo en pequeño,” según la cual existen correspondencias demostrables entre el orden de la creación cósmica—el macrocosmos—y el microcosmos corporal se dio gracias a la valorización del papel de la observación como vía de adquisición del conocimiento; el cuerpo humano se convirtió en materia de escrutinio y disección, terra incognita que era necesario cartografiar. La confluencia de este proceso con las estrategias retóricas verbales y plásticas del Barroco no es, en absoluto, gratuita. Corresponde a la expresión de la incertidumbre ocasionada por el desplazamiento del lugar otrora relativamente estable del ser humano en el Orden de la Creación. El Orbe resultó ser más inabarcable de lo imaginado, el Otro (e.g. el nativo americano), más extraño. Tal dimensión de extrañamiento exigirá nuevas formas de expresión: se inventa entonces el narrador en primera persona, que hace su aparición en los relatos europeos de viajes; se reifica también el régimen visual propio del Barroco.

Posteriormente, las maneras de entender al hombre y la Creación se nutrieron—nuevamente—de tópicos provenientes del plano instrumental. Dios habría de convertirse en el Maestro Relojero por excelencia, creador de la intrincada maquinaria del mundo y es en este contexto donde aparece el mecanicismo cartesiano. Si la metáfora del “Libro del Mundo”—según la cual la Naturaleza es un texto escrito en el lenguaje divino que ha de ser sujeto a la lectura e interpretación por parte de aquellos versados en su código—había servido durante la Edad Media como mecanismo de control y exclusión del acceso al conocimiento, el papel renovado de la observación durante la Revolución Científica abriría nuevos caminos a las prácticas experimentales, sin que dicha metáfora desapareciese por completo. Pero las formas de leer e interpretar la Naturaleza se habrían de transformar radicalmente gracias a una contribución proveniente de Oriente: la cifra, en el sistema de notación de valor posicional que usamos aún en nuestros días. A medio camino entre la magia y la ciencia, la cifra cabalística de la tradición talmúdica judía demuestra ser, en sus permutaciones con el Verbo sagrado, un código capaz de producir seres animados, golems. Para el Occidente europeo de la Revolución Científica, la cifra sería el instrumento de formalización que hacía falta para sistematizar el saber observado. El conocimiento “positivo” y “objetivo” se convertía lentamente en la norma. Quedaban atrás los tiempos en los cuales el instrumento primero para la adquisición del conocimiento era el cuerpo humano; al pretender distanciarse del papel del observador, las nacientes ciencias empírico-fácticas necesitaron del auxilio de nuevos instrumentos; comienza la era de la intelección asistida del cosmos. Es de resaltar que los instrumentos de medición y observación, al dejar de ser exclusividad de los laboratorios científicos e invadir gradualmente la cotidianidad burguesa, fueron asimilados y comprendidos gracias a caracteres otrora exclusivamente humanos (e.g. el termómetro y su comportamiento “mercurial”), como lo sugirió T. Castle.

Por supuesto, el lugar del lenguaje en la comprensión del orden creado tendría otros matices relevantes. Para Leibniz, por ejemplo, resultaba de suma importancia la búsqueda del “lenguaje adánico,” a partir del cual todas las demás lenguas se habrían desarrollado y que contenía la clave para la comprensión de la Naturaleza. Se trataba de un lenguaje esencial, innato, no arbitrario, universal y preciso (Losonsky). La no arbitrariedad del lenguaje daría lugar a encendidos debates entre los defensores del lenguaje adánico y quienes propugnaban por una observación e interpretación directa de los fenómenos naturales.

Asistimos con este proceso a la completa desincorporación de los medios de adquisición del conocimiento, los códigos que permiten la intelección de la Naturaleza, y entre ellos la cifra en un lugar preeminente serán, desde entonces, cada vez más abstractos. Es aquí donde se sitúa nuestro interés por La Eva futura: en esta novela “el mago del siglo” Thomas Alva Edison fabrica una mujer artificial a imitación de una joven de extraordinaria belleza pero de espíritu vulgar para salvar a su joven y aristócrata amigo Lord Celian Ewald de la desesperación y, eventualmente, del suicidio. El ingenio de Edison, aunado a las innumerables promesas de progreso que el final del siglo XIX deparaba a sus contemporáneos logra, en efecto, imitar a la perfección el cuerpo y la hermosura de su modelo, en un abrumador despliegue de experticia electromecánica. Sin embargo, se requerirá de una intervención sobrenatural—que Edison sólo atinará a comprender metafóricamente relacionándola con la electricidad—para dotar de alma a ese cuerpo artificial. La electricidad se muestra así como un objeto transicional para la comprensión del plano inmaterial, como lo atestigua el efervescente interés decimonónico por el mesmerismo y otros fenómenos afines. Si, como afirma Edison en un pasaje de la novela, el cuerpo humano es como una máquina de vapor, el espíritu será asociado a la electricidad, nuevo élan vital de la industrialización moderna. Pero, como vemos, el dualismo permanece irresuelto.

Tras introducir a rasgos generales el conjunto de problemas que este trabajo busca enfrentar en el Capítulo I, el capítulo II aproxima una intelección metafórica o analógica del lenguaje recurriendo a la revisión de La Eva futura, en donde los fenómenos de la naturaleza son pálidamente descritos apelando a metáforas o analogías, como lo hace Edison al vincular el espíritu con la electricidad. El capítulo III sugiere un nivel instrumental del lenguaje y sus diversas formalizaciones que van más allá del nivel articulado de la verbalización. En éste, el lenguaje humano posibilita la transformación del mundo y la creación de seres artificiales que imitan a sus creadores; el hombre deviene demiurgo. El capítulo final cierra este esquema interpretativo sugiriendo que el mundo es el lenguaje, cuando menos en la medida en que este último es un sistema autónomo y autoreferencial, para lo cual se ha hecho uso de conceptos tomados de la cibernética y la teoría de sistemas. El “mundo,” entonces, es todo aquello que el nivel humano (social) de poiesis e interpretación hace visible y culturalmente eficaz. La subjetividad misma, al ser producto de esa tecnología situada en la base de cualquier otra manifestación tecnológica, esto es, el lenguaje, demuestra ser una excepcional respuesta adaptativa al entorno. De este modo, la irresolubilidad del dualismo en sus diversas variantes puede ser atribuido a una omisión relativa del papel del lenguaje en la construcción de tal subjetividad. Pues ni las manifestaciones más profundas del plano inmanente, material y contingente de la existencia humana (e.g. el dolor, los afectos) pueden ser verbalizadas de manera adecuada, como no pueden serlo tampoco las experiencias de trascendencia que superan el devenir y la contingencia.

Es en este contexto donde la literatura adquiere posibilidades expresivas extraordinarias. Allí donde todos los intentos de formalización de la experiencia y el entorno propios de otras disciplinas “duras” fracasan, el campo literario demuestra su incuestionable valor; el lenguaje, tecnología de tecnologías, su adecuación como herramienta de aproximación intersubjetiva.
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