La literatura de la segunda mitad del siglo XIX. El posromanticismo y el realismo




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Compositivamente, los poemas de Bécquer suelen ser breves y, muchas veces, parecen quedar truncados al cerrarse con un verso quebrado que condensa la idea expresada y abre nuevas sugerencias. Los más extensos utilizan normalmente el paralelismo como técnica estructurante (correlaciones bimembres o trimembres, antítesis, anáforas, repeticiones…); y no es extraño que sus diversas estrofas, con preferencia por las de cuatro versos, concluyan también con un pie quebrado. Todas las rimas prueban su pensada construcción y su trabajada arquitectura.
El lenguaje becqueriano también es sencillo en apariencia. No son raras las metáforas (saeta…/ hoja…/ gigante ola…/ luz…/ esa soy yo) y también son habituales los símiles (como la brisa que la sangre orea, tus ojos/ verdes como el mar…). Las imágenes se construyen casi siempre con palabras que aluden a realidades materiales, sensoriales. Por eso su lenguaje poético abunda en vocablos referentes a la naturaleza (golondrinas, búho, viento, huracán, campanillas, madreselvas, violeta, árbol, mar) o a la música (arpa, lira, compás, cadencia, laúd). Tampoco falta el léxico más prosaico (átomo, máquina, roncar, comer, engordar, billete de banco, diccionario), que revela la influencia de la poesía realista, al lado de un vocabulario todavía romántico (suspiros, sueño, dolor, vértigo). Sin embargo, lo más importante del léxico de Bécquer es su capacidad de sugerencia más allá de su significado denotativo: los elementos de la realidad se corresponde con emociones íntimas, o a través de ellos se descubren otros sentidos insospechados u ocultos en la misma realidad descrita. Esta es la razón por la que se puede considerar a Bécquer como un poeta presimbolista.


        1. Obra en prosa


Como prosista, Bécquer escribió, además de numerosas colaboraciones periodísticas, una inconclusa Historia de los templos de España (1857), dos colecciones de cartas, Cartas literarias a una mujer (1860) y Cartas desde mi celda (1864), así como las Leyendas, que aparecieron en la prensa entre 1858 y 1864 y que se recogieron en un libro en 1871 en el mismo volumen de las Rimas.

Las Leyendas son un conjunto de relatos cortos de carácter fantástico y ambientación romántica (la Edad Media, el mundo oriental o morisco, el halo de misterio, la noche…) Muchas de ellas son muy conocidas: El caudillo de las manos rojas, El Monte de las Ánimas, El Miserere, La corza blanca, El beso

Las Leyendas se encuentra muy cerca del Romanticismo tradicional, por los precedentes del género (Zorrilla, Espronceda, duque de Rivas, la novela histórica) y por los temas que desarrolla (la mujer ideal, el desengaño, el ansia de amor absoluto…), así como por los personajes (caballeros, galanes, artistas, bellas mujeres) y por los ambientes exóticos o legendarios. Pero Bécquer acierta a crear un nuevo género, el de la leyenda lírica.

La prosa becqueriana destaca en las Leyendas por sus valores rítmicos y musicales y por sus calidades pictóricas, que preludian ya las narraciones modernistas.


  1. LA PROSA




    1. El auge del periodismo.


Para el desarrollo de la prosa realista tienen una gran importancia el auge del periodismo. Como se ha dicho antes, la mayor parte de los prosistas del XIX escriben para un periódico. La prensa, por pura necesidad de proximidad al lector, contribuye a forjar una prosa directa, flexible y liberada de la grandilocuencia romántica. Uno de los géneros periodísticos, el artículo de costumbres, va a evolucionar hacia la novela prerrealista, próxima todavía al costumbrismo y construida de manera poco orgánica mediante la mera suma de escena costumbrista.


    1. El relato breve


Cuando la novela realista triunfa, el costumbrismo periodístico va siendo sustituido en la prensa por el cuento. La proliferación de relatos breves es insólita y su número se cuenta por muchos millares. A veces no es fácil distinguir estos cuentos de los cuadros de costumbres. Suelen reflejar la España contemporánea y prefieren el entorno urbano y los ambientes burgueses.


    1. La novela regional


El costumbrismo está en la base de otro aspecto característico de la novela realista: el gusto por la novela regional. En Andalucía están ambientadas muchas de las novelas de Fernán Caballero y de Valera, en Cantabria las de Pereda, en Asturias las de Palacio Valdés, etc. En estas novelas se observan minuciosamente las costumbres locales.


    1. La novela realista




      1. Influencias literarias de la novela realista


Entre las influencias literarias del realismo, además del costumbrismo, destaca la de los grandes escritores realistas europeos, que fueron bien conocidos tanto de forma directa como a través de traducciones. Otra es la novela de folletín, de la que tomaron motivos y recursos diversos, aunque la criticaron y parodiaron. Otro precedente literario es la noval histórica romántica que les sirve de contramodelo: frente a la ambientación en el pasado y la imprecisión temporal, características de la novela histórica romántica, la realidad contemporánea y la precisión de los datos de la novela realista; frente a los casos insólitos y maravillosos de los relatos románticos, sucesos y personajes comunes y corrientes. Finalmente, la de la prosa española de los siglos XVI y XVII (Cervantes, la picaresca, Quevedo…).


      1. Novelas de tesis


Entre los realistas españoles suelen distinguirse dos grupos: los conservadores o tradicionalistas y los liberales o progresistas. Esta oposición ideológica es visible en los textos literarios y se manifiesta, por ejemplo, en la oposición entre el campo y la ciudad. Para los conservadores la sociedad campesina es idílica, la ciudad es un nido de corrupciones y, en sus argumentos, los personajes del sencillo e inocente medio rural son destruidos cuando entran en contacto con la urbe. Para los liberales, la ciudad es el lugar de la civilización moderna y el progreso, mientras que el acampo es un medio inculto y atrasado, conde los personajes procedentes del medio urbano, instruidos y liberales, se enfrentan con graves problemas.

Estas son las claves temáticas de las novelas de tesis, que escriben los narradores de ambos bandos para defender sus postulados ideológicos. En las novelas de tesis los personajes son, en general, meros tipos y se encuentran definidos de antemano: su función es servir como vehículo de las ideas del autor.


      1. Novela espiritualista


En la última década de siglo la crisis de la fórmula realista y naturalista conduce a la novela espiritualista. Ahora la ficción literaria tiene como referente una realidad más amplia en la que caben también la interioridad del individuo y la imaginación. En muchos aspectos, como el interés por los asuntos morales, el empleo de símbolos, la exacerbación de los sentimientos y la búsqueda de lo trascendente, nos encontramos cerca de la prosa modernista. Se supera entonces la contradicción entre el narrador impersonal, simple transmisor de la realidad que no debía contaminar el texto con su subjetividad, y la necesidad de que el propio narrado sea percibido de forma verosímil por el lector, puesto que la novela no “se cuenta sola” y el narrador debe justificar su conocimiento de los personajes y la acción.


      1. Benito Pérez Galdós




        1. Biografía


Nació en Las Palmas de Gran Canaria dentro de una familia acomodada. A los diecinueve años marchó a Madrid a estudiar Derecho, pero abandonó los estudios para dedicarse al periodismo y a la literatura. En 1870 publica su primera novela y en 1871 dirige ya un periódico madrileño. A partir de 1873, cuando comienza la primera serie de Episodios Nacionales, se dedica casi en exclusiva a la literatura. Su calidad literaria y su laborioso trabajo lo convierten en el autor más importante de su tiempo.

Concluidas las dos series iniciales de Episodios, que había alternado con sus primeras novelas, comienza en los años ochenta su proyecto literario más ambicioso, las Novelas españolas contemporáneas. Pese a los apoyos de Menéndez Pelayo y de Valera, fracasa su candidatura a la Real Academia a principios de 1889, pues su actitud liberal y anticlerical se ve con reticencias entre los conservadores. No obstante, resulta finalmente elegido a mediados de ese mismo año.

En la última década del XIX, prosigue su actividad como novelista, aunque emprende también con bastante éxito su carrera como autor teatral. En 1897 lee su importante discurso de ingreso en la Real Academia: La sociedad presente como materia novelable. A finales de siglo comienza la tercera serie de los Episodios Nacionales. Ya en el siglo XX, continúa con su actividad teatral y con la redacción de sucesivos episodios. La situación política española lleva también a Galdós a pronunciarse a favor de un cambio en la política, cada vez más conservadora, de la Monarquía y, finalmente, a colocarse del lado de los republicanos, en cuyas filas es elegido diputado en 1907. En 1909 es co-presidente de la Conjunción Republicano-Socialista junto a Pablo Iglesias. Ese mismo año vuelve a ser elegido diputado.

Sus últimos años son difíciles. En 1912 fracasa su candidatura al Premio Nobel por la oposición beligerante de los conservadores españoles. Con su salud ya quebrantada, se ve obligado a dictar sus últimas obras porque se está quedando ciego. Postrado por la enfermedad y agobiado por las dificultades económicas, muere en Madrid en 1920.


        1. Obra narrativa




          1. Primeras novelas


Publicadas durante la primera década de los setenta, casi todas son novelas de tesis en las que se contraponen dos ideologías, conservada y liberal. Galdós no oculta sus simpatías por la España liberal, y la intención didáctica de las obras es explícita. Títulos de esta época son La Fontana de Oro (1870), Doña Perfecta (1876), Gloria (1877), Marianela (1878) y La familia de León Roch (1878). Pese al esquematismo de sus ambientes y personajes, se advierte en estas obras una evolución técnica que culminará en el gran Galdós posterior.


          1. Novelas españolas contemporáneas


Así llamó Galdós a las novelas que publicó a partir de La desheredada (1881). Esta magnífica obra, influida en parte por las ideas naturalistas de Zola, no presenta ya de forma elemental acciones y personajes, sino que estos son fruto ahora de una cuidada evolución psicológica. Algunas otras novelas de este periodo son El amigo Manso (1882), La de Bringas (1884) y Miau (1888).

Todas estas obras analizan con maestría el mundo de la clase media. La visión galdosiana de esta sociedad mesocrática se plasma generalmente en Fortunata y Jacinta (1886-7), su obra más ambiciosa. Se trata de una novela extensa y cuidadosamente construida, que desarrolla, sobre la base de diversos triángulos amorosos, la convulsa y cambiante vida social madrileña entre 1873 y 1876, entrelazando calculadamente los elementos de ficción y los históricos.

En esta obra, Galdós despliega sus mejores artes narrativas: minuciosa captación de ambientes y tipos, uso magistral de los diálogos, empleo de novedosos monólogos interiores, sabio manejo narrativo de múltiples anécdotas argumentales, etc. En ella alcanza su cumbre el realismo total galdosiano. A los elementos genuinamente realistas, Galdós incorpora recuerdos, sueños, imaginación, locura, símbolos. Todo ello se integra de tal forma que da por resultado un acabado fresco social pero no se trata de una sociedad abstracta, sino de un mundo poblado por numerosas individualidades, que son las que transmiten al lector esa fuerte impresión de verdad.


          1. Últimas novelas


La crisis de la estética realista y el interés por buscar nuevos cauces expresivos se manifiestan claramente en sus novelas desde 1889. De este periodo son La incógnita (1889), Realidad (1889), Ángel Guerra (1891), Tristana (1892), la tetralogía que tiene como protagonista al usurero Torquemada (1889-1895), Nazarín (1895), Misericordia (1897) , El caballero encantado (1909).

En todas ellas ensaya originales procedimientos narrativos: novelas dialogadas, narraciones epistolares, introducción de elementos fantásticos, sueños, símbolos, etc. En alguna es también visible la influencia del espiritualismo de la novela finisecular europea. La modernidad narrativa galdosiana tiene su raíz en la progresiva radicalización ideológica del Galdós, que le lleva a buscar vías estéticas diferentes como modo de comprender la realidad en toda su extensión.


          1. Episodios Nacionales


Los Episodios Nacionales, constituidos por cuarenta y seis novelas dispuestas en cinco series de diez episodios cada una (excepto la última, que quedó inacabada con solo seis), pretenden reconstruir en forma novelada la historia del siglo XIX español.

Las dos primeras series fueron escritas entre 1873 y 1879, al tiempo que sus primeras novelas; las tres últimas entre 1898 y 1912.

Los Episodios son un intento de entender desde la literatura los conflictos que dividen la sociedad española a partir de la que novela Galdós, quien acude a la Historia para explicar su propio presente y las convulsiones político-sociales que siguen al derrocamiento de la monarquía borbónica en 1868.

Las dos primeras series muestra la ideología liberal de Galdós. Abundan en recursos folletinescos, aunque se apartan de la novela histórica romántica por la proximidad de los hechos narrados y porque la Historia no es un mero marco decorativo.

Casi veinte años después don Benito reemprende la redacción de los Episodios. Se percibe claramente que Galdós ha madurado como novelista: mezcla de narradores en primera y tercera persona, monólogos, novelas epistolares que ofrecen la impresión de intimidad al tiempo que proporcionan la ilusión de crónica histórica…

En estos últimos episodios se advierte también el conocimiento de primera mano de los hechos por parte de Galdós, pues la época se corresponde con la de su propia juventud madrileña, que el escritor juzga ahora desde sus nuevas posiciones ideológicas republicanas.


          1. Temas e influencias


Las obras de Galdós, aunque ambientadas en su mayoría en Madrid, son una completa visión de conjunto de la sociedad española de su época. En sus novelas Madrid concentra todas las contradicciones sociales e históricas del país y se ha convertido en una gran ciudad cuyo complejo mundo presenta con pluma maestra el novelista. Aunque las clases medias son las que ocupan el primer plano de sus obras, la mirada de Galdós presta atención a todas las esferas sociales. Todo ello se expone en íntima relación con las vicisitudes históricas que dan lugar a esta nueva sociedad que arrolla a su paso los viejos moldes estamentales.

La sensación de vida en acción de las novelas de Galdós hacen que sus obras ofrezcan una reflexión sobre la condición humana: el tiempo que todo lo cambia, las reacciones psicológicas ante las situaciones extremas, las ambiciones, el dolor, los suelos, las ilusiones, las fantasías, el amor, los diversos placeres, los ambientes sórdidos, todo desfila ante los ojos del autor y bajo la mirada de Galdós, dura y sarcástica en ocasiones, tierna y humanísima en otras, irónica en las más.

Los modelos literarios de Galdós son muy diversos. Es apreciable la influencia de los escritores realistas: Balzac, Dickens, Flaubert, Dostoyevski y Tólstoi. Es también muy notable la influencia de la literatura: la Celestina, la picaresca, los clásicos del siglo XVI y XVII, y particularmente Cervantes, de quien aprende Galdós el recurso fundamental de la ironía, que le permite alejarse de lo narrado y ver más objetivamente a sus personajes.

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