La literatura de la segunda mitad del siglo XIX. El posromanticismo y el realismo




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Estilo


El ideal estilístico galdosiano es el lenguaje llano y sencillo. La prosa de Galdós es extraordinariamente ágil y de apariencia espontánea, pero siempre producto de una meditada elaboración. Sus personajes se expresan de acuerdo con su condición y quedan caracterizados por su forma de hablar. En realidad, lingüísticamente, Galdós es también un creador. Es en él constante su alerta ante el lugar común y la retórica manida (frases hechas, locuciones tópicas, formulismos de la prensa y del parlamento…) Pero, además de denunciar el lenguaje anquilosado y las fórmulas burguesas de la conversación, Galdós se sirve de esas mismas locuciones y coloquialismos fosilizados como cantera de su creatividad y juega con los sentidos literal y metafórico de muchos tópicos, rompiendo con el automatismo de las selecciones léxicas y valiéndose de esos mismos clichés en la génesis de situaciones narrativas o en la caracterización de personajes, para los que emplea constantes metáforas asociadas con su profesión, aficiones, etcétera.


      1. Leopoldo Alas “Clarín”




        1. Biografía y personalidad


Leopoldo Alas nació en Zamora en 1852, pero en 1863 se encuentra ya en Asturias, tierra que será definitivamente la suya. En 1871 se licencia en Derecho y se traslada a Madrid para cursar el doctorado y la carrera de Filosofía y Letras. Recibe entonces clases de destacados intelectuales krausistas, que dejan una intensa huella en él.

Tras la restauración borbónica, Alas es asiduo colaborador del periódico republicano El Solfeo, en cuyas páginas aparece por primera vez en 1875 el seudónimo Clarín, inspirado por el título del periódico y por el personaje de La vida es sueño.

Desde 1878, escribe en La Unión, periódico republicano federal, donde publica casi doscientos artículos. Entre tanto, ha redactado ya sus primeros relatos y se ha doctorado con una tesis dedicada a Giner de los Ríos.

En 1882 es nombrado catedrático de la Universidad de Zaragoza, se casa, viaja por Andalucía y realiza una serie de reportajes sobre el problema social andaluz. Al año siguiente es ya catedrático de Derecho en la Universidad de Oviedo, donde permanecerá hasta su muerte. A partir de entonces su actividad decae, aunque sigue publicando en los periódicos. Sus preocupaciones espirituales se acentúan y en 1898 sus inquietudes sociales lo llevan a proponer la fundación de la Extensión Universitaria de Asturias, que pretende acercar la enseñanza a los medios sociales más desfavorecidos.

En 1900 termina la traducción de la novela de Zola, Trabajo, y, ya muy enfermo, pronuncia su última conferencia en el socialista Centro Obrero de Oviedo en enero de 1901. Muere ese mismo año, no sin antes tener la alegría de ver la segunda edición de La Regenta, prologada por Galdós.


        1. Artículos periodísticos


Muestran el krausismo del que se ha empapado en la Universidad y en los salones del Ateneo, defienden posiciones políticas coincidentes con el republicanismo federal del momento y se oponen a cualquier transacción con la restauración canovista.

Desde mediados de los ochenta, se advierte un cambio de posición ideológica. Persistiendo en sus ideas republicanas, es partidario ahora de la participación en las instituciones y de alcanzar lo posible. En Clarín se ha producido el mismo desencanto que ha abrumado a los fracasados revolucionarios del 68 y de una confianza casi romántica en las virtudes del pueblo ha pasado a ensalzar los valores del individuo concreto.

La influencia de escritores como Renan o Tolstói lo empuja a una actitud espiritualista en consonancia con las corrientes irracionalistas del pensamiento finisecular. No obstante, Clarín permanece atento a la realidad de siglo. Así se mantiene republicano hasta el final de sus días y simpatiza con el socialismo.


        1. Crítica literaria


Clarín dedicó muchísimos artículos periodísticos a la crítica literaria. Parte de estos artículos los reunió en volúmenes independientes. Ideó también una publicación literaria, titulada Folletos literarios, de la que aparecieron ocho entregas entre 1886 y 1891. En la crítica literaria de Clarín puede distinguirse entre una crítica festiva y satírica y otra más seria y teórica. En ambas, la crítica es para Alas una actividad de carácter ético que sire para mejorar el nivel cultural del pueblo como crítico demócrata. La crítica, para Clarín, es un camino de conocimiento, de búsqueda de la verdad, de elevación del nivel estético de una comunidad. Denuncia, por ello, las obras y autores de mala calidad y alaba, por el contrario, lo que considera sobresaliente dentro de la literatura española de su tiempo. Esta labor la ejerce desde su enorme conocimiento de todo cuanto se escribe y discute en la Europa de entonces. Admira a Balzac, Flaubert y Zola, y, entre los escritores españoles, consideraba por encima de todos a Galdós y estimaba a Valera y a Pereda. Se mostró muy duro con los jóvenes escritores modernistas.


        1. Obra narrativa


En cuanto a su obra de creación, es casi exclusivamente narrativa, a excepción de algunos poemas juveniles y su drama Teresa (1895), que intenta conjugar la crítica social y el espíritu evangélico, dentro de una estética de intensa concentración dramática y escenográfica naturalista.

Pese a su brevedad, es su obra narrativa la que le concede un puesto de primer orden en las letras españolas. Solo escribió dos novelas: La Regenta y Su único hijo, algunas novelas cortas (Pipá, Avecilla, Las dos cajas, Doña Berta, El Señor…), varios fragmentos novelescos inconclusos y poco más de cien relatos breves, publicados en su mayoría en la presa y que recopiló, junto a otros inéditos, en volúmenes independientes: Pipá (1886), El Señor y lo demás, son cuentos (1893), Cuentos morales (1896) y El gallo de Sócrates (1901).


          1. Los cuentos y las novelas cortas


Los cuentos de Clarín se pueden dividir en dos clases:

a) Los cuentos satírico-burlescos: tienen un entronque costumbrista y parten de un tipo caricaturesco cuyos rasgos se satirizan. Son cuentos muy próximos a ciertos artículos periodísticos y revelan este parentesco.

b) Los cuentos de talante serio y reflexivo: en ellos aparece el escritor lírico y sensible que muestra su afecto hacia los menesterosos, Alas expresa sus preocupaciones personales de cada momento.
Las novelas cortas muestran también las mismas constantes clarinianas: ironía, fino humor y, al mismo tiempo, ternura y humanidad. En cuanto a la ambientación, los relatos se desarrollan en Madrid, pequeñas capitales provincianas o el campo asturiano. Normalmente la ubicación se halla ligada a la intención del autor.


          1. Las grandes novelas




            1. Su único hijo (1891)


Su único hijo (1891) narra la vida en una pequeña capital de un frustrado matrimonio, cuyas relaciones con los componentes de una compañía de actores sitúan la acción en un ambiente extraño y degradado. Clarín juzga duramente la moralidad de la sociedad que retrata, cuyos rasgos, ocultos bajo una máscara de pseudorromanticismo trasnochado son el egoísmo, la rapacidad, el engaño, la hipocresía y la mentira.

Los personajes viven en la más extrema soledad y se mueven por intereses materiales en un medio social que condiciona su comportamiento con una mezcla de determinismo naturalista y sensualismo decadente.

El protagonista es un individuo pusilánime que realiza un ímprobo esfuerzo por vencer esa debilidad y reafirmar su identidad. El personaje oscila entre lo ridículo y lo sublime. Su fuerza de voluntad lo hace elevarse por encima de la realidad que lo rodea y forjarse un destino propio elegido personalmente.

La importancia en la novela de la voluntad, de la familia, de la infancia, del espíritu religioso, del tiempo de la memoria, de lo subjetivo, responde a la angustia ante la sociedad, el desarraigo y el miedo al mundo.


            1. La Regenta (1885)


La Regenta (1885) es una de las grandes novelas de la literatura española.
a) Modelos:
Se encuadra dentro de dos modelos típicos de la novela realista:

-La novela de adulterio: que tiene como protagonista a una mujer burguesa profundamente insatisfecha.

-La novela de sacerdote: ya que uno de los protagonistas lo es y de ahí arranca el conflicto entre la castidad impuesta y el instinto natural.
b) Personajes:
Los protagonistas de la novela son dos: Ana Ozores y el Magistral, Fermín de Pas. Ambos personajes tienen en común su desclasamiento: ella, hija de un aristócrata liberal, acaba como esposa del viejo y ridículo regente de la Audiencia; él, de humilde origen, está escalando a los más altos puestos de poder del cabildo catedralicio.

En los dos se produce una profunda insatisfacción: Ana, frustrada humana y sentimentalmente en el marco de una ciudad levítica, añorando una madre que no tuvo y un hijo que no tiene; el Magistral, sometido a la férrea voluntad de su madre y sin meta humana alguna, excepto la ambición desmedida del poder.

El tercer personaje en importancia es Álvaro Mesía, dirigente liberal de la provincia y tenorio por excelencia de la misma. Ana termina en manos del insustancial Mesía, con lo que consuma su propia degradación.

En el fondo, la auténtica protagonista de la novela es la sociedad provinciana en su conjunto. Clarín disecciona en Vetusta, nombre literario de Oviedo, donde suceden los hechos las mezquindades, frustraciones y pequeñeces de la sociedad española de la Restauración. Clarín satiriza sin piedad los comportamientos de la clase dominante de la sociedad canovista: clero, nobles, indianos, burgueses desfilan por sus páginas dando muestras de su frivolidad, hipocresía, orgullo, mediocridad y miseria moral.

La extensa fauna de personajes de la novela está casi por completo marcada por los mismos rasgos de los protagonistas: frustración, insatisfacción, sexualidad reprimida. Hay pocos personajes y éstos no tienen la entidad suficiente para cambiar los derroteros de la sociedad podrida.
c) Estructura:
La estructura de la novela está muy pensada. Todos los elementos están interrelacionados: reflejan las relaciones de sus tres personajes y todo se organiza en función de ello. Consta de dos partes simétricas y bien equilibradas. La primera se desarrolla en tres días y la segunda en tres años. Esta desproporción es solo aparente, porque en la primera parte se rememoran retrospectivamente muchos años.

Al principio la acción es más lenta, ya que se describen en detalle personajes y ambientes que son fundamentales para el desarrollo de la novela. La segunda parte es más rápida y dinámica, hasta el desenlace de la obra.

d) Naturalismo en La Regenta
En La Regenta, es muy importante la influencia del ambiente sobre los personajes, por ello se ha insistido en su carácter naturalista. En efecto, tanto el mundo exterior (la ciudad en que viven, el ambiente callejero, las relaciones sociales) como el más próximo a los personajes (su familia, su infancia, su formación) los condicionan de modo definitivo.

Incluso la naturaleza se relaciona con los movimientos anímicos de los personajes: la lluvia constante, las estaciones del año…

Dos son las notas dominantes en el ambiente que envuelve a los personajes de la novela: el tedio y la lujuria. En la cerrada ciudad provinciana todo se repite hasta el aburrimiento, y personas como Ana Ozores no encuentran más salida a su hastío que el refugio en libros y sueños románticos, perfectamente inútiles como solución vital.

La sexualidad, más o menos reprimida, es la vía de escape de muchas frustraciones. Objetos, ambientes y personajes parecen rodeados de un halo de erotismo que impregna sus movimientos, sus conversaciones, sus sueños y sus pensamientos.
e) Técnica
Clarín ensaya en esta novela múltiples recursos narrativos. Lejos de las novelas de tesis, el autor deja hablar a los personajes, que charlan o piensan en alto constantemente. Cada personaje se expresa de acuerdo a su carácter, formación, nivel social… Muchos están caracterizados por sus tics lingüísticos.

El narrador, en consonancia con los principios naturalistas, se distancia de sus personajes y deja que ellos mismos vayan construyendo sus historias particulares mediante el uso consciente y reiterado del estilo indirecto libre. Ello no obsta para que el narrador externo intervenga cuando le interesa, anticipando acontecimientos, sembrando pistas falsas para intrigar al lector, contraponiendo su visión de la realidad con la que de ella dan los distintos personajes, etc. No se trata nunca de un tosco narrador omnisciente, sino que mediante la ironía el autor revela su inteligentísima mirada sobre los seres y las cosas.

1 El estilo directo es un estilo narrativo en el que se inserta en el relato la voz de los personajes reproduciendo literalmente lo que dicen. El estilo directo se caracteriza por la presencia de verbo de lengua o sentido (dijo, exclamó, gritó, etc.), seguido de dos puntos y aparte, precedido de un guión, las palabras textuales del personaje.

Juan estaba agotado, suspiró y dijo:

 “Jamás volveré a subir corriendo.”

El estilo indirecto es, por otra parte, otro estilo narrativo en el que se introduce la voz de los personajes. En este caso, el verbo de lengua o sentido es seguido de la conjunción completiva que o si y a continuación se reproducen las palabras de los personajes modificadas:

Juan estaba agotado, suspiró y dijo que jamás volvería a subir corriendo.


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