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Relación con Roso de Luna
Estando revisando las primeras pruebas de imprenta de este libro en mi habitación, oficina de la Editorial de México, una mañana, inesperadamente vi sobre la mesa en que trabajaba el libro de Mario Roso de Luna titulado “HELENA PETROVNA BLAVATSKY, UNA MARTIR DEL SIGLO XIX”. Alguien de la Editorial lo había sacado de los estantes para mostrarlo a un estudioso de estos temas que deseaba información al efecto. Tomé dicho libro, que en mi anterior viaje a México, había intentado leerlo porque sin duda me despertó interés. La realidad es que hasta este momento no tomé la decisión firme de leerlo en su totalidad. En la lectura del libro en cuestión de Roso de Luna, me di cuenta de su vastísima erudición, su preparación científica y el conocimiento amplísimo de los temas esotéricos. Sin duda alguna, que don Mario, tuvo que ampliar tales conocimientos durante el tiempo que vivió en París, sus viajes por Europa y América investigando siempre la fuente de las Culturas arcaicas y su amplia investigación del Simbolismo de las Religiones etc., etc.

Su profundo interés por la vida y la obra de Blavatsky, se evidencia, en las numerosas citas que tiene en su mencionada obra. Yendo a la fuente de los primeros exponentes de la Teosofía que conocieron personalmente a Blavatsky, tales como: Sinnett, el Coronel Olcott y el Dr. Hartmann. Dándonos a conocer además el testimonio del noble español, don José Xifre, quien fuera su discípulo y que vivió en Inglaterra por algún tiempo con la propia Blavatsky. Nos da a conocer además, Roso de Luna, la opinión que tuvo una hermana de Blavatsky que la admiraba asombrada por las facultades que ella tenía.

Al leer todo el caudal de información que vierte Roso de Luna en su obra, uno no puede menos que admirar profundamente, tanto a Blavatsky como a don Mario. Ella fue, en efecto, una mártir y una heroína que hizo uno de los más arduos intentos de acercar a la humanidad y de sintetizar la sabiduría de todos los siglos. Leyendo los libros de Roso de Luna, especialmente el que ahora comentamos, puede conjeturarse el esfuerzo, el magno esfuerzo de Blavatsky, viajando por todo el mundo, intentando infructuosamente por vez tercera visitar el Tíbet, donde ella pudo al fin ponerse en contacto con los Lamas y Maestros, que le facilitaron la información valiosísima que completaría su preparación iniciática, para llevar el mensaje de sus guías y Maestros que ella plasmó en sus geniales obras.

Dudo que se haya escrito en español y quizás, en otros idiomas, un libro tan abundante en información sobre la vida y obra de Blavatsky. Así que los estudiosos de habla hispana de este tema, tenemos todos una deuda con don Mario Roso de Luna, deuda que saldamos en parte nosotros, al dar testimonio, como lo hacemos, en estos comentarios informativos, sobre Roso de Luna y su obra.

En cuanto a mi muy estimado amigo Fernando Valera, fue él quien me dio la oportunidad de conocer personalmente a don Mario Roso de Luna, que él admiraba mucho. Recuerdo que una tarde, no memorizo en qué año fue, nos dimos cita con Valera y don Mario en un café clásico madrileño. Durante algunas horas estuvieron dialogando ambos. Confieso que por mi pobre formación en Ciencias y otros temas, de que ellos hablaban, lo mejor que podía hacer, era escucharlos. Después de algunas horas de conversación, tuvimos que acompañar a don Mario, bien entrada la noche, hasta su casa caminando un buen trecho, desde la célebre Puerta del Sol, hasta cerca donde hoy está situado el Ministerio del Aire.

En verdad, en aquel entonces, leer en su totalidad un libro de Roso de Luna era para mí tan difícil, como entrar en un bosque desconocido tropical superabundante. Mas ahora, con genuino interés, estoy leyendo con fruición el libro de don Mario que comentamos. Esto se debe sin duda al haber estudiado previamente, durante cinco años, los libros de H.P.B., Isis sin Velo y la Doctrina Secreta.

Es notable pues que un escritor español, como don Mario, haya dejado escrito en nuestro idioma, un documento tan interesante como el que apologizamos. Decimos esto porque el futuro tendrá en la obra de Roso de Luna una fuente extraordinaria para el acercamiento entre una ciencia abierta a estas realidades espirituales y la Verdadera Religión, que no será dogmática, sino enraizada en la Verdad y la Naturaleza. Esta nueva síntesis, se perfila muy atinadamente en el valioso libro del Dr. Capra; “El Tao de la Física”.

Todo lo que hemos afirmado anteriormente, justifica que el Ateneo de Madrid, hace más o menos dos años, haya reinstalado el cuadro de Roso de Luna en una sala de hombres ilustres. Como nos informase el culto doctor Eduardo Alfonso, él fue uno de los discípulos de España de Roso de Luna que asistió al Ateneo de Madrid, junto con los Reyes de España, al homenaje que allí se le ofrecía a don Mario.

PRIMEROS ENCUENTROS CON KRISHNAMURTI
Cuando mi vida y la de Fernando Valera tomaron distintos rumbos, seguí leyendo con gran dedicación las obras de Helena Petrocna Blavatsky, de la Dra. Annie Besant y de otros eminentes teósofos. Sin embargo, pronto las obras de Krishnamurti llenaron mi vocación profunda y religiosa. En aquella etapa poética y mística de K establecí con él una gran sintonía.
Primer Viaje a Ommen

Entregado de lleno a estas lecturas y llevado de mi vocación y sentido de búsqueda, quise conocer y escuchar personalmente a Krishnamurti. Por vez primera fui a escucharle a Ommen, Holanda, en donde se habían iniciado en el año 1926 los célebres campamentos.

Mi primer encuentro con K fue en el año 1927. Desde entonces asistí anualmente con amigos de España al Campamento de Ommen. Allí me reunía con mucha juventud europea y con un buen grupo de amigos de España y Latinoamérica.

Krishnamurti llegó a convertirse en un amigo muy admirado que me daba la pauta de mi vida interior y de mi libertad.
Segundo Viaje a Ommen

Recuerdo con fruición que en mi segundo viaje a Ommen en 1928, tuve ocasión de conocer y escuchar personalmente a la Dra. Besant y también al obispo Leadbeater. Recuerdo que ambos seguían muy atentos lo que decía Krishnamurti. El anuncio que ambos hicieron allí acerca de Krishnamurti despertó en muchas partes del mundo una expectación y una devoción que dio lugar a mucha idolatría, cosa que acabó por rebelar al joven Krishnamurti. Ellos expresaron que K sería el nuevo avatar y que una gran entidad espiritual habría de inspirar su mensaje para abrir una época nueva en la historia de la humanidad. A pesar de la calidad moral y espiritual de todo el grupo de líderes teosóficos que rodeaban a K, pronto se pudo apreciar por la actitud que adoptó K, que él no seguía al pie de la letra el camino que le habían trazado sus viejos amigos.

En 1929 pronunció su célebre discurso en el que no aceptaba muchas de las afirmaciones que habían hecho sus amigos. Rechazó de plano el nombramiento de los Apóstoles que había proclamado la Dra. Besant, y se negó a apoyar las organizaciones que se habían creado para prepararle su misión. Rechazó igualmente todas las ceremonias como innecesarias para la verdadera vida religiosa y también se negó a respaldar movimientos religiosos tales como el de la Iglesia Católica Liberal y la Comasonería.

Hago referencia en particular al discurso de K “¿Quién Trae la Verdad?” que pronunció en Eerde, Holanda en el año 1927, y al discurso sobre la Disolución de la Orden de la Estrella, que pronunció en Ommen el 3 de agosto de 1929. Si nos atenemos a sus declaraciones en dichos discursos y a sus decisiones terminantes, lo que culminó, entre otras cosas, con su rompimiento con la Sociedad Teosófica fue la proclamación sobre el nombramiento de los Apóstoles que había hecho la Dra. Besant. Según la Biografía de Krishnamurti, dicha proclamación había sido inducida por el Dr. George Arundale y el Obispo James Ingall Wedgwood. Como se informa en la propia Biografía, el Obispo Wedgwood sufrió una crisis mental a causa de sus esfuerzos clarividentes. El que escribe tuvo oportunidad de comprobar tal estado de desajuste mental cuando el Obispo Wedgwood visitó Madrid en 1932 acompañado de una secretaria inglesa. Cuando el citado obispo llegó a Madrid fui con mi amigo el ingeniero Luis García Lorenzana  que a la sazón era el Presidente de la Sociedad Teosófica Española- a darle la bienvenida en el Hotel Palace donde se hospedaban. En la capital española se le recomendó dar un paseo por el sur de España donde habían nacido algunos de sus antepasados.

Lo notable de toda esta situación embarazosa que se creó en torno a los Apóstoles autonombrados, es que el Obispo Leadbeater  la máxima autoridad en los asuntos ocultos o esotéricos de la S.T.- no aceptó tal proclamación y puso el grito en el cielo presintiendo que ese nombramiento podía originar un cataclismo dentro de la Sociedad Teosófica. Este presentimiento del Obispo Leadbeater se convirtió en realidad, pues dentro de la Sociedad, en casi todo el mundo se originó una división entre los que aceptaban la proclamación de la Dra. Besant y los que deseaban mantener los principios puros de la Sociedad Teosófica fundada por Mme. Blavatsky sobre las bases de libertad de pensamiento y no dogmatismo. En Valencia y en España en general, la Sociedad Teosófica se desmembró. En Valencia los Valera con la mayor parte de los jóvenes y con algunos viejos se apartaron desde entonces de dicha Sociedad.

Yo continué mis relaciones con los amigos teósofos, aunque no fuera miembro activo de la S.T. por varios años, pues era mucho lo que mi vida se había enriquecido estudiando la vasta producción de obras y la sabiduría puesta al alcance del mundo, por conducto de La Doctrina Secreta de Blavatsky y muchas otras obras de Besant, Jinarajadasa, Leadbeater y otros autores. Siempre he considerado que, para encontrar un grupo de seres humanos a la altura espiritual y moral del grupo de dirigentes, conocidos por mí personalmente dentro de la S.T., habría que remontarse a los tiempos de Jerusalén y de la Grecia clásica.

No obstante lo expresado anteriormente, que refleja mi modesto sentir, por muchos años experimenté profunda inquietud, dudas y decepciones, aun dentro de la S T. ¿De dónde partió en realidad la inesperada proclamación de los Apóstoles? No lo sé. Es probable que el pensamiento no pueda llenar esta laguna. Es algo que preocupó mucho a numerosos buenos teósofos y al que escribe, pero actualmente he descartado toda preocupación en torno a este escabroso asunto, y me atengo al valor del mensaje de K en sí mismo. Lo que sí guardo es una profunda gratitud para Besant y Leadbeater, pues ellos acertaron a ver en el niño K al gran ser que había en él. Al verlo, presintieron que sería el portador de una nueva luz y de una nueva inspiración para los seres humanos; que el mensaje que traía K abriría una nueva etapa en la historia del mundo.

Algunas de las personas que asistían a estos campamentos escribían reportajes sobre las pláticas para los periódicos de sus respectivos países. A continuación se transcribe una de mis crónicas y otra de Clara.
Krishnamurti, en Ommen

Concentrábame escuchando a Krishnamurti aquí en los campos de Holanda y veía en sus palabras y en su gesto una expresión viril y honrada no exenta de afectuosidad. Sus palabras sacudían todo nuestro ser, haciéndonos llegar a una riqueza de tensión que nos hacía percibir ese mundo interior que él trataba de comunicarnos.

Es sumamente difícil situarse en ese estado de honradez consigo mismo que nos capacite para aprehender todo el valor de un mundo nuevo y veraz que alguien nos presenta. Nos lo impide nuestro ligamen con las caras ilusiones que hemos creado alrededor nuestro. Por eso las palabras de uno de estos genios creadores nos hieren y suenan a dureza, aun cuando en ellos no exista ni aun siquiera el deseo de forzarnos a su mundo. Hablan con el corazón lleno de la más pura intención para señalarnos cuál es el camino que ellos ven y han experimentado con el fin de que podamos encontrarnos a nosotros mismos. Es muy distinta esta actitud de la del feligrés que quiere encerrarnos en su jaula acuciado por un sutil sentido de poderío.

Estas son algunas de las palabras de Krishnamurti: “Si deseáis seguridad o poder, sea ello económico, emocional o mental, no tengo nada que ofreceros. No lo puedo dar porque no creo en ello. Lo que queréis es para mí una ilusión. No estoy hablando a un grupo de personas sino a individuos. No soy un reformador. No puedo reformar o crear nuevos sistemas para que los sigáis. Vosotros deseáis reformaros; para mí esto es una gran equivocación. No tengo una pauta y por lo tanto no os puedo reformar. Lo que puedo hacer es enseñaros las barreras que se alzan entre vosotros y la Vida. Debéis libertaros vosotros mismos. Cuando os libertéis de esas barreras la Vida fluirá naturalmente. Hay tantas barreras de las que estáis inconscientes, pero si os hacéis conscientes de ellas os libertaréis automáticamente”.

Sigue Krishnamurti hablándonos en otra plática siempre con la misma clara visión y riqueza de experiencia que sabe llegar al punto de partida de nuestro tortuoso caminar. Así dice:

“Vuestra mente está tan cargada de conocimientos que oís mis palabras y perdéis el significado de lo que os quiero transmitir. Olvidad lo que habéis recogido de mis palabras en el pasado y escuchadme ahora con la mente libre. Yo digo que en cada uno de vosotros existe un doloroso vacío y con el fin de llenar ese vacío elegimos y diferenciamos. Así sólo cubrimos el dolor temporalmente, pero la sensación de soledad continúa. Esto ocurre porque nuestra selección se basa en el deseo. Para expresarlo de otro modo: por cuanto toda selección es hija del deseo y el deseo implica dualidad por tanto la selección crea el conflicto de los opuestos y el juicio o discernimiento quedan pervertidos. Vuestro concepto de la espiritualidad es desde mi punto de vista la verdadera antítesis de lo que para mí es la verdadera espiritualidad, el modo de vivir en que se está libre de todo esfuerzo, dolor o conflicto”.

Para estar conscientes de los obstáculos que hay en nosotros los cuales constituyen una limitación en nuestra vida, Krishnamurti nos ilustra con las siguientes palabras:

“Debéis ser francos con vosotros mismos. Digo franco, no sincero. Opongo la franqueza a la sinceridad porque la franqueza tiene una profundidad y un contenido que faltan a la sinceridad. Ser franco es ser libre, abierto como un árbol o una flor, mientras que la sinceridad implica dualidad. Uno establece un propósito y se mantiene sincero a él. Uno puede permanecer en una ilusión con perfecta sinceridad. Estableciendo un propósito, un ideal en la vida hacia el cual se es siempre sincero, hacemos la vida infinitamente complicada. No hay nunca la renovación eterna de la vida, porque tratamos siempre de ser constantes con algo, con algún propósito establecido por uno mismo. De esa idea de consistencia nace la propia disciplina que para mí es absolutamente estéril. No hay en ella necesariamente comprensión de la experiencia, mientras que para mí la comprensión nace de una vida llena, espontánea, alegre, natural, libre del conflicto de la mente y el corazón”.

No es fácil asunto éste que propone Krishnamurti. Su repudia de normas y disciplinas nos quieren llevar a esa libre espontaneidad de nuestras vidas que nos haga innecesarias incluso aquellas normas que nos hubiéramos autoimpuesto. Siendo esto así, se enfrenta esta actitud con todo lo que hemos cargado de innecesario en nuestras mentes al establecer un ideario al cual ajustamos y que equivale, como hemos visto, a la muerte de nuestra espontaneidad. Mal paradas quedan también cuantas sectas y escuelas pugnan por establecer un patrón de ideas al ajustar a las gentes.

¿Para qué hablarán estos hombres como Krishnamurti? En verdad que nos perturban y sin embargo, cuán infinito debiera ser nuestro reconocimiento para quien nos quiere colocar en esa actitud de inteligente rebeldía que ha de permitirnos un día encontramos a nosotros mismos con toda la riqueza que la Vida nos brinda.

Al preguntársele si las religiones y ciertas normas de moral y disciplina no son necesarias para personas de mentalidad inferior o sin sentido de responsabilidad, contesta Krishnamurti.

“Si sois niños necesitaréis tener nodrizas, pero recordad que las nodrizas os mantendrán siempre como niños. En vuestra actitud de superioridad hacia los demás establecéis una distinción de clases. El hombre de conocimientos trata a los demás como inferiores y los mantiene en un plano de inferioridad. Si una secta o religión es una limitación para unos lo es para todos”.

De acuerdo con las ideas de Krishnamurti se presenta la necesidad de un cambio completo de actitud tanto en nuestra autocultura como en la educación de la juventud. Véase si no, su respuesta de cómo educar a los niños y cuál debe ser la actitud de los educadores: “Para mí, dice Krishnamurti, el niño no es lo importante, sino el padre, la madre o el maestro. No consideréis al niño por el momento, mas averiguad para vosotros mismos si como individuos en vuestra calidad de padre, madre o maestro estáis libres de la idea de autoridad. Mientras seáis esclavos de la autoridad estaréis transmitiendo al niño todos los falsos valores y temores que habéis acumulado. Sin embargo, si estáis realmente tratando de liberaros de todo esto, entonces hallaréis la manera de ayudar al niño”.

Como puede verse en las preguntas que se le hacen a Krishnamurti, se ven reflejadas todas las inquietudes que tiene el hombre actual planteadas. Se le hicieron algunas preguntas sobre la pesadilla que se cierne alrededor del problema social en todo el mundo y después de haber afirmado en repetidas ocasiones que él personalmente no pertenece a filiación política o social alguna, entresacaremos aquellos puntos de mayor relieve sobre el asunto:

“Pretendéis, dijo, resolver vuestras dificultades económicas por medio de un milagro. No existe la panacea universal. Pero podéis individualmente y por lo tanto colectivamente ver la causa fundamental e individualmente y por lo tanto en colectividad salir de este cruel sistema social. Durante siglos los hombres han ido construyendo esta civilización, en la cual el hombre se ha vuelto como un animal salvaje, luchando por su propio bienestar, seguridad, posesiones mientras que espiritualmente, es decir, en el mundo del pensamiento y el sentimiento, el hombre se ha entregado por completo a la autoridad, a la obediencia e imitación; habéis creado un sinnúmero de autoridades, instructores religiosos, dioses para adorarles. Individualmente para pensar sois unos corderitos, pero obráis como si fueseis unos lobos en cuanto se trata de ganaros la vida. Es de la máxima importancia llegar a la raíz del problema. O sea: en lo que respecta al pensamiento y al sentimiento, no debéis tomar a otro como guía, sino ser íntegramente independientes; mientras que en el trabajo, debéis uniros para organizar colectivamente vuestra existencia. Cooperar, trabajar y organizar juntos desechando esta idea de nacionalidades, banderas y fronteras”.
Salvador Sendra

Publicado en el periódico “El Pueblo” de Valencia, España
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