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Jiddu Krishnamurti y la presente situación mundial
Una sola mirada en derredor basta para percatarnos de la honda crisis que conmueve al mundo. Por el choque constante de locos egoísmos toda la humanidad se hunde en un doloroso caos de odio y miseria

Desorientando, sin fe en sus propias esperanzas, desquiciados los mal llamados valores fundamentales, corrompidas en sus principios las instituciones religiosas, políticas y sociales que ayer fueron su refugio, el hombre se ha convertido en su propia víctima. Y en medio del desorden, cuando todo amenaza derrumbarse dentro y fuera de nuestro espíritu; mientras las primeras mentalidades de la humanidad fracasan en la Liga de Naciones, o desde los más prestigiosos sitiales de un parlamento, o en el laboratorio científico; cuando todos parecen vencidos en su intento de alcanzar para el mundo un poco de orden y felicidad..., un hombre joven y sencillo, con la sabiduría sin pretensiones de un sabio y la bondad y energía de un verdadero maestro, ofrece al mundo atribulado su remedio.

Jiddu Krishnamurti, sereno ante la hecatombe, con esa serenidad que sólo puede alcanzarse mediante la realización de una interna armonía y con esa seguridad de quien vive en lo fundamental, no habla de nuevos sistemas de gobierno o de milagrosos inventos científicos, ni de viejas o nuevas religiones o filosofías. Habla de la realización del individuo de la Verdad, que según él es la realización de la Vida misma, de la única posible felicidad. El mundo necesita volver de nuevo a lo fundamental y él quiere guiarle.

Como no pertenece a ningún grupo de opinión, ni organización religiosa, ni escuela filosófica, como está libre de toda traba, habla para todos, y para entenderlo en su honda sencillez es preciso, según él mismo aconseja, limpiar la mente y el corazón de toda esa maraña de teorías, prejuicios y dogmas que ha hecho de la vida una cosa compleja y dolorosa.

Tuvimos la buena suerte de oírle este verano pasado en Holanda durante su visita al Campamento de Ommen, donde se congregaron para escucharle más de ochocientas personas de treinta y tres nacionalidades distintas.

Nunca nos preocupó la tan debatida cuestión de si es o no el nuevo Instructor del mundo. En ese particular seguimos por íntimo convencimiento su propia insistente recomendación. “Quien yo sea”, dice, más o menos, “no debe importaros. Si en realidad buscáis establecer la Verdad en vuestros corazones y resolver así el doloroso caos que habéis creado, lo único que debe interesaros es si lo que yo digo es esa Verdad. Pero para saberlo habréis de juzgarlo imparcial e impersonalmente, libre vuestra mente de todo prejuicio o fanatismo... Mi único propósito es estimularos a ser libres y si aceptáis mis ideas sin comprenderlas, o porque son mías, sólo habréis logrado hacer de mí una nueva jaula, postraros ante una nueva autoridad que os esclavice como tantas otras pero nada habréis adelantado en la realización de vuestra libertad. Yo seré para vosotros un nuevo obstáculo.

Si buscáis en mí, como lo habéis hecho en libros, religiones, escuelas de filosofías o sistemas sociales, un refugio para vuestra debilidad, sólo alcanzaréis acentuar esa debilidad.

Y PORQUE quiero que seáis libres no habréis de convertirme en vuestra prisión, porque os deseo fuertes me opongo a que busquéis en mí un nuevo refugio que intensifique vuestra debilidad.

Quiero indicaros el camino de la felicidad que yo he realizado, pero no os llevaré de la mano porque sé que sólo vosotros mismos podéis romper vuestras cadenas; sólo en vosotros hallaréis la fuerza, el poder de hacer de vuestras vidas, como el artista, una obra de arte. Y sé que sólo cuando hayáis realizado ese propósito de perfección y armonía en vuestro propio corazón, será posible la creación de un nuevo orden de felicidad en el mundo”. En una palabra, busca el remedio del problema humano donde sólo puede hallarse, en su causa, en el individuo.

Toda la civilización moderna, según él, se basa en un principio ideológico fundamentalmente erróneo. Cada hombre se cree una unidad de vida y de conciencia separada del resto, cuando en realidad es uno con el todo, con la Vida, con la Verdad. Por esa idea equivocada de su propia naturaleza el mayor empeño del hombre consiste en fortalecer y glorificar eso que él llama su “yo”, su “personalidad”, y se convierte en un centro de acaparamiento constante, de insaciable egoísmo. Aún en la práctica de los ideales más nobles sigue siendo un gran egoísta. Y mientras la Vida que es él, una y armónica, pugna por manifestarse en toda su hermosa plenitud, él la encarcela y siente el dolor de su propio encadenamiento porque encadenando la Vida se encadena a sí mismo. Y viene el ansia de libertad, y viene el dolor de las íntimas limitaciones.

El hombre es, pues, prisionero de sí mismo, y pudiendo ser fuente inagotable de Vida, es dolorido centro de egoísmo; pudiendo sentirse uno con los demás y gozar de la felicidad de darse a ellos con amor, se envenena de odio; pudiendo ser fuerza viva de eterna plenitud se debilita y achica en su cárcel de miedo; pudiendo ser feliz es desgraciado y miserable; pudiendo crear orden en derredor, su obra culmina en este horrible caos porque atraviesa la humanidad. Todo por su idea ilusoria de separatividad, por un desconocimiento absoluto de la verdadera finalidad de la vida individual, cual es, la realización de la Vida una”.

En ese concepto equivocado de la vida que Krishnamurti trata constantemente de destruir, estimulando al hombre a ahondar en si mismo, a vivir intensa y conscientemente cada minuto que pasa, manteniendo vivo en el espíritu un fuerte anhelo de libertad y perfección. Su palabra, sencilla y fácil no se desparrama en el ambiente, antes busca penetrar en nuestro espíritu y despertarlo a la necesidad de una noble realización de la Vida, de la Vida en su sentido eterno de plenitud.

Y mientras los políticos más eminentes del mundo civilizado buscan el remedio de nuestra crisis en nuevos sistemas de gobierno, él dice: “Realizad la armonía en vosotros mismos y sólo entonces podréis crearla en el mundo”.

Mientras se decretan miles de leyes inútiles contra el crimen, el vicio y la degradación, él recomienda sencillamente, “Ahondad en vuestro corazón, buscad lo que hay de esencial en la Vida y cuando prenda en vuestro espíritu un verdadero anhelo de libertad y plenitud, ese anhelo será vuestra propia ley porque la propia disciplina es la única disciplina verdadera”.

Mientras los hombres se postran de rodillas e imploran su salvación de distintas entidades desconocidas y lejanas, él repite una y otra vez con la seguridad de quien habla por experiencia, “nadie podrá salvaros sino vosotros mismos. Los demás por grande que sea su poder sólo podrán estimularos. La realización de la felicidad y la Vida sólo vendrá por vuestro propio esfuerzo de perfección”.

Mientras en su afán de cultura el intelectual moderno almacena más y más información en la mente, él nos habla de la necesidad de un poco más de sabiduría (wisdom) que consiste en una comprensión del sentido eterno de la Vida y de la misión del individuo.

Mientras el nacionalismo en el mundo pretende libertar pueblos, él se preocupa de libertar hombres.

Y mientras las religiones posponen la realización de nuestra felicidad para la otra vida, él dice: “Vivid ese esfuerzo de plena liberación en cada instante de vuestras vidas. Sólo haciéndoos plenamente conscientes en vuestra diaria acción llegaréis a trascender las limitaciones de vuestra conciencia individual. La Verdad está en vosotros mismos porque sois, sin saberlo, una con ella. Realizada en cada minuto de lucha, de dolor o de placer. No pospongáis su realización que perdéis la única eterna realidad, el presente. Si sois capaces de comprender el presente en toda su significación, en toda su riqueza, en toda su plenitud, habréis trascendido el tiempo y ganado el conocimiento de lo eterno”.

Jiddu Krishnamurti, pues, ofrece al mundo un mensaje de vida, de noble realización en el presente, un nuevo concepto de individualismo; y lo ofrece con sencillez con amor, y con esa honda sabiduría que tuvieron siempre los grandes maestros. Quienes puedan entenderlo y vivir sus ideas, sin duda hallarán en él un hermoso caudal de nuevo estímulo para la realización de su propia felicidad y el establecimiento de un nuevo orden en el mundo.
Clara Lugo

“El Mundo”. San Juan, Puerto Rico, 1931

PRIMERAS VISITAS A LATINOAMÉRICA
En el año 1929 una casa editora de España me confió la misión de visitar toda Latinoamérica y el territorio de E.U.A. colindante con México. Puse como condición a esta oferta, que se me permitiese hacer al mismo tiempo la promoción de las obras de Krishnamurti y las de Teosofía. Esa condición me fue aceptada y la difusión de las obras de K y de la Teosofía tomaron gran impulso en dicha gira. En aquella época la única empresa que editaba dichas obras era la Biblioteca Orientalista de mi amigo don Ramón Maynadé de Barcelona.

Esta gira tuvo la feliz coincidencia de que un año antes el Sr. C.J. Jinarajadasa había recorrido casi toda la América Latina en difusión teosófica, y había hablado también del joven Krishnamurti que empezaba a ser conocido mundialmente. Las conferencias del Sr. Jinarajadasa recibieron favorable acogida por parte de la prensa, Jinarajadasa, doctorado en Cambridge, poseía una amplia cultura y dominaba varios idiomas. Las conferencias las leía en español y eran muy bien recibidas, pues era el primer misionero de la Teosofía procedente de la India que visitaba los pueblos de Latinoamérica. De América él pasó a España, y como allí nos encontramos, tuve oportunidad de presentarlo a mi ciudad natal de Valencia.

Este primer viaje que hice por toda Latinoamérica en 1929 fue algo sorprendente, novedoso y agradable; algo como le ocurre al explorador curioso lleno de alegría y vitalidad, que va descubriendo de día en día la belleza del interior de los mares, de los bosques y de la tierra.

La llegada al Brasil con su esplendorosa vegetación en verde permanente, impactaba mi sensibilidad y admiración por la naturaleza. Las gentes me parecían como notablemente bondadosas. Aún cuando el idioma me sonaba muy diferente al castellano, no me era tan extraño por el conocimiento nativo del valenciano/catalán que se hablaba en mi hogar.

Río de Janeiro ganó toda mi admiración con sus parques, playas y montañas que rodeaban la ciudad. El Pan de Azúcar, vigilante de su amplia y hermosa bahía, despertaba una inusitada admiración. Cada vez que podía y me lo permitían mis quehaceres aprovechaba para escalar el Corcovado y el Pan de Azúcar con su teleférico.

Me valió mucho haber tenido en Ommen contacto y relación con el amigo Aleixo de Souza, quien me introdujo con algunas amistades y simpatizantes de la teosofía y de K. Aleixo, quien ocupaba el cargo de taquígrafo y traductor en el Congreso de Brasil, me invitó a distintas reuniones en las Logias Teosóficas.

Por vez primera probé las ricas frutas tropicales, papaya, cocos, ananá, caquis... que agradaban a los sentidos llenos de expectación.

De Brasil, pasé a Montevideo, Uruguay, en donde por suerte encontré a un atento amigo que había conocido en Ommen. Tuve ocasión de confraternizar con los uruguayos a través de dicho joven amigo. Comprobé en tal relación la exquisitez y la atención espontánea y emotiva de las gentes que iba conociendo, especialmente entre los teósofos y amigos de K. También estuve en varias reuniones de las Logias Teosóficas de Montevideo, invitado por la educadora Sra. La Gamma, quien era la presidente de la S.T. uruguaya.

En Montevideo tuve estrecha relación con el culto escritor, teósofo y amigo de K quien fue representante de la Krishnamurti Writing Inc., el Sr. Alvaro Araujo. Nuestra relación con don Alvaro se estrechó cuando estuvo K en Montevideo y más tarde en 1952 estuvimos juntos en las pláticas que K diese en Nueva York. Una de las mejores revistas teosóficas la publicaba el Sr. Araujo. Hizo también una notable traducción del extenso libro “Cartas de los Maestros de Sabiduría”.

Desde Montevideo, en 1929, pasé a Buenos Aires atravesando durante la noche el ampuloso Río de la Plata en un pequeño buque.

Buenos Aires resultaba ser para el visitante anónimo algo aterrador. En 1929 era una de las ciudades mayores del mundo con sus 8 a 10 millones de habitantes. Por suerte en España, dentro de la Sociedad Teosófica, había conocido en una Logia de Madrid a la familia Miranda, procedente de Buenos Aires. Más tarde estuve con la familia Miranda en Málaga y Valencia en donde me reuní con ellos en distintas ocasiones en las Logias y también mostrándoles las ciudades españolas. Durante mi visita a Argentina tuve la oportunidad de visitar a la familia Miranda con frecuencia y de establecer una íntima amistad con la Srta. Aurora Miranda.

Tan pronto llegué a Buenos Aires fui a visitar a la Srta. Aurora Miranda en su oficina. Ella era la secretaria del Dr. Federico Gándara, quien con su esposa había creado la Colonia Escuela de la cual se habla posteriormente.

Aurora Miranda fue providencial para mí, en la gran urbe pues fue mi anfitriona en Argentina, dándome a conocer a numerosas personas destacadas en Buenos Aires. Mi primera visita a la gran urbe duró como tres meses y tuve ocasión de conocer a varios periodistas de la capital y varios escritores. Tuve especial amistad con el doctor Catalano y su esposa y con el escritor Arturo Montesano Delchi. Este último escribió varios libros, entre ellos su visita al Campamento de K en Ommen, Holanda. Además, la empresa por la cual yo viajaba, le publicó un libro sobre plantas medicinales.

La estadía en Buenos Aires en 1929 fue por demás repleta de actividades, excursiones, etc., casi siempre organizada por Aurora Miranda. Antes de salir de Buenos Aires formalizamos nuestra relación amorosa y nos comprometimos para llevar a cabo nuestro matrimonio al término de mi gira por Latinoamérica. Cuando finalicé el viaje en la Habana, a fines del 1929, tomé un buque que recorrió toda la costa del Pacífico hasta llegar a Valparaíso, y por tren viajé de nuevo a Buenos Aires desde Chile.

Una vez en Argentina nuestros propósitos matrimoniales quedaron frustrados. Las dificultades y la negativa de su padre aceptar nuestra unión llegaron a amenazar su salud y la mía. De mi parte enfermé estando en mi hotel en Buenos Aires y de allí acepté la invitación de los Gándara, trasladándome a la Colonia Escuela cerca de Chascomús.

Debo decir que Buenos Aires me impresionó por sus muchas buenas librerías. Sin duda era la capital de mayor desarrollo intelectual y mayor consumo de libros de Latinoamérica.

LA FAMILIA FIELD POVEDANO
Durante mis viajes por Latinoamérica en 1929 tuve muchas oportunidades de establecer muy buenas relaciones de amistad. Muchos amigos me facilitaron contactos de sumo interés para la misión que yo me había impuesto de difundir el mensaje de la Teosofía y las enseñanzas de K. La mayor parte de esos contactos se originaron en las logias teosóficas.

Entre esos buenos amigos está la familia Field Povedano, cuyos miembros eran todos teósofos y a la vez estaban interesados en las enseñanzas de K. A los integrantes de esta familia los conocí personalmente en países distantes unos de otros; en España, Holanda, Costa Rica y Norteamérica. El primer Povedano con quien establecí relación fue el Prof. Tomás Povedano hijo, oriundo de Córdoba, España. Esto sucedió cuando yo aun vivía en Valencia en la década del 20 y viajé a Córdoba más de una vez. La casa del Prof. Povedano era el punto de reunión de un grupo de personas interesadas en la Teosofía y también en las enseñanzas de K.

En el año 1927 y durante las pláticas de Ommen, Holanda, conocí fortuitamente al primer Field Povedano, al amigo Sidney Field Povedano, cuyos padres y demás familiares se habían establecido en Costa Rica desde hacía muchos años, y que mantenían una relación muy estrecha con K. Sidney era sobrino del Prof. Tomás Povedano hijo. El padre de Sidney se llamaba Walter Field y era ciudadano norteamericano, y su mamá se llamaba Sinta Povedano, natural de Andalucía, España, y hermana del Prof. Tomás Povedano hijo. El padre de Sidney era director de un banco en San José, Costa Rica.

En el año 1929 conocí en San José, a don Tomás Povedano, padre, que era un notable pintor español, oriundo de Andalucía. Don Tomás Povedano, padre, pintó varios de los murales del teatro principal de San José. Más tarde el gobierno de Costa Rica lo nombró Director de Bellas Artes. Don Tomás Povedano padre era el abuelo de Sidney.

Es historia que en Costa Rica el mensaje de la Teosofía y las enseñanzas de K ejercieron bastante influencia en las altas esferas sociales de la sociedad costarricense. Esto se debió en gran medida a la posición prominente que ocupaban los familiares de Sidney Field en su país nativo.

Con el tiempo, la familia Field Povedano se trasladó a Los Ángeles cuando Sidney era ya un joven. Sidney se hizo amigo personal de K y solía jugar tenis con él. Le presentó a K a muchos de sus amigos y a algunos artistas de Hollywood que él conocía, y entre los cuales figuraban John Barrymore. Más tarde, el Sr. Sidney Field fue Cónsul de Costa Rica en Los Ángeles durante la época de la Segunda Guerra Mundial, y en su calidad de diplomático contribuyó a que a K se le concediese el status de residente de los E.U.A. Posteriormente, cuando la Krishnamurti Foundation of America estableció pleito contra Rajagopal, él participó también declarando a favor de K.

Deseo añadir que el amigo Sidney Field ha escrito en inglés un libro de mucho interés sobre su relación personal con K tanto durante sus años juveniles, como después en sus años de madurez. Se titula The Singer and the Song y en este momento está en proceso de publicación. Se trata de una obra escrita por una persona que desde joven se aproximó a K de manera muy natural pero con la curiosidad despierta, pues desde niño había estado oyendo a sus padres hablar acerca de la misión que K estaba llamado a desempeñar en el futuro.

También me parece oportuno mencionar aquí al culto costarricense Dr. Mariano Coronado, que era a su vez amigo íntimo de los. Field Povedano y que conocía a K. El Dr. Coronado llegó a tener una relación tan estrecha con K que sostenía diálogos privados con este último durante la época en que el primero se encontraba en Los Ángeles cursando sus estudios universitarios.

El Dr. Mariano Coronado ocupó la presidencia de la Sociedad Teosófica de Costa Rica e igualmente la de la Sección Centro Americana. Desempeñó el cargo de delegado de la Editorial Krishnamurti durante varios años. Escribió varias obras sobre educación y psicología que se publicaron en la Editorial Orión de México. En dos ocasiones tuvimos la feliz oportunidad de que él nos diera cursillos sobre Psicología en el auditórium de La Asociación Conocimiento Propio en Marcelo, Puerto Rico, y con mucho afecto lo hospedamos en el hogar familiar.

UNA EXPERIENCIA PSICOLÓGICA
En 1930, terminada la misión que me había llevado de nuevo a Latinoamérica, y encontrándome en Buenos Aires, acepté gustoso la invitación que me hicieron el entrañable amigo Dr. Federico Gándara y su esposa Zulema Gándara para quedarme con ellos unas semanas en su finca de las Pampas. Después del arduo trabajo que había tenido durante todo el viaje, estas vacaciones eran un descanso que mi salud y mi fuerza corporal necesitaban mucho.

Los esposos Gándara estaban dedicados a una misión llena de humanismo y amor, pues mantenían una Colonia/Escuela donde alojaban a los niños argentinos que recogía la Municipalidad Bonaerense y donde les proporcionaban educación a nivel primario. Además del aspecto educativo, a los niños se les enseñaban distintos oficios que permitían a éstos obtener medios económicos para ellos y sus familiares. El ambiente de aquella Colonia era verdaderamente extraordinario, pues los Gándara hacían las veces de padres para estos niños.

En la Colonia/Escuela me quedé varios meses que físicamente me vinieron muy bien. Durante los atardeceres me recuerdo de los paseos tan felices que daba por el bosque de eucaliptos y por las veredas de los anchos campos de la pampa argentina. Las puestas de sol con sus fogonazos de color grana reclamaban toda mi atención y me proporcionaban gozosas vivencias. Allí pasé varios meses inolvidables. El ambiente de la institución y la belleza de tales atardeceres eran una invitación constante a la meditación y al silencio.

Durante el atardecer del 6 de mayo de 1930, cuando me encontraba recluido en mi habitación, ocurrió algo completamente inesperado que puso en peligro mi estabilidad y mi salud. Yo me sentía inquieto por los días de incertidumbre que prolongaban mi estadía en la Argentina. Una crisis personal me había causado momentos de gran desesperación y angustia. Al despertar de una siesta y quedarme sólo en mi pieza, me entregué al silencio y la meditación. En ese viaje interno y de contemplación total, mi desesperación se transformó en un estado glorioso de lucidez que nunca había conocido. Inesperadamente, sobre mi cabeza se precipitó una catarata de energía y de luz. La energía que adivino era tan poderosa que mi cerebro daba señales de no poder resistirla. (Por las lecturas y por haber escuchado otras experiencias similares de amigos míos, deduje que se trataba del llamado kundalini.)

Ante tal situación, y no sabiendo a qué atribuir tan extraordinaria presencia, invoqué con gran fervor y humildad a alguien que me ayudara a salir del peligro en que me encontraba. No vi ninguna figura humana, pero un aura luminosa vino de frente hacia mi cabeza y se posó sobre ella hasta descargarme de tan peligrosa energía. Entonces se despertó en mí una nueva visión llena de luz que parecía proceder de muy adentro de mí ser. Sentí un gran alivio y esto ejerció una terapia milagrosa, dejándome en un estado de felicidad y de paz que nunca antes había experimentado. Tan grata e inesperada vivencia pasó, pero por semanas y meses me dejó una huella de gozosa riqueza. El dolor físico y la incertidumbre cedieron el paso a una felicidad que perduró y me dio evidencia indestructible respecto a los mundos invisibles que nos rodean y de los cuales apenas nos damos cuenta. Tal experiencia me aproximó más a Krishnamurti cuando él habla de algo similar que él relata en sus obras El Amigo Inmortal y El Canto a la Vida. Aseguro, sin embargo, que ni en mi mente ni en mi conciencia, ni siquiera en mi imaginación estaba presente Krishnamurti cuando ocurrieron los hechos que acabo de describir.

Todavía hoy día no acierto a descifrar la fuente real de tal maravilloso despertar, ni la procedencia auténtica de aquella extraña y feliz presencia. ¿Era el Cristo el que había venido ante mi demanda de auxilio? ¿Era una luz y una presencia que había venido de mi propio ser interno? No vale la pena seguir especulando. Sea como sea, me dio la certidumbre de un mundo interior lleno de color, de belleza, y de unas realidades de carácter espiritual que no surgieron de mis lecturas ni de mi imaginación. Era algo auténtico vivido por mí inesperadamente y que disipó tanto el dolor físico como el psicológico.

He escuchado opiniones de famosos psicólogos que catalogan tales experiencias como hijas de una mente perturbada o poco menos que neuropatológica. Considero de escaso valor tales opiniones intelectuales y no vale la pena tomarlas en cuenta. Es posible que algún día la psicología científica acierte a dar con la verdad y el valor de estas realidades de tipo interno. Ello puede ocurrir si se estudian estos hechos con seriedad y buscando la verdad implícita en los mismos. La ciencia moderna está descubriendo algo y de ello me ha convencido el Dr. Fritjof Capra en su obra El Tao de la Física. Su conclusión es bien sabida, o sea que la mística oriental descubrió hace siglos los actuales postulados de la ciencia. Y yo añado que no sólo la oriental, sino también la llamada mística occidental. Testimonio de ello se encuentra en la obra de San Juan de la Cruz y en la Guía Espiritual de Miguel de Molinos.

Todavía en ese estado de felicidad, inicié las gestiones para regresar a Europa y asistir a las pláticas que K daría en Ommen en el verano de 1931. Al embarcar para Holanda, tuve la grata sorpresa de encontrarme en el buque con el Dr. Gándara, que era portador de una simpática carta firmada por los niños de la Colonia/Escuela. En ella se despedían del amigo de España que había convivido con ellos durante una temporada rica en experiencias y en afecto.

SIGUE UNA EXPERIENCIA PSICOLÓGICA
Hubo otros acontecimientos que hasta ahora rehusé relatarlos durante mi estadía con los Gándara en la Colonia/Escuela en las cercanías de Chascomus, Prov. de Buenos Aires. Mi hija Vidya, más de una vez me empujó para que hiciera público lo que en aquellos días sucediese. Sin afán de comparaciones, la realidad es que fueron días y estados de conciencia que, en el lenguaje del Cristianismo, podrían calificarse de “una noche oscura” quizás anunciadores de un nuevo despertar. Lleno de incertidumbre, pero con ansias de luz y de encontrar una respuesta que iluminara mi camino; primero que nada, durante las conversaciones con los Gándara sucedieron varias veces fuertes golpes cerca de la mesa donde conversábamos; no le dimos una importancia extraordinaria a tales ruidosos golpes, pero la verdad fue que nos llamaba la atención, siendo cosa de curiosidad.

La cosa tomó un giro de mayor valor y hasta de real expectativa. Después de la vivencia extraordinaria, que dio origen a una mutación inesperada que, borró en mi conciencia la noche obscura en que estaba envuelto, vino a verme el doctor Gándara, y con un sobre me entregó unas letras de él acompañadas de un mensaje. Con su habitual modestia, me decía que tal mensaje no era suyo, sino de alguien que inmerecidamente se valió de él para hacérmelo llegar. Firmaba sus cortas palabras diciéndome que se trataba de “un hermano de la Fraternidad R.C”.

En cuanto al contenido del mensaje me dio la evidencia de una afectiva compasión y de alguien que con gran amor quería ayudarme en mi noche obscura y en mi inquirir angustioso de años.

Alguien muy cercano a los Gándara me confirmó que ambos esposos eran miembros de una Fraternidad Oculta Rosacruz, que no tiene nada que ver con varias organizaciones que se adjudican ese nombre.

MI MATRIMONIO CON CLARA LUGO
En junio de 1931, viajando desde Buenos Aires a Hamburgo y Holanda, abordé un buque alemán para llegar a Ommen antes de que dieran comienzo las pláticas de K que empezaban en julio. De modo que durante 26 días iba a tener ocasión de disfrutar del paisaje de la costa brasileña; Desde el puerto Bonaerense íbamos a seguir la ondulada costa verde brasileña que se extendía desde Porto Alegre hasta Recife. La Segunda Guerra Mundial que estaba en ciernes aun no impedía la confraternización con los compañeros de viaje latinoamericanos, franceses, alemanes y de otras nacionalidades europeas. Navegando rumbo al Viejo Continente, ignoraba totalmente lo que el destino me iba a deparar a mí llegada a Europa.

A los pocos días de llegar a Ommen, me encontré con una amiga teosófica de Valencia. Al acercarme a dicha amiga me presentó a una joven puertorriqueña llamada Clara Lugo, que había llegado al Campamento atraída por el mensaje de K.

Durante el Campamento, que duró unas dos semanas, con frecuencia disfrutaba con ella de largos paseos por el bosque y el lago cercanos a las tiendas de campaña. El Campamento con su Castillo medieval, era un oasis pleno de espiritualidad y enriquecido por la grata compañía de personas de múltiples países. A través de nuestras conversaciones no tardó en establecerse entre Clara y yo una profunda simpatía y afinidad que acabarían por unir nuestras vidas para siempre. Nuestras vocaciones coincidían y nuestra visión de una vida consagrada al servicio de los demás y a la educación, pronto nos convenció de que íbamos a unirnos en matrimonio. Allí mismo formalizamos el compromiso, que vino a realizarse dos años después de nuestro feliz encuentro.

Nos volvimos a encontrar en Barcelona, donde tuve ocasión de presentar a Clara a muchas de las amistades que tenía en dicha capital.

De Barcelona salimos para Valencia, donde ella tuvo oportunidad de conocer a mis padres y hermanos, así como a varias amistades residentes en dicha ciudad. En Valencia afianzamos más aun el compromiso de matrimonio y toda la familia recibió con mucho cariño a Clara, al mismo tiempo que aprobaban nuestra intención de casarnos. De regreso a Madrid presenté a Clara a varias de mis amistades, y todas confirmaban que Clara daba la impresión de ser una mujer culta, sencilla y de agradable conversación.

Al separarme de Clara en Madrid, ella prosiguió su viaje de regreso a Puerto Rico y yo me quedé en Madrid invitado por mi entrañable amigo Francisco Rovira. Rovira era entonces el representante de la Orden de la Estrella en España y estaba encargado de la publicación de los libros de Krishnamurti en español y de la Revista de Krishnamurti. Juntos nos dedicamos durante dos años a editar varios libros y la Revista de la Estrella. En aquella época salieron a la luz: El Amigo Inmortal, El Canto a la Vida y Mensaje de K. 1927-30. Esta temporada de descanso de tantos viajes continuos, la aproveché para ayudar a mi amigo Rovira en su función de editor de las publicaciones de Krishnamurti. Esta resultó ser la única vez en que se me ayudó a cubrir mis gastos de manutención, pues yo dedicaba todo el tiempo a atender la correspondencia y a visitar la imprenta. Teníamos una oficina situada en la Rama Madrid de la Sociedad Teosófica.

Un día Rovira me informó de algo que yo desconocía, y es que antes de Clara regresar a su labor de maestra en la Escuela Superior Central de Santuce, Puerto Rico, ella le había ofrecido voluntariamente a mi buen amigo, que ella le enviaría una contribución mensual para ayudar a los gastos de la oficina. En resumen, su donativo venía a cubrir la mensualidad que Rovira me había ofrecido como sueldo durante el tiempo que estuviese a cargo del trabajo de la oficina. Sin yo saberlo, mi prometida era en realidad quien sufragaba mi estadía en Madrid junto a la familia Rovira.

En 1933 tuvimos la dicha de recibir a Clara y a la Srta. Isabel Vega, que habían llegado por barco a Barcelona. Desde allí nos dirigimos a Valencia con objeto de llevar a efecto nuestro matrimonio. Isabelita Vega, entonces futura esposa de Enrique Biascoechea, junto con otros amigos, sirvió de testigo de nuestra boda civil. No hubo ningún otro tipo de ceremonia, pues ni Clara ni yo podíamos aceptar un ceremonial religioso. La inscripción civil la efectuó un juez amigo íntimo de mi amigo Fernando Valera. De allí, con cinco o seis personas nos trasladamos a un chalet de mi hermano mayor a celebrar la boda con un suculento melón valenciano.

Por la noche emprendimos con Isabelita el viaje por tren hacia Holanda en donde vimos y escuchamos a K. Yo aproveché la oportunidad para presentarle a Clara y para ofrecernos para realizar nuestra colaboración en la difusión del mensaje en el ámbito de nuestros países. Terminado el campamento de Ommen en 1933, Clara y yo nos separamos de la Srta. Vega, que seguía hasta los países escandinavos para escuchar las pláticas que allí ofrecía K.

En 1933 acompañado de Clara realizamos un recorrido por España en nuestra misión editorial; esta vez por cuenta de una casa editora de Madrid cuyo director era un teósofo buen amigo mío. Clara disfrutó mucho el viaje por toda la península. Además, visitamos antiguas amistades y logias teosóficas de muchas partes de España. Posteriormente, y próximo al nacimiento de nuestra hija, Clara se radicó definitivamente en Madrid donde tuvo ocasión de asistir a las clases que dictara el filósofo Ortega y Gasset, y también el Dr. Fernando de los Ríos.

A los pocos meses de nacida nuestra hija Vidya, nos trasladamos a Valencia donde Clara y la niña se radicaron por algún tiempo. Por mi parte, seguí haciendo varios recorridos por España visitando las librerías del país y en contacto siempre con los amigos de K y las logias teosóficas.

Logramos seguir publicando algunos libros de K y distribuirlos por España. Además, con frecuencia me reunía con grupos de nuevos y viejos amigos manteniéndolos informados de las publicaciones de K y de sus actividades.

VISITA DE KRISHNAMURTI A LATINOAMÉRICA
En 1934 tuvimos noticias de que K iba a realizar una visita a Latinoamérica. Por esta razón y con muchos meses de anticipación, regresamos a dichos países y de acuerdo con el amigo Rovira, muchas de las obras de K que habíamos publicado en Madrid. Estas se distribuyeron por toda Sur América a fin de sincronizar la visita de K con la mía. En el mes de marzo de 1935, acompañado de Clara y la niña salimos del puerto de Valencia rumbo al Brasil. Llegamos allí en el momento oportuno para efectuar una exposición de las obras de K en las principales librerías de Río Janeiro. Esta era la primera oportunidad que iba a tener Clara de cooperar con mi trabajo y de satisfacer su interés por conocer los pueblos de Latinoamérica.

En Río Janeiro, la primera conferencia de K se efectuó en un amplio stadium con la presencia de más de 10.000 espectadores. Las siguientes pláticas se celebraron en el teatro principal de la capital. En ellas actuó de traductor nuestro amigo Aleixo Souza, funcionario del Congreso Brasilero, quien también tuvo a su cargo la organización de todo el trabajo que se realizó en el Brasil.

Desde Río, con Clara y Vidya viajamos hacia Montevideo, Uruguay. Allí también llegamos a tiempo para en unión de algunos amigos, recibir a K a su llegada por barco en compañía de Rajagopal y Casselberry.

El Sr. Alvaro Araujo, intelectual muy conocido en Uruguay y representante de la Krishnamurti Writings Inc. en dicho país, hizo una magnífica presentación de K mediante la prensa y folletos. La verdad es que Montevideo figura entre las ciudades donde K tuvo la más efusiva recepción y donde sus pláticas tuvieron gran resonancia en toda la prensa. K celebró allí varias reuniones con notables escritores del país.

En aquel entonces K fustigaba a las organizaciones religiosas por su incapacidad para satisfacer la inquietud de la juventud y la búsqueda de la libertad. En una de sus pláticas, fue tal el entusiasmo que se despertó entre los jóvenes que quisieron levantar el automóvil en que viajaba K.

Terminada la primera plática K continuó hacia el chalet de la mamá de Alvaro Araujo, que era donde vivía este último.

La aceptación de K y su mensaje y el interés que despertó, me obligó a pedir a Buenos Aires que con urgencia nos enviasen mayor número de las obras de K para satisfacer la demanda del culto pueblo uruguayo.

Después de terminadas las pláticas de Montevideo, seguimos viaje para la Argentina. Tanto en la capital como en las provincias, K tuvo una calurosa acogida. La prensa de la capital publicó numerosos reportajes de sus conferencias. El diario Crítica que tenía una gran circulación, publicaba con frecuencia fotografías que llenaban casi toda una página. La directora de Crítica, la señora Botana  a quien habíamos conocido en Madrid- se desbordó en el recibimiento a K publicando diariamente una información completa de todos los actos. Ella también organizó una fiesta folklórica que resultó muy del agrado de los visitantes.

K, pronunció varias pláticas en el teatro Coliseum con llenos desbordantes, no obstante la gran capacidad del teatro. Recuerdo que una tarde la policía montada tuvo que despejar los alrededores del teatro por órdenes superiores para evitar tumultos desagradables. En una ocasión salí a buscar a mis amigos, el Dr. Gándara y su esposa, y por poco no logramos entrar al teatro. Tuvimos que llamar a amigos del Comité para que se nos permitiera llegar hasta el lugar que se nos había destinado. En la Argentina tuvimos ocasión de efectuar varias exposiciones de las obras de K en las principales librerías del país. En cuanto a Buenos Aires, es una de las capitales latinoamericanas que siempre ha consumido una gran cantidad de las obras de K.

Terminadas las pláticas de Buenos Aires, a K se le recibió con gran entusiasmo en la Universidad de La Plata y después en Córdoba y en Rosario. Posteriormente K continuó viaje con sus acompañantes hacia Chile.

Antes de terminar con la permanencia de K en la Argentina, deseo destacar la gran contribución del financiero Sr. José Carbone, que se hizo cargo de pagar todos los gastos que ocasionó la visita de K y sus acompañantes a la Argentina. Aparte de esto, el señor Carbone y un grupo de sus amigos realizó muy buen trabajo en la presentación de K.

Terminada la gira de K y sus acompañantes a la capital de Chile y sus provincias, ellos continuaron rumbo a México. Durante la travesía, el buque hizo escala en el puerto de Callao en Lima.

El clero del Perú ejerció toda su influencia en la capital para impedir que Krishnamurti hablara en público. No obstante esto, mi amigo don Jorge Torres Ugarriza  que ocupaba altos cargos en la Masonería y en la Sociedad Teosófica- logró que K pudiese desembarcar, y después de darle un paseo por Lima, lo llevó al Templo Masónico donde K pronunció una charla. Consideramos de interés publicar una fotografía del Sr. Torres Ugarriza en compañía de K la que se tomó en el buque durante su escala en Callao, Lima, en el año 1935.

Yo regresé desde Buenos Aires a España por varias razones. Primero, porque las obras que se habían enviado a los tres países antes citados se habían agotado, y después, porque mi presencia no era tan necesaria en Chile. Otra razón de importancia era que K había prometido visitar a España en 1936 y deseaba cooperar en la organización de su visita.

Durante la visita de K a México, el Sr. Rajagopal sostuvo una agria discusión con el Sr. Adolfo Peña Gil, que a la sazón era el Presidente de la Sociedad Teosófica de México y al mismo tiempo representante de la Orden de la Estrella en ese país. Rajagopal hizo renunciar al Sr. Peña Gil y nombró como representante de la Krishnamurti Writings Inc. en México al licenciado Garza Galindo.

AÑOS DE INCERTIDUMBRE MUNDIAL
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