Las corrientes filosóficas en la España del siglo XVIII. La Ilustración española




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Las corrientes filosóficas en la España del siglo XVIII. La Ilustración española
La ilustración española sigue planteando interrogantes que incitan a la investigación. Hoy, no obstante, parecen superadas las posturas que afirman que en España no hubo Ilustración, que no participó de los principios básicos del movimiento ilustrado; e incluso parecen superadas las posturas, -aunque todavía se oyen ecos-, de los que afirman que hubo una ilustración muy reducida, "descafeinada", pobre, insuficiente, y simple imitación de la francesa. En uchos casos esto ha servido de excusa para mantener este periodo en el olvido o limitar su investigación.

Por suerte, el nuevo rumbo marcado por algunos estudiosos ha abierto nuevas vías y acrecentado el interés, demostrando la existencia de una Ilustración en España dentro del marco de la Ilustración europea, aunque con aspectos concretos inherentes a los presupuestos sociales e

ideológicos de nuestros ilustrados que destacan su especificidad.

Así, hoy día, salvo excepciones, los especialistas ya no ponen en tela de juicio la existencia de un movimiento ilustrado español durante el siglo XVIII, aunque subrayan que este movimiento adopta diferentes peculiaridades en cada una de las naciones europeas. De ahí que la preocupación se centre ahora en determinar los rasgos esenciales de la Ilustración española en el contexto de la ilustración europea para llegar así a definir las características propias del siglo XVIII hispano. En general, se admite que la Ilustración española, -si bien no alcanzó la radicalidad que en otros países- si tuvo un carácter constructivo que propugnó la fe en la razón y en la ciencia, el elogio de las artes útiles, la crítica de la nobleza ociosa, la apuesta por el progreso, la renovación de la economía, la sociedad y la cultura, hasta allí donde fue posible, pues las circunstancias político-religiosas y sociales que vivieron nuestros ilustrados, evidentemente, los determinaron. En concreto, la Inquisición y la política, a veces ambigua, de la Monarquía fueron dos factores dignos de resaltar.
Principios básicos de la Ilustración española
La crisis del Antiguo Régimen lleva a buscar por todas partes puntos de apoyo a la renovación o a la reacción. Multiplicidad de corrientes van y vienen entre Francia, Inglaterra, Alemania, Italia y España. Las luces francesas tuvieron una influencia relevante en nuestros ilustrados, sobre todo en la preocupación por los temas sociales y políticos; pero también hay que destacar que la nueva inquietud intelectual de los ilustrados españoles estuvo abierta y muy pendiente de los progresos científicos y técnicos, así como de los métodos experimentales necesarios para este tipo de conocimientos. Por ello al lado de la vía francesa hay que significar la influencia del pensamiento inglés e, incluso, en otros aspectos, a la cultura italiana.

Junto a esta innegable influencia extranjera, hay que hacer notar que el patriotismo les induce a salvar los valores tradicionales haciéndolos compatibles con el espíritu ilustrado. Esto queda muy patente en un autor como Jovellanos. Además debemos decir que el sensualismo será la nota predominante de la filosofía de la Ilustración española.
Otro rasgo común de nuestros ilustrados es el rechazo del escolasticismo, de las fórmulas huecas, y, frente a ello, la necesidad de incorporarnos a la modernización europea estudiando lo que dichas naciones han adelantado; ello exigirá una renovación de los métodos, las ciencias y la educación, en todos los niveles. Esto para los "tradicionalistas" va a ser signo de afrancesamiento, falta de originalidad y pérdida de la identidad nacional, iniciándose -aunque más bien habría que remontarse a los "novatores"-la polémica de la ciencia española, que prácticamente va a llegar hasta nuestros días. Muy pocos, -Jovellanos puede ser uno y aun así no se libró de las críticas- serán los que consigan encontrar el punto de equilibrio entre tradición y modernidad. En realidad, la pugna entre antiguos y modernos es algo palpable durante el siglo XVIII en todos los países europeos, aunque en España adquirió un carácter más dramático y duradero.
La supremacía de la razón en los ilustrados españoles tiene más un carácter metodológico que metafísico. Así, en el terreno de la religión, no se trata de sustituirla -salvo excepciones-, sino más bien, de depurarla de supersticiones y aspectos negativos. España no rompe con el catolicismo y esto es uno de los rasgos peculiares de la ilustración española. Por eso algunos autores introducen la negatividad como definición y hablan de ilustración no emancipada. Pero un hecho es cierto, a la natural práctica de la religión en España, añaden un convencimiento ilustrado con dos vertientes: en lo político, el regalismo; en lo religioso: el jansenismo con sus

connotaciones hispanas.

Por último se puede destacar el intento de socializar la cultura. Los escritores ilustrados amplían el concepto de filosofía y literatura incluyendo en ellas todos los campos del saber. Junto a valores estéticos adquieren tanta o mayor relevancia los aspectos políticos y sociales. Por ello, a veces, los textos más significativos de estos autores son Informes, Planes, Proyectos, etc. Adquieren, además, gran importancia las instituciones y las iniciativas de los grupos.
Crítica y filosofía experimental
En el siglo XVIII asistimos a la consolidación de las ciencias baconianas, que T S. Kuhn diferencia de las ciencias clásicas. Las ciencias baconianas se organizan en torno al experimento, mientras que las ciencias clásicas son deductivas y conceden más relevancia a la teoría y a las matemáticas. En España las ciencias baconianas van a abrirse camino también fuera de la Universidad. Y así nos encontramos con la Regia Sociedad de Medicina y Ciencias de Sevilla, que es el primer centro organizado en el que va a asentarse la física

corpuscular con su correspondiente filosofía experimental. Uno de los primeros miembros es Diego Mateo Zapata (1644-1745), que en abril de 1702 es elegido presidente de la misma. La Sociedad fomenta la nueva filosofía natural con su método experimental y difunde las nuevas doctrinas de la química espargírica.
De las obras escritas por Zapata queremos destacar la “censura” que puso a la obra del teólogo Alejandro Avendaño, Diálogos filosóficos en defensa del Atomismo (1717), y su obra póstuma Ocaso de las formas aristotélicas (1745). En ambas obras destaca la crítica de la filosofía natural del aristotelismo de las escuelas y la defensa de la nueva física experimental. En estas obras está representado uno de los momentos más importantes de la ciencia española, que logra hacerse un hueco en el panorama de las nuevas ideas que circulan por Europa en el siglo de la Ilustración.

Otro de los inspiradores de la nueva física experimental con influencia entre los médicos españoles del momento es Robert Boyle (1627-1691) y su obra The Sceptical Chymist, que introduce un matiz de escepticismo en la nueva filosofía experimental. Un reflejo de todas estas ideas lo encontramos en la obra del médico español Martín Martínez (1684-1734), que escribió Medicina Escéptica (1722), en la que defiende que el método empírico (baconiano) necesita una actitud escéptica y antidogmática, pero su escepticismo no es el de Descartes sino el de Boyle. Otra obra importante de este autor es su Filosofía Escéptica (1730), en la que inspirándose en Bacon critica la filosofía escolástica por “vociferante y contenciosa”. Esta expresión es la que Bacon en su Cogitata et Visa aplica a la filosofía escolástica, que reduce la filosofía a disputas verbales y sofisticas.

El calificativo de escéptica que Martínez atribuye a la filosofía experimental inspirada en Bacon

está pensado para diferenciar esta nueva filosofía del dogmatismo de los racionalistas, que se apoya en verdades evidentes, claras y distintas. La filosofía experimental tiene como criterio

fundamental del conocimiento la experiencia, que se apoya en observaciones y experimentos, los cuales no pueden tener la seguridad que afirman los dogmáticos, sino un determinado grado

de probabilidad.
En el fondo de todos estos planteamientos podemos descubrir en el pensamiento español del

primer tercio del siglo XVIII una disputa acerca de “los antiguos y los modernos” similar a la

disputa estética que por los mismos años tuvo lugar en Francia (3). Asistimos, pues, en el campo

de la filosofía y de la ciencia española de los primeros años del siglo XVIII, a una disputa

entre “antiguos y modernos”, como da a entender muy bien Juan Antonio Pérez Sánchez en la aprobación que pone al frente de la obra Nuevo aspecto de Teología médico-moral al escribir que “el acierto nunca ha estado vinculado a la Antigüedad”.

En España la polémica entre “antiguos y modernos” se desarrolla en el campo de la filosofía natural o nueva física y se inicia a finales del siglo XVII con los llamados “novatores” y va a

extenderse hasta la mitad del siglo XVIII, momento en el que la influencia de la Enciclopedia

francesa va a orientar la percepción no hacia el campo de la física, sino al de la historia de la

naturaleza. En este punto es muy significativo el Diario Filosófico, Médico Chirúrgico publicado en 1757 por Juan de Galisteo, médico de la Corte, en el que se informa de las novedades de Europa en el campo de la “historia natural”. La orientación de los modernos hacia

la física experimental o hacia la historia natural nos sirve de referencia para diferenciar el primer estadio del siglo XVIII, dominado por la preocupación por la física experimental procedente de la tradición inglesa, del segundo estadio que coincide con la mitad del siglo y en el que los modernos se inclinan hacia las novedades que vienen de Francia y de los filósofos franceses.

En la polémica acerca de la nueva física, correspondiente a la primera mitad del siglo XVIII, tenemos que destacar a Antonio María de Herrero, que en 1738 publica en Valencia una Physica Moderna, Experimental, Systemática en la que resume los últimos conocimientos reconocidos en las principales Academias europeas: Londres, París, Roma y Berlín. Este autor se inclina

por el racionalismo cartesiano, que ha tenido una gran influencia en Valencia gracias a las obras de Tosca, cuyo Compendium Philosophicum publicado en Valencia en 1721 va a servir de libro de texto y se va a reeditar hasta finales de siglo. Tosca incorpora ideas modernas, pero se detiene allí donde ponen en peligro la ortodoxia, llegando a colocar a la mecánica universal de Newton entre las abstracciones y fuerzas ocultas de la naturaleza en una crítica similar

a la de Berkeley.

Dentro de esta línea hay que citar también a Andrés Piquer, catedrático de anatomía de la Universidad de Valencia, que en su Física Moderna racional y experimental publicada en 1745

defiende un mecanicismo del que luego se retractará inclinándose hacia una posición más ecléctica. Tanto en este texto como en Sobre el Sistema del Mecanicismo de 1768 defiende el “principio experimental” de la tradición inglesa de física y critica los sistemas cartesiano y newtoniano por sus excesos de “afirmaciones generales” y su inclinación hacia las matemáticas sin tener suficientemente en cuenta la experiencia. En el ámbito de esta polémica científica acerca de los antiguos y modernos que está teniendo lugar en la España de finales del siglo XVII y primera mitad del siglo XVIII destaca la figura del benedictino Benito Jerónimo Feijóo (1676-1764), que es uno de los más destacados filósofos de la primera mitad del siglo XVIII en España. Su filosofía encaja perfectamente dentro de la “filosofía experimental” que logra triunfar en el siglo XVIII frente a las filosofías sistemáticas como la de los aristotélicos y la de Descartes. La distinción entre filósofos sistemáticos y experimentales, que, inspirándose en Bacon, establece Feijóo, es la mejor referencia para comprender el tipo de filosofía que practica. Esta distinción contrapone dos imágenes del saber a las que, a su vez, corresponden dos imágenes de la ciencia: la imagen del saber como una “bella novela”, tal como aparece en la quinta parte del Discurso del Método de Descartes; y la imagen del saber como un “duro trabajo”, tal como la presenta Bacon en el Novum Organum. A la primera imagen del saber le corresponde la imagen de una naturaleza concebida como un perfecto orden geométrico según número, peso y medida; y a la segunda la de una selva, un laberinto o un océano desconocido para orientarse, en el cual es necesario el método como guía para la investigación de la naturaleza.

La filosofía de Feijóo es una filosofía experimental que sigue, como él mismo dice, “las luces de Bacon y uniendo las experiencias con las especulaciones” trabaja como las abejas, que son el

símbolo de la capacidad que tiene la mente de transformar y digerir los datos de la experiencia y

de ser una mente crítica. Es una filosofía experimental y crítica, al estilo de la de la Bacon, como se ve muy bien en el discurso 13 del tomo VII de su Teatro Crítico, que titula “Lo que salva y falta en la física”. Ahí critica la filosofía natural de los aristotélicos por verbosista:

«El sistema aristotélico, como lo propuso su autor, nadie puede condenarlo como falso, sí sólo como imperfecto y confuso, porque, conteniéndose en unas ideas abstractas, no desciende a explicar físicamente la naturaleza de las cosas. Y, verdaderamente, en lo poco que cuesta la explicación de los efectos naturales que se logra con este sistema, se conoce lo poco que vale. Juzgo que en el espacio de media hora, o una hora, cuando más, haría yo filósofo al modo peripatético a un hombre de buena razón que jamás hubiese estudiado palabra de facultad alguna. Con explicarle lo que significan estas voces, materia prima, forma sustancial, accidente, potencia o virtud radical y remota, próxima y formal, cualidad y muy pocas más, ya no queda qué hacer sino instruirle en que, cuando le pregunten por qué tal cosa produce tal efecto, responda que porque tiene una virtud o cualidad productiva de él [...]. ¿Y qué sabe el que sólo sabe esto? Nada, sino unas voces particulares de la escuela y unas nociones comunísimas, como dice el sapientísimo Padre Dechales»
Frente a las ideas abstractas y generales de los aristotélicos él defiende partir de la experiencia para llegar a lo universal tal como propone Bacon en su Novum Organum y practican los nuevos

filósofos experimentales.

Hay un gran cuerpo de filósofos experimentales, los cuales, trabajando conforme al proyecto de Bacon, examinan la naturaleza en sí misma y de la multitud de experimentos, combinados con exactitud y diligencia, pretenden deducir el conocimiento particular de cada mixto sin meterse en

formar sistema universal, para el cual son insuficientes los experimentos hechos hasta ahora, aunque innumerables, y acaso lo serán todos los que en adelante se hicieren. El designio de Bacon era formar por la combinación de experimentos axiomas particulares; por la combinación de axiomas particulares, otros axiomas más comunes, y de este modo ir ascendiendo poco a poco a los generalísimos.

La filosofía de Feijóo es una filosofía claramente empirista con un buen componente de escepticismo, como es el caso de todas las filosofías empiristas. El modelo de la filosofía empirista de Feijóo es Bacon, cuya forma de filosofar está impregnando a toda la filosofía de la Ilustración, como reconoce Cassirer cuando escribe:

La nueva lógica que se busca, y con respecto a la cual se está convenido que se encontrará siempre en el camino del saber, no es la lógica de los escolásticos ni la del concepto matemático puro, sino mejor la “lógica de los hechos.

Esa lógica de los hechos es la que va a imbuir la Enciclopedia francesa y la que buscaba en su filosofía Diderot, que es otro de los grandes filósofos del siglo XVIII influido por Bacon.

El hecho de que el pensamiento de Bacon fuese una filosofía de la naturaleza mezclada con un

primer intento de método científico, lejos de repeler a Diderot, tenía que atraerle pues éste buscaba en él más una razón de la ciencia que esquemas científicos acabados.

Eso mismo es lo que busca Feijóo en Bacon bastante antes que Diderot: una razón crítica y

constructiva a partir de la experiencia, y no esquemas acabados como hacen los filósofos sistemáticos sean escolásticos o cartesianos. La filosofía crítica de Feijóo tiene dos momentos bien diferenciados. Un primer momento de crítica de los ídolos, obstáculos, prejuicios y supersticiones, que con sus telarañas oscurecen la luz de la razón; y un segundo momento genético y constructivo siguiendo la teoría empirista del conocimiento, y más concretamente el método inductivo baconiano en el que juega un importante papel la analogía.
Una de las mejores síntesis de la concepción filosófica de Feijóo es la que hace en el discurso del tomo V de su Teatro Crítico, que titula “El gran magisterio de la experiencia”. Este texto es un ejemplo del estilo ensayístico de hacer filosofía de Feijóo. En él nos narra una fábula en la que se contraponen las filosofías sistemáticas y las experimentales, las primeras están representadas por la mujer Idearia y las segundas por Solidina. Idearia se caracteriza por exponer “con voces nuevas, o inusitadas, las quimeras, que pasaban en el dilatado país de la imaginación”; mientras que Solidina “probaba con demostraciones sensibles quanto dictaba”. Esta contraposición entre imaginación y experiencia muestra con claridad el filosofar de Feijóo, que podemos caracterizar como una crítica de la imaginación y sus quimeras y un trabajo de reconstrucción por parte de la razón a partir de la experiencia. Una experiencia que entiende en el sentido baconiano, no como experiencia ingenua sino como experiencia guiada por la experimentación.

¿Si son tan falibles las reglas generales deducidas de experimentales observaciones, y es preciso,

para evitar todo error, seguir el hilo de éstas tan escrupulosamente, que tímido el discurso no se

atreva a dar un paso sin la luz de algún experimento apropiado; qué confianza se podrá tener en

aquellas Máximas, cuyo primer origen se debe a nuestras arbitrarias ideas?

Feijóo reconoce que no bastan los sentidos solos para el buen uso de los experimentos, sino que

además son necesarios la reflexión, el juicio y el discurso; pero un discurso que no está compuesto por quimeras, sino guiado continuamente por la luz de la experiencia tal como reconoce Bacon. Una diferencia fundamental entre la filosofía de los antiguos y la de los modernos es aquella que explica Bacon en su Refutación de las Filosofías y que Feijóo hace suya e incorpora en su estilo de filosofar.
La diferencia fundamental entre las “escuelas antiguas” (sectas) y las modernas “academias de

ciencias” está en el diferente camino (método) de unas y otras. Las escuelas de los antiguos siguen el camino de la fantasía, como escribe Bacon:

Y no es eso todo; añadimos también que si abandona enhoramala la luz de la naturaleza,

esto es, la descripción y la evidencia de las cosas singulares, cuanto más descuella alguien

por su ingenio tanto más se precipita y se enreda en recovecos y escondrijos, cada vez más

oscuros e intrincados, producidos por la fantasía. ¿Es que quizá no os habéis dado cuenta,

hijos míos, de cuán grandes son la agudeza y la fuerza de ingenio en los filósofos escolásticos,

rebosantes de ociosidad y cavilaciones, feroces a causa de las tinieblas mismas en que se habían

criado, ni de qué telas de araña nos prepararon, admirables por la textura y la sutilidad de su

hilo, pero desprovistas de utilidad y provecho?.
El camino de la fantasía engendra monstruos, mientras que las academias modernas

siguen la luz de la naturaleza y engendran linajes de héroes.

[...] en lugar de monstruos de la fantasía, unlinaje de héroes que dome y aniquile tales

monstruos, esto es, que se engendren inventos saludables y útiles para combatir y aliviar (en cuanto sea posible) las necesidades humanas. Sea éste el voto del epitalamio.
Los héroes engendrados por la luz de la naturaleza tienen como misión surcar sobre el orbe terrestre para comunicar a los otros sus descubrimientos. Una de las diferencias fundamentales

entre los antiguos y los modernos en el modo de filosofar es la que podemos establecer entre la

oscuridad de la caverna platónica y la luz del jardín. El filosofar de los modernos que siguen la

filosofía experimental baconiana tiene como paradigma el jardín tal como se desprende del siguiente texto de Bacon, en el que contrasta el trabajo de las hormigas, las arañas y las abejas.

Ciertamente, hijos míos, los hábitos de las artes y las ciencias son, según opinión común, o empíricos o racionales. Pero todavía no fue posible ver a éstos en buena unión y armonía. Porque los empiristas, como las hormigas, se limitan a acumular y manipular. Los racionalistas, empero,

como las arañas, tejen telas segregándolas de sí mismos. En el término medio está la abeja, que extrae materia de las flores —así del jardín como del campo—, pero al mismo tiempo transformándola y repartiéndola también por su propio poder. No es diferente la verdadera tarea de la filosofía, que guarda, no intacta en la memoria sino transformada y elaborada en el entendimiento, la materia previamente obtenida de la historia natural y de los experimentos mecánicos.

La metáfora del jardín y de la luz se adecua muy bien al estilo de filosofar del primer estadio de la Ilustración, muy marcado por la filosofía experimental inglesa y por la metáfora de la luz tal como es usada por Bacon. El tipo de ilustración de Feijóo es inglés y baconiano y por eso se preocupa por criticar la superstición y todas las quimeras de la filosofía y seguir el camino de la ley natural interpretando “escépticamente” el poder del entendimiento. Pero el escepticismo de Feijóo no es el cartesiano, sino un escepticismo que se pregunta por los límites del entendimiento humano y cree en el progreso de las ciencias y las artes en su trabajo por descifrar los secretos de la naturaleza.

¿Puede descubrirse [algún sistema filosófico] tan cabal, tan bien fundado, que convenga de su verdad al entendimiento? Lo que yo sé es que, si esto se puede lograr, es más verosímil conseguirse usando del método y órgano de Bacon. Bien es verdad, que éste es tan laborioso, y prolixo, que casi se debe reputar moralmente imposible su exención... ¿Quando se logrará esto? La Academia Real de Ciencias de París, la Sociedad Regia de Londres, no son más que un rasguño del gran proyecto de Bacon.
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