Las corrientes filosóficas en la España del siglo XVIII. La Ilustración española




descargar 68.26 Kb.
títuloLas corrientes filosóficas en la España del siglo XVIII. La Ilustración española
página2/2
fecha de publicación02.02.2016
tamaño68.26 Kb.
tipoDocumentos
b.se-todo.com > Literatura > Documentos
1   2

Torres Villarroel y la Ilustración
Este personaje, que vive de 1694 a 1770 y que fue catedrático de Matemáticas de la Universidad de Salamanca, es difícil de tratar por la complejidad de su personalidad. No obstante es un personaje muy característico del siglo de la Ilustración, aunque a primera vista pueda parecer lo contrario. Una de las características del siglo XVIII es la autobiografía. Torres Villarroel escribió una autobiografía como un trabajo de desfiguración, según la feliz expresión de Paul de Man. Más que decirnos quién es él, lo que hace es poner en juego un conjunto de máscaras que desfiguran el yo y que podemos leer como una crítica satírica de la sociedad de su momento.
Torres Villarroel tiene como paradigma al humanista italiano Cardano (1501-1576), hombre dedicado a las matemáticas, medicina y astrología. Elogia a Descartes, a Malebranche y sobretodo a Bacon, del cual escribe:

Fue el filósofo más juicioso, serio y profundo que ha habido desde que la razón de los hombres se movió a las averiguaciones del orden del Universo. Su Nuevo Organo de las Ciencias vale más que cuantos escribieron Aristóteles, Epicuro y Demócrito.
Hablar de Torres como “ilustrado” puede parecer extraño y Guy Mercadier, uno de sus grandes intérpretes, lo cuestiona. No obstante, analizando la polémica en torno a la función de una Academia de Matemáticas promovida por Diego de Torres y su sobrino Isidoro, su sucesor en la cátedra de matemáticas de la Universidad de Salamanca, podemos arriesgarnos a mantener que Diego de Torres puede ser interpretado como “ilustrado” en cuanto difusor del “saber científico” de su momento.
El pensamiento de Gaspar Melchor de Jovellanos
La obra de Jovellanos está vertebrada por una preocupación fundamental, a saber, el deseo de transformar la España de su tiempo, en casi todas sus facetas, con un talante marcadamente liberal. Quizás donde se manifiesta más conservador será en las costumbres y, por supuesto, en la religión, en consonancia con los ilustrados españoles de su época. Intentó superar las limitaciones de la España de su tiempo. Fue alguien que vivió el presente de cara al futuro, en la línea del progreso, estableciendo en la educación las bases de la regeneración nacional. Sólo cuando España consiguiese salir de la ignorancia secular se hallaría en vía ascendente. Su pensamiento puede resumirse en un "conatus", un impulso, que aúna la felicidad del individuo, de la nación y de la humanidad. Así, la filosofía de Jovellanos, más que un sistema estructurado de ideas abstractas, es un esfuerzo constante -desgranado en informes, proyectos, obras y hechos- por cambiar las condiciones de vida individual y colectiva de los españoles. En este intento trata de armonizar la tradición humanista nacional con las "luces" extranjeras, constituyendo este rasgo lo más significativo de su pensamiento.

En lo relativo al problema de España y la polémica de la ciencia española se sitúa en la línea de los renovadores ilustrados. Alaba el valor de la cultura española del siglo de oro, pero reconoce que España entró en franca decadencia. La escolástica, la especulación, la falta de estudios útiles, la nula preocupación por la economía, motivó que "en dos reinados se consumiera la sustancia de muchas generaciones". España no está, pues, a la altura de las demás naciones de Europa como pretendían demostrar los tradicionalistas, a raíz de la polémica desatada por el artículo de Masson de Morviliers. Jovellanos se sitúa en la línea de los editores del Censor, que protestan de Masson, pero que reconocen las deficiencias y tratan de regenerar España. Ello se manifiesta claramente en el Elogio a Carlos III donde tras analizar el triste estado de España al comenzar el reinado, nos describe la tarea reformadora emprendida que sacará a España de las "tinieblas".
Conocimiento

La epistemología jovellanista hunde sus raíces, básicamente, en las tesis de Locke y Condillac que habían calado hondo en los ilustrados españoles. El mismo Jovellanos afirma: "Conténtome con remitir los maestros al estudio de las obras de Locke y Condillac donde hallarán sobre este punto muy perspicua y sólida doctrina" (T.T.P., BAE1, t.46, p. 250).

No escribió ningún tratado específicamente de teoría del conocimiento o de lógica, sin embargo, algunas de sus obras nos aportan suficientes ideas para desgranar su pensamiento filosófico sobre estas materias. Sus ideas principales están expuestas en dos obras fundamentales: Curso de Humanidades Castellanas y Tratado teórico-práctico de enseñanza.

Los dos pilares básicos sobre los que debe asentarse el conocimiento humano son la observación y la experiencia. Todo acto cognoscitivo tiene su origen en los sentidos, en las impresiones, que son recibidas por el alma humana. Éstas pueden ser de dos tipos: sensaciones e ideas. Las sensaciones pueden ser de cinco formas diferentes, pues, "siendo cinco los sentidos, recibirá el alma cinco especies de sensaciones" (C.H.C. BAE, t. 46, p. 102). Ellas son las que nos van a permitir conocer los objetos, sin embargo, de un objeto determinado no podemos decir que tengamos un conocimiento total, sino limitado, pues nuestros sentidos no perciben en un objeto sino sus calidades, es decir, aquellas cosas distintivas y peculiares entre sí que todo objeto tiene. Sigue, pues, los planteamientos sobre la razón del siglo XVIII. Es una razón que reconoce sus límites. No se conoce lo "en-si" del objeto, sino sus notas fenoménicas, es decir, sus calidades.

En cuanto a las ideas, éstas pueden ser de dos tipos, según sean fruto de las impresiones de los sentidos (ideas de sensación) o fruto de combinar ideas en el entendimiento (ideas de reflexión)
Pero el hombre no sólo tiene la posibilidad de percibir los objetos que le rodean, sino que mediante otra serie de facultades que posee el alma humana puede ampliar nuestro campo cognoscitivo, realizando operaciones con el material suministrado por los sentidos. Las facultades principales son la atención, comparación, juicio, reflexión y raciocinio. En la exposición de estas facultades debemos resaltar que Jovellanos sigue casi al pie de la letra el capítulo VII de la Lógica de Condillac. La atención es definida como "el ocuparse el alma en aquella sensación sola", es decir, cuando entre varios objetos, nos fijamos en uno, produciendo éste en nuestra alma una sensación que parece exclusiva. La comparación es una doble atención, se produce cuando en lugar de fijarnos en un objeto, lo hacemos en dos a la vez. El juicio tiene su fundamento en la capacidad de comparar, es decir, el alma humana al comparar dos objetos se da cuenta de que recibimos dos sensaciones semejantes o distintas entre sí. Por ello, juzgar es ver entre esos dos objetos analogías o diferencias. De aquí se deriva la íntima relación entre lenguaje y conocimiento, pues todo juicio se traduce en palabras. Por lo tanto, las operaciones de nuestra alma, inversamente, se pueden conocer analizando las palabras y el discurso. En cuanto a la reflexión es una atención dirigida sucesivamente a varios objetos o a distintas calidades de un mismo objeto, comparando y juzgando. El raciocinio será la suma de tres juicios diferentes, y viene exigido porque a veces con la comparación de solo dos ideas no podemos juzgar, necesitando la comparación con otra idea nueva. Esto es lo que ocurre en los silogismos. A estas facultades señaladas se puede añadir, según Jovellanos, una más: la memoria. A este respecto nótese que Condillac añade la imaginación.
Lenguaje

Entre lenguaje y conocimiento existe una profunda interrelación. De hecho la condición de posibilidad del estudio del pensamiento estriba en esa identificación. De aquí que, según Jovellanos, el estudio del lenguaje nos permitirá "hablar mejor y pensar mejor". El método analítico será el que debemos emplear en el estudio del lenguaje. Él nos va a enseñar cómo formamos y cómo expresamos nuestros pensamientos, adquiriendo nuestro entendimiento la rectitud necesaria para buscar la verdad. El lenguaje en su evolución va dando lugar a una serie de normas y reglas gramaticales. Unas se derivan directamente de la naturaleza: gramática general, otras son fruto de la arbitrariedad o casualidad: gramática particular. De aquí se deriva la importancia del estudio del lenguaje, pues nos va a permitir, por un lado, avances en el estudio del uso propio que se hace de una lengua determinada por una comunidad concreta, por otro lado, el estudio de lo que es común a todas las lenguas y que nos va a llevar a progresos en las ciencias y en la comunicación con los demás.
Razón teórica-razón práctica
La razón teórica, más que un almacén de conocimientos, es una capacidad de adquisición de los mismos, que en su primer estadio es semejante a una página en blanco, según afirmaba Locke. El pensamiento está enraizado y depende de la experiencia. Por ello, la razón teórica para comprender el mundo debe partir de él, de la experiencia, alejándose de ideas innatas y sistemas preconcebidos. La influencia de la gnoseología empirista es patente, pero Jovellanos se plantea la necesidad de delimitar la relación entre razón y experiencia, aportando la siguiente solución: no podemos guiarnos solamente de la razón privándonos del auxilio de la experiencia, ni viceversa. Entregarnos a una sola guía sería caer en el error.

La traducción práctica de esta razón teórica -que en Jovellanos no es totalmente emancipada- le llevará a una fe en el progreso en todos los planos. El hombre es visto en vía ascendente. La confianza en la razón -con las limitaciones señaladas- y el optimismo, pues considera que el hombre es perfeccionable a través de la instrucción, son patentes en la obra jovellanista. El hombre ha recibido de Dios la capacidad racional y corresponde a ésta ir desarrollando lo más específico del género humano.
El hombre es físicamente un ser débil y sólo su razón le ha permitido el dominio de la naturaleza y, por ende, el progreso. Por ello, concluye Jovellanos, si perfecciona su razón ¿qué adelantos no nos deparará el futuro? De aquí la importancia que va a conferir a la educación como instrumento de progreso. En las ciencias propiamente llamadas de razón, es decir, las dedicadas al estudio del mundo natural, el método de estudio debe basarse en la experiencia y razón, a través de la observación. Corresponde a la razón interpretar los datos empíricos, planteando hipótesis o enunciando leyes. Las ciencias naturales han estado cegadas en el pasado por no atenerse a este método. Tampoco el estudio del mundo natural no puede quedarse tampoco en demostraciones puramente teóricas, sino que se debe intentar descubrir todas las utilidades que puede proporcionar en su aplicación, así "aunque las ciencias físicas tienen por objeto el conocimiento de la naturaleza, el fin principal es aplicar ese conocimiento al socorro de las necesidades del hombre" (Ordenanza, BAE, t.50, p. 413). Este carácter utilitarista de la ciencia se justifica por la necesidad de sacar a España del atraso que padece. Ello no implica que la mirada de Jovellanos ante la naturaleza quede reducida a lo meramente útil. De hecho el Discurso sobre las ciencias naturales es una simbiosis perfecta de poesía, metafísica, ciencia y observación. Describe las maravillas del universo, regido por el orden y la armonía, desde la inmensidad de los cielos a los elementos de vida que hay en los diversos reinos de la tierra, para culminar en el hombre, al que corresponde no sólo la admiración sino, también, el descubrimiento y el conocimiento, y esto a través de los sentidos y la razón en constante diálogo con la naturaleza.
En las ciencias de razón la libertad de pensar y escribir no sólo es conveniente, sino que es una condición necesaria para el progreso de estas ciencias. No así en las ciencias de autoridad,

donde Jovellanos se muestra menos "emancipado", al considerar que hay que abandonar las ideas o hipótesis que no concuerden con lo establecido por la Revelación.
Los fundamentos de la moral
Dos son los pilares básicos en los que asienta Jovellanos la moral: la razón y Dios. Los principios morales "están grabados en la razón del hombre", causa por la cual, en la clasificación de las ciencias, la ética está adscrita en la "filosofía especulativa". El problema es que la razón no siempre descubre por sí misma estos principios, necesitando la luz de Dios. Por ello va a afirmar Jovellanos -con ecos agustinianos- : "Estúdiate a ti mismo, pero busca la luz en tu Hacedor" (E.B. BAE, t.46, p. 44).

La moral es una dimensión básica del ser humano que se sustenta en la actividad anímica. Sin alma racional no podríamos hablar de moralidad; ella posibilita el conocimiento de aquellas verdades morales que los hombres han reconocido en todos los tiempos y nos permite delimitar las fronteras de lo bueno y lo malo. Y ella, en fin, nos conduce a la verdadera finalidad: "En este fin se reconoce, en este fin ve todas las relaciones que le unen con su Autor y la naturaleza y en él bebe los principios de la moral civil y religiosa" (R.E., B.A.E, t.87, p. 411). Así, el fundamento último de la moral es Dios. La no consciencia de este fundamento ha arrastrado, a veces, a la filosofía a soluciones equivocadas. Para evitar esto, Jovellanos, intenta conciliar la razón ilustrada y la moral cristiana. Es consciente del poder de la razón, pero ésta es falible y limitada cuando se trata de abordar ciertos temas, como la moral. Los principios morales no son innatos, hay que descubrirlos a través de la razón; pero la moralidad pende en última instancia de la revelación divina, plasmada en el legado del cristianismo.

La moral cristiana es la corona de la ética jovellanista. La auténtica moral debe colocar el sumo bien en Dios, principio y fin de todas las cosas. La moralidad humana debe de estar vertebrada por la ley del amor y la exigencia de su cumplimiento se bifurca en dos planos complementarios: amor al Creador de todas las cosas y amor a nosotros mismos y a los demás. Esta ley será la guía fundamental para alcanzar la perfección moral del hombre y la sociedad. Muchos filósofos han caído en la incertidumbre y en la ambigüedad, en el tratamiento de las cuestiones éticas, precisamente por no asentar los principios naturales y universales de la moral en un fundamento reconocido e indudable, como es el Ser Supremo. La ley natural nos debe remitir a la ley eterna. De este origen proceden los deberes naturales del hombre. Ha sido una falla, en algunas doctrinas modernas y antiguas, la no distinción entre obligaciones civiles y obligaciones naturales. Aunque es cierto, señala Jovellanos, que el hombre es social por naturaleza y la historia siempre nos lo ha presentado reunido en algún tipo de asociación, verdaderamente es la ley eterna la que los une mediante el vínculo del amor a todo el género humano.
Moral y derecho
Las leyes por las que se rige la sociedad civil deben adecuarse a los principios postulados en la moral natural o religiosa. La profesión de magistrado, que ejerce Jovellanos, le incita constantemente a ir más allá de la mera aplicación de la ley, preocupándose por el ajuste entre la naturaleza moral del hombre y las leyes positivas establecidas en la sociedad. En el Tratado teórico-práctico señala claramente la necesidad de esta sintonía, pues la justicia de todas las leyes y la bondad de todas las instituciones civiles deben estar reguladas por la moral. Una mirada al pasado, afirma, nos demuestra hasta que punto muchos filósofos y muchos pueblos han perdido de vista estas obligaciones naturales. La esclavitud, la violación de los derechos de la humanidad, la asociación de extranjero y enemigo, la política destructora, la dominación sin límites, no son sino manifestaciones de esta pérdida de sintonía.

El avance de la humanidad y la aspiración de una sociedad universal no pueden dejar de lado el análisis de las imperfecciones de la legislación vigente, para buscar la superación y el progreso. Sin pretender ser censor de sus contemporáneos va a recomendar Jovellanos que la educación pública, en una nación humana y generosa, debe fomentar las máximas y sentimientos morales y el amor entre los pueblos. Nunca debemos olvidar que somos hombres y que debemos mirar como tales a cuantos viven en el planeta. Por ello, la felicidad y perfección de cada pueblo debe concurrir a la felicidad y perfección de todos los pueblos. Estos son deberes que dimanan de la ley natural y que deben ser el fundamento de toda sociedad civil. La rivalidad de intereses políticos o mercantiles, que armaron a unas naciones contra otras y que han sido la suma de la historia, deben ser superados en la historia actual a través de la ilustración. El camino que propone Jovellanos es ir progresando en el desarrollo de una legislación que se aproxime cada vez más a los ideales morales.

A lo largo de la historia las distintas disposiciones legales han fomentado más el castigo que el premio. Este carácter negativo de la ley ha hecho que se le mire con cierta prevención y que no haya favorecido la práctica de la virtud. Se impone, pues, un cambio en la mentalidad legisladora que trate de "prevenir" y no sólo de "curar". Bien es cierto que la legislación positiva estará en función del grado de ilustración y educación de la sociedad. Las leyes por las que se rige una sociedad y las ideas comúnmente aceptadas en ella deben ajustarse lo más posible. Es

deseable la máxima armonía entre ley y mentalidad social, de aquí se deduce el papel preponderante que tendrán la instrucción y la educación pública como elementos que permitan cambiar las leyes anticuadas.

Será a las pegonas más ilustradas y al gobierno de la nación a los que corresponda fundamentalmente ser guías y tratar de ajustar la actual legislación a los ideales y aspiraciones humanas. Jovellanos era consciente, y de ello deja constancia en numerosos escritos, de que el ordenamiento jurídico y legal que regía en España estaba en muchos puntos anticuado y no se correspondía con la ilustración y las luces del siglo. Ello le lleva a criticar desde la legislación que se oponía al avance de la prosperidad nacional, como deja claro en su Informe sobre la ley

agraria, hasta la legislación penal. En este último aspecto considera que las leyes han sido demasiado duras, sin tener en cuenta las circunstancias y los sentimientos humanos. Este es el objetivo de su drama El delincuente honrado que tiene como objeto demostrar la dureza de las leyes: Don Simón representa al magistrado sin ilustración, que se atiene únicamente a la letra de

la ley sin comprender su espíritu; Don Justo, por el contrario, es el magistrado "filósofo", ilustrado, que conociendo y respetando la ley busca aplicar la sanción justa en cada situación y en el que caben los sentimientos humanos.

El pensamiento de José Cadalso
José Cadalso y Vázquez (Cádiz, 1741-Gibraltar, 1782). Hijo de un comerciante rico, fue alumno de los jesuitas en París y Madrid y realizó el Grand Tour indispensable en la época como complemento de la educación escolar. Militar de carrera, alcanzó el grado de coronel poco antes de su muerte en sitio de Gibraltar en el año indicado. Mantuvo amores con la actriz Ignacia Ibáñez (m. 1771), y fue amigo de Nicolás Fernández de Moratín y contertulio de la Fonda de San Sebastián. Destinado a Salamanca en 1773, se relacionó allí con Meléndez Valdés y otros componentes de la llamada «Escuela salmantina» hasta su marcha de la ciudad al año siguiente. Usó los pesudónimo de «Dalmiro», «Juan del Valle», y «José Vázquez». Ha sido, como Larra, un símbolo utilizado en las polémicas contemporáneas acerca de la decadencia y regeneración de España; y es considerado uno de los introductores en este país del espíritu romántico, hoy datado en el último tercio del siglo XVIII, por sus Noches lúgubres, fundamentalmente.

Cartas marruecas: Libro en forma epistolar de José Cadalso y Vázquez de 1774. Fue publicado por entregas en El Correo de Madrid en 1789 y en forma de libro en 1793. Tres corresponsales ficticios intercambian una correspondencia: Gazel, árabe que llega a España como miembro de la misión diplomática de su país; Nuño Núñez, español, cristiano y amigo de Gazel; y Ben Beley, viejo sabio moro, amigo del primero. Se ha perdido el manuscrito del libro. En él se trata de la situación de España y de los españoles, pero Cadalso, prudente con la censura, evita tratar dos temas centrales: la religión y la política. Sin embargo, describe la corrupción de los políticos y el nepotismo, elogia el patriotismo y a los Borbones, al mismo tiempo que ataca a los Habsburgo por tomar más en cuenta sus ambiciones personales que el bienestar de la nación. Defiende la institución del matrimonio y de la familia y fulmina a los malos traductores y a todos aquellos que desconocen el uso correcto de su lengua; ataca también, por crueles, las corridas de toros y en otro nivel, la institución hereditaria que lega a hombre incapaces las mayores riquezas de la clase social, basándose en una nobleza escrita en el papel, pero no refrendada ya por ningún hecho sobresaliente. La forma epistolar de la obra de Cadalso procede de las Lettres persanes de Montesquieu (1721) y de las Chinese letters, de Goldsmith (1760-1761), que a su vez surgieron de L’espion du gran seigneur de Giovanni Paolo Marana (París, 1684-1686).
Cadalso, en cambio, modifica totalmente el contenido y utiliza la carta de una manera renovadora y original en Noches lúgubres: obra en forma de diálogo de José Cadalso Vázquez, escrita o a finales de 1772 o a principios de 1773, y aparecida por entregas en el Correo de Madrid (o de Ciegos) entre diciembre de 1789 y 1790. J. A. Tamayo señaló una edición genuina en una Miscelánea erudita de piezas escogidas (Alcalá, 1792). En 1798, y en Barcelona apareció la primera impresión en volumen independiente (aunque al lado de su tragedia Don Sancho García). Obra oscura, impregnada de pesimismo y presagios, no es de extrañar que siguiera la moda de los Nights thoughts (1742-1745) de Edward Young (1683-1765).

Los dos personajes principales de la obra son Tediato (un joven rico) y Lorenzo (un

pobre sepulturero), que reflexionan sobre la naturaleza del hombre, la fortuna, la justicia, la razón, el amor y el suicidio. Tediato intenta desenterrar a su amada muerta; pero el anuncio del amanecer obstaculiza la tarea. En la segunda noche, y a la espera del sepulturero, Tediato es por error detenido. En la última noche los dos protagonistas vuelven a su misión fúnebre. El ambiente nocturno, el estilo poético, la suspensión y el contraste entre los dos personajes suscitaron el interés de los románticos.

1 (BAE= Biblioteca de Autores Españoles)
1   2

similar:

Las corrientes filosóficas en la España del siglo XVIII. La Ilustración española iconResumen: El trabajo planteado se centrará en el estudio de una de...
«Vivimos en un círculo extraño, cuyo centro está en todas partes y su circunferencia en ninguna»

Las corrientes filosóficas en la España del siglo XVIII. La Ilustración española iconLa sociedad española, como el resto de países desarrollados, asiste...

Las corrientes filosóficas en la España del siglo XVIII. La Ilustración española iconEl papel de la técnica y las ciencias naturales en la sociedad del riesgo 11
«Momento cosmopolita de la sociedad del riesgo o la ilustración forzosa 15 ¿Qué significa «momento cosmopolita»?

Las corrientes filosóficas en la España del siglo XVIII. La Ilustración española iconA la memoria de George McCready Price, el escritor anti-evolucionista...

Las corrientes filosóficas en la España del siglo XVIII. La Ilustración española iconDentro de las corrientes teóricas del campo de la psicología el humanismo...

Las corrientes filosóficas en la España del siglo XVIII. La Ilustración española icon. Las definiciones que el diccionario de la Real Academia Española...

Las corrientes filosóficas en la España del siglo XVIII. La Ilustración española iconAntes del siglo XVII, los seres vivientes más pequeños conocidos...
«telescopio» colocando ambos lentes en un tubo para mantener entre ellos la distancia adecuada. El príncipe Mauricio de Nassau, comandante...

Las corrientes filosóficas en la España del siglo XVIII. La Ilustración española iconCuadro comparativo de las diferentes corrientes teóricas sobre procesos de alfabetizacióN

Las corrientes filosóficas en la España del siglo XVIII. La Ilustración española icon15ª reunión Nacional de la Sociedad Española de Hipertensión Liga...

Las corrientes filosóficas en la España del siglo XVIII. La Ilustración española iconDebido a un raro fenómeno, Egipto está soportando las nevadas más...




Todos los derechos reservados. Copyright © 2019
contactos
b.se-todo.com