Democracia profunda : reinvenciones nacionales




descargar 81.57 Kb.
títuloDemocracia profunda : reinvenciones nacionales
página1/3
fecha de publicación21.02.2016
tamaño81.57 Kb.
tipoDocumentos
b.se-todo.com > Derecho > Documentos
  1   2   3
DRAFT
XVI CONGRESO DE LA ACADEMIA DE LA LATINIDAD
5, 6, 7 Noviembre de 2007

Lima, Perú
DEMOCRACIA PROFUNDA : REINVENCIONES NACIONALES

Y SUBJETIVIDADES EMERGENTES

Walter Mignolo

Hermenéutica de la democracia: el pensamiento de los límites y la diferencia colonial.

I.-

El título que sugirió Candido Mendes para mi ponencia es mucho más adecuado de lo que yo mismo pudiera haber imaginado. Tampoco me hubiera animado a decir « el pensamiento de los límites » pero lo acepto con gusto, y con curiosidad también. En eso reside, precisamente, una de las admirables cualidades de Cándido : la de traducir en su lenguaje y con eficiencia las ideas y argumentos que caracterizan el trabajo y el pensamiento de quienes particiamos en estas magníficas jornadas de l’Academie de la Latinité. Pues, gracias Candido por darme este sosten donde la hermenéutica y la diferencia colonial se encuentran en un diálogo sobre futuros globales.
En efecto, los vocablos « hermenéutica » y « democracia » provienen de la lengua y sociedad griega, en tanto que « diferencia colonial » proviene de la matriz racial (es decir, racista) puesta en funcionamiento, desde el siglo XVI hasta hoy, empleada para justificar la apropiación de tierras, el comercio de seres humanos esclavizados y explotados en masas, el racismo en el derecho internacional hispánico (Vitoria), Holandés (Grotious), Portugués (Freitas) desde entonces hasta hoy. [1]. Queda todavía un invitado por introducir, « el pensamiento de los límites », una suerte de mediador entre la hermenéutica de la democracia y la diferencia colonial.
Comencemos entonces con una lectura hermenéutica de-colonial de la « democracia. » [2] Habría dos rutas que podríamos seguir. Una, la más aceptada, sería asumir que en Grecia se descubrió una idea única para la organización social, una idea que a nadie ni a ninguno se le había ocurrido : el poder (kratos) del pueblo (demos). El segundo momento está con-formado por las narrativas occidentales de la propia historia Occidental. A veces, como en Hegel, estas historias son con-fundidas con la historia global—esto es, como si la historia global que cuenta Hegel fuera realmente « la historia » tal como ocurrió y fuera así aceptada por todos los habitantes del planeta en cualquier lengua, en cualquier sistema de creencias, incluidos principios que aseguran la validez del conocimiento secular sobre el religioso). Según la mitología de occidente, este sería un pilar fundamental de la « modernidad » entendida como una etapa histórica en esa historia global que cuenta Hegel y resumida en slogans tales como « el gobierno del pueblo, por el pueblo, para el pueblo », en el cual gobierno, los objetivos serían « libertad, igualdad, fraternidad. »
Todo está muy bien. El problema consiste en la apropiación autoritaria de la idea « democracia. » Aceptemos que los pensadores griegos fueron singulares entre las culturas del mediterráneo ; y que fueron también marginales en relación a las grandes civilizaciones del Asia Menor (Lidia, Babilonia y Asiria—de quienes los griegos derivaron su alfabeto) y del norte de Africa (Egipto) (ver apéndice I). Su marginalildad, quizás, generó en los pensadores griegos formas de imaginario social y filosófico para no ser absorbidos por el imaginario de las civilizaciones de su tiempo. Quizás el concepto de « democracia » en Grecia surgió de su exterioridad. Quizás imaginaron que el poder no puede estar en una instancia única y superior, en una instancia absoluta de poder (autokratos). El momento histórico en el cual los intelectuales Europeos re-toman la palabra “democracia” y la emplean para pensar la sociedad Europea del futuro, sin monarcas, es también el momento histórico en que la expansión imperial de Europa y la consolidación de la economía que hoy llamamos capitalista, entra en su apogeo. El problema tiene varias facetas.
Uno, y a mi juicio el de mayor importancia, fue constituido por las regulaciones internacionales de los emergentes estados-nacionales (a la vez emergentes estados imperiales, tales como Inglaterra y Francia), en Europa. Otro aspecto del problema fue la formación de los Estados Unidos de América del Norte. La formación de los Estados Unidos a finales del siglo XVIII, que Tocqueville admiró como modelo de democracia a principios del siglos XIX, ocurrió entre la Revolución Gloriosa en Inglaterra, en 1688 y la Revolución Francesa en 1789 y en 1804 se consumó la Revolución Haitiana. Sin embargo, esta última no ocupó en el sitial de las revoluciones democráticas un lugar equivalente a las otras tres: la de Inglaterra, la de Estados Unidos y la de Francia. Tres estados-naciones, hoy, que son a la vez paradigmas democráticos y paradigmas de la expansión imperial de la economía capitalista desde finales del siglo XVIII. Sin duda, hay notables diferencias, hoy, entre los estados nacionales europeos y Estados Unidos. Uno de ellos, todavia en debate, ha sido recientemente invocado por el presidente George H. Bush en el area de la salud. Frente a las críticas del periodismo y del partido demócrata a la privatización de los centros de salud (que bajo el mantra de excelencia organizativa, eficiencia, reducción de costos y modernización deja a los pacientes en peores condiciones, a las familias pagando lo mismo o más y a los inversores incrementando sus ganancias), Bush criticó la intervención del estado en los asuntos de salud en Europa. Pero en fin, estas son cuestiones internas a los estados-nacionales democráticos, a la vez capitalistas e imperiales. [.3] En cambio, la Revolución Haitiana no cuaja en los debates motivados por la idea y las prácticas “democráticas” lideradas por los estados imperiales Europeos y por Estados Unidos. La Revolución Haitiana es crucial en otro tipo de debates: el de la construcción y reproducción de la “diferencia colonial.”

II.-

La idea misma de “democracia” hoy no será democrática si no toma en serio la “diferencia colonial;” [4] sino toma la sarten por el mango y confronta las dificultades que el racismo presenta a cualquier discusión seria y positiva (es decir, no manipulativa) sobre “democracia.”
En primer lugar, reconocer la contribución que la civilización occidental ofreció al mundo mediante la re-inserción del concepto de “democracia”, no significa que occidente (esto es, los estados nacionales de la Europa del Este y Estados Unidos) el resto del mundo deba endosar un cheque en blanco y aceptar que occidente tenga el monopolio de la “democracia”(en verdad, presenciamos a diario violaciones democráticas en nombre de la expansión imperial y democratización del globo) y que cualquier idea de democracia deberá ser occidental sino no será nada. La idea y las prácticas democráticas en Europa occidental (esto es, los estados y lenguas nacionales modernos—desde el renacimiento y la ilustración hasta la Unión Europea—son Italia y el italiano, España y el castellano; Portugal y el portugués; Francia y el francés; Alemania y el alemán e Inglaterra y el inglés—y Estados Unidos, que son con-naturales a la historia de Europa, no pueden ser exportadas a la fuerza (militar) ni tampoco mediante lobbies y “representantes nativos” formados en las universidades de la Europa moderna y Estados Unidos.
Es por cierto una obviedad insister en este asunto; no obstante, es una obviedad que necesita repetirse a diario: las historias, las lenguas, la subjetividad, las memorias de cada historia local diferente a la historia local de Europa montada sobre Grecia y Roma, son básicametne formas de vida, dificiles de regular mediante politica públicas y hasta mediante intervención armada. Por cierto que se encontrarán en distintos lugares fuera de Europa y de Estados Unidos sectores de la población que se benefician política y económicamente asumiendo los valores democráticos mercadeados por los Estados Unidos. Ocurrió recientemente con Iraq con Iraquíes en que contribuyeron (incluso asesoraron a Bush en) a la intervención de Estados Unidos y no pensaron demasiado en las consecuencias de la intervencion. No es dificil pensar en paralelos entre Iraquíes anti-Sadam en el exilio y Venezolanos y Cubanos anti-Chávez y anti-Castro. El asunto aquí no es el de elegir estár “conmigo o estar con mis enemigos”, conocida estrategia imperial. Se trata más bien de subrayar las estrategias imperiales de subalternización y las opciones,a la vez que las trampas que éstas estrategias crean para quienes “no estamos ni contigo ni con tu enemigo; estamos literalmente en otra cosa.”
En segundo lugar, cuando la idea de “democracia” entra en debate en sociedades cuyas memorias coloniales son densas (como es el caso en América del Sur y el Caribe); o cuyas memorias imperiales fueron convertidas en memorias coloniales (como en el caso de variadas regiones del Islam, desde el Norte de Africa al Oriente Medio, por ejemplo), la cuestión se complica. Y se complica por una dimensión que no estaba en el horizonte de experiencias en los países “modernos” Europeos y en Estados Unidos: el racismo, particularmente en la confluencia de la “diferencia racial epistémica” y la “diferencia racial ontológica” (Maldonado-Torres). Me explico.
El racismo no es una cuestión de elemento religioso que llevamos en la sangre; de color de nuestra piel o la forma de nuestra nariz; tampoco del idioma que hablamos o del país que venimos. Estas son todas “manifestaciones de turno” para que el racismo se efectúe a un nivel más basico (y profundo si se quiere): la devaluación epistémica (e.g., valor de los conocimientos y de la lengua en la cual los conocimientos están configurados) y la devaluación ontológica (e.g., la de-valuación de la humanidad de los individuos (y los lugares) racializados.
El concepto de “democracia” en la Europa moderna (geográficamente, mediterránea y atlántica) y en Estados Unidos, está in-corporado a un fuerte legado linguístico y filosófico: la lengua y el pensamiento greco-romano. Más claro: el concepto greco-occidental de “democracia” no está in-corporado al mandarín, como lengua, ni a los legados del pensamiento chino; tampoco al árabe y a la filosofía árabo-islámica; tampoco a la lengua aymara y quechua y el pensamiento ligado con esas lenguas, etc. etc. Lo cual no quiere decir que todas estas sociedades fueran despótica por naturaleza, tal como ocurre en los ejemplos de John Locke. De ello no se debe inferir que el concepto y la idea occidental de democracia deba ser adaptada en todos los lugares del mundo de tal manera que el mundo no sería otra cosa que una vasta red de surcursales de la democracia occidental.
Este escenario sería sin duda totalmente anti-democrático, a no ser que la mayoría del “pueblo” en cada uno de las 190 y tantos estados nacionales hoy convengan, mayoritariamente, que aceptan la idea de democracia de los seis paises europes modernos (mediterraneos y atlánticos) junto con Estados Unidos de América del Norte. A juzgar por la historia de los últimos cincuenta años este no parece ser un destino deseado por la mayoría de los países fuera de los G7 occidentales. Sabemos que hay estados-nacionales, en América del Sur y el Caribe, en Asia y en Africa, en Asia Central y el Medio Oriente que o bien siguen a pie juntillas los dictados de Washington o bien se las arreglan para conceder pero al mismo tiempo mantener sus propias reglas del juego.
Ahora bien, del hecho de que el concepto “democracia” esté in-corporado a las lenguas y legados greco-romanos, no se deriva necesariamente que todas las otras lenguas y legados de pensamiento sean necesariamente anti-democráticos y que, por ende, las personas que hablan esas lenguas y viven en esas sociedades sean, por naturaleza, lo suficientemente ignorantes para darse cuenta que es mejor vivir en paz y tener medios suficientes para “vivir bien” o lo suficientemente bestiales para odiar naturalmente y querer “apropiarse” (es es, el deseo de “propiedad”) de todo lo que tengan los demás. Esta idea que Las Casas manifestó con respecto a los enemigos del cristianismo y que Locke repitió inventando “criminales” y “delincuentes” enemigos de la burguesia es, sin duda, la construcción del miedo que no necesariamente tiene aplicación en otras sociedades o civilizaciones.
Lo que acabo de decir es una inferencia que se deriva de la diferencia colonial epistémica y ontologica. Se trata de una presuposición asentado sobre dos pre-jucios básicos:
a) Que fuera de las herencias greco-latinas en la historia de Europa (los seis países mediterranicos y atlanticos), los legados de lenguas no y pensamientos no europeos (desde el mandarín hasta el aymara; desde el hindi al quechua; desde el ruso al árabe), etc., son de alguna manera deficiente. La suposición es que personas que hablan y son educadas en esas lenguas son de alguna manera “epistémicamente deficiente.” La diferencia colonial (y por ende racial) epistémica entra aquí en vigencia;
b) Que hay personas en el mundo que por su configuración étnica, el color de su piel, las formas de vida, las lenguas que hablan, las rutinas y rituales que practican, son “humanamente” deficiente con respecto a un ideal de humanidad que surge en el renacimiento europeo (e.g., el hombre vitruviano de Leonardo de Vinci), y que se consolida en la Europa mediterraneo-atlántica y en Estados Unidos. La diferencia colonial (y por ende racial) ontológica se ejerce en este caso.
Con posterioridad a la invasión de Iraq por Estados Unidos, mucho se ha debatido sobre el asunto y sobrey los “caminos democráticos” de Iraq, a pesar de que hay largo camino por recorrer. Me interesa aquí subrayar dos aspectos, cruciales por otra parte, que están en todos los debates:
a) A no ser que hubiera una conversión voluntaria del Medio Oriente Islámico a los principios Cristianos y Occidentales (aquellos principios que criticaba Ali Shariati bajo el título de “Marxismo y otras falacias occidentales”), los futuros democráticos en los imaginarios de Bush y Sarkosy parecen ser solo soluciones en los imaginarios de Bush y Sarkozy. Los argumentos adelantados por Roxana Euben (Enemy in the Mirror. Islamic Fundamentalism and the Limits of Modern Rationalism. A Work of Comparative Theory, 1999), son lo bastante elocuentes para asumir que la “democracia del futuro deberá entrar en los caminos de la hermenéutica pluritópica” puesto que la unidireccionalidad del pasado imperial en los paises Europeos mediterráneos y atlánticos y de los Estados Unidos hoy, se agotaron. Tenemos suficientes evidencias de que la democracia imperial de Estados Unidos es tan perniciosa como el totalitarismo islámico de resistencia. Al mismo tiempo, la polarizacion de estas posiciones, oculta las ideas, conversaciones y debates (y la comunicación de masas tiene una gran responsabilidad en este ocultamiento) que aceptan la idea occidental de “democracia” como una parte de la historia que tendrá que ser complementada con “ideales de justicia y equidad” que tienen otro nombre, otras razones de ser, responden a otras necesidades, se anclan en distintas memorias y subjetividades. En el discurso Zapatista se habla de justicia, equidad, igualdad, reciprocidad y se advierte también que una palabra (democracia) llegó de lejos, de otras latitudes; una palabra que se refiere a estos mismos asuntos pero que no lleva en sí el privilegio de su origen sino el potencial de transformación. Lleva en sí el derecho a que ciertas sociedades describan y organizen a su manera la justicia, la equidad y la igualdad; pero no lleva en si el derecho a negar y silenciar a quienes son democráticos de otra manera o, más aún, que postulan otra forma de igualdad y justicia que democracia.
b) En segundo lugar, es notorio también hoy que la idea de “democracia” se esgrimió y se esgrime todavia, en los estados-nacionalese imperiales de occidente, como un intrumento de expansión imperial. “Democracia” y “derechos humanos” ambos pueden y son utilizados con fines imperiales. No es necesario ser marxista en alguna de sus versiones, ni tampoco fundamentalista islámico o teólogo de la liberación, para hacer esta denuncia. Tal realidad es ya tan obvio que hasta The Financial Times publicó un artículo de opinión argumentando, precisamente, este punto (“Humanitarian action can mask an imperial agenda”, Anatol Lieven, Financial Times, August 21, 2007);
c) Por lo tanto, una interpretación hermenéutico-decolonial de “democracia” comienza por reconocer el ideal “de justicia y equidad” por un lado, y el hecho de que en occidente, tal ideal se concibió y practicó bajo el nombre de “democracia.” Esta fue la contribución de occidente a un horizonte de “justicia y equidad” que, como horizonte es único, aunque los caminos para marcha hacia él son diversos. De ahí que mientras la dimensión imperial/colonial de “democracia” es uni-versal y tenemos ya sobradas muestras de que la retórica de paz es una justificación para la guerra, la dimensión de-colonial de “democracia” es pluri-versal: el horizonte es uno, pero los caminos para llegar a el son variados, variadas lenguas, variadas formas e intereses en el conocimiento, variadas religiones, variadas subjetividades, variadas formas de sexualidad, etc. De ahí que “el horizonte único de justicia y equidad tenga como lema la pluri-versidad como projecto uni-versal;
Para ello es necesario desmontar la diferencia colonial, tanto epistémica como ontologica; es necesario reconocer que la contribución de occidente a la democracia global es importante y también local y regional. El auto-convencimiento en una civilización que salvará a la población del planeta de todos sus males, es cada vez menos convincente. Tanto la retórica beligerante de Hugo Chávez o de Mahmoud Ahmadinejad; la retórica cínica de Vladimir Putin o la retórica “practica” de Ho Jintao en su manejo del comercio en el Pacífico, y sus inversiones en Africa y en América Latina, son ya muestras de que el rol salvacionista de occidente (sea en boca de Bush o de Sarkozy), es cada vez menos convincente aunque sin duda queden todavía sitios de excepción como Colombia o Pakistan. También es cierto que ni Chávez, ni Ahmadinejad, ni Putin, ni Ho Jintao deban tomarse como líderes de-coloniales. Hay variadas diferencias entre ellos, y no poco de las diferencias se deben al hecho de que Chávez surja en un país de herencia colonial hispánica; que Ahmadinejad surja de un país formado sobre las ruinas del imperio Islámico Safavid; que Putin esté operando sobre las ruinas de un imperio ruso suplantado por un imperio soviético, y que Ho este timoneando un país inmenso en población y extensión, a la vez que más antiguo que el imperio romano, nunca colonizado directamente por occidente, aunque controlado por Inglaterra y Estados Unidos a partir de la guerra del opio (construida por intereses económicos, imperiales y capitalistas).
  1   2   3

similar:

Democracia profunda : reinvenciones nacionales iconMuy sabiamente las autoridades nacionales han designado Parques Nacionales,...

Democracia profunda : reinvenciones nacionales icon“¿Democracia o capitalismo?”

Democracia profunda : reinvenciones nacionales iconPolítica, democracia y crisis

Democracia profunda : reinvenciones nacionales iconProyecto estudio de la constitución y la democracia

Democracia profunda : reinvenciones nacionales iconNicaragua reitera avance y consolidación de su democracia

Democracia profunda : reinvenciones nacionales iconOpinión pública y democracia en redes sociales

Democracia profunda : reinvenciones nacionales iconUna Introducción Serena y Profunda de las “perlas de sabiduríA” Derramadas...

Democracia profunda : reinvenciones nacionales icon2. Antecedentes académicos nacionales

Democracia profunda : reinvenciones nacionales iconFeriados Nacionales y Provinciales

Democracia profunda : reinvenciones nacionales iconUna profunda fe en Dios, en la Virgen María y en la corte celestial...




Todos los derechos reservados. Copyright © 2015
contactos
b.se-todo.com