Resumen El propósito de este artículo es explorar los fundamentos de una teoría general de la cultura técnica, basada en la noción de sistema técnico y en el concepto científico de cultura.




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VII. La dinámica de la cultura técnica

La cultura técnica de una sociedad en un momento dado se caracteriza, en el caso de la cultura técnica incorporada a los sistemas técnicos de que dispone esa sociedad, por la posesión de: componentes cognitivos, representacionales o simbólicos: conocimientos técnicos y científicos aplicados; componentes prácticos u operacionales: reglas de operación, habilidades técnicas de diseño, producción y uso de artefactos, y componentes valorativos: objetivos incorporados a los sistemas técnicos y valoración de sus resultados, actitudes ante el riesgo, la incertidumbre, el cambio social necesario asociado a los diferentes sistemas técnicos, etc.

En el caso de la cultura técnica no incorporada a sistemas técnicos, aunque referida a ellos o relevante para su producción, uso, etc., la cultura técnica correspondiente se caracteriza por la posesión de: conocimientos básicos (científicos, en el caso de la cultura tecnológica), no incorporados a sistemas técnicos, pero con potenciales aplicaciones técnicas, representaciones simbólicas de la realidad, especialmente de los sistemas técnicos y sus, relaciones con la sociedad, mitos tecnológicos (o antitecnológicos, cte.); en segundo lugar por poseer reglas de actuación de carácter social, moral, religioso, político, económico, etc., que pueden ser significativas para el comportamiento relativo al uso y desarrollo de sistemas técnicos; y finalmente encontramos valores y preferencias significativas para el uso y desarrollo de sistemas técnicos. Por ejemplo la valoración de la vida puede tener incidencia en el desarrollo de las técnicas médicas, la preferencia por la estabilidad frente al cambio puede impedir las innovaciones tecnológicas, etc.

La cultura técnica cambia y evoluciona como el resto dé la cultura: casi continuamente los individuos están creando y ensayando nuevos rasgos culturales, algunos de los cuales tienen éxito, se consolidan, se enseñan a otros miembros de la sociedad y son aprendidos (y posiblemente modificados) por éstos, cte. Lo específico de la dinámica de la cultura técnica es la importancia que en ella tiene el trasvase de contenidos culturales entre los sistemas técnicos y el resto de la cultura.

Por ejemplo, muchos mitos ancestrales de la cultura occidental son el resultado de una transferencia de elementos culturales que se originan con el desarrollo de los sistemas técnicos y se generalizan al resto de la cultura en forma de mitos. El más significativo de éstos es el mito de Prometeo (castigado por haber entregado el fuego a los humanos, y con él las artes y las técnicas industriales). Entre los mitos tecnológicos de la cultura moderna, uno de los más significativos es el de Frankenstein, muy ligado al desarrollo de las técnicas biomédicas y al descubrimiento de las propiedades y fenómenos electromagnéticos.

Es conocida también la influencia de: (a) la experiencia técnica artesanal en el nacimiento de la ciencia moderna (Bacon, Galileo, etc.), en las representaciones filosóficas de la cultura moderna: el hombre máquina de los cartesianos, por ejemplo; (b) la influencia de las tecnologías mas avanzadas en la cultura actual es también fácil de percibir: la sociedad postindustrial; la sociedad de la información, del conocimiento, son representaciones de la realidad social inspiradas en las tecnologías de la comunicación y de la información [Mazlish (1993)]; y (c): la influencia de algunas pautas de comportamiento ligadas al funcionamiento de determinados sistemas técnicos sobre el resto de la sociedad también es bien conocida. La más notable es seguramente la influencia que el reloj mecánico tuvo sobre la organización de la vida de toda la sociedad occidental a partir de finales de la Edad Media [Mumford (1934); Pacey (1974)]. La idea de un tiempo uniforme y constante y de intervalos invariablemente iguales sólo se pudo extender a partir de la disponibilidad de relojes mecánicos con un nivel suficiente de precisión y fiabilidad. Hasta el siglo XIV la vida social había podido funcionar con sistemas de medición del tiempo bastante imprecisos y dependientes de la duración variable el día y la noche, según la época del año. Podernos hacernos una idea de la magnitud del cambio cultural que esto ha supuesto si nos paramos a pensar cómo podría vivir una sociedad moderna actual si de repente dejaran de funcionar todos los relojes. El ya famoso efecto 2000 de los ordenadores (la alteración de los calendarios internos de muchos grandes equipos informáticos que pasarán a contar el año 0, cuando llegue el año 2000) y los quebraderos de cabeza que ya está dando, es un pálido reflejo de lo que podría ser nuestro mundo si dejara de funcionar la cultura del tiempo uniforme que se consagró con el uso de los primeros relojes mecánicos medievales.

Hay también valores de origen tecnológico, que se han generalizado al resto de la cultura. Los ilustrados del siglo XVIII prácticamente hacían equivalentes las nociones de progreso técnico y de felicidad y progreso moral. Todavía hoy identificamos el bienestar como objetivo vital con el confort y la disponibilidad de artefactos tecnológicos eficaces y fiables. Pero esto requiere una atención especial. En la cultura tecnológica occidental hay dos valores que desempeñan un papel central. Se trata de los valores de eficiencia e innovación. En mí opinión se trata de valores estrictamente técnicos cuya generación al resto de la cultura ha contribuido a configurar el núcleo de lo que hoy se considera la cultura moderna occidental [Quintanilla (1996)].

VIII. Factores culturales del cambio técnico

A pesar de lo mucho que se ha avanzado en el conocimiento de los procesos de cambio técnico, estamos lejos todavía de disponer de una teoría comprensiva y suficientemente apoyada en datos empíricos. Pero el estudio de las dimensiones sociales de la tecnología nos permite hoy entender que los procesos de cambio técnico tienen una complejidad mucho mayor de la que se presupone,

Retomando los tres enfoques en el estudio de la tecnología que resumíamos en II, podemos ver que cada uno de ellos pone el énfasis en una de las dimensiones posibles del cambio técnico: los procesos de invención, los de difusión y los de innovación social. En realidad una teoría integral del cambio técnico debe tener en cuenta las tres dimensiones y su objetivo debe ser articular el conjunto de factores que intervienen en ese complejo proceso.

Desde luego no existe un conjunto de condiciones sociales que garantice una elevada producción de invenciones técnicas viables. Pero sí se puede establecer que algunos factores culturales facilitan y otros dificultan la aparición de nuevas ideas prácticas, útiles y eficientes. Una sociedad con un elevado nivel de formación científica y técnica tendrá más posibilidades de diseñar nuevas aplicaciones técnicas del conocimiento disponible y de utilizar sus recursos cognitivos para resolver de forma innovadora problemas prácticos. Naturalmente esto no es suficiente; pero mejora la situación si además se dispone de un buen repertorio de prácticas técnicas y predominan en esa sociedad pautas de comportamiento y valores guiados por los principios de eficacia y eficiencia, y además se trata de una cultura abierta a la novedad y en la que se valora la creatividad.,En cualquier época histórica y ambiente social, en los que se pueda localizar una elevada concentración de novedades técnicas, casi siempre encontraremos también una fuerte presencia de todos estos componentes culturales.

Los procesos de innovación y difusión de las innovaciones están más directamente condicionados por factores económicos y sociales que por los estrictamente culturales. Pero éstos también desempeñan un papel importante. En primer lugar, la velocidad y la intensidad de la difusión de las novedades tecnológicas depende en buena medida del acceso a la información por parte de los agentes involucrados en el cambio técnico, usuarios, tecnólogos, empresarios, etc. En una sociedad cerrada, con una cultura técnica basada en el secreto industrial, será más difícil la difusión de las innovaciones que en una sociedad en la que la información técnica pueda circular ampliamente11; la mayor parte de las innovaciones técnicas surgen de la imitación y adaptación de otras innovaciones. En segundo lugar, algunas actitudes y pautas de comportamiento en relación con la producción y la distribución de bienes tecnológicos pueden también condicionar la difusión de innovaciones tecnológicas. Por ejemplo, la desconfianza hacia los productos industriales nacionales (o por el contrario, hacia los extranjeros) puede dificultar o facilitar la difusión de innovaciones de uno u otro origen. Y por último la influencia de determinados valores en relación con la seguridad, el riesgo, la alteración del medio ambiente, cte., pueden ser poderosos baluartes de resistencia ante determinadas innovaciones técnicas o, por el contrario, actuar como motores del cambio técnico. De hecho, uno de los fenómenos más característicos de la cultura tecnológica actual en los países más desarrollados consiste en la generalización de los debates públicos sobre la conveniencia o no de determinados proyectos tecnológicos que son percibidos como amenazas a la seguridad, la salud, el medio ambiente, etc.

En nuestro modelo, el cambio social e institucional es una dimensión inherente al cambio técnico. No se trata, desde luego, de volver a introducir el determinismo tecnológico, sino de reconocer, siguiendo el modelo de Pérez [Pérez (1983)] y Freeman y Pérez [Freeman y Pérez (1988)], que el desarrollo tecnológico es inseparable del cambio social e institucional. Pues bien, también a este nivel hay una incidencia obvia de los factores culturales. En primer lugar, la propia idea que una sociedad tiene de sí misma y de la tecnología puede tener una influencia decisiva sobre el cambio técnico. Por ejemplo, una sociedad que se concibe a sí misma como algo fijo e inmutable no tendrá el mismo éxito para adoptar los cambios que acompañan al desarrollo tecnológico que otra que se considera abierta y mutable. Por otra parte, también sería útil analizar hasta qué punto los mitos tecnológicos de nuestra época (la "hipermáquina", la rebelión de las máquinas pensantes, etc.) condicionan las transformaciones sociales contemporáneas. Las costumbres, modas y formas de vida también son factores importantes a la hora de explicar determinados movimientos de adaptación y acompañamiento de la sociedad a los cambios tecnológicos. Como se puede constatar siguiendo los pasos de la revolución industrial de los siglos XVIII y XIX, la introducción de nuevas formas de utilizar las herramientas y máquinas en el proceso productivo, de nuevas relaciones laborales o de nuevas formas de gestión, no se produce igualmente en sociedades agrarias que en sociedades industriales. Y, por último, un cúmulo de valores morales, religiosos, políticos, etc., que afectan a los mecanismos de generación de consenso en tomo a, los grandes proyectos a largo plazo de una sociedad, pueden tener repercusiones importantes en los procesos de innovación social y tecnológica a todos los niveles. Los debates sobre la tecnología militar durante los años de la guerra fría, o los actuales debates sobre las repercusiones a largo plazo de la ingeniería genética pueden ser importantes para la orientación del desarrollo tecnológico y la transformación de la sociedad.

Desde luego, junto a este amplio repertorio de factores culturales, no debe olvidarse, por una parte, la incidencia de los factores económicos y sociales y, por otra, la importancia de las propias trayectorias tecnológicas previas. Los cambios técnicos en un momento dado no son independientes de los que se han producido en momentos anteriores: por mucho espíritu innovador y creativo que haya en la cultura de una sociedad, pocas innovaciones tecnológicas podrán llevarse a cabo si el equipamiento tecnológico previamente acumulado es nulo o despreciable. Los procesos de innovación tienen una fuerte inercia o impulso en terminología de Hughes [Hughes (1987)]: en una sociedad con fuerte tradición innovadora, la tendencia a introducir innovaciones tecnológicas continuará mucho tiempo después de que hayan desaparecido las condiciones culturales, económicas y sociales que contribuyeron a dar los primeros pasos en la senda de la innovación. Y, al contrario, una sociedad sin tradición de innovación tecnológica, tardará años y requerirá grandes esfuerzos hasta que consiga despegar en el camino de la innovación tecnológica.

IX. Conclusiones

Se ha escrito mucho sobre técnica y cultura y existe un convencimiento, muy extendido, de que los factores culturales (o la dimensión cultural de la técnica) son decisivos para entender los fenómenos de desarrollo tecnológico. Sin embargo no existe una teoría precisa y consistente de la cultura técnica que sea ampliamente compartida. Esta carencia se debe a la parcialidad de los enfoques teóricos sobre la técnica, especialmente en el campo de la filosofía y de las ciencias sociales. La consideración de la técnica como una forma de conocimiento (conocimiento práctico, ciencia aplicada, cte.) facilita la identificación de la técnica con la cultura, pero dificulta la percepción de tas complejas dimensiones de la cultura técnica. Por otra parte, la concepción de la técnica como "artefactos socialmente construidos" sí permite reivindicar un papel importante para los factores culturales en el desarrollo técnico, pero al precio de reducir todos los aspectos relevantes del cambio técnico a fenómenos sociales.

El marco conceptual que hemos propuesto se apoya en una noción rigurosa de sistema técnico, y en el concepto científico de cultura y aporta, corno novedad, la distinción entre cultura tecnológica en sentido estricto y en sentido lato. En sentido estricto la cultura tecnológica de un grupo social está formada por el conjunto de elementos culturales incorporados a los sistemas técnicos de que dispone ese grupo. Pero existen otros elementos no incorporados que también pueden formar parte de la cultura técnica de ese grupo. El trasvase de elementos culturales de ambos tipos y sus relaciones con el resto de la cultura constituyen tino de los mecanismos básicos para entender cómo los factores culturales influyen en el desarrollo de la técnica.

Departamento de Filosofía,
Universidad de Salamanca
Campus Unamuno, E-37007, Salamanca
E-mail: maquinta@gugu.usal.es

Notas

1 Este trabajo tiene su origen en un informe encargado por la fundación COTEC sobre indicadores de cultura tecnológica [Quintanilla et al. (1998)]. Durante varios años Alfonso Bravo y yo hemos trabajado en este tema y hemos contado con la colaboración de Cristóbal Torres y, especialmente, de Eduardo Aibar, que nos ha proporcionado valiosa información sobre los estudios sociales de la ciencia y la tecnología. Con el director de la Fundación COTEC, Juan Mulet, he discutido en varias ocasiones algunas de las ideas aquí expuestas y sus atinadas observaciones "de ingeniero", como él dice, me han ayudado a depurarlas y precisarlas. Otros colegas del grupo de Estudios de Política Científica de la Universidad de Salamanca (EPOC), Femando Broncano, Bruno Maltrás y Jesús Vega, en especial, han discutido en muchas ocasiones estos temas conmigo y me han aportado críticas y sugerencias útiles. Lo mismo han hecho bastantes estudiantes y colegas que me han escuchado en diferentes ocasiones durante los últimos tres años. Entre ellos quieto destacar a Mario Bunge y a Jesús Mosterín cuya Filosofía de la Cultura [Mosterín (1993)] me ha resultado sumamente estimulante. A todos, ellos quiero expresar mi agradecimiento.

2 Incluyo las habilidades como formas de conocimiento práctico. En Quintanilla (1991) se desarrolla este tema, que luego apareció publicado como una parte de Quintanilla (1993-94). Ver también Vega (1996).

3 El significado del término "tecnología" no está estabilizado ni en castellano ni en otros idiomas, como el inglés o el francés de los que depende el uso del término español. Mitcham (1994) hace un exhaustivo análisis de los significados de technology, al que remitimos al lector. De las diferentes definiciones que comenta Mitcham [Mitcham (1994), p. 1531], las más próximas a la que proponemos aquí son las de Galbraith (1971): 1a aplicación sistemática del conocimiento científico, o de otras formas de conocimiento organizado, a tareas prácticas", y Rosenberg (1982): "el conocimiento de las técnicas".

4 Mitcham (1994) hace una distinción parecida, hablando de las diferentes "formas de manifestación" de la tecnología, como conocimiento, como actividad (producción y uso) y como objetos (artefactos), añadiendo además una manifestación "como volición" (podríamos decir, como fuente de poder).

5 Bunge (1966) es una referencia clásica para el enfoque cognitivo, aunque en Bunge (1985) presenta una filosofía de la tecnología más completa y sistémica. También Agassi (1985) se puede encuadrar en el enfoque cognitivo, aunque lo trasciende para interesarse por los aspectos sociales y políticos de la tecnología.

6 El Manual de Oslo de la OCDE para la recogida de información sobre políticas de innovación tecnológica responde en buena medida a este enfoque.

7 En Quintanilla (1989) propuse la siguiente definición: "Un sistema técnico es un sistema de acciones intencionalmente orientado a la transformación de objetos concretos para conseguir tic forma eficiente un resultado que se considera valioso" y desarrollé formalmente los conceptos involucrados en esta definición, a partir de la ontología de sistemas de Mario Bunge [Bunge (1976)].

8 Nuestro planteamiento difiere, aunque no es totalmente incompatible con el de otros autores que se han ocupado intensamente de los aspectos culturales de la tecnología. Por ejemplo, Pacey (1983) distingue tres aspectos en la practica tecnológica: el propiamente técnico, el organizacional y el cultural. Este último incluye los objetivos, valores, creencias sobre la técnica (como la creencia en el progreso, etc.).

9 En la actualidad, los denodados esfuerzos por encajar la tecnología Internet en los esquemas culturales de los medios tradicionales de información (televisión, multimedia) y comunicación (telefonía personal y empresarial) son una buena muestra de esta deriva "procustiana” de la cultura tecnológica.

10 Apurando el sentido de las palabras siempre podría decirse, para satisfacer a los constructivistas sociales, que la interpretación de las bicicletas como instrumentos para freír patatas no llegó a estabilizarse porque no hubo un grupo social que asumiera esa interpretación y fuera suficientemente hábil para incluir en su marco tecnológico a los freidores de patatas profesionales y a los ciclistas aficionada/os a freír patatas. Pero también cabe la posibilidad de decir simplemente que semejante interpretación era, técnicamente hablando, una estupidez.

11 Una facilidad excesiva para la circulación de la información puede poner en peligro otros aspectos del proceso de cambio técnico, como la propia motivación de las empresas para financiar desarrollos tecnológicos originales. El sistema de patentes, a pesar de sus limitaciones es, en principio, un buen instrumento para garantizar al mismo tiempo la circulación de información tecnológica y el interés económico por la innovación.
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