Nuevos miedos, nuevas amenazas




descargar 0.66 Mb.
títuloNuevos miedos, nuevas amenazas
página13/19
fecha de publicación07.03.2016
tamaño0.66 Mb.
tipoDocumentos
b.se-todo.com > Derecho > Documentos
1   ...   9   10   11   12   13   14   15   16   ...   19

El principio “cero bajas”

El conflicto de los Balcanes constituyó, también en lo que respecta a su conducción, una guerra de un tipo nuevo. En toda la historia militar nunca se había dirigido un enfrentamiento como lo hizo el general Wesley Clark, comandante supremo de la OTAN. El principio «cero bajas» se convirtió en un imperativo absoluto. Tras dos meses de bombardeos, ni un solo militar de la Alianza había muerto en acción de guerra. Era un hecho sin precedentes.

Las pérdidas materiales también fueron insignificantes. Aunque el número de misiones aéreas sobrepasó las veinticinco mil, sólo se perdieron dos aviones (cuyos pilotos fueron recuperados sanos y salvos en terreno enemigo por comandos infiltrados), de acuerdo con el proyecto del general Clark de hacer una «guerra sin pérdida de aviones».105 Ningún barco, carro de combate o helicóptero de la Alianza quedó inutilizado en el curso de las operaciones.

En contrapartida, los daños materiales infligidos a Yugoslavia fueron considerables. Las infraestructuras militares e industriales (centrales eléctricas incluidas) quedaron gravemente dañadas o inutilizadas, igual que las principales vías de comunicación (puentes, líneas férreas y autopistas). Los aliados interfirieron todos los sistemas electrónicos y mantuvieron permanentemente intervenidas las líneas telefónicas. Aunque, como se supo más tarde, el ejército serbio consiguió «enterrarse» efectivamente y empleó con éxito ingeniosos «señuelos», varios miles de militares yugoslavos perecieron bajo las bombas. Según algunos generales estadounidenses, los bombardeos hicieron retroceder dos décadas al país...

La relación de fuerzas militares entre la OTAN y Yugoslavia era tan desigual que casi resulta impropio hablar de guerra. Fue, más bien, una acción de castigo. Un castigo como jamás lo ha sufrido ningún país a excepción de Irak y, tras el 11 de septiembre de 2001, Afganistán. Porque la estrategia de la OTAN forzó a Yugoslavia a la pasividad impotente frente a las fuerzas de la Alianza, que por otra parte permanecieron fuera de su alcance en todo momento.

Dos guerras

Pero, en realidad, deberíamos hablar de dos guerras. Una, del fuerte contra el débil, de la OTAN contra Yugoslavia, que fue, como ya hemos dicho, más bien una acción de castigo. La otra, del débil contra el más débil, de Serbia contra los kosovares, de las fuerzas de Belgrado contra el UCK. De un lado, la guerra ultramoderna, electrónica y tecnológica; del otro, matanzas con tronzador, deportaciones masivas, violaciones y ejecuciones sumarias.

Otra originalidad de este conflicto: la OTAN declaró explícitamente que no quería matar. Ni siquiera a los militares serbios, y menos aún a los civiles. Fue una guerra de aparatos contra aparatos, de máquinas contra máquinas. Casi un videojuego. Y, cuando morían civiles debido a un error de cálculo, la Alianza se deshacía en excusas, lamentaciones, remordimientos, golpes de pecho y otras súplicas de perdón.

Aplastar a un adversario abstracto, sí; matar a un enemigo concreto, no. «En la neoguerra —señaló Umberto Eco—, pierde ante la opinión pública quien ha matado demasiado.»106 Tal fue la nueva ley impuesta por esta guerra, sobre cuyo cumplimiento velaban atentamente los medios de comunicación. Huelga decir que la manipulación de éstos se ha convertido en uno de los objetivos principales de las partes en conflicto.

Propaganda afable

A este respecto, la guerra de Kosovo no aportó ninguna innovación fundamental en relación al modelo «Malvinas»107 puesto a punto en 1982 y aplicado particularmente en 1991, durante la guerra del Golfo. En lo esencial, la OTAN puso en marcha en Kosovo un dispositivo mediático concebido en 1986 y corregido tras las lecciones aprendidas en la guerra del Golfo.

Se trataba, en una palabra, de hacer invisible la guerra y convertirse en la principal fuente de información de los periodistas. Estos, indiscutiblemente más prudentes, no siempre pudieron eludir esta nueva forma de censura democrática y propaganda afable, tanto más cuanto que en Belgrado la censura tradicional y la propaganda pura y dura no ayudaban a la manifestación de la verdad.

Así, los medios se vieron reducidos durante dos meses a comentar una imagen crucial ausente: la de las atrocidades cometidas por las fuerzas de Belgrado contra la población civil de Kosovo. Los testimonios de muchos deportados describían crímenes de cuya realidad no cabía dudar,108 pero ninguna imagen nos los había mostrado, ningún reportero los había visto con sus propios ojos. Lo que constituía un fracaso para la máquina mediática, especialmente la audiovisual, que llevaba diez años intentando convencernos de que informar consistía, esencialmente, en hacernos «presenciar el hecho».

De ahí, también, las polémicas. Entre los defensores de la «verdad oficial» de la OTAN y algunos observadores disidentes e iconoclastas. En el Reino Unido, por ejemplo, el ministro de Asuntos Exteriores, Robin Cook, no dudó en atacar públicamente a John Simpson, corresponsal de la BBC en Belgrado, acusándolo de ser un «cómplice de Milosevic», por el simple hecho de atraer la atención sobre la existencia en Serbia de opositores democráticos al régimen, sobre las escuelas destruidas por los bombardeos de la OTAN, etc. El gobierno (laborista) británico llegó incluso a presionar y exigir la repatriación del periodista, que la BBC rechazó.

En Italia, el corresponsal de la RAI, Ennio Remondino, que criticó con auténtica dureza el bombardeo de Belgrado y en particular la destrucción del edificio de la televisión serbia (que causó la muerte de varios redactores), recibió feroces críticas de periodistas e intelectuales, que lo trataron de «agente de Milosevic». Por último, en Francia, las opiniones expresadas por el intelectual Régis Debray a su regreso de una breve visita a Kosovo le valieron un auténtico linchamiento mediático, porque no cuadraban con la verdad oficial.109


Razón moral y humanitaria

Así pues, el balance de esta primera guerra de la OTAN no pudo ser más desastroso.110 Y, por si fuera poco, la inestabilidad amenaza con generalizarse. En el 2001 asistimos a su extensión a Macedonia. Mañana podría afectar a Hungría, Bulgaria, Rumania, incluso a Grecia, Moldavia y Turquía. Todos estos países están, por decirlo así, en primera línea de frente, y tanto sus cancillerías como sus opiniones públicas (¡cerca de ciento cincuenta millones de personas!) siguieron las nuevas guerras de los Balcanes con una mezcla de espanto y exaltación.

Ante tal desastre, uno no puede dejar de preguntarse: ¿por qué tanta prisa en desencadenar la guerra? A modo de justificación, Javier Solana declaró: «Debemos impedir que un régimen autoritario siga reprimiendo a su pueblo en Europa».111 Por razones «morales», añadieron otros responsables de la OTAN. Por razones «humanitarias», alegaron ciertos comentaristas. Todos son argumentos respetables y ciertamente legítimos, pero insuficientes para convencer de forma conclusiva.

Porque existen otras tantas razones «morales» y «humanitarias» para intervenir, por ejemplo, en el Kurdistán, donde desde 1984 las autoridades turcas de Ankara hacen la guerra a la población kurda, a la que se niega el derecho a la autonomía e incluso a enseñar su lengua. Una guerra en curso que ha causado cerca de veintinueve mil muertos y más de un millón de refugiados.112

¿No hay también razones «morales» y «humanitarias» para reparar la injusticia cometida con los chipriotas griegos en 1974? Víctimas de una implacable limpieza étnica, más de ciento sesenta mil fueron expulsados en condiciones infrahumanas del norte de Chipre por el ejército de invasión turco, que sigue ocupando ile-galmente esa parte de la isla, donde ha fomentado el establecimiento de más de sesenta mil colonos llegados de Turquía.

Por último, ¿no hay razones «morales» y «humanitarias» para intervenir en favor de los centenares de miles de palestinos reprimidos, expropiados y expulsados por las autoridades israelíes, que persisten en vaciar Jerusalén Este de su población palestina al tiempo que animan, con grave desprecio a los acuerdos internacionales y a las resoluciones de las Naciones Unidas, la colonización judía de Cisjordania y Gaza?

La situación de estas tres comunidades —kurdos, chipriotas griegos y palestinos—, ¿es menos indignante que la de los albaneses de Kosovo? ¿Por qué favorece Occidente la negociación en unos sitios (acertadamente) y opta por bombardear otros? Por razones políticas, no morales. Porque Turquía e Israel son estados democráticos, con economía de mercado, viejos aliados militares de Occidente y muy alejados geográficamente del centro de la Unión Europea.

La importancia estratégica

Kosovo es harina de otro costal. Cada uno por su lado y por motivos diferentes, la Unión Europea y Estados Unidos encontraron razones urgentes para intervenir.

La Unión Europea lo hizo por consideraciones estratégicas. Pero la importancia estratégica de una región ya no es lo que era. Antaño, una zona era «estratégicamente importante» cuando su conquista y posesión proporcionaba una ventaja militar considerable (acceso al mar, a un río navegable, a una elevación crucial, etc.), permitía explotar riquezas decisivas (petróleo, gas, carbón, hierro, agua, etc.) o controlar rutas comerciales vitales (estrechos, canales, puertos de montaña, valles, etc.).

En nuestra época de satélites, globalización, financiarización y «nueva economía» basada en las tecnologías de la información, ese concepto de la «importancia estratégica» ha pasado a segundo plano. Por lo demás, Kosovo no ofrece el menor interés estratégico desde ese punto de vista. Su posesión no aporta a la potencia conquistadora ni ventaja militar, ni riqueza decisiva, ni control de una ruta comercial vital.

Entonces, ¿qué determina hoy en día la importancia estratégica de un territorio para una entidad rica como la Unión Europea? Esencialmente, su capacidad de exportar desórdenes y conflictos: caos político, pobreza crónica, emigración clandestina, redes criminales, terrorismo, delincuencia, mafias de la droga o de la prostitución, etc. Desde ese punto de vista, tras la caída del muro de Berlín, hay dos regiones que poseen una importancia estratégica de primer orden para Europa: el Magreb y los Balcanes.

«Realpolitik »

La crisis de Kosovo se enconó definitivamente tras la implosión de Albania, en 1997, cuando dicho país se hundió en el caos y el desorden, lo que indirectamente proporcionó a los combatientes del UQK tanto la oportunidad de procurarse miles de armas a precio de saldo como de establecer una base segura en la retaguardia, un santuario desde el que lanzar sus sangrientas incursiones en Kosovo. Esta «guerra de liberación» de un territorio fanáticamente reivindicado, con las mismas motivaciones históricas, religiosas y culturales, por dos adversarios decididos a llegar hasta el fin, amenazaba con ser larga y cruel. ¿Podía permitirse la Unión Europea vivir durante cinco o seis años con un conflicto semejante a las puertas de casa? ¿Con todas las repercusiones previsibles en Macedonia y el resto de los Balcanes? ¿Con decenas de miles de refugiados intentando llegar vía Italia al resto de la Unión? La respuesta a estas preguntas tiene muy poco de moral y humanitario y mucho de Realpolitik, en cuanto se basa en la necesidad de defender intereses superiores de los estados y, en consecuencia, toma la forma de la guerra y los bombardeos a los que asistimos durante la primavera de 1999.

Nueva misión para la OTAN

Kosovo no tiene ningún interés estratégico para Estados Unidos, ni en el sentido antiguo de la expresión ni en el moderno. A Estados Unidos, que entró a regañadientes en la crisis de los Balcanes de 1991, el conflicto de Kosovo le proporcionó el pretexto ideal para dar carpetazo a un asunto prioritario: la nueva legitimidad de la OTAN. Esta organización de defensa, puesta a punto en la época de la guerra fría, fue concebida para afrontar la amenaza de un adversario concreto: la Unión Soviética. Con la desaparición de la URSS en diciembre de 1991, el hundimiento de los países comunistas y la disolución del Pacto de Varsovia, ia OTAN habría debido disolverse y desaparecer a su vez. Y ser reemplazada, en Europa Occidental, por una organización de defensa autóctona, cuyo embrión era la brigada franco-alemana, o eso se nos decía.

Pero Washington, que ve las cosas de otro modo, quiere seguir siendo una potencia europea y ha hecho todo lo que estaba en sus manos para reforzar la OTAN y extender su influencia acogiendo en su seno a tres países del antiguo bloque del Este (Polonia, Che-quia y Hungría). «Indiscutiblemente —confirma un analista esta-dounidense—, la OTAN se ha mantenido en razón de la influencia política que proporciona a Estados Unidos en Europa y porque bloquea el desarrollo de un sistema estratégico europeo rival del de Estados Unidos.»113

Pero eso no es todo. En la era de la globalización liberal, para reforzar su lógica y prevenir sus riesgos, Estados Unidos quiere convertir a la OTAN en el brazo armado, en el aparato de seguridad de esa globalización, con el Reino Unido, Alemania y Francia como aliados principales entre el resto de los países de la OTAN (a la espera de incluir, en una segunda fase, a Japón y Corea del Sur). En consecuencia, las Naciones Unidas se han visto excluidas y reducidas a una especie de instancia moral (en cierta manera, como el Consejo de Europa respecto a la Unión Europea, o una especie de Vaticano laico), sin capacidad real de intervención en caso de crisis.

Tanto es así que algunos altos funcionarios estadounidenses se preguntan si, a fin de cuentas, no habría sido más eficaz intervenir bajo el mandato de las Naciones Unidas, como en el Golfo, en lugar de hacerlo en el marco de la OTAN, con las complicaciones que imponen las consultas permanentes de diecinueve gobiernos.114 A Estados Unidos le habría sido aún más fácil actuar unilateralmente. Su supremacía militar se lo permite. Para imponer, bajo el imperio del mercado, un nuevo orden global. ¿Es algo tan extraordinario? No, asegura el almirante William J. Perry antiguo secretario de Defensa del presidente Clinton: «Siendo Estados Unidos el único país con intereses globales, es también el líder natural de la comunidad internacional».115

Kosovo proporcionó a Estados Unidos la oportunidad de aplicar el «nuevo concepto estratégico» de la OTAN semanas antes de su adopción oficial en Washington, el 26 de abril de 1999: ampliar y reforzar la comunidad de las naciones democráticas. Huelga decir que la ampliación de la democracia supone, como condición indispensable, la adopción obligatoria del modelo occidental de globalización liberal. Y la sumisión a la hegemonía de Estados Unidos. Tales fueron, en el fondo, las motivaciones reales de la participación norteamericana en la guerra de Kosovo.

Chechenia

Debido a ciertas características que les son trágicamente comunes —nacionalismo, odios étnicos, enfrentamiento islam radical/cristianismo ortodoxo, secesionismo, descolonización, independentismo...—, suele compararse la guerra de Kosovo con la nueva guerra emprendida por los generales rusos en Chechenia en septiembre de 1999.

No obstante, se trata de dos casos muy diferentes, por más que ambas guerras fueran en efecto particularmente inhumanas. Como en Kosovo desde el comienzo de los bombardeos de la OTAN, más de un tercio de la población chechena —es decir, alrededor de doscientas mil personas— se vio obligado a huir de los combates para buscar un precario refugio en Ingushia. Y, según las organizaciones humanitarias internacionales (a las que las autoridades rusas impedían acercarse al frente), centenares de civiles perdieron la vida durante los bombardeos indiscriminados del ejército federal. Ejército que, en algunos pueblos, se entregó además al pillaje, las violaciones y los crímenes de guerra. Devastada por el precedente conflicto de 1994-1996, que causó más de ochenta mil muertos, Chechenia asistió aterrada una vez más a la destrucción sistemática de sus principales infraestructuras.

En vista de que, transcurridos dos años, la guerra contra los resistentes chechenos no parece tocar a su fin, esta pequeña república del Cáucaso corre el riesgo de verse devuelta, en materia de desarrollo, a comienzos del siglo xx.

¿Cómo pudo producirse un desastre humano, económico y ecológico de tan espantosas dimensiones? ¿Cómo es posible que la comunidad internacional, tan pronta a invocar el derecho de ingerencia y movilizarse en favor de Kosovo en 1999, asistiera impasible a semejante tragedia?

La responsabilidad más grave recae ciertamente sobre Moscú, que, en el momento del desmantelamiento de la Unión Soviética, fue incapaz de proponer a las entidades que permanecieron en el seno de la Federación Rusa un estatuto de autonomía basado en criterios auténticamente democráticos. Con la complicidad de Occidente, que empujaba a Moscú a adoptar cuanto antes el modelo económico liberal, el Kremlin improvisó un federalismo a la carta y, a cambio de apoyo político, permitió la instauración en cada una de las regiones de «una especie de arrendamiento generalizado»116 de los sectores más rentables (petróleo, divisas, alcohol, tabaco, caviar, drogas, armas, etc.), concedidos a mafias o clanes locales.

Este conjunto de prácticas exacerbó las tensiones sociales. Sobre todo en Chechenia, país que, tras haber aportado el 40% del petróleo de la Unión Soviética hasta 1940, veía extenderse la miseria por su territorio y experimentaba un declive imparable, habida cuenta de que su producción de hidrocarburos apenas representa el 1% del total ruso.
1   ...   9   10   11   12   13   14   15   16   ...   19

similar:

Nuevos miedos, nuevas amenazas iconPreguntas y respuestas. Fuente wikipedia
«progenitores». Los «individuos» permanentemente se fusionan y regulan su reproducción. Generan nuevas poblaciones que se convierten...

Nuevos miedos, nuevas amenazas iconHistoria de una necesidad
«El verdadero descubrimiento no consiste en buscar nuevos paisajes, sino en poseer nuevos ojos»

Nuevos miedos, nuevas amenazas iconGraves amenazas sobre la biodiversidad latinoamericana

Nuevos miedos, nuevas amenazas iconEntre muchas amenazas posibles y reales que acechan al ser humano del siglo XXI, alarma

Nuevos miedos, nuevas amenazas iconResumen La vulnerabilidad a las amenazas socionaturales en Venezuela...

Nuevos miedos, nuevas amenazas iconI. problemas medio ambientales: riesgos naturales y amenazas del...

Nuevos miedos, nuevas amenazas iconNuevos codices compatia, A. C

Nuevos miedos, nuevas amenazas iconNuevos Sorgos gentos

Nuevos miedos, nuevas amenazas iconRecursos Nuevos tipos de luces

Nuevos miedos, nuevas amenazas iconNuevos retos en vih/sida




Todos los derechos reservados. Copyright © 2019
contactos
b.se-todo.com