Esta entrevista, que ahora revelamos, se produjo el 7 de febrero de 1992




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Septiembre 29, 2013

Las confesiones de Luis Posada Carriles | Parte I

Luis Posada Carriles, un anticastrista muy ligado y protegido, históricamente en El Salvador, hizo una confesión sobre lo que pasaba, en el aeropuerto de Ilopango, a mediados de los años ochenta. La confesión, de 30 páginas, la hizo ante dos agentes del FBI. Reconoció el tráfico de armas. De las drogas no quiso hablar. Esta es la primera entrega de esa confesión.
Luis Posada Carriles llegó solo, y sin encandilar sus ojos, a la suite 701 de la 13 noroeste calle de Washington donde le esperaban dos agentes del FBI.

Era el año de 1992. Varias entidades de los Estados Unidos investigaban, pulgada a pulgada, lo que había pasado en el aeropuerto de Ilopango, al menos durante la primera mitad de los años ochenta.

Todos sabían que Luis Posaba era un hombre de la CIA. Estaba entrenado por ellos. Además, era un furioso anticastrista.

Aquel interrogatorio era, apenas, uno más en su vida. Estaba hecho para decir apenas lo necesario. Por eso estaba seguro de su papel: debía hablar, sin levantar sospechas, de todo cuanto pasó en  Ilopango. De drogas no debía hablar jamás. Ese era el convencimiento.

Cuando se produjo ese interrogatorio, Posada Carriles tenía 64 años. Ahora tiene 85 años y  lucha contra varias enfermedades.

Luis es contemporáneo de Fidel Castro, a quien ha querido matar en más de una ocasión. La última de ellas, durante una reunión de gobernantes que se celebró en Panamá.

Posada sabía que tenía que reconocer que participó en un centro de abastecimiento de armas para los antisandinistas, en el aeropuerto de Ilopango, montado por el militar Oliver North.

Eso ocurrió cuando North era un prominente miembro de la Agencia Nacional de Seguridad de los Estados Unidos.

Si bien Posada Carriles no reconoció toda la verdad ante los dos agentes del FBI, sí dijo cosas gravísimas contra el jefe de la Fueza Aerea Salvadoreña, en esa época, Rafael Bustillo, como se demuestra en el documento que recoge la entrevista del FBI.

Lo más grave es que los operadores principales de ese centro de abastecimiento, el cubano Félix Rodríguez, y él, le pagaban a Bustillo, mensualmente,  entre $20 mil y $50 mensuales por la gasolina que utilizaban los aviones que llegaban y salían de Ilopango.

Cuando los agentes del FBI le preguntaron si él estaba consciente que esa gasolina para aviones podía haber sido donada por el Gobierno de los Estados Unidos, Posada aceptó esa posibilidad.

Esta entrevista, que ahora revelamos, se produjo el 7 de febrero de 1992.

los rostros de la operacion ilopango

De dónde llegó

En 1985, Posada viajó de Venezuela a Aruba en un vuelo privado. Permaneció ahí durante una semana y luego voló a El Salvador en un avión privado.

Fue Félix Rodríguez arregló para que Posada llegara a El Salvador. Cuando Posada arribó al país, un amigo de las Fuerzas Aéreas Salvadoreñas cuyo nombre se desconoce, y de apellido Leiva, proveyó a Posada de una identificación falsa bajo el nombre de Ramón Medina Rodríguez.

Esta identificación incluía una licencia de conducir salvadoreña y varias identificaciones militares salvadoreñas. Desde este día en adelante, Posada  vivía bajo el nombre de Ramón Medina.

En cuanto llegó a El Salvador, Posada se quedó con Rodríguez por dos o tres días. Rodríguez luego ayudó a Posada a adquirir una casa en San Salvador, donde Posada vivió durante el siguiente año, aproximadamente.

Después de que Posada se movió a su casa en San Salvador, él no hizo nada durante un par de meses. Durante este periodo no tenía nada que ver con el proyecto de suministro a la Contra en el cual se involucró después, según dice.

Rodríguez y otros amigos cubanos de Posada lo ayudaron a salir de Venezuela y a reubicarse en El Salvador.

Posada negó que personajes cercanos al vicepresidente George Bush padre, lo ayudaron a venir a El Salvador.

Después de pasar desapercibido en San Salvador durante unos 2 o 3 meses, lo reclutaron  para que ayudara en el proyecto de reabastecimiento a la Contra.

A Posada lo contactaron para que trabajara en este proyecto. Ese  apenas comenzaba. Era el año 1985.

Posada dice que Juan Rafael Bustillo, el jefe de la Fuerza Aérea, no sabía la verdadera identidad de Posada hasta que el avión que llevaba a Eugene Hasenfus cayó y el pasado de Posada quedó expuesto.  Después de eso, Posada habló con Bustillo al respecto. Dice que Bustillo le dijo que no había problema . De hecho, Bustillo quería ayudar a Posada….haciendo que se quedara en Ilopango, donde ahí no había ningún tipo de acoso de la prensa y las cosas estuvieran tranquilas.

Sin embargo, Posada respondió que él ya había estado en la cárcel y que no quería estar aislado de nuevo en Ilopango Posada agradeció a Bustillo pero continuó viviendo en su casa en San Salvador.

Posada hizo esfuerzos para proteger gente. Dijo que las únicas personas involucradas en el proyecto de reabastecimiento  de la Contra que sabían la verdad sobre Posada eran Quintero, Rodríguez y Leiva. Posada no cree que North, Richard Gadd, Robert Dutton ni los pilotos de suministro o los salvadoreños sabían quién era él. Dice que no divulgó su nombre por miedo.

Posada y todos los involucrados pensaban que era un proyecto secreto del gobierno de Estados Unidos.

El rol de Ramón Quintero (hombre cercano a la Casa Blanca)  en el proyecto de suministro era el de dirigente y contacto principal entre Washington D.C. y el plan. Quintero era el que viajaba ida y vuelta entre Washington y El Salvador, llevando instrucciones y dinero. Quintero fue el jefe hasta que Dutton entrara a escena, luego Dutton fue el jefe. Posada entendió que Owen era “El hombre de North”.

Después de quedarse con Rodríguez durante 2 días, Posada rentó una casa para él en San Salvador. Quintero y Dutton se quedaron en la casa de Posada cuando visitaban el proyecto.

El rol de Posada en el proyecto era el de encargarse de todas las necesidades del personal de suministro, como su hospedaje, transporte y cuestiones similares, y realizar gestiones para otras necesidades como el combustible de los aviones.

También era responsable de manejar otro tipo de provisiones y necesidades que surgieran. Después Posada tuvo mayor participación en la parte operativa del proyecto, controlando el radio durante vuelos de aprovisionamiento. Ayudaba a coordinar esos vuelos.

Otros cargos

Posada lentamente comenzó a adquirir alojamiento para la operación de suministro. Rentó tres casas más para que los pilotos vivieran. También rentó un pequeño hotel, donde las demás personas de reabastecimiento habitaban. Al final del proyecto, había 4 casas, incluyendo la de Posada, y un pequeño hotel que alojó alrededor de 30 personas quienes trabajaron en el proyecto.

Posada se encargó de todos los aspectos relacionados con estos alojamientos. Pagaba las rentas, contrató y pagó mucamas que los limpiaban, pagó por todos los utensilios y cuentas, incluyendo las de los teléfonos, obtuvo utensilios y otras cosas para cada casa, incluyendo cerveza y comida. Posada también se encargaba del transporte para las personas de suministro. Posada gestionaba vehículos y choferes para el personal de suministro, y Posada mismo los usó para llevar a la gente ida y vuelta entre Ilopango y varias de las viviendas.

Con  relación al aspecto financiero del proyecto de suministro, sale a relucir en la mente de Posada que el dinero nunca fue un problema. Nunca hubo problema económico, sin que Posada conociera de dónde venía el dinero o quién financiaba (según él).

Nadie le dijo a Posada que el dinero venía de North o personas privadas o el gobierno de Estados Unidos o de alguna otra fuente, asegura él.  Quintero  y otros llevaron dinero, pero nunca describía de donde venía y Posada nunca preguntó. Posada dice que estaba trabajando bajo el supuesto de que era un “proyecto de Washington” y ….no cuestionó las fuente del financiamiento.

Otra cosa que Posada recuerda es que el proyecto de suministro siempre buscaba personas que llevaran el dinero desde Estados Unidos hasta El Salvador para que estuviera a disposición de Posada. Siempre estaban preocupados acerca de la restricción  de solo llevar $10,000 fuera de los Estados Unidos al mismo tiempo.

En cualquier momento cualquiera de las personas del suministro tuviera que ir a Estados Unidos , ya sea si fuera una visita personal o alguna otra cosa, siempre se les solicitaba que transportara dinero.

Quintero el que el que le daba el dinero a Posada. Luego Posada le daba todos los recibos y justificaciones sobre los gastos o qué otras cosas necesitaba para el siguiente mes.

Era un sistema bastante estricto porque las personas podían revisar los recibos de Posada y hacerle preguntas al respecto, aclara él. Incl;uso dijo que, en un mes, cometió el error de pagar dos veces y por eso lo increparon.

Las cuentas telefónicas siempre fueron cuestionadas porque eran muy altas, pero los que partricipaban en el poroyecto debían llamar a sus familiares.

Incluso, Posada dijo que uno de los pilotos tenía una novia en Filipinas. Esto ocasionó los altos recibos telefónicos mucho más altos, incluso, que lo que pagaban por el alquiler de la casa.

Pago de combustible

El combustible de los aviones para la operación de reabastecimiento era facilitado por Bustillo y pagado, en efectivo por el personal de suministro, según dijo Posada Carriles. Los pagos, como dice, los hacía él.

Al principio un piloto que estaba trabajando para Gadd, y Posada ( dijo no recordar su nombre) fue a ver a Bustillo a nombre de Posada, como lo dijo ‘este al FBI.

El piloto sacó un fajo de billetes y empezó a contar $15,000 en el escritorio de Bustillo y dijo que era para gasolina que se iba a usar para la operación de reabastecimiento.

Bustillo se sintió insultado e increpó  al hombre, diciéndole que él no trabajaba en una gasolinera. Bustillo le dijo al piloto que entregara el dinero a alguno de sus asesores. El piloto tuvo que dejar la operación debido a la forma en que manejó ese asunto con Bustillo. Este realizó represalias.

Ahí fue también cuando Posada empezó a trabajar con Bustillo. A Bustillo no le caían bien los americanos, entonces empezó a tratar con Posada, según manifestó Este.

El piloto americano quien insultó y  le dio a Posada los $15,00 tenía aproximadamente 45 años. Posada no podía recordar nada más sobre él. Engañó al FBI.

Posada abrió una cuenta con Bustillo y sus asesores para pagarle el combustible para aviones que le proporcionaban.

Cuando la cuenta de la operación de suministro se empezó a quedar sin dinero, Posada iba con Quintero y solicitaba más recursos. Luego alguien le llevaba el dinero a Posada y él lo reponía en la cuenta con el personal de Bustillo. Este arreglo, en palabras de Posada era “extraoficial”.

Posada dice que pedía recibos cuando le pagaba a los salvadoreños, pero no iba incluida en algún tipo de contabilidad por parte de los salvadoreños.

Posada le dijo al FBI que le pagaba, a Bustillo, entre $20 mil y $50 mil mensuales en combustible.  Cuando el FBI le preguntó que si no creía que Bustillo infringía la ley porque vendía combustibles suministrados por  el gobierno de los Estados Unidos, como ayuda externa al de El Salvador, el anticastrista respondió que siempre se preguntó eso.

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Las confesiones de Luis Posada Carriles | Parte II

Este hombre, históricamente muy protegido en El Salvador, dice llegó a ganar, por su trabajo en el aeropuerto de Ilopango, hasta $7 mil. Esa cifra pudo ser superior.
Posada reconoció, ante el FBI, que a El Salvador volaban aviones de Southern Air Transport (SAT), una  empresa fantasma de la CIA afincada, en ese tiempo, en Miami.

El anticastrista dijo, sin embargo, que usaban sus aviones para transportar armas pero en Bolivia se dice que, en aviones de ese tipo, se transportó también la cocaína.

Posada dice que una de sus funciones era llevar al personal de la aerolínea al hotel San Salvador de esa época para que descansaran y luego volaran de nuevo.

Cuando le preguntaron sobre nombres de algunos personeros de esa aerolínea, fingió no reconocer a nadie. Dijo que sólo trató a Bill Langton en asuntos de la aerolínea. Para alejarse más del tema aseguró que él no trató nunca con los representantes de esa aerolínea.

Y cada vez que le preguntaron sobre el dinero con el que se mantenía la operación, sólo dijo que el financiamiento venía de Washington.

El FBI también le preguntó a Posada Carriles sobre los salarios que ganaban los personajes que trabajaban en el aeropuerto de Ilopango,

Respondió que los pilotos les pagaban $.4500 mensuales. El resto del personal ganaban $3.000 mensuales (en esos años eso era una buena cantidad de dinero y es muy probable que Posada redujera los montos).

El anticastrista dijo que, adicionalmente, a cada miembro de la tripulación que viajaba en los aviones, se le pagaba $750 por vuelo.

A los que trabajaban en los hangares 4 y 5 del aeropuerto de Ilopango también se les pagaban todo los gastos. Posada se encargaba de eso. Incluso, se les pagaba boletos aéreos para que visitaran a sus familiares en Estados Unidos.

Cuando el FBI le preguntó a Posada Carriles cuánto le pagaban a él, dijo que $3.000 mensuales. Aseguró que, además, recibía un auto, alojamiento, servicio de limpieza, comida y otros gastos.

El cubano-americano dijo que él viajaba en los vuelos de “reabastecimiento” y que ganaba $750 cada vez que lo hacía. Dice que lo realizaba porque podía hablar español y, de esa manera, coordinar la radio en los vuelos de “reabastecimiento”.

Todo eso, calculó al FBI, le dejaban $6 mil o $7 mil mensuales. Como todos sus gastos estaban pagados, ese dinero lo podía ahorrar mensualmente. Posada dijo que una suma similar ganaba Félix Rodríguez.

Posada Carriles le narró al FBI que, en una ocasión, Oliver North estaba molesto con Félix Rodríguez porque hablaba mucho por teléfono a sus amigos de Washington y eso ponía en peligro el proyecto que se ejecutaba en El Salvador.

Posiblemente, siguiendo algunas hipótesis o informaciones que tenían, los agentes del FBI le preguntaron a Posada Carriles si Félix Rodríguez le regaló un reloj Rolex. Más bien dijo que él le regaló al piloto salvadoreño de apellido Leiva un reloj que valía $500 pero que no era un Rolex.

Posada Carriles le aseguró al FBI que él estaba consciente de los contactos de Félix Rodríguez con la oficina del vicepresidente de Estados Unidos, en ese entonces, George Bush padre. Incluso recordó que, en 1986, Rodríguez se reunió  con Bush y que este le confirmó que “El Salvador está muy bien”.

Según Posada, como lo dijo en su declaración de 30 páginas, el gran problema entre Rodríguez y Oliver North, en relación con el proyecto de Ilopango, era que el cubano americano podía hablar, por teléfono, con los auxiliares de George Bush (padre), sobre las operaciones de la CIA. Esta se habría dado cuenta de eso.

Con Bustillo

Posada Carriles habló bastante al FBI sobre Rafael Bustillo, el jefe de la Fuerza Aérea en esa época.

Incluso recordó un incidente de un avión 727 que no pudo bajar en Honduras. Los hondureños no le permitieron bajar. Entonces, los personeros de Ilopango pidieron permiso a Bustillo para que bajara en Ilopango. Bustillo estuvo de acuerdo y permitió a la nave aterrizar allí

También dijo que fue Bustillo quien autorizó la construcción de los nuevos hangares en el aeropuerto de Ilopango.

Incluso, recuerda que “la operación se hizo grande en 1986. Entonces llegaron dos aviones caribúes, otro avión 123 y algunas naves pequeñas.

Dijo que poco después llegó Oliver North y John Secord, un alto funcionario del gobierno de Ronald Reagan, y se reunieron en Ilopango  con Armando López, Enrique Bermúdez, Rafael Bustillo y Félix Rodríguez. Ahí se decidió que se usaran aviones más grandes en la operación.

Posada dijo que él veía a Bustillo todos los días. Dijo que solían trabajar en el mantenimiento de la operación y que él siempre trataba de asegurarse por todo lo que pagaba, Al menos en las cantidades de combustible correcto. Así se lo dijo al FBI ante preguntas insistentes sobre la moralidad de Bustillo.

Los del FBI interrogaron a Posada por un avión que cayó, cargado de armas, en Nicaragua. Ese hecho (que en su momento puso ante la opinión pública mundial  lo que pasaba en El Salvador), fue el principio del fin.

Posada dijo que todos se fueron y que él se quedó aquí para limpiar el desastre. Dijo que él sacó todos los equipos de las casas y hasta las cerró. Le tocó sacar el personal estadounidense. Con el terremoto, los periodistas internacionales se desatendieron de lo que pasó. Dijo que Bustillo le proporcionó a Posada algunos hombres salvadoreños, y camiones  para ayudar a limpiar todo lo que quedaba en las casas.

El último mes de salario de Posada se lo “autopagó” con la venta de vehículos, televisores y enseres. Al FBI le dijo que él le dio a Bustillo parte del equipamiento radiofónico y las armas dejadas por el personal. Todo el almacén de partes en Ilopango fue a parar a las manos de la Fuerza Aérea Salvadoreña, según él. Obviamente, los aviones desaparecieron.

Durante el periodo de limpieza de las casas, Posada recolectó documentos, mapas, recibos de combustible y de las casas, registros de vuelos, fotografías y diferentes materiales  y los puso en dos cajas. Estas cajas quedaron guardadas en Ilopango. Dice Posada que él se las dio a Leiva para que las guardara.

Septiembre 26, 2013
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