20 tesis sobre ser cristiano




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HANS KÜNG

¿VIDA ETERNA?

Respuesta al gran interrogante de la vida humana

OTRAS OBRAS DE HANS KÜNG

SER CRISTIANO 4.a ed. 765 págs.

EL DESAFÍO CRISTIANO Edición abreviada de «Ser cristiano» 420 págs.

¿EXISTE DIOS? RESPUESTA AL PROBLEMA DE DIOS EN NUESTRO TIEMPO - 4.a ed. 976 págs.

20 TESIS SOBRE SER CRISTIANO 2.a ed. 120

24 TESIS SOBRE EL PROBLEMA DE DIOS 156 págs.

HANS KÜNG: ITINERARIO Y OBRA Conversaciones con H. Haring, K.-J. Kuschel y M. Gentner 230 págs.

EDICIONES CRISTIANDAD Huesca, 30-32 MADRID

Título original EWIGES LEBEN? Antwort auf eine Grundfrage menschlicher Existenz Munich, 1982

Traducción de J. M.a Bravo Navalpotro

© Copyright Profesor Hans Küng © Copyright para lengua española en Ediciones Cristiandad, Madrid 1983

ISBN: 74-7057-335-7 Depósito legal: M. 17.071.—1983

Prmted in Spain Fotocomposición: Grafilia. Madrid Impresión: Artes Gráficas Benzal. - Virtudes 7 Madrid
CONTENIDO


Prólogo
A. EL HORIZONTE
I. ¿Es morir entrar en la luz?

Los muertos ya no aprenden

¿Abolición de la muerte?

  1. Experiencias de moribundos

  2. ¿Una ojeada al otro lado?

  3. Ambigüedad de las experiencias de muerte

  4. ¿Qué es la muerte?

  5. Tres conclusiones importantes


II. El más allá, ¿proyección de un deseo?

  1. ¿Y después no hay nada más?

  2. Dios, reflejo del hombre

  3. El más allá, un más acá enajenado

  4. La vida eterna, ¿deseo o realidad?

  5. La sospecha de proyección en el psicoanálisis

  6. ¿Tiene sentido la muerte?

Primera opción: el anticiparse hacia la muerte: Martin Heidegger

Segunda opción: La absurdidad de la muerte: Jean-Paul Sartre

Tercera opción: La muerte como realización: Karl Jaspers

7. La disyuntiva
III. Modelos de la fe en la eternidad en las religiones

  1. El gran «quizás»

  2. La religión en los orígenes de la humanidad

  3. La religión del hombre de la edad de piedra

  4. Consenso y diferencia de base en la actualidad

  5. Estadio definitivo, ¿ser o no ser?

  6. ¿Una sola vida, o varias vidas?

  7. Argumentos a favor y en contra de la reencarna­ción

  8. ¿Eterno retorno de lo mismo?

  9. Alternativas


B. LA ESPERANZA
IV. ¿Resurrección de los muertos?

  1. ¿Se puede experimentar la vida eterna?

  2. Una cuestión de confianza

  3. ¿Todos los caminos acaban en la tumba?

  4. La fe en la resurrección, una manifestación tardía

  5. Los primeros documentos

  6. La fe en la resurrección ¿una especulación apo­calíptica?

  7. Jesús y su muerte


V. Dificultades con la resurrección de Jesús

  1. Los apócrifos

  2. Los testimonios reconocidos

  3. Evoluciones e implicaciones

  4. El testimonio más antiguo de la Pascua

  5. Lo esencial del mensaje de Pascua

  6. ¿Resucitación del cuerpo?

  7. ¿Qué significa «vida eterna»?

  8. La resurrección hoy


VI. Entre el cielo y el infierno

1.Anticipadamente arrebatados a una mansión de luz

  1. La ascensión de Jesús al cielo no es un viaje interplanetario

  1. ¿Descenso a los infiernos o a la muerte?

  2. ¿Actuación de Jesús en el mundo inferior?

  3. Problemas de la fe en el infierno

  4. Jesús y el infierno

  5. ¿Infierno eterno?

  6. El cielo de la fe


C. CONSECUENCIAS
VII. Muerte humana

  1. ¿Medicina sin humanidad?

  2. ¿Ética médica sin religión?

  3. Nueva actitud ante la enfermedad y la terapia

  4. La represión de la muerte

3. Nueva actitud ante el morir

6. Eutanasia pasiva

  1. Eutanasia, ¿también activa?

  2. La muerte cristiana


VIII. ¿El cielo en la tierra?

  1. ¿Para qué estamos aquí en la tierra?

  2. La crítica del cielo se torna crítica de la tierra

  3. ¿Reino de la libertad?

  4. ¿En marcha hacia el paraíso?

  5. La expectativa próxima secularizada

  6. ¿Por qué esperar en un cielo?

  7. Clarificación sobre nosotros mismos


IX. Fin del mundo y reino de Dios

  1. ¿Posible fin del mundo?

  2. El fin del mundo desde el punto de vista físico

  3. Fin del mundo como juicio universal

  4. Consumación del mundo como reino de Dios

  5. ¿Pura contemplación de Dios?

  6. La nueva tierra y el nuevo cielo


Epílogo: Sí a la vida eterna
¿Para qué todo?

Confianza o desconfianza

¿Es más fácil para los creyentes?

Qué cambiaría si

En suma

Índice onomástico


PRÓLOGO

¿Cree usted en la vida después de la muerte? Ante pre­gunta tan directa hasta los mismos teólogos quedan per­plejos. Es, en efecto, una pregunta que hoy parece un tanto pasada de moda, por más que desde los orígenes de la hu­manidad, desde los tiempos de la edad de piedra, haya es­tado cargada de virulencia. ¿Una vida eterna? ¿Qué puede significar eso en medio de esta vida en continuo mejora­miento, en una época de progreso, de incesante crecimiento en el nivel y la calidad de la vida?

¿Cree usted en la vida después de la muerte? ¡No, yo no soy religioso! Esta respuesta tampoco tiene hoy un eco tan «moderno» como en otros tiempos; más bien suena a estre­chez de miras, a desinformación. Es como si uno, a la pre­gunta de si le gusta la música, respondiese: ¡No, yo no soy músico! Eso no implica en absoluto un argumento en con­tra de la música, sino, a lo sumo, da pie para formular una nueva pregunta: ¿Realmente da lo mismo una vida con o sin música, con o sin religión?

Los discursos de los teólogos en defensa de la vida eterna han sido por lo general poco convincentes, desconec­tados de la realidad, ajenos a las dificultades de los hombres pensantes de hoy como a las contradicciones de la Biblia en lo tocante a la muerte y la resurrección, el cielo y la tierra, el fin del mundo y el juicio universal. En cambio, los argu­mentos en contra han solido ser más sugerentes, y sus re­presentantes, con mucho de verdad en sus dudas, han te­nido cosas más importantes que decir: ¿Qué otra cosa es la vida eterna sino proyección de un deseo (Feuerbach), vana esperanza para oprimidos (Marx), negación del eterno re­torno de lo mismo (Nietzsche), regresión irreal propia de una inmadurez psíquica (Freud)...?

¿Qué pasa en la muerte? ¿Y después de la muerte? Filó­sofos más recientes, los filósofos de la existencia y los neo-marxistas, ya comenzaron a discutir esta cuestión de forma más diferenciada. Así, mientras Jean-Paul Sartre le dio una solución negativa, Martin Heidegger la dejó abierta y Karl Jaspers la respondió afirmativamente con condiciones; y mientras Theodor W. Adorno consideró inimaginable la idea de la muerte como ultimidad absoluta, Max Horkheimer confesó abiertamente la nostalgia por el absolutamente Otro; y Ernst Bloch alentó hasta el fin de su vida una enorme curiosidad por el «gran quizás». De forma que en este nuestro mundo, impregnado de positivismo y materia­lismo, poco a poco se va extendiendo el convencimiento de que la cuestión de la vida eterna no puede zanjarse con meras fórmulas como «deseo», «opio», «resentimiento», «ilusión». Son demasiado escuetas para poder expresar ex­haustivamente el potencial de esperanza que brota sin cesar por todas partes.

Es innegable que nos hallamos en medio de una gran crisis de orientación social. Han surgido nuevos problemas y necesidades, irrumpido nuevos miedos y nostalgias. Mu­chos buscan un nuevo apoyo, una certidumbre radical, un compás para su vida y la de otros hombres. La religión vuelve a ser actual, con todas las contradicciones y ambi­güedades inherentes a este fenómeno que afecta tanto a las antiguas como a muchas otras nuevas religiones, a la cris­tiana como a la islámica, hinduista y budista. El dios «pro­greso», de todas formas, parece haber perdido credibilidad a toda prisa en Occidente y en Oriente; la fe en una vida siempre mejor por obra y gracia de la ciencia y la tecnolo­gía, como también de la revolución y el socialismo, parece igualmente cuarteada por graves dudas. Y mientras los mayores, a pesar de toda la psicología, no se reconcilian con el sentido de la muerte, los jóvenes —esa generación supuestamente «sin futuro», llena de apatía, rechazo, angus­tia y autodestrucción— preguntan de nuevo por el sentido perdido de la vida. Entre tanto, la medicina, la ciencia que en el último siglo más ha contribuido a destruir la fe en la inmortalidad, esforzándose al mismo tiempo por alargar la vida, es la que hoy ha roto el tabú de la muerte y con sus investigaciones ha dado nueva actualidad a la pregunta por la muerte y la supervivencia. Pero ¿acaso la medicina, o tal vez la parapsicología, da pruebas de una vida después de la muerte?

Casi todas las religiones cuentan con una vida después de la muerte, sea en un mundo de sombras, en un cielo o en un nirvana, sea al cabo de una o varias vidas, sea inmediata­mente tras la muerte o tras un juicio universal. De ahí la transmigración de las almas, la regeneración, los fenómenos espiritistas, y «tantas cosas entre el cielo y la tierra», más allá de nuestra «inteligencia humana normal». Y aún más urgentes son tal vez problemas de otro tipo: los problemas de una muerte digna, la ayuda al moribundo, la marcha ha­cia un reino de libertad y justicia y la alternativa de otra vida, cuestiones de futurología y cosmología...

«Si se quiere captar lo invisible, hay que penetrar en lo más hondo de lo visible», ha dicho el gran pintor Max Beckmann. Lo que los manuales teológicos dicen sobre las «postrimerías» casi siempre me ha parecido, para dar res­puesta al interrogante de la vida eterna, de menor importan­cia que lo que al respecto han escrito —negativo o posi­tivo— poetas y filósofos, médicos y científicos. Quien tenga interés en tales disquisiciones teológicas, puede con­sultar confiadamente dichos manuales. Yo, aquí, no he pre­tendido redactar un prolijo tratado teológico de escatología, sino, lo mismo que en los libros «Ser cristiano» y «¿Existe Dios?», responder a las acuciantes preguntas de mis con­temporáneos, considerándolas desde la posición exacta de la investigación teológica actual, pero sin perderme en ellas. Sin esos dos libros anteriores, qué duda cabe, malamente hubiera podido dar a esas cuestiones una respuesta funda­mentada, responsable, de base —así lo espero— tan sólida como extensa. A esta base teológica me remito aquí siempre que se hace necesario, sin rendir con ello tributo al típico vicio de los eruditos de citarse a sí mismos. A ella remito también al lector que quiera profundizar algunas cues­tiones. De esta forma los tres libros quedan ensamblados entre sí, y me cabe la satisfacción de poder decir, al cabo de doce años, que el camino teológico emprendido con «Ser cristiano» —pese a los intentos de desacreditar mi fe cris­tiana y mi fidelidad a la Iglesia por parte de instancias ecle­siásticas poco dispuestas al diálogo— ha resultado positivo y lo he podido continuar con toda consecuencia, despreo­cupado de las modas teológicas.

El libro se basa en nueve lecciones pronunciadas en Tubinga. Y en él he resistido otra tentación típica de los eru­ditos: la de cambiar el carácter de lección pública y retocar la materia convirtiéndolo en una especie de manual com­pendiado. Mucho de lo dicho en estas lecciones pudo y, tal vez, debió ser resumido, expuesto con mayor concisión o simplemente apuntado. De todos modos, donde parece ne­cesario, se hace siempre referencia a la literatura especiali­zada. Espero, en fin, que el género literario empleado aquí por primera vez facilite la lectura del libro y la inteligencia de los densos problemas planteados.

Dedico este libro a todos aquellos, cercanos o lejanos, que con su solidaridad en los tiempos siguientes al 18 de di­ciembre de 1979 hicieron posible mi supervivencia espiri­tual y, en definitiva, la continuación de mi quehacer teoló­gico, ahora llevado a cabo aún con mayor libertad y más amplias perspectivas. Además de mis colegas y amigos de Tubinga, Alemania, Suiza, Austria, Estados Unidos y otros países, quienes ante todo merecen mi agradecimiento por su contribución a este libro son mis más inmediatos colabora­dores del Instituto de Estudios Ecuménicos: el Consejero Académico Dr. Karl-Joseph Kuschel, que como ningún otro ha acompañado de principio a fin estas lecciones, apor­tando muchas y valiosas sugerencias y correcciones; Fr. Marianne Saur, que infatigablemente ha releído una y otra vez todas las redacciones del manuscrito y ha compuesto el índice de autores; mi secretaria personal Fr. Eleonore Henn, que, no obstante su sobrecarga de trabajo en el se­cretariado, no ha regateado esfuerzos para transcribir repe­tidas veces el texto; la candidata de psicología Hannelore Türke y el diplomado en teología Michael Stemmeler, que revisaron y redactaron definitivamente todas las notas y citas y corrigieron las galeradas; por último, nuestra bene­mérita secretaria del Instituto, Fr. Annegret Dinkel, que se ha preocupado de proporcionar una amplia bibliografía —que en este caso no llegado a alcanzar proporciones ex­traordinarias— y a mí personalmente me ha prestado mu­chos pequeños servicios.

Estas nueve lecciones, de dos horas de duración cada una, fueron pronunciadas en el semestre de verano de 1981 en el marco del Studium Genérale de la Universidad de Tu­binga para oyentes de todas las facultades y encontraron un eco muy alentador. Para la imprenta fueron minuciosa­mente reelaboradas y completadas, pero su carácter de lec­ciones públicas no lo han perdido.

Tubinga, junio de 1982
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