El consumo de alcohol en España




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fecha de publicación08.03.2016
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Alcoholismo

El consumo de alcohol en España

España es el tercer productor mundial de vino detrás de Francia e Italia. Ocupamos el cuarto puesto, junto con Hungría, en consumo mundial de alcohol absoluto (10,8 litros de alcohol puro/por habitante y año en 1990), detrás de Francia, Luxemburgo, y Alemania; el octavo puesto como productor de bebidas destiladas y el noveno como productor de cerveza en el mundo. Si consideramos, según la Organización Mundial de la Salud, alcoholismo a cualquier deterioro en el funcionamiento físico, mental o social de un individuo, cuya naturaleza permita inferir razonablemente que el alcohol es una parte del nexo causal que provoca dicho trastorno, el alcoholismo en España es un problema social y sanitario de primera magnitud. Según la última encuesta domiciliaria sobre el consumo de drogas, el 89,9 por ciento de las personas encuestadas han ingerido alcohol en alguna ocasión. El 40-50 por ciento de los varones presentan o han presentado problemas temporales inducidos por el alcohol. El 10 por ciento de los hombres y 3-5 por ciento de las mujeres sufren alcoholismo, de los cuales, sólo el 5 por ciento son sujetos marginales.

Un estudio reciente (Portella et al. 1998) estima que un 3,4 por ciento de las consultas de Atención Primaria se relacionan directamente con el consumo de alcohol, lo que arroja 208 millones de euros en 1996. Igualmente el coste de la deshabituación alcohólica en los centros especializados alcanzó la cifra de 108 millones de euros. La asistencia y tratamiento del consumo de alcohol alcanzó en 1996 unos costes globales de 1.064 millones de euros.

El etanol, solo o combinado con otros depresores del SNC, es responsable de mayor número de muertes tóxicas por sobredosis que ningún otro agente. Los profesionales sanitarios, especialmente los de Atención Primaria, debe tener siempre en cuenta que en nuestro medio el alcohol es el gran simulador de muchos trastornos clínicos y psiquiátricos secundarios a su consumo o exacerba otros trastornos preexistentes. Es decir, el alcohol es un gran negocio "que se cobra" y que también "se paga" en pérdidas de vidas, calidad de las mismas y altos costes de recursos sanitarios y de seguridad. Los estados deciden como equilibran su balanza económica en torno al negocio del alcohol.

Por todo ello es muy difícil luchar contra los efectos del alcohol desde el origen del problema, desde la prevención, porque además de constituir un pilar de la economía de países como España, Francia, Portugal..., mas aún si se considera unido a otras fuentes económicas de primera magnitud como el turismo, el alcohol está profundamente arraigado en la cultura y las prácticas sociales (Marc Danzon, director regional de la OMS para Europa)

Actualmente la edad de comienzo en el consumo de alcohol ha disminuido, debido por un lado a una permisividad excesiva y a una tolerancia mal entendida y por otro al fomento social de las intoxicaciones de fin de semana. La desinformación y la falta de educación sanitaria provocan paradojas como que, por un lado, se confunda aún la tolerancia al alcohol con valentía y fortaleza, mientras que por otro se estigmatiza y margina socialmente a los enfermos de alcoholismo.

El consumo de alcohol en España provoca una morbimortalidad mayor que el resto de las drogas juntas. A pesar de lo cual su diagnóstico precoz es difícil, al añadirse a lo mencionado, que la profesión médica no está suficientemente sensibilizada -está inmersa en la misma cultura que promueve su consumo-, y el paciente minimiza o niega la ingesta de alcohol o bien no relaciona su sintomatología con el consumo del mismo.

En la realización de una historia clínica a un paciente con problemas con el alcohol debemos explorar las cuestiones relacionadas con el agente, el ambiente de consumo, al individuo víctima y su entorno social y familiar. Cuanta mayor frecuencia de consumo, mayor graduación de la bebida y más joven sea el individuo que consume alcohol, mayor será el deterioro orgánico y psíquico y la intensidad de la dependencia.

El Agente

Son las bebidas alcohólicas en sus diferentes modalidades, concentraciones y combinaciones. El alcohol es un compuesto orgánico que contiene el grupo hidroxilo unido a un radical alifático. Los alcoholes alifáticos son depresores del SNC y se obtienen por fermentación y/o destilación de sustancias azucaradas - feculentas, como uva, patata, melaza, remolacha, etc, luego son una fuente económica importante. El etanol o alcohol etílico (CH3-CH2-OH) tiene olor agradable, es incoloro, se disuelve fácilmente en agua y tiene bajo peso molecular (46 grs./mol). Se distribuye con rapidez por los líquidos corporales y tiene marcado carácter reductor. El alcohol habitual de las bebidas alcohólicas es tóxico, pero utilizable para el consumo humano; su intoxicación aguda produce lo que conocemos como borrachera.

Pero en las bebidas alcohólicas o productos derivados para el consumo humano como vinos, sidras, cervezas, vinagres, escabeches, están también presentes pequeñas cantidades de numerosas substancias tóxicas, reguladas por la normativa vigente, de las que destaca por su toxicidad y su historia negra, el metanol. El alcohol metílico (CH3-OH) es volátil, de olor similar al etanol, un poco más fuerte y menos agradable su sabor. Se obtiene por destilación de la madera y es frecuente en las destilaciones de los últimos productos de la uva. La concentración de metanol en los vinos, sobre todo tintos, varía y depende de factores como tipo de vid, maquinaria, tiempos de maceración, temperatura, adición de enzimas. Es un tóxico muy potente y no utilizable para el consumo humano porque su intoxicacion produce ceguera y muerte.

El metanol y el etanol son tan similares en su aspecto y propiedades, olor, sabor, densidad, etc. que pueden predisponer al fraude, al mezclar ambos o adicionar metílico a las bebidas alcohólicas; el fraude es debido a que el costo del metanol es inferior al del etanol, no se halla gravado por impuestos, y su control, dada la diversificación de su mercado, es difícil. Puede estar presente en concentraciones inferiores a los índices establecidos en la legislación vigente, lo que no está garantizado en las destilaciones caseras, tan habituales en algunas zonas de España, y por supuesto, en las destilaciones fraudulentas (garrafón).

Metabolismo

El etanol se absorbe con rapidez en el estómago (se retrasa por presencia de alimentos), la absorción es muy rápida en intestino delgado y colon. También se produce absorción pulmonar, por inhalación. Una vez que ha pasado a la sangre se distribuye homogéneamente por todos los tejidos y líquidos corporales, atravesando las barreras hematoencefálica y placentaria. Se oxida en el hígado en el 90-98 por ciento, y el 2-10 por ciento se excreta por riñón y pulmones.
La metabolización del etanol se produce por oxidación hepática, mediante la deshidrogenasa del etanol pasa a acetaldehído, que a su vez se convierte, destruido por la aldehidodeshidrogenasa, en ácido acético. También se metaboliza hasta acetaldehído por las oxidasas microsómicas del retículo endoplásmico liso del hígado. Su tasa de oxidación es relativamente constante, sin incrementarse al aumentar la concentración (cinética de orden cero) y es proporcional al peso corporal y probablemente al peso hepático. Se alcanza una tasa promedio de oxidación 120 mg/kg/hora, o 10 ml/hora.

Existe una idiosincrasia metabólica del alcohol, debido al polimorfismo genético de las deshidrogenasas, tanto la del etanol como la del aldehído. De ahí las variaciones de la tasa de metabolización individual y las diferencias entre hombre y mujer. La concentración máxima de etanol en sangre se alcanza a los 30-90 minutos de la ingesta.

El alcohol metílico produce la muerte porque se transforma en formaldehído por la deshidrogenasa del etanol y éste a su vez, por la formaldehído deshidrogenasa en ácido fórmico. Formaldehído y ácido fórmico son muy tóxicos. Precisamente por ello, las intoxicaciones del metanol se tratan con etanol, para competir y retrasar con él su metabolismo

Morbilidad

Es responsable directo o indirecto del 15-20 por ciento de las consultas ambulatorias. Entre el 20-30 por ciento de las camas hospitalarias son ocupadas por problemas en cuyo origen se encuentra el consumo de alcohol. El alcohol es la causa del 15-20 por ciento de las urgencias psiquiátricas, del 33 por ciento de los ingresos en hospitales psiquiátricos, del 30 por ciento de los ingresos en servicios de aparato digestivo. Provoca el 5-10 por ciento de las bajas laborales, es responsables de prácticamente la totalidad de la violencia doméstica y violencia sexual y del 20-50 por ciento de accidentes laborales. El 45 por ciento de los vagabundos son alcoholicos y el 30 por ciento de la población reclusa. Se acepta que el consumo de alcohol está relacionado con el 40-50 por ciento de los accidentes de tráfico, con el 50 por ciento de los homicidios, etc. Tiene relación directa con al menos el 15 por ciento de las consultas recibidas por los médicos de Atención Primaría. En la actualidad el 25 por ciento de los jóvenes y el 33 por ciento de la población adulta tienen problemas con el alcohol. Las cifras pueden estar infravaloradas, debido a que, en la practica médica de muchas consultas, no se registraría esta infomación, salvo que se presente como causa inmedita del motivo de consulta o constituya una evidencia clara o una queja expresa de algún miembro de la familia.

Mortalidad

El alcohol origina del 25-50 por ciento de los accidentes mortales de tráfico provocando daños propios y ajenos; el 50-70 por ciento de los homicidios, a los que hay que añadir las muertes accidentales, laborales y domésticas. Del 5 al 27 por ciento de los alcohólicos se suicidan, estando el alcohol presente en el 25-40 por ciento de los suicidios consumados. El alcohol incrementa la tasa de mortalidad por otras enfermedades que se estima en España de 20.000 a 25.000 por año.

Dependencia (ver concepto de alcohol)

Es necesario explorarla y en consecuencia indagar si tiene o ha tenido signos de la misma. La dependencia de una substancia está determinada por la presencia de tolerancia y de abstinencia. El adicto al alcohol tiene dependencia física, pues necesita el alcohol para poder funcionar, y dependencia psicológica, porque se encuentra mal sin la droga.

Tolerancia

El efecto placentero producido por la acumulación de alcohol en el organismo conduce la mayoría de las veces a consumir niveles tóxicos, ya que el ser humano tiene una alta tolerancia a esta molécula. Tolerancia es la necesidad de aumentar la cantidad de alcohol para conseguir los efectos deseados y experimentados con anterioridad. Provoca tres tipos de tolerancia: metabólica, farmacocinética y de comportamiento. Una vez que se ha producido la tolerancia, se "necesita" el etanol, es decir, "se depende" del alcohol.

Abstinencia

Lo que importa es la dependencia física con aparición de síntomas físicos, como temblor matutino, malestar general que se alivia y desaparecen con la ingesta. La dependencia psicológica es independiente del objeto.

Los binomios del alcohol: "de la génesis a la dependencia"

El alcohol embadurna, disfraza, oculta, empaña la vida de las personas, las relaciones, los problemas, la enfermedad, la salud... y con esas capacidades realiza múltiples combinaciones que al incidir en una personalidad determinada produce un sin número de resultados que es preciso diagnosticar y manejar adecuadamente. Desde que la persona se introduce en el consumo hasta la dependencia alcohólica y sus consecuencias más graves se producen una serie consecuencias. Por su importancia repasamos la relación de algunas de ellas con el alcohol. Los binomios del alcohol son una forma de diseccionar el problema porque no ocurren de forma aislada; sin embargo en un paciente determiando cada uno de ellos puede mostrarse con una relevancia especial, tanto en intensidad como en condicionantes para él mismo o su familia.

- Alcohol y celotipia

El alcohol aumenta la suspicacia e irritabilidad de los pacientes que presentan un carácter delirante. Pero también produce una afectación sexual con pérdida de los apetitos, impotencia y ánimo bajo, que se traduce en agresividad física y psíquica para con el entorno próximo y para con la pareja, habitualemente contra la mujer, hasta llegar al homicidio. El problema tiende a la cronicidad y tiene mala respuesta a los neurolépticos.

- Alcohol y familia

Habitualmente ligado al binomio anterior, el alcohol es la primera causa de maltrato y violencia doméstica intrafamiliar, así como de sus peores consecuencias. Es causa de abusos sexuales tanto sobre la pareja como sobre el resto de la familia y de abandono familiar. Como consecuencia de la marginación social y laboral, de las secuelas sociales y económicas, la familia es la que primero sufre las consecuencias del alcoholismo en uno de sus miembros. El alcoholismo repercute en todos y cada uno de los miembros de la familia del alcohólico, por ello la evaluación de la misma es fundamental, tanto para abordar el problema como para diagnosticar precozmente las consecuencias evitables en cada individuo. La familia con un individuo alcohólico, requiere atención y cuidado especial que sobrepasa las posibilidades de esta revisión.

- Alcohol y ansiedad

Es frecuente el consumo de alcohol como ansiolítico de acción corta. Siendo más frecuente la dependencia alcohólica en personalidades con angustia o trastornos fóbicos. La abstinencia del paciente con SDA genera ansiedad, lo que a su vez provoca el consumo de alcohol para aliviarla.

- Alcohol y depresión

La prevalencia de la depresión en alcohólicos es muy variable. Son frecuentes en los pacientes alcohólicos los síntomas depresivos, sobre todo el ánimo bajo, ideas de culpa, ansiedad, disforia, baja autoestima, ideación suicida, trastornos del sueño, del apetito, de la libido. Lejos de solicitar asistencia médica por esta sintomatología, el alcohólico intenta salir de ella aumentando el consumo. Como consecuencia del aumento del consumo son mas frecuentes las enfermedades físicas y los problemas laborales, sociales, económicos, legales. Todo lo cual genera más depresión.

- Alcohol y suicidio

Del 5 al 27 por ciento de las muertes de alcohólicos son por suicidio, apareciendo el alcohol entre el 25 y el 40 por ciento de los mismos, incluso en los pacientes no alcohólicos. Por otra parte, los niveles en líquido cefalorraquideo de 5-hidroxi-indolacético son bajos en suicidas y en alcohólicos, por lo que pueden ser útiles los ISRS.

- Alcohol y delincuencia

Este binomio es más frecuente cuando el alcoholismo forma parte de una politoxicomanía, en cuyo caso son frecuentes las conductas antisociales, agresiones, peleas y reyertas con intervención de las fuerzas de seguridad del estado.

- Alcohol y nutrición

La producción de bebidas fermentadas constituye una manera de preservar los caldos azucarados y las sustancias beneficiosas de los mismos (vinos y cervezas). Su consumo está unido a la dieta mediterránea y a la anglosajona y forma parte de nuestra cultura. Los caldos azucarados han cambiado y el alcohol no se puede considerar un nutriente ni las bebidas que lo soportan tampoco. Por el contrario, el alcohol provoca déficit de cualquier vitamina que se absorba en intestino delgado o se almacene en el hígado como el acido fólico, piridoxina (B6), tiamina (B1), niacina (B3), vitamina A. Los déficit nutricionales y dietéticos crónicos mas los trastornos del equilibrio ácido-base producen hipopotasemia que origina parálisis muscular y arreflexia, déficit de magnesio con embotamiento y síntomas neurológicos, hipocalcemia con tetania y debilidad, zinc bajo que se acompaña de disfunción gonadal, anorexia, inmunodeficiencia y caída de los niveles de fosfatos que origina disfunción cerebral e insuficiencia miocárdica...

El Ambiente

La línea entre uso, abuso y dependencia es muy sutil y se traspasa muy fácilmente. La inducción al consumo, la tolerancia desde la propia familia, con que nuestra sociedad utiliza el alcohol, su bajo coste y la total disponibilidad, han llevado a que parte importante de nuestra población sufra sus efectos patológicos de forma directa o indirecta. El alcohol está imbricado en casi todas las rutinas de nuestra vida: para apagar la sed, abrir el apetito, hacer la digestión, acompañar las comidas, comunicarnos, celebrar, tranquilizarnos, dormirnos, saborearlo, drogarnos, perdernos.. o ¡porque sí! Junto con la permisividad, disponibilidad, publicidad y las modas, le otorgan un lugar privilegiado, como producto de consumo, contra el que es difícil actuar en prevención primaria.

Ya hemos mencionado el patrón de consumo en los grupos sociales con nivel económico alto, consumo ligado a productos muy caros, con presentaciones llamativas, rituales de consumo y "búsqueda de la excelencia". Todo lo cual se manifiesta con descripciones grandilocuentes y neologismos -vino de... cosecha de... tiene un color... con sabor...- que justifican unas preferencias, habitualmente inexistentes, que diferencian por la capacidad de acceder a las mismas, lo que a su vez viene determinado por el precio. Las bebidas utilizadas son muy elaboradas, como vinos y destilados de alta graduación. El consumo es un pretendido acto cultural privado o restringido a pequeños grupos, del que se tiende a ocultar las consecuencias.

El individuo Víctima

El paciente minimiza la cantidad de alcohol que consume. Cuando preguntamos, ¿cuánto bebe?, suele responder, "lo normal", y su respuesta será mas contundente si preguntamos ¿cuánto alcohol bebe? La mayor ocultación se produce en bebedores excesivos y en mujeres; suelen ser personas identificadas por problemas relacionados con el consumo de alcohol o que acuden a consulta del médico general y de familia, con quejas somáticas: problemas digestivos, cansancio, disfunciones sexuales, traumatismos, falta de apetito. Pero cada día es mas frecuente la queja psicológica, de tipo ansioso y depresivo, secundarias al consumo de alcohol o cuando el paciente realiza peticiones repetidas de bajas laborales. La permisividad, relajación e incluso conocimiento comunitario de costumbres, consumo excesivo o de dependencia alcohólica de un paciente, no debe al médico hacer bajar la guardia respecto a las obligaciones debidas para con el paciente, en cuanto a secreto y confidencialidad de la información que de él tiene.

En el ámbito psicosocial, el alcoholismo deteriora la vida familiar, social y laboral. Aumenta el riesgo de rupturas matrimoniales, despidos laborales y por supuesto de accidentes tanto de tráfico como laborales y domésticos. La edad de comienzo progresivamente disminuye según la última escuesta domiciliaria de consumo de drogas y va a condicionar los efectos posteriores. Son frecuentes las consultas de familiares de alcohólicos por problemas de conducta en el ámbito familiar y sobre todo en casos de pacientes jóvenes. En todo caso se debe conocer el apoyo familiar que tiene el paciente, así como la estabilidad social y laboral cuyo deterioro pueden ser factores que actúen en contra.

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